Cuando Portugal se volvió roja (junio '99)
Diana P. 
 
Hace 25 años, el 25 de Abril de 1974, los trabajadores portugueses se unieron al Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) para derrocar a la dictadura más vieja de Europa. Fue el pistoletazo de salida de un proceso revolucionario que duró casi dos años, una época de lucha, de colectivizaciones y conquistas sociales; un breve período en el que la clase obrera se sintió, por primera vez, protagonista de la Historia

En 1973 Portugal era el país más pobre de toda Europa. Arrastraba, además una dictadura desde 1926 que había agudizado las diferencias sociales entre ricos y pobres hasta extremos insuperables: siete monopolios controlaban la totalidad de la economía portuguesa; 275 haciendas (de un total de 11.500) poseían el 70% de la tierra cultivable. 

La situación era tal que en el período 1964-1973 un millón y medio de portugueses había emigrado a otro país. Portugal tenía, entonces, siete millones de habitantes.

Además, Portugal mantenía una extensión colonial en África con 14 millones de habitantes, y en muchas de ellas habían surgido movimientos por la liberación nacional. En concreto, Angola llevaba desde 1961 en guerra por su independencia. Esta guerra, que se llevaba el 45% del presupuesto anual del país, había causado la muerte de 15.000 jóvenes y el mutilamiento de otros 30.000. Los gastos del conflicto bélico habían elevado los impuestos indirectos en un 73% y eran, por supuesto, las familias de trabajadores y campesinos los que soportaban esta carga económica. 

A estos gastos se sumaban las consecuencias de la crisis económica mundial de 1973, que provocaron, entre otras cosas, una inflación galopante que rebajaba mes a mes el valor real de los salarios.

La clase trabajadora no se queda indiferente ante esta situación: inician una serie de huelgas, secundadas por decenas de miles; se afilian en masa a los sindicatos. Surgen espontáneos movimientos vecinales que organizan protestas por la carestía del transporte público, las viviendas... los estudiantes se organizan en movimientos de solidaridad con el pueblo angoleño y también contra la guerra de Vietnam. Incluso trabajadores liberales como los médicos se reúnen en asambleas y convocan concentraciones y huelgas por el mal estado de la Sanidad Pública.

En las calles hay un ambiente de lucha y reivindicación masiva. Esta situación no se da en el vacío: en esta época en todo el mundo han surgido movimientos de protesta e incluso se han dado situaciones revolucionarias que están en la conciencia de los trabajadores portugueses: Mayo del '68, Allende en Chile, el movimiento contra la guerra en EEUU, las primeras protestas en el Estado Español... Portugal se infecta del hambre de revolución que se extiende por todo el planeta.

El surgimiento del MFA

Sólo en este contexto internacional se puede entender la creación de un movimiento de lucha dentro del ejército portugués como fue el MFA, sin duda, el hecho más peculiar de la Revolución de los claveles. 

Pero no sólo fue el giro a la izquierda lo que creó al Movimiento de las Fuerzas Armadas; unas condiciones muy particulares abrieron la posibilidad de que de una institución reaccionaria como es el ejército surgiera la llama que impulsara todo un movimiento revolucionario. 

Había una gran oposición a la guerra en Portugal: 107.000 jóvenes huyeron del país para evitar hacer la mili; debido al gran número de heridos y muertos -todas las familias tenían algún pariente entre ellos-; generaba unos gastos astronómicos que tenía que pagar el pueblo; además duraba ya 12 años y aún no se vislumbraba el final.

Pero sobre todo, pesaba el hecho de que los trabajadores y jóvenes no entendían los motivos de la guerra, que eran, fundamentalmente, no cortar la preciosa fuente de beneficios de los grandes empresarios portugueses.

Debido a la falta de oficiales (los jóvenes de familias acomodadas dejaron de elegir el ejército como carrera desde que estalló la guerra), se procedió al reenganche de soldados rasos, con lo cual obreros y estudiantes, que habían ingresado en el ejército por la falta de trabajo en su país, accedieron a la oficialidad, y con ellos, las ideas contra la guerra. Se crearon asambleas de oficiales por cuestiones internas del ejército, pero pronto empezaron a discutirse ideas políticas; sobre todo, qué había que hacer para acabar con esa guerra sin sentido. 

La conclusión fue pronto obvia para todos: sólo la caída del gobierno dictatorial podía traer la paz.

El 25 de Abril 

En Diciembre del 73 se crea el Movimiento de las Fuerzas Armadas y se comienza a planear cómo derrocar al régimen. 

El 25 de Abril es el día previsto: a las 12'30h. de la madrugada se escucha la señal en Radio Renacença, la canción "Grandola Vila Morena", símbolo desde entonces de la Revolución de los Claveles. 

El MFA sale a la calle, asalta los cuarteles, detiene a miembros de la policía secreta (PIDE), pero, en su camino, se encuentra con algo que no esperaba: decenas de miles de trabajadores salen a la calle con ellos, invadiendo las plazas, las avenidas y participando en el asalto a los cuarteles en un movimiento sin precedentes. A las 17'30 del 26 de Abril, Americo Thomás, presidente de Portugal y sustituto del difunto Salazar, se rinde oficialmente. Sólo han muerto cuatro personas.

El 1º de Mayo se celebra una manifestación en Lisboa de un millón y medio de personas, la cuarta parte del país. Cientos de miles portan banderas rojas y de sus gargantas salen consignas exigiendo el socialismo y la nacionalización de la economía; claveles rojos, símbolo del movimiento, sobresalen de los fusiles de los soldados.

Inmediatamente se declaró el fin de la guerra: las expectativas del MFA se habían cumplido. Pero para los jóvenes y los trabajadores esto no había sido más que el principio.
El MFA coloca en el gobierno al general Spínola, un partidario del viejo régimen y antiguo voluntario de Franco y Hitler. El Partido Comunista y el Partido Socialista entran en el gobierno junto con el recién creado Partido Popular Democrático (PPD), una especie de UCD a la portuguesa, que reunía a las fuerzas de la derecha. 

Ajenos a los tejemanejes de partidos y gobiernos, la clase obrera comienza a reclamar las medidas que lleven al país al socialismo: los estudiantes crean comités de apoyo a la revolución, los trabajadores entran en huelga en todos los sectores (banca, textil, electricidad,...); los conductores de autobús dejan de cobrar los billetes. Ante esta situación, el MFA gira hacia la izquierda, siguiendo al pueblo, y crea una especie de Guardia Revolucionaria, el COPCON.

El nuevo Ministro de Trabajo (del PC) lanza una ley que restringe el derecho a la huelga. La respuesta popular es espectacular: manifestaciones de rechazo y huelgas masivas, que alcanzan sectores estratégicos como Correos. Cuando el gobierno lanza al ejército contra los trabajadores en huelga de Correos, los soldados confraternizan con los obreros.

Spínola, abrumado por los acontecimientos, dimite; el general Costa-Gomes, del MFA, ocupa su puesto.

Los partidos obreros 

Sin embargo, de nada sirven los cambios de gobierno o dirigentes: la política se hace en las calles. 
Los jornaleros y campesinos ocupan los grandes latifundios con ayuda del ejército, algunas fábricas empiezan a ser controladas por los trabajadores. El 11 de Marzo de 1975, Spínola da un golpe de estado que es detenido por el COPCON y los trabajadores. Ante el golpe, el proceso revolucionario se acelera.

Los trabajadores de los bancos se niegan a trabajar hasta que se nacionalice la banca: lo consiguen y esta medida trae el 50% de la economía portuguesa a manos del Estado. Se acuerda la independencia de Angola, Guinea y Mozambique. La clase obrera tiene muy claro hacia donde se dirige.

Tras el golpe, los trabajadores y jóvenes se han afiliado en masa tanto al Partido Comunista como al Socialista. 

Ambos incluían en sus consignas propaganda por la revolución y el cambio a un sistema socialista. Sin embargo, desde el principio, estos partidos demuestran que no eran esos sus objetivos. 

En primer lugar, con el poder en sus manos y en las manos de los trabajadores, entran en un gobierno dirigido por Spínola, un viejo conocido del fascismo. Después protagonizan actuaciones directamente en contra del movimiento revolucionario -como la ley contra la huelga-, intentando "controlar" la situación y nacionalizando las fábricas o la banca sólo después de que la clase obrera les obliga con huelgas y protestas masivas.

Tras las elecciones de 1975 (PS 38%, PPD 26%, PC 12%) cada vez están más claras sus posturas. El PC, que ve que la revolución es prácticamente inevitable, aboga por una dictadura estalinista, es decir por el control del estado no por los trabajadores, sino por el Partido y su burocracia. 

Ésa era una idea tremendamente impopular entre los obreros y jóvenes portugueses y contra ella hacía propaganda el PS, consiguiendo más afiliación. El PS recibía el apoyo de EEUU y de la Comunidad Europea -además de financiación de la CIA- puesto que nunca fue su objetivo que el movimiento culminara en algo distinto a una democracia burguesa, siempre dentro del capitalismo.

En resumen: ningún partido de masas defendía aquellas ideas por las que los trabajadores estaban luchando, las ideas del socialismo, del cambio a un régimen sin propiedad privada de los medios de producción y con participación directa de los trabajadores en el destino del país.

Impasse

A finales de 1975 se había producido una situación de impasse. Los movimientos por la revolución y contra la revolución estaban enfrentados. 

Por un lado, el pueblo seguía avanzando firmemente hacia el socialismo (en Octubre y Noviembre hubo el doble de colectivizaciones y de fábricas ocupadas que en los seis meses anteriores). Pero las posturas del PC y el PS confundían a los trabajadores y los enfrentaban en manifestaciones y contramanifestaciones. Dentro del MFA surgió también un ala moderada.

El 13 de Noviembre, a un año y medio del comienzo de la revolución, 30.000 trabajadores rodearon el edificio de la Asamblea Constituyente, atrapando dentro a los ministros y diputados. Cuando el ejército fue llamado para disolverlos, se unió a la lucha, dirigido por el COPCON. Exigían la total nacionalización de la tierra y subidas salariales inmediatas.

El gobierno declara su impotencia y ¡se pone en huelga!.

Era casi como una rendición al poder obrero en las calles, que claramente era el que estaba gobernando el país. Era el momento: la lucha de contrarios estaba en uns situación crítica y desde ese instante sólo se podía avanzar hacia la revolución, o hacia la contrarrevolución. 

Contrarrevolución

Nadie llamó a los obreros a la revolución. Nadie les sacó a las calles. Nadie les instó a que se armaran, a que defendieran lo que habín conseguido; probablemente, ni siquiera sabían que sus conquistas estaban en peligro.

Pero la derecha sí reaccionó. Sí llamó a sus militantes y al pueblo en general, contra el caos y el comunismo. Sí levantaron barricadas para defenderse de la "Lisboa roja". Sí se armaron y comenzaron a detener a los militantes más radicales del MFA. Ellos sí habían tenido una dirección consciente que les guiara hacia su objetivo: quitar el poder a los trabajadores y devolvérselo a los suyos, a la burguesía, a los empresarios y terratenientes portugueses.

Tras el golpe de Noviembre, con los socialistas en el gobierno, se rechazó la independencia de Angola y se derogó la ley de unidad sindical. 

A pesar de que la nacionalización de la banca y las tierras fue legítimamente reconocida en la nueva Constitución, la realidad es que poco a poco le devolvieron sus propiedades a los burgueses. 

Las tierras confiscadas por el estado (1'5 millones de hectáreas expropiadas legalmente y 700.000 ocupadas de hecho por los jornaleros) fueron devueltas a sus propietarios originales. 

Se tomaron medidas para la despolitización del ejército y se iniciaron purgas contra los antiguos militantes del MFA.

Hoy Portugal sigue estando entre los países más pobres de Europa; en algunas zonas, el analfabetismo llega al 20 % de la población.

Hace 25 años, los jóvenes y trabajadores portugueses demostraron que sí hay una forma de salir de una crisis económica, de terminar con el paro, el hambre, las desigualdades sociales. Hace 25 años, los jóvenes y trabajadores portugueses optaron de hecho por un sistema, el socialismo o democracia obrera, que es el camino hacia un mundo mejor y más justo.

Hace 25 años Portugal nos mostró que aquello no era una utopía. Hoy, como hace 25 años, el socialismo sigue siendo un objetivo y la única alternativa a un sistema económico que trabaja para beneficiar sólo a unos pocos. Aún llevamos claveles rojos en nuestros corazones: la lucha continúa.

 
 
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