Nacional estaba para golear, con un Sosa imparable,
pero a los centros y
aprovechando la débil defensa que hicieron los tricolores del espacio
aéreo
de su retaguardia, los aurinegros produjeron el milagro
¡Un Peñarolazo!
Estaba todo para Nacional. Pero Peñarol lo dio vuelta de atrás.
Al final, más que triunfo aurinegro, pareció un milagro.
El hombre, en el palco, se paró cuando ya no faltaba nada y,
seguro del triunfo de su cuadro del alma, dijo a quien quisiera escucharlo
y muy probablemente sin ánimo de hacer una chanza: "después
de esto, ¡qué me vienen con quinquenio ni que ocho cuartos..!"
Vaya uno a saber si tenía razón. No era momento de analizarlo,
en la conclusión misma de un partido que tuvo siete goles, un trámite
de ida y vuelta casi constante, emociones a granel, dominios alternados
por parte de los dos bandos, y un final realmente impactante. Lo cierto
es que nadie pudo decir ni una palabra.
Es que lo de Peñarol ayer fue increíble. O casi. Porque
en el primer tiempo, con un fondo débil y mal parado, que perdía
pie cada vez que le llegaban, y que para peor tenía como salida
más importante hacia el ataque la subida de Serafín García,
a cuya espalda un inteligentísimo pero nada veloz Ruben Sosa causaba
estragos creando situaciones de gol que en muchos casos no eran aprovechadas,
el equipo aurinegro estaba para ser vapuleado. Goleado. Porque, además,
la solidez de Nacional arrancaba de un mediocampo armado en base a tres
volantes de marca (Tito como tapón y Baltierra, Zalazar y Barilko
moviéndose un poco más adelante) pero que salía hacia
arriba, tocando. Jugando. Y armando avances como el que Barilko "peleó"
para generar el tanto de apertura de Baltierra sobre el fondo de la cancha,
o como los que gestó Zalazar en ocasión de los goles convertidos
por Washington Rodríguez y el propio Sosa en jugadas que fueron
prácticamente similares: verdaderas postales de lo que fue el fondo
mirasol en toda la primera parte. Un descalabro.
Lo único que quedó enhiesto en Peñarol en ese período
inicial si acaso, fue el ataque. Que es lo que, aparte de la fragilidad
expuesta por el fondo rival para el juego de alto, hizo entendible el hecho
de que, tras ir perdiendo 3 a 1 (luego del primer gol de Baltierra y con
una gran jugada de Aguilera más una peinada de Bengoechea los aurinegros
lograron un fugaz empate) el elenco dirigido por Gregorio Pérez
terminara --gracias a un corner en el que Romero metió un preciso
cabezazo-- cayendo por un solo gol de diferencia al concluir la primera
etapa.
No se podía presentir, entonces, lo que ocurriría más
adelante. Pero ocurrió. Nacional sintió la salida de Damián
Rodríguez en la retaguardia. Perdió cohesión cuando
Carrasco ingresó por Tito al cabo de un cambio con el que seguramente
se pretendió liquidar a Peñarol de contraataque pero sólo
logró sumar la veteranía de Carrasco al cansancio de Sosa
y Zalazar, que ya no rendían como antes. Y Peñarol, entonces,
de la mano de los centros-pases de Bengoechea, a los cabezazos (primero
uno de Zalayeta, que dio lugar a un rebote y la conquista de Goncalves,
y después otro de De Lima sobre el segundo palo) fue dando vuelta
el trámite y el resultado. Por eso, cuando el señor --obviamente
"manya"-- se paró y dijo lo que dijo, nadie contestó nada.
Casi nadie podía creer, tampoco, lo que había presenciado.
VISTO Y OIDO
* Tras el gol del primer empate, Pablo Bengoechea se llevó la mano
al oído izquierdo y con la otra mano apuntó hacia la Amsterdam.
El volante carbonero recriminó de esa forma los insultos que había
recibido antes
de empezar el duelo.
* "Lo único que falta es que le ganen a Defensor Sporting y le
obsequien el título". Un hincha tricolor enojado a la salida del
Palco Oficial.
* La lista 2100, cuyo lema es El Cambio del Siglo y postula a Carlos
Tellería a la presidencia de Nacional, repartió ayer miles
de volantes en el Centenario en los que se especificaba a los socios albos
las razones por las cuales deben elegirlo en las elecciones de diciembre
próximo.
DECALOGOL
Sosa habilita en profundidad a W. Rodríguez. Cuando va a definir,
Lima lo traba.
Desborde de Barilko por la izquierda, pase al medio y toque de Baltierra.
GOL.
Gran jugada de Aguilera, peinada de Bengoechea que agarra a Nicola a
medio camino, palo y GOL.
Gran pase largo de Zalazar a W. Rodríguez, remate ante la salida
de Flores, GOL.
Pase de Zalazar a Sosa que se la lleva y aguanta la carga de Rotundo;
remate y GOL.
Pase de Sosa a Barilko y remate, apenas desviado, contra el segundo
palo.
Corner desde la izquierda, cabezazo de Luis Romero hacia abajo. GOL.
Centro de Serafín García. Cabezazo de Bengoechea desviado.
Centro de Bengoechea, cabezazo de Zalayeta, rebote, toque de Goncalves
en la raya. GOL.
Centro de Bengoechea pasado, cabezazo de De Lima sobre el segundo palo.
GOL.
Bengoechea fue capitán en medio de la tormenta
El dueño de la pelota
En torno del fútbol y la personalidad de Pablo Bengoechea, más
la creatividad incontrolable de Carlos Aguilera, Peñarol ayer
conquistó un triunfo que tuvo mucho de
milagro.
El capitán lo fue más, todavía, cuando la tormenta
de goles y fútbol que el rival le tiró encima durante el
transcurso de la primera etapa, puso la pelota en el piso, bajó
a su propia área a buscarla y templó el espíritu de
un equipo que había perdido el rumbo y parecía ir derecho
hacia el naufragio.
Es que ayer Pablo Bengoechea, protagonista durante todo el trámite,
tuvo muchísimo que ver con el resultado, independientemente de la
incidencia que tuvieron en el mismo sus clásicos centros-pases que
habitualmente caen como misiles sobre la última zona del adversario.
Sacó a Peñarol de los pelos cuando todo hacía indicar
que el conjunto de Gregorio Pérez se ahogaba.
Y después, poco a poco, lo llevó hasta la orilla de la
victoria. Que en este caso fue de la hazaña.
El "Pato" Aguilera hizo de monaguillo
Milagro de San Pablo
Ruben Sosa fue el gran jugador de la primera etapa. Excluyente. Desequilibrante.
Pero Pablo Bengoechea resultó el protagonista de todo el trámite.
Cuando Peñarol parecía perdido, atontado, fabricó
el milagro.
PEÑAROL
FLORES: Sin responsabilidad en los goles. Atento para salir a cortar
y tapar por detrás de la retaguardia. S. GARCIA: Imponente desgaste.
Fue y vino en forma constante. Por momentos regaló la espalda, por
donde Sosa hizo estragos, pero fue un punto de apoyo fundamental, lleno
de coraje, para sus compañeros del ataque. GONCALVES: Hizo un gol,
más que por oportunismo, por ganas. Y se paró algo mejor
recién al final del trámite. Hasta las tres cuartas partes
del partido no consiguió afirmarse y le pegó indiscriminadamente
para cualquier lado. ROTUNDO: Impotente, entreverado, tuvo una hora fatal
en la que no paró a nadie. En los últimos treinta minutos
se afianzó bastante. LIMA: En la parte inicial tuvo dificultades,
sobre todo para cerrar por detrás de la zaga. En el complemento
controló totalmente su costado y también fue de los que más
empujó para dar vuelta el resultado. DE SOUZA: Tuvo altibajos en
el armado. Trabajó mucho aunque sin mayor destaque. PEREYRA: Bien
parado. Ordenado. Fue excluído por necesidad y razones tácticas.
BENGOECHEA:
El jugador de todo el partido. Hizo un gol importante, generó los
tres restantes con sus centros-pases y fue el incansalbe director futbolístico
y espiritual del equipo en los pasajes que Peñarol pareció
estar a un tris de perder el rumbo y desmoronarse. PACHECO: Movedizo, inteligente.
Fue coprotagonista de llegadas penetrantes. AGUILERA: Hasta que salió
lesionado fue el otro artífice del milagro aurinegro. Se tiró
cinco metros hacia atrás y generó todo tipo de avances: casi
nunca pudieron anticiparlo. ROMERO: Metió un gol clave y siempre
dió batalla, complicó, hizo mella, no bajó nunca los
brazos. ZALAYETA: Creó peligro. Mal expulsado. DE LIMA: Hizo el
gol de la victoria: determinante. QUIÑONES: Aguantó en el
mediocampo.
nacional
NICOLA: No salió nunca: fue evidente que, más que jugar
lesionado, jugó regalado. En esas circunstancias, ¿hasta
dónde fue responsable? T. GOMEZ: Con altibajos. D. RODRIGUEZ: Sin
llegar a ser un baluarte, era el más parejo de la retaguardia cuando
salió lesionado. KANAPKIS: No logró imponer su presencia,
sobre todo el juego de alto. JARA: Le costó acomodarse, tanto para
marcar como para desdoblarse. TITO: Mejor marcando que pasando. Igual,
era un buen tapón, un correcto guardaespaldas. Su salida partió
al equipo y pudo tener que ver el resultado. BARILKO: Gestó el primer
tanto, rindió, dejó el alma. BALTIERRA: Metió un gol
y gravitó más en la primera etapa: en la segunda pareció
desdibujarse. ZALAZAR: Corrió bien la cancha, metió pases
de gol realmente excepcionales. Al final se quedó bastante. SOSA:
Un primer tiempo brillante, desequilibrante, haciendo un gol y dando otros
que sus compañeros no concretaron. En el complemento --físicamente,
claro-- no fue el de los 45' iniciales. AGUIAR: No fue eficaz en la defensa
del área. CARRASCO y ADIPPE: No pudieron destacarse.
Un solo grito: "¡Gracias, Profesor...!"
JOSE MASTANDREA
"¡Gracias, Profesor... gracias...!"... Uno, dos, diez... cincuenta
voces que retumbaron fuerte, muy fuerte en el túnel que va de al
escalera de la cancha a los vestuarios. El "Profesor" no es otro que Pablo
Bengoecheaw, el capitán de Peñarol. El hombre que manejó
los hilos de su equipo, el que corrió, jugó hizo y sirvió
goles... el que terminó feliz, radiante... pero sin camiseta. Y
no la dejó en la cancha. La dejó en esos veinte metros que
separan la escalera del camarín. Otro torfeo más y van...
........................
El riverense llegó con una sonrisa de oreja a oreja. Sin gritar,
sin abrir la boca... sólo recibió abrazos y más abrazos.
Después de caminar ese tramo interminable, entró al vestuario
y se unió al resto del grupo. Segundos después se sintió...
"¡Peñarol nomá... Peñarol nomá...!".
.........................
En el camarín lo estaban esperando todos pero en especial, su
amigo inseparable, su "compadre", el "Vasco" Aguirregaray.
El festejo será --como tantas veces-- con sus familias. Con sus
esposas y sus hijos. Hablando, charlando de lo que pasó en la cancha,
de lo que se vivió en un nuevo clásico. De lo que dejó
esa victoria con un sabor diferente, único e irrepetible después
de dar vuelta un 3 a 1 en contra. Porque el "Vasco" lo vivió y lo
sufrió afuera. En la Platea América. Ingresó al pasillo
de los vestuarios cuando faltaba un minuto para finalizar el partido. Allí
se instaló a esperar a Pablo. Al amigo.
...........................
La ducha bajo el agua caliente para recuperarse del esfuerzo, del desgaste,
del trajín de noventa minutos jugados a muerte. Teniendo la pelota,
pasándola, llevándola, soltándola. Seguramente, haciendo
un rápido y breve repaso de lo que había sucedido en la cancha.
De ese primer gol de cabeza para poner el 1 a 1. Del centro que terminó
en el 3 a 3 con el gol del "Tito chico" y de ese último y agónico
gol de Juan Carlos De Lima con otro centro suyo.
El "Profesor" --que tuvo un duelo singular con la hinchada tricolor
de la Amsterdam-- volvió a dar clase...
VISTO Y ESCUCHADO
* Hoy me tocó a mí pero el triunfo es de todos (Juan C. De
Lima)
* Es una tremenda alegría, pensar que cuando era gurí
a veces hasta lloré por alguna derrota de Peñarol (Gregorio
Pérez)
* Se ganó, como decimos nosotros, a lo Peñarol. Esto es
para el "Fao" que nos está acompañando (Marcelo Zalayeta)
* Los preparamos a primera hora y los matamos a segunda (Ignacio Borjas)
Doña gloria fue a la Colombes
EDWARD PIÑON
La Colombes se resquebraja. Las agujas del reloj no avanzan. El tiempo
no existe, no hay dimensión real.
Abajo, en la cancha y pegadito al foso que separa la tribuna del campo,
los gladiadores carboneros hacen flamear sus camisetas y muestran sus casacas
amarillas con el rostro del desaparecido Fabián Perea.
La Amsterdam no se resigna. Las siete banderas que unieron los tres
anillos y las 25 que tiñeron de rojo, azul y blanco el primero,
se retiran lentamente. El endiablado jugador se fue caminando lentamente,
cabizbajo, por la manga neumática. Pocas miradas acompañaron
la salida de Ruben Sosa. Nadie se percató de ello, ni siquiera los
hombres ganadores que habitualmente suelen ofrendar cánticos hirientes
a los derrotados. ¿Para qué hacerlo? Es más, un hincha
mirasol pinta lo que vive la mitad del país: "Ahora, qué
importa el quinquenio".
La Colombes se parte. Las siete banderas que cruzaron de un anillo al
otro forman una sola. El grito de guerra ensordece. "Oh, oh, dale Peñarol,
Peñarol, Peñarol, dale Peñarol".
La Amsterdam luce desolada. Han pasado quince minutos desde que Gustavo
Gallesio levantó sus brazos en el círculo central e hizo
sonar el pitazo final. No hubo más remedio que pegar la vuelta para
no ver cómo las manos de los enemigos se juntan encima de sus cabezas
para aplaudir a más no poder la proeza de dar vuelta un resultado.
La Colombes baila y enloquece. Nadie se retira, vaya a saber cómo
regresan los papelitos y serpentinas que bañaron la tribuna entera
en el momento de dar la bienvenida. No hay anillos, no hay escaleras. Los
brazos y camisetas carboneras contagian a los de la Olímpica y hasta
los de la América.
La Amsterdam observa. Los pocos hinchas que no consiguieron huir por
las bocas de salida miran de reojo y no comprenden lo sucedido. Después
de tanto esfuerzo, de tanto grito, de tanta emoción... las manos
están vacías.
Y entre tanto vaivén, entre tantas alegrías y tristezas,
quedó un Estadio Centenario agradecido. ¿Por qué?
Porque el clásico se vivió con total intensidad. Porque hubo
17 bengalas rojas y 10 amarillas, porque hubo gritos de aliento para las
casacas y pocos insultos al rival (aunque no faltaron), porque hubo papel
picado y porque fue una fiesta.
La Colombes se despide. El ascenso al ritmo de la salsa amarilla y negra
le pone el punto final a una sensacional tarde. Alrededor del estadio se
siguen escuchando las voces, con gargantas cada vez más desafinadas,
victoriosas. Y hasta el mismo fanático que tras la victoria vociferó
que poco le importaba el quinquenio, se une al cántico: "Dale Peñarol,
ponga h..., dale Peñarol, ponga h... Te llevamos en el corazón,
yo te sigo... siempre estoy con vos. El quinquenio vamos a ganar...".
"¡No te vayas nunca Gregorio...!"
"No festejen ¡es normal!"
"Trac... trac... trac...". Los tapones de aluminio repiquetean en el añejo
cemento de las
escaleras. "Trac... trac... trac..." ahora
repiquetean en las baldosas del pasillo que está debajo de la América
junto a la Colombes.
JOSE MASTANDREA
El primero en aparecer fue Claudio Flores. Sin el buzo de arquero pero
con la remera amarilla que utilizaron todos los jugadores con la cara impresa
de "Fao" Perea. Los hinchas lo abrazaron, lo apretaron, lo felicitaron
y el arquero apretó los puños junto a su pecho y acompañó
el grito de ¡"Peñarol... Peñarol....!".
El segundo fue Gregorio Pérez. Emocionado como nunca. Palmeado...
y el infaltable "¡no te vayas nunca Gregorio...!" El técnico
miró a todos y el grito salió del fondo de su alma... "¡
Peñarol cara...!"
Después llegó el "Tito" Gonçalves. Contento...
abriendo los brazos parando a los hinchas y a todos quienes se le acercaban...
"¡no festejen... no festejen... ¡Esto es normal... esto es
normal...!".
Los jugadores siguieron ingresando uno a uno. Algunos aplaudiendo, otros
sonriendo... Luis Romero llorando de la emoción... Fernando Alvez
loco de la vida... El vicepresidente Jorge Lepra (llegó a las 13
horas de los Estados Unidos y siguió rumbo al estadio) Angel Tucci,
Víctor Cabrera... dirigentes y jugadores disfrutaron íntimamente
del triunfo. Pero claro, hay que vivir el momento porque el fútbol
es así. Hoy Peñarol ya piensa en el viaje a Colombia y en
el partido del próximo fin de semana. El núcleo viajero se
definirá horas antes de partir. Ya están designados Flores,
Deagustini, S. Garcia, Borjas, Olveira, José De los Santos, Adinolfi,
Quiñones, De Souza, Cancela, Zalayeta, De Lima, Bengoechea y Pacheco.
Aguilera está descartado por lesión y hoy el técnico
decidirá entre Rotundo o Gonçalves y otro futbolista más
que será nominado después del movimiento matutino.
Peñarol se va a las 17 y 30 a Buenos Aires donde pernoctará
y mañana volará rumbo a Bogotá para terminar en Medellín
a las 18 y 30 de Uruguay. "Esto es así... hay que disfrutarlo ahora..."
dijo un hincha y se fue revoleando la camiseta a los cuatro vientos.
Bengoechea duró más que Sosa
Una clase de dos
Si se quiere fue un duelo. Un contrapunto a la distancia. Porque uno
y otro --Ruben Sosa en la primera etapa y Pablo Bengoechea durante todo
el trámite-- fueron quienes llevaron a sus equipos de la mano hacia
el arco adversario. No es como para olvidarse de algunas de sus obras de
arte.
7'.- Sosa deja solo a Washington Rodíguez de cara al arquero
contrario.
13'.-Sosa deja otra vez a Rodríguez como protagonista de una
situación favorable.
21'.-Bengoechea peina un centro-pase de Aguilera y anota el gol del
empate.
34'.- Pase de Zalazar a Sosa, el delantero le gana la posición
a
Rotundo, aguanta la carga de atrás del zaguero contrario y mete
el tercer gol con remate bajo.
45'.- Corner de Bengoechea desde la izquierda, salta Romero y
convierte el segundo tanto con preciso cabezazo.
50'.- Centro de Serafín García desde la derecha
y Bengoechea cabecea afuera, sin saltar, en posición favorable contra
el segundo palo.
52'.-Bengoechea maniobra por la izquierda, gira y levanta la cabeza
cuando queda afuera del área y de costado al arco contrario: tiene
a tres compañeros en posición de gol pero remata él,
cerrado y por encima del travesaño. Pudo ser una genialidad, fue
una falla.
60'.- Centro de Bengoechea desde la izquierda, cabezazo cruzado
de Lima sobre la derecha: la sacó Kanapkis cuando entraba.
66'.- Centro de Bengoechea, cabecea Zalayeta, hay un rebote,
la mete Goncalves: empate.
76'.- Centro de Bengoechea desde la derecha, cebezazo de Lima
sobre el segundo palo. Cuarto gol. Milagro. ¿O hazaña?
Gallesio pitó bien
La apresurada tarjeta roja que le mostró a Marcelo Zalayeta y la
generosidad que mostró con Jorge Gonçalves, fueron los únicos
puntos flojos del árbitro Gustavo Gallesio.
Esos dos fallos, empero, no tiraron por tierra la gran labor que cumplió
el juez del clásico. Para dominar de entrada el espíritu
de los 22 jugadores, Gallesio no permitió que se protestaran sus
decisiones y por ese motivo sacó de su bolsillo varias veces la
tarjeta amarilla.
Aunque en principio eso pudo parecer desmedido, porque la primera la
recibió Carlos Aguilera tras un foul que le cometió Tito
y que el juez no lo percibió, después se comprobó
que fue una actitud coherente. Siguiendo de cerca la jugada y observando
al detalle lo que ocurría en el campo, Gallesio no se dejó
llevar por las palomitas de Pablo Bengoechea, Washington Rodríguez
y Ruben Sosa, que buscaban un pitazo y un tiro libre cerca del área.
Si el arbitraje no salió redondo, y además de los dos
errores apuntados, a Gallesio le faltó la colaboración del
línea de la América. José Lagos demostró estar
muy propenso a levantar su brazo derecho cada vez que sus ojos encontraban
a un atacante en favorable posición. Con la bandera en alto, en
el primer tiempo, interceptó dos ataques del Seco Rodríguez,
cuando el delantero estaba en la misma línea que la retaguardia
aurinegra.
Impactante
ESCRIBE JORGE DA SILVEIRA
Peñarol le ganó a Nacional de atrás un clásico
emocionante, con siete goles, variantes en el tanteador y en el trámite,
que lo hicieron particularmente atractivo. De perder 3 a 1 pasó
a vencer 4 a 3 con tres goles en jugadas de pelota quieta que ratificaron
las virtudes aurinegras en ese rubro y que denunciaron una tarde terrible
de Kanapkis y Nicola, que fallaron feo en las cuatro conquistas mirasoles.
Nacional sorprendió con una distribución de hombres y
una actitud inesperadas, que le permitieron una mejor labor en los primeros
diez minutos. Con Tito como volante tapón y una línea de
tres delante, con Baltierra, Zalazar y Barilko, copó el mediocampo
y se adelantó para acompañar a Sosa, desequilibrante e imparable
para la defensa aurinegra.
Cuando reaccionó Peñarol y comenzó a llegar por
derecha al área tricolor, dominó hasta la puesta en ventaja
sorpresiva de Nacional tras jugada a puro coraje de Barilko sobre la línea
de fondo y pase atrás para la culminación de Baltierra. 21,
1 a 0.
Peñarol se puso nervioso hasta que a los 24' Bengoechea aprovechó
falla rival para anotar entre Kanapkis que no dio el paso atrás
y Nicola que quedó a mitad de camino. 1 a 1.
Los aurinegros se serenaron, pasaron a dominar y trasmitieron la sensación
de estar más cerca, pero de nuevo sorprendió Nacional y se
puso en ventaja tras excelente pase largo de Zalazar que culminó
notablemente Washington Rodríguez con su pierna inhábil tras
haber malogrado dos claras oportunidades con la izquierda por habilitaciones
excelentes de Sosa, 2 a 1.
Dos minutos después Sosa, el mejor delantero, se sacó
de encima a Rotundo y definió notablemente para poner el 3 a 1 que
dio tranquilidad. Tras esa conquista Nacional dominó a un Peñarol
desconcertado y pudo liquidar el encuentro dos veces. Barilko primero y
Baltierra después tuvieron el cuarto tanto. Esas situaciones se
pagan caro.
Sobre la hora del tiempo inicial Romero logró un gol de enorme
trascendencia, tras corner de Bengoechea desde la izquierda. Nicola no
salió, Kanapkis que debía marcarlo no saltó y la clavó
abajo, junto al parante izquierdo. Varió el panorama en ambos vestuarios.
En el segundo tiempo Nacional no pudo mantener el ritmo y Peñarol
se le tiró encima. Pudo el tricolor ampliar nuevamente la ventaja
al recibir Washington Rodríguez gran pase de Baltierra que lo dejó
solo ante Flores. La cambió bien al segundo palo y se perdió
apenas desviado.
Llegaron los cambios. Peñarol que no pudo superar a Nacional
por bajo, optó por incluir a Zalayeta primero y a De Lima después
para ganar por arriba, donde Nacional perdía siempre por mala marca
y la condición física de Nicola que le impidió salir.
Quedó clavado en la línea del arco y fue fatal. Fleitas no
acertó en las variantes. Sacó a Tito, que estaba jugando
muy bien y era el único volante que no estaba amonestado, para incluir
a Carrasco. Luego puso a Adippe, que volvió a no jugar bien, en
lugar de Washington Rodríguez, verdadera pesadilla para la defensa
carbonera tras el segundo gol por él convertido. Peñarol
encontró espacios entre volantes y zagueros tricolores, se lesionó
Damián Rodríguez, que había sido el mejor defensa,
y entró Cono Aguiar, que no acertó. Nacional debió
faulear mucho por parte de Kanapkis, lo que propició tiros libres
de Bengoechea, que sumados a errores de marca y de Nicola, que no salió,
propiciaron los dos goles que le dieron la victoria. Goncalves la tocó
dos veces dentro del área chica a un metro de la línea de
gol y anotó. De Lima cabeceó en el segundo palo y marcó
el del triunfo.
Fleitas planteó bien el partido. Pagó caro la inclusión
de Nicola fuera de forma, de Jara y los cambios en el tiempo final. Acertó
con la distribución de hombres en el medio y la dupla Sosa- Washington
Rodríguez, para sorprender por bajo con movilidad, velocidad y habilidad.
Gregorio cambió bien cuando vio que no podía por abajo. Puso
a Zalayeta y De Lima y venció con la vieja receta de jugadas de
pelota quieta de Bengoechea, que capitalizaron todos los errores de la
defensa tricolor. Gran triunfo, por la forma en que se logró.
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