Miércoles19 de octubre de 1997

       Nacional estaba para golear, con un Sosa imparable, pero a los centros y 

      aprovechando la débil defensa que hicieron los tricolores del espacio aéreo 

      de su retaguardia, los aurinegros produjeron el milagro

      ¡Un Peñarolazo!

      Estaba todo para Nacional. Pero Peñarol lo dio vuelta de atrás. Al final, más que triunfo aurinegro, pareció un milagro. 

      El hombre, en el palco, se paró cuando ya no faltaba nada y, seguro del triunfo de su cuadro del alma, dijo a quien quisiera escucharlo y muy probablemente sin ánimo de hacer una chanza: "después de esto, ¡qué me vienen con quinquenio ni que ocho cuartos..!" 

      Vaya uno a saber si tenía razón. No era momento de analizarlo, en la conclusión misma de un partido que tuvo siete goles, un trámite de ida y vuelta casi constante, emociones a granel, dominios alternados por parte de los dos bandos, y un final realmente impactante. Lo cierto es que nadie pudo decir ni una palabra. 

      Es que lo de Peñarol ayer fue increíble. O casi. Porque en el primer tiempo, con un fondo débil y mal parado, que perdía pie cada vez que le llegaban, y que para peor tenía como salida más importante hacia el ataque la subida de Serafín García, a cuya espalda un inteligentísimo pero nada veloz Ruben Sosa causaba estragos creando situaciones de gol que en muchos casos no eran aprovechadas, el equipo aurinegro estaba para ser vapuleado. Goleado. Porque, además, la solidez de Nacional arrancaba de un mediocampo armado en base a tres volantes de marca (Tito como tapón y Baltierra, Zalazar y Barilko moviéndose un poco más adelante) pero que salía hacia arriba, tocando. Jugando. Y armando avances como el que Barilko "peleó" para generar el tanto de apertura de Baltierra sobre el fondo de la cancha, o como los que gestó Zalazar en ocasión de los goles convertidos por Washington Rodríguez y el propio Sosa en jugadas que fueron prácticamente similares: verdaderas postales de lo que fue el fondo mirasol en toda la primera parte. Un descalabro. 

      Lo único que quedó enhiesto en Peñarol en ese período inicial si acaso, fue el ataque. Que es lo que, aparte de la fragilidad expuesta por el fondo rival para el juego de alto, hizo entendible el hecho de que, tras ir perdiendo 3 a 1 (luego del primer gol de Baltierra y con una gran jugada de Aguilera más una peinada de Bengoechea los aurinegros lograron un fugaz empate) el elenco dirigido por Gregorio Pérez terminara --gracias a un corner en el que Romero metió un preciso cabezazo-- cayendo por un solo gol de diferencia al concluir la primera etapa. 

      No se podía presentir, entonces, lo que ocurriría más adelante. Pero ocurrió. Nacional sintió la salida de Damián Rodríguez en la retaguardia. Perdió cohesión cuando Carrasco ingresó por Tito al cabo de un cambio con el que seguramente se pretendió liquidar a Peñarol de contraataque pero sólo logró sumar la veteranía de Carrasco al cansancio de Sosa y Zalazar, que ya no rendían como antes. Y Peñarol, entonces, de la mano de los centros-pases de Bengoechea, a los cabezazos (primero uno de Zalayeta, que dio lugar a un rebote y la conquista de Goncalves, y después otro de De Lima sobre el segundo palo) fue dando vuelta el trámite y el resultado. Por eso, cuando el señor --obviamente "manya"-- se paró y dijo lo que dijo, nadie contestó nada. Casi nadie podía creer, tampoco, lo que había presenciado.

      VISTO Y OIDO

      * Tras el gol del primer empate, Pablo Bengoechea se llevó la mano al oído izquierdo y con la otra mano apuntó hacia la Amsterdam. El volante carbonero recriminó de esa forma los insultos que había recibido antes 

      de empezar el duelo. 

      * "Lo único que falta es que le ganen a Defensor Sporting y le obsequien el título". Un hincha tricolor enojado a la salida del Palco Oficial. 

      * La lista 2100, cuyo lema es El Cambio del Siglo y postula a Carlos Tellería a la presidencia de Nacional, repartió ayer miles de volantes en el Centenario en los que se especificaba a los socios albos las razones por las cuales deben elegirlo en las elecciones de diciembre próximo.

      DECALOGOL

      Sosa habilita en profundidad a W. Rodríguez. Cuando va a definir, Lima lo traba. 

      Desborde de Barilko por la izquierda, pase al medio y toque de Baltierra. GOL. 

      Gran jugada de Aguilera, peinada de Bengoechea que agarra a Nicola a medio camino, palo y GOL. 

      Gran pase largo de Zalazar a W. Rodríguez, remate ante la salida de Flores, GOL. 

      Pase de Zalazar a Sosa que se la lleva y aguanta la carga de Rotundo; remate y GOL. 

      Pase de Sosa a Barilko y remate, apenas desviado, contra el segundo palo. 

      Corner desde la izquierda, cabezazo de Luis Romero hacia abajo. GOL. 

      Centro de Serafín García. Cabezazo de Bengoechea desviado. 

      Centro de Bengoechea, cabezazo de Zalayeta, rebote, toque de Goncalves en la raya. GOL. 

      Centro de Bengoechea pasado, cabezazo de De Lima sobre el segundo palo. GOL. 


      Bengoechea fue capitán en medio de la tormenta

      El dueño de la pelota

      En torno del fútbol y la personalidad de Pablo Bengoechea, más la creatividad incontrolable de Carlos Aguilera, Peñarol ayer 

      conquistó un triunfo que tuvo mucho de 

      milagro. 

       

      El capitán lo fue más, todavía, cuando la tormenta de goles y fútbol que el rival le tiró encima durante el transcurso de la primera etapa, puso la pelota en el piso, bajó a su propia área a buscarla y templó el espíritu de un equipo que había perdido el rumbo y parecía ir derecho hacia el naufragio. 

      Es que ayer Pablo Bengoechea, protagonista durante todo el trámite, tuvo muchísimo que ver con el resultado, independientemente de la incidencia que tuvieron en el mismo sus clásicos centros-pases que habitualmente caen como misiles sobre la última zona del adversario. Sacó a Peñarol de los pelos cuando todo hacía indicar que el conjunto de Gregorio Pérez se ahogaba. 

      Y después, poco a poco, lo llevó hasta la orilla de la victoria. Que en este caso fue de la hazaña. 


      El "Pato" Aguilera hizo de monaguillo

      Milagro de San Pablo

      Ruben Sosa fue el gran jugador de la primera etapa. Excluyente. Desequilibrante. Pero Pablo Bengoechea resultó el protagonista de todo el trámite. Cuando Peñarol parecía perdido, atontado, fabricó el milagro. 


      PEÑAROL

      FLORES: Sin responsabilidad en los goles. Atento para salir a cortar y tapar por detrás de la retaguardia. S. GARCIA: Imponente desgaste. Fue y vino en forma constante. Por momentos regaló la espalda, por donde Sosa hizo estragos, pero fue un punto de apoyo fundamental, lleno de coraje, para sus compañeros del ataque. GONCALVES: Hizo un gol, más que por oportunismo, por ganas. Y se paró algo mejor recién al final del trámite. Hasta las tres cuartas partes del partido no consiguió afirmarse y le pegó indiscriminadamente para cualquier lado. ROTUNDO: Impotente, entreverado, tuvo una hora fatal en la que no paró a nadie. En los últimos treinta minutos se afianzó bastante. LIMA: En la parte inicial tuvo dificultades, sobre todo para cerrar por detrás de la zaga. En el complemento controló totalmente su costado y también fue de los que más empujó para dar vuelta el resultado. DE SOUZA: Tuvo altibajos en el armado. Trabajó mucho aunque sin mayor destaque. PEREYRA: Bien parado. Ordenado. Fue excluído por necesidad y razones tácticas. BENGOECHEA: El jugador de todo el partido. Hizo un gol importante, generó los tres restantes con sus centros-pases y fue el incansalbe director futbolístico y espiritual del equipo en los pasajes que Peñarol pareció estar a un tris de perder el rumbo y desmoronarse. PACHECO: Movedizo, inteligente. Fue coprotagonista de llegadas penetrantes. AGUILERA: Hasta que salió lesionado fue el otro artífice del milagro aurinegro. Se tiró cinco metros hacia atrás y generó todo tipo de avances: casi nunca pudieron anticiparlo. ROMERO: Metió un gol clave y siempre dió batalla, complicó, hizo mella, no bajó nunca los brazos. ZALAYETA: Creó peligro. Mal expulsado. DE LIMA: Hizo el gol de la victoria: determinante. QUIÑONES: Aguantó en el mediocampo. 

      nacional 

      NICOLA: No salió nunca: fue evidente que, más que jugar lesionado, jugó regalado. En esas circunstancias, ¿hasta dónde fue responsable? T. GOMEZ: Con altibajos. D. RODRIGUEZ: Sin llegar a ser un baluarte, era el más parejo de la retaguardia cuando salió lesionado. KANAPKIS: No logró imponer su presencia, sobre todo el juego de alto. JARA: Le costó acomodarse, tanto para marcar como para desdoblarse. TITO: Mejor marcando que pasando. Igual, era un buen tapón, un correcto guardaespaldas. Su salida partió al equipo y pudo tener que ver el resultado. BARILKO: Gestó el primer tanto, rindió, dejó el alma. BALTIERRA: Metió un gol y gravitó más en la primera etapa: en la segunda pareció desdibujarse. ZALAZAR: Corrió bien la cancha, metió pases de gol realmente excepcionales. Al final se quedó bastante. SOSA: Un primer tiempo brillante, desequilibrante, haciendo un gol y dando otros que sus compañeros no concretaron. En el complemento --físicamente, claro-- no fue el de los 45' iniciales. AGUIAR: No fue eficaz en la defensa del área. CARRASCO y ADIPPE: No pudieron destacarse. 

      Un solo grito: "¡Gracias, Profesor...!"

      JOSE MASTANDREA
      "¡Gracias, Profesor... gracias...!"... Uno, dos, diez... cincuenta voces que retumbaron fuerte, muy fuerte en el túnel que va de al escalera de la cancha a los vestuarios. El "Profesor" no es otro que Pablo Bengoecheaw, el capitán de Peñarol. El hombre que manejó los hilos de su equipo, el que corrió, jugó hizo y sirvió goles... el que terminó feliz, radiante... pero sin camiseta. Y no la dejó en la cancha. La dejó en esos veinte metros que separan la escalera del camarín. Otro torfeo más y van... 

      ........................ 

      El riverense llegó con una sonrisa de oreja a oreja. Sin gritar, sin abrir la boca... sólo recibió abrazos y más abrazos. Después de caminar ese tramo interminable, entró al vestuario y se unió al resto del grupo. Segundos después se sintió... "¡Peñarol nomá... Peñarol nomá...!". 

      ......................... 

      En el camarín lo estaban esperando todos pero en especial, su amigo inseparable, su "compadre", el "Vasco" Aguirregaray. 

      El festejo será --como tantas veces-- con sus familias. Con sus esposas y sus hijos. Hablando, charlando de lo que pasó en la cancha, de lo que se vivió en un nuevo clásico. De lo que dejó esa victoria con un sabor diferente, único e irrepetible después de dar vuelta un 3 a 1 en contra. Porque el "Vasco" lo vivió y lo sufrió afuera. En la Platea América. Ingresó al pasillo de los vestuarios cuando faltaba un minuto para finalizar el partido. Allí se instaló a esperar a Pablo. Al amigo. 

      ........................... 

      La ducha bajo el agua caliente para recuperarse del esfuerzo, del desgaste, del trajín de noventa minutos jugados a muerte. Teniendo la pelota, pasándola, llevándola, soltándola. Seguramente, haciendo un rápido y breve repaso de lo que había sucedido en la cancha. De ese primer gol de cabeza para poner el 1 a 1. Del centro que terminó en el 3 a 3 con el gol del "Tito chico" y de ese último y agónico gol de Juan Carlos De Lima con otro centro suyo. 

      El "Profesor" --que tuvo un duelo singular con la hinchada tricolor de la Amsterdam-- volvió a dar clase...

      VISTO Y ESCUCHADO

      * Hoy me tocó a mí pero el triunfo es de todos (Juan C. De Lima) 

      * Es una tremenda alegría, pensar que cuando era gurí a veces hasta lloré por alguna derrota de Peñarol (Gregorio Pérez) 

      * Se ganó, como decimos nosotros, a lo Peñarol. Esto es para el "Fao" que nos está acompañando (Marcelo Zalayeta) 

      * Los preparamos a primera hora y los matamos a segunda (Ignacio Borjas) 



       
       

      Doña gloria fue a la Colombes


      EDWARD PIÑON

      La Colombes se resquebraja. Las agujas del reloj no avanzan. El tiempo no existe, no hay dimensión real. 

      Abajo, en la cancha y pegadito al foso que separa la tribuna del campo, los gladiadores carboneros hacen flamear sus camisetas y muestran sus casacas amarillas con el rostro del desaparecido Fabián Perea. 

      La Amsterdam no se resigna. Las siete banderas que unieron los tres anillos y las 25 que tiñeron de rojo, azul y blanco el primero, se retiran lentamente. El endiablado jugador se fue caminando lentamente, cabizbajo, por la manga neumática. Pocas miradas acompañaron la salida de Ruben Sosa. Nadie se percató de ello, ni siquiera los hombres ganadores que habitualmente suelen ofrendar cánticos hirientes a los derrotados. ¿Para qué hacerlo? Es más, un hincha mirasol pinta lo que vive la mitad del país: "Ahora, qué importa el quinquenio". 

      La Colombes se parte. Las siete banderas que cruzaron de un anillo al otro forman una sola. El grito de guerra ensordece. "Oh, oh, dale Peñarol, Peñarol, Peñarol, dale Peñarol". 

      La Amsterdam luce desolada. Han pasado quince minutos desde que Gustavo Gallesio levantó sus brazos en el círculo central e hizo sonar el pitazo final. No hubo más remedio que pegar la vuelta para no ver cómo las manos de los enemigos se juntan encima de sus cabezas para aplaudir a más no poder la proeza de dar vuelta un resultado. 

      La Colombes baila y enloquece. Nadie se retira, vaya a saber cómo regresan los papelitos y serpentinas que bañaron la tribuna entera en el momento de dar la bienvenida. No hay anillos, no hay escaleras. Los brazos y camisetas carboneras contagian a los de la Olímpica y hasta los de la América. 

      La Amsterdam observa. Los pocos hinchas que no consiguieron huir por las bocas de salida miran de reojo y no comprenden lo sucedido. Después de tanto esfuerzo, de tanto grito, de tanta emoción... las manos están vacías. 

      Y entre tanto vaivén, entre tantas alegrías y tristezas, quedó un Estadio Centenario agradecido. ¿Por qué? Porque el clásico se vivió con total intensidad. Porque hubo 17 bengalas rojas y 10 amarillas, porque hubo gritos de aliento para las casacas y pocos insultos al rival (aunque no faltaron), porque hubo papel picado y porque fue una fiesta. 

      La Colombes se despide. El ascenso al ritmo de la salsa amarilla y negra le pone el punto final a una sensacional tarde. Alrededor del estadio se siguen escuchando las voces, con gargantas cada vez más desafinadas, victoriosas. Y hasta el mismo fanático que tras la victoria vociferó que poco le importaba el quinquenio, se une al cántico: "Dale Peñarol, ponga h..., dale Peñarol, ponga h... Te llevamos en el corazón, yo te sigo... siempre estoy con vos. El quinquenio vamos a ganar...". 



       
       

      "¡No te vayas nunca Gregorio...!"

      "No festejen ¡es normal!"

      "Trac... trac... trac...". Los tapones de aluminio repiquetean en el añejo cemento de las 

      escaleras. "Trac... trac... trac..." ahora 

      repiquetean en las baldosas del pasillo que está debajo de la América junto a la Colombes.

       
      JOSE MASTANDREA
      El primero en aparecer fue Claudio Flores. Sin el buzo de arquero pero con la remera amarilla que utilizaron todos los jugadores con la cara impresa de "Fao" Perea. Los hinchas lo abrazaron, lo apretaron, lo felicitaron y el arquero apretó los puños junto a su pecho y acompañó el grito de ¡"Peñarol... Peñarol....!". 

      El segundo fue Gregorio Pérez. Emocionado como nunca. Palmeado... y el infaltable "¡no te vayas nunca Gregorio...!" El técnico miró a todos y el grito salió del fondo de su alma... "¡ Peñarol cara...!" 

      Después llegó el "Tito" Gonçalves. Contento... abriendo los brazos parando a los hinchas y a todos quienes se le acercaban... "¡no festejen... no festejen... ¡Esto es normal... esto es normal...!". 

      Los jugadores siguieron ingresando uno a uno. Algunos aplaudiendo, otros sonriendo... Luis Romero llorando de la emoción... Fernando Alvez loco de la vida... El vicepresidente Jorge Lepra (llegó a las 13 horas de los Estados Unidos y siguió rumbo al estadio) Angel Tucci, Víctor Cabrera... dirigentes y jugadores disfrutaron íntimamente del triunfo. Pero claro, hay que vivir el momento porque el fútbol es así. Hoy Peñarol ya piensa en el viaje a Colombia y en el partido del próximo fin de semana. El núcleo viajero se definirá horas antes de partir. Ya están designados Flores, Deagustini, S. Garcia, Borjas, Olveira, José De los Santos, Adinolfi, Quiñones, De Souza, Cancela, Zalayeta, De Lima, Bengoechea y Pacheco. Aguilera está descartado por lesión y hoy el técnico decidirá entre Rotundo o Gonçalves y otro futbolista más que será nominado después del movimiento matutino. 

      Peñarol se va a las 17 y 30 a Buenos Aires donde pernoctará y mañana volará rumbo a Bogotá para terminar en Medellín a las 18 y 30 de Uruguay. "Esto es así... hay que disfrutarlo ahora..." dijo un hincha y se fue revoleando la camiseta a los cuatro vientos. 



       

      Bengoechea duró más que Sosa

      Una clase de dos


      Si se quiere fue un duelo. Un contrapunto a la distancia. Porque uno y otro --Ruben Sosa en la primera etapa y Pablo Bengoechea durante todo el trámite-- fueron quienes llevaron a sus equipos de la mano hacia el arco adversario. No es como para olvidarse de algunas de sus obras de arte. 

      7'.- Sosa deja solo a Washington Rodíguez de cara al arquero contrario. 

      13'.-Sosa deja otra vez a Rodríguez como protagonista de una situación favorable. 

      21'.-Bengoechea peina un centro-pase de Aguilera y anota el gol del empate. 

      34'.- Pase de Zalazar a Sosa, el delantero le gana la posición a Rotundo, aguanta la carga de atrás del zaguero contrario y mete el tercer gol con remate bajo. 

      45'.- Corner de Bengoechea desde la izquierda, salta Romero y convierte el segundo tanto con preciso cabezazo. 

      50'.- Centro de Serafín García desde la derecha y Bengoechea cabecea afuera, sin saltar, en posición favorable contra el segundo palo. 

      52'.-Bengoechea maniobra por la izquierda, gira y levanta la cabeza cuando queda afuera del área y de costado al arco contrario: tiene a tres compañeros en posición de gol pero remata él, cerrado y por encima del travesaño. Pudo ser una genialidad, fue una falla. 

      60'.- Centro de Bengoechea desde la izquierda, cabezazo cruzado de Lima sobre la derecha: la sacó Kanapkis cuando entraba. 

      66'.- Centro de Bengoechea, cabecea Zalayeta, hay un rebote, la mete Goncalves: empate. 

      76'.- Centro de Bengoechea desde la derecha, cebezazo de Lima sobre el segundo palo. Cuarto gol. Milagro. ¿O hazaña?

      Gallesio pitó bien

      La apresurada tarjeta roja que le mostró a Marcelo Zalayeta y la generosidad que mostró con Jorge Gonçalves, fueron los únicos puntos flojos del árbitro Gustavo Gallesio. 

      Esos dos fallos, empero, no tiraron por tierra la gran labor que cumplió el juez del clásico. Para dominar de entrada el espíritu de los 22 jugadores, Gallesio no permitió que se protestaran sus decisiones y por ese motivo sacó de su bolsillo varias veces la tarjeta amarilla. 

      Aunque en principio eso pudo parecer desmedido, porque la primera la recibió Carlos Aguilera tras un foul que le cometió Tito y que el juez no lo percibió, después se comprobó que fue una actitud coherente. Siguiendo de cerca la jugada y observando al detalle lo que ocurría en el campo, Gallesio no se dejó llevar por las palomitas de Pablo Bengoechea, Washington Rodríguez y Ruben Sosa, que buscaban un pitazo y un tiro libre cerca del área. 

      Si el arbitraje no salió redondo, y además de los dos errores apuntados, a Gallesio le faltó la colaboración del línea de la América. José Lagos demostró estar muy propenso a levantar su brazo derecho cada vez que sus ojos encontraban a un atacante en favorable posición. Con la bandera en alto, en el primer tiempo, interceptó dos ataques del Seco Rodríguez, cuando el delantero estaba en la misma línea que la retaguardia aurinegra. 


      Impactante

      ESCRIBE JORGE DA SILVEIRA
      Peñarol le ganó a Nacional de atrás un clásico emocionante, con siete goles, variantes en el tanteador y en el trámite, que lo hicieron particularmente atractivo. De perder 3 a 1 pasó a vencer 4 a 3 con tres goles en jugadas de pelota quieta que ratificaron las virtudes aurinegras en ese rubro y que denunciaron una tarde terrible de Kanapkis y Nicola, que fallaron feo en las cuatro conquistas mirasoles. 

      Nacional sorprendió con una distribución de hombres y una actitud inesperadas, que le permitieron una mejor labor en los primeros diez minutos. Con Tito como volante tapón y una línea de tres delante, con Baltierra, Zalazar y Barilko, copó el mediocampo y se adelantó para acompañar a Sosa, desequilibrante e imparable para la defensa aurinegra. 

      Cuando reaccionó Peñarol y comenzó a llegar por derecha al área tricolor, dominó hasta la puesta en ventaja sorpresiva de Nacional tras jugada a puro coraje de Barilko sobre la línea de fondo y pase atrás para la culminación de Baltierra. 21, 1 a 0. 

      Peñarol se puso nervioso hasta que a los 24' Bengoechea aprovechó falla rival para anotar entre Kanapkis que no dio el paso atrás y Nicola que quedó a mitad de camino. 1 a 1. 

      Los aurinegros se serenaron, pasaron a dominar y trasmitieron la sensación de estar más cerca, pero de nuevo sorprendió Nacional y se puso en ventaja tras excelente pase largo de Zalazar que culminó notablemente Washington Rodríguez con su pierna inhábil tras haber malogrado dos claras oportunidades con la izquierda por habilitaciones excelentes de Sosa, 2 a 1. 

      Dos minutos después Sosa, el mejor delantero, se sacó de encima a Rotundo y definió notablemente para poner el 3 a 1 que dio tranquilidad. Tras esa conquista Nacional dominó a un Peñarol desconcertado y pudo liquidar el encuentro dos veces. Barilko primero y Baltierra después tuvieron el cuarto tanto. Esas situaciones se pagan caro. 

      Sobre la hora del tiempo inicial Romero logró un gol de enorme trascendencia, tras corner de Bengoechea desde la izquierda. Nicola no salió, Kanapkis que debía marcarlo no saltó y la clavó abajo, junto al parante izquierdo. Varió el panorama en ambos vestuarios. 

      En el segundo tiempo Nacional no pudo mantener el ritmo y Peñarol se le tiró encima. Pudo el tricolor ampliar nuevamente la ventaja al recibir Washington Rodríguez gran pase de Baltierra que lo dejó solo ante Flores. La cambió bien al segundo palo y se perdió apenas desviado. 

      Llegaron los cambios. Peñarol que no pudo superar a Nacional por bajo, optó por incluir a Zalayeta primero y a De Lima después para ganar por arriba, donde Nacional perdía siempre por mala marca y la condición física de Nicola que le impidió salir. Quedó clavado en la línea del arco y fue fatal. Fleitas no acertó en las variantes. Sacó a Tito, que estaba jugando muy bien y era el único volante que no estaba amonestado, para incluir a Carrasco. Luego puso a Adippe, que volvió a no jugar bien, en lugar de Washington Rodríguez, verdadera pesadilla para la defensa carbonera tras el segundo gol por él convertido. Peñarol encontró espacios entre volantes y zagueros tricolores, se lesionó Damián Rodríguez, que había sido el mejor defensa, y entró Cono Aguiar, que no acertó. Nacional debió faulear mucho por parte de Kanapkis, lo que propició tiros libres de Bengoechea, que sumados a errores de marca y de Nicola, que no salió, propiciaron los dos goles que le dieron la victoria. Goncalves la tocó dos veces dentro del área chica a un metro de la línea de gol y anotó. De Lima cabeceó en el segundo palo y marcó el del triunfo. 

      Fleitas planteó bien el partido. Pagó caro la inclusión de Nicola fuera de forma, de Jara y los cambios en el tiempo final. Acertó con la distribución de hombres en el medio y la dupla Sosa- Washington Rodríguez, para sorprender por bajo con movilidad, velocidad y habilidad. Gregorio cambió bien cuando vio que no podía por abajo. Puso a Zalayeta y De Lima y venció con la vieja receta de jugadas de pelota quieta de Bengoechea, que capitalizaron todos los errores de la defensa tricolor. Gran triunfo, por la forma en que se logró. 



       

       
       
      --- PLEASE NOTE THAT THIS HOMEPAGE HAS NO OFFICIAL 
      CONNECTION WITH PABLO BENGOECHEA OR CA PEÑAROL ---