PEÑAROL VOLVIO
A GANAR DE ATRAS CUANDO TENIA TODO PERDIDO
Más de lo mismo
Peñarol ganó de atrás. Perdía 2 a 0 y cuando
todo parecía de Nacional, el conjunto aurinegro terminó venciendo
3 a 2 y alcanzó las finales del Uruguayo.
Pitó Bello por última vez y tras el primer éxtasis
de gozo y alivio que invadió a más de la mitad de la concurrencia
aún presente en el Centenario, se produjo como un extraño
silencio, como una singular calma. No era para menos. Fue como si las dos
hinchadas, antepuestas en sus pasiones toda la noche a despecho del loco
vaivén con que fueron llegando los goles como hacía ya un
par de semanas, quedaran unidas en una sola actitud de cuerpos desinflados,
aplastados: los de Nacional, como es lógico, no podían pronunciar
palabra; les pesaba el alma. Y los de Peñarol, amén del inacabable
sufrimiento de los minutos finales, no podían creer lo que habían
visto, y hasta ni siquiera se podían convencer de lo que estaban
viviendo, de lo que estaban gozando.
No era para menos. Ya estaba muy lejos en el recuerdo aquel comienzo
de Peñarol a todo trapo. Avasallante. Dominante. Con Serafín
García y Adinolfi subiendo por los dos laterales como
máquinas y con Bengoechea, Pacheco y Aguilera dirigiendo
un ataque que llegaba preferentemente por el costado de la retaguardia
tricolor que defendía Oscar Suárez y estuvo a punto
de conseguir el gol de la apertura en varias oportunidades.
Ahora, al final, ya casi nadie se acordaba que Nacional casi no pasaba
la mitad de la cancha. Que le costaba pararse porque Barilko en
el medio no ganaba a cara descubierta como en otras ocasiones y porque
adelante Rodríguez no pesaba y Sosa esta vez, a diferencia
del clásico anterior, no mostraba la misma precisión de manejo
que un par de semanas antes, en la mayoría de las jugadas era anticipado
y, para peor, hasta no conseguía rematar bien al arco. Ni siquiera
figuraba en la memoria de nadie aquella pelota que, tras un cabezazo de
De Souza, sacó Suárez "in extremis" de la raya.
Tampoco, hay que convenir, era para rememorar siquiera, todo lo que
hizo Nacional para no volver a morir como una víctima de los centros
del adversario, en la medida que Escames salió bien y prestamente
de su arco cuando la pelota llegó por el aire hasta su área
y que hasta la retaguardia expuso una atención que le permitió
sacarse de encima con resultado positivo lo que en los días previos
había sobrellevado como una obsesiva y pesada carga.
Si acaso, lo que sí se podía entrar a refrescar era la
forma cómo Nacional, promediando la primera etapa, empezó
a emparejar el trámite e incluso a enviar mensajes de su nueva predisposición
atacante, que de la mano de Zalazar hasta le permitió armar
incidencias como una en la que Adinolfi le cometió un claro
penal a Barilko que no fue sancionado por el árbitro.
Eso ya era memorable. Porque, al fin de cuentas, formó parte
de lo que pasó después; luego que Kanapkis metió
un cabezazo que Serafín García también sacó
de la raya y que Sosa pusiera a Nacional en ventaja con un tiro
librel bajo que pasó entre la abierta barrera aurinegra poco antes
del final de la primera parte. Como formó parte, también,
lo que ocurrió con el inicio de la segunda etapa, cuando al minuto
nomás, Zalazar cazó un centro que Tony Gómez
metió desde la derecha, y sin dejar caer la pelota, de soprepique,
pareció asegurar la victoria con un zapatazo infernal que clavó
la pelota en un ángulo.
Con Romero en una pierna, casi perdido en la cancha, ofuscado porque
Bello casi nunca impedía que las barreras tricolores se adelantaran
cada vez que un futbolista aurinegro iba a ejecutar una falta pretendiendo
poner el balón por arriba en el área contraria, Peñarol
dio la sensación de estar a merced de una goleada, como pudo suponerse
cuando Barilko entró solo y Flores le tapó
el tercer tanto. Pero todavía faltaba lo que ahora, al final, unía
por un instante en el silencio a las dos hinchadas. El ingreso de Zalayeta
por Serafín García cuando Gregorio Pérez
empezó a quemar las naves, el cambio que hace Fleitas sacando
a Barilko (el volante dijo que le comentó al técnico
que el juez lo había amenazado con echarlo) y poniendo a Coelho
supuestamente para buscar asegurar el partido de contraataque --tal
como hizo al sustituir a Tito por Carrasco en el otro clásico--
y los goles de Peñarol que empezaron a surgir como de nada: el de
Zalayeta al rozar una pelota metida por Aguilera al área
contraria, el de Romero tras un pase de Zalayeta y una jugada
armada por Pacheco y Bengoechea por abajo y ese tercero de
De Lima, gracias a flor de pase largo metido por el riverense desde su
propio campo, que a esta altura ya tiene el valor de un milagro, o de una
cábala. Al final, entonces, nadie lo podía creer. Por eso
ese silencio fugaz y extraño. Había ganado Peñarol.
No podían dar crédito a ello los que lo sufrían y
ni siquiera lo que lo gozaban. Revoleando sus ganas de llegar al quinquenio
el elenco aurinegro está en las finales del Uruguayo.
JORGE SAVIA
Los latidos del clásico
Minuto 38: De Souza le cometió un foul a Ruben Sosa cerca
del área, contra la izquierda. El mismo Sosa colocó el balón
y remató el tiro libre bajo, de zurda, fuerte, contra el palo derecho
de Flores. La pelota rozó en el palo y fue adentro. Nacional 1 a
0.
Minuto 47: Se fue Tony Gómez por derecha, levantó
la cabeza y le metió un pase a Zalazar. José Luis le pegó
como venía, de sobrepique, con un derechazo imponente que se coló
en el arco, ante la volada de Flores. Nacional 2 a 0.
Minuto 50: Cambio en el mediocampo tricolor. Fleitas puso a Coelho
y sacó a Barilko.
Minuto 61: Kanapkis le hizo un foul a Romero al borde del área.
Aguilera remató, la pelota superó la barrera y entró
Zalayeta para descolocar el balón con su pecho. Escames ya se había
jugado a un palo y la pelota entró por el medio. Descontó
Peñarol. 2 a 1.
Minuto 63: Tiro libre para Nacional. Sosa disparó y el
zurdazo se estrelló en el ángulo. El rebote también
fue tomado por Sosa, que volvió a intentar, pero la pelota rebotó
en un defensa y se fue afuera.
Minuto 65: Zalayeta recibió al borde del área,
de espaldas al arco, se tiró al piso y dio de primera un pase a
Romero. Este ingresó solo, la pifió y con eso descolocó
a Escames, para luego intentar de nuevo un remate que terminó adentro.
Suárez intentó cerrar pero no llegó. Empató
Peñarol. 2 a 2.
Minuto 77: Salida rápida de los aurinegros. Flores la
mandó, De Souza para Bengoechea y Pablo entregó a De Lima
que quedó en carrera, de frente al arco, ante una inoperante defensa
tricolor. El floridense arrancó, y cuando pisó el área
definió suave, con clase, por encima de Escames. Peñarol
3 a 2.
Perdón y locura
La lluvia fue ácida. El pitazo final fue un puñal. La herida
en el pecho le aflojó las piernas y se derrumbó.
Las palmas se juntaron a la altura del corazón y apuntaron al
cielo. Los pesados ojos miraron hacia el césped y después
buscaron los rostros y las almas destrozadas. Con una sufrida ceremonia,
Ruben Sosa pidió perdón. Suplicó a los hinchas que
los perdonaran por el dolor causado.
El pueblo tricolor, amargado como nunca por la traición sufrida
de esos jugadores que habían prometido a Ceferino Rodríguez
"no perdemos más", ni siquiera pudo responder con un poco de cariño.
Uno de los pocos hinchas que pudo soltar unas palabras, después
del mortal golpe sufrido, sólo consiguió preguntarse: "Y
ahora, ¿cómo le explico a mis nietos lo que nos sucedió
otra vez?".
La lluvia fue champaña. El pitazo final fue un regalo de Dios.
El corazón saltó del pecho y las piernas temblaron.
Las palmas se juntaron encima de las cabezas y apuntaron al cielo. Los
ojos miraron hacia el césped y encontraron almas felices y eufóricas.
Con una emocionante ceremonia, los jugadores aurinegros ofrendaron una
nueva salida al campo de juego para unirse con sus hinchas en un interminable
festejo.
El pueblo aurinegro, pleno de felicidad, como nunca por la nueva hazaña
regalada, tal como había sido prometida a José Pedro Damiani
"tranquilo que no perdemos", respondió con más gritos ensordecedores.
Uno de los tantos hinchas que reventó sus cuerdas vocales, después
del mortal golpe aplicado, sólo consiguió afirmar: "Esto
es mágico, es único. No me voy más de acá".
La lluvia fue ácida. La salida del Centenario un calvario. Con
cabezas enroscadas entre los brazos y con los incisivos clavándose
en el labio inferior, los hinchas tricolores masticaron la bronca y enfilaron
hacia la América para descargarse.
La lluvia fue champaña. La salida del Centenario un paseo maravilloso.
Con brazos y manos entrelazándose con los de cientos de desconocidos
y con los dientes al viento, los hinchas aurinegros mostraron su alegría
y enfilaron hacia la América para seguir agradeciendo.
La lluvia fue ácida. En el auto y el ómnibus, una sordera
voluntaria impidió formar parte del eco. Ningún receptor
fue encendido para revivir lo experimentado.
La lluvia fue champaña. En el auto y el ómnibus, no faltó
quien pidiera silencio para revivir la histórica noche. Así
se cerró el clásico. Así se despidieron ganadores
y perdedores.
EDWARD PIÑON
NO SE OLVIDARON DE PEREA
Peñarol fue todo lágrimas
Torsos desnudos. Llantos, abrazos, gritos, rostros desencajados.
Emoción sin par. El vestuario de Peñarol fue
una locura.
"¡Vamossss... vamosssss.... corran que tienen que entrar con
160 pulsaciones ehhhh... no se me queden muchachos... vamosssss.... vamosss
que esto no se terminó ehhhhhhh...!". Iban diez minutos del
segundo tiempo y los gritos del Profesor Gonzalo Barreiro retumbaban
en el túnel debajo de la Tribuna América junto a la Colombes.
A esa altura, Nacional estaba ganando 2 a 0.
..................
El "Tito" Gonçalves, Lima, Deagustini y
De Lima corrían con bronca. Apretando los dientes.
..................
Pasaron los minutos y llegaron los goles. También el festejo.
Incontenible. Emocionante. Todos, absolutamente todos, aparecieron con
lágrimas en los ojos. Pero el que más sintió la victoria
fue el técnico Gregorio Pérez. El rostro desencajado
explicaba lo que habían sido esos noventa minutos. No pudo hablar.
No le salió una sola palabra.
Después llegó la hilera de jugadores. El "Popi" Flores
se confundió en un abrazo interminable con Fernado Alvez
que estaba junto s sus hijos en la puerta del vestuario. El "Pato"
Aguilera apareció sin la camiseta. También lloraba y
gritaba... "¡Peñarol y Cerro nomáaaaa... Peñarol
y Cerro...!".
Nelson Olveira subió por la escalera del túnel
con el torso desnudo, sin medias, con los zapatos en la mano... "¡Otra
vez pensaron que estábamos muertos ehhhhh! ¡Estamos más
vivos que nuncaaaaa!".
Cuando todos estuvieron dentro se escuchó un canto con sabor
a homenaje: ¡Perea... Perea... Perea corazón... la hinchada
te saluda porque sos de Peñarol...!".
A las 23:05 se abrió la puerta del camarín y ante la sorpresa
de todos, los jugadores volvieron a salir a la cancha. A ofrendarle la
victoria a la hinchada de la Colombes que todavía --media hora después
del final-- permanecía repleta agitando sus banderas. Fue el broche
de oro. La comunión entre los jugadores y sus hinchas...
JOSE MASTANDREA
"Nos tocó a nosotros pero ya es historia"
En el vestuario aurinegro se vivía una alegría indescriptible,
entre el mundo de gente que allí estaba, el relator de CX 50, Jorge
Pasculli, rescató a Gregorio Pérez para que pudiera realizar
algunas declaraciones.
"Peñarol comenzó jugando muy bien, luego nuestro juego,
por diferentes motivos, se desvirtuó y cuando terminó el
primer tiempo recibimos un gol que no esperábamos y lo sintió
el equipo. Por suerte terminó ese período y pudimos recomponer
filas en el vestuario y con todo el respeto que me merece el tradicional
rival, por su historia por lo que es, pensé que el triunfo no estaba
lejos".
El calor era insoportable y la gente que quería tocar, felicitar
y abrazar al técnico hacía muy difícil trabajar pero
Gregorio sin inmutarse continuó hablando.
"Luego hicimos un cambio que en esta oportunidad nos dio resultado,
son las cosas del fútbol, a veces se acierta y a veces se erra pero
siempre lo hacemos tratando de mejorar.
Se vino el descuento y allí sí me quedé tranquilo
porque sabía que seguíamos de largo y por suerte y por todo
lo que pusieron los muchachos así fue.
Hoy nos tocó a nosotros, por suerte, pero rápidamente
pasará a ser parte de la historia, de una rica historia como la
que tiene Peñarol pero hay que pensar, y con mucho respeto, en el
otro club que está esperando para definir el Campeonato Uruguayo.
Defensor fue un digno campeón del Clausura, que cuenta con buenos
jugadores, con un técnico muy inteligente y muy capaz. Nosotros
debemos recuperarnos no sólo en la parte física sino también
en la sicológica. Hoy estamos contentos pero debemos tener mesura,
nos vamos a preparar lo mejor posible para esas dos o tres finales.
Ahora nos vamos para Los Aromos a cenar y descansar, mañana (hoy)
nos iremos a nuestras casas ya que el viernes debemos regresar para quedar
concentrados.
Un recuerdo para mi familia y para los que no están y uno muy
especial para "Fao" Perea y su familia y un abrazo grande para toda esa
hinchada que es inmensa, inmensa como nuestra Institución".
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Todas no eran flores, Luis Romero, que salió lesionado debió
ser trasladado a Casa de Galicia para ser examinado en una se sus piernas
en la que presentaba una herida, casi seguramente no estará para
el primer partido ante Defensor.
Zalazar edificó una obra que terminó desplomándose
PEÑAROL
FLORES: Sin culpa en los goles, porque en el primero se abrió
la barrera que tenía adelante. Una vez lo salvó el palo y
en otra fue su achique el que ganó un mano a mano con Barilko que
fue clave.
GARCIA: Un motorcito que se proyectó al ataque sin conceder
ventajas en la marca.
OLVEIRA: Aún si miramientos, sacó un disparate. Jugó
sin excederse y con una fuerza física e interior impresionantes.
DE LOS SANTOS: Todavía no está a punto y tuvo altibajos.
Mejoró en la segunda parte.
ADINOLFI: Aportó su clásica vocación ofensiva
pero con una predisposición y agresividad para la marca poco acostumbradas.
DE SOUZA: Parejo, importante. Le sacaron un gol de la raya. Al final se
hizo expulsar comprometiendo al equipo en un momento bravo.
ROTUNDO: Metedor, como siempre, pero desprolijo e impreciso hasta para
marcar, que es lo que mejor hace.
BENGOCHEA: Participó en el armado de la jugada del
segundo gol y ambientó el tercero con extraordinario pase. Esta
vez no se malhumoró ni "se puso el balde" a pesar de que la barrera
rival se adelantaba cada vez que iba a ejecutar una falta y eso contribuyó
a que su equipo pudiera dar vuelta el trámite.
PACHECO: Apareció de a ratos, pero igual fue trascendente, como
casi siempre en los clásicos.
AGUILERA: Propició el primer gol. Inteligente y peligroso en
el primer tiempo; en el segundo bajó algo.
ROMERO: Fue al sacrificio. Jugó lesionado. Igual hizo el primer
gol y apuró en forma constante.
ZALAYETA: Oportuno, gravitante. Hizo un gol, metió el pase previo
a otro y arrastró marcas.
DE LIMA: Entró y metió el gol de la victoria con una
definición de clase. Antes le habían anulado otro en el que
definió igual aunque en posición adelantada.
GONCALVES: Pocos minutos "a lo Goncalves".
NACIONAL
ESCAMES: Sin responsabilidad en los goles. Le sacó una a Pacheco
con gran atajada y se mostró atento y decidido para salir del arco.
GOMEZ: Bien hasta la media hora final: ahí entró en dificultades.
RODRIGUEZ: El más solvente de la retaguardia. KANAPKIS: Ganó
de arriba pero aún así no consiguió mantener un nivel
de total eficacia. A veces hizo fouls innecesarios. SUAREZ: Lo superaron.
No logró cerrar su costado. BALTIERRA: Corrió mucho, como
es su estilo, pero su gravitación resultó escasa. TITO: Quitó,
marcó, aportó balance. BARILKO: Se sintió su salida,
aunque antes no había impuesto la exhuberancia de otras oportunidades.
Desperdició una ocasión favorable. ZALAZAR: Metió
un golazo y fue el gran director de orquesta del ataque. Al final pareció
cansarse. RODRIGUEZ: Lo controlaron. SOSA: Metió un gol de foul
con certero remate. Antes y después la quiso simpre pero no la manejó
con la precisión esperada. COELHO: No trascendió. CARRASCO:
Entró justo cuando se vino la debacle. DELAGADO: No pudo cambiar
nada.
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