Alfonsina Storni


EL RUEGO


Señor, Señor; hace ya tanto tiempo, un día
Soñe un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún, amor que fuera
la vida toda, toda la poesía...
Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño me hallaba en mi espera.
Señor, Señor: mi espalda esta desnuda.
¡Haz restallar allí, con mano ruda,
el latigo de sangre a los perversos!
Que es la tarde ya sobre mi vida,
y esta pasión ardiente y desmedida,
la he yerdido, Señor haciendo versos.


DOLOR


Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar.

Que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta quisiera,
como una romana, para concordar

con las grandes olas, y las rocas muertas,
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos,
y la boca muda dejarme llevar;

ver cómo se rompen las olas azules:
contra los granitos y no parpadear;

ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;

pensar que pudieran. las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar...

...Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar.

Y figura erguída entre cielo y playa
sentirme el olvido perenne del mar.