EL RUEGO Señor, Señor; hace ya tanto tiempo, un día Soñe un amor como jamás pudiera soñarlo nadie, algún, amor que fuera la vida toda, toda la poesía... Y pasaba el invierno y no venía, y pasaba también la primavera, y el verano de nuevo persistía, y el otoño me hallaba en mi espera. Señor, Señor: mi espalda esta desnuda. ¡Haz restallar allí, con mano ruda, el latigo de sangre a los perversos! Que es la tarde ya sobre mi vida, y esta pasión ardiente y desmedida, la he yerdido, Señor haciendo versos. DOLOR Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar. Que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar. Ser alta, soberbia, perfecta quisiera, como una romana, para concordar con las grandes olas, y las rocas muertas, y las anchas playas que ciñen el mar. Con el paso lento, y los ojos fríos, y la boca muda dejarme llevar; ver cómo se rompen las olas azules: contra los granitos y no parpadear; ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar; pensar que pudieran. las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar... ...Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar. Y figura erguída entre cielo y playa sentirme el olvido perenne del mar.