EN

SAN LUIS POTOSI

El presente texto fue leído el pasado día 02 de junio de 1998, en el Auditorio "Rafael Nieto" de la UASLP, donde se está llevando a cabo un homenaje póstumo al cineasta polaco, por parte del Cine Club de la UASLP, coordinado por la Lic. Carla Díaz, quien lucha por la sobrevivencia de dicho Cine Club solicitando a todos los cinéfilos potosinos, asistan al presente ciclo de Krzysztof Kieslowski, cada martes, donde se exhibe las diez películas del realizador que conforman su obra El decálogo.

 

 

"Todo el mundo conocía a Kieslowski como realizador, todo el mundo conocía su biografía artística, pero lo conocían poco como ser humano". Esto fue dicho por su tocayo Krzysztof Wierzbicki, al otorgársele "El Gran Premio del Documental" en 1996, por su obra en 35 mm, titulada: "Krzysztof Kieslowski: I’ m So So".

Motivado por lo dicho por Wierzbicki, las presentes líneas tratan de dar a conocer un poco del ser humano que fue el cineasta polaco al que El Cineclub Universitario, "su cineclub", rinde un merecido homenaje póstumo.

Para ello me he valido, del documental citado con anterioridad, así como de algunas páginas del libro "Kieslowski por Kieslowski".

De origen muy humilde, hijo de un padre ingeniero tuberculoso que deambuló por el país en búsqueda de salud en distintos sanatorios, Kieslowski desarrolló un tono a veces displicente, cierto desaliento que lo llevó a mantener un diario de notas, para luego descartarlas; y una memoria un tanto débil, quizá para cancelar el recuerdo de sus penurias y carencias en la infancia y la adolescencia. La madre fue una modesta oficinista que falleció en un accidente de tránsito cuando él era aún pequeño. Sin embargo, tuvo una hermosa escuela de respeto y dignidad en medio de aquella familia tan unida en la adversidad, que lo llevó a formar una personalidad muy diferente de los que sólo quieren copiar la trayectoria de algún cineasta bien remunerado. Según testimonió, su entrada a una escuela de arte fue fortuita, e ingresó a la Escuela de Cine de Lódz, después de haber fracasado en dos intentos.

"Fue un error hacerlo", solía decirlo, argumentando que tal actividad era perezosa o estúpida; y que si le dieran la oportunidad de volver el tiempo atrás y tomar la decisión de escoger una carrera, probablemente optaría por la de bombero y se negaría a ser cineasta. Sin embargo, hizo cine por 30 años, opinando siempre que es una profesión costosa, agotadora y que otorga pocas satisfacciones en proporción al esfuerzo invertido.

"Hacer cine –diría años más tarde- no significa públicos, festivales, reseñas, entrevistas. Significa levantarse diariamente a las seis de la mañana. Significa el frío, la lluvia, el lodo y otras cargas más. Es un oficio para destazarse los nervios; en cierto momento lo demás se vuelve secundario: la familia, las emociones privadas".

Los intelectuales que aspiraban a mayor libertad, combatían al sistema y la escuela de Lodz era un islote de donde salían gentes de pensamiento y espíritu de libertad increíbles. Allí se tocaba jazz, se veían las mejores películas occidentales que no se mostraban al público, entraban en contacto con los mejores literatos, como García Márquez, porque era obligatorio conocer literatura sudamericana, asiática y occidental en general. Estábamos al margen del racismo político, aunque la ola antisemita del 68 forzó a muchos profesores excelentes a dejar la escuela.

Reconocería más adelante, que su trabajo estaba alimentado muchas veces de novelas, que si hubiera tenido talento le hubiera gustado ser novelista, pero se conformaba con describir el paralelismo entre el cine y la literatura: es decir el estado del alma.

Nunca negó tener influencias, sino más bien las afirmó y entre ellas William Faulkner, Albert Camus, Chaplin, Orson Welles, Scorsese, Jim Jarmuch y Robert Altman, entre otros.

 

Concluyó sus estudios en 1970, cuando Edward Gierek reemplazó a Gomulka, a quien se consideraba muy conservador y carente de visión, como Primer Secretario del Partido Comunista. Pero Polonia andaba económicamente muy bien porque Gomulka no era una persona inclinada a gastar el dinero en cosas suntuarias.

Kieslowski, poco a poco se fue convirtiendo en un visionario muy importante para toda la generación de los 60. Tuvo que luchar mucho porque venía de una familia pobre y decidió casarse muy joven y fue correcto en cada paso de su vida. Nunca se preocupó por el dinero, aunque las estrecheses lo obligaron a vender su sangre y a trabajar por las noches paleando carbón en la estación ferroviaria. Aunque muchos cineastas de su generación estaban inclinados a mostrar cuánto odiaban al sistema; Kieslowski, en cambio no mostraba sino respeto, como por ejemplo el personaje en Punto de Vista de un Portero, que el resto de sus compañeros calificaron rápidamente de fascista. Él, en cambio, dudaba, pensando que era parte de todos , en aquel entonces, porque la fuerza de Krzysztof consistió en no erigirse en juez. Así realizó algunos de sus mejores cortometrajes en que presenta las dos caras de la situación sin maniqueismo.

Él conservó muchos de sus rasgos iniciales como alguien que trató siempre de existir en un ambiente dominado por Wajda y Zanussi, representantes oficiales del cine polaco.

Fumador empedernido, hombre de energía inagotable, de 1978 a 1981 fue vicepresidente de la Unión de Cineastas Polacos y esa fue una de las razones por las que cayó después en desgracia.

El primer premio se lo deparó El Aficionado, en Moscú, allá por 1979, un premio muy peligroso porque lo convertía en una artista vinculado al sistema, si bien fue cuando comenzó a emplear toda su sensibilidad, conocimiento y honestidad que ahora, después de su muerte, genera tanta curiosidad entre la gente joven, que jamás golpeó al caído ni a un sistema que se colapsaba aceleradamente y al que era fácil golpear, como hicieron muchos cineastas de su generación.

 

Poco a poco fue ganando fama pero no fortuna, por lo que se sintió obligado a viajar a Suiza donde impartió un seminario sobre guionístíca para ganarse la vida, especialmente en el periodo de la ley marcial después del golpe militar de 1981 cuando decidió no hacer más películas.

A este respecto vale recordar un film inédito de Krzysztof Kieslowski, que había titulado Un corto día de trabajo, que fue elaborado en 1981, meses antes de instaurarse el estado de sitio. El film está inspirado en hechos verídicos, mediante encuestas auténticas, constituyendo una crónica sobre los acontecimientos trágicos de aquel entonces. Apenas en marzo de 1997 fue dado a conocer públicamente en Francia.

Por esta razón, en aquel año de 1981 la policía llegó a destruir pistas sonoras y a confiscarle metraje de documentales en preparación, en búsqueda de información, siendo incluso interrogado como si fuera un delator.

No obstante, Kieslowski que era un creyente de la verdad, comenzó a trabajar durante los años críticos de Polonia, con un abogado especialista en procesos políticos, Krzysztof Piesiwiecz, quien se convertiría posteriormente en el co-guionista de todas sus restantes películas.

 

Los últimos años se le veía con sus cejas pobladas, más oscuras que el cabello ya entrecano, resaltando la sobriedad en el vestir.

Siempre fue un hombre sencillo que tenía dificultad en expresarse en diferentes idiomas, pero también tuvo el fantástico privilegio de comunicarse obviando los idiomas al crear un lenguaje de imágenes que es absolutamente universal.

En cierta ocasión sentenció: "Estoy llegando al final de algo esencial para un cineasta: la paciencia"

Y a decir verdad, estaba cansado de la presión derivada del éxito en occidente y lo demostraba con una actitud muy agresiva en los festivales internacionales contra el público que preguntaba cuestiones simples.

Comprendió que el público no estaba interesado en sus opiniones y, al mismo tiempo, contando por primera vez con seguridad financiera, emocional y moral suficiente creyó que no tenía por qué participar y actuar en un mundo que hallaba más y más vacío.

Poco a poco, como cineasta, se fue decepcionando de la gente que lo veía como un imán taquillero, cosa que a él lo decepcionó sobremanera, por lo que renunció su retiro, pues ya se sabía enfermo al grado que aceptó una operación de by pass, pero no en Suiza o Los Estados Unidos, sino en un hospital ordinario.

Desde su obra La doble vida de Verónica, donde las dos Verónicas, francesa y polaca, están enfermas del corazón , sabía que de este padecimiento moriría irremediablemente, para transfigurarse.

Kieslowski fue alguien con un maravilloso sentido de la oportunidad, que no oportunismo, e hizo de todo, absolutamente, en el momento correcto. Nunca muy temprano ni demasiado tarde.

El mito de Kieslowski nace frente a un personaje extraordinario, capaz de comunicarse aunque no hablaba idiomas, que demostró respeto y dignidad.

En cierta ocasión dijo en una entrevista: " en la escuela de cine enseñan a hacer películas pero no a ser diferentes", y su vida estuvo marcada por esa búsqueda de la originalidad, y creo que tuvo suerte porque su honestidad le granjeó un grupo de personas que lo querían y admiraban.

La muerte de Kieslowski, sobrevenida el miércoles l3 de marzo de 1996, impresionó a toda Polonia, incluidos los más legos. El jueves hablaban del realizador, taxistas, peluqueros, bomberos. "Y pensar que hay borrachos que viven 90 años y un artista como éste se nos ha muerto a los 54", filosofó un obrero.

Para el crítico, Tadueusz Sobolewski, "una fuerza emanaba de Kieslowski, esa fuerza que sólo poseen ciertos sacerdotes. Porque, a decir verdad, era uno de esos sacerdotes, laicos y anticlericales, de una religión humanista sin dios, a la que nadie impugna: la del filósofo y escritor francés Albert Camus".

 

 

Dr. Ernesto Baltazar Sierra.