Pepe Franco

bahía blanca, del 20 de setiembre al 12 de octubre de 1997.

 

 

 

 

 

 

 

 

La obra de Pepe Franco propone restituirle a la naturaleza su condición de sujeto a partir de un cambio en la mirada del hombre.

En ese sentido no es aventurado inscribir en sus osbras un claro contenido ético.

El reencuentro del hombre y la naturaleza debe hacerse a expensas de los deseos de la razón instrumental, es decir la razón que considera tanto al hombre como a la naturaleza medios para maximizar beneficios y no otra scosa.

Franco prioriza del hombre su cara (casi simpre de perfil), obviando prácticamente el cuerpo; es decir, se interesa por aquello que distingue al hombre del resto de los seres vivos: la razón. Los rostros, como tatuajes de antiguas culturas, son surcados por bites donde circula la información técnica que lo ha apartado de la naturaleza, que han sujetado la vida a través de coordenadas matemáticas. Si bien esa misma información puede propiciar el reencuentro eso no basta por sí solo . Los ojos de esos rostros son ojos de animales y de flores, como si el hombre debiera recuperar su mirada inicial y espontánea (después de todo naturaleza es eso: espontaneidad vital) para conjurar los excesos de la razón. Unicamente así, entonces, el encuentro se transforma en un regreso que no es reaccionario, sino fértil y enrriquededor.

Luis Sagasti

 

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