SUSURROS DEL TIEMPO
Por: adriano numa.
Ofelia Medina se ha dejado habitar por otra mexicana extraordinaria a quien, sin duda, conoce a profundidad y a la cual ama y entiende como muchos desearíamos poder llegar a hacerlo. A través del talento de La Medina, Rosario Castellanos (1925-1974) seduce a golpe de versos al espectador. Este juego escénico metalingüístico clarifica que las palabras que parió Rosario Castellanos son mucho más que susurros del tiempo.

Pocos monólogos consiguen el frescor de
Íntimamente; su rica manufactura se apoya en el trabajo de la familia artística de Ofelia. La dirección de escena corre a cargo de José Antonio Morales y Rosa Blanes Rex se ocupa de la dirección técnica. Así, música, danza, contrastes, matices, giros de texto e intención, dotan a este espectáculo de una capacidad poco frecuente en este tipo de obras: La habilidad de comprimir el tiempo.

Otro venturoso acierto reside en la selección de los textos. No se requiere ser iniciado o muy avezado en la obra literaria de
Rosario Castellanos para compartir la libertad que procuró a sus sueños y alma a través de las letras. Propios y ajenos acceden sin antesalas biográficas ni retórica del pajar al luminoso universo de la autora, cuyo oficio no puede vivir en las tinieblas.

A este montaje sólo escapan algunos detalles: La iluminación careció de ofertas imaginativas ya que, utilizando algunos filtros en ámbar, azul o naranja, se pudo dar un rostro a los diversos ámbitos aludidos. Aun cuando las escenas de la bañera son de sugerente belleza, el audio con efectos de agua resulta indispensable para generar tensión durante el transcurso y, especialmente, en la conclusión de la obra, donde se agradece la sutileza y buen gusto de la dirección al omitir efectos explícitos.

Contra los pronósticos de que Ofelia se asiría mayormente al discurso social que también esgrimió
Rosario Castellanos en su época, domina en este monólogo un logrado erotismo auditivo y visual.

Las neuronas se imponen a la avidez monetaria para beneplácito de los militantes del buen teatro. El desnudo es aquí una herramienta sublime y no un anzuelo vulgar disfrazado de modernidad de cine
post-Cuarón-hollywoodense.

Este retrato de la poetisa chiapaneca, nacida en el Distrito Federal, es un espectáculo que no puede verbalizarse; es un goce a compartir en vivo. Se anuncia una corta temporada y quizá sea tiempo de hacer sus reservaciones en el Nuevo
Teatro Arlequín.

Con
Íntimamente: Rosario de Chiapas, Ofelia muestra que su aguerrida conciencia social no ha agotado su espíritu creativo. Nunca antes este redactor había presenciado este nivel de interpretación en Ofelia; la gran actriz ha rebasado sus óptimos estándares y quizá este monólogo es el anuncio de una nueva etapa histriónica. Bienvenida sea.
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