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Reflexiones centenarias

IM Buho Terco

 

       

            Aquí estamos, 100 años después de un campamento realizado en una pequeña isla británica; y un poco menos (no lo podemos precisar) desde que muchachos de diversas partes del mundo se encontraran con los fascículos de “Escultismo para muchachos” y a partir de allí, comenzaran con el Gran Juego.  

Cuando las distintas ciencias emergentes en el siglo XIX como la psicología y la sociología comenzaban a preguntarse por los fenómenos grupales, el escultismo se producía como Método que consideraba sujeto, grupo, liderazgos, deseos, Ideales, diversidad cultural. 

Si es difícil ponderar la cantidad de niños y jóvenes que se forjaron en el movimiento Scout, prácticamente se torna imposible tomar plena conciencia de los aportes del escultismo sobre los modos de tratamiento en la problemática de la niñez y la juventud; los aportes a la educación formal, al área de la salud – en especial con referencia al campo  grupal -, en la promoción y desarrollo humano –en el campo de trabajo comunitario-  a las ONG’s en general, e incluso a las mentadas “Ciencias Humanas”.   

La mayoría de estas “contribuciones scouts”  fueron indirectas - no por una Organización Scout determinada -;  realizadas por aquellos que habiendo crecido en el seno del movimiento scout,  lograron hacer un buen uso de lo vivido y experimentado, reinventando cuestiones del método en distintas áreas. 

                A 100 años del primer campamento Scout, no es seguro afirmar que el Método Educativo  haya sido pensado desde una mirada más amplia que la de pequeños soldados - aunque sean de paz, soldados– “Caballeros del Imperio”. La “metáfora militar” atraviesa la historia y eso no puede ser ignorado. Están los que reaccionan contra ella, los que la asumen orgullosos, y aquellos que la toman como un juego y nada más, sin horrorizarse. Estas posiciones marcan distintas tendencias dentro del escultismo: las centradas en el activismo social (llamada no casualmente “militancia” social) en donde se desestima el valor del juego y se ubica en supuesta oposición a la “metáfora militar”; la centrada en los “líderes del mañana”, generalmente elitista en lo social y cultural en donde se trata formar los “oficiales de paz”; las que hacen incapié en la contención social; y aquellas que rescatan el valor del juego en sus distintas dimensiones y la posibilidad que cada uno descubra un camino personal al finalizar su pasaje por el movimiento scout.               

 Probablemente el viejo y querido general,  superado por la explosión de patrullas  y pequeños grupos scouts en distintas partes del mundo en ocasión de la publicación de “Escultismo para muchachos”, haya hecho lo mejor dentro de sus posibilidades para estar a la altura de las circunstancias y del  lugar de Padre en el que era colocado en tanto fundador. No es fácil inventar algo  y que la invención sobrepase las posibilidades de poder pensarla.  

El Método Scout en un punto borra la importancia del fundador y adquiere consistencia propia – como toda invención-, por ello comienzan las disputas ideológicas ante las posibilidades que ofrece el Método. 

Baden Powell no fue ajeno a la lógica de la justificación por medio del Otro;  de hecho buscó la forma de legitimar su “invención” con algunos pensadores de la educación de su época en la llamada “pedagogía activa”, “educación progresista” y otros discursos. Pero las invenciones son algo distinto a las “copias”, tienen originalidad, son únicas. Podemos pensar que son “parecidas a”, pero lo “parecido” implica -a veces- una diferencia radical. Cuando leemos los clásicos del escultismo debemos tener presente no en qué se parecen a Dewey, Montessori, Ausubel, Piaget, Vigotsky y los actuales cognitivistas, conductistas, sistémicos, etc..  Lo importante es en qué se diferencian, porque allí está lo propio del escultismo y del campo de experiencia en el que se ofrece como una posible respuesta. 

Esta dificultad para cernir el real que toca el método scout da lugar a la disputa de los “hijos” del fundador. En los inicios una figura como Roland Phillipps (abogado, comprometido con la justicia social) realiza un aporte extraordinario con su pequeño libro “El sistema de patrullas” que aporta un saber dentro del propio campo que marca la experiencia del escultismo. Ya a comienzos de la segunda década del movimiento observamos la tendencia a buscar explicaciones en el campo de la educación formal, desde distintas posiciones ideológicas e histórico – sociales. Comienza la conocida cooperación, disputas y enfrentamientos entre quienes se ubicaron como hijos  buscando legitimar sus posiciones personales en los dichos de quien ocupaba un lugar excepción.  

 Como en todo grupo de hermanos dicen querer hacer honor al apellido que portan (cada uno a su manera), las peleas por cosas tan banales como la autoridad que daría el lugar de hijo que cada uno ocupa en la familia, por creerse ser lo que el padre hubiera deseado,  por afirmarse como el que mas textualmente sigue sus enseñanzas, o como el que pudo tener acceso a la verdad de hacia dónde apuntaba definitivamente el Gran Juego, comienzan a ser importantes. Algunos directamente se cambian de “apellido” porque lo importante es el método, otros se niegan a abandonar el apellido, finalmente están lo que solamente se queda con el apellido y creen que ello es garantía de algo.       

Los distintos intentos de legitimación por fuera del campo marcado por la experiencia del escultismo  que en su primer década había producido algunos de las más importantes significaciones que permitían explicar la experiencia desde un “corpus” teórico propio,  surgen quizás como modo de reducir la discusión ideológica a una elite “profesional”, los famosos “scouts profesionales” algunos de los cuales nunca vivieron la experiencia del escultismo. El saber universitario escinde la discusión entre quienes pueden decir a partir de la experiencia concreta (la praxis) y quienes poseen una retórica de la Educación (teoría). Esto produce el pasaje inicial de una producción de saber a partir la experiencia, hacia el discurso profesional sobre la “Educación scout” en el que los dirigentes son considerados de manera instrumental para la aplicación de ese saber que proviene no de la praxis del método, sino del discurso universitario de quienes definen el Programa. La  utilización de términos que provienen del campo de la educación formal no son sin efectos sobre lo “inventado”, ya que operan deslizando la significación de los términos provocando un desvío en el sentido que no es problemático siempre que se tenga disponibilidad de las fuentes del movimiento, en especial las de los orígenes que son las más cercanas a la invención. 

Quizás por la disponibilidad histórica de la fuentes, mientras se leía “Escultismo para Muchachos” el movimiento pudo soportar distintos “cambios pedagógicos” que no  son mas que disputas ideológicas ubicadas en el campo del saber. Esto no fue sin cismas y fragmentaciones porque cuando se produce un corrimiento de la praxis a la teorización como producción de saber surgen las disputas sobre la interpretación con el riesgo de  no dar lugar a la diversidad que se produce en la experiencia.  “Escultismo para muchachos” (por ser fundante) se convierte en el nudo de capitón que permite ir ora hacia un lado, ora hacia otro, brindando la posibilidad de retornar al nudo que fija las distintas formas en las que se puede hilvanar la cuerda en el tejido del contexto histórico social. EM es una especie de “campamento base” al que es prudente regresar para abastecerse y seguir explorando nuevas posibilidades.  

Lo que sorprende del proyecto actual de la OSI no son las renovaciones programáticas mejoradas en su presentación gracias al desarrollo de la tecnología y del modelo de producción capitalista. Tampoco que se incluyan citas de “Escultismo para muchachos” cosa que es corriente en el mundillo scout. Lo verdaderamente sorprendente es que se haya dejado de editar “Escultismo para Muchachos” y que no se promueva su lectura, ni siquiera en ocasión del centenario del movimiento scout… lo verdaderamente novedoso es que aparece la cita de EM sin la posibilidad de lectura del texto originario señalando sólo lo que se parece (a criterio e interpretación personal de quien realiza la cita); dificultando de hecho el acceso a lo que se diferencia o al relanzamiento de la discusión texto en mano, como en otros momentos de nuestra centenaria historia.  

Si en otros momentos políticos del continente no se hubiera editado nuestro querido libro, seguramente hubiera surgido la sospecha de “censura previa”. Pero no vivimos dictaduras, por eso quizás en el actual momento político habría que pensar distintas posibilidades: que no es un “buen negocio editorial” (aunque se posean los derechos),  que dicho libro “atenta contra las actuales orientaciones programáticas de la región”, que fue un “olvido”, o cualquier hipótesis que al lector se le ocurra… la más creativa que he escuchado es que en el sótano de la Oficina Regional existe más de una tonelada del libro que no saldrá nunca a la venta porque políticamente no es conveniente a la política regional. Quizás sería bueno que en algún momento la Conferencia Interamericana o el Director Regional aclarasen cuál es la dificultad real de la no edición del libro fundante del movimiento. 

A veces pareciera  que en vez de heredar “la invención” de BP se hubiera heredado el deseo de justificación y reconocimiento científico - pedagógico por fuera del campo en el que surge el escultismo. No debemos olvidar que los conceptos tienen validez en el campo del cual surgen. El escultismo es un movimiento que nace en el campo de la Educación No formal, del tiempo libre... no en el campo escolar de la Educación Formal por lo que transpolar conceptos entre uno y otro campo siempre generará el problema de la  validez de su uso,  por falta de rigurosidad. 

¡Qué difícil se les hace a quienes ocupan el lugar de hijos simplemente administrar la herencia pedagógica! Seguramente las interpretaciones de que BP era Progresista, constructivista, activista y muchos “istas” que se le adjudicarán en los próximos años continuarán; porque la sensación de la dirigencia “inteligente”, es la de ser un movimiento educativo “en menos”, desconociendo lo propio campo de la experiencia scout.  

No me quedan dudas que cuando Baden Powell inventó el método Scout fue superado por su propia invención.  

 

El problema de los hijos 

            Baden Powell, fundador 

Padre del movimiento scout.  

Como escribe el Psicoanalista argentino Germán García[1],

Un hijo  “se apoya en su padre, hasta para hacer otra cosa. Que puede ser contra su padre, por su padre, para su padre, más allá de su padre”.

A veces es difícil diferenciar cuando es una u otra de las opciones, pero lo seguro es que no es posible sin el padre. 

                Como dice el dicho “hay de todo en la viña del Señor”.  

Por eso en nuestra sociedad nos encontramos con hijos que reniegan de su Padre, lo que es una forma de reconocerlo. Varias veces he conversado con personas que han realizado y realizan aportes importantes en distintos campos: político, sanitarios, sociales, culturales, etc.; llamándome la atención que oculten o disimulen su vinculación histórica con el movimiento scout en momentos importantes de su vida… como si estuvieran habitados por una especie de vergüenza por haber sido scout en su niñez, adolescencia y juventud. Ha sido con el tiempo y a partir de una conversación más íntima que me he enterado de su paso por el escultismo del que han quedado marcas indelebles: Su capacidad de trabajo en equipo, la mística social, el compromiso, los Ideales, etc.  En la conversación señalan el punto en el cual no se colmaron sus expectativas, lo que paradójicamente no habla mal movimiento, ya que pudieron trazar su propio destino sirviéndose del mismo. 

Dentro de los que reniegan de su Padre están los que permanecen en el movimiento, y simplemente tapan lo escrito fundante porque son palabras por “viejas”, “de otra época”;  las ridiculizan cínicamente. Son aquellos que si han tomado contacto con la obra de BP ha sido simplemente para servirse de algunas frases interpretándolas  a conveniencia, en función de su propio reconocimiento pero sin dejar el lugar de hijos, lo que implicaría crecer e irse a formar su propia “familia”. Algunos de ellos se creen “superadores” de BP… lo que no deja de ser tragicómico, más cuando ocupan cargos a nivel nacional o internacional 

                También están quienes pontifican al Padre, y como ha sucedido a lo largo de la historia en el nombre del Padre se justifican acciones alejadas a la ética, porque no se trata de BP sino de la idea que quien ocupa el lugar de hijo se ha hecho de BP, y de cómo busca la justificación de sus hechos, muchas veces cuestionables incluso desde la ética social básica.   

En y por el nombre del Padre, en una postura sacrificial hacia él en la historia de la humanidad se han realizado las acciones más maravillosas, como las más atroces (El padre, la patria, la Iglesia, la Ideología). Nuestra Asociación Nacional es un ejemplo de ello.  En y por el nombre del Padre se han impuesto cosas, se ha  lastimado, herido, injuriado, echado, dividido, obstaculizado, usado, insultado, mentido y por si fuera poco se ha negado la existencia de algunos hermanos buscando su eliminación a través de la imposibilidad del uso del “apellido” Scouts

Por eso 

Se puede ir mas allá del padre, pero a condición de servirse de él 

De hecho muchos lo han hecho y lo hacen continuamente, dentro y fuera del movimiento. Ir más allá del Padre implica reconocerse como hijos para emprender el propio camino sin pedirle a la familia que dé más de lo que puede dar, ya que su función es trabajar por el crecimiento de los hijos y que ellos, a partir de al menos un Rasgo del Ideal trabajen para dejar el mundo en mejores condiciones. Aquellos que se han servido del padre y han podido ir más allá hoy se encuentran trabajando en función del Ideal en sus familias, trabajos, organizaciones comunitarias, gremios, iglesias, etc. Los hijos que maduran son los que pueden servirse del movimiento fuera del movimiento, y los que se comprometen como educadores dentro del movimiento para permitir que se siga jugando y otros construyan su camino, pero ojo… no es lo mismo permanecer en el movimiento que ser un hijo maduro, algunos se quedan porque no han podido construir otro lugar en la sociedad, otros porque consideran a los chicos sus “cuadros” personales y una oportunidad de ejercer su liderazgo militante 

 Pero ¿Qué familia no alberga a los hijos con dificultades? 

Generalmente el problema de los que pudieron ir más allá es su pretensión de acortar el camino para los que comienzan a jugar, quizás sin darse cuenta que el final del camino es singular, propio de cada uno, y lo que cada uno ha descubierto es válido para sí mismo, no es universal. La condición del descubrimiento personal es jugar el Gran Juego, cambiarlo en su esencia por la ansiedad de quienes consideran que tienen algunas cosas claras para su vida, mata el juego. Es como comenzar a contar un cuento por el final, ya no dan ganas de leerlo.            

 


 

[1] Germán García “Los hijos de nadie”

 

 

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