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El debate del escultismo

IM Buho Terco

      

Existen experiencias que atravesamos en nuestra vida que son realmente enriquecedoras, que son aquellas en las que hay un buen encuentro con los otros, con aquellos que conocemos y los que no conocemos, posiblemente este sea el verdadero sentido fraternal del escultismo.

UNO

En el grupo, en un encuentro distrital, zonal, nacional o internacional somos partícipes de este tipo de experiencias en las que nos encontramos con otros y compartimos sueños, actividades  e incluso aportamos nuestras diferencias de una manera positiva, dando lugar a lo desemejante del otro. Aquello distinto en los demás nos interroga, nos asombra y no es visto como algo negativo sino como enriquecedor. Seguramente el prepararnos para un buen encuentro ayuda a que podamos compartir, conversar y pensar “somos distintos pero no tanto ¿por qué no estamos juntos”. Seguramente en un Gran juego interinstitucional realizado con buena fe,  para los participantes no tiene gran peso si con quienes se comparte son Scouts de Argentina, BP Scouts, Exploradores de Don Bosco, Adiscas u otro tipo de organizaciones scouts. Nos preparamos para el buen encuentro, en donde es posible albergar la diferencia, y disfrutas de ello. Este acto es impolítico por excelencia, entendiendo por dicho término a aquello que atraviesa la política de cabo a rabo, siendo un fenómeno novedoso, una invención sin la pretensión de Universalidad.

Quizás porque el encontrarse con otros puede ser un acto impolítico; es muy difícil que un campamento, un encuentro, un Jamboree sean acompañados por una evaluación negativa. Para los participantes lo más valioso es el encuentro con el otro, y hasta puede ocurrir que en el entusiasmo provocado por el evento  sucedan cosas como aquellas que recordamos a la distancia donde distintos chicos coreaban “La insa, la usca, la unión es lo que buscan”. ¿Qué otro pedido se puede esperar de un buen encuentro con los otros?

DOS

                La cosa suele cambiar cuando pasamos de lo impolítico al terreno de lo Político Institucional. La experiencia del buen encuentro con el otro, del respeto por la diferencia; es reemplazada por la intrusión de las políticas universalistas que tienden justamente a eliminar las diferencias. En la institucionalización se pone en marcha el mecanismo de homogeneización por lo cual aquello que antes era un rasgo distintivo, que nos tomaba por asombro y era motivo para conversar, compartir y reflexionar juntos; pasa a ser algo peligroso, se vuelve extraño, atenta contra “la unidad del movimiento”.

                Si lo comparamos con una pareja, en el primer tiempo la conversación hace que dos personas se acerquen, que no presten mayor importancia a sus diferencias sino a lo que los que pueden compartir. En un segundo momento la diferencia comienza a tener peso y entra por el camino directo de la discusión bajo la forma del reclamo: “no me hablas como antes”, “dejas las cosas revueltas”, “¿otra vez te vas a jugar al fútbol con tus amigos?”, “desde que estoy con vos dejé de ver a mis amigas”. Generalmente una buena discusión termina en la cama limando las asperezas, pero al otro día hay que volver a las actividades cotidianas y no es seguro cuanto durará el bienestar.

                Algo similar ocurre con lo Político. En el primer momento el encuentro lleva a la ilusión de vivir juntos porque las diferencias enriquecen, en un segundo momento eso que es distinto se convierte en peligroso por lo que aparece la discusión política, el tema de cómo convivir con las diferencias. De la misma manera que en una pareja uno de los posibles destinos es que termine en la cama.

TRES

                A veces la discusión se convierte en debate, y cuando de ello se trata nos encontraremos con un asunto un poco más complicado porque en este caso lo que cuenta es “quien la tiene mas larga”.  Como dice el escudo de un país hermano “por la razón o por la fuerza”.

                Si de la razón se trata nos encontramos con toda la línea de argumentaciones que podríamos llamar retórica en la que se busca justificar la posición de uno en contra de la del otro, y para ello se utilizan todos los discursos posibles. Si de la fuerza se trata también se utilizan distintos recursos que van desde la infamia hasta operar una asamblea para que decida lo que políticamente es conveniente para el grupo que opera, de manera de apelar a la autoridad del máximo organismo para intentar cerrarle la boca al otro, eliminar la diferencia.

Este punto suele ser bastante álgido porque varios son los destinos posibles: la eliminación de la diferencia por sometimiento, la ruptura asociativa y formación de nuevas asociaciones, la acción legal que está por encima del pacto institucional, la espera de tiempos mejores para el contraataque, o en el mejor de los casos la espera por tiempos más propicios, siempre y cuando la razón o la fuerza no se conviertan en una constante del aplastamiento de la diferencia, una especie de mecanismo que expulsa lo que considera “maldito”.

UNO,DOS,TRES

                UNO, DOS, TRES son distintos tiempos y distintos momentos que se suceden unos a otros. Es necesario aceptar la diferencia, también que se produzca la discusión y  en algún momento el debate.

Estamos en serios problemas cuando la tríada se rompe, Cuando definitivamente no se acepta la diferencia, ya no hay equilibrio, no existe la posibilidad de una comunidad que se ofrezca como oasis o sueño común que permitan discutir y debatir para volver a conversar desde el respeto por el otro y por lo otro.

Como diría Jean Baudrillard en referencia al “Teorema de la parte maldita”: se podrá expulsar a “lo otro maldito”, pero en el seno de la institución aparecerá un nuevo “otro maldito” y así sucesivamente, en un proceso de desgranamiento que difícilmente tenga un fin, a no ser que los actores sean indiferentes al devenir institucional y cada uno haga la suya en su grupo, lo que ubica a la institución como una mera máscara o fantasía  que cubre el vacío de pertenencia y significación a una organización determinada. La institución en lo concreto existiría sólo para fines burocráticos y legales, pero sin  posibilidad de generar un lugar de encuentro entre quienes la dirigen; a no ser que se participe de algún campamento nacional en donde como decíamos al comienzo, no puede ser utilizado como argumento de que las cosas funcionan bien.

En el terreno de la fantasía, es probable que con buena voluntad se pueda organizar un evento para todos los scouts de las distintas instituciones incluyendo los EDB, es muy probable que el resultado de ese campamento finalice con un coro que pida la Unidad. Es probable que si se tomara el mismo camino de unificación obtendríamos el mismo resultado que el actual: fragmentación institucional, intolerancia, desesperanza.

Es cierto que no se puede andar lo desandado, pero hace falta un liderazgo que dé lugar a la diferencia para que el escultismo en nuestro país deje el camino del debate para comenzar a crear espacios de encuentro, de conversación y discusión en donde aquello que nos diferencia no sea visto como negativo.

 

 

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