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Sentimiento gringo

IM Buho Terco

 

           

¿Quiénes son los gringos? 

No son los “criollos” hijos de españoles, que desde la Ley de enfiteusis de Rivadavia se fueron dividiendo las tierras del país para ser los grandes propietarios cuyas estancias aún pertenecen a los conocidos apellidos “ilustres” que tanto han tenido que ver con la historia de nuestro país. 

No son los gauchos, aquellos que Sarmiento decía sólo servían como abono para la tierra, y que la generación del 80 se encargó de perseguir con el objeto de imponer el modelo de producción agroexportadora, diciendo que nuestro país iba a ser “El granero del mundo”, el almacen de granos, quedando la industria en manos de los europeos. 

No son lo pueblos originarios, aquellos que había que “civilizar” y quitarles la tierra.

Los gringos argentinos 

Fueron los europeos expulsados por la revolución industrial, y los que huyeron de la guerra hacia nuestro país, al menos eso se cuenta aún hoy en las historias familiares. 

La palabra gringo, etimológicamente significa “el extranjero”, el que no habla el mismo idioma; se dice que su origen es un desprendimiento del vocablo  “griego”. 

El Ideal del gringo quedó acuñado en la histórica frase de “Venir a hacerse la América”; destino marcado por hacer dinero… para volver con otro status a su país de origen. No era la intención inicial del gringo la de quedarse. 

Pero no son “gringos” todos los extranjeros. 

No se los llama así a los peruanos, bolivianos, chilenos… tampoco lo son africanos, chinos, japoneses aunque coincidan que hablan otro idioma…  

En nuestro país “ser gringo” marca una estirpe, un linaje: el europeo. 

El trabajo del gringo 

La aparición del molino y la extensión de la red ferroviaria posibilitó que las tierras de argentina se hicieran más propicias para el asentamiento de poblaciones. Fue tarea del gringo comprarle tierra “a pagar” a los “criollos”, grandes terratenientes que formaban “compañias colonizadoras” que parcelaban tierras, y las vendían a contingentes europeos; de esta manera muchos lograron acceder a la tierra, otros no pudieron pagarla pero le agregaron valor para luego pasar ser empleados de los terratenientes y surgieron los pueblos a la vera del ferrocarril.

El “gringo” jugó un papel “civilizador” importante: ocupó las tierras, colocó alambrados que impidieron a los gauchos transitar libremente por ellas, y expulsó a los pueblos originarios dueños naturales de la tierra. De esa forma se fue corriendo la frontera agrícolo-ganadera; echando a quienes vivían en el lugar desde hacía siglos, para luego emplearlos produciéndose la paradoja de que los verdaderos dueños de las tierras fértiles tenían dos destinos posibles: ser empleados de los colonizadores, o ser extranjeros en su propio país como ha ocurrido con muchos pueblos…

Pero el gringo fue un extranjero distinto, con otros derechos, otra estirpe, orgullosamente gringos. 

El “carácter” del gringo 

Los gringos históricamente no se confundieron con los otros extranjeros de la tierra, podrían pelearse entre colonias de distintos países pero ellos eran europeos, no eran “indios” ni “negros”. En algunas colonias agrícolas, se cuentan historias de cómo el simple color de pelo distinto hacía entrar la clasificación de “negro” y valía la expulsión de los lugares sociales 

No es lo mismo ser gringo que indio o negro 

Con la segunda oleada de inmigración ya no había tierras para repartir, por lo que el destino de los “gringos” fueron los conventillos de Buenos Aires y el trabajo de baja calificación en fábricas, la empresas forestales extranjeras, los grandes terratenientes, o en las colonias agrícolo – ganaderas   explotados por sus propios compañeros de “raza”… Los “gringos” podrían ser brutos, analfabetos; pero nunca “cabecitas negras”. 

El explotado que explotador

Con la maquinización de las tareas agrícolas se produce la expulsión de los trabajadores rurales a la ciudad, y allí los gringos, gauchos, negros e indios tuvieron que zanjar (o disimular) las diferencias, muchos lo hicieron, otros conservaron su “estirpe” de la mano de la “doble ciudadanía”, que afianza su condición de extranjero en una tierra que aunque hayan vivido generaciones no es considerada como el propio país, el doble-amor genera contradicciones a veces insalvables. 

El aburguesamiento de los “gringos” trajo un descenso de la cantidad de hijos, cuestión que no sucedió con las clases más relegadas, se agregaron nuevos extranjeros que comenzaron a ser explotados por los “gringos”: chilenos, bolivianos, peruanos sumados a los “cabecitas negras” del país; pasaron a formar parte de los ejércitos de trabajo en condiciones poco dignas que caracteriza al “sector rural”.

 En nuestra historia los “gringos” se enfrentaron con los criollos en varias oportunidades;  las veces que los gringos se aliaron a los criollos siempre salieron perdiendo, pero claro, como dice Freud en “El malestar de la cultura” “… Esta identificación de los oprimidos con la clase que los sojuzga y explota no es, empero, sino una pieza dentro de un engranaje mas vasto. En efecto, por otra parte pueden estar ligados a ella afectivamente y, a pesar de su hostilidad a los señores, verlos como su ideal”, esto puede dar luz y es quizás una posibilidad de explicar que de la misma manera que existen fenómenos sociales como “El grito de Alcorta”, también pueden existir los “contragritos”. 

En estos últimos meses de conflicto rural, las asociaciones campesinas conformadas por los pueblos originarios y los empleados rurales no participaron a favor de lo que se denominó “el campo”; prácticamente ningún medio de comunicación les dio espacio de opinión, dio lugar a las denuncias de expulsión de sus tierras a los golpes, de trabajo en condiciones indignas, del cuidado de la tierra;  eso sí, a todos nos resuena en nuestros oídos que “los gringos” no darían un paso atrás. 

El conflicto rural no generó nuevas contradicciones, simplemente mostró las existentes, las que uno encuentra en la ciudad un poco más veladas, pero que en el verdadero  “campo” (no en el “mediático” que es el de los medianos y grandes propietarios de la tierra) posiblemente se encuentren más arraigadas y naturalizadas.

Muchos somos hijos de gringos, pero no todos conservamos el ideal del gringo.

                 

 

 

 

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