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Una Asociacion inmune

IM Buho Terco

 

           

             Pareciera que en nuestra asociación estamos habitados por un misterioso empuje a la muerte que muchos intentan ubicar en distintos lugares, pero del que nadie se hace cargo ya que opera silenciosamente. Quizás la forma más grafica de representarlo sea la metáfora del “lado oscuro de la fuerza” que está presente en cada uno de nosotros. De la misma manera que en el Bunraku (teatro japonés), todos somos un poco como esas marionetas gigantes que brindan el espectáculo para el público, cuando en realidad lo que las mueve queda oculto detrás del escenario, disimulado por luces y colores. 

            Tenemos una fuerte vocación al suicidio asociativo, algo inexplicable para una organización en la que la vida cobra un valor tan importante y que se eleva como uno de los principios fundamentales. Roberto Espósito (filósofo italiano que hace poco visitó nuestro país) dirá que aún hoy se mantiene la pregunta de Foucault “¿por qué una política de vida amenaza continuamente con traducirse en una práctica de muerte?”, y responde con el concepto de “Inmunidad” tomado de la jerga biológica, que hace referencia a proteger la vida propia de la relación con los demás, con los otros humanos, apuntando a la extinción de los vínculos comunitarios por medio del encierro de cada uno en su pequeño universo autista. 

            Más allá de las racionalizaciones que cada uno pueda realizar, en lo concreto venimos de una Asamblea que es “inmune” a las necesidades que se plantean desde la pertenencia a una comunidad mayor; bajo excusa de vivirla como ajena e intangible… bajo la excusa que quieran… porque finalmente todas son excusas para eludir la responsabilidad y la inacción ante las distintas cosas que nos suceden. Esta “Inmunidad” se hace patente en tres momentos importantes de la Asamblea: la falta de postulantes para los cargos electivos, la definición de la cuota societaria, la definición de las estrategias de “salvataje” económico asociativo. 

            Respecto de esta última, la Asamblea formó una comisión para que llevara adelante los proyectos presentados por distintos delegados y apoyados por la Asamblea Nacional, el primero de ellos trataba de una colecta a realizarse antes de Navidad, el segundo una propuesta de “socios cooperadores” lógicamente a realizarse a comienzos del próximo año. Dos acciones que implicarían un esfuerzo importante por parte de todos apuntando al salvataje económico institucional, ya que debemos afrontar un millonario juicio producto de las acciones legales de una familia luego de un trágico accidente que sufriera su hijo en un campamento de un grupo de Scouts de Argentina. El resultado de la colecta, también fue a su modo trágico. El 22 y 23 de Diciembre participaron de más de 700 grupos del país, sólo tres distritos. 

            Desde una lectura sencilla podría decirse que a los Distritos les importó poco lo que ellos mismos por representación habían decidido; y que tampoco les importó mucho la necesidad de la asociación a la que pertenecen. Las justificaciones nunca faltarán… siempre están al orden del día… que se encontraban preparando el campamento y no podían, que tenían otras prioridades, que nunca pedimos para nosotros (esto dicho mientras en los distintos lugares piden donaciones para el campamento), que los manejos económicos de la asociación…  si hay algo que no nos falta a los humanos es nuestra voluntad de justificación respecto de lo que no hacemos… siempre encontraremos a otro para responsabilizarlo de lo que nos pasa.  

            Una lectura un poco más profunda y dolorosa nos habla de la caída de la representación y de la representatividad en Scouts de Argentina. ¿Por qué esto?. La colecta no fue una decisión trasnochada de un grupito de personas que se le ocurrió hacer una cena o un baile para recaudar fondos; la decisión claramente implicaba la puesta en marcha de lo que una Asamblea Nacional a partir de sus representantes (Directores de Distrito y delegados) decidieron realizar. La propia Asamblea Nacional presentó algunas propuestas, eligió las mismas y a partir de ese acto se comprometió en llevarlas adelante. No hay un “otro” a quien culpar en este caso, y en el caso de que existiera realmente ¿por qué se lo seguiría sosteniendo?. Porque no hacerlo implicaría que cada uno tenga que asumir la responsabilidad que le compete. 

            La caída de la representación y de la representatividad es un mal de época que corroe a las distintas organizaciones sociales. Los pequeños grupos se encierran autistamente sobre sí mismos, y la dirigencia ha perdido la posibilidad de representarse y comprometerse en una Organización más vasta. El mecanismo de la inmunidad anula aquello que es común a todos, traza los límites entre lo que es vivido como “lo propio” y lo “ajeno” siendo esto último “la organización”. Los miembros de la Asociación se sienten eximidos de las obligaciones que implica el  pertenecer a una comunidad mayor y sostenerla en su continuidad. La Inmunidad se transforma en el movimiento contrario al de la Comunidad. Lo sucedido nos muestra quienes somos en realidad, que no coincide con quienes nos creemos y decimos ser.  

            La decisión del “salvataje institucional” fue tomada por los Directores de Distrito y los delegados, que supuestamente representan con su voz y con su voto a las Asambleas de cada uno de los lugares del país. El fracaso de la colecta no es un fracaso económico, si todos los grupos del país hubieran realizado la misma y se hubieran obtenido 1000 pesos hubiera triunfado el sentido de Comunidad. Lo que ha mostrado la colecta es el fracaso de la representatividad y la pertenencia a Scouts de Argentina. Los Directores de Distrito y los delegados de las Asambleas parecen portar en su mayoría representaciones vacías (o mandatos hipócritas); lo más triste de todo es que quedaría más que claro que los grupos scouts y sus representantes están habitados por el mismo doble discurso que señalan en otros ámbitos asociativos como el Consejo Directivo. 

            Lo que nos sucede trae a mi memoria un viejo cuento Zen: Dos niños debaten sobre la sabiduría del maestro, y uno de ellos decide realizar una prueba: tomará una rana con sus manos, la ocultará en su espalda y le preguntará al Maestro si la rana está viva o está muerta, si el Maestro responde que está viva la ahorcará y la mostrará muerta, si el Maestro le dice que está muerta la mostrará viva. Estando los dos de acuerdo se acercan al monje y le preguntan: “Maestro, tú que eres tan sabio, tengo una rana oculta en mi espalda ¿ella está viva o está muerta?”. El Maestro lo mira con profundidad y le responde “Hijo mío, la respuesta está en tus manos” 

Bibliografía citada:

Roberto Espósito: Biopolítica y Filosofía. Ed. Gramma 2006