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Laberinto de bolitas

IM Buho Terco

   

                 En Nochebuena nos juntamos con la familia de mi esposa (Perdiz Apacible) por lo que seis niños armaron el común alboroto de la “previa” a la llegada de la Navidad. La salida al patio, el ir a la esquina…  distintas maniobras que realizaron los chicos para intentar ver a Papa Noel y su renos, maniobras fallidas más allá del esfuerzo realizado en cada intento. Por cuestiones que desconocemos, de una manera u otra el bonachón señor de barba blanca siempre ha dejado los regalos en el árbol, sin poder ser visto.

                El momento de apertura de los regalos fue –como siempre- una feliz experiencia para los chicos. Uno tras otro van abriendo los paquetes y encontrando cosas que habían pedido… Uno de los regalos que llamó la atención fue el “laberinto de bolitas”, un juego en el que como su nombre lo indica se puede armar distintos laberintos para que las bolitas circulen por ellos utilizando la desconocida ley de gravedad para los más pequeños.

                Luego de cansarse de corretear, la enigmática caja del laberinto fue abierta por los niños, quienes se sentaron a investigar de qué se trataba, para divertirse mucho hasta altas horas de la madrugada… era un día especial, y mientras los adultos charlábamos de nuestras cosas, ellos jugaban con el laberinto… no con otros juguetes “tecnológicos” que habían recibido…. sino con las bolitas.

                Luego del almuerzo del 25 prosiguió el juego, de hecho los adultos pudimos dormir una siesta sin grandes perturbaciones. Al despertarme de ella me sumé silenciosamente a compartir las distintas invenciones realizadas. Ya de noche y luego de una cantidad enorme de configuraciones armadas mi hijo mayor seriamente me dice: “para los reyes voy a pedir un laberinto zigzag; el auto de control  de Navidad está re-bueno pero es para jugar un rato y nada más… ¡esto es re - divertido, es como hacer construcciones en los scouts!”

                Y sí… algo de eso hay ¿no?... ya lo había dicho nuestro amigo Gustavo el Bibliotecario en un artículo sobre el rasti… en ese omento pensaba en cuál era la gracia de que en los scouts aprendamos y nudos, y es tan simple como que nos brindan la posibilidad del acceso a la Técnica[1] que posibilita de la misma manera que el “laberinto de bolitas”, las invención de mil y una configuraciones que ponen en marcha las ideas de elaboración, diseño, utilidad, estética y tantas otras cosas que permiten introducir todas las veces que se quiera la novedad, lo que hemos denominado “repetición creadora” que permite la invención, ese “toque personal”  o la sustancialización de un sueño que llevó un tiempo diseñar con otros, el enorme placer de la obra realizada.

                En estos días, en un reportaje que le realizaron a Alejandro Dolina en el canal Encuentro, éste decía que los adultos nunca entendemos el mundo de los niños, ejemplificándolo de la siguiente manera: El padre llega a la casa y observa que su hijo colocó tres latas de cera armando un trencito, entonces en un gesto de entender su juego le dice “es un trencito ¿no?” y el pibe le contesta “No. Son tres latas de cera” ya que, según Dolina, a los chicos les molesta mucho que expliquemos su juego; cuando hacemos esto nos convertimos en una especie de asesinos del mismo. También decía que para los adultos es imposible acceder al mundo Imaginario y Real de los niños y cuando intentamos hacerlo con explicaciones terminamos metiendo la pata. Esto me hizo acordar a cierta malla de objetivos que “se le ofrecen” al chicos para que trabaje en ello ¿no son una forma de matar el juego? Habría que pensarlo ¿no?


 

[1] Sobre la técnica scout. Revista Virtual Apuntad Alto

 

                 

              

 

 
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