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INVESTIGACIONES

 

 

 

 

Trabajo de adscripción perteneciente al Prof. Alberto Plaza, presentado en la Cátedra de Filosofía Contemporanea del Profesorado y Licenciatura en Filosofía de la FFHA de la UNSJ en el año 2003.

Tema: "ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA"

 

INTRODUCCIÓN

"Así habló Zaratustra", es la obra en que Friedrich Wilhelm Nietzsche, se sirve de la figura del filósofo persa Zoroastro del s.-VI a.C. para desarrollar su propia doctrina filosófica. El libro narra los discursos que Zaratustra (Zoroastro) pronuncia entre los hombres para anunciar su nueva doctrina en la que expresa sus pensamientos más íntimos y profundos. El autor relata en "Ecce Homo" que "Zaratustra" nació un invierno de 1881 en la bahía de Rapallo cerca de Génova en medio de circunstancias que no favorecían del todo a su salud "allí fui sorprendido por Zaratustra" 
El libro consta de cuatro partes, y lleva el título de Así hablaba Zaratustra. Nietzsche dio a este libro un subtítulo, como compañero de viaje. Dice así: "Un libro para todos y para nadie". "Para todos", es decir, sin duda no para todo el mundo en el sentido de para cualquiera. "Para todos" quiere decir: para todo hombre en tanto que hombre, para cada uno, siempre y en la medida en que en su esencia deviene para sí mismo digno de ser pensado. "... y para nadie", esto quiere decir: para nadie de los curiosos que afluyen en masa de todas partes, que lo único que hacen es emborracharse con fragmentos aislados y con sentencias concretas de este libro y que, a ciegas, van dando tumbos en un lenguaje medio cantarín, medio gritón, ahora meditativo, ahora tempestuoso, a menudo de altos vuelos, pero a veces chato y bidimensional, en vez de ponerse en camino hacia el pensar que está aquí buscando su palabra . 
Con estas palabras de Heidegger se exhibe el presente trabajo a modo de analizar y reflexionar en profundidad sobre las cuatro partes que componen la obra.


ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA

Identificación de la obra
Título original: Also sprach Zaratustra. Ein Buch für Alle und Keinen
Titulo en español: Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie
Autor: Friedrich Wilhelm Nietzsche
Idioma original: Alemán
Traductor: Andrés Sánchez Pascual
Fecha de publicación: El libro está dividido en cuatro partes (las dos primeras fueron publicadas en 1883, la tercera en 1884 y la cuarta en 1891)
Lugar de publicación: Alemania
Editorial: Biblioteca Nietzsche. Alianza Editorial 
Fecha de primera edición en España: 1972
Impreso: Vía Gráfica S.A. (Madrid, Spain)

División de la obra
La obra se divide en cuatro partes, que tratan de cuatro temas distintos, los cuatro temas que integran el legado de la filosofía nietzscheana.
· Primera parte: La muerte de Dios
· Segunda parte: La voluntad de poder
· Tercera parte: El eterno retorno de lo idéntico
· Cuarta parte: Necesidad de los "superhombres"


La muerte de Dios

La muerte de Dios hace referencia al fin de toda idealidad, aquí es donde Zaratustra ocupa el lugar que antes pertenecía a Dios, éste es el sitio en el que nace la enseñanza que va a impartir su personaje. Los animales que acompañan a Zaratustra en su descenso son el águila y la serpiente que simbolizan el orgullo y la astucia lo cual se manifiesta en contra de la humanidad y la pobreza de espíritu que rechaza constantemente Nietzche. Las posibilidades del ser humano tras la muerte de Dios son el último hombre y el superhombre, de esta manera surge el empobrecimiento humano pero también la posibilidad de crear nuevos valores, al dejar atrás las esperanzas ultramundanas, aquí surge el valor y amor a la tierra. El hombre tiene que ser superado, elevarse sobre sí mismo, pues la razón, la justicia, la compasión... han perdido el valor que posiblemente antes tenían. La noción planteada por el autor de que Dios ha muerto deja en manos del hombre la posibilidad de superarse así mismo. Lo que será posible mediante la afirmación vital de la propia vida.

"Enfermos y moribundos fueron los que menospreciaron el cuerpo y la tierra e inventaron el cielo y las gotas de sangre redentoras: ¡pero estos mismos y lúgubres venenos los sacaron también del cuerpo y de la tierra! 

En el desprecio idealista del cuerpo ve Nietzsche, una voluntad de decadencia que se reconoce a sí misma.

" El cuerpo sano habla más pura y lealmente; el cuerpo perfecto y cuadrado; y habla del sentido de la tierra" 

Pero antes de la reflexión sobre el sentido del cuerpo y de la tierra, Zaratustra comienza con su primer discurso; "De las tres transformaciones", exponiendo las tres transformaciones del espíritu que produce un cambio en la esencia del hombre al haberse producido la muerte de Dios. 

"Os voy a hablar de las tres transformaciones del espíritu; de cómo el espíritu se transforma en camello en león, y el león finalmente en niño." 

El camello significa la inclinación del hombre ante la omnipotencia de Dios y una ley moral que carga por su propia voluntad. Así se siente orgulloso de cumplir con los mandamientos impuestos que se traducen en deber y por lo tanto siente que tiene que obedecer a Dios sometiéndose a esta voluntad del "tu debes". Pero el camello se transforma en león en el que se manifiesta el cambio y el fin del idealismo, para desligarse de las cargas que le oprimían y entonces luchar contra los valores que simbólicamente están representados por "el dragón milenario". El león lucha por su libertad la que consigue, sin embargo, es una "libertad de", aún no es una "libertad para" que le permita crear nuevos valores. Sólo el niño en su inocencia y olvido puede fundar un nuevo comienzo. La naturaleza de la libertad es el juego, aquí se pone de manifiesto el carácter del juego de la existencia humana. Por lo tanto su creatividad es juego.

"El niño es inocencia y olvido, un empezar de nuevo, un juego, una rueda que gira, un primer movimiento, una santa afirmación.
Sí, hermanos míos, para el juego de la creación se necesita una afirmación santa: el espíritu lucha ahora por su propia voluntad, el que perdió el mundo vuelve a ganarle" 


Lo importante en el hombre pasa a ser su condición de puente o elemento de tránsito por el cual se puede llegar al superhombre en donde se manifiesta la creatividad del hombre en el juego, "la muerte de Dios pone de manifiesto el carácter de aventura y de juego de la existencia humana. La creatividad del hombre es juego" . 

Las idea de la muerte de Dios es el punto de partida de la exposición de la primera parte de la obra, este idealismo moral y religioso es el camino equivocado del hombre. La interpretación idealista del hombre y del mundo es para Nietzsche la equivocación que arrastrada por la humanidad desde hace miles de años, esta idea es la que hay que transmutarla con la certeza de que Dios a muerto que es lo único que dará al hombre la libertad. 


La voluntad de poder

En la segunda parte de la obra la idea básica es la doctrina de la voluntad de poder que es deducida de la idea de que Dios a muerto. El hombre en su transformación pasa a ser el creador en lo cual manifiesta su autenticidad, este creador no puede ajustarse a un mundo determinado con anterioridad, sino que se relaciona de manera originaria con todas las cosas.
Al haberse producido la Muerte de Dios este nuevo hombre tiene libertad absoluta no necesita aspirar a ser como Dios. Esta libertad que adquiere el hombre creador está expresa dentro del tiempo que lo lleva a aceptar la caducacidad y su propio fin. De esta forma el superhombre conoce su finitud y su creación apunta a la superación de las metas finitas y no con la esperanza de otra vida transmundana. La tierra es entendida por Nietzsche como un poder creador que está directamente relacionado con la libertad creadora del hombre. Con la muerte de Dios, el valor a la tierra es el sentido de la vida, es la única realidad de nuestra existencia. 
Nietzsche se manifiesta en contra de la posición de igualdad que presenta el cristianismo, esta igualdad tiende a restringir la creatividad y el nuevo sistema de valores, haciendo débil e imponente la vida del hombre. En el capítulo titulado "De las tarántulas" presenta a aquellos que son predicadores de la igualdad que quieren vengarse de todas las formas de vida poderosa.

"Hablo en lenguaje figurado, predicadores de la "igualdad", que hacéis bailar a las almas. Para mí sois tarántulas que quieren vengarse secretamente... 
Predicadores de la igualdad: el delirio tiránico de vuestra impotencia pide a grandes voces "igualdad"; así se disfraza de virtud vuestra concupiscencia tiránica.
Vanidad amarga, envidia reprimida, la envidia de nuestros progenitores surgen de vosotros como llamas y quimeras de venganza" 


Para seguir con la explicación de la voluntad de poder Nietzsche recurre a tres canciones: "La canción de la noche", "La canción del baile" y "La canción de los sepulcros"
"La canción de la noche" es una canción de amor, un cántico de anhelo que el pensador aislado en la luz solar de su conocimiento siente por la noche . Es el despertar en el silencio, en la quietud, es el momento en que se desparrama desde el interior el amor, también el sufrimiento, es avivar el alma. El alma es una fuente de los deseos que brotan en la noche.

"Es de noche: a esta hora cantan su canción todas las fuentes. También mi alma es una fuente que canta.
Es de noche es la hora en que se elevan todas las canciones de amor.
Y mi alma es también una canción de amor" 

La canción del baile" canta a la vida en la que aparece como figura de mujer. Hace una relación de la sabiduría con la vida.

"Cantaré una canción para que bailéis y haré una burla del espíritu de pesadez, mi más excelso y poderoso diablo, que dicen que es el dueño del mundo.
He aquí la canción que cantó Zaratustra para que bailaran Cupido y las jóvenes...
Y si siento amor, a veces demasiado amor, por la sabiduría, consiste en que me recuerda a la vida." 


"La canción de los sepulcros" hace alusión a la vida, al dolor de algo que ha terminado. Frente a esta sensación surge la voluntad, que actúa justo allí donde están los sepulcros para crear una nueva vida a partir de la muerte.

"¡Allí está la isla de los sepulcros!, la isla solitaria; allí están también las tumbas de mi juventud. Voy a depositar sobre ellas una inmarcesible corona de la vida...
Si aún eres tú para mí la destructora de todos los sepulcros, ¡salve, voluntad mía!. Y sólo donde hay sepulcros hay resurrecciones." 

Al concepto de voluntad de poder se llega partiendo del hombre creador, aquí se tiene en cuenta la noción del tiempo y de que manera ésta acciona en la vida. Pero el hombre tanto presente como pasado son rechazados por Nietzsche que entiende que se alejan de la voluntad de crear al superhombre. Sólo la esperanza en el superhombre es lo que permite vivir, esto es el querer mirar hacia delante. 

"Y este secreto me lo reveló a mí la vida: Mira - me dijo -, yo soy lo que siempre debe superarse a sí mismo" 

Así nuevamente el tiempo pasa a ser el factor principal en la vida, es el tiempo el que se desliza más silenciosamente, de aquí la importancia de conocer la esencia del mismo que servirá para entender el tipo de relación con la voluntad de poder.



El eterno retorno

La tercera parte de la obra es considerada de importancia central en su pensamiento. Se presenta el diálogo consigo mismo en su soledad, descubriendo en su interior la voluntad de poder. La voluntad de poder es donde nace la movilidad proyectada hacia el futuro, sometida al poder del tiempo que le proporciona el espacio para el juego. La voluntad sólo quiere ir hacia delante porque está a la par del tiempo éste nunca corre hacia atrás.
En esta tercera parte de la obra se encuentra la idea del retorno. La sensación de Zaratustra por encima, aún, de la autosuperación es también el descenso a lo más profundo para poder ver dentro de su corazón. Su reflexión se dirige a observar que las más elevadas montañas tienen su nacimiento en la profundidad del mar.
Zaratustra plantea una concepción del tiempo en el cual pasado y futuro, aunque tienen direcciones diferentes, en un "instante" se juntan. De este "instante" parten una "eternidad pasada" y una "eternidad futura", o sea, una serie de infinitos "ahora" en direcciones opuestas. La incertidumbre parte de preguntarse si estas dos vías del tiempo se contradicen eternamente. Y la respuesta está planteada al principio sobre la circularidad del tiempo, pero Zaratustra saca una conclusión aún más interesante y acertada:

"Si detrás del ahora yace una eternidad, entonces cada una de las cosas que pueden corregirlo, ¿no tendrá que haber corrido ya alguna vez esa calle?" 

Por lo tanto al existir un pasado infinito, todo lo que puede suceder ha sucedido ya. Así pasado y futuro son concebidos como el tiempo total de lo cual se forja la doctrina de eterno retorno de lo mismo.

"Ves ese pórtico, enano? -continué-; tiene dos caras. Hasta aquí conducen dos caminos, que nadie ha recorrido por completo.
Esta larga calle en declive se prolonga eternamente, y esta otra que va hacia arriba es también una eternidad.
Estos dos caminos se contradicen; precisamente sus cabezas chocan; pero el este pórtico se reúnen.
En el frontispicio del pórtico está escrito su nombre: "Instante"...
¡Piensa en este momento! -proseguí-; desde este pórtico del momento se extiende hacia atrás una calle sin fin; detrás de nosotros dejamos una eternidad.
¿Acaso no debe haber recorrido esta calle todo lo que "puede" correr? ¿Acaso no se ha realizado ya todo lo que puede suceder?
Y si todo se ha realizado ya, ¿qué piensas, enano, de este momento? ¿No habrá estado ya aquí otra vez este mismo pórtico?" 

Ahora surge el cuestionamiento de la inutilidad de la superación en el hombre, si es que todo vuelve a lo mismo. Es aquí donde está el sentido del pensamiento de Nietzsche, si todo vuelve a ser como antes no tiene sentido la superación del hombre. Pero Zaratustra anima a la idea de resistencia al eterno retorno, lo que produciría la transformación.

"En verdad nunca vi nada parecido a lo que vi entonces. Un pastorzuelo mozo se revolvía en el suelo, sin poder respirar y convulso, con el rostro descompuesto; de su boca pendía una gran culebra negra...
Pero el pastor comenzó a morder, como yo le aconsejaba a gritos, y mordió con todas sus fuerzas. Luego escupió lejos de sí la cabeza de la culebra, y de un salto se puso de pie.
Entonces ya no fue un pastor ni siquiera un hombre: ¡era un ser transfigurado, que irritaba resplandores y... que se reía!" 


En el "instante" en que pasado y futuro se chocan está el centro de gravedad de la eternidad, por lo tanto la decisión a tomar en ese instante, el modo de proceder en ese preciso momento, decidirá sobre las repeticiones de la existencia terrena. De esta forma la doctrina del "Eterno retorno" otorga un nuevo centro de gravedad a la existencia humana. La noción del "mediodía" es la predicación del eterno retorno que pasa a ser el centro del tiempo.

"El mundo es profundo y mucho más profundo de lo que nunca pensó el día. No todo puede tener palabra ante el día. Pero amanece: ¡separémonos!
¡Oh cielo que te extiendes sobre mí, cielo pudoroso y ardiente! ¡Oh felicidad mía que precede a la salida del sol!
Ya despunta el día: ¡separémonos!" 


El pensador tendrá que abrirse desde su profundidad hacia la luz representada por la "inocencia del ser" en ese lugar desaparece la "culpa" y el "castigo". Para ver la luz deberá apartar del curso de las cosas en el tiempo todas las categorías del tipo de "providencia divina" -moral, racional - y concebir ese decurso como una danza, como un baile en el que todo gira y da vueltas. 
Para Nietzsche la grandeza de la humanidad pasa a estar definida por el grado de apertura al mundo. La vida abierta al mundo es la que caracteriza al superhombre que se adentra en el mundo, que entiende la noción de eterno retorno. Pero también este hombre puede cerrarse frente a esta apertura, a la luz, es lo que sucede cuando el hombre se limita a querer una pequeña felicidad o comodidad y se vuelve manso y débil, ya no existe en él un anhelo hacia la luz, a esto lo llama: "virtud que empequeñece".

"Crucé las calles del pueblo con los ojos tapados, porque no me perdonaría que no envidiase sus virtudes.
Las gentes me muerden porque les digo: "Las gentes pequeñas necesitan virtudes pequeñas", y porque me cuesta trabajo admitir que sea necesaria la gente pequeña….
La virtud es para ellos, todo lo que amasa, todo lo que domestica; así consiguieron hacer del lobo un perro y del hombre mismo el mejor animal doméstico del hombre." 

El hombre que lucha por su autonomía la consigue en su apertura al mundo y pasa a ser "el mismo".
En el capítulo titulado "Del espíritu de pesadez" Nietzsche señala lo que ha caracterizado negativamente al mundo. La naturaleza de Zaratustra es contraria al espíritu de pesadez, éste último tiende a encerrar al hombre en el finito, lo encadena, lo hace olvidar del mundo. A diferencia de Zaratustra en que su naturaleza es la del pájaro que asciende constantemente.
El hombre es más auténtico mientras más abierto esté al mundo es cuando se produce la libertad creadora, que libera al hombre del peso y de las cargas que le oprimen. El espíritu de la pesadez mantiene al hombre en la autoalineación, éste acumula sobre él las cargas de un Dios y una moral trascendentes. Zaratustra está en contra del espíritu de pesadez y el "valor pasa a ser un símbolo, cuyo significado es el de lanzarse hacia los vastos espacios y los amplios tiempos del todo.

"Y nosotros arrastramos fielmente la carga que se nos impone, con fuertes espaldas y a través de áridas montañas. Y si nos quejamos del calor, se nos dice: "¡Si, la vida es una carga pesada! 
¡Pero la única carga pesada es el hombre! Pues arrastra consigo y lleva sobre sus hombros una porción de cosas extrañas. Semejante al camello, se arrodilla para que le carguen bien.
Sobre todo el hombre vigoroso y paciente, tocado de veneración: carga sobre sus hombros muchas palabras y valores extraños y pesados; ¡entonces la vida es para él un desierto!" 

La relación del hombre con el mundo es expuesta en el capítulo de "De las tablas viejas y nuevas", en donde presenta una sabiduría abierta al mundo, al devenir. Estas nuevas tablas traen el amor y el anhelo creador del superhombre.

"Estoy sentado y espero, rodeado de viejas tablas rotas y de nuevas tablas a medio escribir" 

El tiempo es el lugar en que se hallan todas las cosas, el cause donde comienzan y acaban, se rompen y vuelven a unirse, pero el tiempo también es lo que comienza y acaba, lo que rompe y une, es lo que construye y a la vez destruye; es el juego dionisiaco del mundo. En el eterno retorno los animales de Zaratustra se ven absorbidos en el cambio, no se oponen a él ni intervienen, distinta es la posición del hombre que adopta una actitud frente al "eterno retorno" que es la de tener metas, proyectos y entre estos su tarea principal es la de ser superhombre.
La doctrina del eterno retorno no quita la libertad sino que rompe los límites de la misma, en donde el alma tiene libertad sobre lo creado e incluso lo que no se ha creado. El hombre creador tiene una apertura que no había tenido antes, está aliado a la esencia creadora. Zaratustra desprecia al hombre que considera en lo infinito la imagen de un Dios trascendente, pero también lo ama en la imagen del superhombre. Por lo tanto el hombre es lo más amado y lo más despreciado ya que es el camino hacia el superhombre.
En el último capítulo de la tercera parte titulado: "Los siete sellos", los mismos son innovaciones de la tierra, innovaciones de la eternidad del mundo. Aquí se presenta el placer como un placer cósmico; como la experiencia de la eternidad. El placer cósmico es aquel que surge del conocimiento de la significación eterna del instante permitiéndole vivirlo de manera más profunda y decidida. No vive sólo en el tiempo sino que configura el tiempo, en esta forma suprema de la voluntad se funda una nueva humanidad y vive el eterno placer cósmico. La muerte de Dios en la que hace referencia en el segundo sello, pone de manifiesto la necesidad de romper con la idea de situar lo eterno arriba, por encima de todo el tiempo terreno. Los dioses eternos deben morir para que el hombre perecedero pueda conocer que lo eterno es su caducidad. Ahora como ya no hay dioses, el hombre creador se ha deificado y puede decidir.
En el cuarto sello, el mundo ha unido y mezclado todo, es el lugar en que se comprende que las cosas contrarias se relacionan entre sí, este mundo está simbolizado por un jarro en el que se hallan mezcladas todas las cosas.
Los tres últimos sellos expresan de forma más afanosa la apertura del placer al mundo.

5
" ...Si jamás grito mi alegría: "La costa desaparece: he roto mi última cadena: la inmensidad me rodea: el tiempo y el espacio brillan lejos de mí. ¡Vamos! ¡En marcha, viejo corazón!
...¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: el anillo del Eterno Retorno!
Nunca encontré la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser la mujer a quie yo amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!

6
...Y si este es mi alfa i omega: a saber: que todo lo pesado se hace ligero, todo cuerpo bailarín, todo espíritu pájaro: y en verdad, éste es mi alfa y mi omega.
...¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: el anillo del Eterno Retorno!
Nunca encontré la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser la mujer a quie yo amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD!

7
...Mira no hay arriba ni abajo. Ve de una lado a otro, de arriba abajo, de delante hacia atrás, tú que eres ligero. Canta y no hables más. ¿No están hechas las palabras para lo pesado? Todas las palabras ¿no mienten al que es ligero? ¡Canta y no hables ya!
...¡Oh, cómo no he de sentir anhelos de eternidad y del anillo nupcial de los anillos: el anillo del Eterno Retorno!
Nunca encontré la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser la mujer a quien yo amo: ¡pues yo te amo, eternidad!
¡PUES YO TE AMO, ETERNIDAD! 



Necesidad de los superhombres


La cuarta parte de la obra se presenta como una caída. Zaratustra a permanecido mucho tiempo en la soledad y ha envejecido, está esperando su última bajada a los hombres. Los hombres superiores van hacia él y sus gritos de socorro hacen salir a Zaratustra de su cueva, entonces descubre que con la muerte de Dios, donde éste estaba nada a quedado y por lo tanto estos hombres superiores aún no han alcanzado su transmutación, siguen estando alienados aunque se presente con un carácter negativo.
El más feo de los hombres hace alusión a la náusea del hombre con respecto a sí mismo. Mientras el hombre sufra de sí mismo y quiera apartarse de sí y trascenderse, tiene todavía una noción de grandeza. 
Los hombre superiores que han entrado en la caverna de Zaratustra se encuentran desesperados, buscan aprender un poco de esperanza y de ánimo del mismo Zaratustra, que es el único que ha superado la muerte de Dios. Todos ellos son fracasados si se los mide con la medida del superhombre, pero comparados con la plebe son grandes hombres. Zaratustra les aconseja la risa liberadora que ve la comunidad de la vida humana a la luz de la belleza del superhombre.

"¡Esta corona de reidor, esta corona de rosas, para vosotros, hermanos míos, yo lanzo esta corona! ¡Yo he canonizado la risa; hombres superiores, aprended, pues, a reír!" 

A los hombre superiores les cuesta aprender a burlarse de sí mismos. Nietzsche pone en boca de los hombres superiores muchas cosas que él mismo dice, la compasión de Zaratustra por estos hombre superiores es su último pecado, ya que el sufrimiento de estos es todavía su propio sufrimiento. Cuando Zaratustra supera su compasión, alcanza su madurez. Llega su símbolo; el león que ríe y la cálida paloma, entonces Zaratustra abandona su cueva, De esta manera finaliza su obra.

"...¡Pues bien! Ha llegado el león, mis hijos están cerca, Zaratustra ha madurado, mi hora ha llegado.
He aquí "mi"alba matinal; "mi" día comienza; ¡"elévate, elévate, gran Mediodía"!"
Así habló Zaratustra, y dejó su caverna, ardoroso y fuerte como el sol de la mañana que surge de las montañas sombrías." 




CONCLUSIÓN.

Así habló Zaratustra es considerado como el punto culminante de la obra de Nietzsche, en donde se destacan dos pilares básicos: la idea de superhombre y al concepción del eterno retorno. De esta manera vemos ligada esta obra a otras precedentes como Aurora y La gaya ciencia, en las que en sus aforismos ya aparecen ideas de Zaratustra. Aunque la obra está concebida desde su carácter filosófico, su lenguaje es el de un poema, en el que se encuentran metáforas y parábolas. Su filosofía se presenta como una contrarreligión, en la cual se plantea la confrontación con el dogma cristiano y pronostica una nueva filosofía basada en lo dionisíaco. 
Innumerables interpretaciones y críticas se han hecho de esta obra, para cerrar este trabajo se cita parte de una publicación en el Diario La Nación de Buenos Aires el día 15 de octubre de 1944, la misma se titula "Nietzsche. El propósito de "Zarathustra"" y su autor es: Jorge Luis Borges.
"...¿Cómo justificar ese consenso -llamémoslo así-, ya tantas veces denunciado por los comentadores de Nietzsche? Sus detractores postulan una confusión humana, harto humana, entre la inspiración y el recuerdo, cuando no entre la inspiración y la transcripción. El hebraísta Erich Bischoff lo acusa de plagiar y de no entender, el capítulo 23 de los Primeros principios de Spencer; el Dr. Otto Ernst enriquece el catálogo de "precursores" con el nombre de Julius Bahnsen; el admirable Diccionario de la filosofía de Mauthner indaga los orígenes del Retorno en el eterno cosmos de Heráclito, que es engendrado por el fuego y que cíclicamente devora el fuego. Más implacables todavía son los defensores de Nietzsche. Unos, para absolverlo de la imputación de plagiar, lo dotan de una sorprendente ignorancia; otros declaran que Eterna Reiteración es un mero adorno retórico, una suerte de adjetivo o de énfasis. Olvidan o simulan olvidar la trágica importancia que Nietzsche atribuyó a ese adorno. "Inmortal es el instante", escribió, "en que yo engendré el Eterno Regreso. Por ese instante yo soporto el Regreso". Otro de los manuscritos afirma: "Eternamente volverá a invertirse tu vida como un reloj de arena y eternamente volverá a fluir cuando regresen todas las condiciones que te dieron origen. Y entonces volverás a encontrar cada dolor y cada placer y cada amigo y enemigo y cada esperanza y cada equivocación y cada hoja de pasto y cada destello de sol, la continuidad de todas las cosas. Este círculo, en el que eres una semilla, siempre vuelve a resplandecer. Y cada círculo suele incluir una hora en que al principio en un solo hombre, y luego en muchos, y finalmente en todos, surge la idea más alta, la del regreso interminable de todas las cosas. Para la humanidad, esa hora es la hora del mediodía". Otra nota, aun más significativa, declara: "Guardémonos de enseñar esta doctrina como una súbita religión. Debe infiltrarse lentamente, deben trabajarla muchas generaciones, para que sea un gran árbol que dé sombra a toda la humanidad venidera. ¿Qué son los dos años que hasta ahora miden el cristianismo? La idea más alta exige muchos millares de años; durante largo tiempo debe ser pequeña y sin fuerza... Simple, casi árida, la idea puede prescindir de elocuencia (Beredsamkeit). Será la religión de los más libres, de los más serenos, de los más altos: una grata pradera entre el hielo dorado y el cielo puro".
Todo se explica, creo, a la luz de los párrafos anteriores. El tono inapelable, apodíctico, los infundados anatemas, los énfasis, la ambigüedad, la preocupación moral (mucho sabemos de la ética del Superhombre, nada absolutamente de su literatura o su metafísica), las repeticiones, la sintaxis arcaica, la deliberada omisión de toda referencia a otros libros, las soluciones de continuidad, la soberbia, la monotonía, las metáforas, la pompa verbal; tales anomalías de Zarathustra dejan de serlo, en cuanto recordamos el extraño género literario a que pertenece. ¿Qué diríamos de alguien que reprobara una adivinanza porque es obscura, o la tragedia de Macbeth porque mueve a terror y a piedad? Diríamos que ignora qué cosa es una adivinanza o una tragedia. Nosotros, sin embargo, solemos incurrir ante Zarathustra en un error análogo. A veces lo juzgamos como si fuera un libro dialéctico; otras, como si fuera un poema, un ejercicio desdichado o feliz de noble prosa bíblica. Olvidamos, propendemos siempre a olvidar el enorme propósito del autor: la composición de un libro sagrado. Un evangelio que se leyera con la piedad con que los evangelios se leen.
Friedrich Wilhelm Nietzsche, antiguo profesor de filología en las aulas helvéticas, se creyó el apóstol, o fundador, de la religión del Retorno; esperó que el secreto porvenir la enriquecería de prodigios, de venturas, de adversidades, de mártires, de teólogos, de heresiarcas, de entusiasmos, de dogmas, de bibliotecas. No razonó, afirmó; sabía que remotos apologistas vindicarían cada una de sus palabras. Condescendió a un libro más pobre que él; presintió que otros suplirían lo que él callaba. No se rebajó a la tarea servil de nombrar a sus precursores; tampoco los versículos del Corán enumeran las fuentes que alimentaron su lúcido caudal. No declinó la ambigüedad; prodigó voluntarias contradicciones para que el porvenir las reconciliara. Butler, en The fair haven, dice irónicamente que los evangelios contienen "la tiniebla y el fulgor de Rembrandt, o el dorado crepúsculo de los venecianos, el perder y el hallar, y la infinita libertad de la sombra"; Nietzsche buscó esa libertad para Zarathustra. Interpretado así todos sus "defectos" se justifican.
El futuro es interminable. Quienes hablan de Nietzsche sin comprenderlo, quienes confunden su ética individual con la ninguna ética del nazismo, pueden encender otra guerra, en la que perezcan todos los libros del orbe occidental, salvo el enigmático Zarathustra, que fatalmente, quién sabe en qué naciones y en qué dialectos, ascenderá a libro sagrado.
Muchas generaciones han formulado el Eterno Retorno; Nietzsche fue el primero que lo sintió como una trágica certidumbre y que forjó con él una ética de la felicidad valedera." 



BIBLIOGRAFÍA

§ NIETZSCHE, Federico. "Obras Completas". Ed. Aguilar, Tomos I, II, II, IV y V.

§ FINK, E. "La filosofía de Nietzsche", trad. A. Sánchez Pascual, Madrid, Alianza Universidad, 1976. 

§ HEIDEGGER, Martín, "¿Quién es el Zaratustra de Nietzsche?". Traducción de Eustaquio Barjau, publicada en Conferencias y artículos, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1994.

§ FRENZEL, I., "Nietzsche", Barcelona, Salvat, 1985.

§ BORGES, Jorge Luis " Nietzsche. El propósito de Zaratustra" Diario la Nación. 15 de octubre de 1944.


                                                                                         
ALBERTO   PLAZA

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