Hoja repartida por primera vez en Mayo del 2008, en la ciudad de Rosario (Argentina) en una jornada realizada en la Biblioteca "Alberto Ghiraldo"
Disponible en formato PDF. Hoja tamaño A4 con gráficos.


MAYO DE 1968. FRANCIA.

Periodización:

Del 3 al 11: El eje fundamental de las protestas son los estudiantes, la represión hacia estos la convierte en un movimiento de masas. Insurrección en el barrio latino y otras ciudades aunque el centro de las protestas es París.

El estallido toma desprevenido al gobierno francés, la debilidad e impotencia de este sumado a la represión provoca que cada vez más se sumen a las protestas diversos sectores de la sociedad.

Del 13 al 24: Huelga General (casi 10 millones de trabajadores se suman), se convierte en la màs numerosa de la historia de Francia. Esta se hace sin el apoyo de las centrales sindicales. La acción obrera eclipsa al movimiento estudiantil, estalla como independiente aunque es la represión hacia los estudiantes el puntapié inicial. Las fábricas más modernas (automovilísticas) con obreros muy calificados son las que participan, teniendo un papel fundamental. Se difunde la idea de autogestión, se forman comités de huelga que cuestionan fuertemente a los sindicatos burocratizados. Las centrales sindicales apoyan una vez que el movimiento ya está en marcha.

26 de Mayo: Empiezan las negociaciones del gobierno con los sindicatos. La preocupación de la CGT (cuya cúpula pertenecía al PCF) es tranquilizar al gobierno, esto implica frenar las huelgas y aislar a los obreros de los estudiantes. Para el PC hay que fortalecer el apoyo electoral de masas y no la revolución. Los huelguistas se oponen a los acuerdos entre el gobierno y los sindicatos. Para fines de mayo Francia está paralizada por las huelgas. De Gaulle agita el miedo a la revolución, declara que hay que frenar la huelga y llamar a elecciones.

30 de Mayo: Se desarrolla una manifestación en apoyo a De Gaulle en la que participan más de medio millón de personas. El poder demostró una gran capacidad de resistencia, pero su fuerza para reestablecerse, la logró por la falta de resolución de sus adversarios. Desde entonces se establecen negociaciones a nivel de ramas de industria que muchas veces terminan en acuerdos.

Del 6 de Junio en adelante: Se retorna al trabajo en los transportes, correos y telecomunicaciones, la huelga solo continúa en la metalurgia y en la enseñanza.

Como respuesta a la evacuación de la fábrica Renault de Flins el 7 se producen violentos enfrentamientos entre la policía  y los huelguistas. En la enseñanza primaria y secundaria se retorna al trabajo entre el 7 y el 11 de junio. El 16 la policía entra en la Sorbona y la hace evacuar. El 23 es la primera de las elecciones con un pronunciado ascenso gaullista, el 30 es la segunda con una aplastante victoria de De Gaulle.

 

Análisis de los sucesos:

Lo que mayo del 68  y otros movimientos de los 60 han demostrado fue la persistencia y la potencia de la aspiración de autonomía, traducido a la vez por el rechazo del mundo capitalista-burocrático y por las ideas nuevas y prácticas inventadas o propagadas por estos movimientos. Pero aquello de lo cuál también han dado testimonio es de la gran dificultad en prolongar positivamente la crítica del orden existente, imposibilidad de asumir la aspiración de autonomía como autonomía, al mismo tiempo individual y social.[1]

El enemigo ya no es una persona o una categoría social, el monarca o la burguesía. Es la totalidad de los modos de acción del poder socioeconómico, despersonalizado, racionalizado y burocratizado. El enemigo, por definición, carece de rostro y no es ni siquiera una cosa o institución, sino un programa de relaciones humanas, un proceso de despersonalización; No es la explotación, que implica explotadores, sino la alienación. A largo plazo esto no disminuye su importancia o influencia histórica. A corto plazo, en cambio, fue fatal. El mayo de 1968 probó no que las revoluciones pueden triunfar hoy en los países occidentales, sino únicamente que pueden estallar.[2]

En este contexto de profundos cambios, sin duda uno de los más significativos, fue el traspaso de un modelo de centralidad a un esquema de pluralidad y diversidad que en la cultura en general se ha expresado también como crisis de los modelos explicativos, como cuestionamiento de las interpretaciones en general y de las perspectivas vastas y globales, dando lugar a múltiples respuestas como la del auge de las estériles posturas posmodernas.

Lo que debiera verse como un acontecimiento de rebelión humana es comprendido por el academicismo, tanto el formal como el que impera en la lógica social, bajo el rol de espontáneo, encasillando así las imperantes condiciones de esta sociedad clasista como si fueran fugaces. En este sentido la espontaneidad debería criticarse con la cautela necesaria para analizar el accionar, superando el espejismo que nos plantea la simbología que rodea a la lucha social.

Si superamos la lógica del pensamiento “espontaneista” y logramos reconocer el dualismo que propone toda confrontación, podremos entonces sin duda reconocer a este periodo como revolucionario, pero en el sentido real y mas desmitificador que nos provee el término, revolucionario por su actitud, por su quiebre, por su aceleración de procesos, por sentar un precedente táctico y estratégico y por poner en evidencia a los falsos críticos de nuestra sociedad. Estos, en su afán de distraer utilizan el recurso de la distancia, tanto cuando es física o temporal, parece que 80 años logran que hasta el mas reaccionario ciudadano simpatice con la causa de los peones patagónicos o que 6000km hacen que el reclamo de los pobladores de Oaxaca parezca justo y necesario para cualquier periodista que no quiera pecar de “derechoso”. Este concepto es el que nos es bombardeado constantemente, por eso el vaciamiento propuesto cada vez que la ideología dominante realiza un análisis sobre esta época, resaltando el contenido cultural y olvidándose que probablemente al calor de las barricadas, no eran tan llamativas las simpáticas frases como lo hubieran sido los proyectiles policiales.

Si dejamos que esto prosiga la historia continuara siendo una banalización, propia y ajena, de nuestra lucha. Si no analizamos correctamente la capacidad  que posee la clase oprimida y no entendemos sus limitaciones caeremos sin duda en las medias tintas de la confusión. Así, planteamos dos ejes que colaboran a elaborar un pensamiento superador de los instintos revolucionarios, ¿Demostramos real y necesariamente nuestro Anti-Autoritarismo en un mes de tensión o este subyace en cada relación humana fructífera que construimos y en cada destrucción de las alienantes?. Por otra parte, este sentimiento ¿Es generado ante la visión de la disconformidad y la revuelta generalizada o resulta inherente a todo aquel oprimido para estallar en el encuentro colectivo?.




[1] Castoriadis, C.; El avance de la insignificancia, Bs As., Eudeba, 1997.

[2] Hobsbawm, E; Revolucionarios, Barcelona, Crítica, 2000