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EN LA IGLESIA CONCILIAR
EL VATICANO II HA ALCANZADO
EL STATUS DE "TRADICIÓN"

   CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 30 octubre 2005 (ZENIT.org).- Al recordar los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, Benedicto XVI pidió este domingo a los más de mil millones de católicos del mundo que mantengan vivo el espíritu del Concilio Vaticano II.

   Según el Papa, la herencia de aquella asamblea ecuménica es decisiva para «contribuir a instaurar en el mundo esa fraternidad universal que responde a la voluntad de Dios sobre el hombre, creado a imagen de Dios».

   El Santo Padre junto a toda la Iglesia se está preparando para celebrar el 8 de diciembre las cuatro décadas de la clausura del Concilio, acontecimiento que había comenzado tres años antes por convocatoria del Papa Juan XXIII.

   Escuchaban al Papa, quien hablaba desde su estudio, decenas de miles de peregrinos que llenaban el espacio abrazado por las columnas de Bernini, acariciados por un estupendo sol.

   En su intervención semanal con motivo del Ángelus, quiso centrarse en dos herencias decisivas dejadas por aquel acontecimiento que cambiaría la vida de la Iglesia y, en parte, la de la humanidad: la importancia atribuida a la educación y la promoción de la libertad religiosa.

   Mencionando la declaración «Gravissimum educationis», firmada por el Papa Pablo VI y los padres conciliares, recordó que el Concilio atribuyó una «máxima importancia» a esta tarea, tanto para la vida del hombre como para el progreso social.

   «También hoy, en la época de la comunicación global, la comunidad eclesial experimenta la importancia de un sistema educativo que reconozca la primacía del hombre como persona, abierta a la verdad y al bien», constató.

   Según aquellas enseñanzas magisteriales, siguió aclarando, «los primeros y principales educadores son los padres, ayudados, según el principio de subsidiariedad por la sociedad civil».

   Al mismo tiempo, siguió señalando, la Iglesia también siente que «tiene una especial responsabilidad educativa», pues Jesús «le ha confiado la tarea de anunciar "el camino de la vida"».

   Y la Iglesia cumple esta misión de diferentes maneras, explicó: «en la familia, en la parroquia, a través de asociaciones, movimientos y grupos de formación y de compromiso evangélico y, de manera específica, en las escuelas, en los institutos de estudios superiores y en las universidades».

   La otra gran herencia comentada este domingo por el Papa es la recogida por la declaración «Nostra Aetate», dedicada «a la actitud de la comunidad eclesial ante las religiones no cristianas».

   «Basándose en el principio, según el cual "todos los pueblos forman una comunidad", y por el que la Iglesia tiene la misión "de fundamentar la unidad y la caridad" entre los pueblos, el Concilio "no rechaza nada de lo que hay de santo y verdadero" en las demás religiones y anuncia a todos a Cristo "camino, verdad y vida» en quien los hombres encuentran la «plenitud de la vida religiosa"», explicó.

   De este modo, siguió aclarando, el Vaticano II propuso algunas verdades fundamentales, como «el vínculo especial que une a los cristianos con los judíos», «su estima por los musulmanes y por los seguidores de las demás religiones» y confirmó «el espíritu de fraternidad universal que prohíbe toda discriminación o persecución religiosa».

   El Papa concluyó invitando a los cristianos a volver a leer estos documentos conciliares y a rezar para que se mantenga vivo el espíritu del Vaticano II.

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