COMPLOT CONTRA LA IGLESIA

Maurice Pinay

Tercera Parte
LA SINAGOGA DE SATANÁS

Capítulo Séptimo

EL PUEBLO DEICIDA

   Recordemos que la asociación "Amigos de Israel" –de la que formaban parte incluso cardenales y obispos- fue disuelta por S.S. Pío XI, por conducto de la sagrada Congregación del Santo oficio, en el año de 1928. Entre las novedades escandalosas que dicha asociación divulgó, se encuentra la afirmación de que el pueblo judío no fue deicida; contradiciendo lo sostenido por la Santa Iglesia durante casi veinte siglos. Condenada implícitamente por la Iglesia, esta asociación fue disuelta por el decreto mencionado. Nadie imaginaba que volvieran a resurgir sus aventuradas y –según algunos- hasta heréticas tesis hasta que, con gran sorpresa, se comprobó que más de treinta años después, los judíos las han hecho resucitar, siendo secundados por un grupo numeroso de clérigos que, desafiando la condenación implícita del Santo Oficio, aseguran que es completamente falso que Nuestro Señor Jesucristo haya sido muerto por los judíos, siendo los romanos los verdaderos responsables del asesinato; debido a lo cual, es injustificado llamar deicida al pueblo judío.

   La audacia de los nuevos amigos de Israel raya en los límites de lo inconcebible, puesto que se atreven a contradecir no sólo a los apóstoles del Señor sino al propio Cristo, como se demostrará a continuación con textos del Nuevo testamento que revelan las siguientes tesis:

  • 1ª Que Cristo acusó a los judíos y no a los romanos de quererlo matar.

  • 2ª Que fueron los judíos y no los romanos quienes planearon matar a Jesús y quienes intentaron destruirlo en varias ocasiones antes de su Pasión y Muerte.

  • 3ª Que fueron los judíos y no los romanos los instigadores y verdaderos responsables del crimen.

  • 4ª Que los apóstoles culparon a los judíos y no a los romanos de la muerte de Jesús.

TESIS PRIMERA. – Cristo acusó a los judíos y no a los romanos de quererlo matar. 

PRUEBAS

   En el Evangelio según San Juan (capítulo VIII), narra el apóstol que, discutiendo Jesús con unos judíos les dijo:

   "37. Yo sé que sois hijos de Abraham: mas me queréis matar, porque mi palabra no cabe en vosotros".

   Y después, según lo indica el apóstol, (capítulo VIII, versículo 40), Jesucristo Nuestro Señor vuelve a decir a los judíos:

   "40. mas ahora me queréis matar, siendo hombre que os he dicho la verdad, que oí de Dios: Abraham no hizo esto" (51).

   Y en otro capítulo (VII) señala el discípulo amado que cierto día habiendo subido Jesús al templo a predicar, decía a los judíos:

   "19. ¿Por ventura no os dio Moisés la ley: y ninguno de vosotros hace la ley? 20. ¿Por qué me queréis matar?..." (52).

   En ningún pasaje de los Santos Evangelios aparece que Cristo Nuestro Señor haya dicho que los romanos querían matarlo, sino por el contrario, acusa a los judíos de quererlo hacer. ¿Creen, pues, los clérigos que sostienen la novedosa tesis, que Cristo Nuestro Señor se equivocó y que ellos acaban de descubrir en este siglo lo que Nuestro Señor Jesucristo no pudo ni sospechar o sea, que eran los romanos y no los judíos los que lo querían matar?.

TESIS SEGUNDA.- Fueron los judíos y no los romanos quienes repetidamente planearon e intentaron matar a Jesús, antes de su pasión y Muerte. 

PRUEBAS:

   El Evangelio según San Mateo (capítulo XXI), nos narra que Cristo Nuestro Señor,

   "23. Y habiendo ido al templo, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se llegaron a El a sazón que estaba enseñando, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta potestad?".

   A continuación, el evangelista sigue narrando la discusión sostenida por Jesús con tan altos dirigentes del pueblo judío; para terminar el pasaje con estos dos versículos:

   "45. Y cuando los príncipes de los sacerdotes, y los fariseos oyeron sus parábolas, entendieron que de ellos hablaba. 46. Y queriéndole echar mano, temieron al pueblo: porque le miraba como un profeta" (53).

   Este pasaje muestra que los intentos de agresión no partían de judíos irresponsables, sino de los principales dirigentes del pueblo judío que eran entonces los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, así como los fariseos que también eran de influencia decisiva en el gobierno de esa nación.

   En el Evangelio de San Marcos (capítulo III), se lee lo siguiente:

   "1. Y entró Jesús de nuevo en la Sinagoga, y había allí un hombre que tenía una manos seca. 2. Y le estaban acechando, si sanaría en día de sábado, para acusarle. 5. Y mirándolos alrededor con indignación, condolido de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y le fue restablecida la mano. 6. Mas los fariseos saliendo de allí, entraron luego en consejo contra El con los herodianos, buscando medios de hacerle perecer" (54).

   Se ve entonces, que los sectores dirigentes del pueblo judío habían tramado la muerte de Jesús mucho antes de que fuera llevado a Pilatos, sin que exista, en cambio, ningún pasaje de los Evangelios que indique alguna intención o plan de los romanos tendiente a realizarla.

   San Juan consigna que habiendo sanado en sábado Jesús al paralítico, los judíos lo perseguían, diciendo (capítulo V, versículo 18):

"18. Y por esto los judíos tanto más procuraban matarlo: porque no solamente quebrantaba el sábado, sino porque también decía que era Dios su Padre, haciéndole igual a Dios..." (55).

   En el Evangelio de San Lucas, el apóstol nos relata cómo estando Cristo en Nazaret fue el sábado a la sinagoga y empezó a predicar, causando gran disgusto en muchos de los asistentes con sus prédicas. Dice el evangelista (capítulo IV, versículos 28, 29):

   "28. Y fueron en la sinagoga todos llenos de saña, oyendo esto. 29. Y se levantaron, y lo echaron fuera de la ciudad: y lo llevaron hasta la cumbre del monte, sobre la cual estaba edificada su ciudad, para despeñarlo" (56).

   Si en su propio pueblo intentaron matarlo, quiere decir que, los deseos de asesinarlo eran generales, no sólo confinados a los dirigentes judíos de Jerusalén.

   Nuevamente San Juan señala (capítulo VII, versículo 1):

   "1. Y después de esto andaba Jesús por la Galilea, porque no quería pasar a la Judea, por cuanto los judíos le buscaban para matarle" (57).

   Más claro no puede ser este pasaje. En toda Judea los judíos buscaban a Jesús para matarlo; mas no habiendo llegado su hora El prefería no entrar a esa región.

   Fueron varios los intentos y conjuras previas para matar a Jesús; fueron los judíos también y no los romanos los que prepararon la conspiración final que dio como resultado su muerte.

TESIS TERCERA.- Fueron los judíos y no los romanos los instigadores y verdaderos responsables del crimen. 

PRUEBAS:

   En el Evangelio de San Lucas (capítulo XXII), dice el apóstol:

    "1. Y estaba ya cerca la fiesta de los Azimos, que es llamada Pascua. 2. Y los príncipes de los sacerdotes, y los Escribas, buscaban cómo harían morir a Jesús..." (58).

   A su vez, en el Evangelio según San Juan (capítulo XI), se encuentra lo que sigue:

   "47. Y los príncipes de los sacerdotes, y los fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos, porque Este hombre hace muchos milagros? 49. Mas uno de ellos llamado Caifás, que era el sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada. 50. Ni pensáis que os conviene que muera un hombre por el pueblo, y no que toda la nación perezca. 53. Y así desde aquel día pensaron cómo le darían la muerte. 54. Por lo cual no se mostraba ya Jesús en público entre los judíos..." (59).

   San Lucas dice que fueron los judíos y no los romanos quienes sobornaron a Judas, para que entregara a Cristo (capítulo XXII):

   "3. Y Satanás entró en Judas, que tenía por sobrenombre Iscariotes, uno de los Doce. 4. Y fue, y trató con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría. 5. Y se holgaron, y concertaron de darle dinero. 6. Y quedó con ellos de acuerdo. Y buscaba razón para entregarlo sin concurso de gentes" (60).

   Fueron, por tanto, los judíos y no los romanos, quienes tramaron el complot final para asesinar a Cristo Nuestro Señor y quienes además pusieron los medios para capturarlo, dando dinero a Judas Iscariote.

      San Juan (capítulo XVIII) deja constancia en su Evangelio de cómo fue aprehendido Jesús:

   "1. Cuando Jesús hubo dicho estas cosas, salió con sus discípulos de la otra parte del arroyo de cedrón, en donde había un huerto, en el cual entró El, y sus discípulos. 2. Y Judas, que lo entregaba, sabía también aquel lugar: porque muchas veces concurría allí Jesús con sus discípulos. 12. La cohorte pues, y el tribuno, y los ministros de los judíos prendieron a Jesús, y lo ataron. 13. Y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice aquel año. 14. Y Caifás era el que había dado el consejo a los judíos: Que convenía que muriese un hombre por el pueblo. 24. Y Anás lo envió atado al pontífice Caifás. 28. llevan pues a Jesús desde casa de Caifás al pretorio. Y era por la mañana: y ellos no entraron en el pretorio, por no contaminarse, y por poder comer la Pascua. 39. Costumbre tenéis vosotros de que os suelte uno en la pascua: ¿queréis pues que os suelte al Rey de los Judíos? 40 Entonces volvieron a gritar todos diciendo: No a éste sino a Barrabás. Y Barrabás era un ladrón" (61).

   Y en el capítulo XIX sigue narrando que después de azotar Pilatos a Jesús, con el fin (según comenta la nota 3 de la Biblia de Scio, tomo V, página 255), de que viendo a Jesús en ese estado que podía mover a compasión a las mismas fieras, se ablandara su corazón:

      "4. Pilato pues salió otra vez fuera, y les dijo: Ved que os le saco fuera, para que sepáis que no hallo en El causa alguna. 5. (Y salió Jesús llevando una corona de espinas, y un manto púrpura). Y Pilato les dijo: Ved aquí al hombre. 6. Y cuando le vieron los pontífices, y los ministros daban voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Pilato les dice: Tomadle allá vosotros, y crucificadle: porque yo no hallo en El causa. 7. Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según la ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios. 15. Y ellos gritaban: Quita, quita, crucifícale. Les dice Pilato: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos Rey, sino a César. 16. Y entonces se lo entregó para que fuese crucificado. Y tomaron a Jesús, y le sacaron fuera. 17. Y llevando su cruz a cuestas salió para aquel lugar, que se llama Calvario, y en hebreo Gólgotha. 18. Y allí lo crucificaron, y con El a otros dos, de una parte, y a Jesús en medio" (62).

   A Pilatos le ocurrió lo que a otros que no son de esa "raza de víboras" –utilizando las propias palabras de Cristo- quien no se imaginó hasta qué grado llegaría su crueldad, pues es algo excepcional en la historia de la humanidad. Y es que habiendo renegado de su Dios y Señor, cayeron hasta lo más profundo del abismo. Si con Jesús hicieron lo que hicieron, ya no puede extrañarnos el horrible crimen ritual que estuvieron realizando los judíos durante varios siglos, de cuyos monstruosos casos existen irrefutables testimonios, incluso de santos de la Iglesia Católica. Este crimen ritual consistía – según es sabido- en capturar un inocente niño cristiano y someterlo, en Viernes Santo, a todas las torturas de la Pasión, haciéndole padecer la muerte cruel que dieron a Cristo Nuestro Señor. Reproducían con sangre fría, en el infeliz niño, la Pasión y Muerte de Jesús. La veneración que se rinde aquí en Italia al San Simón de Trento y al B. Lorenzino de Marostica, tienen precisamente su origen en que ambos fueron martirizados por los judíos.

   Todo esto nos parecería increíble si no existieran pruebas irrefutables de su realización, no sólo a través de la Edad Media, sino también en la Edad Moderna.

   Sólo una "raza de víboras" –como la calificara el Hijo de Dios- raza fría e inmisericorde, asesina de Jesucristo, puede haber llegado a esos extremos de vesania, que aún hoy día seguimos presenciando en los países comunistas en donde con lujo de crueldad torturan y matan a millones de cristianos y gentiles.

   Mientras la bestia permaneció encadenada –según los términos del Apocalipsis de San Juan- durante mil años, es decir, del siglo V al siglo XV, se redujo a crucificar niños indefensos, a escupir crucifijos e imágenes de maría Santísima, a ultrajar objetos sagrados, a intentar enlodar la santa memoria de Jesús y de María con blasfemias y calumnias horrendas; pero cuando la bestia se desató, a principios del siglo XVI, terminó por arrollar al mundo en los siglos XIX y XX.

   Ya no se redujo entonces a escupir y ensuciar sacrílegamente a los crucifijos ni a las imágenes de maría Santísima, ni a calumniar horriblemente la memoria de Estos. A falta de otros objetivos, ya no fue necesario que reconcentrara todo su odio y toda su crueldad sobre niños inocentes. Libre el monstruo apocalíptico de sus cadenas, libre ya de las leyes eclesiásticas y civiles que mantenían a los judíos encerrados en los guettos, separados de los cristianos, sin la prohibición de ocupar puestos dirigentes en la sociedad una tras otra, desatando su odio diabólico sobre toda la Cristiandad, que en los países comunistas está siendo sistemáticamente destruida.

   Confirma lo anterior el escritor judío Salvatore Jona, al decir:

   "Los hebreos, salidos del Guetto, se lanzaron a la conquista de todas aquellas posiciones, materiales y espirituales, que les habían sido negadas en los siglos pasados..." (63).

   Sólo la mano que martirizó a Jesucristo puede ser capaz de organizar checas y policías secretas para cometer crímenes espantosos y en número escalofriante, que no tienen paralelo en la historia.

   San Marcos en el capítulo XIV de su evangelio, nos dice:

   "1. Y dos días después era la Pascua, y los Ázimos: y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas andaban buscando cómo lo prenderían por engaño, y le harían morir. 10. Y Judas Iscariotes uno de los Doce, fue a los príncipes de los sacerdotes, para entregárselo. 11. Ellos, cuando lo oyeron, se holgaron: y prometieron darle dinero. Y buscaba ocasión oportuna para entregarle".

   Es necesario hacer notar que Judas no intentó siquiera entregarlo a los romanos, sino a los judíos, porque eran ellos y no los romanos los interesados en matar a Cristo. Por otra parte, no fueron los romanos, sino los judíos los que pagaron a Judas por su traición.

   Con un pasaje que demuestra cómo fueron los dirigentes espirituales y civiles del pueblo judío y no los romanos los que mandaron aprehender a Jesús, San Marcos, continúa:

   "43. Y estando aún El hablando, llega Judas Iscariotes, uno de los Doce, y con él grande tropel de gente, con espadas, y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas y de los ancianos. 44. Y el traidor les había dado una señal, diciendo: Aquel que yo besare, Aquel es: prendedle, y llevadle con cuidado. 46. Entonces ellos le echaron las manos, y le prendieron. 53. Y llevaron a Jesús a casa del sumo sacerdote: y se juntaron todos los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos. (Es decir, los dirigentes del pueblo judío, la más amplia representación de Israel). 55. Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio buscaban algún testimonio contra Jesús para hacerle morir, y no lo hallaban. 56. Porque muchos decían testimonio falso contra El...59. Y no se concertaba el testimonio de ellos. 60. Y levantándose en medio el sumo sacerdote, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes alguna cosa, a lo que estos atestiguan contra Ti? 61. Mas El callaba, y nada respondió. Le volvió a preguntar el sumo sacerdote, y le dijo: ¿Eres ti el Cristo, el Hijo de Dios bendito? 62. Y Jesús le dijo: Yo soy: y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y venir con las nubes del cielo. 63. Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestiduras, dijo: ¿Qué necesitamos ya de testigos? 64. Habéis oído la blasfemia: ¿Qué os parece? Y le condenaron todos ellos a que era reo de muerte. 65. Y algunos comenzaron a escupirle, y cubriéndole las cara, le daban golpes, y le decían: Adivina: y los ministros le daban de bofetadas" (64).

   Durante cerca de dos mil años, todo el mundo se ha quedado horrorizado de la crueldad y dureza de corazón demostradas por los judíos en el martirio de su propio Dios, crueldad y sadismo que se ha manifestado con posterioridad en dondequiera que intervienen, especialmente en aquellos países en los que han logrado imponer su dictadura totalitaria, socialista o comunista.

Los santos Evangelios nos muestran claramente tres –de las que han sido y siguen siendo- armas favoritas del judaísmo en su lucha contra la Cristiandad: el engaño, la calumnia y el crimen; las tres, utilizadas implacablemente hasta contra su Dios y Señor. Posteriormente las utilizan contra toda la humanidad, habiéndoles valido el nombre que tan justamente ostentan de "padres del engaño y de la calumnia".

Con estas innobles armas abaten fácilmente a los más firmes defensores de nuestra fe, quienes caen sin remedio ante el ataque traidor de los agentes del judaísmo metidos en la Iglesia.

Los supremos gobernantes y dirigentes de Israel –el sumo pontífice Caifás, los príncipes de los sacerdotes, los ancianos, magistrados, escribas, herodianos y hasta los influyentes fariseos- fueron responsables del deicidio, puesto que en un principio la masa seguía a Cristo y los que planeaban su muerte temían al pueblo; pero, poco a poco, fueron los sacerdotes y dirigentes envenenando el ambiente y convenciendo al pueblo en contra de Jesús, hasta que por fin consiguieron enfrentar a las turbas contra su Mesías, como lo prueba el siguiente pasaje del Evangelio según San Mateo:

   Capítulo XXVII. "1. Y venida la mañana, todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a la muerte. 2. Y lo llevaron atado, y lo entregaron al presidente Poncio Pilato. 15. Por el día solemne acostumbraba el presidente entregar libre al pueblo un preso, el que querían. 16.- Y a la sazón tenía un preso muy famoso, que se llamaba Barrabás. 17. Y habiéndose ellos juntado, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os entregue libre? ¿A Barrabás, o por ventura a Jesús, que es llamado el Cristo? 20. Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos persuadieron al pueblo que pidiese a Barrabás, y que hiciese morir a Jesús. 21. Y el presidente le respondió, y dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os entregue libre? Y dijeron ellos: a Barrabás. 22. Pilato les dice: ¿Pues qué haré de Jesús, que es llamado el Cristo? 23. Dicen todos: Sea crucificado. El presidente les dice: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos levantaban más el grito, diciendo: Sea crucificado. 24. Y viendo Pilato que nada adelantaba, sino que crecía más el alboroto; tomando agua, se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: allá os lo veáis vosotros. 25. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Sobre nosotros, y sobre nuestros hijos sea su sangre. 26. Entonces les soltó a barrabás: y después de haber hecho azotar a Jesús, se lo entregó para que lo crucificasen" (65).

   Este pasaje, por sí solo, constituye una prueba de plena culpabilidad de los judíos en el asesinato de Cristo Nuestro Señor. Demuestra también, la responsabilidad que tuvo el pueblo judío en este crimen, pues, no obstante que sus dirigentes religiosos y civiles y sus representantes legales lo premeditaron, lo prepararon y lo consumaron, a última hora el pueblo en masa pudo haberlo salvado, pidiendo a Jesús en lugar de barrabás, en vez de lo cual pidió que se dejara libre a este último y exigió que se crucificara a Jesús, aunque cayese sobre ellos y sus descendientes la sangre del Hijo de Dios.  

Contenido del Sitio


NOTAS

  • [51] Biblia, Evangelio según San Juan, Cap. VIII, Vers. 37 y 40.            
  • [52] Biblia, Evangelio según San Juan, Cap. VII, Vers. 19, 20.
  • [53] Biblia, Evangelio según San Mateo, Cap. XXI, Vers. 23, 45 y 46.
  • [54] Biblia, Evangelio según San Marcos, Cap. III, Vers. 1, 2, 5, 6.
  • [55] Biblia, Evangelio según San Juan, Cap. V, Vers. 18.
  • [56] Biblia, Evangelio según San Lucas, Cap. IV, Vers. 28, 29.
  • [57] Biblia, Evangelio según San Juan, Cap. VII, Vers. 1.
  • [58] Biblia, Evangelio según San Lucas, Cap. XXII, Vers. 1, 2.
  • [59] Biblia, Evangelio según San Juan, Cap. XI, Vers. 47, 49, 50, 53, 54.
  • [60] Biblia, Evangelio según San Lucas, Cap. XXII, Vers. 3-6.
  • [61] Biblia, Evangelio según San Juan, Cap. XVIII, Vers. 1, 2, 12, 13, 14, 24, 28, 39, 40.
  • [62] Biblia, Evangelio según San Juan, Cap. XIX, Vers. 4, 5, 6, 7, 15, 16, 17, 18.
  • [63] Salvatore Juna, Gli ebrei in Italia durante il fascismo. Milán, 1962. p. 7.
  • [64] Biblia, Evangelio según San Marcos, Cap. XIV, Vers. 1, 10, 11, 43, 44, 46, 53, 55, 56, 59-65.
  • [65] Biblia, Evangelio según San Mateo, Cap. XXVII, Vers. 1, 2, 15, 16, 17, 20-26.
1