LA OTRA LUNA




Tapa de "La otra luna"







A Belén y a la luna
Que me dan de vivir

LA LUNA
(A María Kodama)

Hay tanta soledad en ese oro.
La Luna de las noches no es la luna
Que vio el primer Adán. Los largos siglos
De la vigilia humana la han colmado
De antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.

Jorge Luis Borges





PROLOGO


Innumerables veces, la luna en la poesía. La luna mujer y astral. Los escritores tienden, invariablemente, a ella. Esteban Charpentier tiene conciencia de eso. Basta con leer su Arte Poética para saberlo. En su nuevo libro, los temas fundamentales de la literatura –el amor, el arte, el dolor y el mismo juego- cobran una voz diferente, sólo posible en virtud de una condición natural para el canto y un elaborado manejo técnico de los poemas. La voz, entre angustiada por los insondables avatares del tiempo y el siempre afortunado enigma de la vida, aparece intacta en medio del desafío: no se trata del arte de prodigios como dijera Borges, sino de la verde eternidad de la palabra. El remanso, aquella Itaca perdida y añorada en los prolongados viajes del recuerdo. Volver allí, a esa isla de verde eternidad, no de prodigios.
El poeta ha dado con el exacto tono de su voz y predica, una y otra vez, la lección necesaria: ese tono se halla más en la búsqueda que en la meta. Y en esa busca infinita –del hombre particular y del hombre genérico- surge la identificación, el encuentro, la palabra, el poema que es, en sí mismo, una pregunta capaz de sobrepasar el mero alcance de la circunstancia para convertirse, como dijo Kafka, en el hacha que rompa la mar congelada en nosotros.
Las emociones más profundas expresadas a través de imágenes cotidianas, tan familiares y enigmáticas como la luna.
Es el escritor que se arroja de lleno hacia lo inalcanzable. No se trata de una pesimista visión de lo imposible sino que se vislumbra, más bien, la felicidad propia del canto, la necesidad de escribir a pesar de todo. La necesidad de escribir aún lo que otros ya dijeron. Es el verdadero secreto, la llave, el viaje submarino desde la superficialidad busca de originalidad temática al abismo siempre vigente de las cuestiones que asombran al hombre desde los tiempos. A través de dispares configuraciones –soneto, jitanjáfora y, esencialmente, el verso libre-, es posible adivinar la voz del poeta y, también, la promesa de seguir intentándolo, la certeza –la única posible- de que la búsqueda sigue en pie.

Esther Cross





INDICE

DEDICATORIA “LA LUNA”
PROLOGO
ARTE POÉTICA
VINCENT
NOSTALGIAS INMINENTES
LA ODASÍA (Jitanjáfora)
REDENCIÓN
EN LA LLANURA, SORPRESIVO EL MÁRMOL
DESPLEGÓ LA NOCHE SU ENCANTÓ SOLITARIO
DE DIÁLOGOS EN LA LLUVIA
TODAVÍA HOY
POEMA FINAL
POEMA
LO QUE FALTA DECIR
DESPUÉS
VECES
MENSAJE
DE UN BREVE AMOR
REQUIEM
SE PERDIÓ EL LABERINTO, SE PERDIERON
INFIDENCIA
SOMBRAS
TRAMA
UNA MUJER TU LUNA
SI LOS VERSOS MÁS TRISTES...
POEMA
POEMA
POEMA
CONSEJERO
PARTIDA
POETA
POEMA
ANTES DEL ADIÓS
SONETO
ARTE POÉTICA II




ARTE POÉTICA

Tal vez, palabras que no he dicho aún,
O las que tú has callado, sean el tema.
Tal vez escriba de lo que no he visto,
De lo que otros no creyeron,
De lo que no he leído.
Posiblemente mis futuros versos,
Sean de otros y no míos,
Deformaciones, cambios variaciones,
De lo que otros ya dijeron.
Puede que sea algo que aún no ha sido,
Un cuadro que rondó mis sueños,
Una mano que se posó en mis manos,
Una flor de un jardín,
Un otoño que no ha cesado.
Tal vez...
Sólo espero escribir, sólo eso.


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VINCENT

Pese a los límites que le impusieron,
Después de tanta imagen, tanto arco iris,
algo de luz se escaparía al fin
De las pupilas permanentes, cóncavas,
De los pastores y labriegos.
Ciento diez girasoles
Orientaron sus voces
Hacia el grito del sol
Empapado en lágrimas
Y ellos también lloraron al pintor
Mucho antes de quedarse ciegos.
En las olas de savia
Que trajeron los vientos,
En sus mares azules y naranjas
Fluyeron apacibles, transparentes,
Latidos de pinceles,
De manos que danzaron y olvidaron
Su amanecer de paja en los sombreros
Y un nombre en el que permanecen libres.


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NOSTALGIAS INMINENTES

Vendrá el silencio de los pianos,
Sucumbirá mi mano a la vigilia
Y alguna luna ardiente
Cometerá adulterio.
Al borde de tu cama
Reposarán tus sienes,
Vendrá el recuerdo de tus senos
Y dormirá a mi lado
Mientras las secas lágrimas sacude
Sobre un cuaderno ajado que se ha muerto.
Vendrá el misterio de tu ausencia,
La calma de los versos releídos,
La espera en los relojes inminentes.
Vendrá la noche con tu voz,
La radio con tu música,
Tu rostro, las imágenes, tus dedos.
Vendrán... pero tal vez no quiera verlos.


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LA ODASÍA (Jitanjáfora)

Allá donde los prunos cotan su hima
En truentos causos de auna sinedecta
Espluyen los ocruyos en su flecta
Un racino de glumas que tarima.

Fue ese el sucro que confuló la suíma
Fueron sus cletos los que con parecta
Trafutaron luetos la miria cunecta
En diome de la jacta y la coruíma.

Pero algemos las glumas de los quentos
Poremos la miria y la carumbra
Breso los pálapos de tus furentos.

Tenuctos de flaror, tenuctos de humbra
Platieron los mirosos sus filentos
De naras, de cálises y de sumbras.


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REDENCIÓN

Y la ciudad discurre ignominiosa,
Fingiendo en sus silencios,
no percibir la ausencia de unos pasos
que ya no la deambulan.
El nombre del poeta,
Es mencionado sin querer en el café,
Alguien posee el recuerdo de un poema,
Pero se encarga de ocultarlo
En una especie de homicidio.
Un brindis frívolo se esboza
Entre los parroquianos complacientes.
Desde un rincón oculto, algunas lágrimas,
Redimen su memoria del hastío.


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EN LA LLANURA, SORPRESIVO EL MÁRMOL

En la llanura, sorpresivo, el mármol
Descansa oblicuo creo que esperando,
Que alguna ráfaga de fuego
O el fluir de las aguas estivales,
Esparza entre sus grietas
De donde brota el lacre,
Pausas intemporales o silencios
Y así alcanzar por fin tus manos.
Como en una esfera de marfil que busca
En la contemplación de su trayecto,
Huellas que le recuerden
Viajes imaginados,
Vuelve cada jornada
Con unas flores de castaño.
Mas cuando nadie mira
O simula ignorarlo,
Contra el crepúsculo se duerme,
Acurrucado al mármol
Y en un abrazo frío
Se roba algunos besos atrasados
Que la ilusión o la locura,
Desconsoladamente le van dando.


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DE DIÁLOGOS EN LA LLUVIA

En un abrir y en un cerrar de espejos
Amanecieron lluvias,
Contradicciones otoñales,
Y un sueño que se dibujó en los cielos.
Centro azul del cristal, iridiscencia,
Magia pluvial, simbología,
Sacrificio envasado en el origen
De los tiempos perdidos.
Para el que quiera ver que vea,
A través de los vidrios empañados
A quienes corren hacia un cine
Que explota en las tinieblas,
Y el que así no lo quiera,
Que se venga conmigo
A beber cada gota llovida,
A munirnos de baldes y molinos,
A entremezclarnos con los sauces
Y destruidos campanarios,
Para volver con la cabeza
Abierta por un rayo
Y escribir lo que Dios,
Tomándonos por sauces,
Nos dijo esa mañana.


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DESPLEGÓ LA NOCHE SU ENCANTO SOLITARIO

Desplegó la noche su encanto solitario
Y anduvieron marineros
Con la cara de luna
Bebiéndose hasta la última tristeza,
Cantaron himnos de piratas,
Recordaron tormentas y mujeres,
Sobre todo mujeres.

El viento se llevó las voces,
Las botellas rodaron hasta el mar,
Barco vacío, brújula sin norte
Y norte sin sentido.

Cálidas lejanías
Brotan desde la calma y el silencio
Mientras los sueños duelen en la mente,
La fantasía desemboca
En un muelle imaginario
Donde no los espera
La sombra que no llaman, pero viene.


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TODAVÍA HOY

Aunque intenté evitarlo igual vinieron,
Entremezclados, desprolijos,
Con tus colores impregnados
Y mis miedos de nuevo.
Volvieron los recuerdos
Cargados de tus manos sin caricias,
De íntimos besos sin criterio,
De inmejoradas ceremonias,
De luz, de bálsamo, de cielos.
¿Quién me lo negará?
¿Quién dirá que esos fueron sueños?
Si yo sé bien que vuelven y volvieron,
Como vuelven a florecer
Aunque así no lo quieran los ciruelos.
Siempre me has dado y todavía,
Todavía me das de amar,
Aunque solo te tenga entre silencios
Con las manos cargadas de clepsidras
Y los ojos abiertos.
Siempre me has dado de vivir
Y es por eso que estoy viviendo
Hablando de tus cosas
Que son las cosas simples
Con las que reinventé aquél mundo
En el que todavía hoy, te tengo.


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POEMA FINAL

Y la nieve se hizo agua
Con lentitud de otoño,
Y la poesía aún no develada
Se convirtió en océano.
Sobre una piedra vacilante
Desperdicié mi ocaso,
Agoté los mensajes
Que recibí de la memoria
Y la luz que robé de tu alma.
Y no hubo otro silencio más etéreo.
Nunca sabré si me buscaste,
Porque tratando de olvidarte,
Esa mañana
Me perdí en el mar.


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POEMA

Si tuviera que hablarte por las noches
Anticipándome a las madrugadas,
Si deambulara por tu cuerpo
Definitivamente
Y me quedara entre las manos
Tu contorno indeciso.
Si no encontrara precipicios
Cosas rememoradas, calendarios,
Fotografías y clepsidras.
Si detuviera para siempre
El miedo y el dolor de mis canciones
Los relojes del alma,
Alguna lágrima que ya no espero.
Si algo pasara entre nosotros,
Cualquier cosa que fuera,
Un encuentro, un recuerdo
Como un vasto tañido en el ocaso,
Como una sacudida de la tierra,
Como un abrazo frío,
Como eso que quisimos que pasara
Y no pasó esa tarde de febrero.


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LO QUE FALTA DECIR

Después de todo el tiempo transcurrido
No sé si sé como eres.
Sé que al amanecer
Son tus pies lo que están entre los míos,
Reconozco tus manos en la noche del miedo,
Descubro tu mirada repetida
En las pausas del sueño.
Y de todas las cosas compartidas
Me limito a tu rostro,
Me levanto y disfruto
La tormenta en tu espalda,
El calor de tu llanto nuevamente,
La vergüenza trivial de los silencios.
Después de tantas breves vidas,
Sé que eres mis poemas,
que te he encerrado en mi memoria
Que no son solo míos los recuerdos.
Pero una ausencia se trasluce
En alguna mirada, en algún gesto,
Si es que hay algo que falta que te diga
Déjalo en mi interior, por el momento.


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DESPUÉS

Todas las luces se apagaron
Para formar la noche,
Los colores del alma
Iluminaron las estrellas
Y las manos serenas recorrieron
Su dulce itinerario hacia la página.

Como una sombra un nombre
Deambulará por los altares
Burlará los recuerdos
Equivocándose con los silencios.

Y a la mañana muy temprano,
Veré brillar las hojas
Como si un beso tuyo
Las hubiera rozado.

Cuando se extingan las palabras,
Germinada la vigilia,
Desde algún verso intentaré evocarte
Para alejar el sueño que te olvida.


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VECES

Otra vez, concientemente
Adiviné los arquetipos
Sutiles signos del exilio.
Y en el viento detenido entre los árboles
Reconocí mi casa sin espejos,
El cielo reflejado en un reloj,
Las lunas atrapadas en el cero,
Una botella derramando
Espesas gotas en mis pantalones.
Un hombre que parece un pájaro
Que sube y sube atravesando puertas,
Penetrando una luz que lo enceguece,
Oliendo el mar desescamado.
Otras veces, perdido develé
La inútil búsqueda, de los rincones
En un sombrero negro,
La llave que ha herrumbrado
Y que nadie reclama,
La corbata que es una herida,
La mirada sin ojos
Tan grande como las palabras,
La voz de mis encuentros
Como una hereje melodía.
Otras veces, cansado de gritar
Desordené mi barba
Y escribí en las paredes blandas
Lo que nunca diré o será leído.


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MENSAJE

Una Naranja cae sobre un espejo roto
Rayos de luz escapan de la herida
Y se incrustan en un vestido púrpura
Que parece querer escapar del marco.
A lo lejos un campanario se flexiona
Reverenciando a una galera negra,
Más aquí una escalera sube
A un hueco oscuro que perfora el cielo.
No hay árboles solo hay montañas,
En el espejo la naranja es una luna,
No hay nombres solo rosros, rastros
De un mensaje que hasta hoy
No fue entendido.


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DE UN BREVE AMOR

Te amé durante una hora y vuelvo a amarte,
hoy durante otra hora, en la callejuela
soleada de un pueblo de montaña
Hermann Hesse



Sus ojos se asomaron al café,
Sus manos como un viento
Despejaron su frente,
Quedamos casi solos, entre tantos.
Sé que no pudo verme.
Sé que estuvo mirando.
La amé durante una hora
Con la pasión que se madura en años.
La olvidé al terminar mi copa
Pese a haberla querido tanto,
Como jamás la habrán querido
Ni tampoco olvidado.
De este tan breve amor
Hoy sólo queda un rastro.


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REQUIEM

A veces surgen de las depresiones
Constantes alusiones a tu muerte,
Y la tétrica luz de esas palabras
Que se diluyen silenciosamente,
Auspicia así una tregua del reloj,
Un impensado cambio de opiniones.

Lo negativo tiene reiterados
Colores que inventaron nuestros sueños
Y alguna inesperada ausencia trae
Su parca y conocida lasitud.

En soledad prodigarás tus versos,
Como quiera que quieras nuevamente
Cada vez más precisos y simétricos,
Como si fuera necesario aún
Desangrarte en la entrega de tu alma.

¿Quién inyectó en tus ojos la nostalgia?
¿Quién te quitó del medio de la vida?
En qué rincón de la ciudad persistes
Chorreando lágrimas irracionales,
Comprando poco a poco alguna luna,
Esperando sentado en tus emblemas
Que te pidan perdón por tu locura.


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SE PERDIÓ, SE PERDIERON...

Se perdió el laberinto, se perdieron...
Jorge L. Borges



Se perdió el laberinto, se perdieron,
Mis manos en tu cuerpo,
Tus ojos en mi piel, en mis pupilas,
El tiempo en los espejos y en la nube,
Mi voz en una página escondida.

Se perdió la nostalgia, se perdieron,
Las pausas convenidas,
Tu voz en mi saliva,
Las copas derramadas y el recuerdo,
La magia del placer indefinida.

Se perdió el paraíso, se perdieron,
Tu boca en mis orejas, tus caricias,
Las sombras de los dos en las esquinas,
Y esa inmensa blancura de las sábanas,
A veces tan intensamente compartidas.

Se perdieron las almas, se perdieron
En un atardecer de primavera
Que conmemoran estos versos míos.


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INFIDENCIA

Ya no es clara la noche, está temblando,
Una vela derrama
Postreras lágrimas de cera,
Ondean las cortinas en la sombra,
El viento ha entrado en mis zapatos,
Sin duda están bailando.
Un astro errante parte en dos la Luna
Y has tomado un pedazo en cada mano.
Despúes de un número preciso y par
De campanazos congelados,
Comimos dulcemente
En nombre del amor,
Cada uno su pedazo.
Y entre todas las formas que escogimos
Para alterar el tiempo y el espacio,
No acabo de entender porqué esta noche
De vino y de Cortazar
De viento audaz, de piano,
Sin comprender nos fuimos separando.
Tiembla la noche oscura,
Y estoy llorándote desde otros brazos.


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SOMBRAS

La sombra acompañada por la noche
Llegó a la orilla de la casa,
Golpeó la puerta de la mano
Del viento, y la tormenta
Entró por la ventana
Sin que le abriera nadie.
En el fuego aguardaba
Una olla con sopa de cebollas
Como debía ser en los inviernos
Y siempre que el dinero les faltara.
No había relojes ni almanaques,
Ella sabía esperar,
Dejar pasar las nubes
Encima de la ausencia
Sería su destino,
Como fue el de su madre.
Jamás salió de la comarca
Ni dejó de buscar despacio,
Nunca llegó a enterarse del naufragio
Ni entristeció por la paciente espera.
Una noche él por fin llegó, se dijo,
O ella fue hacia él, tal vez, fue extraño.
Acompañada por las sombras
Y el sonido del mar
Serenamente desapareció,
Andando suave sobre pies sin barco.
La chimenea sigue humeando,
La noche acompañada por la luna
Se aleja de la casa iluminada.
Desde el camino alguien percibe
Dos sombras en el mar que se abrazaban,
Dos sombras en el mar con pies sin barco.


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TRAMA

Casi ilusoriamente, reconozco,
Quise hacer de tus ojos mi costumbre.
Y detrás de ese fin
Involucré mis sueños,
Descarté tus retratos
Cargado de deseos,
Permitiéndome ciertas deslealtades
Que hasta hoy no comprendo.

Tal vez lo que te digo
No se parezca a mí
Como siempre sucede,
Y te hayas dado cuenta,
como siempre lo has hecho
En lugar de rescatarte
Aquella noche infausta,
Te dejé hundi en el silencio.

Siempre recuerdo aquél adiós, mi culpa,
Aunque posiblemente
La memoria agregó ciertas palabras
Que sólo sirven a lo lejos.
Y desde aquellos días mi consuelo
Es cubrirme en tu imagen,
Deleitarme en tus labios,
Empaparme de luna,
Recordar a mis manos
Dibujando tus senos,
Confundirme en tus cartas
Interpretándote, redescubriéndome.

Aunque tal vez no hayas escrito
Ni para el tiempo o la memoria,
Somos distintos y también
Ese es el modo en que lo siento.
Mis libros como el polvo se diluyen,
Tus palabras en cambio,
Como si fueran viento,
Me van erosionando, carcomiendo.

Y es verdad como dicen,
Que te llevo en el rostro
En las manos y el cuerpo,
Incrustada en la mente,
Que no ha hablado o escrito,
Que inventé los encuentros.
Aunque quizá también sea cierto
Que te han visto llorar,
Que has gritado mi nombre
Y deseaste mis besos.

Siempre hemos deambulado
De laberinto en laberinto,
De mano en mano y beso en beso,
Y esta trama de amor que hasta hoy nos desune,
Tal vez mantenga la ilusión,
Tal vez, sólo tal vez
Haga a tus ojos mi costumbre
Y en nuestros sueños, sí,
Estemos algún día involucrados.


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UNA MUJER TU LUNA

Y si esa noche espesa y clar en mayo
Hiciste de una mujer tu luna,
Rescataste solo entre ejercicios de adivinación
Esa serena calma de los lagos
Celebrando el amor.
Porqué te equivocaste al encubrir
Contigüidad de manos temerosas
Sudorosas arrepentidas,
Y resignado te sentaste a esperar
Ver la verdad recién en las heridas
Ese dibujo inacabado,
Esa pasión antigua
Y la ciudad también en las heridas
Y la poesía y la nostalgia
Y la razón y el alma
También en las heridas?
Porqué dejaste de pensar
Desde el fondo del hombre que inventaste
Entre el torrente de ilusiones,
Entre las plumas grises de tus sueños,
En cada una de tus predicciones?
Como si hubieras descubierto al fin
Que el día aquél en que la hiciste luna
El cielo entre las manos te dio miedo.


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SI LOS VERSOS MÁS TRISTES

Si los versos más tristes no hubieran sido escritos.
Con el penúltimo latido del crepúsculo,
Cuando el hombre contempla
Los cuerpos que se lavan el amor,
Seguramente sí, seguramente,
Los sueños que engendraron las vigilias,
Las misteriosas lágrimas,
Volverían a ser posibles.

Sobre la arena tersa y poderosa
Alguien ha desvirtuado
El mensaje de tiempo de los vientos,
Y mi alma en el alero del sosiego,
Desde un rincón de la memoria
Donde los besos, los placeres y los llantos
Se suceden como abedules en invierno,
Se lastima en silencios.
Por los caminos donde alguna vez
Abrazados al ansia deambularon tus miedos,
Expandiéndose por tu cabellera
Que alimenta la sed,

Provoca tempestades de recuerdos,
No he sentido el desequilibrio
De la salida o el exilio hacia los cielos.

Sin embargo renace
La seducción como una llama
Secreta en la mañana,
Y padecemos de las tibias
Angustias enquistadas,
De praderas, de estepas y de musgos,
Reingresando otra vez en mis adentros.

Si los versos más tristes no estuvieran escritos,
Y yo no hubiera cometido
Esa locura horrible de quererte,
Tal vez desde este amor recobraría,
Esa necesidad
De emprender vuelo en las palbras y los vientos.


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POEMA

Han sido ciertas mis tribulaciones,
Ciertas palabras que ya no recuerdo,
Pero yo no deseo esta memoria,
Ni la fidelidad de tu reflejo,
Los ojos brularán sus pretensiones,
Se acostarán conmigo en esta Luna.
Para algunos no merecemos ser,
Pero si nuestras almas se divierten,
Deberán acatar ese destino,
Que aunque no pretendemos nos impone,
El delirio espontánea del amor.


A INDICE



POEMA

Hubiera sí jurado que me hablaron,
Las cálidas espigas de tu vientre.
Lo que mis ojos no vieron,
Lo que mis labios ya callaron
Lo que he tallado en tu cintura,
Y que hoy se enreda en tu tristeza.
Mudo sudor, regazo calmo,
Respondo sin estigmas,
A la íntima llamada de tus dientes,
Recorro la distancia,
Hacia tus pies enamorados,
Tus remotísimas entrañas
De seda, acariciadas,
Que cantan su dolor de piedra.
Melancolía y candidez
En la fiesta posible,
Huracanes, salitres, se desvanecen
Al despertar de aquellos vientos inmemoriales.
Después de cometer otros silencios,
Olvidamos tan simplemente
Era dejar atrás nuestras esencias.
Mar de hielos y de alas
En medio de tus manos, atapado en tus pechos,
Intimamente me consagro
A la secreta eternidad de nuestro amor.


A INDICE



POEMA

Sólo porque teníamos que hacerlo,
Apasionadamente,
Con un pequeño puñado de sombras,
Que acuñas en tus memorias.
Desde extrañas miradas,
Crisol de labios empapados,
Parque azul de mis desencuentros
Meta mágica de colores y de puentes,
Seguramente esperaremos
En la mitad de los vientos,
Con la arena hasta el borde de los ojos,
Como en algún tiempo.
Esa es la clase de espesura
Que los minutos ambiguan,
Cierto es que moriremos,
Cierta es la verdad de tus pupilas,
Y esta angustia en la garganta
El espacio impropio entre los cuerpos,
Esa manera de evitarnos,
Y esa cosa inevitable del deseo
Que desató mi voz,
Que llegó a otra puerta,
Que entró en tu alma
Y vive dulcemente,
De lo impredecible, lo furtivo,
Que da una soledad ilusionada.


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CONSEJERO

Ahuyenta si es cierto que las ve todas tus auras,
Y esgrime en su escapada
Un manto lejano de escarcha,
No conoce las barbas, ni los pensamientos tardíos,
A veces emprendió contra los soles
Y catapultó sus mensajes hacia tu alma.
Quiero que vuelvas a escucharlo,
No existe si no quieres ya su ausencia,
Despiértalo de su placentero letargo
Y tráele a la mente otra vez sus silencios.
Dejémonos perdonar si lo merecemos,
Y recemos por los pecados de creer,
Algo desde lo interior está reclamando,
Que vuelvas a sentir tu espalda,
Su lágrima melliza,
Su innecesariedad y su no ser.


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PARTIDA

Si decidieras finalmente,
Partir que sea de mañana,
A la hora de las caras sin pinturas,
De las lagañas como medialunas.
Si decidieras irte,
Con restos de jabón en las orejas
O tal vez sin orejas,
Sin compartir un último café
Y sus inevitables consecuencias.
Si así lo decidieras,
Te pido que sea en silencio,
Sin un mensaje en el espejo
Que aún no ha cicatrizado,
o la caricatura de un adiós
Insinuado en los labios.
Si te vas, ya no importará,
A la hora de los mediosoles,
de los remedios y las medias tintas,
hora en que están dormidos los suicidas.


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POETA

Los espejos del paraíso
Conjuraron con sus silencios
Una verdad incierta y otra verdad tu muerte.
Regreso inesperado de de palomas,
Tu atardecer aislado de repente.
Como siempre burlaste
Sin otro alivio que reconocerlo,
Las inocencias que colgaban en los patios
Predispuesto al extraño cautiverio del sueño.
Que irrealidad tu dimensión,
La soga que te unía a las nubes,
El collar celestial que incrustaste en tu cuerpo.
Algunos te han buscado,
Algunos siguen preguntándose
A qué hora desataste tu locura y tus zapatos,
Ciego desde tus alas de barro,
Desafiando intemperies,
Avalanchas de labios,
Inventando los púrpuras que dominan el cielo.
Pienso en la libertad y en tu pañuelo,
En tu sed tibia de palabras
Que desde algún lugar hoy te enloquece.
Allí en tu paraíso,
El río se perdió por los breñales
Como una dulce alondra color verde,
La laguna por su inocencia
Se entregó al viento de repente,
Los árboles rendidos a los miedos
Murieron con sus pájaros.
Mas tu poesía permanece
Y es vida mientras dure tu otra muerte.


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POEMA

Las ilusiones descorrieron esos velos,
Que acostumbrada a abandonar
Como si fueran ceros,
Y aparecieron implacables
Aquellas raras alucinaciones,
Tus pechos movedizos,
Tu entrepierna estructura de pantano,
Tu miel como una sangre amarga. Y me disuelvo,
Me hunde la emoción entre tus rocas,
Quiero pasar de cosa a cosa,
Detener el reloj en el espejo
La luz en tránsito aparente
A la velocidad del odio,
En los viejos retratos polvorientos.
Me he quejado del tiempo
Y las espadas en la mano
Devolví a la memoria el vuelto
Y siento que si doy la espalda
Se escurre entre mis párpados
Estrellándose en el papel
Revelación del cielo.
Y lloro contra el muro de tu risa.
Y regreso sin más a nuevos sueños.


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ANTES DEL ADIÓS

Las nubes se tendieron sobre el cielo
Y rumbo hacia el ocaso despuntaron
Palacios de palomas que cantaron
A la luna y los páramos de hielo.
Gritos de grises se precipitaron
Y algunas aves levantaron vuelo,
No fueron camuflaje y sí señuelo
En los surcos vacíos que trazaron.

Miro en mis manos las primeras gotas
Y siento los latidos del espejo
Sobre un manto de palabras rotas.

En tus pupilas, tu mirar perplejo,
Dibuja el agua y ni siquiera notas
Que simplemente y sin querer te dejo.


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SONETO

La tarde iluminada de mañanas
Parece demorarse en la marea
Y un barco a la deriva se menea
En aguas que serán americanas.

En la playa hay miradas muy tempranas
Bajo el bauprés la proa coquetea,
Mientras se acerca a islas tropicanas.

Invaden nuevos horizontes tierras nuevas
Conquistan las mujeres y las cuevas
Celebran asambleas y fracasos;
Cambiándoles los nombres y algún mito
Dejando de recuerdo como un hito
Velas que apresan últimos ocasos.


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ARTE POÉTICA II

Porque si me olvidara de los sueños
Me perdería el cielo.
Por la Luna que es ese espejo
Donde una vez aparecimos ciegos.
Por el trabajo del recuerdo en la agonía.
Porque la lluvia minuciosa y terca
Fue grabando en mi piel ciertas palabras.
Por las imágenes e ideas. Por tus ojos.
Por los pros y los contras y los miedos.
Por esos patios amarillos
Y las esquinas blancas
Donde anclaron las almas.
Por el febril impulso del poema.
Por la nostalgia y la vigilia.
Porque me arden las manos.
Porque has llorado al verme.
Por ciertas muertes y la vidas todas.
Porque hoy es lunes y además,
Porque si no escribiera moriría.


A INDICE



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