EL CARNAVAL

 

 


 

 

Principal | Firmar Libro | Email  | Leer libro                Año 1 Nº 1


De un ataque al corazón murió anoche un payaso, lo más divertido del caso es que cuando su cuerpo se hallaba inerte, la gente aplaudía e insistía que repitiese la muerte. Es el payaso en esta vida, que Dios destinó a sufrir porque tiene que hacer reir aunque tenga el alma herida. No pidais que me ría porque de mi risa me espanto he reído tanto, y tanta carcajada de dolor que en este mundo traidor se aprende a reir con llanto. Querido público presente sólo un aplauso pido para guardarlo en el pecho y como un payaso agradecido.

(José Maturana)

 


 

 

 

 

 

 

 

 

UNA TARDE

 

Tenía tantas heridas

que una más no me importaba

eso pensé aquella tarde

fue después que me di cuenta

que sólo esa no sanaba.

Aquella tarde de otoño

quedó impresa en mi alma,

!cuántas quimeras doradas

se marcharon con mis sueños!

!Y cuántas cosas bonitas

murieron dentro de mí!

y aunque me quise reir

de mi disfraz de payaso

de mis ilusiones vanas

medio corazón reía

y el otro medio lloraba.

 

(El Chino)

 

Las horas del payaso

 

Las horas del payaso pasan dolientes

a la espera del acto que lo hará gracioso,

se pinta el rostro con pintura indeleble

no vaya a ser cosa que lágrimas viejas

revelen al mundo su llanto y su pesar.

 

Las horas del payaso pasan dolientes

en su trailer repleto de trajes de risa,

de colores vivos, de sedas brillantes,

de tristezas tan grandes como su sonrisa roja

pintada con la sangre de un agrio recuerdo.

 

Las horas del payaso pasan dolientes

mirando al espejo lo que queda después

de pasar las tinturas por sobre las arrugas,

las naturales cicatrices de una vida ponsoñoza,

las caídas y rodadas de otro circo.

 

Las horas del payaso pasan dolientes

pues hará reír habiendo llorado

una pena de amor, tan vieja y tan nueva

que las lágrimas arrastran aún lo indeleble

y dibujan un río escarlata en su rostro.

 

Las horas del payaso pasan dolientes

pues el río está llegando al corazón

y cuando allí llegue será el fin último,

la muerte esperada, la que provocará risas

en las gentes sentadas en las butacas.

 

Las horas del payaso pasan dolientes,

el payaso apunta la pistola a su cuerpo

y dispara, el cartel “bang” cuelga del arma,

el payaso ha caído, las risas estallan

y detrás de su pintura el payaso llora

la realidad que lo inunda, no ha sido un disparo,

era sólo su acto, ha de levantarse y continuar. 

 

(JERICÓ)

 


 

Colombina

 

En el tumulto de los húsares de Momo,

encandilado por las luces de otro barrio,

aquel murguista saludando con su gorro,

se despedía, como siempre, del tablado.

 

Entre la nube de pintados chiquilines,

vió la sonrisa que enviaba una princesa,

entre los rostros de mezclados colorines,

dudó si era para él la gentileza.

 

Y por si acaso dedicó una reverencia

a la muchacha que en la noche se quedaba.

En el momento de partir la bañadera,

volando un beso se posaba en su ventana.

 

Y paso a paso la ansiedad lo malhería,

quedaba poco del nocturno itinerario,

uno tras otro los cuplés se sucedían,

se retiraban del último escenario.

 

Tiró el disfraz en el respaldo del asiento,

borró los restos de pintura con su mano.

Volando un 'tacho' lo llevaba contra el viento,

la vio justito a la salida del tablado.

 

-'¿Cómo te va?', dijo el murguista a la muchacha

que lo cortó con su mirada indiferente,

le dijo: -'bien', y lo dejó como si nada.

Nuevamente la princesa se perdía entre la gente.

 

Que no se apague nunca el eco de los bombos,

que no se lleven los muñecos del tablado.

Quiero vivir en el reinado de dios Momo,

quiero ser húsar de su ejército endiablado.

 

Que no se apaguen las bombitas amarillas,

que no se vayan nunca más las retiradas.

Quiero cantarle una canción a Colombina,

quiero llevarme su sonrisa dibujada

 

(Jaime Roos)

 

 

 

Amor Profundo

 

Amor profundo
es lo que siento al cantar,

poco hay en el mundo

que me haga así vibrar.

En mi alegría

se esconde siempre un lagrimón,

sé que todo termina
y que hoy juega hoy.

 

Herido estoy
por una pena loca

de la que no me curo,

así pasan
los años y se ahonda,
no afloja y pide que siga

y me parte la boca cuando canto.

En este tiempo,

en este tiempo de antifaz,

así cambien las modas

tuquero ahí estás.

Siempre cantando

y siempre fiel a tu verdad,

voz de la misma calle

el barrio vive en ti

 

(MURGA: La Gran Siete)

 

 

 

Reir Llorando

Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirlo le decía:
Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz.
Y el cómico reía.
Víctimas del spleen los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez ante un médico famoso,
llegose un hombre de mirar sombrío:
-Sufro -le dijo- un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.
-Viajad y os distaereís. -Tanto he viajado
-Las lecturas buscad -Tanto he leido-
Que os ame una mujer - ¡Si soy amado!
-Un título adquirid -Noble he nacido.
¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas
- ¿De lisonjas gustáis ? - ¡Tantas escucho!
-¿Que teneís de familia?...-Mis tristezas
-¿Vais a los cementerios?... -Mucho, mucho.
¿De vuestra vida actual tenéis testigos?
- Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.
-Me deja- agrega el médico -perplejo
vuestro mal, y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrick podéis curaros.
-¿A Garrick ? -Sí, a Garrick...La más remisa
y austera sociedad lo busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡tiene una gracia artística asombrosa !
-Y a mí me hará reir?-Ah, sí, os lo juro !;
él, sí, nada más él...Mas qué os inquieta?...
-Así -dijo el enfermo -no me curo:
¡Yo soy Garrick ! Cambiádme la receta.
¡Cúantos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reir como el autor suicida
sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay ! ¡ Cúantas veves al reir se llora!..
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro rie!
Si se muere la fé, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestras plantas pisa
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto;
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reir con llanto
y también a llorar con carcajadas.

 

(Juan de Dios Peza)

 

 

 

 

Títere, su alma.

Muñeco pintado a mano en la mecedora de madera.

Viento que empuja suavemente las cortinas blancas traslucidas.

Las cortinas acarician lentamente el   rostro del payaso.

Luz de un día soleado que alumbra la mirada tiesa del arlequín.

Títere, su alma.

Aquel punto diminuto en el espacio   calmo donde existe la mirada de esos   ojos absortos.

Espera eterna. Inactividad. Inmutabilidad. Pero adentro; no solo alpiste...

Títere, su alma.

El pasado, el recuerdo...

Un grito en la quietud de ese cálida inexistencia.,

-Ahhhh! mi pasado.

-Ahhhh! mi vida.

-Ahhhh! donde está mi dueño.

De pronto el viento quita la quietud. Hojas de papel sobre el escritorio golpetean entre ellas como aplaudiendo la historia que contienen.

Se hace eco en el aire un pasado que el títere guarda en sus entrañas.

El recuerdo de su acto, el recuerdo de aquellos días de luces, música, gente y mas, mucho mas.

Sin mover ni su alma, ni su cuerpo el viejo muñeco aguarda, paciente, que algo suceda.

Títere, su alma.

El viento, nuevamente testigo, nuevamente protagonista lleva las hojas a volar dejándolas caer detrás de la cama y sobre el pecho de quien yace.

El muñeco siente la savia de su madera congelarse pues sabe que su fuerza desapareció ahí aquel día.

Títere, su alma.

Necesitó correr hasta esa cama, deseó saltar sobre el colchón prolijamente

vestido. Pero..., solamente estático,inmóvil. Hasta el viento salió de  la habitación para nunca mas volver por la pena que el lugar emanaba.

Títere, su alma. 

Hombre su sueño. El tiempo pasaba sin pasar.

Hombre su sueño.

Hombre su sueño.

 

(Pablo Triste)

 

 

 

 

Más allá donde la ciudad muta en silencio de huesos y cruces enterradas está el reino de la risa, los dominios del payaso que rodaba su carcajada como un aro por las calles alertando la llegada de la noche.