LA MELANCOLÍA

 

 


 

 

Principal | Firmar Libro | Email  | Leer libro                Año 1 Nº 1


Una melodía familiar...la escucho y la siento tan mía, su eco me trae la desdicha, ...me trae tu ausencia, compañera del alma, ¡cómo extraño tus besos!, ¡cómo suena aquella música maldita!, dime, compañera, que el silencio reinará, dime, compañera, que aquella triste melodía cesará, que caminaremos juntos a la orilla del Nahuel, y que cenaremos entre velas, con Hölderlin y Wilde, ¡dime, amada mía!, que lo haremos por amor, que estaremos siempre juntos sin que muera la pasión, y que haremos las delicias en un lecho de fulgor, ¡dime, compañera!, susúrrame al oído tu bella canción, cuéntame una historia puerca y juguemos al amor, ¡compañera amada mía!, no quisiera estar sin ti, pues tu ausencia me devuelve aquella triste melodía, ¡dime, compañera!, que ya nunca sonará... esa triste melodía: el llanto de mi corazón.

(MANDINGA)

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Poema Nº 20

 

Puedo escribir los versos mas tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos mas tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella tambien me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La bese tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo tambien la queria.
Como no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos mas tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, mas inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocio.

Que importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no esta conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazon la busca, y ella no esta conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos arboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuanto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oido.

De otro. Sera de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los ultimos versos que yo le escribo.

(Pablo Neruda)

 


 

 

 

INCONCLUSA

 

Como duele sentir

que el hastío

de mi existir

se hizo amigo.

 

Como duele pensar

que la tristeza

es mi pesar,

te lo digo con franqueza.

 

(El Chino)

 

 

 

¡cómo extraño en este instante

que tus brazos estrechen mi cuello!,

y besar tus rodillas y palpar tu cintura,

¡cómo extraño en este instante

que bebamos un champagne y tu baile tan sensual!,

¡cómo extraño en este instante...

decirte que te amo, decirte que te amo!

 

(MANDINGA)

 

 

 

No recuerdo los nombres de las flores,

quizás porque cargan nombres de mujer

aunque me quedaron sus olores y colores,

el uno, nobleza máxima del vegetal

que a punto cúlmine de su vida

entrega su aroma sublime, el más rico

de toda su existencia,

el otro, trampa mortal del ojo humano,

rojo fuego, pasión del enamorado,

verde musgo, esperanza mía de tenerte,

blancos y amarillos, negros y dorados,

y después de la muerte, todos ocres.

 

No recuerdo los nombres de las flores

pero tu nombre, Colombina de estos días,

está preso en mi cárcel de costillas

y si no hay ninguna flor que por nombre

lleve el tuyo, palabra de la tarde,

las bautizo a todas Colombina,

y por color las tiño con mi sangre.

 

(JERICÓ)

 

 

 

 

Tu rostro se me pierde en el recuerdo,

sólo cinco segundos y vuelve a estar conmigo,

me levanto, voy, cruzo, paso por tu puerta, vuelvo...,

ya está,

tu rostro envuelto en mis caricias...

son mis dedos que caminan por tu boca y tu nariz,

¡oh, musa encantadora!,

¿vendrás esta noche a traerme mi canción?,

¡bella mujer!,

allí está tu rostro,

condenado al olvido.

 

(MANDINGA)

 

 

 

Yolanda

 

Esto no puede ser no más que una canción;

quisiera fuera una declaración de amor,

romántica, sin reparar en formas tales

que pongan freno a lo que siento ahora a raudales.

Te amo,

te amo,

eternamente te amo.

Si me faltaras, no voy a morirme;

si he de morir, quiero que sea contigo.

Mi soledad se siente acompañada,

por eso a veces sé que necesito

tu mano,

tu mano,

eternamente, tu mano.

Cuando te vi sabía que era cierto

este temor de hallarme descubierto.

Tú me desnudas con siete razones,

me abres el pecho siempre que me colmas

de amores,

etrenamente de amores.

Si alguna vez me siento derrotado,

renuncio a ver el sol cada mañana; rezando el credo que me has enseñado,

miro tu cara y digo en la ventana:

Yolanda,

Yolanda,

eternamente, Yolanda.

 

(Pablo Milanés)

 

Cuando vuelva a pasar a tu lado,

querré que sea tan cerca

que casi te roce,

que sea tan cerca

que sienta el perfume de tu piel dorada,

no el de fragancias enfrascadas,

el perfume de tu piel,

el que quedara impregnado

si yo jugara en tu espalda

a los cien besos del amor.

Cuando vuelva a pasar a tu lado,

querré que ese instante

se detenga en el tiempo,

que ese instante

perdure en mi ser,

saberme cubierto de glorias eternas:

del susurro de tu voz, del roce de tus manos,

de tus besos empapados de brisas matutinas,

de tu ardiente sexo candoroso entre mis labios,

¡ah..., si yo pudiera eternizar el momento!,

lo haría con un encanto suave...

como los pétalos frágiles del jazmín,

como el vuelo rasante de la gaviota sobre el mar,

como la suavidad de tu piel, deslizándose en mis manos...

 

(MANDINGA)

 


 

Óleo de mujer con sombrero

 

Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndome al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.

 

(Silvio Rodriguez, 1970)

 

 

 

Mil veces me engañó; más de mil veces abrió en mi corazón sangrienta herida; de los celos, la copa desabrida, me hizo beber hasta agotar las heces. Fue en mi vida, con todos sus dobleces, la causa de mi angustia -no extinguida- aunque, ¡pobre de mí!, toda la vida su mentiroso amor... pagué con creces. Los tiempos han pasado; ya su boca no me da sus caricias, no me abrasa el fuego de sus ósculos de loca; y sin embargo mi pasión persiste... pues, cuando a veces por mi senda pasa, ¡me alejo mudo, cabizbajo y triste!

 

(Julio Flórez)

 

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