Estudiantes de la Biblia

 

El Evangelio Eterno

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo” – Apocalipsis 14:6

 

LA PALABRA EVANGELIO significa buenas nuevas.  El ángel que anunció el nacimiento de Jesús a los pastores dijo, “No temáis;  porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.”  (Lucas 2:10, 11)  Este ángel, al igual que el ángel de nuestro texto arriba, declara que las buenas nuevas son para todo pueblo.

      El Apóstol Pablo nos informa que el Evangelio fue predicado de antemano a Abrahán, cuando recibió la promesa de que por medio de su simiente todas las familias de la tierra serían bendecidas.  (Gen. 12:3; 22:18)  Pablo explica que la “simiente” mencionada en la promesa a Abrahán fue en realidad Cristo. (Gal. 3:8, 16)  Así que vemos que hubo una garantía de bendiciones para toda la humanidad en la declaración original del Evangelio hecha a Abrahán.  Cuando vino la Simiente, y su nacimiento fue anunciado por el ángel, las buenas nuevas no fueron restringidas de ninguna manera – todavía fueron “buenas nuevas” a “todo pueblo.”

      Pablo provee aun más información vital tocante al plan de salvación de Dios que la Biblia describe con el uso de la palabra Evangelio.  Él escribió, “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.”  Y añade, “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gal. 3:27, 29)  Hay testimonio bíblico muy abundante asegurándonos que los seguidores fieles del Maestro se asociarán con él en la gloria de su reino, y en este versículo, Pablo explica que ellos también son parte de la Simiente prometida de Abrahán.  Esto significa que la iglesia verdadera, con Jesús como su Cabeza, será el canal de bendición a “todas las familias de la tierra.”

      Un rasgo esencial del plan de Dios es la obra redentora de Jesús por medio de la Simiente que bendecirá todas las naciones.  Fue necesario que Jesús muriera como el Redentor del hombre, si no, las bendiciones prometidas de vida no podrían alcanzar a la humanidad porque todos estaban bajo la condenación de la muerte por causa de Adán.  Puesto que Jesús si murió para redimir al mundo, Pablo pudo escribir, “Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” – 1 Cor. 15:22

      Ya que los seguidores verdaderos de Jesús se asociarán con él como el canal de bendición para todo el mundo, las Escrituras revelan que la obra de bendición no empezará hasta que todos ellos – es decir, el número predeterminado por Dios – hayan sido llamados del mundo y se hayan probados dignos.  Se dice de ellos que son “llamados y elegidos y fieles.”  Pedro habla de ellos como los que han hecho firmes su “vocación y elección,” y, por eso, tienen una entrada abundante en el reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. – Apoc. 17:14; 2 Ped. 1:10, 11

      Los primeros discípulos, al hacerse seguidores de Jesús, lo hicieron con la creencia que él fue el Mesías prometido, el gran rey que vendría para establecer un reino mundial.  (Isa. 9:6, 7)  Tuvieron razón, pero fueron equivocados al creer que el reino predicho se establecería de inmediato.  Jesús corrigió este punto de vista para ellos al relatar una parábola acerca de un hombre noble, que se fue a un “país lejano” para recibir un reino y volver. (Luc. 19:11, 12)  De esto, es claro que Cristo no supuso establecer su reino hasta que volviera de ese “país lejano”, es decir, el cielo.  Esto, por supuesto, tendría lugar durante su Segundo Advenimiento.

      Por eso, debemos esperar un cumplimiento de las promesas de Dios para bendecir a “todas las familias de la tierra” por medio de la Simiente de Abrahán solamente después del regreso de nuestro Señor.  Muchos estudiantes de la Biblia han perdido de vista este hecho, y han adoptado un punto de vista restringido de que no habrá ninguna oportunidad para aceptar a Cristo y ser bendecido después de su regreso.  En vez de regocijarse en anticipación del cumplimiento de las promesas de Dios en cuanto a la bendición de las personas bajo la gobernación del reino de Cristo, algunos han llegado a creer, y enseñar, que la tierra será un desierto desolado durante los mil años cuando Cristo y sus santos estén reinando sobre ella.

"El Propósito del Regreso de Cristo"

      Examinemos el testimonio del Apóstol Pedro en cuanto al propósito del regreso de nuestro Señor.  Se encuentra en Hechos 3:19-21.  Aquí Pedro nos informa que “vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” – es decir, de Jehová.  La expresión, “presencia del Señor,” traduce las palabras griegas que significan más literalmente desde el “rostro del Señor”.  El pensamiento es idéntico al que se expresa en Números 6:25, 26, dónde leemos, “Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.”

      El pensamiento de Pedro obviamente es que el regreso de Cristo será una expresión de la buena voluntad de Dios hacia el mundo, resultando en una experiencia “refrescante”.  Luego Pedro sigue explicando acerca de Dios de que “envié a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”  En vista de este resumen inspirado del testimonio profético acerca del gran objetivo del Segundo Advenimiento de Cristo, ¿por qué supondría alguien que él regresaría para destruir la tierra, o desolarla por mil años?

      Pedro menciona, y cita parcialmente, un ejemplo revelador del testimonio profético en cuanto a este punto: “Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vosotros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable.”  Luego Pedro añade, “y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo” – Hechos 3:22, 23

      Esto es muy revelador.  Moisés profetizó a los “padres” – los de Israel que vivieron contemporáneamente con él – que el Señor les levantaría a un profeta a quien tendrían la oportunidad de escuchar y creer;  y Pedro explica que esto sería cumplido por Jesús después de su regreso.  Esto prueba que los israelitas de los días de Moisés serán levantados de entre los muertos y tendrán la oportunidad de aceptar a Cristo durante el tiempo de su segunda visita a la tierra.

      En Romanos 11:25-32, Pablo revela que los israelitas que rehusaron aceptar a Cristo en su Primer Advenimiento se les mostrará misericordia después de que “haya entrado la plenitud de los gentiles.”  Esta expresión se refiere a la obra de Dios durante la edad actual de llamar fuera del mundo a los que se asociarán con Jesús como la Simiente por la cual serán bendecidas todas las familias de la tierra. (Gen. 22:18)  En Apocalipsis 14:1, estos se representan como los que están sobre el Monte de Sion con Jesús, y Pablo dice que, “vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.”

      En el versículo 32, Pablo explica que Dios sujetó a los israelitas en desobediencia, para tener misericordia de todos.  ¡Cuán maravilloso es esto!  Nuestro punto de vista restringido nos haría decir que Dios no puede mostrar misericordia a los infieles después del Segundo Advenimiento de Cristo, pero Pablo creyó y enseñó lo contrario.  No es sorprendente que haya añadido, “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!  ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” – vs. 33

      La declaración inspirada de Pablo de que cuando Jesús regrese mostrará misericordia hacia los judíos que lo rechazaron en su Primer Advenimiento, es apoyada por Jesús y el profeta Ezequiel.  Los que tienen dudas acerca de esto deben hacer un estudio cuidadoso de Ezequiel 16:48-63; Mateo 10:15; 11:22, 24; Marcos 6:11, y Lucas 10:12, 14.  En estos pasajes se revela el hecho de que los habitantes de Sodoma y Gomorra, así como los que se opusieron a Jesús, serán restaurados a la vida, y que el Día de Juicio será favorable para ellos.

      La resurrección de ellos se describe como un regreso a su “primer estado”, y Jesús dijo que será “más tolerable” para estas ciudades inicuas del pasado que lo que será para los que no creyeron y se opusieron a él.  Jesús explicó el principio que se aplicará aquí, diciendo “A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará.” (Lucas 12:48)  Los pueblos de Sodoma y Gomorra no fueron muy favorecidos por el Señor en sus días, y no fueron dados ninguna información concerniente a la voluntad divina.  Por otra parte, Dios envió a sus profetas al pueblo de Israel, y finalmente al Mesías sí mismo, así que el pecado de infidelidad de ellos fue contra más luz, y por eso, mereció un nivel más grande de castigo.

      El punto es que ambos grupos serán juzgados en el Día de Juicio que sigue al regreso de Cristo, y será tolerable para ambos, pero más tolerable para uno que para el otro.  Solamente al distorsionar la Palabra de Dios, alguien puede sacar otras conclusiones de estas declaraciones inspiradas de Ezequiel y Jesús.  Estas demuestran claramente que se mostrará favor a los pecadores después del regreso de Cristo.

Aprendiendo la Justicia

      Las Escrituras claramente enseñan que el Día de Juicio para el mundo viene después del regreso de Cristo; y el profeta Isaías escribió, “Luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia.” (Isa. 26:9)  La palabra juicio como se utiliza en la Biblia no se limita de ninguna manera a la declaración de una sentencia.  Se incluye también la idea de un proceso jurídico, un periodo de prueba, y a veces la disciplina correctiva.

      En el próximo versículo, Isaías escribió, “Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová.” (vs. 10)  Es evidente de este texto que el Día de Juicio es un tiempo cuando se mostrará favor aun al inicuo.  Ese favor será una oportunidad basada sobre un entendimiento comprensivo de las cuestiones envueltas, de aprender y practicar justicia.

      Este favor se mostrará a las personas en lo que el profeta describe como la “tierra de rectitud”.  Esta es una descripción poética de las condiciones por toda la tierra durante los mil años del reinado de Cristo que a la vez será el día de juicio de mil años.  Isaías dice que el “malvado” aun entonces no aprenderá justicia.  Esto es una referencia a los que son inicuos obstinados de corazón.  Son los que son mencionados por Pedro como los que rehúsan obedecer a “aquel profeta” durante los “tiempos de la restauración” y son desarraigados del pueblo. – Hechos 3:23  

      No debemos concluir que no habrá ningún mal en el mundo durante los mil años del reinado de Cristo.  Pablo escribió que Cristo debe reinar hasta que haya puesto todos los enemigos de Dios y de la justicia debajo de sus pies.  Él explicó que la muerte es el último enemigo que será destruido.  (1 Cor. 15:25, 26)  No será hasta el fin de los mil años que la tierra se librara completamente del mal.  Sucederá en aquel tiempo que nadie tendrá que decir a su prójimo, “Conoce a Jehová,” porque todos le conocerán.  Y, además, ya no habrá enfermedades ni muertes. – Jer. 31:31-34; Apoc. 21:4        

El Reino – El Juicio – La Resurrección

      De acuerdo con las escrituras ya examinadas, es claro que el reino de Cristo, el día de juicio, y el día de la resurrección prometidos por Dios son el mismo periodo de tiempo.  Estos términos son descriptivos, cada uno a su propia manera, de la gran obra que se cumplirá durante la edad de mil años en el plan divino.

      Desde un punto de vista será como un reinado, puesto que resultará en el reestablecimiento de la voluntad de Dios en los corazones de la raza humana, es decir, de todos los que obedecen las leyes de aquel reino.  Es por esto que nos enseñaron a orar, “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

      Desde otro punto de vista, el trabajo de aquellos mil años será una de prueba, de juicio y de disciplina.  Con cada individuo un veredicto final será pronunciado, indicando si merecen o no la vida eterna.  Las Escrituras enseñan que Jesús será el Juez supremo durante aquel tiempo, así como el gran Rey. – Ps. 72:8; Hechos 17:31

      Además de esto, los muertos serán resucitados y se les dará la oportunidad de vivir para siempre.  Así que la palabra resurrección también nos da un entendimiento aun más comprensivo de la manera en la cual “todas las familias de la tierra” serán bendecidas por medio de la Simiente de Abrahán. (Gen. 12:3; 22:18; Gal. 3:8, 16, 27-29)  Pablo afirmó que “habrá una resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.” – Hechos 24:15

      Esta obra triple del Cristo, la Simiente prometida de bendición, es lo que Pedro describe como los “tiempos de la restauración de todas las cosas.” (Hechos 3:19-21)  Y como Pedro tan claramente demuestra, esto sigue el regreso de Cristo.  En aquel tiempo la voluntad de Dios será restaurada por la gobernación de Cristo.  La justicia será restaurada por los procesos educativos y disciplinarios de los juicios del Señor.  Y la vida eterna será otorgada a los que se califican al obedecer la voluntad de Dios, y al demostrar su amor por la justicia.

Satanás Será Atado

      La obra durante el milenio capta nuestra atención en el capítulo 20 del Apocalipsis.  En los versículos de apertura nos aseguran que Satanás el Diablo será atado al principio de los mil años – “para que no engañase más a las naciones.”  Algunos han mal interpretado este versículo diciendo que Satanás es atado en virtud del hecho de que todas las naciones estén muertas, y por eso, no habrá nadie que él pueda engañar.

      Lo que esta interpretación realmente significa es que las naciones serán atadas en vez del Diablo – es decir, atadas en la gran cárcel de la muerte.  El Diablo, según esta distorsión del significado bíblico, estará vagabundeando de acá para allá sobre una tierra desolada por mil años, “atado” porque todos sus sujetos estarán muertos.

      El pasaje principal que se utiliza en un esfuerzo para probar la teoría de que la tierra entera estará vacía y desolada durante los mil años del reino de Cristo es Jeremías 4:23-27.  La base de esta “prueba” es el hecho de que algo del lenguaje usado en este pasaje es semejante a lo que se utiliza en Génesis para describir la tierra antes de la creación del hombre.  Esto da a entender que la tierra estará “asolada”, o vacía de nuevo durante el milenio.

      Sin embargo, este pasaje bíblico no está relacionado ni de la más mínima manera con los mil años del reinado de Cristo.  Es parte de la profecía de juicio de Jeremías que sucedería sobre Israel natural, advirtiendo de antemano al pueblo que serían quitados de su tierra, y que sus ciudades y su tierra se quedarían desoladas.  Esta profecía se cumplió durante los setenta años de su cautiverio en Babilonia.  Esta misma desolación fue predicha también en Levítico 26:31-35, dónde se usa lenguaje semejante.  Por lo tanto, la profecía no tiene nada que ver con la desolación del planeta sino únicamente con la “tierra” de Israel.

El Abismo

      En Apocalipsis 20:2, 3 se dice que Satanás fue arrojado al “abismo.”  Según la interpretación insostenible que Satanás es atado en virtud del hecho de que no habrá nadie más para engañar, esto significaría que el “abismo” es una tierra desolada y deshabitada.  Pero, ¿corroboran las Escrituras esta idea?  Creemos que no.

      El abismo también se menciona en Apocalipsis 11:7 y 17:8.  Pero, por ningún esfuerzo de la imaginación se le puede interpretar estos versículos a una tierra vaciada de todos los habitantes humanos.  Los dos hablan de una “bestia” que sale del abismo para reanudar las actividades de entre los humanos que habitan en la tierra.  En el segundo caso se ve una ramera sentada sobre la “bestia”.

      Generalmente, muchos estudiantes de la Biblia están de acuerdo de que esta bestia simboliza un gobierno corrupto que en otro tiempo gobernaba Europa y cuya gobernación fue eclipsada por un tiempo.  A pesar de cuán definitivo podamos estar en identificar este poder malévolo, es obvio que mientras está en el abismo, las naciones seguirán existiendo en la tierra.  Así que tal como millones de personas han vivido en la tierra durante el tiempo que esta bestia estuvo en el abismo, de igual manera la raza humana seguirá viviendo a través de los mil años mientras el Diablo está en el mismo abismo.  Tal como el abismo simboliza una condición en la cual la bestia fue restringida de su poder para gobernar, de igual manera simboliza también una restricción semejante que será impuesta sobre Satanás, para que no pueda engañar más a las naciones hasta que se hayan acabado los mil años del reinado de Cristo.

      En los tiempos antiguos, los prisioneros frecuentemente estaban detenidos en cadenas.  Algunas veces estaban encadenados a bolas de hierro pesadas, otras veces a guardias.  Por eso, el Señor nos informa que Satanás será atado con una “gran cadena”.  Satanás es un ser espiritual, así que en este caso debemos considerar la cadena como algo simbólico del poder divino que restringirá al Lucifer caído a través de los mil años cuando no se permite que engañe a la gente.

Reinando con Cristo

      Apocalipsis 20:4 nos dice que los que vivirán y reinarán con Cristo por mil años se resucitarán de entre los muertos en la “primera resurrección” con este propósito.  Estos son los que sufren y mueren con Jesús para que puedan vivir y reinar con él.  Son “decapitados” por causa del testimonio de Jesús; es decir, aceptan la jefatura de Cristo en sus vidas, y de este modo llegan a ser miembros de su cuerpo místico.

      El Apóstol Pablo se refiere a ellos como los que son “bautizados” en Cristo, y de este modo llegan a ser asociados con él como la simiente prometida de Abrahán por la cual serán bendecidas todas las familias de la tierra. (Gal. 3:27-29)  Sí, todos los cristianos verdaderos que de buena gana sufren y mueren con Cristo se pueden regocijar en la esperanza de reinar en su reino.  Cuando los discípulos se maravillaron de los milagros que Jesús efectuaba, él les dijo que ellos harían obras aun más grandes – una referencia, sin duda, a sus privilegios futuros cuando estén glorificados con Cristo y estén reinando con él en su reino milenario.

“Los Otros Muertos”

      La primera frase de Apocalipsis 20:5 se lee así, “Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.”  Esta es una interrupción extraña en el hilo del pensamiento presentado en el versículo 4, el cual, al hablar de los coherederos de Cristo, concluye con la declaración, “y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”  Sin la interrupción hablando de los otros muertos que no viven, la conclusión del versículo 4, junto con el versículo 5 se leería, “y vivieron y reinaron con Cristo mil años.  Esta es la primera resurrección.”  El versículo 5 como existe ahora dice, “Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.  Esta es la primera resurrección.”

      Esta es una contradicción categórica porque dice que la primera resurrección consiste de “los otros muertos” que no viven.  La Palabra inspirada de Dios no contiene ninguna contradicción, así que es obvio que una interpolación se ha entrado cautelosamente en el versículo 5 de este capítulo.  Esto se demuestra aun más por el hecho de que la expresión, “los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años,” no se encuentra en el manuscrito griego más antiguo – el Códice Sinaítico, ni tampoco en el Vaticano 1160, o en los manuscritos siríacos.  Esto significa que estas palabras fueron añadidas por algún escriba celoso pero descaminado durante la Edad de las Tinieblas, posiblemente para sostener la pretensión de que el reino de Cristo ya estuvo establecido y reinando.

      Quizás algunos estaban preguntándose, ¿si Cristo ya estuviera reinando, por qué los muertos no están siendo resucitados?  La declaración de que los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años pudiera haber sido originalmente escrita en el margen de un manuscrito como una observación, y en una época posterior, fue añadida al texto.  Pero, sin importar como sucediera, estas palabras son una interpolación, y se reconocen así por eruditos eminentes de la Biblia, y de hecho, por todos los estudiantes sin prejuicio de la Palabra.

      Reconociendo tales interpolaciones no es alto criticismo de las Escrituras, ni tampoco es el esfuerzo para conseguir traducciones correctas de los textos originales.  ¡Cuán ricamente han sido bendecidos los estudiantes de la Biblia al reconocer que las palabras hebreas y griegas traducidas como infierno en la Biblia no significan tormento eterno!

      Es igualmente importante descubrir las interpolaciones de los textos sagrados para no ser descaminados por ellas.  De veras, si no se reconocen estas interpolaciones cuando son tan claramente establecidas como tales resultaría en poner a alguien en la posición de añadir a la Palabra de Dios.  Esto sería especialmente verdad si la interpolación bajo cuestión se utiliza como el texto principal para apoyar una doctrina básica a la cual alguien pudiera haberse adherido.

      En contra de los pensamientos expresados en esta interpolación particular, el mismo propósito del reinado milenario de Cristo es para restaurar a los muertos a la vida.  Como hemos visto, Cristo regresa para anunciar “los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hechos 3:19-23)  ¡Cuán extraño es que tan pocas palabras añadidas a Apocalipsis 20:5 durante la Edad de las Tinieblas deban usarse para contradecir al testimonio de todos los profetas santos de Dios!

Reyes y Sacerdotes

      El versículo 6 de Apocalipsis 20 enfatiza la bendición de los que son levantados a la vida durante la primera resurrección, y nos dice de nuevo que gobiernan con Cristo por mil años.  Habla de ellos como “reyes” y “sacerdotes”.  Apocalipsis 5:9, 10 explica que ellos son redimidos de entre los hombres, y que su reinado está en la tierra.

      Los reyes ejercen autoridad sobre sus sujetos, y los sacerdotes son los que sirven y bendicen a la gente.  ¡Cuán sin objeto e inútil sería la obra de estos reyes y sacerdotes durante los mil años de su reinado en la tierra si no hubiera ni un solo ser humano viviente sobre el cual pudieran reinar, ni tampoco alguien en ninguna parte que pudiera ser el recipiente de las bendiciones de vida que éstos eran preparados para dispensar!  Nos parece que el reinar sobre la tierra en este tiempo pondría a estos reyes y sacerdotes en una situación de “encarcelamiento” semejante a la de Satanás como el mismo razonamiento falso ha explicado.

      Pero, el Revelador explica que al fin de los mil años cuando Satanás se libera, la gente de la tierra es en número como la “arena del mar.” (Apoc. 20:8)  No hay nada en el relato que indica que éstos son levantados de entre los muertos justo en aquel tiempo para dar a Satanás alguien con quien él pueda practicar sus engaños.  Al contrario, es claro que esta multitud de humanos son los que han sido liberados de la muerte y juzgados durante el milenio.  Se refieren a ellos como los que son entregados de la “muerte y el Hades.” – vs. 13 

La Obra de Tres Fases

      Los primeros once versículos del Apocalipsis, capítulo 20, describen la obra del milenio desde el punto de vista del reinado de Cristo en el cual él subyuga y destruye todos los enemigos de Dios y de la humanidad.  Es apropiado que la atadura de Satanás debe mostrarse en este cuadro, así como su liberación y destrucción al fin de los mil años.

      Empezando con el versículo 12, el aspecto de juicio de la Edad Milenaria llega a nuestra atención.  No sucede que el principio narrativo de este versículo sea descriptivo de una obra que sigue los mil años del reinado de Cristo.  Al contrario, es una descripción de los detalles adicionales que tienen que ver con la obra de Cristo a través de estos mismos mil años, es decir, con la obra de juicio.

 

      Los últimos tres versículos del capítulo nos recuerdan que a través de estos mismos mil años, los muertos serán restaurados a la vida.  Aquí, también, y apropiadamente, nos aseguran que “la muerte y el Hades” serán destruidos.  Esta es la razón por la que en el cuarto versículo del próximo capítulo, el Revelador nos dice que “no habrá muerte” como resultado del reinado de Cristo.

La Obra de Juicio

      Habiendo examinado un poquito el aspecto del reino en el milenio como se presenta en este capítulo, notemos cuán claramente se expone la obra de juicio.  Leemos, “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” (vs. 12)  En el versículo anterior Juan nos dice que vio un gran trono blanco – que simboliza la autoridad del reino – y que los cielos y la tierra simbólicos huyeron del rostro de aquel que estaba sentado sobre el trono.

      Es por eso que Juan ve a los muertos de pie ante Dios, en contraste con los cielos y la tierra simbólicos – el imperio de Satanás – que no están de pie sino que huyen.  El hecho de que los muertos estén delante de Dios sugiere que él está tratando con ellos.  Obviamente la referencia tiene que ver con los que han sido muertos y ahora se despiertan a la vida, y están delante del rostro de aquel que está sentado en el trono.  Ya hemos notado que los “tiempos de refrigerio” vendrán de la “presencia del Señor.” – Hechos 3:19-21

      La belleza de este cuadro de la obra del Día de Juicio ha sido desfigurada por la noción falsa de que los “libros” que se abren contienen el historial de los hechos del pasado de los muertos.  Algunos hacen la pretensión que los que salen durante la primera resurrección pasarán mil años examinando estos libros para averiguar si hay otros muertos que merecen la vida.  Al descubrir que no hay más que la merecen, los otros muertos son resucitados, se les dicen que no merecen la vida y luego son destruidos.

      Pero, ¿qué está escrito en estos libros que se abren?  Es importante saberlo porque el juicio de la gente se basará en lo que está escrito en ellos.  Creemos que Jesús indicó claramente los contenidos de los libros del Día de Juicio cuando dijo, “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.  El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.” – Juan 12:47, 48

     Aquí Jesús está diciendo claramente que sus enseñanzas, sus interpretaciones de la voluntad y de la ley de Dios, serán la base del juicio durante el Día de Juicio.  Es sin duda la revelación de estas enseñanzas a la gente lo que es simbolizada por los libros abiertos.  Con certeza, las verdaderas enseñanzas de Cristo han sido como un libro sellado a la gran mayoría de las personas a través de los siglos. – Isa. 29:18

      Las obras de la gente se mencionan separadamente de las cosas escritas en los libros.  Serán juzgados por las cosas escritas en los libros “según sus obras.”  Es decir, sus obras se compararán con lo que está escrito en los libros.  Y no serán sus obras del pasado, sino “según sea su obra.” – Apoc. 22:12

      Un libro de vida se abrirá en aquel tiempo.  Obviamente el pensamiento es que a medida que los muertos restaurados rectifiquen sus obras de acuerdo con la voluntad de Dios como se revela en los libros abiertos, sus nombres serán colocados en el libro de la vida.  Esto es, en verdad, el mismo propósito de la obra del Día de Juicio; a saber, dar al mundo la oportunidad de conocer y hacer la voluntad de Dios como se expresa por medio de Cristo, y así probar que merecen la vida eterna. – Juan 12:50

      Ningún propósito sería servido en examinar las obras del pasado del mundo de la humanidad, ya que el Señor sabe que ninguna persona merece la vida.  Jesús vino para dar su vida como el Redentor del hombre, pero la verdad concerniente al Plan Divino de redención ha llegado a ser muy confusa, de tal manera que pocos han tenido una oportunidad justa para oír y creer.  Además, hay millones innumerables que no han oído ni siquiera un mensaje confuso del Evangelio.  Sin embargo, Pablo escribió que es la voluntad de Dios que todos serán “salvos” y vendrán al conocimiento de la verdad. – 1 Tim. 2:4-6

      Aquí la palabra “salvo” simplemente denota un despertamiento del sueño de la muerte para que todos los que estén muertos tendrán la oportunidad de aprender la verdad acerca de Jesús.  Ellos aprenderán esto por medio de los libros que se abrirán en aquel entonces.  Pablo lo declara en lenguaje sencillo en este pasaje cuando dice, “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” – es decir, cuando se abren los libros.

Los Que Hicieron Lo Malo

      Juan 5:28, 29 es otro pasaje en las Escrituras acerca del Día de Juicio.  Se lee así, “No os maravilléis de esto; porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;  y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación [juicio, Versión Estándar Americana, en inglés].”

      Un entendimiento correcto de este pasaje se indica en el versículo 24 del mismo capítulo.  Aquí Jesús dice, “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”  En este caso la palabra griega traducida como condenación es krisis.  Es la misma palabra que es mal traducida como “perdición” en el versículo 29 en algunas traducciones antiguas de la Biblia.  Su significado verdadero es juicio.

      Jesús explica que los que creen durante la vida actual no entrarán en el juicio futuro de los incrédulos.  Por supuesto que no, puesto que se asociarán con él en la obra futura de juicio.  Ellos entran en la vida ahora por fe, y la consiguen de verdad  durante la primera resurrección.  Esta es la razón por la que Jesús habla de ellos como los que “saldrán a resurrección de vida.”

      Pero, en cuanto a los otros, Jesús dijo que saldrán de la muerte a “resurrección de condenación.”  Esto es cuando entran en el juicio.  Su salida de la tumba será simplemente un despertamiento del sueño de la muerte.  Si son restaurados completamente a la perfección en los tiempos de la restauración y viven por siempre, será porque, una vez iluminados, conforman sus vidas a las cosas escritas en los libros.

      Esto se entiende mejor al recordar el significado básico de la palabra griega krisis que se traduce como “condenación” en la versión Reina-Valera.  En realidad, tiene el mismo significado que la palabra crisis en español.  Sabemos lo que significa una crisis en la vida de uno.  Es un tiempo de prueba e implica un cambio posible.  Así será con el mundo incrédulo cuando se despiertan del sueño de la muerte.  Si en este tiempo de crisis se dirigen al Señor, en vez de abandonarlo, serán restaurados a la perfección humana completa y vivirán por siempre, como lo hubiera vivido Adán si no hubiese violado la Ley Divina.  Si rehúsan escuchar y obedecer serán destruidos en la “segunda muerte,” porque sus nombres no se encontrarán en el libro de la vida. – Hechos 3:23; Apoc. 20:14, 15

      Las “Ovejas” y Los “Cabritos”

      La parábola de Jesús acerca de las Ovejas y los Cabritos es muy reveladora. (Mat. 25:31-46)  Él identifica el tiempo cuando la parábola se cumple al tiempo cuando viene el Hijo del Hombre, y se sienta en el trono de su gloria con todos sus santos ángeles.  Aquí los santos de la edad actual se muestran con Jesús como “ángeles” o “mensajeros,” de acuerdo con la palabra en el texto griego.  Pablo escribió, “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” (1 Cor. 6:2)  Estos son los que se sentarán con Jesús en su trono. (Apoc. 3:21)  Son los que son “manifestados” con Cristo en su “gloria.” – Col. 3:4

      Esto significa que las “ovejas” de la parábola no son los creyentes de la edad actual.  No, justo como declara la parábola, son todas las naciones que se reúnen delante del trono de juicio, y es de todas las naciones de donde se manifiestan las dos clases representadas por las ovejas y los cabritos.  ¿Están dormidos todos en la muerte mientras están siendo separados?  No parece que es así porque la parábola indica que las “ovejas” son muy activas visitando a los enfermos, etc.  En otras palabras, están vivos y demuestran su amor por la justicia – su armonía con la Ley Divina del amor.

      A estas ovejas simbólicas se le restaura el “reino preparado . . . desde la fundación del mundo.”  Este es el dominio sobre la tierra que fue dado a nuestros primeros padres.  Ellos lo perdieron a causa del pecado.  Pero, fue redimido por Cristo, y en el Día de Juicio se restaurará a todos de la raza de Adán que pasan las pruebas de fe y obediencia puestas en ellos.  Además, recibirán el galardón de la vida eterna.

“El Tiempo Aceptable”

       El Apóstol Pablo escribió, “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Cor. 6:2)  A menudo este texto se utiliza para probar que no habrá ningún periodo de prueba después de la muerte, como si Pablo hubiera escrito que la vida actual es el único día de salvación.  En realidad, Pablo no utilizó la palabra “ahora” como una referencia a la duración de la vida actual, sino a la edad actual del Plan Divino.  En este texto, él cita de Isaías 49:8, 9, dónde el Señor dice, “En tiempo aceptable te oí . . . y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra . . . para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Mostraos.”

      Pablo está diciendo simplemente que ahora es el tiempo cuando el Señor está preservando y ayudando a los que él les dará después por pacto al pueblo, y que entonces establecerá las asoladas heredades, y llamará a los prisioneros desde la muerte.  Esto es solamente otra manera en la cual las Escrituras revelan que los seguidores de Jesús en esta edad que están dispuestos a sufrir y morir con él tendrán la oportunidad de vivir y reinar con él.

      Ahora es el tiempo, en otras palabras, cuando Dios aceptará los sacrificios de los que están dispuestos a morir con Jesús.  Y ahora es el tiempo cuando los que  prueban que son merecedores alcanzarán a la “gran salvación,” el premio del “supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”  Esto no significa que ésta es la única edad en la cual la salvación será ofrecida a la gente.  Al contrario, los que están sacrificando y sufriendo ahora están siendo preparados para unirse con Cristo en extender la bendición de la restauración al mundo entero durante los mil años del reino.

      Sí, habrá tiempos de restauración cuando “la muerte y el Hades” entregarán los muertos.  Jesús dijo que las “puertas del Hades” no prevalecerán contra esta iglesia.  Estas puertas se abrirán y los prisioneros de la muerte serán entregados – puestos en libertad por un tiempo hasta que prueben que merecen la libertad permanente de la muerte.  Es así que los que son “bautizados en Cristo” y, de este modo llegan a ser junto con él la Simiente de Abrahán, bendecirán todas las familias de la tierra.

      Esto es el significado del Evangelio, las buenas nuevas que fueron predicadas primero a Abrahán. (Gen. 12:3)  Es lo que el Ángel que anunció el nacimiento de Jesús tenía en mente cuando lo declaró ser “un Salvador, que es CRISTO el Señor.”  Es el significado del “evangelio eterno” al cual se hace referencia en nuestro texto.  Es el “evangelio de Cristo” del cual Pablo dijo que no tuvo vergüenza. (Rom. 1:16)  Es un Evangelio del cual cada uno que ame verdaderamente a Dios y a la justicia pueda estar agradecido y entusiasmado.  ¡Que lo proclamemos a todos que quieren escuchar! 

                                                                                                                                      Editado por The Dawn

 

Estudiantes de la Biblia en Argentina. 2005 - 2007

 

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