El MANCHADO un cuento de VIGIL

 

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ILUSTRACIONES DE RAUL STEVANO

 

 

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Grillos hay muchos , pero ninguno como El Manchado , llamado así porque en medio de la cabeza renegrida y grandota tiene un redondel blanco que lo distingue de todos sus congéneres.

Su casa es diferente de las casas de los demás grillos campestres. Ellos les hacen dos puertas , para escapar por una si un intruso poderoso penetra por la otra. A El Manchado se le metieron una vez en su domicilio , al mismo tiempo , dos feroces arañas peludas , de las que viven en la tierra. A duras penas escapó de que lo devoraran , abriéndose rápidamente otra salida.

Desde entonces se decidió por las tres puertas para mayor seguridad , y las tres las cierra cuando se recoge a descansar.

Por su bondad y su habilidad , por su cortesía y su música , lo admiran y lo quieren los grillos , y también los demás bichitos , aun aquellos poco propensos a interesarse por la vida ajena.

Unos más , otros menos , todos conocen enseñanzas y acciones de El Manchado que lo señalan al aprecio y merecen gratitud.

Ultimamente se difundió la noticia de su providencial intervención al salvar a la Hormiguita Viajera.

Ya parecía imposible que regresara al hormiguero ; pero él la hizo curar , le dio ánimo para proseguir la marcha y le indicó el rumbo que debía seguir para llegar a su destino. Tales favores no se olvidan jamás , y al poco tiempo El Manchado era popular y querido entre las hormiguitas grandes y pequeñas , coloradas y negras.

EL CARACOL Y SU CASA

Estaba El Manchado en una de las puertas de su casa cuando dio la casualidad de que pasara por allí un caracol.

- Buen día , señor Grillo - dijo , deteniéndose y mirándolo con los ojos que posee en las puntas de los cuernos más grandes.

- Muy buen día tenga usted - contestó El Manchado.

- ¡ Ya comprendo - agregó el de los cuernos - a qué se debe el milagro de verlo a la luz del día !

  Supo que yo iba a pasar y me esperaba.

- Nada de eso. Salí para sacar un terroncito que me estorbaba en mi casa.

- Me hace reír - exclamó el caracol - al llamar casa a un agujero... Según usted , en cada pisada que da la gallina sobre el barro , hace con las cuatro uñas cuatro casas... ¡ Ja... ja...

¡ Tiene la mar de gracia !

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- Perdóneme - dijo el grillo con sorna - que no le haya dicho nada de su grandiosa vivienda , que brilla ahora al sol como una joya.

- La hice lavar con la lluvia - contestó complacido el caracol -. ¿ Le parece buena ?

- Más que buena , admirable ; más que admirable , perfecta.

- Algo hay de eso , sin duda ; pues es obra de mi inteligencia. Busqué la seguridad ante todo.

- Bien se nota. Nadie puede entrar en ella más que se propietario.

- Es lo que se impone. Siente uno compasión por los infelices que salen para pasear o por necesidad , y al regreso se enteran de  que intruso se ha posesionado del domicilio.

- Así suele ocurrir , señor Caracol.

- Sin contar lo que significa vivir en un socucho bajo tierra , para no ser devorado , y el permanente peligro de una calamitosa inundación.

- También eso es verdadero.

- Además , no olvidemos que basta el paso de un chivo o un conejo para que desaparezca lo que usted llama casa. Una pisada directa , y ni siquiera se sabe dónde el señor residía.

¿ Cuántos de esos agujeros ha hecho en su vida ?

- Varios.

- ¿ Y cuántas veces al mes se ocupa en reparaciones ?

- Todos los días. Ahora mismo acabo de sacar , como le dije , un terroncito que no puedo explicarme cómo entró allí.

- ¡ Qué tonto es eso , amigo cuevero !

- ¿ Y no le es molesto andar día y noche con la habitación a cuestas , como burro de carga ?

- Al contrario : es muy agradable , y nada sería más hermoso que ver pasar a los animales cada uno con su vivienda.

No habría desalojos , ni asaltos a domicilio , ni asesinatos alevosos.

- Pero caminarían todos muy despacio , señor Caracol.

- No hay por qué apresurarse cuando se lleva consigo lo que más se necesita.

Al menor peligro , adentro , y en paz... Compadezco a los desdichados que andan siempre asustados , huyendo de posibles enemigos... ¡ Pobrecillos !... Mi divisa es , le repito :

¡ La seguridad ante todo ! Seguridad significa vida larga , dichosa , sin temor a lo imprevisto.

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A este punto llegaba la conversación cuando apareció por allí un hombre juntando caracoles en un cesto.

- ¡ Ay , si me ve !... ¡ Ay , si me ve ! - sólo atinó a decir el caracol , y temblando de miedo se metió en su casa.

Entonces El Manchado puso sobre él bastante tierra , y con tal rapidez que el hombre no lo vió y pasó de largo.

- ¡ Le debo la vida ! - exclamó , reapareciendo , el caracol -.

Siga su camino y procure no molestar con su baba a quienes no le hacen ningún daño.

Desde ese día todos los caracoles elogian a El Manchado como al más bueno de los animales.

UN PROBLEMA PELIAGUDO

Sucedió que una gran lluvia cubrió la tierra. Aguantaron los grillos en su cuevita lo más posible , y cuando el agua ya los cubría por completo salieron a la superficie en busca de una altura para refugiarse en ella. En tan angustiosos momentos se presentó El Manchado , quien con energía ordenó :

- ¡ Síganme !

Tras él marcharon , sin la menor vacilación.

Y los guió hasta una roca por la que treparon todos refugiándose en las grietas.

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Pasó la tormenta , abandonaron el escondite y se dispusieron a bajar , pero la roca estaba rodeada de agua y para llegar a tierra firme era preciso atravesar un corto trecho a nado. Nadie había visto al enorme sapo que estaba abajo , y que era nada menos que Gambatorta , campeón de voracidad.

Cuando el primer grillo saltó al agua y quiso llegar a la orilla , Gambatorta lo atrapó y en un abrir y cerrar de ojos se lo acomodó en el buche.

Ya nadaban un segundo y un tercero , y desaparecieron igualmente.

El Manchado gritó : - ¡ Alto ! ¡ Traigan piedras !

Con rapidez trajeron los grillos hasta el borde de la roca pequeñas piedras de las que por allí abundaban. El Manchado dejó caer una en el agua. El sapo se abalanzó sobre ella , y casi la traga.

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- ¡ Piedra ! - exclamó con rabia , y la escupió.

Cayó otra , quiso tragarla y , arrojándola más furioso todavía , gritó :

- ¡ Piedra !

Repitió varias veces la tentaviva , hasta que escarmentado y con el gañote dolorido , se encogió y dijo :

- Si son piedras , no sé cómo caminan ; si son grillos , ¡ qué se los coma la cigüeña !

Entonces El Manchado mandó saltar a un grillo. Saltó , y en tres zancadas ganó tierra y se fue.

- Ahora vuelven los grillos verdaderos , tiernitos y sabrosos - se dijo Gambatorta -. ¡ Atención !

Pero volvieron las piedras y al pretender comerlas repetía el sapo hinchado de rabia :

- ¡ Piedra ! ¡ Piedra !

Bajaron y atravesaron el charquito otros grillos ; cayeron luego piedras ; después grillos , después piedras... Así , poquito a poco , todos los grillos que estaban sobre la roca burlaron al terrible tragón , que abría los ojos desmesuradamente para ver mejor , y apretaba la boca dolorida para no tentarse y sufrir un nuevo engaño.

El último en cruzar el charco fue El Manchado , que tuvo la picardía de zambullirse , mientras decía Gambatorta :

- Otra piedra , y bien pesada. ¡ Se fue al fondo !

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Pero de repente vio que la piedra salía del agua y se alejaba , en compañía de los grillos salvados , que se iban contentos a su casa. Gambatorta quedó en estado delirante. Aquellos que había visto era un misterio como para enloquecer a cualquier sapo. Si eran grillos , no le habrían estropeado la lengua y la boca ni se hubieran quedado muchos de ellos para siempre bajo el agua ; si eran piedras , entonces él había comido piedras que nadaban y caminaban por el suelo.

Después supo Gambatorta lo sucedió , y entonces su admiración por El Manchado no tuvo límites.

Nunca más comió un grillo , temeroso de que fuera El Manchado ; nunca habló sin ponderar aquella ingeniosa hazaña que salvó tantas vidas.

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NAVEGANTE IMPROVIDADO

Bajó El Manchado por la barranca hacia la orilla del río , atraído quizá por la frescura del agua , o deseoso de recorrer nuevos parajes.

Llegó un momento en que estaba sobre una hoja de magnolia , grande y gruesa. Sopló una racha de viento y la hoja se elevó y cayó al agua. Cualquier grillo se ahoga en parecidas circunstancias ; pero él supo agarrarse y mantenerse en equilibrio.

Impelida por la corriente , la hoja se deslizaba como una barca. El Manchado , aproximándose a los bordes , exploraba con sus largas antenas y siempre tocaba agua.

Había que tener paciencia y esperar que aquel viaje inesperado terminara Navegó la noche entera , y siguió navegando en la claridad del día.

Ya muy débil y cansado perdía toda esperanza de salvación , cuando la hoja se detuvo en un remanso que formaban las aguas y las antenas tocaron tierra. En seguida dejó El Manchado su barca y empezó a caminar , extrañado de hallarse en un lugar lleno de sorprendentes novedades. Cuando allí había le era desconocido , y hasta el olor de la tierra lo impresionaba. Indeciso y cansado , se detuvo debajo de unas hierbas y se durmió.

Cuando despertó era ya de noche. Libre de peligros se puso en marcha con el propósito de conocer el sitio donde estaba. Halló un gran tronco , subió a él y continuó andando. Aquel tronco cruzaba , como un puente , una pequeña corriente de agua. Al pisar otra vez tierra oyó música de grillos y algunos de ellos vinieron a su encuentro. El viajero , agradablemente sorprendido ; les preguntó dónde estaba , y le respondieron :

- Estás en el Paraíso de los Grillos.

- ¡ El Paraíso de los Grillos ! - exclamó emocionado -. ¡ Jamás oí hablar de él !

EL PARAISO DE LOS GRILLOS

A medida que avanzaba por la pequeña isla , mayor era su asombro.

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Había salido el sol , y preguntó cómo se atrevían a andar a la luz del día con tanta tranquilidad. Le contestaron que allí toda era buena , porque no había aves , ni sapos , ni grandes arañas , ni ningún enemigo.

Parecíale al viajero un sueño lo que escuchaba. Nunca imaginó que existiera un lugar así en el mundo , donde se gozara de libertad para moverse sin el continuo temor de ser devorado.

Desde pequeñito sabía que sólo se podía salir sin peligro a favor de las sombras de la noche , y que siempre debía estar alerta y apercibido para esconderse al primer ruido o movimiento sospechoso. Por esto , sus antenas bailaban de continuo para explorar lo que hubiera o apareciese alrededor.

Como si fueran en coche , pasaban algunos grillos encaramados en cascarudos.

Al poco rato numerosos grillos rodeaban al forastero y lo tocaban , preguntándole dónde había nacido , cómo pudo llegar hasta allí y cuál era el motivo de su peligroso viaje.

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- Vienes muy bien - dijo uno - , pues mañana tenemos grandes fiestas.

Se casa la hija del vecino más viejo de la isla , el cual está esperando a un renombrado músico que debía haberse presentado hoy , y no ha aparecido. Por lo tanto puedes ir a hospedarte en su casa , que le indicaron.

Lo recibió amablemente el grillo viejo e hizo traer diversos alimentos que el viajero comió con avidez , pues tenía bastante hambre.

- Ya te habrán informado - dijo el dueño de casa - de que mañana es la boda de mi hija.

Quedas invitado a los festejos. Esperábamos a un célebre músico , pero ya vemos que no llegará. Acaso está enfermo ; quizás ha fallecido.

Quisiera apreciar tus dotes musicales.

- Sería para mí un honor ser útil - contestó El Manchado.

- Pues hazte oír ahora mismo y sabremos lo que puedes.

En seguida El Manchado hizo sonar sus élitros.

Asombró a cuantos lo oyeron. Fue opinión general que nunca se había escuchado algo parecido. Todos los de la casa redoblaron los agasajos para el forastero.

Al oscurecer vio que aparecían lucecitas por todas partes y preguntó qué era aquello.

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Le contestaron que ellos no hacían las casas debajo de la tierra , sino en la superficie , puesto que allí no había ningún peligro. Las alumbraban los bichitos de luz. Las casitas iluminadas ofrecían un magnífico aspecto.

Lo invitaron a concurrir a la plaza del centro de la isla , en la que se dan cita los mejores músicos y forman orquesta. Pasean algunos mientras duran los conciertos , pero los más permanecen quietos y con una patita levantada para escuchar mejor , pues los grillos tienen el oído en las patitas delanteras.

Los pequeños se entretienen en jugar al sube y baja y en deslizarse por los toboganes , que son grandes hojas de árboles , bien elegidas por su forma y su resistencia.

Después del concierto muchos de los presentes , y también El Manchado , se acercaron a la orilla del agua , para beber. Finalmente , se retiraron a dormir.

El forastero pasó aquella noche en la casa de la boda , donde continuaron los preparativos.

LA BODA Y LOS FESTEJOS

Al día siguiente , temprano , acudían los invitados desde todos los puntos de la isla , anunciando con cantos de alborozo el acontecimiento que se iba a celebrar.

A la sombra de un frondoso arbusto se realizó la ceremonia.

Primeramente los novios fueron aproximándose hasta quedar frente a frente.

En ese momento el novio hizo sonar sus élitros tres veces , como preguntándole a la novia si se quería casar con él , y otras tantas movió ella las antenas en prueba de su conformidad para la unión.

El padrino de la boda brindó a cada uno de sus ahijados una gota de agua en la punta de una pajita. La madrina depositó ante ellos dos granitos de una planta silvestre. Ambas ofrendas significaban abundancia y felicidad para la nueva pareja.

Después , el grillo viejo entregó a su hija al esposo , y tocó a uno y a otro la cabeza con sus antenas. En seguida , los desposados dieron una vuelta caminando unidos delante de los invitados , cuyos élitros sonaban con extraordinarios bríos.

Y con esto quedó la boda consumada.

Entonces la concurrencia se reunió en la plaza , donde debían efectuarse los diversos números del programa de las fiestas. Lo primero era el concierto. Pero los músicos que formaban el coro se negaron a lucir sus habilidades. Pedían que antes que ellos se hiciera oír El Manchado.

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Así lo hizo él , y mejor que nunca.

Empezó con unos toques de atención breves y espaciados.

Luego , fue uniendo las notas y aumentando su sonoridad. Parecía que la hierba y los árboles zumbaban , mientras la música subía hasta las nubes y luego descendía derramándose como lluvia armoniosa sobre la isla entera.

Cuando acabó , tras un momento de silencio , los oyentes lo aclamaron con sus élitros en un arrebato de entusiasmo. Nadie se atrevió a tocar después que él.

Llegó el turno de la carrera llana , en pista de dos metros. Se alinearon para disputarla catorce corredores , entre ellos El Manchado , el cual les ganó a todos por varios cuerpos. El tercer número era la prueba de fuerza.

La patada de un grillo , en proporción a su peso , es muchas veces más fuerte que la de un caballo. El grillo que la recibe es lanzado a una apreciable distancia.

Si se coloca una hoja de papel detrás de un grillo , de tal manera que pueda sospechar que se le acerca un enemigo , oiremos en el papel el reqiqueteo de sus patadas , tan rápidas y seguidas que apenas dan tiempo a ver el movimiento de las zancas.

La prueba a realizarse consistía en colocar en el suelo una pequeña piedra redonda.

Sólo participaban en el torneo los más sanos , vigorosos y forzudos.

Uno a uno se aproximaban y con un golpe de zanca lanzaban la piedra lo más lejos posible.

La mayoría de los atletas la arrojaron a tres cuerpos de grillo.

Hubo uno que la lanzó a cuatro cuerpos. El último en acercarse a la piedra fue El Manchado.

Se puso en posición , acomodó la zanca derecha y luego dio el golpe con tal ímpetu que la piedra se detuvo a ocho cuerpos de grillos de distancia , ante el asombro de todos.

Estallaron estruendosas manifestaciones de entusiasmo por tan magnífico triunfo.

En seguida , fue levantado y paseado en alto alrededor de la plaza , sin que cesaran durante largo rato las muestras de admiración.

Para la carrera en coche se presentaron muchos competidores. Servían de caballos dos escarabajos atados a la hoja de un árbol. En esta importante prueba no tomó parte el forastero. Resultó bonita e interesante. Ganó una señorita grilla con una yunta de escarabajos que cinchaban parejos y caminaban con extraordinaria ligereza.

Por último tuvo lugar el concurso de quién construía la mejor casa en menos tiempo.

Aspiraron al premio veintinueve hábiles grillos y nombraron a El Manchado juez para decidir cuál era el ganador.

Finalizaron los festejos con otra gran comilona que se prolongó durante horas.

Y en todas ellas gozaron de la satisfacción de dar continuo movimiento a sus fuertes mandíbulas , que trituran los más duros bocados.

En la comilona abundaban frescas y sabrosos hojas y riquísimas semillas de plantas silvestres , además de una gran variedad de suculentos insectos que hacían las veces de la carne en nuestra mesa. Los comensales , eligiendo cada manjar sin estorbarse , se hartaban cachazudamente , sin dar a las mandíbulas un segundo de reposo. Era evidente la firme voluntad de no dejar a la vista ni una sola de las exquisitas provisiones , elegidas con singular acierto por el grillo viejo , padre de la novia.

Al día siguiente , viendo El Manchado que había algunos grillos enfermos , decidió aplicar sus conocimientos para aliviarlos. Sabía los mejores remedios y pudo hacer mucho bien.

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Todos le preguntaban cuándo construía su casa. El Manchado no sabía qué contestar.

Allí los grillos disfrutaban de insuperable comodidades y de una seguridad absoluta , pero asimismo él dudaba entre quedarse o regresar adonde había nacido.

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Sufría El Manchado en el Paraíso de los Grillos , a pesar de que su vida era regalada y apacible , sufría porque se acordaba de su hermanito y de los compañeros. Sabía que ellos luchaban valientemente con el hambre y contra toda suerte de peligros , y que sin el auxilio de su experiencia los sufrimientos serían mayores aún.

Solo y pensativo fuése acercando una mañana al río sin saber a punto fijo para qué.

Siguió andando , encontró algo que le pareció el tronco de un árbol , trepó por él , y cuando estuvo junto a una cosa más grande sintió que una fuerza superior a su voluntad lo hacía subir y subir a lo más alto , hasta que tocó hierro y madera , pues estaba en un barco , el que ya se movía y se alejaba de la costa.

Como pasaban cerca algunos hombres , resolvió esconderse entre unas lonas.

- A esta hora - pensaba - ya habrán notado mi ausencia y me buscarán por todas partes.

Lo deploro ; pero si esto que se mueve lo mismo que la hoja que me trajo me llevara a mi patria , me alegraría muchísimo.

EN EL PAIS NATAL

Después de andar cierto tiempo el barco se detuvo. Al notar aquella quietud El Manchado se propuso reconocer el sitio donde estaba. Caminó lo más ligero que pudo , dio un resbalón sobre la borda mojada y cayó en tierra. ¡ Cuál no sería su sorpresa al encontrarse entre los pastitos tan conocidos y queridos donde pasara la niñez ! Emocionado , se limpió bien la cara , se alisó las patitas y revisó sus antenas.

Como era de día , resolvió prudentemente esconderse debajo de una matita y esperar la noche. Así lo hizo , y después de un momento se durmió , cansado de las sacudidas y emociones del viaje.

Al oscurecer abandonó su refugio y subió por la barranca. Cuando llegó a lo alto , se detuvo.

Brillaban las estrellas y algunos grillos daban su primera serenata. Hizo sonar él sus élitros y los otros músicos callaron. Recordaban , quizás , quién era el único capaz de producir aquellos sonidos fuertes , claros , pausados y armoniosos , mas no podían creer que El Manchado hubiese vuelto.

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Calló él y resonaron muchos élitros. Volvió a hacerse escuchar y los demás quedaron silenciosos. Repitió la misma prueba y de nuevo sucedió el silencio a su música , hasta que estalló de pronto un gran coro de júbilo , por lo que se convenció de que lo habían  reconocido. Notó , además , que venían hacia él , pues escuchaba los trinos cada vez más cerca.

Tanto se aproximaron que El Manchado comenzó a sentir el roce de antenas que lo tocaban cual largos y finos dedos de sensibilidad extraordinaria.

Habrá quien piense que lo examinaban de tal manera debido a la oscuridad ; pero con luz sería igual , porque los grillos prefieren las antenas para averiguar cuanto desean.

Y como el peligro no siempre ha de estar al frente , poseen dos colas que también les sirven para el tacto. Y aquí conviene aclarar que esta antenas posteriores nunca son tres , como suponen algunos al mirar una grilla.

Parecen tres , porque las hembras poseen , entre las colas , un tubo hueco que es de suma importancia. Con él , cuando llega el tiempo de la postura , hacen hasta un centenar de agujeritos en tierra húmeda , y en cada uno depositan un huevo , del cual , antes de un mes , nace un grillito blanco , que en seguida sube a la superficie y se ennegrece.

Al sentirse tocado , El Manchado se dejaba observar tranquilamente. Vivos y múltiples trinos de gozo y bienvenida anunciaron quién era el recién llegado. Y de inmediato comenzaron a hablarle.

- Te esperábamos todas las noches - dijo uno -. Y te llamábamos hasta el amanecer.

Desde que te fuiste hemos sufrido duras calamidades.

- Por eso estar tú - exclamó una grilla - perdí a mis hijitos. Aparecieron las ranas y se los llevaron.

- No veo a mi hermanito - dijo El Manchado.

- Tanto fue el terror - contó otro - , que hoy mismo , para que los grillitos estén quietos , basta decirles : ¡ Rana ! , y no se mueven ni una pata durante horas enteras. Pero , por fin , vino una nube blanca , se puso encima de ellas y desaparecieron.

- ¿ Nube ? - preguntó El Manchado -. ¿ Tenía unas patas muy largas y unas alas muy grandes ?

- ¡ Sí ! ¡ Sí !

- Entonces la nube blanca era una cigüeña. Si los ve , no queda un grillo vivo para contar esa historia... ¿ Qué más ha sucedido ?

- Que Ala Caída me mordió una antena y me la achicó - dijo uno.

- Que me falta una pata - dijo otro.

- Di también que quisiste apoderarte de mi casa - exclamó el culpable del delito.

La costumbre grillesca de cerrar y abrir las puertas de la morada da idea no sólo de la actividad de estos insectos , sino también de la atención que dedican a su vivienda. Esta es merecedora de solícitos cuidados y del mayor esmero en la limpieza.

Es también la casi única causa de las peleas. En general los grillos son entre sí atentos y corteses , pero intolerantes y hasta feroces con quien se atreve a violar el domicilio. El cariño a su casa es una de las más curiosas particularidades de los grillos.

Fuera de ella son tímidos , incapaces de atacar a ningún ser vivo , mansos y hasta bondadosos con sus congéneres. Ni siquiera se muestran egoístas o groseros al compartir algún manjar. Pero al que se atreve a revisar tan sólo la entrada de su casa , el dueño lo acomete con fiereza y crueldad impresionantes. Lo probable es que el intruso , si no huyó con la necesaria rapidez , pierda por su atrevimiento las antenas , una o más de sus patas y también alguna zanca.

El enfurecido propietario no se conforma con menos. Unicamente renuncia al duro castigo cuando reconoce que el intruso es de distinta especie y más poderoso que él.

Entonces huye por la otra puerta , ya que tuvo la precisión de abrir dos para estos casos al preparar su vivienda.

- Ahora - dijo uno - sufrimos la desgracia de que no llueve nunca. ¡ Ni una gota de agua !

¡ Crece el polvo y no la hierba ! Andamos toda la noche y al cabo nos dormimos mascando aire y sedientos.

- Y eso - agregó una grilla - que como buenos pobres , nos conformamos con cualquier cosa ; pero no hay nada ,

¡ nada más que tierra seca !

EL HERMANITO

Paciencia ! - exclamó El Manchado -. ¿ Y mi hermanito ?

- Tu hermanito...

- ¿ Dónde está ? - preguntó alarmado.

Nadie le contestaba.

- ¡ Digo que dónde está mi hermanito ! - repitió.

- Aquí - dijo por fin una grilla -. Está conmigo.

- ¿ Por qué no se acerca ?

- ¡ Porque no puede ! - explicó alguien.

- ¿ Qué le pasa ?

- Lo peor que le puede pasar a un grillo - contestaron.

Fue El Manchado hasta el sitio donde estaba el hermanito y lo revisó con sus antenas , que eran las más largas , más sensibles y delicadas de todas. El hermanito no tenía antenas , no tenía colas ; se sentía disminuido y apocado , temeroso de andar solo al no poder tocar lo que hallaba a su paso.

- ¿ Cómo ha sucedido esto ? - preguntó muy afligido El Manchado.

Sucedió - explicó la que lo acompañaba - que dejaron en el suelo una cosa caliente.

- Una brasa - afirmó otro.

- Tu hermanito se acercó , tocó con las antenas , y se quedó sin ellas ; se dio vuelta , tocó con las colas y las dos desaparecieron. ¡ Vive por milagro !

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- Vive porque tú lo cuidas como una madre - agregó otra grilla.

- Te lo agradezco mucho - exclamó El Manchado -. Ahora vivirá como antes conmigo , beberá de mi agua , comerá lo que yo coma , y ¡ ay del que le haga daño !

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Siempre fue algo chiquitín , un tanto debilucho y demasiado miedoso... Primero , tengo que ocuparme de él ; en seguida estaré junto a ustedes , con la esperanza de poder serles útil.

Y todos se alejaron , con una ruidosa serenata de alegría , por tener entre ellos al preferido y amado compañero.

El Manchado empezó a caminar con el hermanito hacia su antigua morada.

Mientras andaban , lo tocaba con sus antenas para infundirle confianza y para darle la seguridad de que ya nunca lo abandonaría.

Cuando llegan , El Manchado debe abrir una de las puertas , pues se hallan las tres cerradas. En diversos sitios del interior encuentra terroncitos de tierra que saca y pone afuera.

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Una vez que todo queda en inmejorables condiciones de aseo y de lisura hace que el hermanito entre y salga varias veces , a fin de que conozca bien la casa.

Después dice :

- Descansemos lo que falta para la noche ; luego iremos en busca de alimentos.

MUSICOS CONOCIDOS

Han callado los pájaros. El silencio y la oscuridad se agrandan más cada vez.

Aparecen las estrellas de allá arriba y también las de abajo , que son los bichos de luz.

Asomados a la puerta de su casa , El Manchado y el hermanito escuchan las primeras  serenatas de los grillos vecinos.

Reconocen a cada músico. Al escucharlos dicen :

- Ese es Cola Larga.

- Ahora toca Pata Seca.

- Contesta Ala Caída.

- ¿ Quién es ése ? - pregunta de pronto El Manchado , sorprendido.

- El hijo de la Bonita - contesto el ciego -. Ha progresado mucho. Se pasa la noche tocando.

- No me parece bien , porque comerá muy poco.

- Tan poco come , que lo llaman Muerto de Hambre.

- La música es una gran cosa - dice El Manchado - ; pero nada es bueno cuando se exagera.

En ese momento se oye el chirrido de una lechuza ; todos los grillos callan. El Manchado y el hermanito desaparecen.

Paso un rato. La lechuza se va.

Salen de nuevo a la superficie , y El Manchado dice :

- Cuando oigas ese chirrido , calla y escóndete ligero ; si no puedes esconderte , aplástate , quietito , contra el suelo. ¡ Ese bicho es capaz de comernos a todos en una noche !

El cieguito exclama :

- ¡ Tengo hambre !

- Vamos - dice El Manchado -. Ponte al lado mío , de manera que me sientas en todo momento.

Caminan hacia un lado , caminan hacia otro lado , avanzan , retroceden , y no encuentran nada más que polvo. De rato en rato se detienen y El Manchado mueve las antenas.

Reconoce ciertos objetos con la esperanza de que sirvan de alimento.

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- ¿ Sabes - dice El Manchado - que no creí que fuese tan grande la miseria ?

Hemos andado mucho y no encuentro ni el ala de una mosca.

- Cabeza Grande era muy buena conmigo - dijo el cieguito - y se pasaba las noches enteras buscando comida. Si por casualidad hallaba algo , y era poco , me lo dejaba todo para mí.

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A pesar de eso , yo volvía la mayor parte de las veces tal como había salido.

Y con el hambre , me costaba dormirme.

Siguen caminando. No queda un pedacito de suelo sin revisar. La tarea es larga y difícil.

Si El Manchado toca algo que se mueve , se detiene y cambia de rumbo , pues los grillos no atacan a un ser vivo , por más pequeño que sea.

Por fin descubre un escarabajo muerto.

- Come - dice , empujando al cieguito hacia la parte del vientre , que es la más tierna y sabrosa , mientras él se conforma con la cabeza y las alas duras.

Comen , descansan , vuelven a comer. Cuando ya saciados se recogen para dormir aún se oye la cantilena de algunos grillos trasnochadores.

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NOVEDADES Y PERCANCES

En la noche siguiente los dos hermanos escuchan junto a su casa la música de los grillos de la vecindad. Vuelve a nombrar El Manchado a cada ejecutante con la certeza de no equivocarse , tan fino es su oído. Después , el cieguito dice :

- Toca tú , ahora.

Entonces El Manchado levanta los élitros hasta ponerlos completamente verticales , y rozando los bordes llena el espacio de sonidos potentes y armoniosos. Sigue un profundo silencio.

De pronto se oyen trinos en muchas direcciones.

- ¡ Vienen hacia nuestra casa ! - dice el cieguito -. ¡ Te han reconocido !

Los toques son cada vez más breves y más próximos. El Manchado contesta , y un rato después todos se hallan reunidos ante los dos hermanos. Con grandes muestras de gozo saludan al viajero y lo tocan con sus antenas. La Bonita dice :

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- Cuéntanos qué hiciste cuando no estabas con nosotros.

El Manchado les relata su inesperado viaje , la llegada al Paraíso de los grillos , el recibimiento que le hicieron , las relata su inesperado viaje , las fiestas , las comilonas , el casorio y las curiosidades de aquel país desconocido para ellos. Todos escuchan asombrados y se hacen repetir cosa por cosa hasta tres veces , porque no lo creerían a no decirlo El Manchado.

Cuando termina la descripción del viaje vuelven los cuentos de lo sucedido durante la ausencia de El Manchado.

- Vino una gran inundación - dijo Barriga Blanca -. Abandoné mi vivienda y en una planta esperé hasta que las aguas se retiraron.

- ¿ Eso fue todo ? - dijo El Manchado.

- Los huevitos que había puesto en la tierra y que eran casi un ciento... casi un... un...

- ¡ Vaya ! No te aflijas así.

Barriga Blanca , compungida y llorosa , no puede continuar , y la Gritona explica :

- Sucedió que se perdieron con tanta agua , y que los grillitos no nacieron.

- ¡ Paciencia ! - dice El Manchado -. Bastante fue que salvaras el pellejo.

- Lo principal que sucedió - refiere la Torcida - fue mi encuentro con un grillo más chico que nosotros , menos negro que nosotros.

- Ese era un grillo doméstico - aclaró El Manchado.

- Parece increíble - me dijo - que vivan ustedes en medio del campo , expuestos a tantos peligros y privaciones. Yo vivo en la cocina de una casa ; nunca llueve , nunca hace frío ; no hay quienes lo busquen a uno para devorarlo ; la comida es abundante ; todo lo pago tocando la música cuando se me antoja.

- Lo increíble - observa El Manchado - es que haya perdido tantas comodidades para venir a hacernos compañía.

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- Es que echaron abajo la pared donde vivía. Andaba lleno de miedo en busca de otra casa ; por fin , se metió en la cueva de una lechuza. De allí no salió más.

- Lo principal - dice otro - le ocurrió a mi vecino el Tragón.

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- ¿ Qué te ha pasado , Tragón ? - pregunta El Manchado.

- ¡ Que perdí una antena ! ¡ Que tengo una sola y a esta misma apenas puedo moverla !

El Manchado le pide que se aproxime y le revisa la cabeza.

- ¿ Cada cuánto tiempo te limpias tú la cara ? - le pregunta.

- Cuatro veces al día. ¿ A qué viene eso ?

- Viene porque lo que tú tienes es un pegote de barro , y nada más. Moja la pata en agua , pásala por la cabeza , y recobrarás la antena tan de repente como la perdiste.

- Difícil ha de serle encontrar agua - dice Cola Larga -. Hace tiempo que no vemos una gota.

- ¡ Perecemos de sed ! - exclama un grillo.

- ¡ Nos morimos de hambre ! - repiten muchos.

- Mañana por la noche vengan aquí - dice El Manchado -. Yo los llevaré adonde hallarán agua y alimentos.

Obedecen y se retiran , con ruidosas demostraciones de contento y gratitud.

UNA NOCHE AFORTUNADA

Al llegar la siguiente noche no se hacen esperar.

Una vez reunidos grandes y chicos , El Manchado les dice :

- Andáis la noche entera en el mismo sitio. Venid conmigo , bajemos la barranca y en la orilla del río encontraréis de todo.

- Al río no se puede ir - dice Zanca de Hierro.

- ¡ No ! ¡ No se puede ir ! - repiten muchos.

- ¡ Nos ahogaremos ! - exclama Cola Larga.

- Vengan conmigo - ordena El Manchado -. Yo iré adelante.

Obedecen y caminan tras él.

- ¡ Bajad con precaución ! - advierte El Manchado.

Llegan a la orilla del río , sacian la sed en los charquitos de agua y encuentran alimentos en abundancia. Allí atracan embarcaciones y siempre quedan restos de comida apetecible , principalmente granos de cereales. Hay , además , moscas , avispas y otros bichitos muertos , que los grillos devoran con avidez.

El Tragón se lava la cara y recobra movimiento la antena que creía perdida.

Ya satisfechos , se reúnen en pequeños grupos , como si se dijeran algo importante.

- ¿ Qué hablan en secreto ? - pregunta El Manchado.

La Bonita responde :

- ¡ Hemos resuelto quedarnos aquí para que nos lleves al Paraíso de los Grillos !

- ¡ No se quedarán , porque al crecer las aguas perecerían ahogados ! ¡ Arriba !...

¡ Cada cual a su casa ! - grita El Manchado.

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Suben por la barranca y prosiguen andando , con bastante lentitud , porque se sienten pesados de tanto que han comido.

El Manchado , junto al hermanito , cierra la marcha , y haciendo sonar sus poderosos élitros los incita a apresurarse , pues ya un pájaro anuncia el nuevo día.

 

Constancio C. Vigil

 

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Derechos reservados. Hecho el depósito que marca la ley. ( c ) Editorial Atlántida 1941. Libro de edición Argentina. Printed in Argentina. Esta 7ª edición de 12000 ejemplares de "El Manchado" se terminó de imprimir el 28 de noviembre de 1974 en los talleres de la Editorial Atlántida , Azopardo 579 , Buenos Aires , República Argentina.


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