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  Carta Abierta  

 

 que desde Canadá envió Comité Canadien, en la persona de una de sus autoridades, el señor René Silva.

Es un organismo serio para combatir los crímenes conta la Humanidad.

Por la vida de todos.

Cristina Castello
 
Periodista
Buenos Aires, Argentina
cristinacastello@ifrance.com
cristinacastello@fibertel.com.ar
www.paginadigital.com.ar/cristinacastello
www.cristinacastello.com (en construcción)

  Comité Canadiense para Combatir los Crímenes Contra la Humanidad

http://comitecanadienhumanite.freeservers.com

cccch2000@hotmail.com

3-220, rue de Beauharnois ouest, Montréal, Québec, Canada H2N  1K2

Téléphone: (514) 387-0149

CARTA ABIERTA A ABEL CORNEJO, JUEZ FEDERAL, REPÚBLICA ARGENTINA

 Montreal, 3 de marzo de 2002

 Señor Abel Cornejo

Juez federal

República Argentina

 Excelentísimo señor magistrado

 Se admirará tal vez, su Excelentísimo señor magistrado, de estas líneas que provienen desde Canadá. Ellas le indican a qué punto el Internet es un “arma” y como Ud. parece ser un gran luchador contra los que poseen armas es más que probable que embista enceguecido contra la red de redes.

 Pero antes que su Excelencia se dañe la cabeza, permítame clarificar que no es para hablarle del poder que Internet pone entre las manos del ciudadano que le escribo, sino que es  acerca de la  abogada Mara Puntano, la defensora de los piqueteros de Salta. Ud. ciertamente la conoce, ya que ha decidido recurrir al Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio Público de Abogados con el curioso fin de suspender la matrícula de este miembro del cuerpo de juristas de la nación argentina.

 ¿Quién soy yo para inmiscuirme en la decisión de un juez argentino? Nadie.

 Pero como ciudadano responsable estoy al tanto del drama que vive la Argentina y su pueblo. Un drama que comenzó a gestarse hace unos años atrás, en aquellos días en que un gran neoliberal llamado Carlos Saúl Menem confió el destino de su nación a los buitres del Fondo Monetario Internacional, dirigido por un rascatripas llamado Michel Camdessus, conocido sicario de los criminales de Wall Street. Cuando Menem decidió lanzar a la indigencia a millones de argentinos atentó contra esas víctimas en su más profunda dignidad. Su acto produjo heridas profundas y terminó matando seres humanos, un derrame de sangre que siguió en la más completa impunidad con un denominado Fernando de la Rúa.

 Sangre humana, Excelentísimo señor magistrado. La misma sangre que puede derramar un arma de fuego. Sin embargo cuando esos hechos acontecían, ¿dónde estaba Ud., Excelentísimo señor magistrado? ¿Dónde estaba cuando esos individuos apretaron el gatillo del arma económica, acto  dictado por la banca financiera internacional?

 La documentación que circula sobre su ilustre persona a través de Internet indica que Ud. es un serio adicto a fórmulas legales, muchas de ellas basadas en documentación obtenida por medios brutales, como la tortura física y psicológica. Le entrego entonces a continuación una referencia que estoy seguro le interesará: se trata de la jurisprudencia Erdemovic, la cual nos indica que en este caso particular los jueces del Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia, consideran que el crimen contra la humanidad deja de revestir el carácter exclusivo de atrocidad de  masas y el de atentado contra la vida humana. En efecto, los jueces en este caso estiman que «Los crímenes contra la humanidad son aquellos hechos graves de violencia que afectan al ser humano en lo que le es  más esencial: su vida, su libertad, su integridad física, su salud, y su dignidad. Pero los crímenes contra la humanidad transcienden también el individuo porque atacando al hombre, se ataca la Humanidad. Es la identidad de la víctima, la Humanidad, que marca lo específico del crimen contra la humanidad». En otras palabras, Excelentísimo señor juez, aquellos que apretaron el gatillo del arma económica atentaron contra la dignidad de las víctimas constituidas en un grupo específico de la sociedad. Vale decir, cometieron un crimen. Pero no cualquier crimen. Cometieron un crimen contra la humanidad.  

 (THE "ERDEMOVIC" JURISPRUDENCE, Boletín Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia http://www.un.org/icty/BL/14art2e.htm)

 También cometieron genocidio si nos fiamos a la definición de la Real Academia. Dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (vigésima primera edición, ed. Espasa Calpe, tomo 1, Madrid, 1992, pág. 1034), genocidio: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de religión o de política.-

 Lo imagino sonriendo, Excelentísimo señor. Tiene razón. Es para sonreír porque su pellejo está resguardado por tecnicismos comprendidos en la constitución del país. Se preguntará a estas alturas porqué hablo de su pellejo. Es por la simple razón de que Ud. nunca logrará explicar fehacientemente porqué no actuó como juez cuando los criminales obraban a luz y paciencia de todo el mundo. Eso, si comprendo bien, Excelentísimo señor, se llama “asociación ilícita” o, para utilizar otras palabras más comprensibles, es ni más ni menos que complicidad en la ejecución de un crimen.

 Lo imagino aún sonriendo, Excelentísimo señor. Tiene razón.

 El Dictámen aprobado por el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal de Argentina, en su sesión del Consejo Directivo de fecha 6-12-99, titulado DICTAMEN SOBRE GENOCIDIO Y JURISDICCIÓN INTERNACIONAL presentado por el  Abogado, E. Barcesat, Profesor Titular en el Departamento de Teoría General y Filosofía del Derecho; Profesor Adjunto de Derechos Humanos y Garantías Constitucionales; Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires, ejemplifica la realidad jurídica sobre la cual se basa su sonrisa.

 Este dictámen nos informa que, a pesar de que la Argentina a suscrito a Tratados Internacionales en materia de genocidio, estos son inaplicables en territorio en virtud de una supuesta defensa de la "soberanía" jurisdiccional basada en el concepto de territorio, la cual, al amparo del Decreto lll/98, prohibe brindar colaboración a jueces extranjeros en el caso de genocidio. 

 Lo imagino siempre con su sonrisa en los labios. Tiene razón.

 Ante esa sonrisa maquiavélica yo podría interponer la declaración de unas marionetas que dice así: “Nosotros, los Ministros de Relaciones Exteriores y Jefes de Delegación, representantes de los gobiernos democráticamente elegidos de las Américas, reunidos en la ciudad de Lima en el vigésimo octavo período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, como una expresión de nuestro compromiso político con la democracia y de conformidad con los mandatos de nuestros Jefes de Estado...” y bla...bla...bla. ¿Pero de que sirve la saliva perdida por marionetas? Sin embargo y aunque parezca curioso semejantes marionetas, que danzan al son de la sutil música de Washington, firmaron la Declaración de Lima cuyo artículo 8 dice:

 “Artículo 8

Cualquier persona o grupo de personas que consideren que sus derechos humanos han sido violados pueden interponer denuncias o peticiones ante el sistema interamericano de promoción y protección de los derechos humanos conforme a los procedimientos establecidos en el mismo. Los Estados Miembros reafirman su intención de fortalecer el sistema interamericano de protección de los derechos humanos para la consolidación de la democracia en el Hemisferio.”

 Es cierto, Excelentísimo señor, es cierto, tengo que confesarlo. ¿Quién va a interponer una denuncia en el seno de una organización que lucha justamente para mantener el status quo tan deseado por Washington? Sin embargo lo curioso de esta Declaración es que a pesar de todos los hoyos legales que contiene el texto al menos se refiere a un mecanismo de denuncia.

 Lo que ya es algo.

 Y hablando de denuncia vaya aquí una. La denuncia radicada en el juzgado federal N0.4 de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, el 19 del mes de noviembre de 2001, por el ciudadano señor Ramiro González, contra el ex-presidente Carlos Saúl Menem, nada menos que por genocidio.

 Y si eso le parece poco vaya a continuacion un extracto del VEREDICTO emitido por el

Jurado del TRIBUNAL INTERNACIONAL DE LOS PUEBLOS SOBRE LA DEUDA, que sesionó en Porto Alegre, Rio Grande do Sul, Brasil, los dias 1 y 2 de febrero de 2002, como parte del II Foro Social Mundial y que dice: “Los acusados, Bancos y corporaciones transnacionales, Gobiernos del Norte, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, otras instituciones financieras internacionales y sus colaboradores en el Sur, son autores, coautores, complices o encubridores de los siguientes delitos y crimenes cometidos...” Entre los crímenes de los cuales se acusan a estas venerables instituciones aparecen los de crimen contra la humanidad y genocidio.

(Veredicto del Tribunal Internacional de los Pueblos sobre la deuda

 http://comitecanadienhumanite.freeservers.com/spanish/tribunal_deuda.html )

 Como podrá observar, Excelentísimo señor magistrado, la humanidad ha hecho bastante camino desde el Tribunal de Nuremberg en 1945, que juzgó a los nazis por crímenes contra la humanidad. Hoy día basta llamarse Carlos S. Menem para ser un sospechoso de gran categoría criminal. Ud. sin embargo aún mantiene la mentalidad feudal del medioevo al aplicar  con tanto rigor “la ley” a personas “armadas” que protestan haciendo piquetes y cortando carreteras.

Según su “ley”, si comprendo bien lo que dice,  si el poder ejecutivo reduce salarios, reduce pensiones de vejez, empobrece y envía a la indigencia a millones de ciudadanos argentinos en el nombre del equilibrio de tres columnas de cifras y dictado por los buitres del Fondo Monetario Internacional y la banca financiera de Wall Street, según su “ley” digo, los millones de personas, constituidas en un grupo de personas, debieran aceptar humildemente que su dignidad de seres humanos sea pisoteada. No solamente humildemente, sino que también con resignación y en el más completo silencio. Caso contrario, si reclaman bulliciosamente, según su “ley”, entonces se convierten en criminales.

 Curiosa justicia la que aplica su Excelencia, que se identifica mucho más con la “ley del embudo”, lo más ancho para mí y lo más angosto para el resto.

 Como aún sonríe permítame concluir con una reflexión que indudablemente no le hará daño, pero que servirá ciertamente de punto de partida a su propia reflexión. Efectivamente, Menem, Camdessus y el resto de los criminales están aún lejos de un tribunal que los juzgue por crimen contra la humanidad o genocidio. Pero como Ud. puede observar, la tenaza comienza a cerrarse alrededor de sus cuellos. Porque si bien es cierto que la Argentina mantiene una mora ambigua en lo que concierne a la Convención sobre el genocidio y que los textos de ley y tratados internacionales aún conservan enormes vacíos jurídicos, el día no está lejos en que la presión internacional abra el estudio de este expediente. Entonces los criminales irán al banquillo de los acusados. Y aquellos que les sirvieron de cómplices también.

 Ud., mi Excelentísimo magistrado, pertenece a esta última categoría. Aún más cuando su modus operandis ya es conocido internacionalmente. Ud. ha convertido el sistema jurídico argentino en el más hilarante hazme-reír de la comunidad internacional. Mirado desde ese punto de vista, como magistrado ha perdido no solo credibilidad, sino que también todo derecho moral a magistratura.

 En consecuencia y a la luz de ese vacío moral, Excelentísimo señor magistrado de pacotilla, el Comité Canadiense para Combatir los Crímenes Contra la Humanidad repudia la continua persecución que Ud. ejerce contra los luchadores populares, y en particular contra los piqueteros y su abogada, la Dra. Mara Puntano, con quienes el CCCCH  solidariza sin restricciones ante esta nueva maniobra de la "justicia" de los criminales que poseen, hoy en día, el poder.

 Más aún, frente a la impunidad de magistrados que como Ud. ejercen una justicia parcial, el CCCCH hace un llamado a la comunidad internacional, organizaciones e individuos, para organizar un encuentro en donde se pueda discutir la posibilidad, pruebas en mano, de acusar y llevar delante el banquillo de los acusados a aquellos que han atentado contra la dignidad humana, bajo el cargo de genocidio o de crimen contra la humanidad.

 René Silva

Director CCCCH

cccch2000@hotmail.com

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