FÁBULAS CLÁSICAS

En las que un polo es siempre "mejor y más adecuado" que el otro

Estas Fábulas esperan su "contrafábula". Si quieres escribirla, envíala a fabulas@torresjardin.com

 

En las Fábulas clásicas los dos polos, representados generalmente por animales, dialogan e intercambian información complementaria, como en la fábula de la "Cigarra y la hormiga" que todos conocemos.

En general las fábulas, las de Esopo, Samaniego, La Fontaine, terminan cuando nos dejan ver una moraleja. Esa moraleja es realzando el valor de UNO de los polos. (En este "gana" la hormiga)

Con las FÁBULAS QUE SANAN, las personas aprenden a buscar, identificar y ¡disfrutar! del polo "negativo". Ven las cosas desde el otro lado.

El motivo de usar los animales, es permitir la proyección de cualidades, tanto las aprobadas por el entorno como las otras. Me ha resultado una gran herramienta, en la comprensión del TODO que se esconde detrás de un conficto.

 

LA CIGARRA Y LA HORMIGA

Cantando la Cigarra
pasó el verano entero,
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del preciso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la Hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
la dijo: "Doña Hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva es te invierno
esta triste Cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme;
que fielmente prometo
pagaros con ganancias
por el nombre que tengo."
La codiciosa Hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana
¿qué has hecho en el buen tiempo?
"Yo, dijo la Cigarra,
a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento"
"¡Hola! ¿con que, cantabas
cuando yo andaba al remo"
Pues ahora, que yo como,
baila pese a tu cuerpo."

Felix Maria Samaniego

 

LA ZORRA Y LA CIGUEÑA

Una Zorra se empeña
en dar una comida a una Cigüeña;
la convidó con tales expresiones,
que anunciaban sin duda provisiones
de lo más excelente y exquisito.
Acepta alegre, va con apetito;
pero encontró en la mesa solamente
jigote claro sobre chata fuente.
En vano a la comida picoteaba,
pues era para el guiso que miraba
inútil tenedor su largo pico.
La Zorra con la lengua y el hocico
limpió tan bien su fuente, que pudiera
servir de fregatriz si a Holanda fuera.
Mas de allí a poco tiempo, convidada
de la Cigüeña, halla preparada
una redoma de jigote llena;
allí fue su aflicción, allí su pena;
el hocico goloso al punto asoma
al cuello de la hidrópica redoma,
mas en vano, pues era tan estrecho,
cual si por la Cigüeña fuese hecho.
Envidiosa de ver que a conveniencia
chupaba la del pico a su presencia,
vuelve, tienta, discurre,
huele, se desatina, en fin se aburre;
marchó rabo entre piernas, tan corrida,
que ni aun tuvo siquiera la salida
de decir: están verdes, como antaño.
También hay para pícaros engaño.

Felix Maria Samaniego


EL RATON DE LA CORTE Y EL DEL CAMPO

Un Ratón cortesano
convidó con un modo muy urbano
a un Ratón campesino.
Diole gordo tocino,
queso fresco de Holanda,
y una despensa llena de vianda
era su alojamiento,
pues no pudiera haber un aposento
tan magníficamente preparado,
aunque fuese en Ratópolis buscado
con el mayor esmero,
para alojar a Roepan Primero.
Sus sentidos allí se recreaban;
las paredes y techos adornaban,
entre mil ratonescas golosinas,
salchichones, perniles y cecinas.
Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso!
de pernil en pernil, de queso en queso.
En esta situación tan lisonjera
llega la despensera.
Oyen el ruido, corren, se agazapan,
pierden el tino, mas al fin se escapan
atropelladamente
por cierto pasadizo abierto a diente.
"¡Esto tenemos! dijo el campesino;
reniego yo del queso, del tocino
y de quien busca gustos
entre los sobresaltos y los sustos."
Volvióse a su campaña en el instante
y estimó mucho más de allí adelante,
sin zozobra, temor ni pesadumbres,
su casita de tierra y sus legumbres.

Felix Maria Samaniego

 

EL PERRO Y EL ZORRO

Un lobo flaco y hambriento encontró en un camino a un perro que estaba gordo y bien cuidado.

- "Dime -le dijo-, ¿en qué consiste que siendo yo más fuerte y valiente que tú, no encuentro qué comer y casi me muero de hambre?"
- "Consiste -contestó el perro-, en que sirvo a un amo que me cuida mucho, me da pan sin pedírselo, me guarda los huesos y mendrugos que sobran de las comidas, y no tengo más obligación que custodiar la casa".
- "Mucha felicidad es ésta" -contestó el lobo, envidiándole su suerte.
- "Pues mira -replicó el perro-, si tú quieres, puedes disfrutar del mismo destino, viniendo a servir a mi amo y defendiendo la casa de ladrones por la noche".
- "Convengo en ello -dijo el lobo-, porque más cuenta me tiene vivir bajo techado y hartarme de comida, sin tener nada que hacer, que no andar por las selvas con lluvias y nieves. Pero oye -añadió mientras iban andando- reparo en que llevas pelado el cuello ¿en qué consiste esto?"
- "No es nada-repuso el perro- sólo para que no salga de casa en el día, me atan con una cadena, para que de noche esté velando y entonces ando por donde se me antoja".
- "Bien -dijo el lobo-, pero si quieres salir de casa ¿te dan licencia?".
- "Eso no" -respondió el perro.
- "Pues, si no eres libre -replicó el lobo- disfruta enhorabuena de esos bienes que tanto ponderas, que yo no los quiero, si para disfrutarlos he de sacrificar mi libertad".
El pobre libre es más feliz que el rico esclavo, porque la libertad es tan estimable como la vida y vale más que todas las riquezas del mundo.

 

LA LIEBRE Y LA TORTUGA

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.
-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.
Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.
-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.
-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.
-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.
La liebre, muy divertida, aceptó.
Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.
Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!
Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo.Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.
Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.
Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida.
Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.
Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás. También de esto debemos aprender que la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos.

 

 

OTRA MIRADA a la FÁBULA DE LA CIGARRA Y LA HORMIGA de Samaniego

La cigarra se la pasaba cantando mientras la hormiga guardaba grano para el frío invierno que vendría.
La fábula nos muestra a una cigarra perezosa y una hormiga trabajadora.
Pero, esta fábula admite otras miradas donde la cigarra no es tan negativa, ni la hormiga tan talentosa.:

A. La cigarra vive en el presente y la hormiga vive en el futuro.

B. La cigarra es idealista y la hormiga, materialista.

C. La cigarra es alegre y la hormiga, seria.

Lo que queda claro, es que cada una tiene una manera diferente de enfocar la vida.
Con sus talento y sus defectos


EL CUERVO Y EL ZORRO

En la rama de un árbol,
bien ufano y contento,
con un queso en el pico,
estaba el señor Cuervo.
Del olor atraído,
un Zorro muy maestro
le dijo estas palabras
un poco más o menos:
"¡Tenga usted buenos días,
señor Cuervo, mi dueño!
¡Vaya que estáis donoso,
mono, lindo en extremo!
Yo no gasto lisonjas,
y digo lo que siento;
que si a tu bella traza
corresponde el gorjeo,
juro a la diosa Ceres,
siendo testigo el cielo,
que tú serás el Fénix
de sus vastos imperios".
Al oír un discurso
tan dulce y halagüeño,
de vanidad llevado,
quiso cantar el Cuervo.
Abrió su negro pico,
dejó caer el queso.
El muy astuto Zorro,
después de haberle preso,
le dijo: "Señor bobo,
pues sin otro alimento,
quedáis con alabanzas
tan hinchado y repleto,
digerid las lisonjas
mientras yo digiero el queso"
Quien oye aduladores,
nunca espere otro premio.


El águila y el escarabajo

¡Que me matan, favor! Así clamaba
una liebre infeliz, que se miraba
en las garras de una águila sangrienta.
A las voces, según Esopo cuenta,
acudió un compasivo escarabajo,
y viendo a la cuitada en tal trabajo,
por libertarla de tan cruda muerte,
lleno de horror, exclama de esta suerte:
« ¡Oh. reina de las aves escogida!
¿Por qué quitas la vida
a este pobre animal, manso y cobarde?
¿No sería mejor hacer alarde
de devorar a dañadoras fieras,
o ya que resistencia hallar no quieras,
cebar tus uñas y tu corvo pico
en el frío cadáver de un borrico?»
Cuando el escarabajo así decía,
la águila con desprecio se reía,
y sin osar de más atenta frase
mata, trincha, devora, pilla y vase.
El pequeño animal así burlado
quiere verse vengado.
En la ocasión primera
vuela al nido del águila altanera,
halla sólo los huevos,
y arrastrando,uno por uno fuelos
despeñando;mas como nada alcanza
a dejar satisfecha una venganza,
cuantos huevos ponía en adelante
se los hizo tortilla en el instante.
La reina de las aves, sin consuelo,
remontando su vuelo,
a Júpiter excelso humilde llega,
expone su dolor, pídele, ruega
remedie tanto mal. El dios propicio,
por un incomparable beneficio
en su regazo hizo que pusiese
el águila. sus huevos, y se fuese;
que a la vuelta, colmada de consuelos,
encontraría hermosos sus polluelos.
Supo el escarabajo el caso todo;
astuto e ingenioso hace de modo
que una bola fabrica diestramente
de la materia en que continuamente
trabajando se halla,
cuyo nombre se sabe, aunque se calla,
y que, según yo pienso,

para los dioses no es muy buen incienso.
Carga con ella, vuela, y atrevido
pone su bola en el sagrado nido.
Júpiter, que se vio con tal basura;
al punto sacudió su vestidura,
haciendo, al arrojar la albondiguilla,
con la bola y los huevos su tortilla.
Del trágico suceso noticiosa,
arrepentida el águila y llorosa
aprendió esta lección a mucho precio:
A nadie se le trate con desprecio
como al escarabajo,
porque al más miserable, vil y bajo,
para tomar venganza, si, se irrita,
¿le faltará siquiera una bolita?

El ciervo en la fuente

Un ciervo se miraba
en una hermosa cristalina fuente;
placentero admiraba
los enramados cuernos de su frente,
pero al ver sus delgadas, largas piernas,
al alto cielo daba quejas tiernas.
"¡Oh dioses! ¿A qué intento,
a esta fábrica hermosa de cabeza
construir su cimiento
sin guardar proporción en la belleza?
¡Oh qué pesar! ¡Oh qué dolor profundo!
¡No haber gloria cumplida en este mundo!
Hablando de esta suerte
el ciervo, vio venir un lebrel fiero,
Por evitar su muerte,
parte al espeso bosque muy ligero,
pero el cuerno retarda su salida,
con una y otra rama entretejida.
Mas libre del apuro
a duras penas dijo con espanto:
"Si me veo seguro,
pese a mis cuernos, fue por correr tanto;
lleve el diablo lo hermoso de mis cuernos,
haga mis feos pies el cielo eternos.
Así frecuentemente
el hombre se deslumbra con lo hermoso;
elige lo aparente,
abrazando tal vez lo más dañoso;
pero escarmiente ahora en tal cabeza:
el útil bien es la mejor belleza.


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