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Haciendo gala, una vez más, de su falta de
preparación intelectual, Kirchner acaba de acusar a los sectores
neoliberales de querer frustrar cualquier posibilidad de
desarrollo de políticas nacionales y populares en la Argentina.
¡Vaya uno a saber qué entiende Kirchner por neoliberalismo o
liberalismo! ¿Qué autores de esta corriente habrá leído en
profundidad como para poder opinar sobre el liberalismo? Por la
forma de expresarse, demuestra claramente su ignorancia respecto a
qué es el liberalismo.
Por ejemplo, seguramente se sorprendería Kirchner si leyera la
gran cantidad de escritos liberales que proponen la eliminación de
una institución que él detesta desde lo más profundo de su ser: me
estoy refiriendo al Fondo Monetario Internacional (FMI). ¿Tendrá
idea Kirchner de que los liberales queremos que el FMI
desaparezca?
¿Sabrá Kirchner que los liberales nos oponemos al endeudamiento
como forma de financiar el gasto público? Los liberales
consideramos que no sólo es ineficiente financiar el gasto estatal
con deuda, sino que, además, es injusto porque quienes hoy deciden
gastar endeudándose le están transfiriendo el pago de la fiesta
actual a las futuras generaciones. Kirchner, que tanto repudia la
deuda, ¿sabrá que los liberales la repudiamos tanto o más que él?
En realidad la repudiamos más, porque mientras él despotrica
contra el endeudamiento de los 90, el Banco Central de la
República Argentina (BCRA) sigue emitiendo bonos alegremente.
Kirchner habla de políticas populares. Justamente el liberalismo
nació en defensa de las políticas populares (no confundir con
populismo), buscando limitar el poder del soberano que
acostumbraba expoliar a sus súbditos con impuestos para financiar
sus guerras de conquistas o sus fiestas de palacio. El liberalismo
nació luchando para que los gobiernos respeten los derechos de los
ciudadanos.
A diferencia del señor Kirchner que le pide al Congreso todo el
poder para disponer a su antojo de los fondos de los
contribuyentes, el liberalismo tiene como fundamento la limitación
del poder para que el gobernante de turno no se convierta en un
déspota. Mientras los liberales queremos transparencia en los
gastos que hace el Estado con los recursos de los contribuyentes,
Kirchner pretende transformarse en el monarca argentino que
utiliza a su antojo el fruto del trabajo de la gente. ¿Quién está
en contra del pueblo? ¿Los liberales que pedimos transparencia en
el uso de los fondos público o Kirchner que quiere manejar nuestro
dinero como si fuera su patrimonio personal?
Los liberales creemos en la democracia como forma de gobierno, en
la cual los tres poderes son independientes uno de otro y se
controlan mutuamente. Kirchner pretende que el Congreso sea una
simple mesa de entradas que le apruebe todo lo que manda y que la
Justicia lo “acompañe” políticamente en sus actos de gobierno. La
gran diferencia entre Kirchner y los liberales es que nosotros
creemos que la Corte debe ser un bastión inexpugnable de defensa
de los derechos de los ciudadanos, particularmente frente al
monopolio de la fuerza que le delegamos al Estado. Kirchner parece
querer que la Corte no defienda esos derechos sino que sea
funcional al Poder Ejecutivo.
Los liberales queremos que los empresarios obtengan sus ganancias
compitiendo. Kirchner quiere que los empresarios obtengan sus
ganancias expoliando al consumidor gracias al modelo de
sustitución de importaciones que aplica. En los hechos, mientras
Kirchner bate el parche de la defensa del pueblo y en contra de la
concentración de la riqueza, le otorga mercados cautivos a unos
pocos vivos que logran hacer fortunas a costa del salario de la
gente.
Se equivoca Kirchner si cree que el fuerte del liberalismo es la
economía. La base del liberalismo está en los principios morales
sobre los cuales pretende construir una sociedad. A diferencia del
sistema populista y demagógico que domina al partido al que
pertenece Kirchner, el liberalismo tiene sus fundamentos en la
moral del trabajo y la liberad individual. Para el liberalismo,
nadie tiene derecho a vivir a costa del trabajo de sus semejantes.
Para el liberalismo, el trabajo libre debe ser la fuente de
progreso de una población. Los liberales despreciamos a los
políticos que, haciéndose los sensibles, le tiran migajas a la
gente para calmarla, mientras entre ellos, algunos empresarios y
dirigentes sindicales, se reparten el fruto del trabajo de la
gente cual piratas que distribuyen el botín que consiguieron.
Mientras Kirchner se llena la boca con las palabras popular y
derechos humanos, las criaturas siguen revolviendo los tachos de
basura buscando algo que puedan vender para vivir. Pareciera ser
que para Kirchner revolver tachos de basura y limpiar vidrios en
los semáforos es el progreso; para los liberales eso es denigrar
al ser humano.
Los liberales queremos orden jurídico y limitación del poder del
Estado para que el país reciba inversiones y la gente pueda tener
un trabajo digno, progresar y educar a sus hijos en la cultura del
trabajo, el esfuerzo personal y la libertad de expresión. Sin
medios comprados con fondos públicos. Porque de la confrontación
de ideas es que surge la verdad. La verdad no surge de medios de
comunicación que pretenden mostrarle a la población una realidad
que no es tal.
Si Kirchner cree que todo esto que queremos los liberales es
boicotear sus políticas, entonces está en lo correcto. Yo, como
argentino y como liberal, no quiero ver más a la gente sumergida
en la miseria, detesto la política de Kirchner que lleva a miles
de argentinos a vivir de la basura que hay en la calle. Condeno la
política de Kirchner que lleva a la concentración de la riqueza en
unos pocos vivos que lograron hacer el lobby necesario para vivir
a costa de los consumidores. Desprecio la política educativa
progre que está fabricando legiones de ignorantes que en el futuro
no podrán trabajar porque los progres les enseñaron estupideces en
vez de educarlos para la libertad y el progreso. Deploro la
ausencia de una justicia verdaderamente independiente y de un
Congreso que legisle en base a la conciencia de sus miembros.
En definitiva, como liberal, detesto profundamente a todos
aquellos que se creen superiores al resto de los habitantes de
este país y se consideran con el derecho a mandarnos todo el
tiempo, como si fuésemos unos inútiles que no sabemos cómo
construir nuestro destino.
Señor Kirchner: los argentinos no necesitamos de ningún iluminado
que nos alimente, nos diga en qué trabajar, qué podemos consumir,
cómo tenemos que educar a nuestros hijos, cómo tenemos que
preparar nuestro futuro para cuando nos jubilemos o de alguien que
nos cobre impuestos y los gaste como se le dé la gana,
porque todas esas cosas son propias de las dictaduras y
violatorias de los derechos humanos.
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