Reducir la ansiedad
He desarrollado una nueva
filosofía... Sólo tengo miedo una
vez por día.
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La preocupación, la angustia y la ansiedad son las causas de
aflicción más difundidas y conocidas de estos tiempos. Según un
organismo de salud estadounidense, las drogas que más se recetan
actualmente en la mayoría de ese país son sedantes, y la droga sin
receta de uso más popular es la aspirina. Los que sufren no estan
solos.
Una de cada cuatro personas de este país
está
mentalmente desequilibrada. Piense en sus tres
amigos más íntimos, Si ellos parecen estar bien,
entonces usted es el desequilibrado.
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ESTILO DE VIDA (Primera parte)
La vida sería muy aburrida si no nos excitáramos por un montón de
cosas. Las emociones que despiertan la belleza, la competencia y la
anticipación son las especias de la vida. La sensación de placer
que produce el sexo, la comida, la competencia atlética o cualquier
otra actividad de disfrute son estados fisiológicos de tensión.
Cuando uno se siente excitado o emocionado por algo nuevo, o
experimenta intensamente una emoción -ya sea miedo, enojo, deseo o
amor-, uno está experimentando tensión. Es una tensión que
moviliza nuestras energías para la actividad, el logro y el buen
desempeño. La tensión no sólo es deseable sino que es esencial
para la vida. No deberíamos eliminarla; en cambio, deberíamos
aprender a controlar las ansiedades y angustias que disipan nuestras
energías mediante la preocupación y el sufrimiento improductivos.
En su libro Stress Witbout Distress, el doctor Hans Selyne, una
autoridad sobresaliente en el tema de las tensiones y el estrés,
hace una distinción entre la tensión energizante y la tensión
debilitante: "La tensión es la sal de la vida... La completa
liberación de toda tensión es la muerte".
La tensión, afirma el doctor Selyne, es la respuesta no específica
del cuerpo a cualquier exigencia que se le haga. No tiene
importancia si la situación que enfrentamos es agradable o
desagradable. Lo único que cuenta es la intensidad de la exigencia
de reajuste o readaptación. Cualquier estado de excitación produce
un desequilibrio fisiológico: una demanda interna de homeostasis, o
equilibrio. Puesto que el cuerpo almacena una cantidad limitada de
la energía adaptadora que se requiere para restaurar este
equilibrio, no es capaz de adaptarse a una tensión ilimitada.Nos
preocupamos porque hay montones de cosas de que preocuparse. Todos
vivimos en un barrio peligroso: el mundo. La crisis de energía nos
acompañará un largo tiempo. La violencia aumenta día a día. La
inflación está fuera de control. Y como si esto fuera poco,
tenemos también preocupaciones personales: nuestra salud, nuestros
hijos, la vejez, la muerte y los impuestos. ¿Sufriremos un
accidente con el auto? ¿Se estrellará el avión? ¿Perderemos
todos nuestros ahorros?
La preocupación es el interés que
pagamos por
los problemas antes de que venza el plazo.
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Para todos, ricos o pobres, fuertes o débiles, la vida está
llena de incertidumbres. Antes de enredarse demasiado en las
preocupaciones al respecto, formúlese tres preguntas:
1) ¿La preocupación o la ansiedad reducirán la posibilidad de
enfermedades?
2) ¡Me impedirán perder dinero?
3) ¿Evitarán que sufra un accidente?
La aflicción le arruinará la salud, tornará propenso a los
accidentes y acelerará su viaje hasta el punto desde donde ya no se
vuelve. Lo más probable es que la preocupación excesiva le impida
tomar una actitud constructiva acerca de sus problemas. La
preocupación es una actividad autodestructiva. La excitación o la
tensión que lleva a la acción constructiva puede mejorar su salud,
tornarlo un conductor más alerta o un padre más sensible y atento.
La elección es suya: O trata de evitar el fracaso temiendo al
futuro, o se arriesga al fracaso y tira hacia adelante, disfrutando
de cada momento mientras enfrenta las incertidumbres de la vida.
No, todo lo que se enfrenta puede
cambiarse,
pero nada puede cambiarse si no se lo enfrenta.
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