Atenas
1000 AC: 3000 años de civilización europea
La
génesis y sus actuales mutaciones
Conferencia
pronunciada
por el Prof. Igor Andruskiewitsch
en «Cariátide, Asociación Argentina de
Cultura Helénica» el día 13 de junio de 2000
UN
PROBLEMA HISTORIOSÓFICO
Para
hablar de la civilización europea deberíamos primero definir que es civilización.
Deberíamos también indagar cómo se forman las civilizaciones, la época y el
lugar de su formación. Estos son problemas sobre cuyas respuestas no siempre
hay acuerdo.
Un
problema adicional sería el del contenido mismo de la civilización europea: ¿por
qué surgió? y ¿en qué se distingue de las otras?
El
solo planteo de todos estos problemas nos indica que nos encontramos frente a
una cuestión compleja, de carácter historiosófico.
¿Qué significa esto?
Ya
en la segunda mitad del siglo XIX, un pensador ruso,
Nicolay Yakovlevich Danilievskiy (1822 - 1885), fue el primero en afirmar
que el objeto de la historia no son las naciones, sino las culturas o
civilizaciones. A raíz de los escritos de Danilievskiy, a fines del siglo XIX,
en Rusia, se acuñó la palabra historiosofía,
utilizada hasta la revolución comunista y que luego cayó en desuso. A primera
vista parece significar una combinación de filosofía con historia, pero, en
realidad, su significado textual es "sofia
(sapiencia) de la historia". El
filósofo holandés Johan Huizinga denominó una conferencia suya ante los
historiadores europeos en el año 1927 "Historia de las culturas“. José Ortega y Gasset usa la expresión
"historiología" (en
"Una interpretación de la historia universal"), subrayando que es
reacio a la denominación "filosofía de la historia", porque la
verdadera filosofía es una sola. Personalmente, he utilizado también la
expresión "macrohistoria",
titulando así un libro mío, editado en 1994 en Novosibirsk, Rusia.
En
este siglo varios autores trataron el tema. Entre otros, Osvaldo Spengler, pero
el más conocido fue Arnold Toynbee, que comenzó a escribir su estudio sobre la
historia en el año 1932, hasta el
comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando debió interrumpirlo para trabajar
como Jefe en un Servicio Secreto británico. En esta obra monumental, compuesta
de varios tomos, Toynbee plantea que el objeto de la historia de la humanidad no
es ni la humanidad en sí como tal, ni las naciones en particular, sino algo
intermedio entre las naciones y la humanidad, que son las
civilizaciones.
Toynbee
comienza a explicar qué es una civilización, tomando como ejemplo una hoja de
árbol. Él dice que si nosotros tomamos una hoja de árbol y la miramos
arrancada de su rama, ya no vamos a ver una hoja, sino algo que se va a
marchitar y pronto se va a
con-vertir en algo distinto. Para poder describir la hoja de un árbol hay que
mirar la hoja, la rama donde se encuentra, el árbol en sí y hasta sus propias
raíces.
Toynbee
sostiene que hubo una veintena de civilizaciones.
Destaca que no se pueden estudiar las historias de Inglaterra, Francia, España,
Italia o Alemania, sin tener en cuenta que todas estas naciones forman parte de
una misma civilización, que él llama civilización
europea occidental. Porque es ininteligible la historia de Inglaterra si no
se toma en cuenta, por ejemplo, la historia de Francia, que muchas veces fue
paralela a la historia inglesa. Toynbee efectúa además otro análisis, preguntándose
¿cuándo comienza la civilización europea occidental?, ya que todas las
civilizaciones comienzan y terminan. Él afirma que si nosotros retrocediéramos
hacia atrás desde el día de hoy, al llegar más o menos al año 800 DC veríamos
que entonces ya existían todos los pueblos, casi todos los estados y casi todas
las circunstancias históricas, políticas, sociales y económicas que forman
nuestra civilización occidental. Antes de esta fecha vemos otra realidad: los
restos de la civilización greco - romana.
De
esto Toynbee deduce que las civilizaciones nacen, se desarrollan y perecen, como
ya lo había afirmado Spengler, y también que las civilizaciones son hijas de
otras civilizaciones anteriores. La nuestra,
la occidental, es hija de la civilización greco - romana. Toynbee concluye que,
en la actualidad, subsisten cinco civilizaciones, de todas las que existieron a
lo largo de la historia: Europea Occidental, Europea Oriental (bizantina, greco
- rusa u ortodoxa), Islámica, Hindú y del Lejano Oriente y, además, algunos
residuos "petrificados".
Cuando,
una vez finalizada la guerra, aparecen publicados estos volúmenes de Toynbee,
el gran filósofo español José Ortega y Gasset vuelve a España y dicta un
ciclo de doce conferencias, denominado "Una interpretación de la historia
universal", donde rebate algunos de los argumentos de Toynbee. Ortega y
Gasset concuerda en que los pueblos y las civilizaciones son como hojas de árbol,
que no se pueden estudiar por separado, pero disiente de una cierta tendencia de
Toynbee hacia el determinismo, que también se observa en Spengler. Ortega no
cree que inevitablemente una historia nace y se desarrolla de una manera
determinada, y siempre muere a raíz de un proletariado interno (como afirma
Toynbee) y de un ataque de bárbaros externos. Todo ello no siempre es así.
También
disiente Ortega con la aseveración de que las civilizaciones son linealmente vástagos
de una madre anterior. Para rebatir esta afirmación toma como ejemplo la
civilización helénica, ya que Toynbee asevera que ésta es hija de la
civilización cretense, o minoica, o egea. Ortega dice que no es así, ya que no
hay suficientes datos para afirmarlo. Posteriormente, en el año 1982, poco
antes de morir, Toynbee publica un libro llamado "Los griegos, sus raíces
y herencias" en el cual habla del mismo problema, pero ya en otro sentido,
pues dice que la civilización helénica nació cuando
pudo desprenderse de la excesiva influencia sobre ella de la civilización
cretense .
Otra
idea interesante expresada por Ortega es que, en la formación de la civilización
europea, no sólo se observa la
influencia cretense, que la hay, sino que además existe una influencia,
imperceptible a primera vista, de las dos primeras civilizaciones conocidas, que
eran la mesopotámica (Sumeria, Acadia y Babilonia) y la egipcia, y también de
la fenicia. La mesopotámica y la egipcia son dos civilizaciones paralelas que
surgen aparentemente sin antecesoras, pero se advierten de una manera vaga en
todas las demás civilizaciones posteriores. De este ejemplo Ortega concluye que
no se debe afirmar que las civilizaciones son el último campo inteligible de la
historia, sino que toda la humanidad es
un campo inteligible. En definitiva, por ser todas las civilizaciones partes
de la humanidad, ésta se desarrolla en forma de varias civilizaciones, algunas
simultáneamente, otras en forma consecutiva, de distintas maneras, pero todas
forman parte de una corriente histórica general, de un proceso global.
Esta
observación de Ortega es muy importante. La física cósmica moderna logró la
percepción de un ruido primigenio que existe en el cosmos, que es el ruido de
la primera explosión de la creación del mundo, el
llamado "big - bang", cuyo eco subsiste aún hoy, después de
quince o dieciséis mil millones de años de producido. Así también todas las
culturas, tengan o no filiación directa o indirecta entre sí, están bajo el
influjo del "big - bang" de la primera civilización que creó la
humanidad, que no sabemos si fue la egipcia, la mesopotámica o alguna anterior
a ellas, porque la ciencia aún no ha dilucidado definitivamente el problema.
Esta primera civilización tiene un eco real en todas las demás civilizaciones,
imperceptible en la superficie.
Para
explicar didácticamente qué es una civilización, podemos utilizar la
siguiente hipótesis de trabajo. La civilización es la forma superior de la
vida humana, y en general, de la vida. Tenemos vida en amebas unicelulares,
luego, en cuerpos multicelulares, en organismos más complejos y, por fin, en el
hombre. El hombre, a su vez, forma parte de otro tipo de vidas, que son las
sociedades. La forma superior, más compleja y quizás más perfecta de la vida
humana, es la civilización. Existe una ley en biología que dice que "todo
lo vivo es análogo". Si decimos que la civilización es una forma superior
de la vida humana, podemos también decir que es análoga a un fruto o a un
huevo, porque estos son también formas de vida.
¿Cuál
es la estructura del huevo? Es una estructura de capas múltiples: la cáscara,
la clara, la yema y, dentro de ella, la galladura. La cáscara de la civilización
son sus instituciones políticas, jurídicas y, en parte, económicas. La clara
es lo que llamaríamos la cultura propiamente dicha: el arte, la ciencia, las
tecnologías. La yema son sus creencias y la galladura es la parte religiosa de
dichas creencias. Idéntica analogía podemos hacer con un fruto. El fruto tiene
su cáscara (en la civilización sus instituciones), su pulpa (la cultura), su
carozo (las creencias) y su pepita (la religión).
Así,
todas la civilizaciones tienen una formación análoga. Cuando hablamos de la
civilización europea, vemos que tuvo una forma política, un contenido técnicamente
cultural (arte, ciencia y filosofía) y una serie de creencias, dentro de las
cuales había un núcleo central de cosmovisión religiosa.
Un
politólogo norteamericano define la política como "la imposición de la
propia cultura, contra las demás culturas". No siempre se da la lucha
entre las culturas, hay ejemplos de convivencia y hasta de simbiosis entre
ellas, pero también hay casos de lucha, casos de "complejos
de Caín" y hasta de "canibalismo" entre distintas culturas.
En general, las relaciones entre civilizaciones se producen no sólo a través
de conflictos, de simbiosis o de colaboraciones, sino también a través de
mutaciones.
Un
ejemplo claro de estas mutaciones es el caso de Egipto. Egipto es una nación
que, una vez, fue también una
civilización. Pero en la historia de Egipto, que se remonta hacia el pasado más
o menos 5000 años, hay distintas culturas, porque Egipto no siempre fue igual.
El Egipto faraónico hasta la época ptoloméica (conquista de Alejandro Magno)
hacia el año 330 AC difería, pero no esencialmente, del Egipto posterior, ya
que era un estado pagano con muchos dioses. Los conquistadores griegos sólo
agregan algunos dioses propios, pero ello no cambió substancialmente la
cosmovisión religiosa del pueblo. El cambio profundo llegó con el
cristianismo, en los siglos II y III de nuestra era. En Egipto propaga el
evangelio el Apóstol San Marcos y allí nace la idea de la vida monacal
cristiana y el arte iconográfico. Egipto era entonces un estado helenístico
con un centro, Alejandría, que tenía la mejor y mayor universidad de la antigüedad,
y la mayor biblioteca del mundo. Un tercio de su población eran judíos, entre
quienes se propaga en primer lugar el cristianismo. La cosmovisión muy
religiosa del pueblo egipcio lo lleva a abrazar el cristianismo y a superar el
politeísmo. En este Egipto helenístico cristianizado, que forma parte del
Imperio Romano, se establece en el siglo IV DC,en la Universidad de Alejandría,
de acuerdo con el Primer Concilio Ecuménico de Nicea (325 DC), el calendario
cristiano, como una síntesis del calendario lunar hebreo (para la Pascua y las
fiestas móviles) y del calendario solar romano de Julio César (para las
fiestas fijas) que, todavía hoy, es el calendario de las Iglesias Ortodoxas.
Este Egipto cristiano, que duró 300 - 400 años, es muy diferente del Egipto
ptoloméico y del Egipto faraónico anterior. Pero, en el 650 DC aparecen los
conquistadores árabes. El Egipto árabe posterior es aún más distinto de sus
predecesores, a punto tal, que la nueva religión cambia el idioma camita
egipcio (actual copto) por la lengua semita árabe. Hoy, sólo los cristianos
ortodoxos de Egipto conservan el antiguo idioma copto.
En
síntesis, el núcleo central de toda civilización son sus creencias. Si
cambian las creencias religiosas cambia substancialmente la civilización,
aunque conserve el mismo territorio, la misma población y hasta los títulos de
sus gobernantes.
Pasaremos
ahora al marco cronológico del nacimiento de la civilización europea. Hemos
mencionado la fecha de 1000 años AC, que es una cifra redonda y simbólica, sin
tener una exactitud cronológica precisa, pero es una fecha límite, un punto
“de cruce” de distintos procesos históricos.
No
se sabe con exactitud cuándo aparecen en el territorio de Grecia los helenos, o
sea los griegos. A veces se suponen fechas diferentes, pero puede decirse que
aparecen en sucesivas oleadas desde el año 1900 AC. Antes de esa fecha no hay
griegos en la actual Grecia, y la arqueología confirma que el
cambio étnico y lingüístico más antiguo que se detecta es alrededor
del año 1900 AC.
Esta
inmigración griega al actual territorio de Grecia viene del norte, algunos
dicen de la zona del Danubio, otros de la actual Hungría, que es más o menos
lo mismo, pero ello no se sabe con exactitud. De cualquier manera, no venían de
un lugar que tuviera acceso al mar, porque los griegos eran el único pueblo
indoeuropeo que no tenía una palabra propia para designar el mar. Nosotros
decimos en español "mar", los rusos "morie", los alemanes
"Mer", que son palabras indoeuropeas, pero los griegos no tienen esta
raíz y le dicen “talasa”, que es una palabra de las gentes que vivían en
el lugar.
Pero
¿quiénes eran estas gentes? Sabemos que se llamaban pelasgos. Los griegos
primigenios eran altos o de mediana estatura, rubios, a veces pelirrojos, en
cambio los pelasgos eran más bajos, más redondos y de cabello oscuro. No se
sabe quiénes eran, parece que se trataba de una raza que predominaba en las
islas del Mar Jónico y del Mar Egeo. Toynbee supone que eran
"camitas". Como se sabe, la raza blanca (caucásica) se divide en tres
grupos: semitas, camitas y arios (indoeuropeos). Camitas eran los antiguos
egipcios, que hoy ya no existen como tales, porque se mezclaron con los árabes
semitas.
De
cualquier manera, aunque los griegos al llegar no conocían el mar, muy pronto
aprendieron la navegación y en el año 1600 AC, o sea 300 años más tarde,
saltaron ya a las islas, y llegaron a Creta, ocupando su capital Cnosos, más o
menos en el año 1500 AC (según Toynbee entre 1480 y 1450 AC). Allí nace la
cultura que nosotros llamamos micénica, porque los griegos se adueñan de
Cnosos, que ya tenía una cultura, la “cretence” o minoica. Lo hacen a tal
punto, que las tablillas de la escritura de Cnosos, que se descifraron en los años
1950, estaban escritas en un griego arcaico y datan del año 1400 AC.
Así,
la cultura minóica da lugar al nacimiento de la
primera cultura de Grecia: la micénica, que es la cultura de los griegos,
pero muy influenciada por la cultura minoica. Allí se da la filiación, porque
la cultura micénica es una cultura griega, pero es hija de la cultura minoica,
que no lo era.
Esta
cultura micénica se propala en Grecia desde el año 1450 AC hasta el año 1200
AC, y es así denominada por la
ciudad de Micenas. Esta es la cultura que nosotros podemos observar descripta
parcialmente en la Ilíada y en la Odisea, o sea en la época de la Guerra de
Troya, que se desarrolló dentro de la cultura o civilización micénica, que
estaba bajo influencia minoica y quizás en parte egipcia. Esto se supone porque
las máscaras de oro atribuídas al Rey Agamenón, que se encontraron en
Micenas, estaban realizadas en oro de origen egipcio. Los griegos carecían de
ese metal, y lo habrían recibido por trabajos como mercenarios en Egipto o por
algún acto de piratería.
De
cualquier manera, la cultura predominante sobre la micénica era la cultura
minoica. Esta cultura micénica tenía una escritura, la lineal “B”, tomada
de la lineal "A" de los minoicos, que era anterior y que no ha podido
aún ser descifrada (a diferencia de la lineal “B”, que ya fue descifrada),
porque no conocemos el idioma en que estaba escrita, pero no era un idioma
indoeuropeo. En cambio la lineal “B” pudo ser descifrada, porque era
en idioma griego arcaico, escrito con los caracteres de Cnosos.
La
cultura micénica copia de la cultura minoica, en primer lugar, los palacios. La
cultura minoica no tenía fortalezas, sino sólo palacios, ya que su poderío
era marítimo, como decían los griegos era una “talasocracia” o “el poder
sobre las olas del mar” (como después fue Inglaterra).
El
centro de la cultura minoica estaba en Cnosos, en un palacio no fortificado y la
vida política era una emanación de ese enorme palacio, que hoy llamamos
“laberinto”, de 100 m. de ancho por 300 m. de largo, al parecer en dos
plantas, donde se encontraban almacenes, contabilidad, administración, en forma
asimétrica y para nosotros desordenada. Era una cultura administrativa,
comercial y marítima.
Los
griegos que llegan del norte, copian la cultura de Creta y la introducen en
Grecia. Vemos allí hasta el año 1100 AC, más o menos, la proliferación de
esta burocracia palaciega y de un militarismo, según Toynbee. Los griegos ya
eran guerreros, pero su tendencia guerrera la transforman en una cierta clase de
“militarismo”, porque crean mucha organización militar, pertrechos,
comienzan a hacer fortificaciones, etc.
Toynbee
dice que ésta fue la causa de la caída de la cultura micénica: el excesivo
militarismo, el excesivo burocratismo, la excesiva administración. Ellos querían
regentear toda la vida desde el palacio, en forma administrativa y contable y,
por ende, ésta era una tendencia mercantilista y a la vez socializante, quizás
copiando las grandes culturas orientales, como la mesopotámica y la egipcia,
que tenían necesidad de ello, porque debían vivir del agua de los grandes ríos,
que debía ser bien administrada.
En Egipto, por ejemplo, todos los años se inundaban las tierras cultivables y
cada año había que volver a repartir la tierra. No se podía poner un mojón y
decir “esta tierra pertenece a tal ciudadano”, como era en Atenas y en Roma,
porque la civilización europea estaba basada en la propiedad privada estricta.
(Más aun: el territorio de la República Romana en principio era la suma de las
propiedades territoriales de sus ciudadanos). En Egipto no era posible delimitar
la propiedad privada con mojones permanentes, por lo tanto todos los años debían
decidir los funcionarios qué tierra tocaba a quién. Esto debía ser aceptado
sin discusión, ya que era necesario sembrar de inmediato. Por ello, el
funcionario que efectuaba este reparto debía tener conocimientos geodésicos y
además estar investido de una autoridad, emanada de la autoridad suprema sacral
(divina) del mismo Faraón. No se podía discutir, porque había que sembrar rápidamente
para que no se produjera una hambruna.
Esta
mentalidad burocrática cretense, de regentear y reglamentar todo, influye en
los antiguos griegos. Pero ello no concordaba con la mentalidad del pueblo
griego ni con la situación geográfica de Grecia, ya que era un conjunto de
comarcas chicas, aisladas unas de otras por montañas y otros accidentes geográficos.
Estos griegos, de cultura micénica, se llamaban a sí mismos “aqueos”,
que es un nombre usado en algunas crónicas egipcias y minoicas. En la Illíada,
también aparece este nombre.
Esta
primera cultura griega, la micénica, adolece de dos grandes defectos: excesiva
centralización administrativa y burocrática y militarismo también
excesivamente administrado. Esto lleva a una crisis, porque los campesinos
griegos, que eran los componentes de esta sociedad, llegados del norte, donde
habían aprendido la agricultura, no podían soportar el peso de la burocracia y
del militarismo.
En
el año 1100 AC se produce “el golpe”. Llega del norte la última ola de
griegos, los “dorios”, que aniquilan todas estas ciudades micénicas, con
sus palacios, ya fortificados. En 20 ó 30 años, todas las ciudades-palacios
quedan destruidas y no queda absolutamente nada de esta cultura, ni siquiera la
escritura lineal.
Cien
años atrás nosotros no sabíamos que existía la escritura en la cultura micénica
griega. Esto fue descubierto más tarde por Evans en Cnosos, pero entonces
tampoco sabíamos que era de los griegos, sino que se creía que era de los
cretenses. Recién a mediados del siglo XX se supo que una serie de estas
tablillas eran en idioma griego muy arcaico. Hoy se sabe que en el año 1200 AC
había tablillas en idioma griego. Pero, cuando en el año 800 AC, Homero
recopila y redacta una serie de obras anteriores en la Illíada y la Odisea,
aparentemente, no sabe que los héroes de sus obras ya tenían escritura.
Toynbee,
en su último libro "Los griegos, sus herencias y raíces", publicado
en 1982, analiza muy bien este problema, diciendo que Homero no sabía muchas
cosas con respecto a la Grecia 400 años anterior a él. Sin embargo, lo que él
compila contiene partes que habían sido escritas 200, 300 y hasta 400 años
antes. Por ejemplo, Homero sabía que hasta el año 1200 AC, en Grecia se
utilizaba un escudo muy largo, que era tan grande que debía ser fijado sobre el
cuello. Sabe entonces que existía este escudo, pero no sabe que sus portadores
tenían escritura ni qué forma tenían sus palacios. En la Odisea describe el
palacio de Ulises, adonde éste vuelve después de diez años de errar por el
Mediterráneo. La descripción de este palacio del rey de Itaca (Ulises u
Odiseo) no concuerda con la realidad de los palacios del año 1200 AC, en que se
sitúa la acción de la Odisea, sino que la descripción corresponde a las
casas-quinta de los griegos de su época. Desconoce que los griegos
400 años antes tenían
palacios que se parecían, en tamaño reducido, al laberinto de Cnosos y eran
centros administrativos y depósitos muy complicados, copiados de Creta.
En
el año 1100 AC se produce un derrumbe total de la cultura micénica, la
destrucción total de todos los palacios, y de todos los vestigios de esta
cultura. No queda prácticamente nada, salvo las artes rudimentarias de los
campesinos: sembrar, arar y cosechar, y la poesía
oral. Lo único que pasa del período micénico al período helénico, como
lo denomina Toynbee, es la poesía, pero transmitida oralmente con la técnica
de repetición de un repertorio de giros y de una cierta métrica. Pero, dentro
de esta poesía se pierden muchos conocimientos de la civilización anterior.
Por lo tanto, se hereda la poesía y también la religión del pueblo griego y
su vida social a nivel popular, pero la superestructura
micénica queda destruida.
Alrededor
del año 1000 AC, sobre las cenizas de la destrucción de ese primer intento de
una civilización griega, surgen nuevas flores. No se conocen con exactitud las
fechas. Los griegos tenían una fuerte tendencia de trasmitir mitos y leyendas
históricas con anacronismos. Por ejemplo, hay un dato de que, en el año 1067
AC, gobernaba en Atenas Teseo, pero hay otras leyendas que hablan de Teseo en la
Guerra de Troya, 150 años antes. De cualquier manera, hay datos, casi
fidedignos, de que entre el año 1070 AC y el año 1000 AC se producen las
primeras "cristalizaciones" de la “polis" de Atenas. La polis
es el núcleo central de la nueva cultura helénica y de la civilización
europea en general, porque todo lo demás que se desarrolla después, se
desarrolla dentro y a partir de la “polis”.
Pero
¿qué es la “polis”? La raíz indoeuropea de esta palabra es "pol",
"pla", "ple",
"pal", "plo",
que significa principalmente plenitud,
y que también forma parte de las palabras latinas plere, completus, repletus, plebes, populus, república, plus,
pluralitas, amplitudinus, manipulus. De la raíz paralela "par",
"por" derivan los términos "imperare" e
"imperio". Es el nuevo espacio de plena convivencia humana, como dice
Ortega. Es la nueva ciudad, entendida como ayuntamiento.
Por supuesto, las ciudades existían ya desde mucho antes en el Oriente.
Entonces, cuál es la diferencia entre esas ciudades anteriores y la ciudad -
polis?
Hace
ya más de 40 años, en "Diógenes", la revista de UNESCO para la
filosofía, apareció un estudio muy profundo, que trataba sobre la génesis de
la polis. En este estudio se decía, que la polis griega era una combinación de
la idea de ciudad que nació en la Mesopotamia como territorio edificado en
torno a templos y palacios, y amurallado, con la idea de una organización
basada en el parentesco tribal y familiar de los griegos. Cuando varias tribus
deciden unirse para vivir en comunidad, teniendo por centro una ciudad-polis, se
produce una combinación de dos grandes tradiciones: la tradición aria
indoeuropea de vida familiar y tribal (basada sobre parentesco) y la tradición
territorial del Medio Oriente. Al respecto, Aristóteles dice: “La ciudad es la comunidad de familias y aldeas en una vida perfecta
y suficiente”. (Política, 1280 b).
Así
se procede a crear ciudades amuralladas (o, como dice Ortega y Gasset,
“ayuntamientos” de ciudadanos y de sus casas), de espaldas a la naturaleza y
de cara a sus conciudadanos, que son como sus parientes. Ortega bellamente dice,
que en la polis el hombre se pone de espaldas al espacio extramuros, y de frente
a sus conciudadanos en el fórum, en el ágora, en la plaza mayor.
En
relación con este proceso, es muy importante tener en cuenta que las tribus
indoeuropeas (que eran grupos de clanes, que a su vez agrupaban a las familias
emparentadas) aportaron a la polis su propia estructura constitutiva
pre-estatal, basada en la coexistencia de tres
principios básicos: monárquico, aristocrático y democrático.
Efectivamente, tanto en Atenas, como en Roma y luego entre los eslavos, en estas
estructuras siempre vemos tres elementos: un rey, un consejo de personas
seleccionadas (senado) y una asamblea popular. Las
elecciones sirven para seleccionar, pero tanto los seleccionados como los
seleccionadores forman parte del cuerpo general de miembros de la polis,
reunidos en asamblea general. Esto se ve aún hoy en los idiomas eslavos. Por
ejemplo, en idioma serbio "elecciones" se dice "izbori"
("izbor" en singular), la
junta directiva, o sea la "selección", se llama "odbor",
y la asamblea general popular se llama "sabor".
La
polis nace alrededor del año 1000 AC. Una fecha confiable es el año 1067 AC,
fecha de la primera constitución de Atenas, mencionada indirectamente por Aristóteles
en su estudio sobre 158 constituciones. Podemos decir entonces que, alrededor del año 1000 AC se forma la “polis”, como un cruce de
estas dos tendencias. Es una fecha simbólica,
como muchas en la historia. (Como una curiosidad, también se puede señalar que
si se toma el año 1067 AC y se le suma la cifra redonda de 3000 años,
obtenemos el año 1933, fecha en que se creó el "Tercer Reich"
nacional-socialista, que es una antípoda de la polis, con su repertorio de
"un pueblo, un Reich, un Führer". Aunque, el primer anti-estado
fue creado 15 años antes por el internacional-socialismo en Rusia.)
Los griegos llamaron a este "ayuntamiento"
voluntario y libre de varias aldeas vecinas en la polis de Atenas “sinekia“ (“sinoikia“ en la trascripción occidental actual), término
formado por las palabras “con“ (sin) y “casa“ (oikia). Ortega y Gasset
observa que Mommsen, al terminar su monumental obra sobre la historia de Roma,
resume esta última, en la primera edición, con una sola palabra: incorporación. Pero luego, en las ediciones posteriores, ya usa la
palabra griega: sinekia. También subraya Ortega, que esta innovación era tan
importante en la historia de la humanidad que los griegos, según su
idiosincrasia, divinizaron este acto bajo el nombre de la diosa Sinekia
(Sinecia, en latín).
Los
romanos llamaban esta unión política,
formadora de la polis, "concordia
ordini", o sea el "acuerdo de los estamentos" que, según
Cicerón, era una de las dos columnas de la república, junto con la libertad.
Es interesante, que en el Evangelio también se toca este tema: “Todo reino
dividido en bandos queda devastado, y toda ciudad o casa dividida en bandos no
podrá subsistir” (Mateo, 12:25). En esta frase, en el texto griego original
del Evangelio, es usada la palabra polis (polis). La misma palabra es usada en
el Nuevo Testamento más de 150 veces.
¿Pero
cuál fue la causa principal de esta "sinekia"? Según Ortega las
causas eran dos: la necesidad de contar con un permanente caudillo militar para
casos de guerra y la necesidad de un árbitro
judicial supremo permanente. Según el historiador alemán Von Ihering, esta
última necesidad de una función permanente de arbitraje judicial fue la causa
motriz de la creación de la polis greco-romana.
Pero,
esta función de arbitraje del rex (basileus) no implicaba la creación del
derecho, o sea la legislación, sino únicamente la administración de justicia,
de acuerdo con el derecho preexistente: su función era preservar
el derecho.
En
relación con estos procesos es interesante analizar la etimología de algunas
palabras. Por ejemplo, civilización procede de la palabra civis (civitas significa ciudad), pero civil, etimológicamente,
quiere decir “allegado a una familia”, o sea no sólo un familiar, sino
también un amigo. Otro ejemplo sería la palabra libertad,
que es la idea central de la polis, a cuyo alrededor giran todas las demás
ideas de la civilización europea. Libertad, "eleuteros" en griego, tiene la raíz “leute”, que en alemán significa gente. Las palabras libertad
y amigo tienen la misma raíz: en
alemán Freiheit y Freund, en inglés freedom y friend. Esto lleva a la conclusión,
de que libre es aquel que es amigo y la libertad surge de la amistad. En las
lenguas eslavas esta raíz está en dos palabras:
"priyatel",
amigo, y "priyatno", agradable. Por lo tanto, la etimología de civis, no
sólo se refiere a un familiar, sino a un hombre agradable y bien educado; hoy,
diríamos "civilizado".
A
su vez, en los idiomas eslavos el término "libertad" es una composición
de las palabras "su" y "manera de ser y de vivir" (en ruso:
"svoy" + "byt" = "svoboda"). De tal manera, la
libertad es equivalente a la posibilidad
de vivir de acuerdo con su propia manera de ser, según sus propios usos y
costumbres, como dice Ortega.
Observamos
entonces que la idea de la polis es la
idea de la libertad, entendida como una relación agradable entre amigos y
parientes, y como una posibilidad real de vivir
de acuerdo con su propia idiosincrasia. Hasta el presente, ésta es la
idea central de la civilización europea: vivir en una organización política
donde todos se sientan sino felices, por lo menos satisfechos y libres. Si no
hay esta sensación, no hay civilización europea.
Esta
organización política, llamada por los griegos polis
y por los romanos municipium, es el
verdadero estado europeo, hoy en
proceso de abolición. Es la cáscara protectora de una vida libre, segura y,
según Aristóteles, más plena y satisfactoria. Pero, el mismo Aristóteles señala
una condición imprescindible para su existencia: el estado debe ser estable,
o sea que debe estar en condiciones de poder superar permanentemente las
inestabilidades inherentes a todas las organizaciones humanas. Además, sin la
estabilidad del estado es muy difícil conservar la continuidad
jurídica, sin la cual no es posible la convivencia pacífica en la
sociedad. De esta condición básica de la polis deriva el nombre moderno de los
estados en las lenguas latinas y germánicas, por primera vez usado por
Machiavello: “Tutti gli stati,
tutti e dominii che hanno avuto e hanno imperio sopra li uomini, sono stati e sono o republiche o principati”. (Niccolo Machiavelli.
“Il Principe”.)
Volvamos
a la fecha 1000. La última fecha exacta que conocemos es la de la guerra de
Troya, aproximadamente 1200 años AC, que era
época micénica, 100 años antes de la destrucción de la Grecia micénica
y aquea. La fecha posterior que conocemos con exactitud es el año 776
AC, fecha de la primera olimpíada,
veintitrés años antes de la fundación de Roma. Entre estas dos fechas históricas
se ubica el nacimiento de la civilización europea.
En
los dos primeros dos siglos de esta nueva etapa histórica, entre el año 1000 y
el año 800, se obtienen varios logros
iniciales de la civilización helénica, que le son característicos, pero
que lo son también de la civilización europea y de la civilización en
general, es decir, propios de una civilización superior.
Un
fruto brillante de esta civilización fueron los juegos
olímpicos, que se realizaban cada cuatro años y sirvieron de base para el calendario.
También eran la expresión de una constitución política de la comunidad helénica
de estados-polis griegos. Esta comunidad no era ni una federación, ni siquiera
una confederación, sino una mancomunidad
religioso-cultural, sin hegemonía monopólica de nadie.
Otro
de estos hallazgos fue el perfeccionamiento
del alfabeto, tomado de los fenicios, quienes a su vez lo habían tomado de
la escritura demótica de los egipcios. El alfabeto fenicio carecía de vocales,
estaba formado sólo por consonantes, pero el genio griego lo completó, inventando
las vocales, en busca de claridad de
expresión y de información. (Actualmente, este imperativo de claridad y
transparencia se está perdiendo. Casi el 90% de la música en el mundo
globalizado es cantada en un idioma que la mayoría de los escuchas no entiende,
y, lo que es peor, no necesita entender).
Otro
logro importante de aquel momento fue el
perfeccionamiento de la moneda, a pesar de no ser un invento griego. Ya se
había usado antes en Lidia, en el Asia Menor (según Toynbee, la patria
originaria de los Etruscos), donde sus habitantes comenzaron a estampar un sello
con la efigie de su gobernante en los trozos de oro o plata que servían como
valor de cambio, pero sólo para uso interno. Grecia copia este invento de acuñación
de moneda por un estado, pero en
Atenas se toma la decisión de acuñar
monedas de buen peso y composición para usarlas como medio de intercambio
internacional. Así, los griegos facilitan el comercio internacional, porque
buscan una claridad en las relaciones
comerciales, sin engaños, propiciando la confianza como base del progreso
económico. La dracma ateniense, que fue la moneda más popular en la antigüedad,
contenía inclusive un poco más de metal noble que el declarado oficialmente.
En esa misma época, también Homero recopila todas las obras poéticas que se
salvaron del período anterior.
Aristóteles
evalúa que en el año 1067 AC se
instituye el arcontado en Atenas. En la polis de Atenas hubo varios sistemas
de arcontes. El primer arconte, al principio vitalicio, era rey (basileus).
Después, aparece un segundo arconte (polemarcos), que es
jefe del ejército. Según Aristóteles, esto surge de la observación de
que no todos los reyes eran buenos guerreros. Para evitar que la suerte militar
del estado de Atenas dependiera de las cualidades buenas o malas del rey en el
campo militar, a la vera del rey se instituye una segunda figura: el arconte
polemarco, caudillo militar electo por diez años.
Algo
similar sucedía en Roma, donde los
siete reyes, del año 753 al año 510 AC, también tenían a su lado, como
segundo, a una persona que era jefe de la milicia, el “prefecto equites“ (el
caudillo de los jinetes).
Recién
en el noveno siglo AC se agregan en Atenas ocho arcontes más jóvenes, para que
se ocupen de las demás administraciones. Entonces, todos estos arcontes
(incluido el rey) se eligen por diez años. Por fin, el arconte rey deja de
tener toda influencia y se ocupa nada más que de la parte religiosa: hacer las ofrendas en nombre de toda la polis.
El
primer arconte-rey de Atenas fue Teseo, figura que marca el límite entre dos épocas
y que simultáneamente pertenece a ambas: a la época mitológica y a la época
histórica. En este sentido, es muy interesante analizar el mito de Teseo, como
libertador de Atenas de la servidumbre a la talasocracia de Creta. Según dicho
mito, Atenas debía proveer anualmente diez jóvenes a Creta, para que fueran
sacrificados al toro del laberinto de Cnosos. Evidentemente, este mito incurre
en fuertes anacronismos, porque la época del Teseo histórico es varios siglos
posterior a la época de la talasocracia cretense. Sin embargo, este mito es
profundamente histórico, porque eleva la
necesidad permanente para la polis de la independencia exterior e interior de la barbarie a la categoría
de arquetipo simbólico. (Mircea
Eliade en su estudio sobre “El eterno retorno” describe bien esta función
de los mitos. Personalmente creo que los anacronismos en los mitos son
deliberados, para exteriorizar el carácter extra-temporal
de los mismos.)
Asimismo,
este arquetipo incluye la
incompatibilidad de la civilización europea
con los sacrificios humanos. También Roma, con la extensión de su imperio
a toda la cuenca del Mediterráneo, puso fin en Cartago a los sacrificios
humanos de niños, sacrificios heredados de Fenicia, y ya condenados en el
Antiguo Testamento. Recién 3000 años más tarde, los regímenes comunista y
nacional-socialista implantan en Europa los sacrificios humanos.
Según
este mito, "en Atenas sin Teseo –
nada". El principio fundador de Teseo es: castigar
al culpable con lo mismo que él hizo, pero sin venganza. La venganza es
cobardía, y no un principio de la civilización europea. El principio fundamental de la civilización europea es el derecho, y
solamente el apego al derecho preexistente y su cumplimiento incondicional
produce y garantiza justicia. En idioma ruso la palabra justicia está
compuesta de las palabras “con” y “derecho”. (“S-praved-livost”).
Otra
idea destacable es la simetría. A
partir de esta primera cultura europea (helénica) se vuelven a reconstruir las
ciudades, los palacios y los templos, pero no ya como antes, en la época micénica,
copiados de la minoica, donde constituían un laberinto confuso. En la nueva
cultura helénica todo es simétrico, al igual que luego en Roma. La simetría
es una característica propia, muy importante de la civilización europea. Todo
debe ser simétrico, proporcional, claro
y sencillo. Por ejemplo, los antiguos griegos conocían las reglas de la
perspectiva, pero no siempre las aplicaban, porque querían que todo fuera
simple, rectilíneo, y buscaban la perfección dentro de la auto-limitación. La
simetría y la proporción son ideas rectoras indoeuropeas, que superan el
enredo laberíntico.
Con
el tiempo, los primitivos griegos agricultores se hicieron marinos, comerciantes
y poetas, y luego también
literatos, historiadores, arquitectos y escultores. La ciencia y la filosofía
subliman los saberes y superan la astrología. Saberes había ya en la
Mesopotamia y en Egipto, quizás más que en Grecia, pero no eran ciencia: eran
una acumulación de conocimientos sin indagar en las causas de los fenómenos
naturales que ocurrían. El griego quiere saber por
qué, quiere conocer la causa,
y allí, nace la ciencia y también la filosofía.
Este
es, a grandes rasgos, el cuadro de la génesis y de la formación de la
civilización helénica. En él podemos observar varias líneas de influencia.
Vemos que hubo una simbiosis con la cultura micénica, que fue completada con
influencias hititas, lidias, siríacas, fenicias y egipcias, todas ellas
extraeuropeas. Pero Toynbee, en su último libro, dice que la civilización helénica
no hubiera nacido de todas estas influencias, si no se hubiera ensimismado
durante 300 ó 400 años después de la destrucción del primer intento de crear
una civilización, la micénica-aquea, que vemos descripta en la Ilíada y la
Odisea. Esta destrucción se produce en el año 1.100 AC y recién en el 800
vemos que resurge una nueva civilización.
Una
civilización nace enfrentándose primero con otras civilizaciones, tomando
simultáneamente en préstamo muchos elementos de las mismas, pero
conservando algunas de sus cualidades propias, heredadas de su vida histórica
anterior, cuando todavía no poseía civilización. Luego, se
retira de estos contactos, se ensimisma y hace una síntesis, decidiendo qué
conservar de lo ajeno, qué guardar de lo propio y qué agregar de nuevo para
que nazca algo mejor.
EL
ESTADO EUROPEO DE DERECHO
¿En
qué consistió el contenido de esta civilización nacida en esta época? Cuando
los griegos llegan a Grecia en el año 1900 AC, se hacen agricultores, pues
antes eran pastores y recolectores, y pronto también se hacen marinos y
comerciantes. Pero cuando nace la civilización helénica, ya habían desechado
la estructura burocrática y militar, copiada de Creta. Su alumbramiento sucede
en una polis, donde la libertad y la relación amistosa entre los ciudadanos es
ley. Luego, producen el primer alfabeto, acuñan
moneda y organizan la ciudad, con la idea central de la libertad.
Entonces se hace necesario fijar constitucional y culturalmente una
segunda idea, sin la cual es imposible mantener la libertad. Esta segunda
idea es la idea de la justicia, que ellos llaman recta justicia.
Sin
la justicia no puede haber convivencia. En una familia, también debe haber
justicia, pero se da por sí, ya que sus autoridades naturales, padre y madre,
son justos por razones biológicas. En cambio, en una ciudad, aun chica (Platón
habla de 5.000 ciudadanos y Aristóteles de 20.000), pero mayor que una familia
y que un clan, se necesitan reglas de
juego públicas y claras, de acuerdo con los propios usos y costumbres. Esta
era la idea de justicia. Desde el año 1000 hasta los grandes filósofos del
siglo IV, ésta es la palabra más usada en Grecia por sabios, filósofos y políticos.
Sin
embargo, en esta cuestión existe un problema casi congénito de la civilización
europea, consistente en el peligro de confundir la justicia de los sofistas, de
los ideólogos, de los filósofos y, por ende, de los políticos, con el estado
de derecho. La cuestión es importante, porque la definición más profunda
de la polis y de la civilización europea es que la
polis es el estado de derecho. De tal manera, si se desvirtúa la noción
del derecho y de su función en la polis, automáticamente se desvirtúa también
dicha civilización. Al respecto, son importantes las siguientes definiciones de
Ortega y Gasset sobre lo que era el derecho para los romanos, quienes llevaron a
la cima de la perfección esta función de la polis:
“Las
dos notas constitutivas de lo que el Derecho era para el romano: primero, ser,
en principio, inmutable; segundo, no ser un mandamiento de ninguna voluntad
personal, sino ser lo establecido, o,
lo que es igual, la Ley. Ley consuetudinaria, inmemorial, primero; luego las
leyes estatutarias, nuevas, que nacían, que surgían de aquellas leyes ya
preexistentes, las cuales determinaban cómo se pueden hacer nuevas leyes, pero
sin ser nunca órdenes emanadas de una autoridad personal...
El derecho es, pues, por esencia lo irreformable, lo invariable... Con la
idea romana... contrasta la actitud de los pueblos europeos continentales desde
hace dos siglos... Se dio en la manía de creer que el Derecho es Derecho porque
y si es justo, donde justo significa
ciertos desiderata de orden moral y
ético, utópico y místico, por sí ajenos totalmente al Derecho como tal... Y,
en efecto, desde aquella fecha, en proceso cada día más intenso y más
acelerado, el Derecho, cuya misión reside en ser una de las pocas cosas quietas
y, por ello, seguras, con que el hombre puede contar y en que sabía a qué
atenerse, se ha transformado en lo más inestable y movedizo... La destrucción
universal del Derecho, señores, clama urgentemente al cielo... A fuerza de
hablar de justicia se ha aniquilado
el jus, el Derecho, porque no se ha
respetado su esencia”. (Una interpretación de la historia universal. XII).
A
todo ello se puede añadir la creación de leyes retroactivas y de tribunales
“ad hoc”, y la violación sistemática de jurisdicciones naturales de los
Estados, en el marco de una manipulación ideológica, más concordantes
con las ideas extra europeas de la venganza, que con la idea opuesta de Derecho,
de la civilización europea.
La
constitución ateniense tuvo varias versiones. La tercera era la de Dracón, que
era bastante cruel. Esta es una característica también importante: la justicia en la polis exige crueldad con los crueles criminales.
Nosotros hablamos hoy de democracia y desconocemos cómo los griegos entendían
la democracia. La democracia griega exigía libertad y justicia, pero asimismo
exigía crueldad con todo tipo de criminales. Los romanos luego dirán,
repitiendo la máxima de Teseo, que justicia es dar a cada uno lo suyo. Los griegos arrojaban a los ladrones desde
un promontorio al mar, para que no pudieran ser enterrados, porque ni siquiera
merecían ese honor. Las leyes draconianas eran muy severas, pero luego, con el
progreso de la educación, el pueblo pidió suavizar un poco sus penas. Solón,
moderador de las leyes draconianas y primer codificador de la constitución
ateniense, comerciante, filósofo y poeta, atendiendo a un pedido formulado en
una reunión donde le ofrecen el poder legislador, previa renuncia de todos los
magistrados a todos los cargos existentes en la polis, redacta una constitución
en versos, que es colocada en el ágora (plaza mayor) dentro de la polis, en
unos postes giratorios, donde cualquiera podía leer su contenido. Como ejemplo,
podemos citar dos frases de esta primera constitución escrita en el mundo:
“Redacté leyes iguales para el
pobre y para el rico, estableciendo para ambos una justicia recta. Si otro, un hombre perverso y ávido, hubiera empuñado
la picana en mi lugar, no habría
podido contener al pueblo. Y si yo hubiera aceptado hacer entonces lo que querían
los enemigos del pueblo, la ciudad habría quedado viuda de tantos hombres. Por
eso, desplegando todo mi vigor, presenté combate en todos los flancos como un
lobo acorralado por una jauría de perros. Me interpuse entre ellos como un mojón
entre dos campos sin división, entre los pobres y los ricos.”... “La
belleza de la ley hace reinar en todas partes el orden y la armonía.
Gracias a la justicia todo es paz entre los hombres, todo es sabiduría”.
De
tal manera, una parte de la constitución real de Atenas era escrita, mientras
que en Roma nunca hubo una constitución escrita. Actualmente Inglaterra e
Israel tampoco tienen constituciones escritas.
Pero
tanto en Atenas como en Roma la constitución política real coronaba un
conjunto de sistemas organizativos, basados en los criterios de pragmatismo
y austeridad.
Esto
se ve sobre todo en los sistemas de organización militar y de administración
estatal. Tanto la falange griega como la legión romana son buenos ejemplos de
esta superioridad sistémica. Alejandro Magno, en un momento, hasta creyó poder
sustituir casi por completo sus tropas griegas por tropas reclutadas dentro del
Imperio Persa conquistado, pero conservando la organización militar griega. Más
tarde, el Imperio Romano logró mantener durante siglos su poderosa maquinaria
militar, completada con soldados de las provincias no itálicas, y hasta con
mercenarios bárbaros, con muy poco personal romano, merced a la conservación
estricta de sus sistemas militares.
Asimismo,
las administraciones estatales tanto de Atenas como de Roma siempre se guiaban
por el principio de la profunda aversión a la numerosa burocracia.
En Atenas muchos cargos públicos no sólo eran honorarios,
sino que, a veces, implicaban grandes gastos para los funcionarios anualmente
electos, que debían organizar las fiestas populares de su propio peculio. La
limitación estricta de la cantidad de funcionarios estatales en Roma se
conserva aún durante el Imperio. Todos los funcionarios del Estado no superaban
20.000 personas, divididas en aproximadamente 1.000 personas en la clase
senatorial y 19.000 en la clase ecuestre, para un territorio que se extendía
desde Inglaterra hasta las fronteras de Persia (Irán) y desde el Rin hasta
Africa del Norte. Muchas tareas administrativas se delegaban por contrato a
privados, a porcentaje, como, por ejemplo, la recaudación de impuestos (a los
«publicanos»).
Es
importante destacar la racionalidad en la conservación en la antigüedad de
estos principios, cuya aplicación se desarrolla orgánicamente, sin
petrificaciones, pero sin excesivos cambios radicales. Sin embargo, estos
principios se van desvirtuando últimamente en la actual civilización
"Occidental", sobre todo bajo la influencia de ideologías
socializantes, más emparentadas con los criterios de los grandes estados
orientales de la antigüedad, que con los principios de los pequeños estados
libres europeos.
Otro
campo importante de esta civilización es la política. Este es un tema del cual
hoy se habla poco, aunque siempre se recita la palabra democracia, sin saber
exactamente qué significa dicho término. Tanto Platón como Aristóteles dicen
que la democracia es imposible sin la
decencia de los gobernantes. Si los gobernantes no son decentes no hay
democracia, sino un engaño. Como
una moneda que tiene estampado “diez dracmas", pero no está hecha ni de
plata ni de oro sino de bronce es
un engaño, de la misma manera una democracia con gobernantes indecentes no es
una democracia, sino un engaño demagógico.
La
VIIª carta de Platón, cuya autenticidad hoy es indiscutida, habla precisamente
de esto. En la actualidad se piensa que su propuesta era una utopía, porque
sostenía que los gobernantes debían ser filósofos, pero, al definir al
filósofo, expresaba que debía ser una persona
buena y decente, además de culta. Debía ser educado, porque si no lo era,
no podía ser competente.
Otro
factor importante de la polis era la pedagogía. En Atenas hubo tres o cuatro
liceos públicos, a los cuales concurrían los varones entre 11 y 18 años a
estudiar. Según Aristóteles, en sus obras Política y Ética, los alumnos debían
aprenderlo todo: ciencias, artes, gimnasia y artes marciales, sin exagerar en
ninguna de ellas. Observa que en Esparta predominaba la educación militar, lo
que embrutecía al hombre, pero no enseñarle nada de lo militar, también era
un defecto. Sintetiza su pensamiento con la expresión: “de
nada demasiado”. La idea de la pedagogía griega como educación integral, instruyendo el cuerpo, el alma, la inteligencia
y el corazón, hoy casi se ha perdido. Otra señal de mutaciones profundas. En
la democracia ateniense los jóvenes, de 11 a 18 años debían estudiar, luego
hacer dos años de servicio militar, para luego volver a su vida privada. Si
aspiraban ser gobernantes, dice Platón, debían estudiar la sabiduría durante
diez años más, y luego durante otros diez años ayudar a los gobernantes, para
aprender el arte de gobernar. Recién después, ya a los cuarenta años, podían
comenzar a gobernar, siempre que fueran buenos y decentes.
Por
último, debe ser mencionado el principio de la racionalidad,
inherente a esta civilización. Gracias a dicho principio, se impone la
necesidad de indagar las causas de
los fenómenos observables, tanto en el campo de la vida humana, como en la
naturaleza. Como consecuencia, en el siglo VII AC nacen por primera vez en la
historia de la humanidad las ciencias como tales. Al principio, todas las
ciencias se desarrollaban en forma conjunta, incluyendo la filosofía. Asimismo,
en la Grecia Antigua se desarrolla por primera vez una forma superior de
pensamiento humano, bajo el nombre de teoría,
literalmente “contemplación”.
En
relación con ello, es interesante observar que la filosofía y las ciencias
nacen en la Grecia Jónica, concretamente en las costas griegas del Asia Menor.
Como hemos visto antes, muchos aportes importantes para la formación de la
cultura europea provienen del Asia Menor y, en general, del Oriente Medio. De
allí procede, inclusive, hasta el mismo nombre de Europa. De tal manera, puede
decirse que las costas del Asia Menor son
la cuna de Europa. Por ello, la limpieza étnica y la expulsión total de la
población griega, autóctona en dichas costas desde hace 3000 años, efectuada
en los años veinte del siglo XX, es premonitoria del posible próximo fin de la
civilización europea.
La
civilización europea, nacida hace tres mil años, ha tenido varias etapas en su
larga historia. El paso de una etapa a otra se puede comparar, en cierto
sentido, con una carrera de postas.
A
la civilización helénica sigue la civilización helenística,
que es una ampliación de la cultura
helénica a la cuenca oriental del Mediterráneo, a raíz de las conquistas de
Alejandro Magno, a partir del año 330 AC, y de la fundación de los reinos
helenísticos de Siria y Egipto,
encabezados por los generales griegos Antíoco y Ptolomeo. Según el gran
helenista Werner Jaeger, el elemento catalizador
de esta ampliación es el concepto expresado con las palabras de Platón: “Dios
es el pedagogo del universo” (Leyes, X, 897 b). Con la ayuda de este
concepto la filosofía griega encuentra un puente de compatibilidad y
comunicabilidad con la espiritualidad semita y camita. (Inclusive con el monoteísmo de
Israel).
Luego,
tanto el territorio de Grecia como los territorios de los reinos de Siria y
Egipto helenísticos, son incorporados al Imperio Romano, con lo cual dicho
Imperio se integra al mundo helenístico. A su vez, el mundo helenístico se
enriquece notablemente con el aporte del Derecho Romano, produciéndose de tal
manera una nueva ampliación, cuyo fruto llamamos civilización greco-romana.
Con
el advenimiento del Cristianismo, se produce una tercera
ampliación, con la incorporación de los elementos trascedentales del judaísmo.
El Cristianismo es el elemento catalizador y transfigurador de esta ampliación, que aporta cuatro nuevas
ideas-fuerza fundamentales: 1. Dios es
Creador, además de Legislador y Pedagogo del Cosmos. 2. El
hombre es una persona, creada a semejanza de Dios, además de ser un
individuo (ser vivo individual), y además de ser un “animal social (político)”.
El hombre posee derechos inalienables. Es un ser libre, que posee libre albedrío, y es co-creador. Con esta premisa se refuerza substancialmente la
idea-fuerza de libertad, que por
primera vez es extendida a todos los seres humanos, inclusive a los esclavos. 3.
Todos los hombres son hijos de Dios,
por lo tanto son hermanos. De esta premisa nacen las ideas-fuerza de fraternidad
y solidaridad humanas. 4. Si Dios es Creador del Cosmos y del Hombre, la
historia humana tiene un principio (y va a tener un fin). Con ello se supera la
idea de una historia cíclica (o espiral), entendida como un “eterno
retorno”. La historia es lineal, aunque esta línea no sea recta. De esta idea
nace la concepción del progreso
(movimiento en el tiempo).
Estas
nuevas ideas cristianas son incorporadas paulatinamente a la constitución real
del Imperio Romano, a partir de San Constantino Magno (272 - 337). Luego, dicha
constitución es ampliada "de jure" con la doctrina de la sinfonía. Justiniano Magno (482–565) recopila el
derecho romano y luego en la Sexta Novela establece la doctrina de la sinfonía,
combinando en la misma la teoría de Aristóteles sobre la necesidad de formas
rectas de la polis (o sea del estado) con la teoría de Platón sobre la
necesidad de la decencia y competencia de los políticos: “Recte et decenter rempublicam”
(ortas politeias). Según los textos
en latín y griego de la Sexta Novela, el estado debe ser: república
recta, con poder decente (honesto) y competente. A su vez, el sacerdocio
debe ser: honesto, íntegro y enteramente
fiel a Dios. Sólo entonces hay sinfonía entre estos dos acordes de
virtudes. (Ni unión total, ni separación total entre la Iglesia y el estado).
Estas
incorporaciones y ampliaciones se mantienen inclusive después de la división
del Imperio Romano en dos mitades, a partir del año 395. Luego de la caída del
Imperio Occidental en el año 476, en su territorio, se fundan varios reinos bárbaros,
que tratan de mantener algunos rasgos de la civilización
greco-romana, pero la mayor parte de la cultura se pierde y hasta, como
dice Ortega, Italia deja de ser bilingüe. (En las provincias italianas de
Calabria, Apulia y Sicilia, que siguen perteneciendo al Imperio Romano con
capital en Constantinopla, se habla sólo griego, mientras que en el resto de
Italia se usa sólo el latín). Pero, cuando la universidad de Constantinopla
fue reformada en el año 1045 por el Emperador Constantino Monomaco (abuelo del
Gran Príncipe de Kiev Vladimiro Monomaco y bisabuelo del fundador de Moscú,
Gran Príncipe de Kiev, Jorge Dolgorukiy), allí se mantienen las dos lenguas clásicas:
griego y latín.
De
tal manera, la cultura helenística greco-romana se mantiene en forma completa y
sin solución de continuidad únicamente en la parte oriental del Imperio
Romano, hasta su caída en manos de los turcos musulmanes en el año 1453. A
partir del año 1562, el Imperio Romano de Oriente es nombrado por Occidente
como «Imperio Bizantino».
Paulatinamente
se produce la ruptura del Occidente con el Imperio Romano de Oriente y con su
cultura helenística. Esta ruptura se formaliza en el año 800 con la coronación
de Carlo Magno como emperador, sin el necesario consentimiento constitucional
del Emperador Romano con sede en Constantinopla. Pero, en el año 988 se produce
la incorporación de Rusia a la Iglesia de Constantinopla, como su diócesis
metropolitana Nº 61. Así, con el tiempo, Rusia no sólo se integra a la
cultura cristiana helenística, ofreciendo a la Humanidad las obras de sus
grandes músicos, escritores, pintores, pensadores y científicos, sino que ella
misma se convierte en heredera del Imperio Bizantino, con el nombre de «Tercera
Roma».
Mientras
tanto, Occidente, después del Cisma en el año 1054 entre la Iglesia Occidental
(de Roma) y las Iglesias Orientales (de Constantinopla, Antioquía, Alejandría
y Jerusalén) y de las Cruzadas occidentales contra el Islam y contra la
Ortodoxia, se reencuentra con el Oriente Europeo, a través de varios puentes:
la Calabria Bizantina, los territorios ortodoxos en los Balcanes, y los
exiliados bizantinos en Europa Occidental, después de la caída de
Constantinopla en el año 1454.
Lamentablemente,
el llamado “Renacimiento” resultante es parcial y discriminatoriamente
selectivo. Más aun, el Occidente se proclama, prácticamente hasta hoy, como un todo entero y completo, como si el Occidente pudiera existir sin
el Oriente correspondiente. Todo el conjunto de la cultura europea, bifurcada,
según Toynbee, a partir del año 800 en dos mitades, llega a ser proclamada “occidental”.
Ello es una evidente mistificación, discordante con los orígenes de esta misma
cultura, con su desarrollo, y, lo que es más importante, con su imperativo de
verdad.
Hoy
en día se habla de la globalización, de la mundialización, pero: ¿No estamos
asistiendo al fin de la civilización europea que ya cumplió 3000 años? ¿Se
puede globalizar la polis? Jacques Delor acuñó la palabra “aldea global”
al referirse a Europa, pero no habló de la polis, sino de la aldea. Sin
embargo, en la aldea no hay civilización, si esta aldea no pertenece a una
polis. Por lo tanto, vamos a tener una
aldea global sin civilización, o una civilización diferente, con muchos
burócratas, muchos gastos militares y estatales, poca amistad entre los
ciudadanos, poca libertad, poca cultura, gobernantes inmorales e indecentes, con
la manipulación ideológica del Derecho y con la suplantación de la justicia
por la venganza. Todo ello en contraposición con los principios de la
Civilización Europea. Si se
pudiera hacer una polis global,
salvando sus principios básicos, la civilización europea podría continuar,
pero si lo que se va a globalizar no va a ser la polis, sino otra cosa, el
resultado será otra civilización.
No en vano, hoy ya se habla de una civilización
atlántica, que podría tener algunos elementos europeos, pero que básicamente
no será europea.
También
la dilatación de la polis ilimitada producirá inevitablemente mutaciones y
mutilaciones en la misma. No se puede ensanchar la polis hasta que ocupe todo el
globo terráqueo. Estas mutilaciones y mutaciones no deben ser hechas en los
valores y principios esenciales que hemos enumerado, ya que los mismos no pueden
ser desvirtuados ni mucho menos descartados. Si se amputa y descarta lo esencial
o se inducen mutaciones en estos valores estaremos asistiendo al término de
nuestra civilización. O, quizás,
a una involución o a un retroceso a una situación preeuropea, con fuerte
presencia de algunos elementos de las civilizaciones egipcia, mesopotámica,
cretense o cartaginesa, con estados monstruosos, con palacios enormes, con burócratas
que registren y reglamenten toda nuestra vida. Los pueblos, entonces, ya no podrán
vivir libremente de acuerdo con sus
propios usos y costumbres, con su propia manera de ser.