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DELENDA EST
CARITAS CHRISTIANA
(La Caridad
Cristiana ha de ser destruida)
Autopsia del Amor
de una Encíclica - 2
Sepa
disculpar el lector tamaño resumen pero ha sido la manera más
breve de resumir que hemos podido encontrar, vayamos ahora paso
por paso en la penosa tarea de esta autopsia de un documento que
en vez de exaltar y aumentar al amor cristiano lo reduce a menos
de lo que es y, peor a lo que no es. Considere serenamente el
lector.
(La Encíclica puede hallarse en Internet en el Sitio:
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html
I. PRÓLOGO:
Para hablar o escribir lo primero es entenderse o ser entendido,
imposible si los términos no son claros; por eso una buena
definición primero hace algo de terminología o de semántica,
como le dicen, para usar los vocablos adecuados y descartar los
que nó. La Encíclica lo hace pero mucho y demasiado, nó ya como
siempre lo hizo la escolástica hablando de amor de
concupiscencia y de amistad, sinó con los términos griegos que
parecen hacer más sabios a los que los dicen y cultos a los que
los oyen aunque pocos sepan lo que dicen y menos lo que oyen.
Así pues se desglosan el “eros” (amor entre hombre y mujer),
“philia” (amor de amistad) y “ágape” (convite de caridad), todos
revueltos con referencias a Virgilio del brazo de Descartes,
riendo de Gassendi y no olvidando a Nietzche. Muchos Papas han
sido verdaderos eruditos de la lengua latina y de la griega y
eminentes filósofos sin embargo cuidadosamente evitaron en sus
enseñanzas las alusiones directas a tales o cuales, a no ser
para condenar un error o felicitar a algún autor eminente.
Los términos son útiles si nos llevan a la verdadera definición,
nó si nos pierden entre tantas distinciones y alusiones que
podrán afirmar en el oyente que está delante de alguien erudito,
nó delante de alguien sabio o certero, aunque muchas veces
confundiendo lo uno con lo otro.
En el n.7 de la Encíclica, ya que los cuatro primeros se los
llevaron las “palabras”, habla el Cardenal Ratzinger de sus
reflexiones sobre la esencia del amor “bastante filosóficas” si
bien no indicó la esencia y tampoco filosofó a no ser que
confundamos filología con filosofía.
II. Buscando la Definición de la
Caridad Cristiana:
A) El Cardenal Ratzinger dice aquí lo que no es la caridad
cristiana:
A decir verdad hubiera bastado con hacer referencia a las formas
bastardas del “amor” contemporáneo o televisivo que lo reduce
simplemente al manoseo y a la lujuria. En cambio, el Card.
Ratzinger en el n. 4 de la Encíclica, hace una larga referencia
al culto antiguo a la fertilidad y a la prostitución “sagrada”
que se ejercía en los antiguos templos paganos: “en el campo de
las religiones esta actitud se ha plasmado en los cultos de la
fertilidad, entre los que se encuentra la prostitución sagrada
que se daba en muchos templos… En efecto, las prostitutas que en
el templo debían proporcionar el arrobamiento de lo divino, no
son tratadas como seres humanos y personas, sino que sirven sólo
como instrumentos para suscitar la locura divina: en realidad,
no son diosas, sinó personas humanas de las que se abusa” (n.4).
¿Se le ocurrió a Usted que era necesaria una intervención
pontificia para descubrir que aquella antigua práctica morbosa
no era el verdadero amor de Dios? ¿El Sacerdote, el simple
cristiano o la monjita que habrían de leer la Encíclica
necesitaban que les hicieran acaso la distinción? Juzgue Usted.
En el n. 5,
siguiente de la Encíclica, presenta esta afirmación: “Pero ni la
carne ni el espíritu aman: es el hombre, la persona, la que ama
como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el
alma”. Es cierto que si de amores se trata, como acto
responsable del hombre, el sujeto, que en ese caso es la
persona, es quien en definitiva ama, piensa, respira o recuerda.
Pero también es cierto y mucho, que uno no quiere sin la
voluntad, ni piensa sin el intelecto, ni siente sin el
sentimiento. El alma, no siendo directamente operativa, hace sus
operaciones mediante sus facultades, que en el caso del amor es
la voluntad. Más claro, escuchemos a San Francisco de Sales,
Doctor de la Iglesia: “Ciertamente que es el hombre quien ama,
pero ama por medio de la voluntad con lo que el fin de su amor
es de la misma naturaleza que su voluntad; siendo espiritual, la
unión que busca su amor es también espiritual…” “…Siendo pues el
amor un acto de voluntad, quien quiera tenerlo no solamente
noble y generoso sinó fuerte, vigoroso y activo es necesario que
reprima su poder y fuerza en los límites de las operaciones
espirituales…” “…Al contrario los que atraídos por los placeres
sensuales, ponen toda el alma en su goce, descienden de su media
condición a la de brutos y merecen ser llamados tales por sus
obras, aunque continúen siendo hombres por naturaleza.” (S.
Francisco de Sales, Tratado del Amor de Dios, L.I, C.10, Pags.
50, 51, 52. BAC, Obras Selectas T.II. Madrid, 1954)
B)
Buscando la Definición anula el Card. Ratzinger tres (3)
referencias esenciales de la Sagrada Escritura:
1ra. El Cantar de los
Cantares
2da. Los Profetas Oseas y
Ezequiel
3ra. El Génesis (Adán y Eva)
Si en algún escrito
está presente el Amor de Dios es en la Sagrada Escritura. El
Texto Sagrado no es más que el fruto de la Inspiración de Dios a
las almas selectas de sus redactores originales que movidos por
la Gracia y guiados por el Espíritu Santo pusieron en aquél lo
que Dios quería dejar plasmado para los hombres para que éstos
se salvaran. Nada pues tan delicado, tan modesto ni virtuoso
como la Sagrada Escritura.
Así como para
apreciar una poesía hermosa o una música bellísima la
sensibilidad del hombre también tiene que tener una cierta
elevación, así de manera semejante la Sagrada Escritura exige en
nosotros una cierta virtud y espiritualidad como para entender
ciertos pasajes y expresiones que, mirados de manera grotesca,
serían groseros; virtud y espiritualidad que todo buen cristiano
puede tener. Dios no necesita hablar del sexo para enseñarnos
qué hondo puede ser su amor. Lo humano no tiene sacralidad en sí
mismo sinó por la Gracia que recompone en nosotros el desorden
instaurado por el Pecado Original. Nó que todo lo humano sea
pecaminoso por ser humano, sería eso una herejía; pero lo humano
desde la falta original de nuestros Primeros Padres siempre
comporta concupiscencia y desorden que sólo pacifican la Gracia
y la virtud; de ahí que el cristiano aún en lo más pasional es
moderado y modesto, tanto que la misma castidad rige los afectos
naturales; no es coerción ni represión a la manera sensual de
Freud, sinó elevación y virtud, simplemente cristianismo en la
manera de amar.
Así entendido veamos cómo lo entiende, de manera dispar, el
Cardenal Ratzinger.
1ra.
El Cantar de los Cantares:
Dice de este Libro santísimo en el n. 6 de la Encíclica: “Según
la interpretación hoy predominante, las poesías contenidas en
este Libro son originariamente cantos de amor escritos quizás
para una fiesta nupcial israelita, en la que se debía exaltar el
amor conyugal”.
Si bien entendemos, sería un canto nupcial simplemente usado por
el escritor sagrado para figurar algo, como si la abundancia
divina no bastara para componer en exclusiva un poema grandioso
que expresara su Amor y el de su Iglesia. Dice en cambio San
Bernardo que se llama Cantar de los Cantares porque “este
cántico supera a todos los otros del Antiguo Testamento”. Dice
el P. Fillión en su Introducción a este Libro: “Es absolutamente
falso querer mirarlo como una reunión de piezas juntadas y
originariamente dispares, como una especie de antología”. (Santa
Biblia Comentada, T. IV, p. 593, Letouzey, París, 1900). Entre
los mismos hebreos respondía Akiba: “¡Nó lo quiera Dios! Jamás
hombre en Israel contradijo que el Cantar sea un Libro sagrado;
el curso entero de los tiempos nó podría rivalizar con el día en
el que el Cantar fue dado a Israel. Todos los hagiógrafos son
santos pero el Cantar es Sacrosanto” (idem. p.594).
El Cantar ha tenido sus interpretaciones buenas y malas, entre
las malas precisamente está la literal, condenada tanto por
judíos como por católicos pero defendida por los racionalistas.
“La escuela llamada literal o realista se atiene pura y
exclusivamente a la letra del Cantar, es decir, la idea de un
matrimonio puramente huamano” (Fillión, idem, p. 595). Esta
interpretación fue condenada por el Sanhedrín hacia el año 90
después de Cristo, y entre los católicos por el II Concilio
General de Constantinopla en 553. Decía entre los judíos Aben-Esra:
“Lejos, lejos que el Cantar trate de la voluptuosidad carnal;
todo más vale está allí dicho figuradamente. Sino fuera por su
máxima dignidad no estaría entre los libros de la Sagrada
Escritura; de él no hay controversia alguna”. (Praefatio In
Canticum Canticorum)
Agreguemos con San Gregorio Niceno hablando de este Libro
sagrado: “Es Cantar por la inspiración divina, las alabanzas de
Cristo y de su Iglesia”.
¿Nos parece todavía una cancioncita de bodas? Escuchemos a San
Bernardo: “Así pues (Salomón) divinamente inspirado, canta en
este Libro los loores de Cristo y de su Iglesia, celebra las
dulzuras del amor sagrado y los misterios de su eterno
matrimonio… Es un verdadero canto nupcial compuesto por aquella
alma santa y extática que en él manifiesta las dulzuras
inefables de que goza valiéndose para ello de símbolos y
figuras… Por esto creo que este canto nupcial es llamado el
Cantar de los Cantares a causa de su excelencia, como aquél
Señor en honor de quien fue escrito es llamado el Rey de los
reyes y el Señor de los señores”. (San Bernardo, Obras
Completas, T. II, p. 9, n. 8, Sermón 1ro. sobre el Cantar, BAC
año 1955).
2da. Los Profetas Oseas y
Ezequiel:
Leamos al Cardenal Ratzinger: “Los profetas Oseas y Ezequiel,
sobre todo, han descrito esta pasión de Dios por su pueblo con
imágenes eróticas audaces” (n. 9 de la Encíclica)… “La historia
de amor de Dios con Israel consiste, en el fondo, en que Él le
da la Torah, es decir, abre los ojos de Israel sobre la
verdadera naturaleza del hombre y le indica el camino del
verdadero humanismo” (idem n. 9).
Son dos cosas densas dichas en pocas palabras:
a) “Imágenes
eróticas audaces”:
La Iglesia Católica de rito latino, que es su mayor parte, no
piensa en griego por no ser oriental sinó occidental. Un
documento eclesiástico para la Iglesia universal entonces debe
usar términos precisos para ser interpretados correctamente por
aquellos a los que se dirige. Para el espíritu latino una
“imagen erótica audaz” más parece una película indecente o la
afirmación de un psicoanalista que una expresión teológica. Los
profetas no son novelistas. Es cierto que a veces los Profetas
usan expresiones de un vivísimo realismo y que por su sentido
figurado deben ser entendidas como una imagen castísima de un
autor sagrado e inspirado por Dios, nó a la manera de un sentido
obsceno y degradado. Así dice Teodoreto, uno de los mayores
comentaristas de los Profetas en la Patrología Griega, hablando
precisamente de los Profetas Isaías, Jeremías, Oseas y Ezequiel:
“Es el Soberano de todas las cosas quien ha ordenado todo eso,
para excitar la atención por lo extraño del espectáculo y hacer
entender los divinos oráculos para aquellos que se hacían sordos
a sus palabras” (P. G. LXXXII, 1473)
Dice San Juan Crisóstomo: “En el Profeta… Su espíritu es lúcido,
su estado en calma; él sabe lo que dice; aprended a distinguir
así al adivino del Profeta” (P. G. LXI, 241).
b) “El Amor de
Dios… le indica el camino del verdadero humanismo”:
No es cierto. Una verdad que no lo dice todo pretendiendo
decirlo no lo dice sinó que miente. El amor de Dios nó quiere
hacer sólo hombres sinó hombres salvos. Hombre se puede ser
en cualquier religión y casi aún sin ella. Dios Nuestro Señor nó
vino a hacernos hombres sinó a salvarnos Él por su Cruz y su
Pasión, nosotros por la Gracia que podemos recibir. Nadie se
salva por la naturaleza sinó por la sobrenaturaleza, sinó la
Redención no hubiera sido necesaria, ni los Sacramentos, ni una
institución sobrenatural como es la Santa Iglesia.
3ra. Génesis (Adán y Eva):
Dice el Cardenal Ratzinger en el n. 11 de su Encíclica: “En el
trasfondo de esta narración (la del Génesis II, 23) se pueden
considerar concepciones como la que aparece también por ejemplo
en el mito relatado por Platón…”
Hay allí o un error cronológico o la afirmación de una tesis
racionalista. Para la Iglesia Católica todo el Pentateuco (los
primeros cinco Libros de la Biblia) y de éste su primer Libro
que es el Génesis, tiene como autor a Moisés como lo afirmó la
Comisión de Re Bíblica el 27 de junio de 1906 (Denzinger 1998).
El 18 de noviembre de 1907 el Papa S. Pío X declaró que las
sentencias emitidas por dicha Comisión y aprobadas por el Papa,
como aquella, obligan en conciencia ( San Pío X, Motu Proprio
“Praestantia Scripturae”, Denzinger 2113).
Ahora bien, Moisés fue ciertamente anterior por varios siglos a
Platón. ¿Cómo podía tener su libro un transfondo platónico? Sólo
admitiendo la tesis racionalista que pone el origen del Génesis
nó en Moisés sinó hacia el siglo V antes de Cristo, en clara
oposición a los dictámenes de la Comisión de Re Bíblica y de San
Pío X.
C) Hegelianismo:
También dice el Cardenal Ratzinger en el n. 11 de la Encíclica:
“En la narración bíblica no se habla de castigo; pero sí aparece
la idea de que el hombre es de algún modo incompleto,
constitutivamente en camino para encontrar en el otro la parte
complementaria para su integridad…”
Nada que constituya algo esencialmente puede faltarle a esto,
sinó no sería constitutivo suyo y sólo accidental y
prescindible. A mi puede faltarme un pie pero no el cuerpo si
quiero ser yo. Afirmar que el hombre está “constitutivamente en
camino” es igual a decir que no es sinó que se va haciendo y eso
no es más que idealismo puro (Hegel), haciendo honor al fondo
filosófico del Cardenal Ratzinger.
D) El Cardenal Ratzinger reduce
el amor a sexo:
No se trata de escandalizarse ya que sólo nos limitamos a
explicar lo dicho en la Encíclica. Ni tampoco de excusar
diciendo “se entiende que el sexo también es importante”. Ambas
reacciones son injustas. No hay derecho a creer que decimos de
más si lo que decimos es objetivo y lo probamos; y tampoco
afirmar tal importancia del sexo con lo cual sólo los casados
podrían amar y ciertos Santos jamás lo hubieran hecho bien.
Dice el Cardenal Ratzinger “…Para encontrar en el otro la parte
complementaria para su integridad, es decir, la idea de que sólo
en la comunión con el otro sexo puede considerarse completo”…
“El eros orienta al hombre hacia el matrimonio, un vínculo
marcado por su carácter único y definitivo, así, y sólo así, se
realiza su destino íntimo”. (n. 11 de la Encíclica).
Si fuere así ¿Se habrán querido realmente la Santísima Virgen y
San José? ¿Habrá amado San Juan Evangelista? ¿Lo habrá hecho El
Bautista o tantos Santos y Santas Vírgenes?
Si fuere así
¿Qué queda para el Sacerdocio y el Monacato? ¿Sólo seremos
“íntegros” los Sacerdotes buscándonos una esposa? ¿Corregiremos
a San Pablo? “Respecto de las vírgenes no tengo precepto del
Señor, pero doy mi parecer, como quien ha alcanzado la
misericordia del Señor para ser fiel. Juzgo pues que en vista de
la inminente tribulación es bueno para el hombre quedar como
está. ¿Estás atado a mujer? Nó busques desatarte. ¿Estás
desatado de mujer? Nó busques mujer…Quien, pues, case a su
doncella, hará bien; mas el que no la casa hará mejor” (I Cor.,
Cap. VII, 25-40).
E) El Cardenal Ratzinger
confunde:
a)
La noción de Comunión
b)
La idea de la Caridad Cristiana
a)
Confunde la noción de Comunión:
Una Encíclica tiene
que hacer el bien a todos y para eso poder entenderse. ¿Será
difícil decir qué es la Comunión? Tal vez bastara una afirmación
sencilla del Catecismo. Compare Usted lo que Usted sabe con esta
frase del n. 13 de la Encíclica: “Nó recibimos solamente de modo
pasivo el Logos encarnado, sino que nos implicamos en la
dinámica de su entrega”.
Apréndala bien para
explicársela a su jardinero o al común de las gentes que convive
con Usted.
b) Confunde la
idea de la Caridad Cristiana:
De la Caridad aún y hasta muy avanzada la Encíclica no dará la
definición. Dice en el n. 19, aunque haya hablado de la
evangelización: “El amor es el servicio que presta la Iglesia
para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades
incluso materiales de los hombres”. Si eso es la Caridad
Cristiana ¿Dónde está el amor a Dios que sería su primer objeto?
Si es la Caridad Cristiana, ¿Dónde está claramente enunciada la
preocupación primaria del amor que es el bien del alma, el que
los hombres vivan en Gracia y se salven?
III.
ANTES DE LA DEFINICIÓN:
IMPLICANCIAS SOCIALES Y ESTATALES.
Apenas vamos mediando esta autopsia que lógicamente es
desagradable como lo son todas. Aún no llegamos a la definición
de la Caridad Cristiana del Cardenal Ratzinger. Antes pues de
definir habla de las implicancias sociales y estatales y
lógicamente de la doctrina social de la Iglesia.
Entonces para hacerlo:
A)
Reivindica a un Tirano.
B)
El Estado debe ser laico.
C)
Doctrina Social Racionalista.
A)
Reivindica a un Tirano: Juliano el Apóstata.
Nó sabemos bien por qué era necesario hablar de éste cruel
perseguidor de los cristianos pero, allí puesto en la Encíclica,
hablemos de él. Juliano era sobrino del Emperador Constancio
quien mató al resto de su familia. Nuestro Tirano fue Monje
Católico y dejó de serlo por el mandato de su tío quien lo
nombró César en Milán el 6 de noviembre del 355. Constancio,
en cambio fue arriano y defensor del arrianismo. Juliano
al proclamarse Emperador y atacar a Constancio abjuró del
Cristianismo y adhirió a los antiguos cultos paganos del Imperio
Romano que quiso restaurar y restauró de hecho. Dice el Cardenal
Ratzinger en el n. 24 de la Encíclica: “Imputó esta brutalidad
(la muerte de su familia) al Emperador Constancio que se tenía
por un gran cristiano. Por eso para él la fe cristiana quedó
desacreditada definitivamente… Decidió restaurar el paganismo…
Se inspiró ampliamente en el cristianismo… Los sacerdotes
(paganos) debían promover el amor a Dios y al prójimo”.
Dirá luego más adelante en el n. 31: “La presencia del
Cristianismo en el mundo hace eficaz ese imperativo del amor… La
mencionada reforma del paganismo…es sólo un testimonio inicial
de dicha eficacia”.
¿Será que sí?
A nuestro pobre modo de ver lo que dice es esto, y es absurdo
(unas líneas después mostraremos quién fue Juliano):
·
Cristianismo
4
hace eficaz el amor en el
mundo
· Reforma
del Paganismo = es distinta del Cristianismo
· Reforma
del Paganismo= testimonio de la eficacia del Cristianismo.
En otras palabras: La negación de lo
eficaz (que es el Cristianismo) es testimonio de dicha eficacia,
por la reinstauración del paganismo.
De otra manera: Niego lo que enseñas para darte la razón.
Agreguemos ahora una noticia biográfica. ¿Quién fue este gran
tirano reivindicado por el Cardenal Ratzinger? Dice el Padre
Rohrbacher en su Histoire Universelle de l’Eglise Catholique,
Societé Générale de Librairie Catholique, París-Bruxelles, 1879,
que los Santos Padres lo llamaron “precursor del Anticristo”.
Fue formado por Eusebio de Nicomedia (arriano), Ecébole
(sofista) y Aëtius (esclavo arriano). ¿Cuáles fueron las causas
de su apostasía? El Padre Rohrbacher en la obra citada, pág.
152, col. 2 las indica: - La mala instrucción de los arrianos;-
el escándalo de sus intrigas y pasiones; - el odio a Constancio;
- curioso, superficial, vanidoso.
¿Es cierto que se inspiró ampliamente en el Cristianismo? Dice
D’Alés en el Dictionnaire Apologétique de la Foi Catholique,
Beauchesne, París 1928, T.I, col. 1480-81: “El único Emperador
del s. IV que no tomó ninguna medida en favor de los esclavos es
Juliano. Respecto a ellos se muestra imbuido de todos los
prejuicios del paganismo, y habla de ellos en sus escritos con
el antiguo menosprecio. Deseoso de apropiarse de la biblioteca
del Obispo Georgias asesinado por los paganos de Alejandría,
manda en su Ep. XXXVI, “torturar sin pausa a los esclavos de
aquél sospechosos de guardar sus libros”.
¿Reformó realmente al paganismo? ¿Qué dice San Gregorio
Nazianceno: “ Se lo veía prosternarse ante el ídolo, besarle los
pies, ir y venir con un aire inquieto y apresurado, cortar la
leña para el altar, atizar el fuego, soplar con la boca hasta
quedar sin aliento, degollar la víctima, hurgar en sus entrañas,
buscar allí con avidez el futuro, sacar luego sus manos
repugnantes de sangre, queriendo ser a la vez sacrificador y
ministro” (Rohrbacher, op. cit. T.III, L. 34, p. 185).
Sean nuestro juicio las palabras de San Gregorio Nazianceno, su
contemporáneo y compañero de estudios en Atenas, al verlo en
dicha ciudad: “¡Qué peste alimenta el Imperio Romano! ¡ Quiera
Dios que yo sea falso profeta!”
( San Gregorio Nazianceno,
Orat. 4, Rohrbacher op. cit., T.III, p. 156, col. 2, in fine)
B) El Estado
debe ser laico:
El Cardenal
Ratzinger niega la religión al Estado. Aquí sus palabras en el
n. 28 de la Encíclica: “El Estado no puede imponer la religión (luego,
ha de ser laico) pero tiene que garantizar su libertad y
la paz entre los seguidores de las diversas religiones (a
todas por igual)”
Nó
es esta una doctrina católica, es más, es algo condenado y
execrado por los Papas Católicos como S.S. Pío IX y Gregorio XVI.
“Se atreven a enseñar, que el mayor orden de la sociedad pública
y el progreso civil demandan imperiosamente, que la sociedad
humana se constituya y se gobierne sin que se tenga en cuenta la
Religión como si no existiese; o por lo menos sin hacer
diferencia entre la verdadera Religión y las falsas. Además
contradiciendo la doctrina de la Escritura, de la Iglesia y de
los Santos Padres no dejan de afirmar, que el mejor gobierno es
aquél en el que no se reconoce al poder la obligación de
reprimir por la sanción de las penas a los violadores de la
Religión Católica… No temen favorecer esa opinión errónea, la
más fatal a la Iglesia Católica y a la salvación de las almas, y
que nuestro Predecesor de feliz memoria, Gregorio XVI, llamaba
delirio (Mirari Vos, 15/8/1832) a saber: Que la libertad
de conciencia y de cultos es un derecho libre de cada hombre,
que debe ser proclamado y garantido en toda sociedad bien
constituida” (Pío IX, Quanta Qura, n. 4, 8/12/1864; Encíclicas
Pontificias, Guadalupe, T.I., p. 156, Buenos Aires, 1958).
Confirmemos los dicho contra el Cardenal Ratzinger con las
palabras de San Pío X: “Que sea necesario separar el Estado de
la Iglesia es una tesis absolutamente falsa y un error
pernicioso porque basada en el principio de que el Estado no
debe reconocer culto religioso alguno, es gravemente injuriosa a
Dios, fundador y conservador de las sociedades humanas al cual
debemos tributar culto público y social” (S. Pío X, Vehementer,
Guadalupe p.753, n. 5, 11/2/1906).
C) Doctrina
social Racionalista:
Como consecuencia lógica de su pensamiento naturalista en el
orden político afirma el mismo error naturalista respecto a
la doctrina social de la Iglesia. Leamos su argumento en el
n. 28 de la Encíclica: “La doctrina social de la Iglesia
argumenta desde la razón y el derecho natural… Sabe que
no es tarea de la Iglesia el que Ella haga valer públicamente
esta doctrina”.
No es
cierto, si la doctrina social católica argumenta sólo
a partir de la razón y el derecho natural ¿Qué diferencia tiene
de una argumentación laica? La doctrina social católica se
apoya principalmente en la Revelación y consiguientemente en la
Fe, es su nota esencial y distintiva, además en la razón y
el derecho. Decía el Papa León XIII: “La Iglesia es la que del
Evangelio saca doctrinas tales que bastan a dirimir
completamente esta contienda o por lo menos a quitarle toda
aspereza”. (Rerum Novarum, 15/5/1891, Guadalupe, T. I, p.428,
n.11).
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PORTADA
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