DOCUMENTO POLÍTICO (Abril de 1976)

Con la concreción del golpe militar del pasado 24  de marzo se ha confirmado, una vez más, la serie que, sin solución de continuidad, ha signado la vida argentina desde 1928: elección, golpe, elección, golpe.

Nuestra obligación como Partido.

Como lo hemos hecho permanentemente –como corresponde a un auténtico Partido Político- ante cada hecho significativo en la vida nacional y, también, cada vez que hemos considerado necesario fijar una posición, formular una advertencia, adelantar una opinión o señalar un rumbo, dirigiéndonos siempre –por sobre el destinatario expreso o directo- al pueblo argentino y, fundamentalmente, a la clase trabajadora argentina, es necesario que analicemos ahora esta nueva interrupción del proceso institucional trabajosamente reiniciado el 25 de mayo de 1973, es imprescindible que profundicemos sobre los hechos, sobre las causas, sobre el proceso, sobre su desarrollo y, muy especialmente, sobre su previsibles consecuencias.

En el cuerpo social cuando se tiene la vitalidad que da la vigencia, es imposible suspender la vida. Los 80 años de existencia que cumplimos, precisamente el 28 de junio próximo, y la superación heroica de las múltiples dificultades que han jalonado nuestra larga vida que abarcan incendios y asaltos de nuestros locales (la primera vez el 14 de Mayo de 1910), clausuras de nuestro órgano periodístico (la primera vez en Noviembre de 1902), atentados a nuestros dirigentes (el 8 de Junio de 1916 cae herido de bala el fundador Juan B. Justo), asesinato de nuestros representantes (el 28 de Septiembre de  es asesinado el diputado José Guevara), asesinatos de nuestros militantes (larga sería la lista que incluye la matanza en Ingeniero White el 28 de Julio de 1907), disolución y confiscación de nuestros bienes (por el gobierno militar instaurado el 28 de Junio de 1966), todo ello dice bien a las claras que no caben para nosotros las suspensiones decretadas.

Entre hacer una declaración circunstancial y breve que reiterara la clara y consecuente posición de nuestro partido en defensa del proceso institucional, contraria a su quiebra, y de respeto por la soberanía popular, y preparar un documento más extenso, tendiente a analizar en su relación de causas y efectos el pasado, el presente y el futuro de la vida nacional, optamos por esta segunda alternativa, convencidos de que de esa forma, poníamos en manos de nuestros militantes u instrumento útil para la labor presente y futura, labor que será ardua, que exigirá abnegación y sacrificio, pero que habrá de ser provechosa a la clase trabajadora –a la que aspiramos representar- y al pueblo argentinos.

Nuestra ideología y nuestro método.

Para hacer ese análisis los socialistas contamos con una ideología bien definida, una ideología de avanzada que se asienta en una concepción filosófica clara y precisa y que se sirve de un método científico de investigación, que aplicamos al estudio de la naturaleza y de los fundamentos históricos de los fenómenos sociales.

Cuando esa ideología, esa concepción filosófica y ese método científico de investigación se dejan de lado o se olvidan, el análisis resulta incorrecto, se equivoca la táctica y nos alejamos de nuestros objetivos.

Nuestra ideología socialista.

En función de esa ideología definida, de esa ideología de avanzada, de esa ideología socialista, aspiramos a reemplazar el régimen capitalista, concientes de su injusticia, por un régimen socialista en el que los medios de producción y de cambio –no los bienes de uso- dejen de ser una propiedad individual para pasar a constituir una propiedad social. De esta forma acompañamos y dirigimos nuestra acción en el mismo sentido que fijan las leyes del desarrollo social y que se muestra en la marcha evidente e inevitable de la sociedad humana, como lo prueba en su diversidad de vías y caminos, el proceso histórico mundial.

Está claro para nosotros que el régimen capitalista que lleva sobre la tierra a lo largo de todo su desarrollo aproximadamente unos  años, a pesar de haber revolucionado la producción y los medios de comunicación, no sólo no ha solucionado los problemas del hombre ni los de la sociedad, sino que ha mantenido y mantiene en el desamparo a millones de seres humanos que mueren de hambre y enfermedad todos los días (la Conferencia Mundial de la Alimentación de las Naciones Unidas efectuada en Roma del 5 al 16 de Noviembre de 1974 estableció que más de 460 millones de personas sufren de hambre permanente, de los cuales el 40 por ciento son niños), ha agobiado a la humanidad con guerras periódicas (después de la Segunda Guerra Mundial, esto es, a partir de 1945 ha habido más de 100 guerras, que abracaron a 61 países y al 50 por ciento de la población mundial, de las cuales 47 se desarrollaron en Asia, 27 en África y 25 en América), ha sido incapaz de proporcionar educación, vivienda y protección de la salud a todos los seres humanos y aunque ha progresado técnicamente no ha aportado esa tecnología al mejoramiento social de los pueblos sino que la ha retenido para una competencia desleal y sucia –la única posible- porque ese régimen se asienta sobre el lucro: el capitalista, para no perder debe seguir ganando, y para seguir ganando debe competir en la mejor manera de reproducir las condiciones que caracterizan al régimen capitalista y que en la producción son: reducción del salario real, despido de trabajadores, suspensión de trabajadores por períodos, etc., con las consecuencias sociales imaginables.

El mundo socialista, que abarca prácticamente la mitad geográfica de la Tierra, a través de sus múltiples variantes, lleva apenas 59 años de existencia y en algunos países muchísimo menos y a pesar de las falencias humanas, de los errores humanos y hasta de las deformaciones ideológicas y prácticas, es innegable que ha llevado la educación, la protección de la salud, la vivienda, el trabajo y la seguridad social a todos cuantos viven en ese régimen. Mundo socialista en expansión, como lo prueba el cambio en la relación de fuerzas con el mundo capitalista, las líneas políticas Abiertas en países como Suecia y el avance de una fuerte izquierda dentro del Partido Laborista inglés, así como los resultados electorales en Portugal y los previsibles en España.

Nuestra concepción filosófica.

En razón de nuestra concepción filosófica clara y precisa –la única que no sólo interpreta al mundo, sino que trata de transformarlo- sabemos que la realidad objetiva, los hechos y las cosas, están fuera de nosotros, ocurren y están fuera de nuestro cerebro. Esa realidad es, por lo tanto,  independiente de nuestras ideas. Esa concepción filosófica nuestra, que avanza y se desarrolla con el avance y desarrollo de las ciencias, nos dice que la ideas no son más que el reflejo en nuestra conciencia de la realidad objetiva que la determina.

Está claro para nosotros que, en la marcha de la sociedad, los protagonistas de la historia son seres dotados de ideas, de pensamientos, en una palabra, de conciencia. Son los hombres los que hacen la historia poniendo en práctica propósitos y tratando de llegar a fines determinados. Claro está, también, que esos propósitos, esos fines, esas ideas, esos pensamientos, no son más que móviles de la voluntad pero que están determinados por la realidad objetiva en la que viven y están inmersos, reflejada en sus propias conciencias.

De ahí que, si no es la conciencia de los hombres lo que determina la realidad sino que, por el contrario, es la realidad social lo que determina la conciencia social, está claro que necesitamos saber cuál es esa realidad social, esa realidad objetiva, esa materia social o materia histórica que se refleja en el cerebro, determina sus conciencias e impulsa su voluntad, así como parta desentrañar en nuestro análisis quiénes han llegado a tener clara conciencia de sus intereses y han procedido en consecuencia, quienes no y por qué no.

Es el modo de producción de la existencia material –esto es, las fuerzas productivas y las relaciones de producción- lo que condiciona en general el proceso social, político e intelectual de la existencia, ha dicho el creador del socialismo científico. Es el desarrollo económico de la sociedad, es la transformación de los modos de producción y cambio, es la división de la sociedad en clases y es la lucha de estas clases el motor decisivo de todos los importantes acontecimientos históricos, ha ampliado su inseparable colaborador completando la apretada síntesis. En podas palabras, es la existencia social lo que explica la conciencia social y no al revés. “En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.

“El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material en general. No es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”’

En las diferencias de situación y condiciones de vida de las clases que constituyen la sociedad y que resultan de aquellas relaciones de producción y del lugar que se ocupa en la producción está el origen de las aspiraciones distintas y contrarias.

En la sociedad en que vivimos, en esencia, como formas de conciencia social, hay dos ideologías: una ideología de las clases poseedoras de los medios de producción, de la clase dominante, y otra ideología de las clases desposeídas de los medios de producción, de las clases dominadas. El problema de la ideología es, entonces, un problema de conciencia social. No hay una tercera ideología, ni puede haber una ideología al margen de las clases sociales, sin que invalide esta concepción el hecho de que las clases dominadas tengan –todavía- una ideología de la clase dominante, lo que es explicable.

Cuando esas ideas no se corresponden con el sector de la realidad objetiva al que pertenece por el lugar que se ocupa en la producción, entran en contradicción inevitable. Si a un empresario capitalista –Bunge y Born, por ejemplo- se le ocurriera disminuir la explotación de sus trabajadores, tendría un solo camino: pagarles sueldos muy altos. En tal caso, para mantener los precios de sus productos debería reducir sus ganancias. Si así lo hiciera entraría en una situación inevitable de incompetencia por imposibilidad de mejorar en un nivel competitivo los medios de producción, ya que la reinversión sería, además de insuficiente, cada vez más difícil. De esta forma, se ve claramente que las relaciones de producción no dependen de la buena o mala voluntad del capitalista sino que son relaciones independientes de su voluntad, propias y características del régimen capitalista.

Por su parte, si a un trabajador se le ocurriese, por ejemplo, que una forma correcta de incrementar sus ingresos sería aumentar los ingresos del empresario capitalista y se propusiera trabajar  horas o aceptar el sistema de ‘participación en las ganancias’, también entraría en una situación de inevitable superexplotación por cuanto, no dependiendo de su buena o mala voluntad las relaciones de producción, seguiría produciendo más y consiguientemente se aumentaría la parte de trabajo no pagado, violaría normas mínimas de solidaridad de clase, destruiría conquistas tendientes a su protección y avanzaría hacia su liquidación física como ser humano.

Nuestro método científico de análisis

En función de nuestro método científico de análisis sabemos que esa realidad, expresada en un determinado régimen económico –dado por el modo de producción, esto es por las fuerzas productivas y por las relaciones de producción-, no es una cosa simple. Por el contrario, es una diversidad que se manifiesta en una estructura económica, en una estructura jurídico-política y en una estructura ideológica, pero que guardan una relación interdependiente. Relación que proviene del simple hecho ya apuntado, esto es, que las relaciones de producción forman la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídico-política e ideológica. Interdependencia que proviene del hecho de que los elementos de la superestructura repercuten los unos sobre los otros y sobre la estructura económica.

Por otra parte, ese método científico de análisis nos enseña que la realidad no es inmutable, sino que, por el contrario, todo está en movimiento y cambio, como lo prueba el simple hecho de que unas formas económicos-sociales van siendo reemplazadas por otras, así como que todo lleva dentro de sí su propia dinámica y sus propias contradicciones internas. Contradicciones que en el régimen capitalista se muestran claramente en el modo de producción y en las relaciones de producción, pues mientras la producción es típicamente social, la apropiación de la producción es típicamente individual y como lo prueba, también, la existencia de las clases sociales, una poseedora y otra desposeída, las que entran en el mercado en condiciones distintas y contrarias, estableciendo relaciones de producción que no son sino: relaciones de explotación.

La importancia de la ideología:

Cuando decimos que la estructura económica es la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídico-política e ideológica, no ha de entenderse que el factor económico es el único determinante ni que la superestructura jurídico-política o la superestructura ideológica carezcan de importancia o de influencia. Si se creyera tal cosa –al decir de los creadores del socialismo científico- se estaría tergiversando la tesis, convirtiéndola en ‘una frase vacua, abstracta, absurda.’

Por eso señalaron: “El desarrollo político, jurídico, filosófico, religiosos, literario, artístico, etc, descansa en el desarrollo económico. Pero todos ellos repercuten también los unos sobre los otros y (...) sobre la base de la necesidad económica, que se impone siempre en última instancia”.

Si las ideas, si la ideología, por ser superestructura, carecieran de importancia, todo sería cuestión de sentarse a esperar que el cambio inevitable de las condiciones económicas trajera como consecuencia el cambio de las ideas. No es así.

En primer lugar, las ideas dominantes –en el choque de las dos ideologías fundamentales a que hemos aludido antes- son las de la clase dominante, que ejerce sobre las clases dominadas de mil maneras para explicarles y convencerlas sobre la naturalidad de su situación; en la que ella cree.

En segundo lugar, la ideología natural, la que surge espontánea, la ideología que posee las clases dominadas como expresión de una determinada conciencia social en razón de una determinada existencia social, es insuficiente para doblegar o vencer la presión constante de la ideología de la clase dominante, de la que no les es fácil separarse.

En tercer lugar, para que la ideología de las clases dominadas se desprenda de toda influencia de la ideología de la clase dominante y se transforme en verdadera conciencia de clase, es imprescindible que ‘reciba el socorro de la ciencia’ , así como que prenda en las masas para que estas descubran sus verdaderos intereses de clase y las ideas devengan en fuerza material.

La lucha de clases:

Todas las luchas históricas, se desarrollen en el terreno que se desarrollen, no son más que luchas entre clases sociales.

Por ser elemento básico de nuestra ideología aceptamos, entonces, la teoría de la lucha de clases como factor dinámico de la historia. Aceptar la teoría de la lucha de clases no es –como muchos creen- que esa lucha es provocada, que esa lucha depende de la voluntad de los hombres. La lucha de clases existe como condición necesaria de la sociedad dividida en clases, desde que se dividió en clases. Es una consecuencia inevitable de esas aspiraciones distintas y contrarias de una y otra clase originadas en las diferencias de situación y de condiciones de vida de las clases –por eso son clases- que componen la sociedad, diferencias que hallan su razón en el modo de producción y, mejor aún, en las relaciones de producción y en el lugar que cada una ocupa en el proceso productivo.

Lucha de clases cuyo origen o iniciativa histórica no ha de verse en las clases desposeídas, sino en las clases poseedoras. Son éstas las que para asegurarse la estabilidad y duración de su explotación conducen una lucha de clases permanente al reproducir las condiciones de explotación contra las clases dominadas, que actúan por reacción.

Ese reconocimiento de la lucha de clases, de sus orígenes y de sus características está implícito en las propias expresiones del general Videla cuando dice “Promoveremos la armónica relación entre el capital y el trabajo...” y “...los trabajadores...deben saber...que ...a la hora de la distribución tendremos, para defender sus derechos, la misma firmeza...”

Está claro que si hay que “armonizar” relaciones –en el hipotético caso de que fuera ello posible en este nivel- y si hay que “defender” derechos es porque no hay armonía y es porque sí hay ataque. En una palabra, es porque hay lucha, la única lucha posible, la lucha de clases.

La lucha de clases se platea en los planos económico, político e ideológico y la clase dominante –clase “para sí”- ataca alternativamente o simultáneamente en ellos y en ellos deben defenderse y contraatacar las clases dominadas.

El régimen económico capitalista está caracterizado, según hemos dicho, por un modo de producción dado, esto es por las fuerzas productivas y por las relaciones de producción, en una diversidad que se expresa en una estructura económica, una superestructura jurídico-política y una superestructura ideológica. Está claro entonces porqué la lucha de clases se plantea en los planos económico, político e ideológico, unas veces en forma franca y visible, otras veces en forma encubierta y borrosa, unas veces fusionada en los tres planos, otras con preeminencia de uno de ellos. Sólo desde este punto de vista puede entenderse el porqué de las medidas económicas antipopulares, la suspensión de organizaciones de masas, los lineamientos en materia educativa de neto corte restrictivo, la modificación de la legislación recortando o eliminando conquistas.

De esa lucha en sus tres planos, económico, político e ideológico, la clase trabajadora cobra conciencia cuando deja de ser clase en sí para trocarse en clase para sí. Dicho en otras palabras, cuando pasa de la inconciencia o de la intuición de clase a la conciencia de clase. Claro está que ese pase no opera a nivel de toda la clase, pero sí se manifiesta en el sector más avanzado de la propia clase.

Y en este punto también se ve la importancia de las ideas, la importancia de la ideología. Mientras la lucha en los planos económico y político puede, en determinadas circunstancias darse en niveles bajos, la lucha ideológica debe apuntar a los niveles más altos de la ideología burguesa, a sus más altos expositores pues “una ciencia –y nuestro socialismo es científico- obtiene la prueba de su eficacia y vitalidad cuando demuestra que debe enfrentar a los grandes campeones de las tendencias opuestas, cuando se resuelve con sus propios medios los problemas vitales que éstos han planteado, o demuestra perentoriamente que tales problemas son falsos”.

Nosotros observamos que una gran parte de los argentinos ha visto con alivio –en muchos casos no exentos de satisfacción- la caída del gobierno de elección popular. Si hemos de guiarnos por las reacciones ocurridas es evidente que si el gobierno militar no goza de simpatías masivas, al menos fue recibido con consentimientos masivos. Estas actitudes populares no deben extrañar. Podríamos recordar el “consentimiento” masivo (consenso, le llamaron) con que fue recibido el golpe militar de 1966, a lo que se podría sumar la presencia de lo más caracterizado de las conducciones sindicales en el acto de juramento del general Onganía. Hasta es posible ver en alguna vieja revista (Caras y Caretas del  20 de septiembre de 1930) el masivo acompañamiento civil y el saludo de los trabajadores desde una obra en construcción al paso de las tropas por la ciudad el 6 de septiembre de 1930.

Estas actitudes globales tienen sus razones y ellas no hay que buscarlas en el cerebro de las gentes sino en la estructura económica de la sociedad argentina, en las condiciones objetivas que se dan en nuestra realidad y que determinan un cierto tipo de conciencia social.

La verdad de  nuestras idea

Saber en qué medida nuestras ideas, nuestros pensamientos se corresponden con la verdad objetiva, con la realidad objetiva, no es una cuestión de teorías, es una cuestión de práctica. Es la práctica la que demuestra la verdad de nuestras ideas, de nuestros pensamientos. Estas ideas, estos pensamientos son correctos si se corresponden con la practica y con los hechos posteriores a nuestro pensamiento.

Nuestros compañeros conocen de qué modo y con qué precisión hemos ido señalando paso a paso, con anticipación suficiente, cada una de las etapas que ha transcurrido a lo largo del período que se inició mucho antes del 25 de mayo de 1973. en los documentos del Partido y en los editoriales de nuestro periódico todo ello ha quedado registrado.

Si en junio de 1973 decíamos: “La conformación del Frente Justicialista de Liberación que lleva al poder al peronismo y la característica del propio Movimiento reafirman las enormes contradicciones internas que vive y que sin duda va a vivir, porque le son propias y porque el peronismo vive un proceso. Primero triturará a los aliados circunstanciales que desaparecerán. Que desaparecerán por carencia de organización y, por ende, por falta de posibilidad de incidir en el proceso. Segundo, agudizará sus propios enfrentamientos, que nosotros debemos observar para que no nos ubiquen en opciones que dividan al pueblo y que impidan la unidad del pueblo, de las grandes mayorías nacionales, en el camino de la Liberación Nacional. Porque frente a la crisis que sufrirá el peronismo, habrá que ser muy claros, observarla cuidadosamente...”, es evidente que los hechos posteriores corroboraron la justeza de nuestro pensamiento anterior.

Carece de sentido reproducir aquí observaciones y advertencias contenidos en varios cientos de documentos y declaraciones dados por el partido desde el 25 de Mayo de 1973 para confirmar los que hemos denominado “la verdad de nuestras ideas”. Sin embargo, consideramos conveniente la lectura del documento partidario sobre la Liberación Nacional, del  31 de agosto de 1974 y a él nos remitimos muy especialmente.

Es que nosotros no hemos analizado nunca la anécdota, así como tampoco hechos históricos aislados y mucho menos a la luz de las personas que hacen de actores visibles. Tampoco lo hacemos ahora. No centramos nuestro análisis en la corrupción, en el desorden o en la desorganización evidentes pues ello es super-superestructural. Lo que queremos es calar hondo en el análisis de los hechos económico-sociales, lejos de los problemas de los manejos de fondos –que criticamos sin ninguna duda- y lejos también de las  inspiraciones individuales de éste o aquel jefe de la conmoción triunfante, que podríamos no negar.

Las condiciones objetivas y subjetivas para la realización del Socialismo en  Argentina

Nuestro país forma parte de ese conjunto de naciones a las que se ha dado en llamar países subdesarrollados, dependientes, en vías de desarrollo y que integran países subdesarrollados y coloniales.

Sin embargo, el grado de subdesarrollo de nuestro país es distinto del de los demás países subdesarrollados de América Latina, de Asia y de África. No sólo por ser un país con alto grado de cosmopolitismo, sino fundamentalmente por ser un mayor grado de industrialización, que absorbe y liga a la producción en todas sus etapas y al sistema económico a una parte importante, a una importante proporción de nuestra población, a lo que hay que agregar un alto grado de movilidad social, una mayor posibilidad de adquisición de bienes de uso y consumo que en otros países subdesarrollados.

Estos rasgos característicos de nuestra realidad no implican, de ninguna manera, que olvidemos que en regiones determinadas de nuestro país registremos un alto índice de mortalidad infantil (Jujuy-1970 132,6 por cada mil nacidos), un alto porcentaje de deserción escolar (Corrientes-1963/1969 80,2 de cada 100 alumnos no completan la instrucción primaria), una alta tasa de analfabetismo (Corrientes-1971, 25, por ciento de analfabetos mayores de 18 años de edad), una baja esperanza de vida (Jujuy 1964/1966, 51 años), o alimentación deficiente (Jujuy 1972, 63,1 por ciento).

Esos rasgos característicos tampoco niegan que en las zonas de mayor protección y nivel –la pampa húmeda- esos índices sean más elevados que lo normal y que se agraven allí, lenta pero sostenidamente, las condiciones y posibilidades, pero esa región goza de condiciones generales muy superiores a las que son comunes en los países subdesarrollados y concentra en sólo el  20 por ciento de la superficie del país el 80 por ciento de la actividad económica nacional y el 90 por ciento de la actividad agrícola de Argentina.

Estas características de nuestra realidad objetiva, de nuestra realidad económica, estas condiciones objetivas determinan un cierto tipo de conciencia social que explica la actitud de los sectores populares frente a los golpes de gobierno desde 1930 hasta hoy, explica también por qué la clase media y la mayoría de la clase trabajadora argentina crean posible su ascenso individual a mejores condiciones de  vida dentro del régimen capitalista  y, por último ello explica que teniendo Argentina el movimiento obrero organizado más importante de América latina, sea el único movimiento obrero de nuestra América que no solo no se plantea el socialismo sino que reniega de él, y sus luchas, aún las más generosas y heroicas no ha  pasado de reclamos por mejores salarios o por mejores condiciones ambientales de labor, sin coordinar esas luchas con los objetivos superiores de la clase trabajadora y sin que se diera no ya no ya una clara conciencia revolucionaria, sino ni siquiera una intuición de la necesidad del rompimiento del sistema como forma de dar solución a problemas cuyo origen está en la estructura económica de la sociedad.

Este tipo de análisis –propio de nuestro método científico de investigación- de las clases sociales y de su comportamiento es básico para el accionar político. El nos conduce a comprender que sin un profundo deterioro de las condiciones objetivas (disminución del nivel de vida, desocupación, etc.) en planos más amplios y sin desarrollo cuantitativo y cualitativo de las condiciones subjetivas (ideología y concientización de clase en la vanguardia de la clase trabajadora) , así como la existencia de una verdadera organización que reúna y sintetice ideología socialista, clase trabajadora y Partido Socialista, no habrá socialismo en Argentina.

Esta es nuestra realidad y nada vale que imaginemos otra distinta. La marcha hacia el Socialismo no es simple, por más que se la declame, ni es fácil.

Lo revolucionario y lo posible

Alguna vez se ha dicho “lo revolucionario es lo imposible”. Nada más falso. Solo lo posible, por ser real, es lo revolucionario. Este es un punto importante de nuestro accionar político. Sólo lo posible fija un camino comprensible, apto para ser recorrido.

Si alguien planteara establecer el feudalismo en Argentina, nosotros sabríamos que eso es imposible porque el feudalismo es una etapa atrasada, superada, que no se ajusta a las leyes del desarrollo social. Quiere decir que ese régimen feudal es imposible porque es irreal.

Pero si se plantea la realización del Socialismo en la Argentina, nosotros sabemos que ello es, además de posible, inevitable porque es una etapa de avanzada que se ajusta a las leyes del desarrollo social. Quiere decir que el régimen socialista es posible porque es real, porque es realizable.

Claro está que la concreción de esa posibilidad en realidad depende de una serie de condiciones objetivas y subjetivas, cuya existencia real determina la necesidad de esa transformación. Sólo cuando la posibilidad surge de dichas condiciones, es una posibilidad real apta para convertirse en realidad necesariamente.

A esa confusión entre la posibilidad y la realidad se debe, y es común a nuestro país, que muchos de los grupos en que se divide la “izquierda” planteen ya, ahora, la Revolución Social.

Ni economicismo no mecanicismo

Nuestro método científico de análisis nos enseña que el proceso es dialéctico. Las condiciones objetivas generan determinadas condiciones subjetivas, la estructura determinadas superestructuras, la práctica genera la teoría, las fuerzas productivas las relaciones de producción. Pero ello no quiere decir, como lo apuntáramos al tratar ‘la importancia de la ideología’, que las condiciones subjetivas, que la superestructura, que la teoría y que las relaciones de producción no actúen sobre las condiciones objetivas, sobre la estructura, sobre la práctica y sobre las fuerzas productivas. Suponer lo contrario es hacer el análisis no dialéctico y sí mecanicista.

Igualmente nos enseña, como hemos visto, que las superestructuras jurídico-política e ideológica repercuten entre sí, sobre la estructura económica, además de que esas superestructuras tienen un contenido propio y leyes propias de funcionamiento y desarrollo. Suponer lo contrario es hacer un análisis no dialéctico y sí economicista.

Si no fuera así, "si la economía determinara mecánicamente toda la superestructura y el desarrollo de la sociedad, los fundadores del socialismo científico caerían en un contrasentido absurdo: hacer un llamado a la lucha de clases y a la revolución cuando todo estaría ya determinado por la economía".

Las clases medias en la realidad argentina

Como consecuencia del tipo de proceso económico que se desarrolla en Argentina, existe un amplio sector, el de la clase media, que no puede ser dejado de lado en la consideración del camino a seguir.

Numéricamente importante, está integrado por pequeños propietarios urbano y rurales, por comerciantes, por profesionales, por artesanos, por funcionarios y empleados en el sector privado y en el sector público. A ellos también hay que darles una respuesta. El olvido de ese sector en el proceso político argentino ha significado, objetivamente, su empuje hacia el  campo enemigo desde el que ha servido de ejército de choque del polo dominante. Así ha ocurrido en el proceso del golpe militar de 1955. En el pasado reciente también se ha manifestado y una de esas manifestaciones ha sido la ‘marcha de las cacerolas’ en Mendoza, entre muchas otras.

La clase trabajadora

Ahora bien, si la burguesía nacional es incapaz de dinamizar y conducir un proceso de desarrollo capitalista independiente -lo máximo exigible- , si las capas medias tienen  una natural tendencia -cuando no se les gana decididamente- a pasarse al campo de la clase dominante, si el campesinado no tiene una significación real -la población rural que es más que el campesinado es el  por ciento de la población argentina-. está claro que todo cambio en el proceso argentino debe tener como punto de partida a la clase trabajadora. Clase trabajadora cuyo nivel de conciencia está determinado por las condiciones objetivas de nuestra realidad económica.

Ello no niega la posibilidad de que otras capas jueguen del lado de la clase trabajadora haciendo suyo “el punto de vista de los trabajadores”.

Aquí también juega un papel importante la ideología, el trabajo ideológico. Cada clase tiene una situación de clase dada por el lugar que se ocupa en la producción social. Desde esa situación de clase se pasa a una posición de clase cuando se toma partido por una clase determinada. Y esa toma de posición no es igual para un trabajador que para un integrante de las capas medias. El trabajador está en su clase y hacer suyo el punto de vista de la clase trabajadora es un problema de educación de su instinto de clase. Para un integrante de las capas medias, hacer suyo el punto de vista de la clase trabajadora requiere revolucionar su instinto de clase.

La contradicción fundamental

Como hemos visto, forma parte de nuestra ideología el reconocimiento de la existencia de contradicciones en las cosas y en el seno de la sociedad. Múltiples contradicciones que tienen su característica de universalidad a la vez que su particularidad. De esa multiplicidad de contradicciones una de ellas adquiere el carácter de principal, relegando a las demás al carácter de secundarias. A su vez, en cada contradicción hay un aspecto principal. Por último, hay unidad y lucha entre los opuestos de una contradicción.

Descubrir cuál es la contradicción fundamental que se da en el seno de la sociedad argentina es punto de partida inexcusable. Es en función de esa contradicción que nosotros debemos analizar esta quiebra del orden institucional. Grave error sería analizarla como algo exterior a ella o independiente de ella.

El análisis de la estructura económico-social de nuestro país, hecho por nosotros en reiteradas veces y sintetizado en la introducción al Programa Partidario, nos ha permitido caracterizarlo como un país capitalista-dependiente. No invalida esa caracterización la magnitud de la configuración estatal debido a que el área estatal de la economía no ha sido utilizada como palanca de cambio.

Caracterización del Imperialismo

Al decir capitalismo-dependiente nos referimos al régimen capitalista en su etapa imperialista, es decir a la etapa en que se dan las siguientes características esenciales:

1.      La concentración de la producción y del capital, desarrollada hasta la etapa más alta que ha creado monopolios que juegan un papel decisivo en la vida económica.

2.      La fusión del capital bancario con el capital industrial y la creación, sobre la base de este capital financiero, de una oligarquía financiera.

3.      La exportación de capital, como cosa distinta de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande.

4.      Se forman combinaciones monopólicas internacionales de capitalistas que se dividen el mundo.

5.      La división territorial del mundo por las mayores potencias capitalistas se hace completa.

Caracterización de la dependencia

Por su parte, éstas son las características esenciales de los países dependientes:

1.      Medios de producción: a) Las mejores tierras conformando grandes latifundios en muy pocas manos: la oligarquía terrateniente y las empresas extranjeras; b) Industrias vitales en manos de las empresas extranjeras, sus filiales y/o subsidiarias.

2.      Producción: a) Predominio de las materias primas; b) Si hay industria, es de carácter liviano; c) Escasa o nula explotación minera (cuando la hay, el precio se regula desde el exterior); d) Insuficientes producciones básicas.

3.      Composición geográfica: a) Desigual desarrollo del país; b) Grandes concentraciones litorales; c) Regiones prósperas y regiones pobres.

4.      Transporte: a) Desarrollo vial y férreo desde los centros de producción a los centros de exportación. b) Expansión del transporte de cargas ligado a los intereses extranjeros en desmedro del transporte estatal.

5.      Comercio exterior: a) Exportación de materias primas; b) Importación de capitales, de producciones básicas y de industria pesada. c) Comercialización en manos de los trusts.

6.      Bancos: a) En manos de capitales extranjeros; b) Sin decisión en materia de créditos.

7.      Relaciones económicas: a) Garantías a las inversiones extranjeras; b) Aceptación de las jurisdicciones extranjeras para la resolución de diferendos; c) garantías a la no-restricción de importaciones de productos extranjeros.

8.      Relaciones militares: a) Participación obligada en acuerdos militares; b) Instalación de bases militares extranjeras; c) Aceptación de la ‘asistencia militar’.

9.      Tecnología: Garantía a la tecnología extranjera como consecuencia de convenios y tratados y de contratos de compra.

10.  Relaciones financieras: a) Recepción de préstamos atados; b) Ayudas condicionadas a cláusulas políticas y/o militares.

La nómina, el decálogo de la dependencia, no agota el tema ni en él figuran las consecuencias.

Para imponer estas condiciones necesarias a la expansión capitalista en su etapa imperialista deforma las economías de los países dependientes a los que traslada sus crisis periódicas, y los mantiene en el subdesarrollo aunque para ello deba desatar guerras de conquista y de rapiña en las que mueren o quedan inútiles millones de seres humanos.

Es que el imperialismo, por ser capitalismo, debe reproducir las condiciones que aseguren el mantenimiento de la dependencia. De ahí que otorga préstamos y retira enormes sumas en concepto de intereses, gira capitales y retira sin reinvertir enormes ganancias, compra materia prima y vende productos industrializados beneficiándose con el deterioro en los términos del intercambio, vende maquinaria moderna y recoge enormes masas de dinero en concepto de royalties.

Nuestra dependencia

Hemos dicho que nuestra sociedad se caracteriza por una estructura capitalista-dependiente. Si repasamos cuidadosamente el “decálogo de la dependencia” precedente, comprobaremos que no es una afirmación graciosa.

1.      Medios de producción. Tenencia de la tierra: el 77,9 por ciento de los establecimientos poseen el 10,4 por ciento de la tierra, configurando ninifundios y economías de subsistencia; el 5,6 por ciento de los establecimientos poseen el 74,4 por ciento de la tierra, configurando los grandes latifundios. (Censo de 1960). Industrias. De las 100 empresas de mayor venta, el 60 por ciento son extranjeras, el 17 por ciento estatales y el 22,5 argentinas privadas. Estas  100 empresas aportan el 31 por ciento de la producción industrial (1969).

2.       Producción: Predominio absoluto de las producciones agropecuarias. Relativo nivel de industrialización liviana y de bienes de uso durable. Insuficiencia de producciones de base: acero, metalurgia ferrosa y no ferrosa, petróleo, petroquímica. La participación de sector minero en el PBI (1970) fue de sólo 1,8%. Si se excluyen los minerales nucleares, las aguas minerales y los combustibles es apenas del 0,7%. Insuficiente producción energética: 1378 k.hulla/hora.

3.      Composición geográfica: La pampa húmeda con sólo el 20 por ciento de la superficie del país concentra el 70 por ciento de la población total, el 80 por ciento de la actividad económica nacional y el 90 por ciento de la actividad agrícola del país. El resto del país, esto es el 80 por ciento de la superficie, concentra el 30 por ciento de la población, el 20 por ciento de la actividad económica y el 10 por ciento de la actividad agrícola. Los indicadores socioeconómicos acusan estas diferencias: Capital Federal: esperanza de vida, 71 años; mortalidad infantil, 42,1 por mil nacidos; habitantes por médico, 164; deserción escolar, 20,9 por ciento; Analfabetismo, 1,1 por ciento. Salta: esperanza de vida, 57 años; mortalidad infantil, 114,4 por mil nacidos; habitantes por médico, 1156; deserción escolar, 71,8 por ciento; analfabetismo, 16,3 por ciento. Otro dato interesante, consumo de cemento: en la pradera de o pampa húmeda, 75 por ciento. Resto del país, 25 por ciento. (Todas las cifras son oficiales y corresponden al período 1963-1972).

4.      Transporte: Desarrollado en forma de abanico desde las zonas de producción hacia Buenos Aires (ciudad-puerto). El sistema ferroviario estatal redujo su movimiento –años 1971/1973- en esta forma: Cargas de 20,6 millones de toneladas a 19,9 millones de toneladas. Pasajeros, de 429,4 millones a 338,6 millones. Se clausuran ramales, se cancelan servicios. De las exportaciones-importaciones argentinas, solo el 21 por ciento se transporta en buques de bandera nacional. Situaciones similares operan en el transporte aéreo.

5.      Comercio exterior: Ejercido por los trust cerealistas y frigoríficos, regulan las exportaciones a través del monopolio frigorífico del transporte. Más del 80,por ciento de las exportaciones provienen del sector agropecuario. Deterioro en los términos del intercambio: La tonelada  exportada valía en  1971 la suma de 121,84 millones de dólares, la tonelada importada valía 214,89 dólares.

6.      Desnacionalización de bancos. Perdida creciente del manejo del crédito.

7.      Relaciones económicas: Garantías legales a la inversión extranjera. En el período  1957-1964 entraron como inversión extranjera 5 millones de dólares de los cuales sólo 21 millones eran de origen. Los insumos importados en el período ascendieron a 559,5 millones de dólares (318 por ciento) y las remesas de utilidades, de 113,6 millones de dólares (65 por ciento). En conclusión, por cada dólar introducido se llevaron 5,4 dólares.

8.      Relaciones militares: Tratado interamericano de asistencia recíproca TIAR. Instalaciones militares asesoras. Operativos militares conjuntos.

9.      Tecnología:  Prácticamente la totalidad de las empresas multinacionales radicadas en la Argentina tienen contratos firmados con sus casas matrices sobre la transferencia de tecnología. En 1972 las regalías constituyeron el 49,5 por ciento del total. Los contratos entre matrices y filiales son irreales, abarcan prestaciones que no se efectúan, carecen de duración, etc.

10.   Relaciones financieras: La deuda externa alcanza progresivamente cifras enormes. En mayo de 1973 era de 7.000 millones de dólares. Los préstamos (Eximbank-FMI) tienen como condición previa el análisis en el país de las cuentas, jurisdicciones, sin limitaciones. En algunos casos (CADE-SEGBA) obligaba a la privatización de las acciones, así como a la designación de vicepresidente sólo con su consentimiento.

Pues bien, lo que es contradicción fundamental en las sociedades capitalistas altamente desarrolladas y que se expresa en los polos o contrarios burguesía -proletariado, en las sociedades capitalistas/dependientes se troca en otra contradicción fundamental: la que se expresa en los polos o contrarios imperialismo/oligarquía-sectores nacionales.

El concepto de ‘nacionales’ es de una clara connotación política, no alude a lo geográfico. Por eso es que decimos ‘oligarquía nativa’ y no decimos oligarquía nacional.

Así como la superación de la contradicción burguesía-proletariado en la sociedad capitalista desarrollada se da en la construcción del Socialismo, la superación de la contradicción imperialismo/oligarquía-sectores nacionales, se resuelve con la consecución de la Liberación Nacional en el camino hacia el Socialismo.

No hemos dicho liberación nacional, y punto. Hemos dicho Liberación Nacional en el camino hacia el Socialismo, camino que han recorrido algunos más rápidamente que otros, que para unos ha sido más directo que para otros, para nuestra Argentina -como para la generalidad de los países dependientes- hay un paso que posibilita ese tránsito hacia la sociedad del futuro que es, precisamente, la Liberación Nacional.

Liberación Nacional que termine con la dependencia y que anule las deformaciones económicas producidas por la clase más férreamente unida a los intereses imperialistas: la oligarquía.

Estado y Gobierno. Los golpes

Hemos iniciado este documento político señalando que la vida argentina esta signada, desde 1928, por una sucesión ininterrumpida de elecciones y golpes. Pues bien, debemos atender a que todo golpe es un hecho político con una base o contenido económico, que todo golpe es un medio y atiende a un fin determinado.

Es importante acostumbrarse a las precisiones en materia política antendiendo al contenido cambiante de los vocablos en el devenir histórico.

Como producto de la ideología de la clase dominante y como forma de justificar o hacer natural es dominación se ha definido al Estado como ‘la organización jurídico-política de la sociedad’. Nuestro método científico de análisis nos dice que el Estado como superestructura jurídico-política no puede ser otra cosa que la correspondencia  en ese plano con la estructura económica de la sociedad. De donde es fácil inferir que el Estado no es más que la organización jurídico poolítica que consagra en ese plano el poder de la clase dominante.

Dentro de ese Estado, el gobierno aparece como su órgano ejecutor en las formas variantes que determinan las condiciones históricas concretas.

En otras palabras. El Estado es la organización jurídico-política, la superestructura jurídico-política que consagra el poder económico de la clase dominante. El Gobierno es el órgano ejecutor de ese Estado. El Estado depende de la estructura económica y el Gobierno de las condiciones históricas. Estado y gobierno son cosas distintas, aunque se correspondan.

Si aceptáramos hacer el análisis de los golpes en la Argentina desde el punto de vista de la clase dominante, esto es de la ideología dominante, caeríamos en una confusión de Estado y gobierno y nos prestaríamos al ocultamiento del fondo verdadero del problema.

Si tenemos en cuenta las inequívocas definiciones dadas, golpe de estado es aquel que tiende a producir cambios en la organización jurídico-política, esto es cambios en la superestructura jurídico-política, cambios reales, que no pueden ser otros que consagraciones jurídicas y políticas resultantes de cambios en el dominio del poder económico y en ese caso son revoluciones. Si sólo se trata de cambios superestructurales para reafirmar o consolidar el poder económico de la clase dominante, ni siquiera merece el nombre de golpe de Estado.

Los cambios en el gobierno –como cambios de personas- y aún en las formas de gobierno –desde la república hasta la dictadura militar- no son más que golpes de gobierno. Las alteraciones en el orden institucional aún en el cambio de la forma republicana por la forma de dictadura militar, no pasan de ser correcciones al orden jurídico establecido, correcciones superficiales o suspensiones de dicho orden sin que se produzcan verdaderas modificaciones del orden jurídico-político institucional.

Por otra parte, la clase dominante no da participación en el poder, esto es en el Estado, a las clases dominadas. Sólo les dan participación en el gobierno, fundamentalmente en uno de los poderes del gobierno: el legislativo, del que luego, cuando estas se desbordan de los límites que fijan los intereses de la clase dominante, las desalojan por la fuerza.

Cuando las clases populares alcanzan a participar en el Ejecutivo, la contradicción entre poder y gobierno se agudiza con mayor rapidez hasta hacerse antagónica y si las clases dominadas no han podido o no han sabido actuar sobre el polo opuesto para debilitarlo o destruirlo como poder, triunfa el poder real y se produce el desplazamiento por la fuerza de las clases dominadas de los lugares accedidos. Se produce el golpe que sustituye a las personas sin alterar las relaciones de poder, antes bien para reafirmarlas o endurecerlas.

Los golpes en Argentina

Este problema del golpe es de importancia capital para los argentinos. Obsérvese que en 166 años de vida política independiente, se registra una sola revolución en nuestra historia: la de Mayo. En cambio, en menos de 46 años registramos los siguientes golpes concretados: 6 de septiembre de 1930, 4 de junio de 1943, 16 de septiembre de 1955, 28 de marzo de 1962, 28 de junio de 1966 y 24 de marzo de 1976.

Partiendo de la caracterización de la Argentina como país dependiente y de la contradicción fundamental es de importancia fundamental el comportamiento de los sectores que componen el polo nacional de la contradicción.

Ha sido siempre la división del frente interno lo que ha posibilitado los golpes de 1930-1955-1966-1976. El golpe de 1943 merecería un capítulo aparte. Así se ha utilizado como ariete, alternativamente a la clase obrera (1966) y a la clase media (1955) para golpear y derribar el andamiaje institucional.

Una rápida revisión de los golpes en Argentina nos muestra que ellos han tenido una especial característica: son de naturaleza militar con preparaciones declarativas provenientes de los sectores oligárquicos y proimperialistas. Así ha ocurrido, por ejemplo, con la declaración del 22 de agosto de 1930 de la Sociedad Rural, la Unión Industrial y la Bolsa de Cereales, en la que, tras su fachada de “análisis económico” no hacían otra cosa que reclamar el golpe. Cuarenta y seis años más tarde, el  de enero de 1976, una “asamblea de entidades gremiales empresarias” cuyas deliberaciones dirigieron, entre otros, los presidentes de la Sociedad Rural, de la Cámara de la Construcción, de la Cámara de Sociedades Anóinimas, también dio una “declaración económica”, anunció un paro empresario y reclamó el golpe. (destacamos que de los nombres de las organizaciones empresarias señaladas hemos suprimido, por razones obvias, la denominación de "Argentina").

La apariencia de apoyo civil popular con la que alguna vez se han revestido –o han pretendido hacerlo- los golpes entre nosotros, no ha sido otra cosa que los aspectos preparativos, la etapa pre-golpe, en la que la clase media o la clase trabajadora han sido instrumentadas –como producto de la ‘opinión pública’- en la división del frente interno hasta la efectivización del golpe, sin participación real en la etapa posterior, en la etapa post-golpe. Las participaciones civiles, cuando las hubo, no provinieron de los sectores populares, sino que provinieron de los sectores oligárquicos y de la alta burguesía: la Liga Patriótica, la Liga Republicana, la Legión de Mayo, la Legión Cívica (1930); el Club del Plata (1943); la Unión Federal y Azul y Blanco (1955); el Ateneo de la República (1966).

Hemos dicho "opinión pública" y es necesario que aclaremos este punto, que también explica muchas de las actitudes que han asumido los órganos de difusión en las etapas preparativas del golpe. La opinión pública –producto de la mezcla de la civilización (creación de la imprenta) y de la cultura (instrucción a capas más amplias de la sociedad)- no es más que la opinión individual que pretende mostrarse como opinión general. “La opinión pública, atendiendo a su valor representativo, llega a parecer algo así como la opinión general; a veces opinión de la mayoría, otras un término medio de opiniones, pero puede decirse que no abarca jamás a la sociedad entera. Tiene sus medios circunscriptos de actividad y de influencia. Es, más bien, una opinión de clase –no hay que olvidar que únicamente la clase capitalista dispone de los medios de publicidad- con propósitos particulares y frecuentemente efímeros. Responde egoístamente a los estímulos que recibe y suele ser de la misma naturaleza antisocial que la opinión particular de cada uno de los que forman la clase o el grupo y que actúan dentro de un determinado ambiente”.

Otra característica de los golpes en Argentina ha sido la existencia de dos vertientes ideológicas de acción simultánea: una liberal y otra fascistizante, alternándose en el lugar de preeminencia. En la conducción golpista los grupos fascistizantes son vanguardia en 1930 y en 1966, coparticipan en 1943 y 1955, y son retaguardia en 1976.

Es evidente que el modelo fascista o fascistizante –aunque hayan sido siempre los sectores liberales los que se han afirmado en definitiva- fue incrementando su posibilidad de realización desde 1930 hasta 1966. Así se pasó del proyecto uriburista fallido de 1930 a los Consejos de la Comunidad de Onganía en 1966. Ese sector continúa al acecho.

Las “causas” del golpe

Algunas veces el argumento del golpe en la Argentina ha sido la corrupción y el desorden existentes (1930-1955-1976). Otras veces el vacío de poder (1966-1976). Sin embargo, después de la “corrupción” de 1930, con el golpe del 6 de septiembre y su correlato concordancista vino la “década infame”: el pacto Roca-Runciman, las concesiones eléctricas dolosas a CADE y CIADE, la Corporación de Transportes, el negociado de las carnes, todo ello en medio del fraude denominado “patriótico”. Después de la “segunda tiranía”, con el golpe de 1955 y su semicorrelato ucridio, vino la proscripción política de varios millones de argentinos. Después del “vacío de poder”  de 1966, con el golpe del 28 de junio vino el poder de la fuerza y el vaciamiento del país: circula todavía una publicación mimeografiada –que se dice oportunamente elaborada en el seno de las FF.AA.- con el significativo título de “Revolución Argentina S.A.”.   

No tenemos la ingenuidad de creer que la corrupción sea patrimonio de las Fuerzas Armadas. Tampoco es patrimonio de la civilidad. La corrupción y la deshonestidad son un problema de manifestación crítica cuyo origen no hay que buscarlo en la superficie sino en el fondo del régimen económico, del que la moral no es más que un reflejo, una de las formas de conciencia social. Allí Precisamente, han ido a rastrearlo científicos e investigadores sociales y hasta escritores que no comparten nuestras ideas y que, sin embargo, denuncian que la corrupción, el delito, la criminalidad, la drogadicción son el correlato característico del tan mentado mundo "occidental y cristiano", del régimen capitalista.

Con el correr de los días han aparecido nuevos justificativos para el golpe, entre ellos la necesidad de fortificar el sistema republicano, representativo y federal, sin que aparezca claro –por absurdo- que para reestablecer el sistema republicano, representativo y federal haya que hacer tabla rasa, precisamente, con el régimen republicano, representativo y federal.

Quedaría inconclusa esta reseña de las “causas” generadoras del golpe si no mencionáramos: la crisis económica, la inflación galopante, la situación práctica de cesación de pagos, el “ausentismo”, el abuso legislativo, en fin, el desorden generalizado. Este punto merece un capítulo aparte y a él nos referiremos específicamente.

Tampoco tenemos la ingenuidad de creer que las contradicciones y las luchas consiguientes se detienen en la puerta de los cuarteles. Muy por el contrario. Se introducen en ellos y así como hay civiles con distintas ideologías, hay militares con distintas ideologías. Nadie ignora que en el país, así como hay grupos civiles –minúsculos por cierto- que añoran el régimen corporativo, también hay miembros de las Fuerzas Armadas que aspiran a la instauración de esas formas, institucionalizándolas, y a aplicar un sistema represivo más duro que el actual. Por ello no juzgamos a la totalidad de los integrantes de las Fuerzas Armadas. Si así lo hubiéramos hecho antes nos hubieran sido imposible distinguir a un Enrique Moscón, a un Alonso Baldrich, a un Manuel Savio o a un Carlos Rosas, como luces en medio de oscuras corrientes militares de tipo fascistizante.

Las verdaderas causas (objetivos) del golpe

Así como las relaciones de producción no dependen de la buena o mala voluntad del capitalista, porque son relaciones independientes de su voluntad, propias y características del régimen capitalista y, más aún, así como los elementos básicos de la estructura económica –la plusvalía, por ejemplo-  mientras no se investigue científicamente, por ser realidades complejas se ocultan a los propios agentes de la producción, estos es, a los capitalistas ya a los trabajadores, de la misma manera se oculta para la mayoría de los integrantes de las Fuerzas Armadas el verdadero papel, el papel objetivo que desempeñan en la sociedad capitalista-dependiente.

Aunque su posición, su concepción global de los problemas y su actitud práctica tengan una dirección determinada –en el sentido de respaldo de la clase dominante- no se trata de una maldad intrínseca, de una mentira conciente, o de una hipocresía útil para explotar a las clases dominadas. Es un problema de ideología –también deformada- que produce la propia estructura compleja de la realidad económica.

Esto es lo que nos permite afirmar que los verdaderos objetivos del golpe del  de marzo de 1976, los que objetivamente resultan, son, en definitiva, un planteo de recuperación para el imperialismo y la oligarquía de los espacios perdidos o compartidos, un planteo de impedir un proceso electoral en el que la experiencia acumulada por las clases populares apuntaría a afirmar una línea de unidad antiimperialista y antioligárquica y, por lo tanto, tendiente a la liberación nacional, un planteo que apunta a la situación creada en el Atlántico Sur en razón de la situación generada en la República de Angola y, por último, un planteo tendiente as retrotraer los avances de las clases laboriosas en todas sus formas.

Ello explica el conjunto de medidas adoptadas.

Que significó el gobierno desplazado

Nuestro método científico de análisis, correctamente aplicado, impide caer en los comunes enfoques unilaterales y frontales de los procesos políticos, del tipo realizado por muchos sectores de izquierda en el período 1945-1955. Por el contrario, nuestro método permite el análisis multifrontal del proceso, facilitando la comprensión y respaldo de lo positivo y la crítica y el combate de lo negativo.

Esa aplicación justa de nuestro método científico de análisis e investigación permitió a nuestro Partido, en 1966, anticipándose en varios días al golpe del 28 de junio, ante la indiferencia e incomprensión generalizada, ante el jaqueo de muchas organizaciones sindicales, (plan de lucha), habida cuenta de lo que podía y lo que no podía hacer un partido de la clase media, advertir y predecir sus consecuencias: “Que una nueva intervención de las Fuerzas Armadas en la vida política de la república confirmará la larga y dolorosa experiencia ya adquirida, la que se traducirá una vez más en un nuevo sacrificio del pueblo argentino”. Los hechos habrían de darnos la razón. La clase trabajadora fue hábilmente instrumentada, pero no fue en su beneficio.

Esa misma aplicación justa de nuestro método permitió al partido avisar, por Canal 7 TV, el 22 de enero de 1976, del “golpe pendiente”, ratificarlo con alarma el 17 de febrero de 1976 por el mismo medio y afirmar –ya al borde del abismo- el 18 de marzo de 1976 que: “el agotamiento de un gobierno o de una parte de él poco o nada tiene que ver con el agotamiento de un sistema político institucional. Nos parece irresponsable destruir cuando no están dadas las condiciones para construir en su lugar nada mejor” y-como advertencia final y preanunciadora- “el sistema de elección popular, representativo, de partidos, que es el fruto de muchos años de luchas populares en defensa de los derechos civiles y políticos sigue teniendo vigencia por malos e ineficaces que sean los gobiernos surgidos de esos mecanismos (...) El sistema político institucional tiene sus mecanismos de corrección”. Los hechos habrían de confirmar nuestras advertencias.

Por eso es que pudimos separar cuidadosamente los períodos del gobierno popular, por eso, también, pudimos distinguir las medidas que ayudan a la liberación (anulación de los convenios con Siemens y Standard Electric, p.e.) alentándolas, de las que consolidaban la dependencia (negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, p.e.) criticándolas. Por eso, asimismo, pudimos aislar en el seno del gobierno a los aptos e inaptos, a los honestos de los deshonestos y fundamentalmente a los partidarios de la liberación de los contrarios a ella.

A eso se debió, también, que siendo nosotros quienes aspiramos a cambios tan profundos como reemplazar al régimen capitalista por el régimen socialista, nos hayamos erigido en pertinentes defensores del sistema institucional y hayamos negado, consecuentemente, su “agotamiento”, visualizado por el desarrollismo, por los agentes nativos del imperialismo, por la oligarquía, por Manrique, por Alzogaray, por los llamados “socialistas democráticos”, en una palabra, por los que quieren que algo cambie para que nada cambie.

A partir del año 1973, más precisamente el 25 de mayo, cabe distinguir dos períodos perfectamente diferenciables: el primero se extiende hasta poco antes de la muerte del general perón. El segundo hasta el golpe del 24 de marzo,. Es cierto que caben en el primer período dos etapas (Cámpora-Lastiri-Perón) en cuyo interregno se realizó la primera tentativa de desviar francamente el proceso, pero la unidad popular, la unidad del campo nacional, la coherencia en la conducción económica y la incuestionable decisión última de Perón permiten unificarla a los efectos del análisis que estamos haciendo.

La primera etapa

Esta primera etapa está caracterizada, en primer lugar, por una manifiesta unidad del polo nacional, cuyo origen se remonta al promediar el períodos militar 1966-1972 y cuya concreción ha de verse en el nivel de clase en los primeros tiempos de la C.G.T. de los Argentinos. Ya a otro nivel, el segundo paso fue la Hora del Pueblo, tan incomprendida por muchos como fundamental en el proceso de institucionalización, proceso institucionalizador condicionado, tan condicionado como son todos los procesos a que accede la clase dominante. Solo un correcto análisis de las condiciones objetivas y subjetivas de la realidad argentina de ese momento, sólo un análisis adecuado de la coyuntura política permitía comprender el papel que habría de desempeñar la Hora para el futuro del polo nacional.

No agotado el camino en la institucionalización, el tercer paso fue el plenario de Vicente López que habría de desembocar en un hecho desconocido hasta entonces en la vida política argentina: la elaboración de coincidencias programáticas a cuyo cumplimiento se comprometían las fuerzas políticas desde el gobierno o desde la oposición.

Esas coincidencias, conocidas con el nombre de “Coincidencias Programáticas del Plenario de Organizaciones Sociales y Partidos Políticos”, aprobadas el 7 de diciembre de 1972, no llevan nuestra firma, pero contribuimos a su redacción –como lo habíamos hecho con el programa de La Hora del Pueblo- participando activamente en la Subcomisión Técnica que efectuó su elaboración, designados para integrarla por la Mesa de Trabajo del Plenario y allí estuvimos hasta el momento mismo de la firma. Dicha subcomisión estuvo integrada por la CGT, la CGE, el Partido Justicialista, la Unión Cívica Radical, la Federación Agraria Argentina, el Encuentro Nacional de los Argentinos y nuestro Partido. Desde allí, también, luchamos contra las proscripciones.

Un exceso de celo de nuestra parte –además de la presencia del desarrollismo-  suficientemente explicado y justamente valorado por los integrantes del Plenario impidió nuestra firma. Ello no fue obstáculo para que formáramos parte con nuestro esfuerzo solidario del movimiento popular, esfuerzo por el que nada reclamamos, como que no integramos listas y no tuvimos ninguna representación en ningún cuerpo deliberativo, ni ocupamos cargo administrativo alguno.

Dichas coincidencias, en su introducción, caracterizaban con bastante precisión el proceso argentino y, aunque sin decirlo expresamente, señalaban la contradicción fundamental: “Esta situación es fruto de una política que en lugar de servir como instrumento del desarrollo económico y social, responde a las necesidades y a los privilegios de una minoría. Esta política, desde 1967, ha agudizado las debilidades y la desnacionalización de nuestra estructura económica”.

Los resultados del 11 de marzo, del 15 de abril y del 23 de septiembre y las manifestaciones masivas del 25 de mayo y del 12 de octubre de 1973 no deben ser entendidas como meras satisfacciones triunfales. Ellas, como el resultado electoral –triple resultado- a través de todos los sufragios obtenidos por las fuerzas partidarias de la liberación, no hacían más que expresar la marcha ascendente, la jerarquización del polo nacional en la contradicción fundamental. Bastaría recordar las presencias de Salvador Allende y de Osvaldo Dorticós para probarlo.

La propia naturaleza  del Frente Justicialista y del Partido justicialista albergaron en su seno contradicciones que, con el tiempo se hicieron evidentes y alcanzaron niveles muy altos: desarrollistas y antidesarrollistas, patria socialista y patria peronista, sector político y sector gremial, sector industrial y sector agropecuario, sectores liberales y sectores antiliberales, sectores democráticos y sectores fascistas, sectores partidarios de la liberación y sectores partidarios de la dependencia. De gran parte de ello dimos cuenta oportunamente al presidente Perón en carta Pública del 4 de Febrero de 1974.

Ese primer período –atendidas las contradicciones apuntadas- se extiende hasta poco después de la muerte del general Perón, es evidente que significó una serie de avances en la marcha de nuestro pueblo. Sólo los que parten de sus ideas y no de la realidad objetiva pueden ignorarlo.

La acción contumaz y muchas veces claramente intencionada de la “opinión pública” –a la que nos hemos referido antes, caracterizándola- suele operar como anestésico y como amnésico. De ahí que se olvide, con frecuencia, las situaciones objetivas de los momentos históricos que se analizan o se comparan.

Algunas cifras correspondientes al fin de ese primer período y su cotejo con los registros existentes al finalizar el gobierno militar 1966-1972, pueden servir de guía útil para analizar no sólo esa primera etapa sino también para comprender las razones de la reacción desestabilizante del polo imperialismo/oligarquía. La contrarréplica del polo nacional se opera con la movilización y convocatoria del 12 de junio de 1974, pero lamentablemente carecerá de continuidad.

El Producto Bruto Interno, que tenía un crecimiento anual de 5,7 por ciento en el segundo trimestre de 1973, pasó a 7,6 por ciento en el primer trimestre de 1974.

La Inversión Bruta Fija que registraba un crecimiento anual de 1,3 por ciento en el segundo semestre de 1973 pasó a 14,6 por ciento en el tercer trimestre de 1974.

El nivel de las Exportaciones que era de 210 millones de dólares mensuales en mayo de 1973 pasó a 314 millones de dólares en octubre de 1974.

La Reservas Monetarias Internacionales que eran de 950 millones de dólares en mayo de 1973 pasaron a 1.694 millones de dólares en octubre de 1974.

La variación porcentual de Precios al consumidor que era de 79,6 por ciento anual en mayo de 1973, pasó a 30,2 por ciento en octubre de 1974.

La Tasa de Desempleo en el Gran Buenos Aires, que era del 6,1 por ciento en abril de 1973, pasó a 2,5 por ciento en noviembre de 1974. En Tucumán, que era de 11,7 por ciento pasó a 7,2 por ciento.

El Salario Real con una base 100 para mayo de 1973, era de 115,3 en octubre de 1974.

Así como se suele olvidar, por ejemplo, lo ocurrido al cabo de las dos etapas en que es posible dividir la impropiamente llamada “Revolución Argentina”, esto es, la etapa Onganía (1966-1970) y la etapa Levingston-Lanusse (1970-1973). La primera, caracterizada por condiciones duramente represivas para las clases populares (congelación de salarios a partir de 1967, pérdida de múltiples conquistas sociales, , disolución de los partidos políticos, intervención y trabas a la acción sindical, , cierre de fuentes de trabajo sobre la base de la supervivencia de las empresas más fuertes, , liberalización de alquileres, despidos masivos en función de “racionalizaciones”, aplastamiento de toda forma de protesta popular –manifestaciones, huelgas, etc-) a tan duro precio de las clases laboriosas  impuso el “orden” capitalista/dependiente garantizando al imperialismo y la oligarquía las mejores condiciones. El Imperialismo, con inversiones mínimas, se apropió de importantes empresas de capital nacional, aumentó considerablemente la exportación de utilidades y endureció el cerrojo de la dependencia comercial y tecnológica de nuestro país. La oligarquía, sin aumento de la producción agropecuaria,  mantuvo la propiedad de la tierra e incrementó sus rentas sobre la base de un aumento en la explotación del trabajo, del sacrificio de sus planteles (gran matanza de vientres) y del aumento de los precios de los productos del agro.. Todo ello aderezado con nítidos proyectos corporativistas. Convertido el país en una verdadera olla a presión, la segunda etapa, especialmente su última parte, habría de oficiar de válvula de escape, como lo prueba el hecho de que las 23.500 jornadas perdidas por conflictos laborales en 1968 se convirtieron en 285.600 en 1970, en medio de una inflación y una recesión desconocida hasta entonces.

Desde 1966 hasta 1972, la desvalorización monetaria fue superior al 500 por ciento, la presión impositiva se triplicó entre 1966 y 1971, en el cuadro inflacionario Argentina ocupaba el último lugar, después de Vietnam del Sur, los quebrantos comerciales se incrementaron en el 600 por ciento  entre 1966 y 1970 y en ese último año de 1970, valuados aprecios de 1960 eran superiores a los calculados de igual forma en lo últimos 40 años, incluídos los producidos durante los años 1931 y 1932, de crisis mundial; la participación del sector trabajo en el Ingreso Nacional que era del 47,7 por ciento en 1955 pasó a 37 por ciento en 1971; el interés legal era del 29 por ciento anual, considerado por entonces usurario en todo el mundo capitalista y el interés usurario “serio” fluctuaba alrededor del 50 por ciento; Las reservas del banco central y del las Instituciones autorizadas eran apenas de 374 millones de dólares; la inversión extranjera (promedio anual) para el período 1967-1970 era de 10,1 millones de dólares, mientras que el capital integrado más las reservas de la banca extranjera para el período 1966-1969 pasaron de pesos moneda nacional 8.989,4 millones a 27.450,7 millones de pesos moneda nacional; la utilidad declarada por la banca extranjera en el período 1966-1969 pasó de m$n 3.179,4 millones a m$n 7.562,3 millones.

De la etapa primera del gobierno popular, esto es del período que corre desde el 25 de mayo de 1973 y algo después de la muerte del general Perón cabría recordar un conjunto de disposiciones legales discutidas y aprobadas en el Parlamento argentino prácticamente en forma unánime tendientes s dar asentamiento jurídico a una serie de medidas que apuntaban a un desarrollo nacional autónomo, a garantizar condiciones de trabajo justas y dignas, a poner la Universidad argetina en aptitud de contribuir a proceso de Liberación Nacional, entre otras, hasta legar al anteproyecto de Ley Agraria que nuestro Partido -el único- frente a la incomprensión de muchos y la critica de casi toda la “izquierda” , apoyó sin reservas, calificándolo de instrumento progresista por las razones que expuso nuestro representante en la comisión convocada por el entonces Secretario de Agricultura y que figuran en La vanguardia del 30-9-1974 (nro. 13.896), página 2.

Entre esa legislación cabe mencionar las siguientes disposiciones: de promoción a la producción industrial (20.560), de promoción a la producción minera (21.551), de nacionalización del comercio de carnes (20.573), de nacionalización del comercio de granos (20.535), de nacionalización de entidades bancarias (20.522), de nacionalización de depósitos bancarios (20.520), de impuesto a la renta normal potencial de la tierra (20.538), etc.

El imperialismo y la oligarquía atacaron las coincidencias. Coincidencias en las que –es bueno decirlo- prácticamente el país estuvo de acuerdo y no sólo en los objetivos sino en los caminos, matiz más, matiz menos, que nosotros mismo señalamos en cada caso.  Comenzó el desabastecimiento, apareció el mercado negro, se remarcaban productos, el sabotaje tomó mil formas en muchos casos alentado desde el propio seno del gobierno popular. El Anteproyecto de Ley Agraria antes mencionado llevó los ataques al paroxismo. La desubicación y el idealismo filosófico de muchos los llevaban a pedir “el Socialismo”, una Universidad socialista, confundiendo la Liberación nacional con la Liberación Social. Otros lanzaban sus gritos histéricos porque “el colectivismo” se había adueñado del área económica, contra la que –desde la ultra-izquierda- se lanzaban acusaciones de “proimperialista”. Mientras tanto, la derecha preparaba lo que habría de ser una ola de barbarie sin ejemplo entre nosotros. Por su parte, la ultra-izquierda planteaba y marchaba por una vía incomprensible.

La muerte de Perón, el abandono de las coincidencias programáticas –ratificadas como válidas y efectivas a fines de octubre de 1974- el abandono de la concertación, el abandono de una política de unidad del polo nacional, el aislamiento, completaron las carencias iniciales: falta de movilización popular, falta de participación popular, comprensión de que el camino hacia la liberación –como el camino hacia el Socialismo- implican esfuerzos y sacrificios que deben ser entendidos, que deben ser “tomados” por las masas. El resto lo hizo el propio justicialismo, aferrado a una tercera vía imposible y antihistória.

Esta reseña breve estaría incompleta si no señaláramos, también, el ascenso de la dirigencia sindical a cargos en los Directorios de las Empresas, el ocupar vicegobernaciones, senadurías, diputaciones, concejalías, hecho importante cualquiera haya sido el resultado de la gestión, cualquiera haya sido la eficacia, el nivel de honradez con que se los desempeñó. Todos los errores y las desviaciones son susceptibles de críticas y de correcciones futuras pero, para ese futuro, el avance de la clase trabajadora hacia funciones que, más tarde o más temprano habrá de desempeñar, constituye un paso importante. Lo señalamos entonces, lo reafirmamos ahora, porque los trabajadores socialistas fueron los primeros. Fueron ridiculizados y fueron combatidos.

Hay quienes ven con buenos ojos la persecución de peronismo, fundada la aceptación en las irregularidades, en la burocracia, en la incapacidad, etc. No hay que engañarse. Lo que subyace en el fondo de esa persecución no es el peronismo sino su contenido de clase. Si esta clase trabajadora de hoy, cuya superestructura ideológica es el peronismo, fuera, en cambio, socialista, se la perseguiría con una intensidad mayor, por ser mayor su “peligrosidad”.

El golpe del 24 de marzo

Hemos dicho que se oculta, por ser realidades complejas, mientras no se recibe el aporte de la ciencia, para la mayoría de los integrantes de las Fuerzas Armadas el verdadero papel, el papel objetivo que desempeñan en una sociedad capitalista-dependiente.

La Fuerzas Armadas vienen a “poner orden, a moralizar el país, a terminar con la corrupción, a sacar al país de la crisis en que está inmerso”. A la hora del balance comprobarán que el desorden tiene nuevos caracteres –es el “orden” al uso e interés del Imperialismo y la Oligarquía-, que la inmoralidad tiene nuevos representantes, que la corrupción anida en otras partes y que la crisis –con un alto social que pagará la clase productora- aparecerá mejorada para  la concepción capitalista-dependiente y resultará empeorada para los intereses del país y de su pueblo. Es un largo y costoso camino que los argentinos ya hemos recorrido muchas veces.

Quienes están al acecho esperando el fracaso del sector “liberal” de las fuerzas armadas ofrecerán su panacea de cambios políticos. Esos cambios, os cambios que pueden emerger de la variante de este golpe no podrán consistir jamás en la conformación de una superestructura política que no se corresponda con la estructura económica. De ahí que afirmemos que el único cambio posible podrá ser pasar de formas “suspensivas” a formas corporativas.

Nosotros, en este punto, no hacemos concesiones. Reclamaos por la institucionalización del país, por el rescate de la soberanía popular. Defendemos sin sonroja el ejercicio de los derechos humanos, de los derechos políticos, de las garantías al ejercicio de los derechos, de los derechos sociales. Defendemos los partidos políticos, las organizaciones sindicales, el sufragio y el sistema representativo. No hay en esta etapa de la vida argentina nada mejor como el reconocimiento del derecho del pueblo. Ellas han servido para marchar –trabajosamente, es verdad- hacia formas de mejoramiento social. Son las instituciones de la democracia burguesa y nosotros –socialistas- las defendemos como medios, pero en función de los fines.

Así está dicho en nuestra octogenaria Declaración de Principios con maestría insuperable: “Mientras la burguesía respete los actuales derechos políticos, el uso de estos derechos y la organización de resistencia de la clase trabajadora serán los medios de agitación, propaganda y mejoramiento que servirán para preparar la fuerza del proletariado organizado”. Nos preocupa la reacción antidemocrática.

Las designaciones

Las designaciones producidas, que tomamos en cuatro niveles: ministerial, de subsecretaría, bancario y empresario estatales, son una definición en materia económica y, por lo tanto, en materia política y social en la franca línea del más absoluto liberalismo económico.

Aclaramos que nuestras observaciones no están dirigidas a las personas en sí mismas. Tampoco ponemos en tela de juicio su capacidad o idoneidad técnica. Lo que nosotros juzgamos son los intereses que representan.

El doctor José Alfredo Martínez de Hoz es uno de los cuatro hijos del hacendado del mismo nombre. El padre del actual ministro de Economía, hijo a su vez del matrimonio Martínez de Hoz-Acevedo, casó con una descendiente de la familia Cárcano. El padre del actual ministro estudió en el Eton College de Inglaterra y su actuación registra lo siguiente: copropietario del Haras y Cabaña Chapadmalal, presidente del directorio local de The Northern Assurance Co. Ltda., miembro del directorio de La Forestal Argentina S.A., miembro del Consejo de Administración de la CAP –hasta 1947-, presidente de la Sociedad Rural desde 1945 hasta 1950.

El actual ministro, casado con una descendiente de la familia Bullrich, fue ministro de Economía durante la Intervención federal en Salta (1956-1957), secretario de Agricultura y ministro de Economía durante la gestión del doctor José María Guido, vicepresidente y presidente de la Junta Nacional de Granos en los períodos de la llamada Revolución Libertadora y presidencial del doctor Arturo Frondizi, presidente del centro Azucarero regional del Norte Argentino desde 1958, además de miembro del Directorio de The Western Telegraph Co. Ltda. en Argentina, miembro del Directorio de Pan American Airways en Argentina, miembro del Directorio de Motor Columbus en Argentina, director de la Compañía Italo Argentina de Electricidad CIADE, presidente de Petrosur S.A.I.C. y presidente de Acindar. En cuanto a su actividad privada, es copropietario del Haras y Estancia Malal Hue.

Un solo nombre bastaría para definir una trayectoria: la CIADE.

La tradicional raigambre oligárquica del ministro de Economía se remonta a los orígenes de la nacionalidad. Si bisabuelo, José Martínez de Hoz, asistió ala cabildo Abierto de 22 de Mayo de 1810, oportunidad en la que votó de la siguiente forma: “Que no encuentra bastantes datos para considerar necesaria la remoción del Excelentísimo Señor Virrey; pero que para evitar todo recelo, gobierno en asociación de dos individuos que tenga a bien nombrar el Excelentísimo Cabildo”.

En la secretaría de Vivienda y Urbanismo del Ministerio de Bienestar Social fue designado el arquitecto Máximo Vázquez Llona. Este funcionario aparece imputado en dos hechos. El primero, la rehabilitación de la concesión de estacionómetros (parquímetros) que firmó en su carácter de Secretario de Obras Públicas y Urbanismo de la Municipalidad de la Capital (1969) y que configuró un verdadero escándalo. El segundo, el del régimen establecido para la Urbanización de la Zona Sur de la Ciudad de Buenos Aires, que también firmó en carácter de Secretario de Obras Públicas y Urbanismo y cuyos estudios urbanísticos fuieron adjudicados en un Concurso de Antecedentes viciado a las firmas INTECSA y PETISA, dependientes del pool español TECNIBERIA al que también pertenecía la empresa Dragados y Construcciones S.A. de la que era funcionario el mismo Vázquez Llona.

En la vicepresidencia del Banco central ha sido designado el doctor Christian José Zimmerman, cuya carrera en la materia está totalmente identificada con la banca privada. Ha realizado toda su carrera bancaria en el Banco de Galicia y Buenos Aires del que llegó a ser Director Titular. Sus otras actividades lo vinculan a la actividad agropecuaria y ha sido presidente de la Asociación Argentina de Polo.

En la dirección de Gas del Estado fue designado el ingeniero Gabriel Agustín Meoli, que fuera vicepresidente ejecutivo de Segba desde 1966 hasta 1971 (recordamos que la vicepresidencia de Segaba debía tener el acuerdo del banco mundial). Tomamos del libro “SEGBA, cogestión y banco Mundial”, cuyo autor es el físico Jorge A Sábato, el siguiente párrafo: “... pero lo cierto es que algunos días antes de la renuncia del Ing. Meoli –y antes que éste la hubiera presentado y de que yo supiese que lo iba a hacer- el Sr Robert Skilling, del banco Mundial, que estaba en esos días en Buenos Aires, me visitó en mi despacho para manifestarme su preocupación por la futura renuncia del Ing. Meoli. Mi respuesta fue, ante todo, felicitarlo por su buen sistema de informaciones que le permitía conocer algo tan importante como la renuncia del vicepresidente ejecutivo antes que el presidente de la Empresa supiese de ella...”.

La designación del brigadier Capellini

La designación del brigadier jesús Orlando Capellini merece, a nuestro juicio, un párrafo aparte.

El brigadier Capellini fue designado Jefe de la guarnición Aérea de Córdoba y Director de la Escuela e Aviación Militar, funciones que asumió el día 10 de abril. El citado brigadier Capellini fue el jefe de la insurrección del 18 de septiembre de 1975, que se inició con el arresto por los insurrectos del Comandante del arma, brigadier Héctor Luis Fautario, y la emisión de una proclama.

En la proclama, después de aludir a la situación institucional y política imperante, decía: “Operaremos hasta el derrocamiento del. Designado el brigadier Orlando Ramón Agosti en reemplazo  del brigadier Fautario en la Comandancia del arma, conminó a los insurrectos a deponer las armas, lo que no acataron por lo que se debió proceder a bombardear la base de Morón.

A las 16,30 horas del sábado 0 –esto es, cumplido ya el segundo día de levantamiento- la cadena nacional propalaba el siguiente comunicado: “...Agotados los plazos...que dieran al grupo sedicioso de la guarnición de Morón para que deponga su actitud, el comandante general de la Fuerza Aérea, brigadier Orlando R. Agosti, ha resuelto encarar el operativo de represión contra el grupo rebelde. Las consecuencias de este hecho serán de responsabilidad exclusiva de los jefes sublevados; por ello se exhorta a los sediciosos...”. A las 15,05 horas había comenzado la represión: dos aviones Mirage ametrallaron la pista y a las 16,40 horas un avión arrojó una bomba sobre el frente de la base. Como consecuencia, la pista ardió en varios lugares y se consumieron por el fuego dos aviones Mentor. A las 19,55 horas hacía su entrada en la base el teniente general Juan Carlos Onganía, de la que se retiró a las 21,11 horas.

Después de cuatro días de la fecha de iniciación de la insurrección los sediciosos acataron a sus mandos naturales. El día 24 de febrero, el diario La nación informaba: “Cumplió arresto el brigadier Capellini” y comentaba que el Comandante del arma había dispuesto dar por cumplido el arresto “...en un alojamiento militar (...) Si bien en ningún momento se proporcionó información sobre el trámite efectuado por la Justicia Militar...”. No existen constancias en relación con sanciones al general Onganía.

Dos días después de asumir el nuevo cargo el brigadier Capellini, un Consejo de Guerra en Comodoro Rivadavia aplicaba a siete gremialistas penas que sumadas alcanzan a 34 años de prisión. “Los acusados –dice el diario La Nación en su edición de 7/4/76- que ayer estuvieron alojados en la comisaría primera, son gremialistas textiles y del Sindicato de Obreros Panaderos, Pasteleros y Afines, y un empleado del Ministerio de Trabajo. Todos ellos fueron aprehendidos seis días antes de iniciarse el juicio sumario, cuando la Policía Federal descubrió armas y explosivos que habían estado guardados en el local sindical de los panaderos”.

Las consecuencias del golpe

Que los intereses del imperialismo y la oligarquía se sintieron afectados por el proceso iniciado el 25 de Mayo de 1973 está suficientemente explicado en este documento político. El desandamiento que se opera pocos meses después de la muerte de Perón, que también hemos analizado y que a nivel económico opera en un abandonar programático creciente: Gómez Morales-Rodrigo-Cafiero-Mondelli conduce a la situación crítica por todos conocida.

Ese desandamiento, el abandono de la programática de Liberación –en vez de su profundización- la renuncia a las coincidencias, el abandono de la política de concertación, pasando por los “swaps” habría de terminar en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional –que constituyeron una hábil maniobra de éste- . En una palabra la vuelta a un camino archiconocido por los argentinos.

Esta política económica de la segunda etapa del gobierno popular hizo pensar a algunos que carecía de sentido un golpe militar cuando el imperialismo y la oligarquía tenían un gobierno que facilitaba sus planes. De esta forma, quienes así pensaban, desconocían que el empeoramiento de las condiciones objetivas (disminución del salario real, encarecimiento de los artículos de la canasta familiar, etc.) generaría más tarde o más temprano reacciones populares que el gobierno –debilitado por sus propias contradicciones- no iba a ser capaz de sofrenar.

Un gobierno de fuerza, sin parlamento, sin organizaciones populares, sin sindicatos, sin partidos políticos, con todo el poder de la fuerza, está en condiciones de llevar adelante una política económica impopular. Esa política tiene un nombre: el plan Martínez de Hoz.

En este punto, también, debemos ser claros. En primer lugar el plan se conocía mucho antes del 24 de marzo, como se conocía que el doctor Martínez de Hoz sería el ministro de Economía, lo que prueba que el país vivió durante un largo año un golpe en etapas. El 24 de marzo se accedió a la Casa de Gobierno cuando en lo militar ya estaban ocupadas las posiciones estratégicas y en lo político, en gran medida, también. En segundo lugar, no se trata de un plan económico. De lo que se trata es de un plan global que tiene base en lo económico pero que abarca lo político, los social, lo universitario, lo laboral, lo empresarial, etc. Sus antecedentes: Krieger Vasena, Alzogaray.

Los resultados mesurables del golpe de 24 de marzo, son los siguientes:

En lo político: Total supresión de la representación popular y, por ende, de toda forma de manifestación de la soberanía popular. Disolución de algunos partidos políticos. Suspensión de las actividades políticas de todos los partidos políticos.

En lo gremial: Intervención de la Confederación General del Trabajo, intervención de la mayoría de las organizaciones sindicales. Eliminación de fuero sindical. Total suspensión de las actividades sindicales hasta el nivel de fábrica (sólo pueden ser reclamaciones individuales). Suspensión del derecho de huelga. Prescindibilidad arbitraria y selectiva. Modificación de la Ley de Contrato de Trabajo. Se proyecta la modificación de la Ley de Asociaciones Profesionales.

En lo universitario: Modificación de la Ley Universitaria con prohibición absoluta de toda actividad gremial docente, no docente, estudiantil. La modificación a la ley eliminó la prohibición de ser representante de empresas extranjeras para ocupar cargos docentes.

En lo empresarial: Intervención de la organización sindical de los empresarios, medianos y pequeños, en su mayoría.

En lo económico: Congelación de salarios. Liberación de precios. Incremento de las tarifas de todos los servicios. Desestatización de empresas. Desnacionalización de los depósitos bancarios. Renegociaciones con Standard Electric, Siemens, Compañía Ítalo Argentina de Electricidad CIADE y otras. Suspensión de funciones de las Juntas nacionales de Carnes y de Granos. Liberalización del mercado de cambios. Disminución de la obra pública. Liquidación de YPF a través del sistema de contrataciones de exploración y explotación. Eliminación de restricciones a las inversiones extranjeras.

La presente enumeración, meramente indicativa, obligaría a un análisis exhaustivo, que no cabe en este documento político. Está en preparación un documento económico en el que no sólo se analizan en detalle las pautas económicas actuales, sino que se las compara con políticas anteriores y se dan los lineamientos de una auténtica salida económica nacional. Sin embargo, la enumeración es más que definitoria.

El liberalismo

El liberalismo fue una etapa indispensable en la marcha de la sociedad hacia formas sociales cada vez más justas y cada vez más humanas, como reacción al absolutismo monárquico.

Concepción elaborada por la burguesía revolucionaria, proclamó en un solo bloque a la libertad política y a la libertad económica, con lo que se identificó al hombre con las cosas, es decir a la libertad con el patrimonio.

Los socialistas estamos claros en que libertad y patrimonio son conceptos distintos y que el último no forma parte del primero. Si creyésemos lo contrario tendríamos que aceptar como una verdad definitiva lo que es una verdad de la realidad presente: que el que tiene más patrimonio tiene más libertad.

El desarrollo de proceso histórico habría de demostrar a las claras que esa unidad de la libertad política con la libertad económica proclamada triunfalmente por la burguesía revolucionaria contenía una contradicción fundamental: la que existe entre la libertad y el patrimonio.

La contradicción es tan evidente que bastaría tomar algunos derechos relativos ala persona humana –únicos que forman parte de la libertad- y observar su práctica efectiva para comprobarlo. Allí está el derecho de aprender, pero la realidad nos dice que de cada 100 niños argentinos que inician la escuela primaria solo 45 finalizan el 7° grado. Allí esta el derecho a la salud, que es el derecho a la vida, pero la realidad nos dice que de cada 1.000 niños que nacen 63 mueren antes de cumplir el primer año de vida.

“El individualismo liberal de la democracia burguesa proclamó la libertad, pero solo podo crear y organizar el derecho a la libertad, no la libertad real y efectiva. El derecho a la libertad es la ilusión de la democracia burguesa y será una aspiración más que un derecho prácticamente exigible, mientras el Estado capitalista ejerza la presión de todos los instrumentos del poder social, para el mantenimiento de los privilegios de una clase minoritaria; mientras el Estado capitalista disponga de los medios de suprimir la libertad cada vez que tal supresión convenga al mantenimiento de esos privilegios”.

De ahí que nos sea fácil distinguir la diferencia entre el liberalismo político y el liberalismo económico, que nos sea fácil no caer en el infantilismo de no defender las formas políticas del liberalismo frente a la supresión o frente a cambios posibles que no serán más que formas o fórmulas corporativas, que nos sea fácil comprender que el liberalismo económico es la negación del liberalismo político, que nos se perfectamente visualizable que quienes hoy se dicen liberales están preocupados por la defensa del liberalismo económico para lo que no titubean en hacer tabla rasa con las formas del liberalismo político y que quienes se dicen antiliberales les preocupa mucho más la subsistencia de las formas del liberalismo político –que son útiles al pueblo mientras no haya otras- que la vigencia del liberalismo económico.

Insistimos, a los sectores populares, a la clase trabajadora, a los sectores medios, no deben serles indiferentes las formas políticas del liberalismo: constitución, parlamento, sufragio, partidos políticos, etc. Ellas son –además del producto de largas jornadas de lucha- útiles para desarrollar fuerzas, para influir ideológicamente, para preparar el camino de la Liberación y del Socialismo.

Por otra parte, los beneficiarios del liberalismo económico, son los únicos beneficiarios y usufructuarios de la libertad política. En cambio, los que nada tienen que agradecer al liberalismo económico, los desposeídos, los trabajadores, los que integran las clases populares, a más de no haber recibido los beneficios del liberalismo económico, ven restringidos como consecuencia los derechos de su libertad política y, cuando pierden ésta, entonces no les queda nada.

Si los monopolios internacionales desabastecen, como lo han hecho con sus filiales dentro del país, si la oligarquía terrateniente se niega a que sus trabajadores produzcan, o a enviar animales al mercado, cosa que han hecho muchas veces y algunas de ellas muy recientes, jamás han sido movilizados, ni reprimidos, ni detenidos, ni intervenidas sus asociaciones “gremiales”, ni congeladas sus cuentas, sin duda para no vulnerar su libertad económica. Sin embargo, la menor intención de producir, no ya un paro, sino una simple queja de parte de los trabajadores, es causa suficiente para que se ponga en marcha todo el aparato militar y policial represivo, sin que preocupe la libertad política.

Hemos defendido con consecuencia el proceso institucional y hecho bregado sin desmayo por la defensa de la soberanía popular. Hemos luchado por la unidad de los sectores nacionales y hemos dicho con reiteración: La liberación nacional no es la liberación social de la clase trabajadora. Es nada más y nada menos que la eliminación por el polo nacional del polo antinacional de la contradicción fundamental. En esta materia la disyuntiva es de hierro: O se los derrota o se sufrirá sus acciones, de las que será víctima otra vez más la causa popular. La predicción se ha cumplido. Hay que volver a empezar. Hay a favor de la causa popular una experiencia acumulada, experiencia que es el producto de la acción, de la práctica, de la autocrítica y de la crítica, de los aciertos y de los errores. Ella debe servir para marchar por el rescate de la soberanía popular, por la institucionalización del país, por la Liberación Nacional en el camino hacia el SOCIALISMO.

Buenos Aires, Abril de 1976. Victor O. García Costa Secretario General


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