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¡Oid, querido San José, una
palabra mía !... Me veo abrumado de aflicciones y cruces, y a menudo
lloro... Despedazado bajo el peso de estas cruces, me siento desfallecer, ni
tengo fuerzas para levantarme y deseo que mi Bien me llame pronto. En la
tranquilidad, empero, entiendo que no es cosa difícil el morir... pero si el
bien vivir. ¿A quién, pues, acudiré sino a Vos, que sois tan bueno y querido,
para recibir luz... consuelo… y ayuda? A Vos, pues, consagro toda mi vida, y
en vuestras manos pongo las congojas, las cruces, los intereses de mi alma… de
mi familia… de los pecadores… para que, después de una vida tan trabajosa,
podamos ir a gozar para siempre con Vos de la bienaventurada del Paraíso. Amén.
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¡Oh benditísimo Padre mío Señor San José!, al meditar en
tus innumerables angustias no puedo menos que reconfortar mi espíritu en medio
de la prueba y del dolor.
En estas circunstancias aflictivas te suplico encarecidamente
que me alcances del cielo la gracia de aceptar, si no con alegría al menos con
resignación cristiana, este sufrimiento y esta pena que el Señor se ha dignado
enviarme.
Hazme comprender que las tribulaciones de esta vida me ayudarán
a purificar mi alma y a merecer un día, mediante la paciencia, la beatitud
eterna. Así sea.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
- Para alcanzar el Cielo, Oh dulce Protector.
- Sé mi eficaz modelo en la prueba y el dolor.
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JACULATORIA
San José, Protector de atribulados y de
los moribundos, rogad nosotros.
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PARA PEDIR UNA BUENA MUERTE |
| Poderoso patrón del linaje humano, amparo de pecadores,
seguro refugio de las almas, eficaz auxilio de los afligidos, agradable consuelo
de los desamparados, glorioso San José, el último instante de mi vida ha de
llegar sin remedio; mi alma quizás agonizará terriblemente acongojada con la
representación de mi mala vida y de mis muchas culpas; el paso a la eternidad
será sumamente duro; el demonio, mi enemigo, intentará combatirme
terriblemente con todo el poder del infierno, a fin de que pierda a Dios
eternamente; mis fuerzas en lo natural han de ser nulas: no tendré en lo
humano quien me ayude; desde ahora, para entonces, te invoco, padre mío; a tu
patrocinio me acojo; asísteme en aquel trance para que no falte en la fe, la
esperanza y en la caridad; cuando tú moriste, tu Hijo y mi Dios, tu esposa y mi
Señora, ahuyentaron a los demonios para que no se atreviesen a combatir tu
espíritu. Por estos favores y por los que en vida te hicieron, te pido
ahuyentes a estos enemigos, para que yo acabe la vida en paz, amando a Jesús, a
María y a ti, San José. Así sea.
- Jesús, José y María
- Os doy el corazón y el alma mía.
- Jesús, José y María
- Asistidme en mi última agonía.
- Jesús, José y María
- Con vos descanse en paz el alma mía.
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¡Oh glorioso
San José, feliz esposo de María, escogido para custodio del
Salvador del mundo, Jesucristo! Vos que estrechándole tiernamente
en vuestros brazos gozasteis anticipadamente del Paraíso en este
mundo, obtenedme del Señor un eterno perdón de mis pecados, y la
gracia de imitar vuestras virtudes, para que no me separe nunca de
la vía que conduce al cielo. Y por la incomparable felicidad de
veros acompañado de Jesús y de María en el lecho de muerte, y
de expirar dulcemente entre tus brazos, os pido que me defendáis
en mis últimos momentos contra los enemigos de mi salvación, y
así consolado con la dulce esperanza de ir a gozar con Vos de la
eterna gloria del Paraíso, expire pronunciando los santísimos
nombres de Jesús, José y María. Amen. |
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Oh José Bendito, tú que expiraste en el
abrazo amoroso de Jesús y María. Cuando el sello de la muerte se cierne
sobre mi vida, ven en mi auxilio junto con el Señor Jesús y Santa
María. Obtenme este solaz para que en esa hora pueda morir
en sus santos brazos a mi alrededor.
Jesús, María y José, os encomiendo mi
ser, viviente y agonizante, en sus santos brazos. Amén.
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JACULATORIA
- En la postrera agonía cuando mi muerte
llegue.
- Tu patrocinio me ampare, el de Jesús y María.
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POR LOS AGONIZANTES
Oh Eterno Padre, por aquélla dignación inmensa que tuviste
con San José al hacer que muriera plácidamente en los brazos de Jesús y de
María, concede a todos los cristianos moribundos, que se vean acompañados de
San José, Patrono de los agonizantes, en los últimos momentos de su vida, para
que, libres de la acechanzas del demonio y fortificados con los Santos
Sacramentos, vayan a gozar de tu cielo por toda una eternidad dichosa. Así sea.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria
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