18 de febrero
SAN COLMANO, *
Obispo de Lindisfarne

(676 d. C.)

   San Colmano, tercer obispo de Lindisfarne, igualó a San Aidán y a San Finano en piedad y celo. Era originario de Irlanda, como sus dos predecesores, y había sido monje del convento de San Columbano en la isla de Iona. Su episcopado sólo duró tres años, pero esto le bastó para distinguirse en el Sínodo de Whitby. Durante muchos años hubo un choque entre los usos y costumbres de los católicos de tradición celta y los de tradición romana. El conflicto llegó al colmo, cuando el rey Oswy de Nortumbría descubrió que el día en que él y sus súbditos celebraban la Pascua, su esposa y el capellán de su esposa, que eran originarios de Kent, conmemoraban el Domingo de Ramos. La cuestión de la fecha de la Pascua era la causa principal de la querella.

   El rey Oswy convocó a un concilio en Whitby, del año 663 a 664 [Tomando el dato de Beda, la mayoría de los autores afirman que el sínodo de Whitby tuvo lugar el año 664. En realidad parece que la fecha exacta fue el otoño del ano 663: ver F. M. Stenton, Anglo-Saxon England, p. 129. Pero con cf. W. Levison, England and the Continent (1946), pp. 265 ss.], para dirimir definitivamente la cuestión; San Wilfrido y San Agilberto, obispo de los francos, defendieron el punto de vista romano, en tanto que San Colmano sostuvo la posición de los escoceses. Este último insistía sobre el ejemplo de sus predecesores y del mismo San Columbano, alegando que San Juan Evangelista había establecido esa práctica en Asia; pero, como lo hace notar con cierta malicia Alban Butler, el santo habría tenido mucha dificultad en demostrar esta última afirmación. San Agilberto, que no dominaba el inglés, pidió a San Wilfrido que respondiese por él. Este hizo notar que San Colmano y sus seguidores cometerían una grave falta, si se rehusaban a seguir las instrucciones de la Santa Sede, y alegó que prácticamente toda la Iglesia se atenía a la costumbre romana: "Sólo este pueblo (los irlandeses), con sus aliados pictos y británicos, que habitan en dos islas remotas del occidente, están en desacuerdo con el resto de la Iglesia, y ni siquiera por completa unanimidad." Así es como Beda nos trasmite las palabras, un tanto ofensivas, de San Wilfrido. El santo concluyó su violento discurso citando las palabras de Cristo a Simón: "Tú eres Pedro..." El rey preguntó a San Colmano si era verdad que Cristo había pronunciado esas palabras. "Es verdad," respondió San Colmano. El rey replicó: "¿Cristo dio un poder semejante a tu famoso San Columbano?" "No," respondió Colmano. El rey preguntó: "¿Todos estáis de acuerdo en reconocer que Cristo dijo esas palabras a San Pedro y que le confió las llaves del Reino de los Cielos?" "Sí," replicó la asamblea. "Entonces, concluyó el rey, declaro que yo no quiero oponerme al guardián de las llaves del Reino de los Cielos, y que obedeceré sus órdenes en todo lo que me sea posible para que no me cierre las puertas del Reino." La asamblea aprobó la resolución del rey. [También se discutió en el sínodo la forma de la tonsura; los monjes celtas se rasuraban desde la frente hasta el centro de la cabeza. También había algunas diferencias de la forma del bautismo. El sínodo de Whitby puso fin a la controversia pascual en el occidente; como en la mayoría de los casos, la controversia no era sólo disciplinaria. San Wilfrido fue quién luchó con denuedo porque las iglesias de las islas británicas dependieran más estrechamente de Roma. Si los partidos "celta" y "romano" hubiesen sido tan tolerantes como Roma, la controversia habría sido mucho menos áspera y dañosa. Muchos de los argumentos de ambos partidos carecían de valor. Italia, Galia y Egipto celebraban la Pascua en fechas distintas hasta el siglo IV, por no hablar de otras diferencias; y aun en la actualidad hay algunas Iglesias orientales que celebran dicha fiesta según el calendario de Juliano].

   San Colmano prefirió renunciar al gobierno de su sede antes que aceptar dicha decisión. Junto con los monjes irlandeses de Lindisfarne y con treinta ingleses se retiró primero a la isla de lona y, más tarde, a Irlanda, donde fundó un monasterio en la isla de Inishbofin, frente a la costa de Connacht. Ahí pudo seguir observando la tradición escocesa, ya que las autoridades de Roma no querían exigir a toda costa la obediencia en un punto que no incluía ninguna cuestión doctrinal; por otra parte, tenían la certidumbre de que el tiempo acabaría por imponer gradualmente la práctica de la Iglesia universal, como sucedió en efecto. Pero las dificultades de San Colmano no habían terminado, porque los monjes ingleses no se entendían con los irlandeses y se quejaban de que éstos les obligaban a ejecutar los trabajos más pesados de la cosecha y después querían compartir con ellos los frutos. El santo decidió fundar un nuevo convento en Mayo, a donde trasladó a los monjes ingleses. San Colmano fue hasta su muerte abad de los dos monasterios.

   San Beda destestaba de todo corazón las "extrañas costumbres" de los celtas; sin embargo, no cerró los ojos a los méritos de San Colmano y sus monjes y escribió una generosa alabanza sobre ellos. "Esos santos maestros se ocupaban del servicio de Dios, no del mundo, y pensaban más en el alimento de sus almas que en el de sus cuerpos... Recibían amablemente a todos los sacerdotes y monjes que iban a visitarles..." Las diócesis de Argyll y de las Islas celebran la fiesta de San Colmano.

   Beda narra la vida de San Colmano en Eccl. Hist., lib. III, cc. 25 y 26, y lib. IV, c. 4. Acerca de la controversia pascual entre los celtas, ver Analecta Ballandiana, vol. LXVI (1946), pp. 200-244; y cf. MacNaught, Celtic Church and the See of Peter (1927), pp. 68-93. En los martirologios irlandeses hay muchos santos llamados Colmano, y no es del todo seguro que se pueda identificar a nuestro santo con "el casto Colmano" que abandonó su tierra natal, del que hace mención Oengus en el Félire. En la Vida de San Cartago, se cuenta que cuando un abad, cuyos monjes trabajaban a la orilla de un río, dijo: "Colmano, échate al agua," doce monjes se lanzaron inmediatamente a la corriente.

  

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  • * FUENTE: VIDAS DE LOS SANTOS, DE BUTLER