10 de diciembre

BEATOS JUAN ROBERTS y TOMAS SOMERS, (*)

Mártires

(1610 p.c.)

 

BEATO JUAN ROBERTS

A unos cuantos kilómetros al noroeste de la ciudad de Dolgelley, en Merionethshire, en la parte superior del valle que se extiende entre Rhinogs y Arenigs, se encuentra el pueblecito de Trawsfynyndd. El Beato Juan Roberts nació en aquella región en 1557. No sabemos exactamente en qué sitio nació ni tenemos noticias sobre su familia, pero, según parece, descendía por ambas ramas de genntes honorables radicadas desde mucho tiempo atrás en el lugar. En todo caso, Juan Roberts es uno de los mártires más distinguidos entre los 136 que Pío XI ratificó el 15 de diciembre de 1929. Roberts estudió las primeras letras bajo la dirección de un anciano sacerdote. Aunque había sido educado en el protestantntismo, siempre fue católico de corazón, según lo declaró él mismo. A los diecinueve años, ingresó en el Colegio de San Juan de Oxford, donde se hallaba todavía Guillermo Laúd. Juan compartió la habitación con otro Juan, apellidado Jones, que fue famoso más tarde con el nombre de Leandro de San Martín O.S.B. El beato no terminó sus estudios en Oxford, sino que, en 1598, se trasladó a estudiar leyes en Furnivall's Inn. Sin embargo, no duró ahí rucho tiempo, ya que ese mismo año partió para el extranjero con la única finalidad de "divertirse y distraerse". Pero en el mes de junio, el canónigo Luis Godebert le reconcilió con la Iglesia en la catedral de Notre-Dame de París. Inmediatamente, se trasladó Juan al Colegio Inglés de Valladolid, en el que fue recibido el 18 de octubre, "en vista de su gran deseo de trabajar en la viña del Señor". En 1599, siguiendo el ejemplo de Agustín Bradshaw, tomó el hábito benedictino en el real monasterio de San Benito de Valladolid. Pronto fue a unírsele ahí su viejo amigo Juan Jones, e hicieron juntos la profesión, con otros seis ex-alumnos del Colegio Inglés, a fines del año siguiente, en el monasterio de San Martín de Compostela. El Beato Juan tomó en religión el nombre de Juan de Merioneth.

   Aparentemente, los jóvenes ingleses y galeses que tomaban el hábito de San Benito en aquella época, se privaban de ser misioneros en su país, pues los benedictinos españoles estaban obligados a la estricta clausura. Pero los acontecimientos posteriores habían de demostrar que tuvieron razón en seguir su vocación. El 27 de febrero de 1601, el Beato Marcos Barkworth, que había sido el iniciador y el jefe del movimiento benedictino entre los estudiantes ingleses de Valladolid, fue martirizado en Tyburn. A raíz de ello, se solicitó a la Santa Sede un permiso para que los monjes ingleses fuesen a trabajar como misioneros en su país. El 5 de diciembre de 1602, Clemente VIII concedió ese privilegio a las abadías de Valladolid y Monte Cassino. Tres semanas más tarde, el día del protomártir San Esteban, el P. Juan Roberts partió a Inglaterra con el P. Agustín Bradshaw. Lewis Owen, el espía galés encargado de vigilar el territorio del P. Juan y enemigo personal de éste, afirmó que el beato "fue el primero que obtuvo permiso del Papa y de su superior en España para ir a Inglaterra. Por ello, se sentía otro Agustín, encargado de convertir a sus compatriotas y reconciliarlos con el Anticristo Romano". El P. Juan y sus compañeros tardaron dos meses en llegar a Londres. A diferencia de los religiosos que los habían precedido el año 597, estos monjes llegaron ciñendo espadas y con chambergos emplumados. Pero, a pesar del disfraz, pronto fueron arrestados y desterrados.

   Según el testimonio de Lewis Owen, el P. Juan no "se mostró negligente en los asuntos de su Señor y Maestro, sino que se ocupó noche y día en promoverlos". La historia de su apostolado es una serie de arrestos, encarcelamientos y destierros. Dom Bucelin, contemporáneo del beato, escribe en Benedictus Redivivus: "Entre los religiosos que trabajaron en la isla, éste fue el principal, tanto por su laboriosidad como por la fecundidad de su predicación". A las pocas semanas del destierro, el beato estaba otra vez en Londres, atendiendo a las víctimas de una epidemia que causó 30.000 bajas en el primer año, que fue el peor. Todos los autores de la época que escribieron sobre el beato, hablan con admiración de su conducta en aquellas circunstancias y cuentan que obtuvo muchas conversiones. En la primavera de 1604, el P. Juan fue arrestado en un puerto del sur cuando se disponía a embarcarse con cuatro postulantes para asistir al capítulo general de su congregación. Pero los perseguidores no pudieron probar que era sacerdote y quedó en libertad. El misionero continuó su tarea, hasta el 5 de noviembre de 1605, cuando, con motivo de la famosa "conspiración de la pólvora", fue detenido nuevamente en casa del señor Knight escribano y fue encarcelado en la prisión de Gatehouse de Westminster, en los terrenos de la abadía. Allí pasó ocho meses, hasta que el embajador de Francia consiguió que fuese puesto en libertad y saliese del país. El P. Juan estuvo un año fuera de Inglaterra. En ese período fundó, junto con el P. Agustín Bradshaw, un monasterio benedictino en Douai, afiliado al de Valladolid. Aquel monasterio se convirtió en el centro de los benedictinos ingleses, que subsistieron casi milagrosamente, y que posteriormente se trasladaron a la actual abadía de San Gregorio, en Downside. El P. Juan regresó a Inglaterra, donde fue arrestado por cuarta vez, a fines de 1607. Después de un interrogatorio, en el cual se negó a prestar juramento de fidelidad según una fórmula abreviada, consiguió escapar de la prisión, y estuvo escondido hasta mayo de 1609. En ese año, fue encarcelado, primero en Gatehouse y luego en Newgate. El embajador de Francia volvió a intervenir, y el beato fue nuevamente desterrado. Se dirigió primero a España, y después a la abadía de San Gregorio de Douai. A principios de 1610, con motivo de una nueva epidemia, volvió a Inglaterra por última vez. En julio de ese año, cayó prisionero un benedictino, pero consiguió escapar; tal vez se trataba del beato Juan. Pero el 2 de diciembre, primer domingo de Adviento, fue capturado por última vez. El beato terminaba de celebrar la misa, tal vez en casa de la señora Scott, cuando los perseguidores hicieron irrupción y le llevaron a Newgate con los ornamentos todavía puestos.

   Al P. Juan Roberts se le acusó de ejercer su ministerio, junto con el Beato Tomás Somers (alias Wilson), sacerdote secular originario de West-Drland. Ambos comparecieron ante Jorge Abbot, obispo de Londres, el juez Coke y algunos otros y los dos se negaron a prestar el juramento de fidelidad. El P. Juan confesó que era sacerdote y monje, y afirmó que había ido a Inglaterra "a trabajar por la salvación de las almas" y que estaba "decidido a seguir haciéndolo mientras viviera." El obispo le calificó de perturbador de la paz y seductor del pueblo. El P. Juan replicó que, "en ese caso, nuestros antepasados fueron engañados por el bienaventurado San Agustín, apóstol de Inglaterra, "enviado por el Papa de Roma, San Gregorio Magno. Yo he venido aquí manido por la misma Sede Apostólica que le envió a él." Como se le diese la orden de guardar silencio, exclamó: "Tengo que hablar, pues he recibido esa misión del cielo. San Mateo dice en el capítulo 28: 'Id a enseñar a todas las gentes, bautizadlas y enseñadles a observar todos mis mandamientos.' Vuestros ministros no lo hacen, porque su vida y sus acciones no corresponden al mandato de Cristo, ya que no administran los sacramentos de la penitencia y la estremaunción. Yo sí lo hago y, por consiguiente, enseñaré que en conciencia se debe obediencia a los príncipes, contrariamente a lo que afirman Lulero y compañeros. Yo estoy dispuesto a probaros todo esto." En seguida, el beato reprendió al obispo por participar con los jueces civiles en una causa capital y apeló a éstos para que decidiesen por sí mismos, pues el jurado estaba compuesto por hombres simples e ignorantes incapaces de distinguir entre un sacerdote y un traidor con lo cual se ponían en peligro de condenar a un inocente. Los jueces rechazaron la apelación, el jurado declaró culpables a los misioneros y éstos fueron condenados a muerte.

   Al día siguiente, una dama española llamada Luisa de Carvajal dio al carcelero de Newgate cierta cantidad de dinero para que trasladase a los dos sacerdotes de la celda de los condenados a otra en la que había varios católios. Aquella noche, la prisión presenció una escena extraordinaria. Veinte confesores de la fe cenaron juntos; en la cabecera de la mesa estaba Doña Luisa; el P. Roberts a su derecha y el Sr. Somers a su izquierda. Ambos mártires estaban contentos. El P. Roberts preguntó a la dama: "¿No creéis que mi alegría pueda resultar poco edificante? ¿No sería mejor que me retirara a orar?" Ella respondió: "De ningún modo. Lo mejor que podéis hacer es mostrar a los otros el valor y la alegría con que vais a morir por Cristo." Antes de que terminase la cena, Doña Luisa lavó los pies a los mártires. El rey Jaime se encolerizó cuando se enteró de ese homenaje. A la mañana siguiente, los prisioneros fueron confiados al alcalde de Middlessex, quien mandó conducirlos en una carreta enrejada a Tyburn, donde fueron ahorcados con otros dieciséis criminales. En vista de la actitud amenazadora de la multitud, que estaba en favor de los mártires, éstos no fueron desentrañados sino hasta después de su muerte. Las cabezas fueron expuestas en el Puente de Londres y los cuerpos en Tyburn. El Beato Mauro Scott y Doña Luisa consiguieron rescatar gran parte de las reliquias. Todavía se conservan en Downside algunas reliquias del Beato lomas Somers; las demás desaparecieron en diferentes levantamientos populares. El Beato Juan Roberts tenía apenas treinta y tres años. "Fue el primer monje que, después de la supresión de los monasterios en Inglaterra, atacó las puertas del infierno, provocó al príncipe de las tinieblas en el reino que éste había usurpado y le venció en la misma forma que su Maestro, el Príncipe de los mártires, dando su vida en la lucha.

   Dom Bede Camm publicó en 1897 una biografía muy completa de Juan Roberts; ahí se encontrará un catálogo completo de las fuentes. Naturalmente, es menos completa la narración de Challoner (MMP., pp. 317-323). Acerca de ciertos problemas secundarios, cf. The Month, dic. de 1897 pp. 581-600; oct. de 1898, pp. 233-245; y nov., pp. 348-365. Véase también, T. P. Ellis, Catholic Martyrs of Wales (1933), pp. 79-91; Welsh Benedictines of the Terror (1936), pp. 43-54, 76-104 y passim; y cf. Bede Camm, Nine Martyr Monks (1931). Acerca de Somers, véase MMP., pp. 321-323; y acerca de las reliquias de ambos mártires, B. Camm, Forgotten Shrines (1910), pp. 355-356 373-378.

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