CGBA a Patricios, FCO a Anderson, Río Salado...

- El Triángulo -

- T  e  r  c  e  r  a      y      ú  l  t  i  m  a      p  a  r  t  e -

(Aquí vemos los últimos dos vertices juntos: El Nº2, arriba a la derecha, y el Nº3, abajo a la izq. Foto: H. A.)

Así apareció imponente el último vértice de nuestra aventura: el puente del Sarmiento (F.C.O.) sobre el Río Salado, llamado "Puente Negro" por Don Núñez. Parecía mentira haber llegado por fin a este lugar. Hacía varias horas que lo veníamos viendo a la distancia, pero nunca llegábamos. Se nos había convertido en un punto inalcanzable.

Sobre la majestuosa estructura inglesa, avistamos a lo lejos, con desconsuelo, la traza del CGBA y sus dos puentes inutilizados, por los cuales habíamos desfilado horas atrás. Si los comparamos con el del Oeste, se comprende como cedieron tan fácilmente ante las inclemencias del Salado. 

("El puente negro", firme sobre el Salado. Al fondo, los campos de Ugarte. Foto: Alejandro Braulke)

El puente del Oeste tiene viga de alma llena con balasto de piedra (una curiosidad en este tipo de ramal), cuatro secciones con viga lateral de sección variable y una parte central tipo reticulado cantilever. Por allí, justamente, los que tenían vértigo cruzaron a la par de chistes y comentarios del tipo "yo me la banco" y etcétera.

Y ustedes se preguntaran: ¿Cómo cerramos el triángulo?. Bueno, como veran, ya contamos con un avión, pero el yate aún no lo pudimos conseguir, lo que nos puso en una situación crucial: o seguiamos por el campo, o nadabamos hasta el vértice 1... Esa era la gran incognita del momento: ¿Cómo regresamos a Achupallas sin volver sobre nuestros difíciles pasos?. ¡Imaginen que nadie queria volver a luchar con las cañas!.

(¿Cómo es posible que semejante obra de ingenieria este olvidada?. Foto: Fede Pallés)

Jorge, observando las cartas del IGM, propuso cortar camino a campo traviesa, pero este aún estaba anegado por las aguas del Salado. Decidimos seguir a la par la trocha ancha hasta el próximo alambrado. La presencia de incontables huesos de animales ahogados aniquilaron la idea de cortar camino por la zona pantanosa. Decidimos seguir caminando hasta el casco de la estancia que ya se veía claramente a dos kilómetros.

(A pesar su fortaleza, el puente del Oeste aún es muy corto para soportar una correntada. Foto: H. A.)

El peón del campo "La Armonía" araba la tierra tranquilamente, hasta que divisó a lo lejos un grupo de extraños con remeras blancas y cargados de botellas vacias... "¿Y estos?... ¿vendran de visitar a la Difunta Correa?", se habrá preguntado con incertidumbre el muchacho. Con él hablamos y le comentamos la idea de cortar camino a Achupallas... "Hablen con Don Benítez", aconsejó.

Seguimos caminando a la par del Oeste y nos encontramos con que Don Benítez estaba durmiendo y no nos podía atender. Bueno..., ya estábamos jugados: "Vamos por el camino que conduce a Ugarte". El triángulo ya se estaba comenzando a transformar en rectángulo... ¡Estábamos cada vez mas lejos de Achupallas!.

Al final apareció el camino rural, que apuntaba hacia nuestro puesto de referencia: la chimenea, la única construcción alta que identificaba al pueblo. Cansados, pero sin quejarnos, emprendimos la recta hacia el norte. Las nubes ya presagiaban tormenta. Soplaba una brisa fresca que fue puro alivio. En la caminata, recuerdo que los dueños de los respectivos autos comentaban algo como "menos mal que se puso nublado, así los autos no toman tanta temperatura", a lo que Nico respondió "Que ingenuos que son muchachos. ¿Todavía creen que los autos están allí?".

El camino, por el cual no pasó ningún vehículo en nuestro lento peregrinar, comenzó a serpentear hasta que, por fin, divisamos a lo lejos los autos, como cuatro puntitos lejanos. Cuando llegamos a la esquina desde la que habíamos partido horas antes, surgió un aplauso espontáneo en reconocimiento a nuestras piernas... ¡Habíamos recorrido más de veinte kilómetros, y en condiciones adversas!... Que venga alguien a decirme que caminó mas de dos kilómetros agachado debajo de un cañaveral...

(La estación Achupallas, convertida en destacamento policial. Foto: Alejandro Braulke)


(El andén de Achupallas y Don Núñez, atento a nuestros comentarios. Fotos: Nico Di Rosa)

Pasamos por la estación a saludar a Don Núñez, que a esa hora estaba "trabajando". Nos comentó que el puesto policial había sido inaugurado hacía muy poco, a pedido de los vecinos. También nos dijo que en el galpón de cargas se hacían fiestas cada tanto. Aproveché la bolada y le conté que yo tenía una banda de música andina fusión. Don Núñez nos invitó a dar un recital en el galpón, pero con un objetivo: recaudar fondos para la reparación del móvil, que hacía rato estaba metido en el taller por falta de presupuesto. ¡Que distinta se vive la realidad en el interior!.

Año 1993: Achupallas con tren...
El pequeño tren de emergencia pasó sin problemas el complejo de puentes y siguió sigiloso por las vías del Compañia para llegar a Patricios a media tarde. Aquí lo vemos en la estación Achupallas... Una imagen que dificilmente podamos volver a ver. El ramal quedó definitivamente sin trafico a fines de 1993. (Foto: S.G.)

Nos despedimos del sargento y partimos hacia La Rica, el vértice de otro gran triángulo que se forma en la provincia. Este "gran triángulo" se conforma por los siguientes puentes:

A La Rica llegamos fácilmente, y hasta pudimos dejar el auto al lado del puente entre ambos ramales. Pero a este pequeño pueblo yo había venido tiempo atrás y es, en realidad, una historia de la que hablaré en otra oportunidad.

(Puente del ex F. C. Midland sobre el ramal a Anderson (F.C.O.), en La Rica. Foto: Alejandro Braulke)


Y bien, amigos, esta fue la historia del final de aquél mito: "El Triángulo de los Puentes Pampeanos". Algunos pensaran... "Tanto lío hizo Fede por ese par de puentes oxidados". Ja, ja, ja..., es cierto. Demasiado despliegue. Pero yo lo tomo con gracia, porque sé que la mayoría no piensa así, y estoy seguro de que ustedes, lectores del SAT, también son capaces de pasar horas, días y semanas caminando debajo de un cañaveral buscando un puente viejo, con el único objetivo de disfrutar esta pasión. Y bien, así lo hicimos nosotros ese inolvidable sábado 25 de Octubre.

No me voy a despedir sin antes agradecer al equipo de expedicionarios del SAT que se sumó a partir de mi iniciativa de recorrer "El Triángulo": Andrés "retrochador" Rovira, Fermín "zurdito" Rovira, Nícolas "Cage" Di Rosa, Guille Glowacki, Miguel Valle, Eduardo Maffeo, Jorge Männtaras, Alejandro Braulke, Gabi Castelo, Mario Mattiauda, Juan Pablo Negro, Damián "chirola" Dipasquale y Hernán Azzigotti. A todos ellos, gracias por acompañarme en uno de mis sueños.

                  Fede Pallés
· Noviembre de 2003


* Las últimas palabras...

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"Viaje al triángulo" (Por Eduardo Maffeo).

Estimados amigos... Con relación al viaje del Sábado, quisiera manifestarles dos cosas: primero, fue mi primer experiencia en realizar una travesía con un grupo de personas, que, amen de que no me acuerdo los nombres de todos, la pase muy bien. Es mas, estaba ansioso por realizarla. En lo que respecta a las sensaciones que me produjo la travesía, rescato que me causó mucha añoranza ir caminando por la vía en la cual hasta hace tiempo circulaba el tren. Mientras iba caminando me imaginaba tener que prenderme al terraplén por la proximidad de alguna formación ferroviaria... Qué tristeza produce saber del abandono y la desidia... Qué bronca produce saber que algunos que en su p... vida viajaron en tren opinen o tomen decisiones de clausurar un ramal en pos de... Bueno, no quiero seguir. (...) Saludos a todos y hasta el próximo ETV´s Trophy. ::: EDUARDO ::: ( PD: ¡como me hicieron m... los tábanos!).

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"Mis impresiones del viaje" (Por Alejandro Braulke).

La expedición estuvo e-s-p-e-c-t-a-c-u-l-a-r. "Triángulo de la tristeza", debería decir... Al llegar a Achupallas, me pareció entrar en un túnel del tiempo. El tiempo se había detenido allí. Parecíamos trece locos en busca de una ciudad perdida, cubierta de oro... El cañaveral acrecentó esa sensación. Tenía la impresión de que al final del recorrido iba a toparme con una locomotora, o personal de vía trabajando en el mantenimiento de la traza... Había perdido toda noción de lugar y tiempo... Los dos puentes fueron un golpe terrible, principalmente el segundo, con ese tramo lamiendo las aguas del Salado. Imaginé la terrible desilusión de todo el grupo... 

Pasar por esos puentes, con la correntada abajo, fue toda una experiencia (no muy agradable para mí). Aunque tenía más miedo por la cámara que me habían prestado que por mí mismo. ¡Qué macana esos pilares vencidos, porque la vía parecía en buen estado! Cuando llegamos al viaducto sobre el ramal a Anderson, me pregunté porqué dejábamos la vía del CGBA... Pasó un buen rato antes de que me percatara de que nos encontrábamos marchando sobre la trocha ancha. Se imaginan lo perdido que estaba a esa altura. ¿Porqué catzo estaba entero el otro puente, que interesaba menos? Cruel mueca del destino. Al final, al dejar atrás el Salado, la vía del Sarmiento me tenía harto, o estaba demasiado cansado para darle bola.  Dos estados de ánimo me acompañaron en todo momento: por un lado, una gran alegría de compartir este viaje con un grupo de gente muy macanuda (me acuerdo las caras pero no los nombres), y por el otro la melancolía de ver todo abandonado, quizás irremediablemente perdido... ::: ALEJANDRO :::

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"Misterio develado"
(Por Chirola Dipasquale)

En pocas líneas opino acerca de lo del sábado para el SAT: Un grupo de trece locos buscando puentes en el medio de un mar interior, tratando de develar los misterios que nadie se había atrevido a descubrir. Bajo un ardiente sol de octubre y rodeados por agua salada, los locos encontraron un conjunto de puentes, algunos de ellos vencidos por la furia de la Madre Naturaleza y otros  estoicamente firmes. El misterio del Triangulo de los Puentes Pampeanos fue develado y lo podés disfrutar acá, en el SAT. ::: DAMIAN :::

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"La tristeza de saber que ya no estas" (Por Mario Mattiauda)

25 de Octubre, Achupallas, media mañana, calor, sol, y los 13 locos, listos para emprender la caminata sobre "la trocha". Después de abrirse la vegetación, al llegar al claro del primer puente y ver a ese animal de hierro herido, me produjo, tal cual como dice el tango, "la tristeza de saber que ya no estas". Después de ese training digno de un casting de "Expedición Robinsón", seguimos al segundo, y ahí si: si quedaba un hilo de esperanza para que algún día esos rieles ocultos bajo las cañas volvieran a chillar, ese había sido el momento exacto en el que la realidad me reafirmo que nunca mas. Dos gigantes de hierro heridos de muerte... y faltaba el tercero; el del Oeste. Se veía desde lejos, imponente, gigante. Y así fue, ese gigante en el medio de la nada, se hallaba seguro, con su herrumbre solitaria, su balasto limpio, sus rieles oxidados. Una obra de ingeniería como muestra de lo que fueron capaces de realizar las empresas ferroviarias en pos del progreso, salvando alturas, montañas, ríos. Luego, recuerdo ver la estación de Achupallas y saber que ese andén ya fue historia del ferrocarril. La ultima Cooper y su coche Werkspoor ya partieron; y lo hicieron hace 10 años. Así como el servicio de emergencia fue prestado por nuestra querida Compañía por la crecida del Salado, fue este mismo río (y la desidia de unos cuantos gerentes de no prestarle atención a la traza) el que decretó su muerte.  Nos queda el aliciente de saber que ese andén, uno de estos días, se va a llenar de gente porque allí estaremos realizando una fiesta que organizaremos. Todo lo demás es una valiosa experiencia compartida con personas macanudísimas y copadas, de todas las edades, trabajos, profesiones, religiones, etc, etc, pero con una misma pasión: los trenes. ::: MARIO:::

"Finalizó el mito del Triángulo"

"El Entusiasmo" (Por Jorge Männtaras)
Estuvimos alambrando hasta el último minuto por la lluvia sin tener en cuenta que el objetivo del viaje tenía un ingrediente muchísimo mas potente que cualquier tormenta: esto es el entusiasmo, las ganas de hacer cosas, el impulso de empujar siempre para adelante. En resumen: un ideal común compartido por todos los que participamos del viaje e incluso por quienes no pudieron ir. Sin conocerlos a todos, suponía de antemano que me iba a encontrar con un grupo de pibes que a lo sumo compartían la adicción a los trenes. En realidad me encontré con un grupo de amigos unidos por un fuerte ideal, ideal que se traduce en la convicción de que cualquier cosa es posible por mas jodida que parezca. Y la cosa es así, jodida, pero no imposible habiendo de por medio una voluntad de trabajo que se contagia de uno a otro. Y esto me da la seguridad de que algo se va a conseguir, no sé si mucho o poco, pero algo es algo, o mucho quizá si lo comparamos con la nada que hay hoy. Llegaremos en tren, en zorra o en lo que sea a Moquehuá o a cualquier otro lado, pero llegaremos. De esto estoy seguro.
(Jorge Männtaras)

 

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Revisado: 11 de Noviembre de 2003 .
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