 |
Pág. 18
A través de
los Andes
La Escuela Pía
Femenina, asemejándose a los hombres aventureros
del siglo XV, ávidos de conquistas y de gloria,
también vadea mares y cabalga montañas, no en
busca de glorias vanas ni conquistas
polvorientas que ciegan y enturbian con facilidad
la mira de las cosas sobrenaturales, sino en la
conquista de las almas y en servir de miembros útiles
a la Iglesia en el vasto campo del
apostolado.
La Escuela Pía no puede ver con
indiferencia que el Sol de Justicia tenga ocaso en
ningún rincón de la tierra; siendo tantas y tan
perentorias las necesidades espirituales por las
que atraviesa el género humano.
Por caminos bien providenciales el Señor
nos condujo, en marzo del pasado año, a través
de la intrincada e ingente cordillera de los
Andes, hasta el simpático y fértil valle de
Chile, lleno de añejos recuerdos patrios.
Aquí se abren nuevos horizontes en
nuestra actuación apostólica; es también con la
enseñanza y gratuita; esto honra y
engrandece.
Estamos en una Escuela Parroquial,
obra grandiosa de los mayores encomios. Se debe al
incansable celo de Monseñor Eladio Vicuña, con
la generosa cooperación de sus allegados y
feligreses. Los seis años de preparatorio están
confiados a nuestro cuidado. ¡Y cómo se ha
dignado el Señor bendecir nuestra labor durante
el pasado; curso escolar!
Así como el clima de Chile es
benigno y su tierra feraz, así sus habitantes son
dulces y afables y su espíritu dócil a las
doctrinas que recibe.
Por la escasez de sacerdotes y de
maestros católicos y por la influencia del gran número
de protestantes (llegados de China, además de los
que ya había en Chile, 3.000 pastores), el pueblo
sencillo se halla sumido en una gran ignorancia
religiosa, con las correspondientes y fatales
consecuencias. Los niños escuchan nuestras enseñanzas
con una atención inaudita y nos dicen con una
sencillez y sinceridad encantadoras: "¡Qué
lindo es lo que nos dicen, Madrecitas; yo nunca
había oído estas cosas!..." En las clases
de Religión hacen preguntas verdaderamente
interesantes. Se han visto cambios
prodigiosos de niños que, comprendiendo la verdad
y practicándola, la han llevado a sus hogares con
una fuerza irresistible; como cuando la Samaritana
comunicaba que había visto al Mesías y todos los
que la escuchaban creían en El. Así nuestros niños
transforman sus hogares y algunos han conseguido
que sus padres cumplan con los deberes de
cristianos, largo tiempo abandonados.
Con la ayuda del Señor
trabajamos para que, este Liceo sea forja de almas
de temple y de hombres que sepan afrontar las
dificultades de la vida con su virtud y saber. El
Inspector de Enseñanza Primaria, en sus visitas
inspeccionales, ha manifestado la más grata
impresión por el orden y aseo que reinaba en las
clases.
En lo referente al trabajo escolar,
la Delegada del Estado, en sus exámenes finales
nos ha dado las más cordiales felicitaciones por
el aprovechamiento de los alumnos. Uno y otra han
dejado escritas sus altas apreciaciones en los
libros oficiales.
La labor es mucha; lo que faltan son
operarios en esta extensa viña, donde tantísimos
niños quedan en el más completo abandono, sin el
menor vestigio de instrucción de ninguna clase.
Este cuadro desgarra el alma del que siente un
poco la salvación de sus semejantes.
Sería muy largo enumerar los gratos
acontecimientos de este curso escolar, los
preciosos premios que han recibido los alumnos
aventajados en objetos, hermosos paseos, etc. con
que Monseñor los obsequiaba.
Se cerró el curso con la repartición
de premios, acto que resultó solemne y
emocionante, reinando el más perfecto orden. Se
notaba en los niños esa impaciencia juvenil en
espera de la aprobación y aplausos de sus
profesores. Los padres se mostraban llenos de
satisfacción ante los éxitos de sus hijos. La
condecoración del mejor alumno de cada curso fue
algo indescriptible: los padres subían al estrado
embargados por la emoción, para colocar la
Medalla de Honor sobre el pecho de sus hijos, que
les era otorgada por su piedad, aplicación,
conducta, asistencia y otras cualidades.
Subió de tono el entusiasmo y la
curiosidad cuando Monseñor anunció que aún
quedaba otro por condecorar y éste tenía su
medalla con cinta de color diferente a la de los
anteriores; era para condecorar al primer alumno
del Liceo por sus excelentes cualidades. Los
aplausos resonaron con entusiasmo en toda la sala
al oír el nombre del niño y verle avanzar ante
la tribuna.
Estuvo muy bien amenizado el acto con
las preciosas voces del coro de la Universidad Católica,
discursos de un miembro de la Acción Católica y
de un alumno del Liceo, cerrando el acto con la
palabra cálida y elocuente de Mons. Eladio Vicuña.
Pidamos al Señor para que estos gérmenes
sembrados con tanta fe y entusiasmo fructifiquen
en sólidas virtudes cristianas y transformen esta
sociedad, viciada con los miasmas del paganismo y
de la inmoralidad.
|
|
| |
a
|
| |
|
| | aa |
 | |
 |
|