REVISTA "ANHELOS Y ESPERANZAS
Nº 27 - Mayo de 1954
 
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A través de los Andes
 

   La Escuela Pía Femenina, asemejándose a los hombres aventureros del siglo XV, ávidos de conquistas y de gloria, también vadea mares y cabalga montañas, no en busca de glorias vanas ni  conquistas polvorientas que ciegan y enturbian con facilidad la mira de las cosas sobrenaturales, sino en la conquista de las almas y en servir de miembros útiles a la Iglesia en el vasto campo del
apostolado. 
   La Escuela Pía no puede ver con indiferencia que el Sol de Justicia tenga ocaso en ningún rincón de la tierra; siendo tantas y tan perentorias las necesidades espirituales por las que atraviesa el género humano.
   Por caminos bien providenciales el Señor nos condujo, en marzo del pasado año, a través de la intrincada e ingente cordillera de los Andes, hasta el simpático y fértil valle de Chile, lleno de añejos recuerdos patrios.
   Aquí se abren nuevos horizontes en nuestra actuación apostólica; es también con la enseñanza y gratuita; esto honra y engrandece.
   Estamos en una Escuela Parroquial, obra grandiosa de los mayores encomios. Se debe al incansable celo de Monseñor Eladio Vicuña, con la generosa cooperación de sus allegados y feligreses. Los seis años de preparatorio están confiados a nuestro cuidado. ¡Y cómo se ha dignado el Señor bendecir nuestra labor durante el pasado; curso escolar! 
   Así como el clima de Chile es benigno y su tierra feraz, así sus habitantes son dulces y afables y su espíritu dócil a las doctrinas que recibe. 
   Por la escasez de sacerdotes y de maestros católicos y por la influencia del gran número de protestantes (llegados de China, además de los que ya había en Chile, 3.000 pastores), el pueblo sencillo se halla sumido en una gran ignorancia religiosa, con las correspondientes y fatales consecuencias. Los niños escuchan nuestras enseñanzas con una atención inaudita y nos dicen con una sencillez y sinceridad encantadoras: "¡Qué lindo es lo que nos dicen, Madrecitas; yo nunca había oído estas cosas!..." En las clases de Religión hacen preguntas verdaderamente interesantes.  Se han visto cambios prodigiosos de niños que, comprendiendo la verdad y practicándola, la han llevado a sus hogares con una fuerza irresistible; como cuando la Samaritana comunicaba que había visto al Mesías y todos los que la escuchaban creían en El. Así nuestros niños transforman sus hogares y algunos han conseguido que sus padres cumplan con los deberes de cristianos, largo tiempo abandonados. 
  
Con la ayuda del Señor trabajamos para que, este Liceo sea forja de almas de temple y de hombres que sepan afrontar las dificultades de la vida con su virtud y saber. El Inspector de Enseñanza Primaria, en sus visitas inspeccionales, ha manifestado la más grata impresión por el orden y aseo que reinaba en las clases.
   En lo referente al trabajo escolar, la Delegada del Estado, en sus exámenes finales nos ha dado las más cordiales felicitaciones por el aprovechamiento de los alumnos. Uno y otra han dejado escritas sus altas apreciaciones en los libros oficiales.
   La labor es mucha; lo que faltan son operarios en esta extensa viña, donde tantísimos niños quedan en el más completo abandono, sin el menor vestigio de instrucción de ninguna clase. Este cuadro desgarra el alma del que siente un poco la salvación de sus semejantes. 
   Sería muy largo enumerar los gratos acontecimientos de este curso escolar, los preciosos premios que han recibido los alumnos aventajados en objetos, hermosos paseos, etc. con que Monseñor los obsequiaba.
   Se cerró el curso con la repartición de premios, acto que resultó solemne y emocionante, reinando el más perfecto orden. Se notaba en los niños esa impaciencia juvenil en espera de la aprobación y aplausos de sus profesores. Los padres se mostraban llenos de satisfacción ante los éxitos de sus hijos. La condecoración del mejor alumno de cada curso fue algo indescriptible: los padres subían al estrado embargados por la emoción, para colocar la Medalla de Honor sobre el pecho de sus hijos, que les era otorgada por su piedad, aplicación, conducta, asistencia y otras cualidades.
   Subió de tono el entusiasmo y la curiosidad cuando Monseñor anunció que aún quedaba otro por condecorar y éste tenía su medalla con cinta de color diferente a la de los anteriores; era para condecorar al primer alumno del Liceo por sus excelentes cualidades. Los aplausos resonaron con entusiasmo en toda la sala al oír el nombre del niño y verle avanzar ante la tribuna.
   Estuvo muy bien amenizado el acto con las preciosas voces del coro de la Universidad Católica, discursos de un miembro de la Acción Católica y de un alumno del Liceo, cerrando el acto con la palabra cálida y elocuente de Mons. Eladio Vicuña.
   Pidamos al Señor para que estos gérmenes sembrados con tanta fe y entusiasmo fructifiquen en sólidas virtudes cristianas y transformen esta sociedad, viciada con los miasmas del paganismo y de la inmoralidad.
 

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