POLÍTICA&ECONOMÍA
Islandia, otro ejemplo de como las reformas a tiempo traen el éxito
Por Néstor Montillo
También con las
arcas llenas, un ministro de hacienda puede verse presionado. Ese es el caso de
Geir Haarde, ministro de Hacienda de Islandia, que constantemente recibe
presiones para gastar más. Según él: “todos quieren mas dinero, aquí un poco
para la Salud, allá un poco para la educación, etc.”. Pero él está decidido: “no
aumentaremos los gastos”. Islandia tiene un superávit fiscal de 2,2% del
Producto Interno Bruto, el cual está asegurado hasta el año 2005. Con todo esto,
es comprensible que entre los 280.000 islandeses se incrementen algunas
pretensiones.
Desde hace cinco años
que la economía crece en más del 5% anual y el desempleo apenas alcanza el 1,7%.
Esto es muy poco común en Islandia, que durante muchos años sufrió estancamiento
económico e inflación, durante la época en que el estado tomaba la mayoría de
las decisiones económicas. Recién las reformas introducidas a principios de los
años noventa permitieron a Islandia dar un cambio de rumbo tan significativo
hacia prosperidad, todo ello basado en dos ejes: la retirada del estado de la
vida económica y la apertura hacia Europa.
Hace 20 años, Islandia
estaba azotada por el estatismo. El estado decidía a quién se le otorgaba
créditos. Para conseguir un crédito hipotecario, era importante tener buenas
relaciones o parentesco con algún político. Las empresas recibían ayuda estatal
cada vez que presentaban pérdidas, incentivando así a los menos eficientes y
castigando a los mejores. Pero esta economía planificada terminó en 1993, cuando
Islandia decidió reformarse y su acercamiento a Europa forzó la creación de un
mercado de valores. En 1989 no existía empresa cotizada en la Bolsa, mientras
que actualmente ya son 89. La apertura hacia Europa creó un nuevo mercado de 350
millones de consumidores para las empresas islandesas.
Islandia es una isla en
el Atlántico Norte, cercana a Groenlandia, a la cual durante muchos años se la
llamaba “fin del mundo”. Su superficie total es similar a la del departamento de
Presidente Hayes, en el Chaco paraguayo, y su población total algo superior que
la de Ciudad del Este. A pesar de su pequeñez geográfica y su lejanía del resto
del planeta, su reducida población y pequeño mercado interno, un clima bastante
duro, este país produce actualmente un poco más que todo el Paraguay.
Consecuentemente, es el país con mayor nivel de vida en el mundo y sus
habitantes cuentan también con la mayor esperanza de vida al nacer.
En el año 874, un gran contingente de vikingos escapó de Noruega, debido a los excesivos impuestos que el gobierno de aquella época les confiscaba. Sus barcos arribaron a esta isla y se instalaron en ella, creando lo que más adelante se convertiría en la República de Islandia. Desde aquel entonces, aproximadamente 800.000 personas habitaron la isla, y como nunca tuvieron una guerra en ella, fue relativamente fácil registrar y mantener los árboles genealógicos de los islandeses. Así cuentan con una base de datos de 611.000 personas, utilizada por la empresa Docode Genetics, que se encarga de realizar estudios biológicos e investigaciones sobre enfermedades hereditarias.
Existen muchas otras
empresas exitosas en Islandia, cuya economía se sigue basando en gran medida en
la pesca, pero ha evolucionado fuertemente hacia la el sector de alta
tecnología. Empresas islandesas de software como Oz, incluso van expandiéndose
en otros continentes, abriendo sucursales en Boston, EE.UU. y Estocolmo, Suecia.
También las empresas exportadoras de pescado utilizan la alta tecnología y el
Internet para acelerar las tareas y aumentar la eficiencia de sus operaciones
con puntos tan remotos como Noruega y África.
Islandia ha demostrado
que las reformas que conducen a una reducción del estado en la vida de las
personas, siempre terminan exitosas. Este país también estaba, como muchos
otros, ahogados por el estatismo, la planificación centralizada y los dogmas
socialistas. Luego de la reforma se convirtió en otro país, con economía
vibrante, atrayendo talentos de todas partes, exportando productos tangibles
como pescado e intangibles como software. Nadie les ayudó. Ningún crédito, ni
chino, ni del Banco Mundial, FMI u otros organismos subsidiaron el cambio en
Islandia.
Este país demostró también que no es necesario contar con muchos recursos naturales, ayuda externa, formar bloques económicos ni contar con grandes mercados en la cercanía. Solamente es necesario dejar a las personas en libertad, reduciendo al mínimo la opresión del estado, sea ésta impositiva, regulatoria, en forma de empresas públicas o planificando la educación o la salud. Apenas se liberaron las fuerzas creadoras en 1993, reduciendo el estado, los islandeses comenzaron a tener una economía pujante como ningún otro país desarrollado. Hace 10 años Islandia producía la mitad de lo que producía todo el Paraguay. Hoy ya produce más a pesar de todas sus limitaciones. Pero Islandia comprendió que necesitaba de reformas y acertaron al reducir la importancia de políticos, burócratas y eliminar los “planes” de desarrollo.