POLÍTICA&ECONOMÍA

6 de octubre de 2003


LA DERECHA Y LA IZQUIERDA SE UNEN

Tibor R. Machan

Oyendo hablar al presidente George W. Bush en las Naciones Unidas, el 23 de septiembre, me hizo pensar que el resultado de las últimas elecciones presidenciales no causó diferencia alguna. Claro que Bush es más simpático que Gore, pero cualquiera lo es. Lo que realmente importa es cuál de esos individuos promovería la mejor protección a la libertad individual. Y me temo que Bush no ha mostrado el más mínimo interés en tal sentido. No pretende estar interesado en los derechos fundamentales de los ciudadanos. En la ONU le escuchamos decir que lo que realmente le preocupa es el orden y que tenemos que escoger entre el orden y el caos: "Los sucesos de los dos últimos años nos presentan la más clara división entre aquellos que buscan el orden y aquellos que difunden el caos".

Justo antes que Bush hablara sobre sus temas preferidos (quién debe establecer el orden en Irak y cómo combatir la esclavitud sexual), escuchamos al secretario general de la ONU, Kofi Annan, para quién la libertad individual tampoco es una prioridad. Lo que él quiere es más poder para las Naciones Unidas en la lucha contra los problemas económicos y sociales del mundo. En otras palabras, Annan cree en la necesidad de establecer una autoridad mundial para dirigir y regular la sociedad humana.

Evidentemente que estos señores no creen que los problemas sociales pueden ser encarados por hombres y mujeres libres, de la mejor manera que crean, sino que el mundo entero debe ser ordenado según la visión de sus líderes.

Me temo que no encuentro mucha diferencia entre esto y la manera de pensar de los peores dictadores de la historia. Claro que estos dos señores no están dispuestos (todavía) a imponer su manera de pensar recurriendo a la brutal violencia de Stalin o Hitler. Seguramente procederán por vías más sutiles, a través de cumbres y tratados internacionales respaldados por pesados impuestos, asegurándose así que el producto de nuestro trabajo no sea desperdiciado en las cosas que nos atraen y nos gustan sino en sus grandiosos proyectos, en beneficio de la humanidad entera.

Y ¿qué de nuestros irrenunciables derechos a buscar y alcanzar nuestra propia felicidad?

Internamente y en el ámbito internacional parece que las fuerzas de la derecha y de la izquierda se aproximan. Dejarán de luchar entre sí para unirse y alcanzar el orden.

Claro que no coincidirán en todo. La derecha estará más preocupada por nuestras almas, mientras que la izquierda le preocupará más la redistribución de la riqueza. Pero esos son detalles. Lo que es crucial en ambos campos es la promoción y el crecimiento del estatismo, a la vez que el debilitamiento de todo aquello que le preocupaba tanto los próceres de la independencia estadounidense: los derechos fundamentales a la vida, libertad y propiedad.

Al ser grupos rivales por controlar el mundo, algunos serán más violentos que otros y amenazarán más a gente inocente, mientras que los otros—relativamente más civilizados—nos presentarán miles de excusas para aumentar su poder e impedir así que los bárbaros nos conquisten. Pero todo eso es cuestión de grados, depende de hasta qué punto. No es una cuestión de principio y se trata de que el poder esté fuera del alcance del resto de nosotros.

En una época Estados Unidos fue una especie de santuario para la gente políticamente oprimida del mundo, pero hoy este país avanza hacia el estatismo y las libertades individuales no son ni siquiera mencionadas en los discursos presidenciales.








 

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