. . . a 20 años, la misma lucha, el mismo enemigo.
En nuestro país el régimen democrático burgués ha cumplido 20 años y, en realidad, la burguesía no tiene mucho que festejar.
Estas democracias diseñadas por el imperialismo y las burguesías locales, como salida política ante el fenomenal desgaste de las dictaduras genocidas que aplastaron a sangre y fuego a las vanguardias revolucionarias del continente en la década del 70, nacieron sobre una montaña de muertes que aún permanecen impunes y, una vez derrotado el movimiento revolucionario y aplastados los pueblos, tanto las burguesías locales como el imperialismo, supieron generar, en las nuevas condiciones por ellos creadas, el consenso necesario para asegurar el continuismo de los intereses económicos y militares del gran capital, esta vez, "con democracia".
Hoy, esta situación está cambiando. Una nueva vanguardia se viene recomponiendo en la mayor parte del continente y, frente a estos regímenes políticos,comienzan a desarrollarse los gérmenes de la democracia obrera y popular, la de las asambleas, la de la revocación de los mandatos. A la institucionalidad de la burguesía se comienza a oponer la institucionalidad de los trabajadores. La democracia burguesa ya no es la estación terminal de las luchas obreras y populares como muchos aún pretenden hacernos creer.
En estos 20 años, los Pueblos han aprendido que con "estas democracias" no se curan, no comen ni se educan. Van aprendiendo que detrás de la democracia burguesa y del conjunto de sus instituciones se esconde la dictadura de los capitalistas. Y, como fruto de estas experiencias, con una mezcla de conciencia, hartazgo, rabia y desesperación, han comenzado a tirar abajo a innumerables gobiernos.
Es cierto que aún los trabajadores, los campesinos pobres y los pueblos originarios no hemos acumulado suficiente conciencia y medios materiales para tomar el poder e instalar nuestros propios gobiernos; es cierto que aún la burguesía, con la colaboración de muchos dirigentes de organizaciones populares, ha podido reencausar, en los marcos institucionales del sistema, a nuestras luchas. Pero el desgaste que sufren es enorme. Sus políticas ya no generan la suficiente adhesión. Si las fuerzas revolucionarias aprendemos a trabajar con paciencia, inteligencia y consecuencia, este proceso, que ha alcanzado un nuevo escalón, puede conducirnos a la revolución.
En nuestro país la burguesía tampoco tiene mucho para festejar, ¡Kirchner asume lo que ya asumió! semejante zafarrancho institucional (que de paso sirve para mostrar cual es el apego de la burguesía a sus propias leyes) no se puede comprender al margen del cuadro que describíamos como consecuencia directa de las heroicas jornadas del levantamiento popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 y de todas las luchas que lo continuaron hasta ahora.
El largo proceso de luchas y resistencia encabezado por nuestra clase transformó en esos días la crisis económica en una fenomenal crisis política barriendo con el gobierno de De la Rua. Cuestionando la legitimidad de las instituciones de la democracia burguesa, la justicia, sus fuerzas represivas y los partidos de la burguesía. "Que se vayan todos" fue la consigna que movilizó a millones de argentinos.
En esos días la lucha de clases se elevó a un escalón superior y todo el movimiento, aun con sus limitaciones, dió un gran paso adelante. Es cierto que a la crisis política no la pudimos transformar en una lucha abierta por el poder, es decir, por establecer un gobierno de los trabajadores y los sectores populares que aplique una política económica, social y cultural que impulse los cambios socialistas, arrancándole a los capitalistas los medios de producción, la tierra, los bancos, socializando la salud y la educación. Pero, la experiencia hecha durante estos dos años constituyen una firme base para continuar las luchas, tanto en el plano ideológico como en lo político práctico.
Durante este período todos hemos podido ver cómo han actuado las distintas clases y capas de la sociedad, cuáles han sido sus objetivos, cuáles son sus programas y propuestas y cómo maniobran para llevar adelante la defensa de sus intereses. La lucha de clases es una verdadera escuela y en esa escuela cada clase social y las fuerzas políticas que las representan deben rendir examen.
Por eso es importante aprender a ver en las posiciones actuales de cada clase y capa de la población como continúa lo esencial de las posiciones anteriores, como más allá de las palabras, los gestos y algunosretoques cosméticos, los intereses permanentes de la clase dominante intentan afirmarse en la nueva situación, frente a la clase oprimida. La lucha en nuestro país, mal que les pese a los promotores "de la más amplia unidad nacional" enfrenta a las dos clases fundamentales de nuestra sociedad, al proletariado i a la burguesía y el resto de las capas intermedias, la pequeña burguesía que vacila, duda y se divide permanentemente entre apoyar a una u otra.
Esclarecer estas cuestioneshacen al debate que existe entre distintas fuerzas y militantes en torno a si el ciclo abierto el 19 y 20 de diciembre ha sido cerrado o no por la burguesía a partir de la asunción de Kirchner. Nosotros, sin ignorar las modificaciones tácticas ocurridas, sostenemos que los problemas económicos fundamentales que dieron origen a dicho levantamiento popular no solo se han agravado sino que hoy toda la situación se potenció más a partir de la conformación de una vanguardia social, aun insuficiente, contradictoria e inestable, pero mucho más rica y extendida que la que existía antes de esas jornadas.
Entendemos que tal vez algunas de estas posiciones, que plantean que el ciclo se cerró, tengan su base en que no pocas de las fuerzas de izquierda que hoy sostienen estas posiciones, son las mismas que en un principio caracterizaron erróneamente a la nueva situación como una situación revolucionaria, luego apostaron a la salida institucional sumándose a las elecciones y finalmente, visto el escasísimo resultado que obtuvieron, hoy terminan concluyendo que el ciclo se ha cerrado.
Por supuesto que estas conclusiones no son neutrales a la hora de fijar las posiciones políticas, elaborar los programas y las tácticas de intervención, estas visiones necesariamente llevan a privilegiar la lucha económica reivindicativa postergando la lucha política por el poder, llevan a realizar concesiones a las posiciones de la pequeña burguesía democrática en nombre de la unidad, etc.
A nuestro entenderlas cosas no son tan así. Las propias elecciones han sido una muestra palpable de las grandes dificultades que encuentra la burguesía y sus partidos políticos para recomponer su consenso, los porcentajes de abstenciones y votos en blanco en las pricipales provincias son una muestra de esto y es evidente que tampoco ayuda a la burguesía que sus principales representantes políticos sean los mimos y desgastados corruptos y entregadores de siempre.
Es cierto que ellos hoy han logrado un cierto respiro. En lo económico van logrando una mejor situación producto de los excepcionales precios internacionales de la soja y el petróleo, una mayor exportación de productos y la sustitución de importaciones gracias a la devaluación que significó otro mazazo al bolsillo de los trabajadores activos y pasivos que continuan con su sacrificio asegurando las enormes ganancias de un puñado de capitalistas. Y en lo político "han encontrado" un hombre providencial, tal como lo define Duhalde, que no solo continua aplicando la misma política de defensa de las empresas privatizadas, que subvenciona a los bancos con miles de millones, paga la deuda externa y acuerda con el ALCA, sino que también, a los ojos de una parte del pueblo, parece "bueno y honesto", "un hombre que quiere cambiar las cosas", en verdad ¡¡Todo un hallazgo!!.
Es cierto que una parte de los trabajadores y el Pueblo, en base a sus expectativas e ilusiones, en vez de confiar en su propia fuerza y organización, creen que ahora un gobernante "bueno y honesto" les va a resolver desde el Estado lo que ellos mismos no son capaces de resolver en base a las luchas. Pero hay millones de trabajadores desocupados, millones que trabajan en negro y con salarios que los ubican por debajo de la línea de pobreza (el 48 % de la población) ¿qué tipo de gobierno puede terminar con esta situación? ¿será la propia burguesía o la clase obrera la que ponga fin a toda esta situación?
El problema que hoy esta planteado es hacia dónde se orientará la nueva vanguardia de luchadores obreros y del campo popular surgido de todo este proceso de luchas, ¿quedará prisionera de las ideas burguesas sostenidas por la dirigencia del PJ, o del reformismo pequeño burgués sostenidas po el ARI, el PS y la conducción del CTA? ¿o se constituirá en una fuerza capaz de impulsar las acciones independientes de nuestra clase?. Esta vanguardia, en la medida que se vincule a las fuerzas revolucionarias ¿será capaz de mantener con firmeza una clara línea demarcatoria entre los intereses de la burguesía y el imperialismo, por un lado, y los intereses de los trabajadiores, por el otro?. Este es el problema a resolver y, hacia dónde se orienten estos compañeros, cómo se amplíe permanentemente dicha vanguardia, constituye una de las responsabilidades fundamentales de las fuerzas revolucionarias, pues de cómo se resuleva esta cuestión depende en lo inmediato y en el largo plazo el curso, el contenido y la dirección de las luchas.
En realidad la gran burguesía y el imperialismo son conscientes de que no pueden llevar adelante su política sinliquidar, ya sea por la vía pacífica o la vía violenta, a esta vanguardia de luchadores, buena parte de la cual se expresa a través de los movimientos de trabajadores desocupados, los trabajadores de una parte de las fábricas recuperadas, los campesinos pobres de varias regiones del país y que crecientemente comienza a tomar forma entre los trabajadores ocupados a partir de las luchas por aumentos de salarios, por las ocho horas de trabajo, la seguridad e higiene y contra la burocracia sindical entre otras cosas.
Liquidar a esta vanguardia, impedir que se consolide, es el problemacentral para la burguesía, mientras Duhalde, la UIA y la mayoría de los grandes medios de difusión, alientan la represión a sangre y fuego. Un sector del gobierno entiende que ese camino por ahora no es el más apto, que hoy por hoy es preferible seguir por el camino de la cooptación de algunos, dividir a otros y ganar ideológicamente a los que puedan, pero tanto unos y otros intentan deslegitimizar a fondo todas las luchas. En este marco es necesario ver las negociaciones para la reunificación de los burócratas sindicales en una sola CGT, intentio alentado desde el propio Gobierno y que tiene otro objetivo que el de disputarle a las fuerzas de izquierda y a los revolucionarios las masas obreras y populares, ¡¡ hasta es probable que durante un tiempo veamos a no pocos burócratas reciclados como "luchadores"!!
La burguesía cuando trata de aislar a los que luchan cuentan no solo con los traidores tipo D'Elia sino también con una parte de la pequeña burguesía, el llamado progresismo, que siempre planteó el cambio de modelo (no de sistema) y que si ayer fue parte de la Alianza, hoy se suma al kirchnerismo con el argumento de que el gobierno lleva adelante su agenda, toda una confesión de parte de estos sectores.
También juegan en esto algunos sectores del nacionalismo popular que, desde el gastado maccarthismo, resucitan el latiguillo de "la izquierda que no entiende al pueblo", y ocultan su ideología burguesa tras un difuso antiimperialismo que, sin embargo, no les impidió ser parte activa del menemismo.
Todas estas posiciones están juagndo en la actual coyuntura, por eso es de fundamental importancia mantener con firmeza la lucha política e ideológica y lograr que alrededor de los actos del 19 y 20 las posiciones de lucha y confrontación con la burguesía y su gobierno tengan una alta expresión. Dichas jornadasno se pueden reducir a una "conmemoración", deben ser jornadas de lucha, de marchas y de cortes, de denuncia, sin ceder al chantaje ideológico de la derecha, de decisión para enfrentar las amenazas de represión y, fundamentalmente, para mantener en alto las banderas de un nuevo tipo de gobierno, un gobierno de los trabajadores y los sectores populares, de la democracia obrera y popular, de una nueva central de trabajadores, de la revolución y el socialismo.
Jornadas para ayudar a avanzar en la comprensión de que los gravísimos problemas económicos que sufrimos millones de trabajadores, se resuelven desde la lucha política por otro tipo de gobierno y sociedad. Para esto es necesario que los elementos más conscientes de nuestra clase se transformen en los dirigentes de todos los explotados y humillados por el capitalismo; que tengamos la capacidad de establecer una precisa política de alianzas en torno a las banderas del antiimperialismo, el anticapitalismo y por el socialismo.
Jornadas en donde quebremos las políticas oportunistas, sectarias y aparatistas de buena partede los partidos de la izquierda tradicional, para lebantar ante el conjunto de las masas un programa unificado en lo político, económico y social. El programa de la revolución y el socialismo.
Editorial de
Orientación para la Revolución Socialista (N°35-Diciembre 2003)
Periódico de Refundación Comunista Argentina