Abril 2001
BASES POLÍTICAS
POR LA CONSTRUCCIÓN DE UN PARTIDO REVOLUCIONARIO EN LA ARGENTINA PARA LA CONQUISTA DEL PODER, LA REVOLUCIÓN Y EL SOCIALISMO.
POR LA RECOMPOSICIÓN DE LAS FUERZAS REVOLUCIONARIAS DE LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO
Indice
INTRODUCCIÓN *DEFENDEMOS EL MARXISMO
*EL CAPITALISMO
*CONDICIONES ACTUALES
*TRABAJADORES Y CAPITALISMO
*TRABAJADORES Y SOCIALISMO
*EPOCA HISTORICA
*AMERICA LATINA
*ESTRUCTURA ECONÓMICO SOCIAL DE LA ARGENTINA
*El FENOMENO DEL PERONISMO.
*EL AVANCE DE LOS MONOPOLIOS
*LA DICTADURA GENOCIDA DEL 76
*EL GOBIERNO DE MENEM
*EL GOBIERNO DE DE LA RÚA
*EL RÉGIMEN POLÍTICO: BALANCE DE LA DEMOCRACIA BURGUESA
*LAS CLASES HOY
*EL PROLETARIADO
*EL CARÁCTER DE LAS LUCHAS
*EL CARÁCTER DE LA REVOLUCIÓN Y LA SOCIEDAD A LA QUE ASPIRAMOS.
*LAS OTRAS PROPUESTAS
*EL INTERNACIONALISMO.
*LA DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA.
*VIVA LA LUCHA DEL PUEBLO COLOMBIANO Y SU VANGUARDIA LAS FARC-EP.
*EL PROBLEMA DEL PODER Y LA DICTADURA DEL PROLETARIADO.
*PARTIDO
*LAS TAREAS DE ETAPA.Y LOS EJES ESTRATEGICOS DE ACUMULACION
*MOVIMIENTOS SOCIALES Y PARTIDO.
*EL TRABAJO EN EL MOVIMIENTO OBRERO Y SINDICAL
*EL TRABAJO EN LA JUVENTUD
*EL TRABAJO EN LO TERRITORIAL
*ALTERNATIVAS: GOBERNABILIDAD DEL SISTEMA, O PARTIDO REVOLUCIONARIO Y BLOQUE POPULAR QUE PONGA EL CENTRO EL TEMA DE LA TOMA DEL PODER
*
Hace poco más de un año un conjunto de organizaciones y militantes nos autoimpusimos dar un paso decisivo, aportar desde nuestras propias experiencias a la construcción de un Partido Revolucionario en nuestro país, un Partido del Proletariado sólidamente asentado en el marxismo-leninismo.
El resultado de numerosos debates quedó plasmado en el "Llamamiento a los Comunistas" aprobado el 3 de julio de 1999.
Allí señalábamos que una de las tareas fundamentales en el proceso de recomposición política e ideológica era superar la dispersión de los militantes revolucionarios, la organización en diferentes grupos y realizar todos los esfuerzos necesarios a fin de conformar sobre la base de una labor conjunta, tanto teórica como práctica, un Partido de Revolucionarios.
A este proceso nosotros lo denominamos Refundación Comunista, para señalar desde un comienzo la dirección fundamental del esfuerzo en común, se trata de recuperar el sentido crítico, revolucionario del marxismo-leninismo, e ir transitando colectivamente el camino de la revolución en nuestro país.
En este tiempo transcurrido han sido numerosos los debates entre nosotros y con otras fuerzas en pos de estos objetivos, partimos de la base que este no es un proceso acabado ni mucho menos. Entendemos que todavía a los militantes revolucionarios nos queda un camino por recorrer, que aún son muchas las fuerzas y grupos de militantes dispuestos a ser parte de este esfuerzo.
De todos modos, aquellos que desde un comienzo nos agrupamos alrededor del "Llamamiento a los Comunistas" hemos tomado una decisión fundamental en este sentido.
Decidimos, por propia voluntad y en base a los acuerdos alcanzados, autodisolver las organizaciones y grupos que hasta ahora nos contuvieron y marchar a conformar una organización común, que exprese el grado de síntesis alcanzado, y que al mismo tiempo sirva para aportar con mayor energía y unidad al objetivo de la construcción del Partido Revolucionario del Proletariado.
No nos autoproclamamos como el Partido de la Revolución, si como un destacamento leninista dispuesto a continuar dicho esfuerzo con un grado de unidad y organización superior al que teníamos hasta el momento.
Si nuestra actitud sirve para alentar a otras fuerzas a seguir por este camino, bienvenido sea, los revolucionarios necesitamos predicar con el ejemplo.
Al dar este paso somos conscientes que no todas las cuestiones políticas e ideológicas están resueltas, pero los acuerdos alcanzados y el grado de confianza política construido en este proceso son una base suficiente para asumir esta decisión.
Queda atrás una etapa caracterizada por nuestra militancia en diferentes organizaciones. Entendemos que estas jugaron un papel, que fueron el lugar desde donde en un momento de derrota en todos los planos, nos permitieron dar batalla al oportunismo, al liquidacionismo y al revisionismo, y junto a la humilde contribución que dimos al reanimamiento de las luchas obreras y populares que desde el Santiagueñazo a esta parte se vienen dando en nuestra tierra, nos han posibilitado confluir en esta instancia sintetizadora y superadora.
El documento que ponemos a consideración de nuestra militancia refleja los acuerdos ideológicos y políticos alcanzados hasta el momento. El mismo fue sometido al debate de nuestra fuerza y las opiniones vertidas fueron incorporadas porque constituyen aportes invalorables que representan en general criterios comunes del conjunto de la organización. Siendo conscientes que el mismo no es un documento acabado y para siempre, y que juega un rol fundamental en una etapa, que no podemos prefijar, sino que la vida, propia lo determinará, pretendemos que el mismo sea una herramienta orientadora para el conjunto de militantes de nuestra organización y a la vez lo ponemos en manos para su consideración de todos aquellos marxistas leninistas, que como nosotros están en una búsqueda sintetizadora y superadora, en pos de la construcción del Partido Revolucionario del Proletariado.
Porque el marxismo es la concepción del mundo y del hombre, expresiva de los intereses del proletariado y de la masa trabajadora, que se fundamenta en la ciencia. Nace en el capitalismo para desnudarlo como el último sistema de explotación de una clase sobre otra, y se desarrolla en él, porque con el capitalismo nace la clase que lo puede materializar y enriquecer, el proletariado.
Como ciencia contiene los elementos que permiten su autodesarrollo, porque en manos del proletariado revolucionario se convierte en fuerza real transformadora de la realidad, porque como ciencia se seguirá desarrollando en el propio socialismo y comunismo y será la guía para el proletariado en la construcción consciente de esas sociedades. El marxismo aún no ha brindado más que una pequeña parte de los frutos que se pueden extraer de la dialéctica revolucionaria y corresponde a los revolucionarios adecuar las formulaciones teóricas al momento y realidad actual.
Los descubrimientos teóricos del marxismo están plenamente ratificados por el transcurso del tiempo, pero dada la relación directa e inseparable entre ciencia y lucha de clases, el núcleo vital de su concepción, exige una constante investigación, reelaboración y adecuación. Recomponer la unidad entre ciencia y acción política, disociadas y víctimas de las deformaciones y vicios correspondientes - teoricismo y empirismo - no es una tarea académica, requiere la fusión de los dirigentes genuinos de masas con el pensamiento y la acción revolucionarias. Demanda el estudio sistemático, la investigación de la realidad en su permanente transformación, el seguimiento paso a paso de los hechos concretos en Argentina y el mundo, analizados desde una óptica de clase, verificando, corrigiendo en la única forma posible para los revolucionarios, que es con la práctica diaria y concreta.
Defender la vigencia revolucionaria del marxismo, la del materialismo dialéctico, implica revalorizar la actividad del hombre, quien siendo producto del desarrollo histórico de la materia, es a la vez hacedor de la historia, contra el mecanicismo que todo lo apuesta a la maduración de las condiciones objetivas. Por lo tanto el eje de esa frescura subversiva es el ser humano que sufre la explotación y es expresión de ese amor que motiva al revolucionario verdadero en la lucha sin claudicaciones contra la explotación de clases y la ira contra las injusticias. El marxismo es la teoría de la revolución proletaria.
El hombre es resultado de relaciones sociales históricamente determinadas. Para el pensamiento religioso o utopista existe una esencialidad humana abstracta que permite unir en algún punto a víctimas y victimarios. El hombre existe en la materialidad de relaciones humanas concretas, desde que la sociedad humana se dividió en clases, ha enfrentado a opresores y oprimidos, explotadores y explotados.
La propiedad de los medios de producción determina en cualquier sociedad el conjunto de las relaciones sociales y todos los aspectos de la vida humana. En el sistema capitalista de producción el trabajo es exterior al obrero, desgasta su físico y arruina su intelecto. En una sociedad que hace de la explotación del hombre por el hombre la base de su existencia, la alienación impide ver y reconocer al ser humano en uno mismo y en el que se tiene enfrente.
El capitalismo es un sistema social que inmerso en contradicciones irresolubles en su seno, de las cuales la central es la que enfrenta al capital con el trabajo, a la apropiación cada vez mas privada y a la producción cada vez más social, en su incesante ciclo de reproducción concentra las riquezas y todos los portentosos progresos en los más diversos campos de la ciencia, la técnica y el arte en cada vez menos explotadores, mientras en el otro polo, conformado por la absoluta mayoría de la humanidad crece la superexplotación, el hambre, la miseria y la marginación más aberrante.
El capitalismo no solo condiciona al hombre como individuo, sino que en el marco de su lógica de reproducción que pone en el centro de su funcionamiento el crecimiento incesante en pos del lucro individual, sin tener en cuenta las necesidades de la humanidad en su conjunto, destruye el planeta y la naturaleza, atentando contra su supervivencia.
A partir del triunfo de la contrarrevolución en la URSS y demás países socialistas en Europa, la sociedad burguesa está embriagada de placer y entona cantos de alegría y de distensión sin parangón en los 70 años anteriores a 1991. La digna señora historia, parece decir, ha enseñado por fin a los "visionarios", a los "profetas", a los "utopistas" y a los ''voluntaristas" que sus "sueños" han concluido y que la "realidad" siempre se impone. Y esa realidad no es otra que la sociedad del capital, de los negocios, y de la ganancia y tan "natural'' y "necesaria" como el aire, el sol, los mares o las galaxias siderales.
Sin la pesadilla del desafío comunista, la burguesía se ha dispuesto a ejercer el dominio onnímodo en la producción, la fuerza militar y la política, haciendo sentir el peso de su poder económico, ideológico y hasta cultural, sin tener limitaciones que no surjan de sus propias decisiones y objetivos planteados.
El medio siglo transcurrido desde la Segunda Guerra Mundial hasta ahora, que contiene llamada "edad dorada" del capitalismo (1950-1975), parece otorgar visos de seriedad y de confirmación a aquella postura triunfalista y ensordecedora: digámoslo sin titubeos, el capitalismo ha mostrado al mundo y a sí mismo una versatilidad y capacidad de adaptación desconcertantes extendiendo no sólo su dominio sino, sobre todo, en la última década, la aceptación de su forma productiva bajo las bondades del mercado, que no es otra cosa que las maldades del capital.
Durante esta época la burguesía como clase dominante en su sociedad y su Estado, ha producido de modo constante, notables impactos en el proceso social de producción.Como ella no puede vivir y reproducirse si no es con continuos y cada vez mayores procedimientos que revolucionan las técnicas productivas y con ellas las relaciones sociales, ha llevado adelante una etapa de gigantesca concentración del capital y centralización de la propiedad, apoyada en las formas estatal-monopolistas alcanzadas en la etapa anterior, cuya consecuencia más importante ha sido la "trasnacionalización" del capital. Brevemente expuesto la dinámica de la movilidad del capital ha plasmado en la "mundialización del proceso de producción" de mercancías y por tanto de la reproducción del capital a escala mundial.
Ello no pudo haber sido posible sin los cambios violentos producidos por medio de las innovaciones informática y robótica que han modificado no sólo la calificación y productividad del trabajo asalariado, sino la organización del trabajo mismo tanto en su faz tecnológica como social. Técnica por cuanto se requiere de un trabajo con más componente de conocimiento que de habilidad, y social porque arrastra a oficios, profesiones y actividades antes independientes al torrente de la venta asalariada de su capacidad productiva.
Los cambios en el nivel mundial del proceso productivo, sin embargo, no hubieran podido materializarse si con antelación no se hubieran creado las condiciones que favorecen y estimulan su expansión por medio de una también mundialización del proceso de circulación de mercancías y sobre todo de capital. El capital financiero ha reforzado su dominio, ha autonomizado su función elemental de carácter crediticio y especulativo adquiriendo no sólo nivel mundial sino prepotencia política al someter ramas, regiones y países enteros a sus fines rentísticos.
Cada vez más universal, el capital financiero actual ha devenido de ficticio con movimientos y funciones limitadas hace un siglo en "virtual", de existencia real, pero inaprehensible por la fugacidad de sus apariciones y por la velocidad de sus fluctuaciones en los mercados principales del mundo. Nada escapa a su dominio aunque él mismo no pueda ser ya atrapado por los poderes públicos y hasta por los mismos inversores y especuladores. La criatura es ingobernable por la potencia e independencia que muestra y se vuelve contra sus propios hacedores como una creación mágica que el brujo ya no maneja más.
No menos afectada que los dos procesos anteriores, la población como destinataria final de la masa de mercancías y de servicios de toda índole ha visto también revolucionado sus hábitos y modalidades seculares de consumo y abastecimiento tanto individual como familiar. El capital se cuida de cubrir sobradamente sus necesidades básicas y transformándolas en cantidad y calidad ha convertido a una parte de la población de consumidores en máquinas acuciadas por la "ansiedad" del gasto y la compulsión al despilfarro. Al transformar el consumo de lo que fuera una pura circunstancia de necesidad individual en eslabón de un proceso social atado a la ley de la ganancia y el capital "se crea" su propio tipo de consumidor en la figura de un "devorador" insaciable de productos cualesquiera para reproducir su vida y al mismo tiempo una vez cubierta su cuota necesaria, la de un dilapidador enajenado para mayor satisfacción de su amo el capital. El capital engendra su consumidor y al mismo tiempo lo tritura al explotarle necesidades fabricadas para producir negocios. Como contrapartida amplios sectores de la población son excluidos del sistema y su subsistencia ha pasado a depender de una vergonzosa mendicidad que alimenta el clientelismo político.
Tales portentosos cambios, por supuesto no han tocado el proceso de apropiación privada. Propietaria del capital, dueña de los medios de producción e intercambio la burguesía no ha cambiado un ápice en la apropiación y administración de lo que concibe como de su exclusiva incumbencia: disponer a su arbitrio del plus valor social y someterla a sus decisiones así éstas estén mediadas por toda la estructura de gestión a cargo de una enorme franja de empleados al servicio de ella.
Pero el propio sistema que ha provocado tales cambios ha experimentado modificaciones en su desenvolvimiento y en la dinámica de funcionamiento del capital. La posición central del Estado en la moderación de los momentos más agudos de las crisis cíclicas y en la regulación de los mercados monetarios que impactan en el mecanismo del crédito, la tasa de interés y las oscilaciones de los precios, y esto último aún cuando la volatilidad de la globalización se ha hecho ya presente, han convertido las relaciones capital y mercado, capital y trabajo, capital y Estado, en relaciones cada vez más previsibles, cada vez menos sujetas a una inexistente "mano invisible" de mercado libre, muy alejado ya de las formas caóticas de antaño. La planeación económico-social se ha ido metiendo en la vida de la producción burguesa como una necesidad de su propia existencia no obstante que contradiga sus principios esenciales de carácter competitivo y aún si la apelación al Estado y la previsión planeada sufren a cada tanto el embate de la propia burguesía que no ve con buenos ojos tales "extensiones" indeseables de esas instituciones, embates tanto más fuertes o tanto más débiles en función de los espasmos de los negocios y de la caída de las ganancias establecidos por la recurrencia de las recesiones cíclicas.
Pero en todos los aspectos decisivos de la vida la sociedad burguesa está sometida a fuerzas contrapuestas, todo el fabuloso despliegue que manifiesta en la producción y circulación, distribución y consumo no vienen sin su contrapartida opuesta. Es cierto la burguesía ha universalizado su sociedad y por tanto sus valores, pero al hacerlo así no ha podido dejar tampoco de universalizar y agudizar la explotación económica del trabajo; las desigualdades sociales; las injusticias; la miseria y fuera del mundo industrializado más desarrollado pero perteneciente al capitalismo como sistema mundial que constituyen su legado y la consecuencia inevitable de tal expansión. Concentración de la riqueza en unos pocos países y diseminación de la pobreza en el resto del mundo capitalista. El capitalismo no puede universalizar su sociedad sin universalizar sus contradicciones.
La historia del capitalismo, nos muestra el desarrollo desigual de los distintos paises y como Africa, Asia y America Latina fueron siempre los abastecedeores de la materia prima que necesitaban los paises centrales. Paises, coloniales, semicoloniales, dependientes, periféricos, los llamados paises del tercer mundo, fueron y son garantía para que el capitalismo pueda mantener y elevar el nivel de vida de sus propios paises. Materia prima regalada, mano de obra más que barata, superexplotación, gobiernos y burguesias locales condicionadas a los dictados del imperio se verifican con algunas cifras escalofriantes,2.800millones de seres humanos del mundo (casi la mitad de la población mundial) gana menos de 2 dólares diarios, 1.200 millones ganan menos de 1 dólar diario , la mitad de la poblacion infantil menor de 5 años padece desnutricion. En 1987 en Africa había 217 millones de pobres , en 1990 la cifra aumentó a 290 millones. En igual periodo en América Latina se pasó de 63millones a 78 y en Europa ( tomando Europa del Este) ex paises del socialismo de1 millon de pobres se pasó a 24 millones. Estas cifras son del F.M.I. Estas pocos datos vienen bien para recordarnos como crece y se desarrolla el capitalismo.
Y junto con aquella riqueza-miseria, concentración del capital - diseminación de la explotación, progreso - atraso combinados y presuponiéndose uno al otro, por tanto con el descubrimiento hecho por la economía política científica de que la sociedad burguesa no es otra cosa que una forma histórica más de la explotación del hombre por el hombre, esa misma clase social y esa misma civilización del capital estatuye la aparición de una poderosa nueva situación que amenaza a la humanidad y su futuro. Aquellos fenomenales logros lo son ya no sólo a costa de explotar la fuerza de trabajo sino también a costa de la explotación-depredación de los recursos naturales y del medio ambiente. Deforestación, polución, desertificación, contaminación hídrica, agotamiento de yacimientos, etc. constituyen una formidable acta de acusación no del uso de la tecnología y la industria sino del modo capitalista de tal uso destinada a exprimir trabajo y ahora expoliar recursos naturales para producir y valorizar el capital y sus ganancias.
He aquí como la burguesía y su amo el capital pone a los explotados ante el dilema de aceptar su mundo de latrocinios y ganancias con aquellas consecuencias, es decir, la barbarie o la necesidad imperativa de su reemplazo, incluso para conservar los notables logros obtenidos bajo esta forma social y económica que ha devenido en irracional, despilfarradora y destructora, constituyéndose en una peligro de nuevas y mayores atrocidades si la burguesía no es finalmente eliminada. El dilema no es capitalismo o barbarie, es en realidad la existencia misma del capitalismo lo que conduce a la barbarie.El dilema real para los explotados es aceptar este sistema , bárbaro, injusto, inhumano que es el capitalismo, o luchar por una nueva sociedad, que termine con el capitalismo para siempre, el socialismo.
El imponente desarrollo de la burguesía y su sistema económico-social no es otra cosa que el desarrollo de una no menos imponente expansión y profundidad mundial de sus antagonismos sociales: lucha de clases de carácter universal y en cada país, región y tiempo adecuada al grado de evolución alcanzado por sus relaciones económicas capitalistas. Brevemente: el conflicto, la oposición, la diferencia y la beligerancia entre las clases no ha sido eliminado. Y no puede hacerlo el capital porque es un hecho inherente a su fundamento. No es una "teoría" o una hipótesis, es una realidad, candente o atenuada, pero realidad y no "doctrina".
La sociedad burguesa tomó debida nota del colapso productivo y ocupacional durante la larga etapa depresiva transcurrida entre 1914 - 1950, que originó en todo el mundo reacciones, movimientos y cambios políticos mayúsculos. Circunstancia que para ella se volvió altamente peligrosa con la aparición de lo que a partir de entonces se conocería como el campo socialista, sociedad comunista, o economías centralmente planificadas, entre cuyos logros mayores se contaba la superación de las crisis económicas, la plena ocupación de los trabajadores, la estabilidad monetaria, una capacidad de gasto creciente, salud, educación, dignidad y la superación de la incertidumbre en el mañana una vez llegado al fin de su etapa productiva mediante una política social que despejaba su futuro de contingencias gravosas.
La política económica y las relaciones de la burguesía en su propio campo y respecto de sus propios trabajadores se sintió obligada a cambiar: había un desafío de otro sistema y había que combatirlo en la producción y en el nivel de vida y conciencia de los trabajadores, y al mismo tiempo no olvidar las provocaciones militares y los chantajes en las relaciones internacionales que pasó a llamar "guerra fría". Era la guerra de la burguesía contra los trabajadores, era la guerra del capital contra el trabajo, era la guerra del explotador contra el explotado, era la guerra de los cruzados burgueses contra los herejes comunistas. Le iba en ello su propia existencia.
El Estado ocupó de este modo el rol central de motor de la economía, con políticas anticíclicas y de pleno empleo, de altas inversiones estatales como sostén y reactivación de las privadas de manera que junto con los "estabilizadores automáticos" del consumo erigieron una sociedad capitalista que no fuera el sinónimo de un infierno para sus miembros y empezaran a ver sus costados más benignos y halagüeños. La burguesía aceptó a regañadientes, pero aceptó la construcción de un "Estado Benefactor" que funcionó de maravillas en la década dorada (50 - 75)."Estado de Bienestar" en los paises capitalistas desarrollados, en gran parte gracias al despojo sufrido por los paises del tercer mundo.
Fueron cambios y modificaciones que obligaron también a las clases participantes a cambiar sus expectativas y voluntades. En particular la oposición de los movimientos obreros, políticos y sindicales, se atenuaron, el standard o nivel de consumo se había elevado y la vida se había vuelto más "llevadera". Las cadenas del trabajo asalariado se fueron "dulcificando" y "atenuando" su opresión. La burguesía y el capital ganaban su apuesta, su enemigo interno estaba siendo cooptado o aniquilado y desaparecería la amenaza interna a su dominio.
Simultáneamente y como consecuencia del cambio de correlación de fuerzas internacional, comienza a cobrar auge el despertar político de los pueblos explotados, marginados y excluidos de la periferia capitalista de Asia, Africa y América Latina. Cobran relevancia los movimientos de liberación nacional y los procesos políticos de independencia económica. Este nuevo frente estaba conformado por un amplio abanico de clases y sectores sociales, desde sectores de la burguesía, para mejorar sus condiciones frente al imperialismo, pero sin cuestionar la explotación del hombre por el hombre, hasta movimientos combativos con una decidida perspectiva socialista.
El despertar de la conciencia de las amplias masas, influenciadas directamente por la existencia del campo socialista puso en retirada el vergonzoso régimen del colonialismo, así como los aspectos más irritables de discriminación racial en el propio corazón del imperio. El triunfo de la revolución cubana, duro revés, especialmente para EEUU, su influencia directa y su papel definitorio en la destrucción del apartheid, junto a los combatientes Angoleños y la lucha del Congreso Nacional Africano de Mandela, la derrota sufrida por las propias tropas estadounidenses en Vietnam, y las grandes movilizaciones de todos los pueblos en solidaridad con el heroico pueblo vietnamita, los ejemplos imborrables y conmovedores de internacionalismo, donde como nunca combatientes marcharon a otras tierras a luchar por la causa de los oprimidos (España, Nicaragua, Salvador etc.) podrían ser ejemplos multiplicadores que la burguesía debía frenar a tiempo. Por lo tanto tuvo la capacidad de sacar conclusiones de cada derrota y buscar respuestas a distintos problemas, elaborando y procesando una doctrina contrarrevolucionaria. Ante el desafío de una nueva forma de producción respondió con una acelerada difusión de la ciencia aplicada a la industria y a la sofisticación del proceso de trabajo que aún marchando con retraso entre descubrimiento y aplicación vigorizó los procedimientos del capital en la innovación tecnológica. Al desafío militar respondió con una renovada y modernizada estructura de fuerzas de combate en permanente vigilia a cargo de un presupuesto estatal de guerra abultada y creciente, A los reclamos y exigencias de su propia fuerza de trabajo, acudió con políticas sociales antes jamás aceptadas. Así además del reconocimiento legal y formal de los sindicatos, legisló en materia laboral, en materia social (vivienda, salud, vejez, seguro de desocupación, etc.). A la rebelión de los pueblos marginados respondió con planes de ayuda al "desarrollo" y apoyo a los caminos económicos que condujeran a la instauración de formas capitalistas para oponerlas al "otro camino" el del socialismo. Y cuando esto no alcanzó usó llanamente de la invasión militar, o la instauración directa de regímenes dictatoriales apoyando y financiando a gobiernos terroristas. Si "la democracia" en favor del capital no alcanzaba, el arma elegida era el terrorismo de Estado.
El triunfo de la Revolución Socialista de Octubre constituyó la primera ruptura del orden capitalista mundial, la primera vez que obreros, campesinos y demás sectores explotados, dirigidos por su Partido de vanguardia, el Partido Bolchevique encabezado por Lenin, destruyeron el estado burgués y comenzaron a construir la nueva sociedad. Sin duda la Revolución de Octubre fue el acontecimiento que abrió una nueva etapa en la historia de la humanidad, la más importante, la época de las revoluciones socialistas.
Se obtuvieron éxitos de enorme trascendencia histórica: se industrializó el país, se colectivizó el campo incrementándose la producción en general, dando lugar a la construcción de un poderoso país multinacional que pudo enfrentar y derrotar la agresión de la coalición del imperialismo y el nazi fascismo encabezada por Alemania, convirtiéndose en una nueva hazaña de la sociedad socialista en conformación.
La Revolución de Octubre de 1917 había despertado un entusiasmo mundial en los trabajadores y desposeídos de todo el mundo. Una nueva sociedad despojada del despotismo de la burguesía y el yugo odioso del capital se ofrecía a la humanidad constituyendo con su sola presencia una esperanza y un objetivo para los trabajadores de otros países. La consolidación y expansión que la construcción de la nueva sociedad experimentó luego de la segunda guerra mundial, y la nueva oleada revolucionaria en Europa del Este y en Asia, con el triunfo en el país más poblado y atrasado de la tierra, China, significando un gran impulso al proceso de lucha de la Clase Obrera y los pueblos por su emancipación, luego continuaría con el triunfo en Corea, en Cuba en el Vietnam. Se auguraba un pronto fin de las calamidades del sistema capitalista y del mismo sistema. La URSS había pasado las tremendas turbulencias provocadas por la onda larga de la crisis de los 30 sin sufrirla, y ambas guerras, sin el flagelo desesperante de la desocupación masiva, sin la deflación, y sin las atroces consecuencias que representaba para los trabajadores. Más todavía, la victoria militar final del Ejército Rojo sobre la reacción capitalista burguesa más rabiosa y nefasta que fue el nazismo y sus variantes, volvió a provocar una oleada de admiración hacia ese pueblo y sus trabajadores y por consiguiente hacia ese sistema que prácticamente de la nada había sostenido y librado una guerra que la burguesía preparó para hacer desaparecer el socialismo y que en su conclusión se volvía contra ella: nacía el sistema de naciones socialistas. Los trabajadores del mundo gozaban de la ruptura de sus cadenas y golpeaban las puertas de la ciudadela más avanzada del capitalismo: Europa y EE.UU.
El Socialismo como nuevo sistema de relaciones económicas y sociales ofrecía una alternativa ante el mundo y ante los trabajadores. ¿Cuál era tal nuevo sistema? Se había abolido la propiedad privada capitalista por la propiedad estatal, la propiedad cooperativa y pequeñas islas insignificantes de propiedad privada personal, siendo la propiedad estatal la principal y dominante. Se había sustituido los millones de decisiones individuales de los capitalistas y el mercado por una centralización de las decisiones en un organismo del Estado que planificaba inversiones, costos, producción, cantidad, calidad,transportes, precios, y excedente.
Se había eliminado la competencia entre trabajadores por un empleo que funciona como reguladora del nivel de ocupación y del salario, por el principio "el que no trabaja no come" desapareciendo por tanto el temido y odiado desempleo característica del capitalismo. Se habían establecido los derechos económicos y sociales de la fuerza de trabajo. Se estatuyó la función sindical como coadyuvante de la potencia del Estado para construir la nueva sociedad y superar en el menor tiempo posible la brecha entre el capitalismo más desarrollado y el Socialismo que habla partido en uno de los países mas atrasados de la tierra en el que era posible encontrar todavía en este siglo la existencia de propiedad y producción comunal, mezclada con formas feudales estancadas cual si aún se estuviera en plena Edad Media europea. Propiedad estatal planificación centralizada, estabilidad de precios, obligación del trabajo, producción social del excedente y distribución social del mismo, hacían de la nueva formación económico-social una realidad sólida en el terreno de las relaciones jurídico-materiales.
Pero al mismo tiempo se desarrollaron un conjunto de errores y desviaciones, que perjudicaron no solamente el avance de construcción del socialismo en la URSS, sino que influyeron negativamente en el movimiento comunista internacional. Entendemos que estos errores y desviaciones, que se basan fundamentalmente en subestimar el rol de la conciencia, así como del papel que deben jugar las masas, especialmente el proletariado, en el proceso de transitar un camino nuevo hacia la formación de esa sociedad que es la sociedad socialista, y que se verificó en aspectos concretos, de los cuales sólo mencionaremos algunos, ya que desde Refundación Comunista debemos analizar más a fondo la experiencia para aportar críticamente, en función de la óptica del socialismo científico, y que estos análisis nos permitan avanzar en nuestros objetivos y aportar para que los mismos no se repitan.
El culto a la personalidad, las violaciones al centralismo democrático, el comienzo del proceso de burocratización, que se fue perpetuando, reproduciendo y cuidando sus intereses como una casta, la carencia de una extensión y desarrollo de derechos personales, civiles y políticos para todo el pueblo trabajador, y como consecuencia de ello, la exclusión de una verdadera participación en las decisiones diarias en las empresas y en la orientación del Estado, hicieron que el proletariado imbuido en un clima de conveniencias personales terminara percibiendo como algo ajeno su sociedad, su Estado, su ideología y su propio partido. Esta casta fue dando origen a los nuevos ricos y privilegiados, que se fueron apoderando de las estructuras de las empresas, del Estado y del Partido. Mucho antes de caer la URSS y con ella el campo socialista, ya estaba vaciada y comandada por una horda de delincuentes, usurpadores y contrarevolucionarios que trabajaron conscientemente por derrumbar a su enemigo: el comunismo y los trabajadores.
Entendemos que estos errores y desviaciones deben ser analizados crítica y autocríticamente dentro del contexto histórico concreto en el que se produjeron ya la revolución no es como la sueñan los profesores burgueses en sus siestas de biblioteca, sino tal cual emerge del laboratorio implacable de la historia, con las masas como protagonistas, y así debemos asumirla los Marxistas Leninistas.
Si bien la defensa del campo Socialista era un deber ineludible del movimiento comunista, se tendió a olvidar la necesidad de una posición autónoma de las organizaciones revolucionarias en relación con los Estados Socialistas. Se confundió la política exterior de los estados con la política de los partidos, incluso de aquellos que no estaban en el poder y de muchos que producto de estas cuestiones, se alejaban concretamente de la lucha por el poder.
En ese momento histórico era difícil sustraerse de la influencia, de la URSS y el PCUS, primer país donde triunfa la Revolución, que salía airosa luego de vencer al nazi fascismo y se iba reconstruyendo aceleradamente. Ello impidió la adopción de una posición autónoma de los PPCC, basada en los intereses de clase en cada país y a nivel internacional, que hubiera podido consolidar una base más firme de defensa de las conquistas del Socialismo. Desde el PCUS se "decidía" la política de muchos PPCC. Avanzaron concepciones que se contraponían con el marxismo Leninismo. Se confundió Internacionalismo Proletario al reemplazarlo en la práctica por el concepto de solidaridad, supeditando en consecuencia las políticas de dichos partidos a las "necesidades de no recalentar" el mundo para no afectar la política de "coesxistencia pacífica".
La concepción que negaba la existencia de la lucha de clases en los países donde se estaba transitando el camino al socialismo, que llevó entre otras cosas a considerar al Partido no ya de la clase obrera sino de "todo el pueblo", la concepción de la posibilidad de la "coexistencia pacífica" entre los sistemas políticos y económicos en lucha, entre el Socialismo y el Imperialismo, contribuyó a reforzar las posiciones reformistas y oportunistas en los Partidos Comunistas a nivel internacional. A la vez se fue configurando la tesis errónea que consideraba que en la competencia económica entre los sistemas, el socialismo tenía asegurada su victoria, negando en los hechos que este era un problema político de confrontación de clases a nivel mundial, y no meramente económico. En ese sentido, consideramos que estas concepciones se consolidaron en los contenidos reformistas y de conciliación de clases del XX Congreso del PCUS de 1956.
En América Latina la búsqueda de una vía pacífica, parlamentaria al Socialismo, llevó a la mayor parte de los Partidos Comunistas a no asumir las tareas que correspondían al auge de las luchas del proletariado y de los movimientos de masas a fines de la década del 60 y principios de la del 70, estas concepciones que se emparentaban con la sobreestimación de las contradicciones secundarias de fracciones de las burguesías locales de los países dependientes, y el Imperialismo y el gran capital financiero, dieron lugar a las visiones de Revoluciones Democrático-Burguesas, Agrarias, Populares y Antiimperialistas que significó en los hechos el alejamiento de la perspectiva de la Revolución Socialista.
El abandono de las posiciones revolucionarias, producto de las desviaciones ideológicas reformistas, la utilización del marxismo-leninismo como un dogma, cristalizándolo y no enriqueciéndolo a partir de no concebirlo como lo que es: una guía para la acción, dejó al enemigo campo libre, para que como siempre ha hecho, y lo seguirá haciendo, profundizar estas desviaciones. Desde las ya mencionadas, al "browderismo", surgido durante la Segunda Guerra con el argumento de la colaboración entre el imperialismo y el socialismo, pasando por las teorías mecanicistas, y de tránsito pacífico al socialismo, hasta el ejemplo de supuestos "teóricos" de la "Nueva Izquierda" que a partir de discursos altamente "revolucionarios", elaboran pensamientos que cuestionan la lucha por el poder y de cambio del sujeto social de la revolución, etc., y que en definitiva niegan la posibilidad de la lucha del proletariado y el pueblo por el socialismo.
Los comunistas estamos inspirados por los más grandes sentimientos de amor, y debemos esforzarnos por avanzar permanentemente, por sacarnos de encima las lacras que arrastramos con nosotros que son parte de la formación burguesa del hombre, la salida individual, el egoísmo, valores que solo seremos capaces de liquidar a partir de un accionar consciente, contra todas las posibles desviaciones que nos alejen de los principios del marxismo leninismo. La acción contrarrevolucionaria se determina por la acción consciente de los enemigos internos y externos y por los errores propios de los revolucionarios, que conscientes o no frenan el desarrollo de la revolución " Revolución que no avanza retrocede" y el camino de ese retroceso es la derrota.
Mientras tanto nuevas oleadas de revolucionarios nos inspiramos en la gloriosa Revolución de Octubre, así como en las distintas Revoluciones de nuestro siglo, hayan triunfado o no, para luchar contra el avance de los planes imperialistas, tratando de extraer conclusiones, de aprender de los aciertos y de los errores. Nos seguimos esforzando por avanzar desde lo teórico y practico, con las ideas del socialismo científico para poder triunfar en la lucha por la destrucción del capitalismo y comenzar la construcción del único sistema capaz de librar al hombre de todo tipo de explotación e injusticia, el Socialismo y el Comunismo.
En una etapa caracterizada por el predominio del capital financiero y los monopolios, que trasciende a un nivel superior las fronteras nacionales, la unidad de los Comunistas, de los revolucionarios, en todo el mundo, es imprescindible para tener perspectivas de éxito en las luchas por el Socialismo. En esta etapa consideramos de vital importancia la posibilidad de participar en todos los ámbitos de debate de quienes se proclaman marxistas-leninistas y revolucionarios, y a partir de allí ir profundizando las relaciones bilaterales y multilaterales, poniendo el acento en nuestro continente en general y en el Cono Sur en particular.
Tanto bajo las nunca terminadas luchas dentro del capitalismo como el aleccionador ejemplo de la URSS queda para los trabajadores de todo el mundo una nueva y vieja verdad que se alza como un mandamiento: ¡Trabajadores del mundo la liberación de toda opresión económica y social es obra de los propios trabajadores unidos y conscientes!
El Capitalismo, en su fase imperialista, ha profundizado en el transcurso del siglo su carácter monopólico y parasitario, acumulando contradicciones que potencian su esencia explotadora colonial y asesina. El Imperialismo es hoy el sistema de dominación mundial del Capitalismo. Se encuentra asentado en bloques económicos que se disputan la hegemonía en la distribución y posesión de las riquezas. Estos Bloques expresan los intereses de burguesías concretas con sede en países específicos que a su vez tienen regiones de influencia: EEEUU y América, Alemania y Europa, Japón y el sudeste asiático. Los Bloques Imperialistas mantienen y consolidan el esquema de áreas de interés vital por las que combatieron estas potencias durante la Segunda Guerra Mundial.
El predominio del capital financiero no niega ni reduce el papel dominante del Imperialismo en los planos políticos, económicos, ideológicos y militares, como pretenden algunos predicadores de la "globalización". Por el contrario, la guerra económica es actualmente uno de los principales terrenos en donde se libra la batalla por la hegemonía. Esta lucha por la máxima ganancia, inherente al desarrollo objetivo del Capitalismo, destruye constantemente fuerzas productivas y obliga a los Bloques Imperialistas a conquistar nuevos mercados y a explotar más intensamente los existentes. Cada año aumenta la desproporción en la distribución de las riquezas, entre el porcentaje decreciente que reciben los trabajadores y el porcentaje creciente que extraen las multinacionales.
El Capitalismo no puede solucionar los dramas que sufre la humanidad. Por el contrario, es su propia dinámica interna la que los produce. Su objetivo, su fin último y central, es la extracción de plusvalía y la acumulación y reproducción del capital. La continuidad del Capitalismo implica un freno objetivo en el desarrollo de las fuerzas productivas, en el sentido de las necesidades de la inmensa mayoría de la población. Por sus intereses se reprimen las luchas que libran el Proletariado y los pueblos en contra del hambre, la mortalidad, la desocupación, la falta de salud, vivienda, educación y libertad, que es el paisaje común en la mayoría de los países del planeta. Para conservar su dominio, el Capitalismo sigue produciendo focos de conflicto y destrucción, manteniéndose latente la posibilidad de una nueva guerra mundial entre los Bloques Imperialistas para solucionar su crisis actual.
Sólo el Socialismo puede iniciar el proceso tendiente a superar las lacras del Capitalismo, terminando con la explotación del hombre por el hombre, y desarrollando todo el potencial técnico, científico, natural y cultural de acuerdos a las necesidades del conjunto de la sociedad y no a las del mercado, asegurando el futuro del conjunto de la humanidad.
La contradicción fundamental de nuestra época es entre la burguesía y el proletariado, entre el Imperialismo, como expresión de los intereses del Capitalismo, y el Socialismo, expresión de los intereses del Proletariado y las masas trabajadoras y explotadas del mundo, junto a esta que es la determinante se dan otras contradicciones, entre los distintos bloques imperialistas, y entre éste y los pueblos de los países dependientes. En definitiva estamos en la época del tránsito histórico del Capitalismo al Socialismo, del Imperialismo y la Revolución Proletaria.
La formación de mercados regionales, como el Mercosur y el NAFTA, continúa con las directrices del Imperialismo norteamericano tendientes a abaratar los costos de producción, nivelando los procesos de ajuste y las privatizaciones. Con estos mercados regionales, el imperialismo yanqui intenta en el marco de la disputa interimperialista con la Unión Europea y Japón llevar a la práctica la "Iniciativa para las Américas" de Bush, cuyo objetivo es lograr la creación de un estratégico mercado común desde Alaska hasta Tierra del Fuego bajo el control de EEUU. La finalidad de estas políticas es aumentar varias veces la extracción de ganancias, intensificar el control de la región y asegurar a América Latina como su "patio trasero" en la pelea por los mercados con los otros Bloques Imperialistas.
El actual esquema de explotación y dominación que sufren el proletariado y los pueblos en nuestro continente se asienta sobre la profunda reconversión que soportaron las economías de la región en las décadas del 70 y del 80. Esta verdadera sangría económica sólo fue posible con el acuerdo y la participación de los sectores más concentrados de las burguesías locales y la complicidad de las burocracias políticas, sindicales y de la Iglesia. La reconversión económica se realizó en el marco del terrorismo de estado, que desataron las Dictaduras Militares, con su cuota de decenas de miles de asesinados, desaparecidos, campos de concentración y torturas. Estas Dictaduras siguieron al pie de la letra los métodos represivos aprendidos en las academias militares norteamericanas y las instrucciones de la CIA. Bajo la doctrina del "enemigo interno", lograron quebrar la posibilidad de respuesta organizada y revolucionaria, y derrotar en esa etapa el auge de masas y los proyectos hacia la liberación y el Socialismo que existían en América Latina.
Una vez lograda esta tarea, manchadas con sangre y por los efectos de sus políticas recesivas, las Dictaduras eran un enemigo de fácil identificación para las masas. Es en este marco que los EEUU comienzan a aplicar sus nuevas políticas, bajo la orientación del llamado Comité Consultivo de Santa Fe (California, EEUU), inspirado por los más grandes capitalistas y los principales militares del Pentágono. Este Comité realizó una sistematización y reactualización de las formas clásicas de dominación, incorporando el análisis de sus derrotas y de las teorías revolucionarias, y produjo dos documentos conocidos como Santa Fe I y II. Estos documentos representan un salto cualitativo en la visualización de todos los recursos, desde los más sutiles hasta los más bestiales, para mantener la dominación norteamericana en América Latina.
En Santa Fe I se plantea con fuerza una ofensiva ideológica poniendo énfasis en la propaganda y en la educación. En un párrafo se lee: "la educación es el medio por el cual las culturas transmiten y promueven su pasado o como se ve a éste tanto como el futuro. El mañana está en manos de quienes hoy están siendo educados, deberíamos exportar ideas e imágenes que alienten la libertad individual y la propiedad individual".
En Santa Fe II se avanza en el planteamiento de las democracias restringidas: "Al parecer el mayor éxito del gobierno de Reagan en América Latina fue el retorno de la democracia...Nuestro concepto del Régimen comprende tanto al gobierno temporal como al permanente. En una democracia, el gobierno temporal es el funcionario electo. El gobierno permanente lo constituyen las burocracias y estructuras institucionales que no cambian como resultado de las elecciones, por ejemplo las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y la burocracia civil. Para que la sociedad se mantenga democrática, ésta debe exigirle al régimen responsabilidad. Ello exige una comprensión de la verdadera naturaleza del estatitsmo. EEUU no puede sólo interesarse por los procesos democráticos formales, sino que debe establecer programas para apoyar la democracia entre la burocracia permanente, incluyendo las Fuerzas Armadas y la cultura política. EEUU debe estar preparado para ampliar programas de asistencia militar a las Fuerzas Armadas latinoamericanas como parte de su reconocimiento de que las insurgencias nativas son explotadas y agravadas desde el exterior. La complejidad del desarrollo requiere una respuesta global de nuestra sociedad".
En estos documentos, aparece el concepto estratégico de "Defensa interna en el exterior" con el cual se justifica cualquier acción tanto política como de espionaje, económica o militar, tendiente a neutralizar toda situación que ponga o pueda poner en peligro un área de interés para los EEUU. De este concepto se desprenden las formas de operar en los "conflictos de baja intensidad" que no son otra cosa que las situaciones creadas por las fuerzas revolucionarias, tanto en su etapa inicial o de preparación como en el de la confrontación directa. Las acciones planificadas y contenidas en los manuales del Departamento de Defensa norteamericano van desde la eliminación física preventiva hasta la invasión militar masiva al país sede del conflicto, donde operen "fuerzas insurgentes nativas", como ellos las denominan.
Las democracias burguesas existentes en América Latina son la continuidad de las políticas imperialista, asentadas obre la derrota del campo popular. Están sostenidas por un andamiaje cultural político-militar que responde a los lineamientos de Santa Fe I y II, dándole con su cuota de seguridad jurídica y elecciones periódicas un manto de legitimidad a los planes de dominación.
Estos conceptos fueron llevados a la práctica en América Latina, construyendo consensos con masivas y millonarias campañas publicitarias, más la adecuación de las Constituciones y de los marcos legales para la etapa. Este esquema se verificó entre otros en la supresión del Parlamento en Perú, en la guerra abierta en Colombia con leyes constitucionales, en el Gobierno por decreto de Menem en la Argentina, en la profundización del hambre con aprobación parlamentaria en Brasil, el cogobierno de Pinochet en Chile, etcétera. En ninguno de estos casos se cuestiona la legalidad de estas políticas.
Los revolucionarios no debemos confundir la defensa irrestricta de los Derechos Democráticos del proletariado y las masas, y la lucha por ampliar estos derechos, con la defensa de las democracias burguesas vigentes en América Latina, que son la forma superestructural actual de la dictadura del Capital, del dominio de una minoría explotadora sobre la inmensa mayoría explotada y verdadero mecanismo de sometimiento colonial del Imperialismo.
Los comunistas debemos luchar junto a las masas populares por la destrucción del aparato de dominación del Estado burgués y de su estructura económica, jurídica y militar, por el establecimiento de un régimen auténticamente democrático que se construye únicamente en el Socialismo, en la dictadura del proletariado entendida como el gobierno de la mayoría del pueblo trabajador sobre las minorías explotadoras.
En el marco de las democracias restringidas, se viene operando un acelerado reposicionamiento tanto de la Iglesia como de las FFAA. El Vaticano, consciente del vacío de representatividad que tienen hoy las instituciones y las políticas partidarias tradicionales, intenta con su gigantesca estructura jugar el rol de contenedor de la conflictividad social en América Latina, vinculándose a los movimientos populares impulsando y reforzando las concepciones idealistas y de conciliación de clases entre las masas. Por su parte, las FFAA, con las consignas de "contra terrorismo", "contra el narcotráfico", "contra el narcoterrorismo", le dan un nuevo nombre a lo que fue la Doctrina de Seguridad Interior. Desaparecida la hipótesis norteamericana de invasión soviética, las FFAA son reducidas estructural y numéricamente, hecho que generó no pocos conflictos internos, convirtiéndose en fuerzas profesionales de despliegue rápido, equipadas con armamento de última generación. Cumplen el rol de policías nacionales a cargo de la represión de las luchas populares, como está sucediendo en América Latina. También el Imperialismo le asigna a las FFAA el trabajo sucio como tropas de apoyo de las misiones de "paz" de la ONU.
La creación de un centro continental del FBI en Brasil; la instalación de enclaves militares norteamericanos en varios países, entre ellos el nuestro; la construcción de una gigantesca red de control satelital; la periódica realización de la Conferencia militar y de los ejercicios conjuntos de los ejércitos americanos; la creación como continuidad del TIAR de la JID (Junta Interamericana de Defensa), la cual une a todos los ejércitos en uno solo supranacional con control de mando norteamericano, reflejan la importancia que el Imperialismo le concede a las opciones militares.
A pesar de la derrota y del proceso de socialdemocratización y/o liquidación ideológica y política de buena parte de la izquierda latinoamericana, que en buena medida se debe a la infiltración, el contrabando ideológico y la corrupción instrumentados por el Imperialismo, un nuevo ciclo de luchas atraviesa todo el continente como producto del acelerado deterioro de las condiciones de vida de los sectores populares en el marco de las crisis capitalistas y de las políticas represivas.
En América Latina el imperialismo y las burguesías asociadas al mismo no logran, a pesar de los recurrentes baños de sangre, las persecuciones y las torturas, estabilizar su dominación. La base de esta inestabilidad está en la incapacidad del capitalismo para resolver los graves problemas que padecen millones de personas, a la propia crisis del capitalismo en estas tierras, se suma su carácter dependiente que hace que los países centrales descarguen parte de sus propias crisis también amenazada por la caída de la tasa de ganancia, la desocupación, etc., potenciando de esta manera los conflictos sociales y restando capacidad de maniobra política a las burguesías locales.
Podemos afirmar que en nuestro continente comienza a clausurarse el ciclo de democracias burguesas impulsado por el imperialismo en la década del 80, aunque la clausura definitiva demande aún cierto tiempo y su extensión a nivel continental (tiempo y extensión directamente vinculado con la extensión y la profundidad de las luchas populares y a la consolidación de las organizaciones revolucionarias) se puede verificar un creciente papel del militarismo, la puesta a punto y el accionar en distintas partes de los grupos paramilitares, grandes fraudes electorales, restricciones a las libertades públicas y una creciente injerencia de los EEUU en la región, con la instalación de bases militares, operativos conjuntos, misiones de observadores, etc.
Las oligarquías cipayas, instrumentos del imperialismo, asisten al lento pero sostenido deterioro del régimen de dominación política, en el marco de la profunda crisis del capitalismo global, presas de la feroz disputa interimperialista, y como no podía ser de otra manera, aplican a rajatabla las políticas que hacen que las masas trabajadores, indígenas y campesinas vean permanentemente agravadas sus condiciones de vida y retomen el camino de la organización y lucha para resistir la ofensiva en curso, y en ese marco avanzan en la visualización de la necesidad y la posibilidad de los cambios revolucionarios.
En tanto el imperialismo trabaja, a través de las burguesías locales, en todas las variantes, priorizando el sostenimiento de los gobiernos constitucionales que a su vez necesitan a los sectores reformistas como la izquierda del sistema, con discursos contestatarios pero en definitiva inocuos. Asimismo no dejan de alentar, como variantes de recambio formaciones fascistas de distinta índole, a la par que instrumentan a las FFAA como primera línea de choque dentro de sus planes contra los pueblos del continente, y seguramente no vacilarán, tras la "defensa de sus intereses estratégicos" y la "lucha contra el narcotráfico" en invadir el continente para frenar el lento pero sostenido avance obrero y popular.
El creciente protagonismo de las masas obreras, campesinas, indígenas, estudiantiles y de desocupados, es el motivo de preocupación central de la burguesía y el imperialismo y si a esto le sumamos la enorme tradición de lucha de los pueblos latinoamericanos, su capacidad para desplegar las más variadas formas de lucha, resulta todo esto una combinación de elementos objetivos y subjetivos que crean las mejores condiciones para fusionar una vanguardia revolucionaria con la heroica lucha de nuestros pueblos.
En este contexto la persistencia de la Revolución Cubana, que aún en medio de enormes dificultades y contradicciones, continúa por la senda de la defensa de la dignidad y las banderas fundamentales del socialismo, la cada vez más potente lucha de los campesinos del MST en el Brasil, las medidas antiimperialistas de Chávez y la imprevisibilidad del camino abierto en Venezuela, la cada vez más y mejor aceitada lucha de los campesinos en el Paraguay, las luchas en curso, si bien con distintos niveles de organización que libran los trabajadores, campesinos e indígenas en Ecuador y Bolivia, el surgimiento de nuevas formaciones guerrilleras en México junto a la combativa y heroica lucha de los estudiantes de la UNAM, el mantenimiento de la lucha armada y el reanimamiento de la lucha obrera y popular en el Perú, el reanimamiento del proceso de luchas obreras y populares en Argentina, junto al arrollador avance en todos los terrenos de las gloriosas FARC-EP en Colombia, en definitiva en el marco de la creciente lucha de masas en curso en nuestro continente, donde se fortalecen las organizaciones revolucionarias, y se dan condiciones para constituirlas y/o fortalecerlas allí donde aún no tienen el peso suficiente, junto a la escuela insustituible de los ejemplos de las luchas de los pueblos hermanos y la memoria histórica de nuestros pueblos, constituyen la real preocupación de los yanquis, que en definitiva en su patio trasero se dé inicio a un nuevo ciclo revolucionario. Todo este conjunto de luchas nos permite afirmar que América Latina constituye hoy el centro más importante del desarrollo revolucionario mundial.
Esta situación exige de los comunistas, de los marxistas leninistas que luchemos a brazo partido para que lo que se abra paso en este proceso sea la Revolución y el Socialismo, en todos y cada uno de nuestros países, en el marco de una estrategia continental. Las nuevas condiciones de producción y dominación política del Imperialismo ponen hoy más que nunca a los revolucionarios frente a la necesidad de aplicar consecuentemente el internacionalismo proletario, de recrear el proyecto de liberación continental que recoja las ideas y los ejemplos de San Martín, Bolívar, Martí y el Che. Para ello deberemos, al calor de las luchas populares, desarrollar y fortalecer nuestros destacamentos y organizaciones e ir tendiendo a la par a construir una efectiva Coordinación Revolucionaria, en los marcos del internacionalismo proletario necesario en nuestros días.
ESTRUCTURA ECONÓMICO SOCIAL DE LA ARGENTINA
La formación económico-social argentina es y ha sido históricamente un tema de debate fundamental entre los marxistas. En ese terreno, existió una dificultad histórica para construir una caracterización objetiva y profunda del proceso de desarrollo socioeconómico en nuestra Patria, una dificultad para comprender que la formación económico-social que se reproducía en la Argentina desde fines del siglo pasado era de carácter capitalista.
La evolución del capitalismo en la Argentina reconoce dos etapas claramente diferenciadas que corresponden al conflicto entre el dominio inicial del capital terrateniente (etapa agropecuaria, 1880-1930) y el desarrollo del capital industrial interno, fundamentalmente desde 1930 hasta hoy. Pero ninguna de ellas puede ser plenamente comprendida si no se tiene en cuenta el papel determinante y absolutamente condicionante que ejerce el capital financiero imperialista en la conformación de la estructura capitalista argentina.
La primera etapa (agropecuaria) estuvo social y políticamente comandada por una burguesía terrateniente que, dueña de vastas extensiones de tierra, de millones de cabezas de ganado y de un patrimonio dinerario acumulado en la etapa comercial anterior, reunía las condiciones originarias para el desarrollo de una economía primaria de exportación basada en el monopolio latifundista del medio de producción principal: la pampa húmeda. Su producción estaba basada en la elaboración de carnes y cereales para el mercado externo, fundamentalmente Inglés, simultaneamente se importaban de dicho país los productos manufacturados para satifascer las necesidades del mercado local y se comenzaban a recibir inversiones del capital financiero de ese origen. El ciclo de inversión, producción y realización del capital terrateniente establecía una clara relacion de subordinación y dependencia con el Imperialismo británico. Esta fase del capitalismo en la Argentina constituyó objetivamernte un avance, un desarrollo de las fuerzas productivas con respecto a la etapa anterior, sin embargo por su propio carácter se mostró incapaz durante todo ese primer período de impulsar el desarrollo de una economía de tipo industrial y expandir consecuentemente un mercado interno de tal carácter.
La renta diferencial obtenida por la explotación de la Pampa húmeda era tan elevada que inducía a los capitalistas a considerar la inversión industrial como demasiado onerosa, casi una extravagancia, mientras que la producción agropecuaria y su relación de dependencia con el capital industrial y financiero Inglés, aparecía como la forma más natural y de más bajo riesgo para la reproducción del capital.
La primera guerra mundial y más tarde la gran crisis del 30, abren una nueva etapa en la economía mundial, colapsan y entran en crisis las relaciones económicas y políticas establecidas hasta ese momento, se abre una nueva realidad para los paises de Amenrica Latina y Argentina, que motiva la necesidad de acelerar el proceso de industrialización antes tenazmente resistido por la clase dominante y el capital imperialista. Esa misma clase promueve medidas impensadas un tiempo atrás, (fundamentalmente durante el ejercicio de Federico Pinedo al frente de la cartera económica en pleno gobierno conservador y década infame), de relativo proteccionismo para la producción nacional, dando origen a un proceso denominado de sustitución de importaciones, desarrollo de la industria liviana y ampliación del mercado interno. Estas políticas se desplegarían durante los gobiernos militares despues del golpe del 43 y el gobierno de Perón, podriamos decir que tuvieron su apogeo y auge en el periodo que va desde la crisis del 30 a la finalización de la segunda guerra mundial.
Sin embargo el capital industrial no logra romper la hegemonía de la producción agropecuaria que mantiene su supremacía en productividad y en generación de divisas; simultáneamente depende del financiamiento externo para la compra de maquinarias y equipos y por lo tanto del ciclo económico del capital terrateniente y su comercio exterior. En síntesis el capital industrial mantuvo una disputa basada en contradicciones de carácter secundario con el sector terrateniente en los marcos del funcionamiento global del sistema, y siempre bajo la férrea garra del capital financiero internacional. Queda asi en evidencia, con total crudeza la peculiaridad del capitalismo perisférico dependiente.
Un hecho de fundamental importancia, y que los revolucionarios nos debemos debatir más a fondo es el populismo en América latina, su papel en las luchas de los pueblos, su influencia ideológica y dentro de ello el peronismo como fenómeno concreto en una etapa histórica determinada de nuestro país.
Es en ese contexto histórico excepcional arriba descripto, que aparece el fenómeno político y social del peronismo, a esa situación, se le debe sumar la acumulación de experiencias que venia realizando un sector de los trabajadores ( basta recordar la huelga general del 36) lo que generó una búsqueda de sectores de la burguesía para contener y maniatar dentro del sistema a las luchas de la clase. Así estos 2 elementos: la posibilidad y necesidad de la burguesía de ganar a una parte de la clase a partir de una inteligente política de concesiones, determinaron el desarrollo del lo que se dio en llamar el peronismo.
Es con el peronismo que los trabajadores lograron concesiones jamás antes conocidas, que marcaron a fuego su experiencia y generaron un sentimiento para ese momento y para las generaciones posteriores, nunca antes ni después la clase logró una participación igual en la distribución de la renta, y leyes que le dieron un nivel de vida superior al antes conocido.
La esencia de todo fenómeno populista, es la de ganar a la clase obrera hacia concepciones de conciliación de clases, el capital y el trabajo "pueden convivir en paz", "el capital puede ser humano", "de casa al trabajo y del trabajo a casa". Por eso el peronismo siempre expresó los intereses de un sector de la burguesía y no los de la clase obrera, burguesía que tuvo la capacidad e inteligencia suficientes, para que por medio de concesiones y un claro discurso, la clase obrera creyera que ese era SU gobierno, cuando en realidad esas reformas no tocaron para nada los intereses de fondo de los capitalistas
El peronismo se conformó a través de la constitución de un nuevo partido político, el PJ y su movimiento. El movimiento fue la herramienta del PJ como polea de transmisión hacia las masas. En el movimiento confluían distintos sectores y clases, fue la cabal demostración de la raíz ideológica del PJ. Confluían importantes sectores de la clase obrera, campesinos, sectores pequeños, medios y grandes de la burguesía, estudiantes etc. pero la dirección respondía ideológicamente a las concepciones de la social democracia Tenemos que hacer un esfuerzo por poder diferenciar la ideología que presidió al peronismo, y el sentimiento que despertó en las grandes masas, para poder tener una política correcta hacia los sectores influenciados por este fenómeno tan peculiar.
Durante todo este período, muchos marxistas-leninistas no entendimos de un modo dialéctico el desarrollo del capitalismo argentino como país dependiente. Si durante toda una etapa hubo una fuerte hegemonía terrateniente, se hablaba de feudalismo o de semi-feudalismo, cuando en realidad los terratenientes en la Argentina crecieron y se desarrollaron en el marco de las relaciones capitalistas de producción. Según esta versión si existían tareas de carácter democrático o nacional que en otros países, especialmente en los centrales, habían resuelto las revoluciones democrático-burguesas, aquí aún maduraba dicha revolución. Producto de estas insuficiencias y errores, muchas veces la línea política y las tareas que se proyectaban, en la gran mayoría de la izquierda Argentina, más allá de la buena voluntad de sus constructores, adquirían un carácter irremediablemente reformista, detrás de la llamada burguesía nacional que supuestamente aún tenía que hacer su revolución.
A partir de la década del 60, se aceleró la concentración económica. El sector más desarrollado conformó los primeros monopolios locales, en torno a los que se entrelazaban los intereses de industriales, terratenientes y el capital imperialista. Simultáneamente a la consolidación económica y política de este bloque de poder, se fue desarrollando una importantísima experiencia de lucha, confrontación y crecimiento del clasismo y las ideas revolucionarias en importantes sectores de las masas. Se alcanzó en ese contexto el punto más alto de la lucha revolucionaria de nuestro pueblo en el siglo pasado.
En Argentina, venimos de una derrota política, ideológica y militar consumada con el advenimiento de la dictadura militar genocida de 1976. Desarrollo de la contrarevolución que fundamentalmente se hiciera notar en el aspecto ideológico. Situación que se asentó no en los posibles errores cometidos por las organizaciones revolucionarias armadas que se constituyeron y desarrollaron en las décadas del 60 y 70, sino en todos caso en el hecho de que el imperialismo yanqui, que venía de sufrir decisivas derrotas, como en Cuba y Vietnam no podía dejar de contener el impresionante auge revolucionario que se extendía en general en todo el tercer Mundo pero particularmente en América Latina, y como parte de ello, un lugar destacado le correspondía a los revolucionarios argentinos.
Por ello el imperialismo desarrolló una guerra contrarrevolucionaria de exterminio contra los trabajadores y el pueblo. Fue necesaria la aplicación del terrorismo de estado, implementado desde el gobierno constitucional de Perón- Isabel- López Rega, Luder - Ruckauf, y agravado desde el 24/3/76 con la asunción plena de la Junta Militar genocida para aplicar a fondo los planes del imperialismo Como no podía ser de otra manera, esto contó con la complicidad de todos los representantes de la burguesía y sus partidos políticos mayoritarios (PJ-UCR), sectores de la iglesia, burócratas sindicales, así como con la complicidad objetiva de fuerzas políticas (al margen y en general en contra de la inmensa mayoría de la voluntad revolucionaria de sus militantes) que supuestamente se ubicaban en el plano de los marxistas, tal el caso de los dirigentes subordinados a la política de Moscú (PCA) como así también de aquellos que supuestamente por izquierda decían oponerse a la política revisionista de la burocracia soviética (PST, luego MAS) Fue necesario implantar el terrorismo de estado, hacer desaparecer a 30 mil compañeros, lo mejor de la vanguardia obrera y popular, para aplicar a fondo la política de los monopolios y el imperialismo y derrotar a vastos contingentes de masas revolucionarizadas que luchaban por la liberación y el socialismo.
El desgaste de los militares genocidas, agravado por la Guerra de Malvinas, hacía crecer el odio del proletariado y amplias masas populares, es allí donde el imperialismo yanqui toma nota de que ya los militares, no solamente en Argentina, sino prácticamente en todo el continente, habían cumplido con su papel, y que ahora podían resultar contraproducentes para la aplicación de sus políticas. Es a partir de entonces que al influjo de las ideas que luego se plasmarían en los documentos Santa Fe I y II, que reelaboran la estrategia y la táctica de las democracias restringidas, donde lo importante no es el poder temporal (electivo) sino el permanente (la burocracia administrativa, judicial y armada y la libertad de empresa, los "valores democráticos" por excelencia). Sobreviene entonces la etapa de los gobiernos constitucionales.
Una deuda externa multimillonaria, que remachaba nuestra dependencia del capital financiero internacional, la reducción de la participación de los trabajadores en el reparto de los ingresos (del 47 % del Producto Bruto Interno en 1973 al 22 % en 1983), la destrucción de una buena parte de la pequeña y mediana industria, junto a un gigantesco proceso de concentración económica, fueron algunos de los resultados en el plano de la estructura económico-social del llamado "Proceso". En definitiva, significó la creación de las bases para el desarrollo de los planes actuales.
Durante el gobierno de Alfonsín, este proceso se fue consolidando, uno de los momentos de reafirmación de ello lo constituyó el reconocimiento completo de la deuda externa, luego vino la economía de guerra (contra el pueblo) el manejo de la economía por los llamados Capitanes de la Industria y los primeros pasos del proceso privatizador. La hiperinflación, por aquel entonces un fenómeno de características mundiales pero muy fuerte en Argentina, fue el instrumento de saqueo por parte de las clases dominantes de la clase obrera y el pueblo.
Cuando el gobierno de Alfonsín dejó de ser confiable para los monopolios y el imperialismo y éstos vieron que Menem, más allá de esbozos de discursos del peronismo nostálgico era la mejor garantía de continuidad, aceleraron su caída con el golpe económico del verano del 89, luego la lucha de masas en el último período con la apropiación de comidas de los supermercados le dieron el golpe de gracia al ideólogo del "Tercer Movimiento Histórico".
Por eso decimos que más allá de diferencias técnicas o de etapa, existe una continuidad esencial entre los planes de Martínez de Hoz en la Dictadura, Sourrouille con Alfonsín y de Menem con Cavallo-Roque Fernández, y hoy con De la Rúa-Alvarez-Machinea.
El gobierno de Menem se caracterizó por la brutal ofensiva desatada contra los intereses y el nivel de vida de las masas obreras y populares. Larga y dolorosa es la enumeración de sus trágicos resultados. Intentaremos señalar los fundamentales. Se entregaron las empresas del Estado, que construidas en otra etapa del capitalismo, representaban décadas de ahorro nacional, a un precio netamente inferior a su valor real. Se privatizaron más de 60 grandes empresas de áreas estratégicas como la energía, el petróleo, el transporte ferroviario, las telecomunicaciones, la siderurgia, el agua, el gas, empresas vinculadas al área de la defensa , como Fabricaciones Militares y otros servicios de primera necesidad, en síntesis áreas y empresas que forman parte de la infraestructura básica del país, que fueron a parar a manos de multinacionales norteamericanas y europeas, asociadas a un reducido grupo de monopolios locales (Pérez Companc, Macri, Fortabat, Techint, etcétera).
La excusa preferida para malvender el patrimonio del Estado argentino, junto a la cantinela de su supuesta ineficacia administrativa, era la de reducir la deuda externa, que al inicio del Plan de Convertibilidad en 1991 era de 55 mil millones de dólares. Hoy, a pesar de las privatizaciones y del puntilloso pago de vencimiento de los intereses, la deuda creció desde aquel momento alcanzando la escalofriante cifra de 220.000 millones de dólares, según los datos más optimistas.
La apertura de las importaciones sigue destruyendo puestos productivos en nuestro país. El Mercosur fue diseñado de acuerdo a las necesidades de las grandes multinacionales, las únicas en condiciones de planificar su producción a escala internacional aprovechando las ventajas comparativas de cada país. Este mercado regional, al operar como un concentrador de la economía, multiplica el desempleo y nivela hacia abajo las condiciones de vida de las masas populares de toda la región. A pesar de esto, el Mercosur mantiene contradicciones secundarias con el imperialismo yanqui y con el proyecto de éste de impulsar y desarrollar el ALCA.
El gobierno de Menem, como parte de la actual ofensiva de la burguesía, arrebató una a una las conquistas históricas de la Clase Obrera. El asalario real durante la convertibilidad cayó cerca del 30% y se afianzó la modalidad de ajustarlo en función de la productividad. La antigua seguridad laboral fue cambiada por los contratos basura, se avanzó en los convenios por empresa y en la desprotección del trabajador a través de la nueva ley de accidentes de trabajo; las estadísticas indican que la Argentina se encuentra en los renglones más bajos del llamado costo laboral. Por otra parte se destruyó prácticamente el sistema jubilatorio que otrora fuera ejemplo en casi todo el mundo. Asímismo se contribuyó a profundizar el deterioro de las ya semifundidas, por los jerarcas sindicales, obras sociales. Hoy se exige su desregulación total, es decir avanzar hacia un régimen de medicina privada al estilo de las prepagas.
Mientras tanto la desocupación ha trepado al 15 % (sin contar con la desocupación rural) y junto a la subocupación configuran un flagelo brutal que pesa sobre los hogares de más de 6 millones de trabajadores argentinos. Los propios economistas burgueses no se cansan de repetir que el fenómeno de la desocupación no es coyuntural y que estará instalada por un largo período.
La destrucción de la Educación y la Salud Pública, de la seguridad social, el acuciante problema de la vivienda es demostrativo de la criminalidad del capitalismo, y agravan a límites insostenibles las condiciones de vida de cada vez más amplias franjas de la población.
Las provincias, las economías regionales, en especial las más pobres se debaten en una crisis terminal. Es más, la gran mayoría están llamadas a desaparecer por resultar "inviables" para los que detentan el poder. En el centro político y social de la Argentina, en el Gran Buenos Aires, más de 3 millones de personas sobreviven por debajo de la línea de pobreza. Este es el símbolo de la sociedad argentina actual.
Así como sucede con el capitalismo a nivel internacional, la Argentina ha sufrido profundas modificaciones. Se ha ido configurando un país "realmente nuevo". El proceso de concentración de las riquezas en pocas manos continúa Mercosur mediante. La prédica de los apologistas del sistema capitalista nos habla del Primer Mundo, del fin de las ideologías y, entre otras cosas, de la muerte del proletariado como sujeto político histórico de la Revolución. La realidad testaruda nos indica que los únicos que se achican en número, como producto de su concentración, son los capitalistas.
En este contexto, las grandes luchas desatadas, por un lado desgastaron al gobierno de Menem, a punto de impedirle un 2do. intento reeleccionista, pues las masas comenzaron a cuestionar los presupuestos ideológicos básicos del sistema en cuanto que con la estabilidad de precios, las privatizaciones, el imperio de la ley del mercado y el ingreso al primer mundo de la mano de las relaciones carnales yankis, se iban a resolver sus problemas. Ante la ausencia de una alternativa revolucionaria que pudiera cuestionar seriamente el poder burgués, la burguesía pudo armar su recambio de opción política.
Es así que los monopolios y el imperialismo volcaron su aparato a favor de De La Rua. Así se llegó al 24/10 en el medio de un cuadro de inusitada pobreza y superexplotación, donde como nunca las masas desconfiaron que a través de las elecciones iban a ser resueltas sus legítimas aspiraciones. En esta situación, una parte importante de las masas y enormes sectores del activismo no se sintieron contenidos en los marcos electorales burgueses, hecho que generó una gran preocupación para el sistema como se verificó en los días previos a través de los medios, con Grondona a la cabeza y la "izquierda" reformista y electoralista.
Desconfianza, bronca, apatía y descreimiento, el único motivo de alegría para las masas fue que Menem fue derrotado, y junto con él el PJ obtuvo su peor resultado electoral. No obstante ya de antemano estaba asegurada la continuidad de la política de los monopolios y del imperialismo, del capital financiero internacional, con la continuidad de las políticas aplicadas por Menem, de ajuste, a través de la aprobación del presupuesto, el impuestazo, el acuerdo con el FMI, la emergencia económica, la Reforma Laboral "corrupta", la rebaja salarial, y la decisión de asegurar a sangre y fuego el compromiso adquirido. El Blindaje vino a ser el broche de oro en el acuerdo con el FMI. Toda la propaganda mediática que se pretende hacer, es solo para disfrazar la realidad de este compromiso, que es la más cabal continuidad de la politica aplicada desde a la dictadura a esta parte. Decimos sangre y fuego porque esta decisión reprimirá cualquier atisbo de lucha que se le oponga, ejemplo de ello, ya lo mostraron con los muertos y represión de Corrientes y Tartagal, en la aprobación de la Ley del arrepentido y de las reformas, Ruckauf mediante, a los códigos procesales para garantizar la mano dura, contra los sectores populares. En definitiva De la Rúa es, "corrupción" mediante, un fiel continuador de Menem en la aplicación de la política de los monopolios y el imperialismo.
Gobierno de coalición, debido al cogobierno que de hecho se da con el acuerdo en lo sustancial del gobierno de De la Rúa, con el trío de gobernadores Ruckauf, De la Sota y Reutteman, y a la vez con disputas, como lo demuestran las idas y vueltas para la aprobación de la Reforma Laboral, bajo la batuta del FMI y en el marco de la gran disputa interimperialista, entre los proyectos de dolarización y alineamiento en los marcos de la Iniciativa de la Américas, en la devaluación controlada o no y el mantenimiento en el Mercosur.
La Iglesia, con su gran olfato de clase, y sobre todo la de nuestro país, ha jugado un gran papel de contención fundamentalmente en las luchas provinciales y ante el descrédito de los partidos y los sindicatos se ha constituido en un referente para una parte importante de las masas, tiene con Bordón y Ruckauf, (con Rico y cia.) un espacio no pequeño en las estructuras del poder.
La renuncia del Chacho Alvarez, cuando se reclaman "Mesas de consenso entre empresarios, gobierno, sindicalistas y la Iglesia" como hace Moyano, o "Ajuste o Democracia" como se postula desde la CTA, frente a la creciente presión y hartazgo de las masas la idea que los unifica está en "ceder algo para no perderlo todo". En esta situación se hace más notorio el vacío que deja, en el plano de la disputa de masas, la ausencia de una fuerza revolucionaria con capacidad para incidir y orientar las luchas en una dirección de cambios profundos en nuestro país, y surge con claridad la necesidad de avanzar rápidamente en la superación de la dispersión que hoy prevalece entre estas fuerzas. Esta es una de las tareas centrales que tenemos que resolver en el corto plazo.
Al mismo tiempo esta situación desnuda la actitud de los oportunistas y reformistas de izquierda que lejos de trabajar para construir una alternativa revolucionaria corren a posicionarse con distintos argumentos, detrás de una u otra fracción de la burguesía, poniendo de manifiesto la falta de vocación para impulsar la lucha por un gobierno de los trabajadores, los campesinos pobres y sin tierra, los desocupados y los jóvenes.
Es más, muchos de ellos alientan al electoralismo y el parlamentarismo, cuando a los ojos de millones de trabajadores y explotados se revela la inutilidad de las instituciones burguesas para resolver sus problemas y comienza a ganar las conciencias de los mismos la convicción que el camino son las luchas, su profundización, extensión y consolidación.
EL RÉGIMEN POLÍTICO: BALANCE DE LA DEMOCRACIA BURGUESA
Alfonsín, en los marcos de lo que el propio Imperialismo denomina democracia restringida, continuó básicamente con los planes de los monopolios. Ello estuvo asentado en que la salida de los militares no fue un triunfo de la clase obrera y el pueblo, y en las consecuentes ilusiones democráticas generadas en las masas encarnadas en los discursos de que con la democracia se come, se cura y se educa, de que no se iba a pagar la deuda externa con el hambre del pueblo y del castigo a los militares genocidas. Poco tiempo duraron estas ilusiones.
La "gran tarea" que sé autoasignó el gobierno alfonsinista fue construir la denominada "transición a la democracia", el traspaso prolijo y ordenado de un modelo a otro de dominación política, en el marco de la continuidad esencial de un mismo proceso histórico. En nuestros términos, significó construir, acorde a la nueva estrategia política del Imperialismo planteada en los documentos Santa Fe I y II y en el Informe Kissinger, un régimen más flexible que articulara consenso y represión en un marco jurídico más prolijo
Una de las tareas que llevó adelante Alfonsín, fue la de impulsar la Teoría de los 2 demonios, así los militares justificaban su accionar ante un enemigo de la "patria", que la quería destruir y las luchas populares que se libraron en nuestro país quedaban reducidas a un grupo de "locos", que con "buenas intenciones", pero "equivocados en los caminos tomados" obligaron a la represión. Lo que no se dice es que en nuestra patria existió una guerra de clases y las fuerzas armadas como brazo armado de las clases dominantes cumplieron cabalmente con su tarea, aniquilar la vanguardia popular.
Una de las tareas delicadas dentro de las propias estructuras del Estado era la de reacomodar a los distintos actores políticos en el nuevo escenario. La vuelta de los militares a los cuarteles, fue un proceso que tuvo sus contradicciones y momentos de tensión. Finalmente el pacto fue sellado. La burguesía le aseguró a los militares la impunidad por sus crímenes y ellos terminaron aceptando las nuevas reglas del juego. Rico, Bussi y otros "nuevos demócratas" son el símbolo repugnante de este pacto indigno.
Antes habíamos señalado que, como producto de la nueva estrategia del Imperialismo y de su necesidad de "seguridad jurídica" para los negocios, se abrió paso la democracia burguesa en nuestro país. En primer lugar, lo fundamental era aceitar el funcionamiento de las instituciones burguesas. Esta "democracia", que nació y se asienta sobre el genocidio y la sangre derramada de nuestros desaparecidos y asesinados, logró crear en una primera etapa cierta expectativa y sus procesos electorales sirvieron de válvulas de escape para el descontento, contribuyeron a generar las figuritas de recambio del régimen, desactivando la tensión de la lucha de clases.
El nuevo mapa del poder nos muestra una Argentina donde las multinacionales, que en el último período se han lanzado a una carrera de compras en la región, son el sector dominante más concentrado. Inmediatamente debajo se ubica un reducido grupo de monopolios locales, asociados en diversos emprendimientos a los anteriores, entre los que se debe contar la tenencia de inmensas extensiones de tierra. Estos son los dueños del país y los culpables, junto al capital financiero internacional, de los padecimientos de nuestro pueblo.
La burguesía media sobrevive en la medida en que se adapta al modelo como socia menor de los anteriores. La pequeña burguesía urbana y rural ve reducirse sus filas día a día y cada vez más sectores se desbarrancan como producto de la crisis. Ejemplificador resulta el caso del cierre de alrededor de 500.000 pequeños y medianos comercios en los últimos años, del mismo modo que la instalación de los Hipermercados está barriendo con una enorme cantidad de pequeños establecimientos, por lo general de carácter familiar dedicado a la venta de alimentos. Las puebladas contra los inspectores de la DGI demuestran palmariamente la situación por la que atraviesa esta amplia franja de la población debido al incesante achicamiento del mercado interno y el proceso de concentración de las riquezas.
En el campo un claro ejemplo de ello lo constituye la enorme cantidad de campesinos medios que producto de las dificultades para competir con los grandes tenedores de tierra se vieron obligados a hipotecar sus campos, y ahora ante la imposibilidad de hacer frente a los pagos usurarios se les pretenden rematar sus pertenencias. Como respuesta a ello ha surgido el Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha que ha impedido que se consumen los remates en varios campos.
Las luchas por la Educación en general y en la Universidad en particular, donde un gran papel vienen jugando los estudiantes en estos últimos años, son demostrativas también de la incorporación a la lucha de amplias franjas de los sectores medios castigados por esta política
No suscribimos la tesis de la reducción del proletariado, y mucho menos la supuesta tendencia de su desaparición. Desde el punto de vista marxista, el lugar de los trabajadores en el proceso capitalista de la producción no desapareció, ni tampoco su posición en el proceso revolucionario. Al contrario, sostenemos que el proletariado, bajo nuevas formas, se encuentra en crecimiento a nivel internacional, la esencia sigue siendo la misma, a los trabajadores sólo les queda la posibilidad de vender su fuerza de trabajo y se les extrae plusvalía, son asalariados, por lo tanto parte de la maquinaria de la producción.
Producto de la derrota a escala internacional y nacional se han perdido las 8 horas diarias, los Convenios Colectivos de Trabajo que actuaban como reaseguro de sus condiciones laborales, el salario mínimo, vital y móvil, entre otras tantas conquistas. En el proceso de la "flexibilización laboral", la Clase ha perdido en forma directa parte del salario, a través de la disminución creciente de los salarios nominales
La actual tasa de desocupación incide negativamente en la situación subjetiva de la Clase. Los desocupados forman parte del proletariado, se trata de fuerza expulsada del proceso de la producción, que es utilizado como el ejército de reserva para presionar hacia abajo los salarios. No los confundimos con los sectores desclasados, con quienes también debemos trabajar para incorporarlos a la lucha. El sector que numéricamente crece es el de los que no tienen otra cosa para vender que su fuerza de trabajo, el de los que sólo tienen sus cadenas para perder, frase que en nuestra realidad cobra una dimensión trágica.
Es cierto que el proletariado industrial se redujo, relativamente, como consecuencia de las transformaciones del último período. Pero al mismo tiempo nuevos sectores profesionales, intelectuales o provenientes de la pequeña burguesía, como señalamos anteriormente, se proletarizan aceleradamente. Un elemento a destacar en este sentido es que la Revolución Tecnológica en curso y las nuevas condiciones de producción nos obligan a repensar la situación de los trabajadores y analizar que sectores se incorporan a ella, desde nuevos puestos y funciones, como generadores directos de plusvalía.
Más allá de los cantos de sirena de quienes nos hablaban de un crecimiento sostenido, la crisis, después de años de convertibilidad, se recicla y se agiganta. La vida demuestra que el capitalismo en esta etapa puede atravesar períodos cortos de crecimiento del PBI o de las exportaciones, como ha sucedido, y entrar en ciclos de franca recesión como el actual. De hecho atravesamos una etapa en donde, como producto de la desregulación, de la formación de los mercados regionales, del auge de las nuevas tecnologías, existe un desarrollo relativo de las fuerzas productivas. Sin embargo este es y será, como en toda la historia del capitalismo, un desarrollo desigual y deforme, que concentra las riquezas cada vez en menos manos, en el que simultáneamente se agudizan todas las contradicciones de clase a límites inimaginables.
El proceso en curso no libera al hombre, no lo proyecta a una realidad superior. Todas las miserias y los padecimientos descriptos lo grafican claramente. Mientras los burgueses se aturden con sus discursos triunfalistas, late y se multiplica el gigantesco ejército que más temprano que tarde lo sepultará en nuestra patria, en Latinoamérica y en el mundo
Concebimos al proletariado desde el punto de vista marxista, como a todo aquel que no tiene otra cosa que vender que su fuerza de trabajo, esté ocupado o no, incluida la familia proletaria, por ello confrontamos y trabajamos para destruir las concepciones "novedosas", del reformismo y el revisionismo que plantean el achicamiento del proletariado hoy y por ende la imposibilidad de la Revolución.
Estas concepciones tuvieron su apogeo en el marco de la ofensiva ideológica y política del imperialismo tras la derrota de las experiencias de construcción del socialismo a nivel internacional. Aquí en América Latina y en la Argentina estas concepciones reverdecen tras el baño de sangre producido por las dictaduras militares, que descargó toda su brutalidad contra la vanguardia obrera, en una acción concentrada y unificada de la burguesía en su conjunto, desde Balbín y su llamado a derrotar a la guerrilla fabril, hasta las AAA y la represión abierta de la dictadura Genocida del 76, con la absoluta complicidad de la burocracia sindical. En este marco los trabajadores han luchado y resistido tanto con Alfonsín como desde la misma asunción de Menem, prueba de ello han sido los conflictos llevados a cabo por los telefónicos, jubilados, docentes, estatales, los portuarios y particularmente los ferroviarios.
Si bien en general el signo distintivo de las luchas actuales, incluso de las puebladas de Cutral Có, Jujuy, Salta, Corrientes, etc., siguen siendo de carácter defensivo y adolecen por el momento de una dirección política consecuente que permita que las mismas entronquen en un plan integral de resistencia dispuesto no tan sólo a tumbar al modelo sino a derrotar al sistema, es importante remarcar que, aún ante la ausencia de un Partido revolucionario del proletariado, ellas son la base de los elementos de crisis que los sectores dominantes tienen en estos momentos.
En este sentido es importante anotar que las masas han hecho una experiencia luego de 10 años de gobierno del PJ con Menem y ahora con la Alianza, que a poco de andar hechó por tierras con las expectativas de cambios en la situación, y se está entrando en un ciclo en donde las luchas han comenzado a girar en cuanto al carácter defensivo, se comienzan a ver situaciones como la última pueblada de Salta donde ha habido un cambio en el contenido del programa reivindicativo, es decir que se vislumbran elementos de un grado de ofensiva en las propuestas de las luchas. El límite a ello sigue estando en la falta de una propuesta y una organización revolucionaria desarrollada, extendida y con un grado importante de inserción social.
El predominio ideológico de la burguesía quedó demostrado con el proceso de las privatizaciones en Argentina y las ilusiones pequeñoburguesas de buena parte de los trabajadores de las propias empresas estatales, que a pesar de las grandes luchas que se libraron, guardaron expectativas de convertirse con las indemnizaciones en propietarios. Si bien también es preciso señalar que esta situación se está modificando, ya que la política de privatizaciones viene siendo cuestionada cada vez más por amplios sectores de las masas.
La burocracia sindical, producto de esta situación no se mantiene al frente de los sindicatos solamente a través del fraude y la patota, a pesar del desprecio que crece día a día hacia ellos por parte de gran parte de los trabajadores, lo que se expresa entre otras cuestiones en la anunciada baja de la sindicalización actual (del orden del 30%), no se vislumbra como expresión generalizada una tendencia al combate frontal, a una decisión de barrer con estas direcciones sindicales.
Debemos dejar de lado el análisis obrerista que dice que todo obrero por el sólo hecho de serlo es revolucionario, y que toda lucha demuestra un nivel de conciencia, si bien entendemos que la lucha es el único camino, no todo el que lucha lo hace de manera consciente, ya que muchas veces los obreros en su desesperación se ven empujados a la lucha.
Cuando nos referimos a la burocracia sindical expresada en las conducciones actuales del movimiento obrero decimos que son concretamente expresiones de la burguesía y sus planes, aún cuando entre los distintos sectores burgueses tengan matices que a veces pueden expresar diferencias mayores. Como demostración de ello tenemos que mientras la posición de los comunistas es orientar a los trabajadores y al pueblo para barrer y destruir este Estado y sus instituciones, tanto Daer, como Moyano y De Genaro tratan de una u otra forma de llevar, en el mejor de los casos, la lucha de los trabajadores detrás de una u otra fracción de la burguesía y a confiar en el Parlamento, tal el caso de los pedidos de derogación de la Reforma Laboral ante los evidentes hechos de corrupción en el Senado, como en la solicitud de que este Parlamento burgués desconozca la parte "ilegítima de la deuda externa" o en la juntada de firmas para pedir un seguro de desempleo, entre otras cuestiones.
EL CARÁCTER DE LA REVOLUCIÓN Y LA SOCIEDAD A LA QUE ASPIRAMOS.
Las relaciones de producción capitalista, rigen en todos los rincones del planeta. No existe, modelo de capitalismo que pueda ofrecer alguna salida real a los trabajadores. Por eso somos partidarios no sólo de una revolución política sino también de una revolución social. El programa comunista parte de la concepción de que el capitalismo y su contraparte, el proletariado, son internacionales, y que por tanto el socialismo sólo será tal cuando los trabajadores del mundo hayan derrocado al sistema explotador en los países más altamente desarrollados y sea posible reemplazar el mercado mundial capitalista por la comunidad internacional de pueblos libres.
La imposibilidad de los países dependientes de llevar adelante su desarrollo capitalista independiente niega toda concepción de revolución por etapas. Los países más atrasados no reproducen exactamente la sucesión histórica de pasos de los países centrales.
Se comprende que la revolución que propiciamos resuelve al mismo tiempo las tareas anticapitalistas y antimperialistas. En nuestro país dada la actual estructura económica no se puede resolver las tareas antiimperialistas sin destruir simultáneamente al capitalismo. El predominio del capital imperialista en nuestro país es inconcebible sin la participación de la gran burguesía local que actúa como una fuerza asociada y subordinada al mismo, esta burguesía a sabido crear las condiciones políticas, económicas y culturales para que dicho dominio sea posible, aunque para esto haya tenido que reprimir una y otra vez salvajemente al pueblo, a su vez, como parte de la política de la burguesía internacional juega un papel reaccionario en la región como ha quedado demostrado durante las dictaduras en América Latina en la década del 70, su participación directa en golpes de estado y su papel actual en la coordinación represiva con otros gobiernos, su papel en la JID (Junta Interamericana de Defensa), su papel frente a Cuba, y a la insurgencia de las FARC-EP, etc.
El carácter de la revolución en nuestro país es socialista, es decir una revolución que destruya el aparato de dominación burguesa, el estado, que establezca el poder de los trabajadores, los campesinos pobres, los intelectuales indentificados con la clase, y que cuente con el apoyo de una parte de la pequeña burguesía ganada por las ideas de la revolución social y política. Que una Revolución de este tipo se concrete en está directamente vinculado al papel dirigente del proletariado, a su capacidad de agrupar en torno a él al conjunto de los explotados
En este punto es importante señalar lo que ya afirmaba Marx en el siglo XIX "Para que haya socialismo no es suficiente con estatizar o nacionalizar las empresas. El Socialismo es un régimen económico, social, cultural, político y militar diametralmente opuesto al capitalismo, a diferencia de todas las formaciones económicas y sociales que lo precedieron, y que sustituían una forma de explotación por otra, no se forma ni surge en el seno de la formación social que lo precede, sino que tiene como acto fundacional la toma del poder por parte de los trabajadores y la destrucción del aparato de dominación burguesa."
Solo la destrucción de este sistema criminal y el comienzo de la construcción de las nuevas relaciones basadas en la propiedad social de los medios de producción y la cooperación consciente de los productores, puede ponernos en el camino de superar definitivamente toda explotación del hombre por el hombre.
Solo la construcción de esas nuevas relaciones podrá poner al servicio de todos, los grandes avances de la ciencia y de la técnica y comenzar un camino de desarrollo cualitativamente superior de las fuerzas productivas, donde el componente central sea el hombre consciente de su lugar en el mundo. El programa comunista se propone socializar los medios de producción, dando lugar a una economía democráticamente planificada, capaz de acabar con el trabajo enajenado, de satisfacer todas las necesidades de las masas y avanzando hacia la neutralización total de la ley del valor en el funcionamiento de la economía. Preservando a partir de la planificación racional la naturaleza, hoy desbastada por la irracionalidad del sistema imperante.
Solo estas nuevas relaciones generaran las condiciones para que el conjunto de la humanidad vaya, poco a poco a partir de esta nueva práctica, elevando su nivel de conciencia, única base sobre la que podrá hablarse de democracia real, entendida como un sistema donde todos sus componentes tienen los mismos derechos efectivos y responsabilidades.
En la sociedad a la que aspiramos, las masas proletarias a través de sus organizaciones participarán activa y conscientemente en todo el proceso de toma de decisiones que hagan a todos los aspectos de la vida nacional, siendo las legítimas dueñas del poder y ejerciéndolo. Gozarán de manera irrestricta de los derechos y libertades individuales y colectivos que este sistema les niega permanentemente, en el contexto de la cualitativamente superior libertad socialista. Se eliminarán los organismos represivos y se encargará al pueblo en armas la defensa de la revolución y la seguridad pública. Se edificará un Estado basado en la más amplia participación de los obreros, campesinos y sectores populares, cuyo propósito estratégico, entendido en términos históricos, consiste en suprimirse como tal y dar paso al reino de la libertad en la que, extinguidas las clases, se hace innecesario un instrumento para que una de ellas se imponga a las demás.
Junto a las nuevas relaciones de producción, sociales y políticas hay que construir un hombre nuevo porque sin hombre nuevo, como decía el comandante Che Guevara, no hay socialismo ni comunismo, porque en definitiva se trata no solo de lograr tal o cual conquista o avance económico o político, sino de superar definitivamente toda forma de alienación humana.
Hoy hay condiciones superiores desde el punto de vista material, económico y político para la Revolución Socialista, dado que en la historia no hay vuelta atrás. El proletariado reinicia, luego de la derrota, su lucha en un escalón superior al que lo antecede, pues el análisis de las experiencias revolucionarias anteriores nos pone en la exigencia de superarlas.
Aquí cabe aclarar que somos conscientes que el programa científico de los comunistas requiere de las necesarias mediaciones para con la realidad, el desarrollo de la conciencia y la práctica concreta de las masas en un lugar y momento específico. Esas mediaciones tomarán la forma de programas de acción política práctica y consignas específicas para cada momento. Existe una relación dialéctica entre programa estratégico y programa de acción. Las definiciones programáticas de un partido revolucionario hunden por tanto sus raíces en dos territorios diferentes, por un lado el de la voluntad de transformación basada a su vez en la interpretación de los fundamentos materiales del desarrollo histórico a escala mundial y por el otro en las condiciones materiales de un país determinado en un momento dado.
Desde las condiciones del proletariado en nuestra patria iremos construyendo en concreto el programa de acción y lucha que se forjará al calor del combate de clases El programa debe articular la unidad de los trabajadores y demás sectores explotados detrás del gran objetivo del poder y así concebido no es un papel fraguado en al mesa de laboratorio, sino un proceso de construcción en ida y vuelta permanente con las masas.
Las dificultades para que nuestra propuesta gane la conciencia de los trabajadores no son pocas, a las complejidades propias, se agrega la labor permanente y hegemónica de la burguesía. Junto a esto hay que sumarle la labor de capas de la pequeña y mediana burguesía y sus intelectuales que se esfuerzan por ganar el apoyo de los trabajadores con el objetivo de sumar fuerzas, dada su debilidad política y económica, para presionar y arrancar alguna que otra concesión a la gran burguesía, estos esfuerzos que hacen estas fracciones de la burguesía no van más allá de impulsar un "reformismo optimista", descreen de toda política revolucionaria, afirman la imposibilidad de enfrentar a los organismos internacionales (FMI, BM), claman de rodillas un trato más justo, critican al "modelo" y aquellos aspectos del mismo que puntualmente las afecta. Claman por otro modelo de capitalismo en donde tengan asegurada su existencia y abierta una posibilidad de desarrollo, quieren con todas las fuerzas volver a una etapa del capitalismo que ha sido definitivamente superada por la gran industria, la concentración monopólica, las multinacionales y el capital financiero.
Buena parte de estas capas fueron en su momento el apoyo de Alfonsín, luego de Menem y su política de privatizaciones y convertibilidad, después viraron a la Alianza, y en cada uno de estos movimientos contaron con la complicidad de muchos dirigentes sindicales que les aseguraron el apoyo, aún a regañadientes, de una parte de la clase y los sectores más pobres de la sociedad.
En la medida que el gran capital va imponiendo el ritmo de la vida del país, desplaza y lleva a la ruina a capas cada vez más extendidas de la pequeña y mediana burguesía, se va desarrollando un sentimiento antiimperialista en estos sectores que no necesariamente significa sentimiento anticapitalista, y que un partido revolucionario debe tener en cuenta en su política. Ignorar esto sería irresponsable, tanto como ignorar el interés de estas capas de arrastrar al proletariado tras sus intereses y por lo tanto es obligatorio denunciar las manipulaciones que la burguesía hace de los justos sentimientos antiimperialistas de los trabajadores y del conjunto de la población.
En este terreno nuestra política debe ser la de establecer una clara línea divisoria entre los intereses de la burguesía y los del proletariado y el resto de las capas explotadas y en este camino ganar a una parte de la pequeña burguesía para que brinde su apoyo a la lucha de los trabajadores e intentar en lo posible neutralizar al resto. Lo decimos claramente: nosotros no trabajamos para una supuesta "unidad nacional" entre explotados y explotadores.
Los justos sentimientos antiimperialistas que existen en amplias capas de nuestra población también intentan ser aprovechados desde otras variantes políticas, entre ellas las del llamado nacionalismo popular, con su Proyecto Nacional, Popular y Antiimperialista. Estas corrientes ideológicamente heterogéneas, que van desde una actitud francamente hostil al socialismo, hasta una actitud consecuente en la lucha por parte de algunos de sus componentes, expresan básicamente la actitud de algunos sectores de la pequeña burguesía frente a la actual situación.
En realidad es la pequeña burguesía la más interesada en un proyecto nacional, popular y antiimperialista, es esta capa la más interesada en contar con el apoyo del proletariado y los sectores más empobrecidos para hacer frente al gran capital y a las multinacionales, y por arrancarles una serie de concesiones recuperando cierto grado de independencia estatal. Ahora su propuesta no avanza más allá del planteo de conformar un "Frente Nacional" para negociar en mejores condiciones con el imperialismo, aún a riesgo de que dicho frente consiga apoyo en elementos vinculados al fascismo criollo como los carapintadas, o se vean cada vez más inclinados al apoyo a la burocracia sindical, que de hecho están absolutamente alejados de cualquier proyecto de Liberación Nacional y Social.
No luchan por hacer avanzar la conciencia de los trabajadores, por afirmar su independencia como clase frente a la burguesía, sino por el contrario para reemplazar la influencia que el imperialismo sobre ésta ejerce, aún sobre la gran burguesía, y sustituirla por la ideología de la pequeña burguesía. Tal el caso de la propuesta del Frente de la Resistencia. La experiencia histórica demuestra que en la medida que crece la actividad revolucionaria de la clase, que se afirma su conciencia revolucionaria, una parte de estos sectores pueden llegar a abrazar de manera consecuente las ideas del marxismo leninismo.
Como parte de la lucha ideológica por ganar la conciencia de los trabajadores y los explotados para la revolución socialista debemos delimitar claramente nuestra posición respecto a otras fuerzas que sostienen la teoría de la revolución por etapas, (antimperialista, democrática, popular, anticapitalista con vistas al socialismo o variantes por el estilo).
Al sostener el carácter de la revolución en nuestro país, de una u otra forma fundamentan la necesidad de la construcción de un Frente de Liberación Nacional y Social, supuestamente hegemonizado por el proletariado, que abarcaría en su seno a los trabajadores como a sectores de la burguesía agredidos por el imperialismo. Estas fuerzas más allá de sus propias diferencias y matices, al impulsar un frente policlasista carecen, en los hechos, de una crítica hacia el estado y la democracia burguesa, hacia el parlamentarismo burgués.
Esta política en los hechos lleva a privilegiar superficialmente los aspectos antiimperialistas de las luchas y a oscurecer, diluir el contenido anticapitalista de las mismas, es la base de muchos engendros frentistas que terminaron en verdaderas frustraciones para amplios sectores de militantes honestos, como en el caso del Frente Grande y otros, (tal el caso del PC) o que actúan como furgón de cola de una u otra fracción de a burguesía, (como viene ocurriendo con el PCR), tanto en el plano político como sindical. Objetivamente más allá de su voluntad, alimentan el reformismo en las filas de los trabajadores, lejos de luchar por la destrucción del sistema de dominación burguesa llaman a confiar con distintas argumentaciones en distintas fracciones de la burguesía, y llegando en algunos casos abiertamente a llamar a perfeccionar la "democracia", a "fortalecerla", a pasar de una democracia restringida a "una verdadera democracia" ocultando el hecho que esta se conquista derrocando a la burguesía. Estos proyectos no advierten que al no vincular dialécticamente la lucha anticapitalista y antiimperialista privan de toda perspectiva revolucionaria al movimiento obrero, en este marco la declamada "hegemonía de la clase obrera" se transforma en un simple eslogan, sin materialización en la práctica.
Estas fuerzas apoyándose en elementos objetivos de la realidad, en las profundas contradicciones que genera el dominio del gran capital, tanto local como internacional, alientan entre los trabajadores las expectativas de que se puede contar con sectores de la burguesía en su lucha por la liberación nacional y social. El resultado no es otro que el desarme político e ideológico de los trabajadores, la pérdida de la independencia de clase.
Las diversas variantes del trozkismo, si bien proclaman el carácter socialista de la revolución, y por lo general agitan consignas "izquierdistas" están ganadas por una visión pacifista, economicista y espontaneísta, que denota su falta de vocación de poder, ya que toda su política en muchos casos está centrada en el electoralismo, en el llamado a cuanto burócrata sindical ande suelto por allí a convocar a una lucha o a integrarse en un partido de los trabajadores.
Todas estas variantes niegan en los hechos que dada la actual conformación del capitalismo a nivel mundial y el carácter de país dependiente de Argentina, el papel de las multinacionales y el imperialismo, que determina el nuevo rol del Estado, ya no como conciliador sino como representante directo de los sectores más concentrados, hace necesario para abrir un proceso revolucionario, derrocar a la burguesía, y que el parlamentarismo, el electoralismo y el luchismo sin organización independiente de la clase, conducen las luchas por la vía muerta.
Aunque muchos de ellos reconocen esto de palabra, en los hechos lo niegan día a día, alentando acuerdos con tal o cuál fracción de la burguesía, con llamamientos a los sectores "progresistas" a los "desilusionados" para integrar sus frentes. Todas estas fuerzas actúan dentro de los marcos del sistema y no en contra, olvidan la conclusión que Marx extrajo de la Comuna de París, en el sentido de que la clase obrera no puede pretender apropiarse de la maquinaria del estado burgués y ponerla a su servicio sino que debe destruirla y reemplazarla por su propio aparato estatal, al abandonar este principio abandonan al mismo tiempo toda teoría y práctica revolucionaria sobre la violencia, dejando indefenso al proletariado frente a la maquinaria represiva de la burguesía.
Estas fuerzas actúan en el marco de la democracia burguesa como "oposición" y no como fuerzas revolucionarias, el concepto de oposición que incluso algunos completan como de "oposición verdadera" se ajusta por completo al juego de la institucionalidad burguesa.
A varias de estas fuerzas les cabe la caracterización que Lenin hiciera sobre los oportunistas "El objetivo final no es nada, el movimiento lo es todo..... Determinar su comportamiento caso por caso, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales en aras de las ventajas verdaderas o supuestas del momento, esta es la política del oportunismo...." y agregaba que "... la transformación de la legalidad burguesa en un fetiche, el rechazo del punto de vista de clase y de la lucha de clases por el temor a apartar de sí "a las amplias masas de la población (léase pequeña burguesía)" tales son sin duda los fundamentos ideológicos del oportunismo".... ( OC Tomo XXII pag. 125) y más adelante "... mediante sofismas evidentes, se extirpa del marxismo su vivo espíritu revolucionario y se admite en el todo, excepto los métodos revolucionarios de lucha, la propaganda y preparación de esos métodos, y la educación de las masas en ese sentido (ídem pág. 146).
La noción de internacionalismo en el marxismo se basa en la unidad del mercado capitalista mundial y la objetiva unidad de los explotados de todo el planeta, por lo que la revolución es internacional por su contenido, pero nacional por su forma. Y que sin reconocimiento militante de las particularidades de cada país, de su evolución histórica, su singularidad cultural, sus luchas concretas, sus héroes y mártires, la lucha viva y concreta de las masas, jamás podrá transformarse en revolución victoriosa.
En las condiciones concretas de nuestra patria y América Latina además estos conceptos adquieren una importancia particular, puesto que la revolución que madura en estas tierras es socialista y Latinoamericana, como en la etapa de la independencia, ningún país que se libere de las garras del imperio estará seguro si en el continente subsisten bases de apoyo a las políticas del imperialismo. Esto reconoce razones económicas, los mercados locales bajo la dominación imperial están en pleno proceso de interrelacionamiento, como lo demuestra el mercosur por lo que un país tendría serias dificultades para comenzar el proceso de construcción del socialismo sino es sobre la base de aprovechar y reconvertir toda la estructura capitalista heredada y no aislándose de la mayor parte de ella. El socialismo a construir no puede negar sino reestructurar en el marco de las nuevas relaciones de propiedad la base económica heredada, y esta mal que nos pese en la actualidad tiene objetivamente un carácter internacional.
Además existen razones culturales sobre las que también se apoya la transnacianlización actual (es más fácil articular un mercado cuando existe la misma cultura, el mismo idioma, incluso la misma religión que cuando esto no se da), e históricas.
Desde las distintas luchas de los pueblos del continente, hace más de 500 años contra la invasión española hasta las luchas libertarias de los pueblos por la libertad latinoamericana, nos muestran la comprensión de las diversas razones estructurales de la geografía económica y social Latinoamericana, y por eso se encaró, desde esa época la emancipación como un proyecto continental. El Che retoma esta concepción cuando plantea que la cordillera de los Andes debe ser la Sierra Maestra de América Latina, siendo su gesta en Bolivia en cierta medida uno de esos hechos que por adelantarse a su propio tiempo histórico, de alguna manera lo prefiguran y lo determinan. No es Bolivia la tumba del Che, ni la demostración de su error como pregonan muchos, sino su trampolín definitivo a la historia y el comienzo de lo que seguramente serán las grandes batallas del siglo 21
El internacionalismo por otra parte no debe confundirse, ni puede atarse a los intereses específicos o particulares de ningún grupo, fracción o inclusive estado nacional en proceso de construcción del socialismo, por más legítimos que los intereses particulares de estos sean, pues el internacionalismo solo es patrimonio del conjunto del proletariado mundial cuyos intereses están por encima de los de cualquier destacamento particular.
LA DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA.
La Revolución Cubana ha materializado, en lo que el imperialismo considera su patio trasero y a muy pocas millas de su propio territorio una revolución social y política que construye nuevas relaciones de producción en el camino del socialismo, y nuevas relaciones políticas en el marco de un nuevo estado en manos de los trabajadores. No son las limitaciones del proceso de construcción del socialismo en Cuba, reconocidas por otra parte por la propia dirección revolucionaria de la isla, por las que el imperialismo centra su artillería en la isla sino precisamente por su virtud esencial, su naturaleza de clase.
El proceso de rectificación de errores y desviaciones iniciado en 1985 por impulso del propio Fidel Castro, dió lugar a una significativa renovación de cuadros y a la participación del conjunto de la población adherente o no al partido en la discusión de los temas que este debía resolver. No se trata de un proceso acabado. Y resultaría sencillo exponer ejemplos de rasgos erróneos e insuficiencias que perviven en el sistema político Cubano. Pero justamente lo decisivo es que exista el convencimiento de que el socialismo no puede existir sin la constante profundización y perfeccionamiento de la democracia de los trabajadores.
La permanencia de este ejemplo y su visualización por las masas del continente, precisamente cuando el capitalismo muestra su irremediable crisis y la tendencia a la eliminación de las libertades democráticas, quita el sueño a los estrategas imperialistas de todo el mundo y por ello la defensa y la lucha por la ampliación de las conquistas económicas sociales y políticas de los trabajadores en el continente, esta indisolublemente unida a la defensa de la revolución en Cuba
VIVA LA LUCHA DEL PUEBLO COLOMBIANO Y SU VANGUARDIA LAS FARC-EP.
Hace muchas décadas que los trabajadores, los campesinos y el pueblo Colombiano enfrentan decididamente a las políticas criminales de la gran burguesía de ese país y el imperialismo. Hace más de 35 años que un conjunto de colonos en Marquetalia, rodeados por miles de soldados del sistema con todo el apoyo ya desde entonces del imperialismo, decidieron dar el histórico paso de conformar las FARC, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, hoy Ejercito del Pueblo, conscientes de que en ese país era la clase dominante la que cerraba todos los espacios "legales" para las luchas populares. Desde entonces la larga guerra del pueblo Colombiano por su definitiva liberación viene desarrollándose.
Hoy en una nueva etapa, la vanguardia de la revolución en Colombia las FARC-EP, han demostrado sabiduría en la conducción del proceso, afianzadas y con el control de gran parte del territorio, obligaron hace más de un año al gobierno de Pastrana a sentarse a negociar, reconociendo de hecho así el poder real acumulado por los revolucionarios. Es evidente que la burguesía sólo trata de ganar tiempo porque no encontrando una salida militar propia, debilitada y con gran desprestigio entre las masas necesitaba un respiro para reagrupar sus fuerzas. Los compañeros de las FARC-EP por su lado, a la cabeza de los explotados de la patria de Bolívar, necesitaban generarse las mejores condiciones para llegar a un conjunto de sectores populares que en la situación de guerra abierta se tornaba imposible, sobre todo en las ciudades.
Indudablemente la Paz puede tener sentidos muy diferentes, para los revolucionarios solo puede lograrse sobre la base de la felicidad del pueblo derrotando los planes del gran capital; para la burguesía, es la paz de los cementerios, con hambre represión y humillación para los trabajadores. La actual democracia burguesa argentina es la mejor muestra de ese tipo de paz, edificada sobre la masacre de una generación, el terror y la difusión de los valores más aberrantemente individualistas. Esa es la paz a la que aspiran Pastrana y los monopolios; para imponerla preparan el plan Colombia. Para ello han comprometido la cifra de 7300 millones de dólares en los próximos años, que será dirigida fundamentalmente para combatir a los revolucionarios y a las FARC-EP en particular.
El imperialismo ha aprendido sus lecciones y con las heridas de la derrota de Vietnam todavía sensibles, trabaja para cerrar más decididamente el frente internacional con los gobiernos del imperialismo Europeo y fundamentalmente con los latinoamericanos, que deberían jugar de punta de lanza del plan. Hay que reconocer que ya han logrado alinear a muchos, como México, Ecuador y Perú que además tienen en su territorio bases Yankees, o al de la Alianza en nuestro país que siguiendo la línea de toda la última etapa de la política exterior del país, ha comprometido ayuda humanitaria, técnica y militar a la burguesía colombiana y en esa línea de sumisión a las directivas imperiales, vienen realizando desde hace algunos años ejercicios militares con las tropas yankees en nuestro territorio, y construyendo bases permanentes (en el Delta, en Córdoba, en la Patagonia, en el Noroeste y en el Noreste).
Los Yankees aprobaron como parte de ese paquete una partida de 1300 millones de dólares para este año que se usará fundamentalmente para equipamiento militar. Helicópteros y armas de última generación, entrenamiento especializado, etc. es el aporte del imperialismo a la lucha contra el pueblo hermano. Que todo esto se lo haga invocando la lucha contra el narcotráfico es el símbolo de la esquizofrenia del discurso del sistema y de su descomposición, ¿ Quien a esta altura duda que el imperialismo norteamericano, la CIA y la DEA son los principales narcotraficantes del mundo? Este plan viene a sostener a un ejército incapaz hasta el momento de enfrentar a los revolucionarios y especialista en torturar, asesinar, matar y apañar a las bandas de paramilitares que se encargan de hacer la parte más sucia del trabajo en la guerra contra el pueblo.
Por eso nuestro compromiso internacionalista es dar la batalla para impedir por todos los medios que sean necesarios que la burguesía en la Argentina comprometa cualquier tipo de ayuda abierta o encubierta para la aventura imperialista en Colombia. Hoy más que nunca un golpe sobre los revolucionarios colombianos o en cualquier otro lugar del mundo, es directamente un golpe sobre los intereses y las condiciones de vida de los trabajadores argentinos. El avance del proceso revolucionario en Colombia es decisivo para el avance de la revolución en el continente, en este conflicto se juega el destino de la patria grande toda.
EL PROBLEMA DEL PODER Y LA DICTADURA DEL PROLETARIADO.
El Manifiesto del partido Comunista que elaboraron magistralmente Marx y Engels sigue siendo para los comunistas un texto central a la hora de definir doctrina y objetivos, por eso como se dice allí nos afirmamos en que los comunistas consideramos indigno ocultar nuestras ideas y propósitos y proclamamos abiertamente que nuestros objetivos solo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente, puesto que ninguna clase abandona sus privilegios y el poder pacíficamente, y que sin el poder en las manos de las amplias mayorías esto es de los trabajadores no habrá transformación de fondo posible, en estas afirmaciones sintéticamente sustentamos el eje de nuestra concepción de la estrategia revolucionaria.
Este tema es central y delimitador de toda nuestra propuesta, con respecto a muchas fuerzas llamadas de izquierda que expresan aspiraciones seguramente honestas y legítimas de transformar la realidad pero que al no contar con un enfoque claro del problema del poder no hacen sino reciclar permanentemente diferentes propuestas dentro de los marcos del sistema.
Nosotros decimos claramente que sin la destrucción del estado burgués y todos sus instrumentos y mecanismos de represión es imposible plantearse el comienzo de la construcción de la nueva sociedad y que por lo tanto la estrategia del proletariado tiene que tener como eje central la acumulación de fuerzas revolucionarias en el marco del despliegue de todas las formas de lucha necesarias para lograr este objetivo, y toda táctica debe subordinarse a ese eje de confrontación y acumulación revolucionaria.
Reivindicamos a la dictadura del proletariado, esto es la democracia de la mayoría o imposición de los intereses de las más amplias masas por sobre los de la minoría explotadora actual, como única vía para abrir pasó a la construcción de nuevas relaciones políticas entre los hombres basándose en una nueva moral y éticas, superando para siempre la época donde el poder es privilegio de unos pocos.
Es fundamental trabajar para sustraer a las amplias masas del control o hegemonía ideológica de la burguesía ganándolas para una concepción y una practica antimperialista y anticapitalista.
La batalla de ganar a la mayoría de los trabajadores para el proyecto revolucionario, tiene por así decirlo 2 planos. Las más amplias masas, como lo demostró hasta ahora la historia, se incorporan al proceso revolucionario detrás de consignas que tienen que ver con sus necesidades principales y ante la certidumbre de que el poder burgués ya no puede resolvérselas, consignas que en ese momento adquieren contenido revolucionario. En ese instante se produce un momento de ruptura con la hegemonía política de la burguesía, que con el tiempo, las nuevas prácticas y el ejemplo y orientación de la vanguardia se transformarán en ruptura ideológica con el viejo mundo. Hasta entonces seguirá predominando en términos ideológicos sobre las amplias masas el sentido común burgués.
En el seno del proletariado se desarrolla una verdadera guerra ideológica entre la burguesía y los elementos conscientes del mismo. Una batalla fundamental debe ser conquistar a la vanguardia política y social de los trabajadores en lucha, para las concepciones del socialismo científico, del resultado de esa batalla, de cual es el proyecto que aglutina y dirige a la vanguardia, de los trabajadores depende el futuro de la revolución. En nuestro caso debemos ganarla para los ejes centrales del proyecto revolucionario que se sintetizan en el contenido socialista de la revolución que madura en nuestra patria, la necesidad de destruir el estado burgués como condición para la conquista del poder político por y para los trabajadores y la construcción del partido Leninista necesario para dirigir tal proceso.
Por supuesto que no existen compartimentos estancos entre las masas y la vanguardia pero si planos de acumulación de experiencia y conciencia distintos, aunque dialécticamente relacionados. El sujeto social presenta en la realidad simultáneamente diversos estados de conciencia normalmente asociados a niveles de organización político social. El partido debe expresar el peldaño más alto de la conciencia socialista, y organizar a los miembros mas decididos de la vanguardia de los trabajadores en un instrumento de nuevo tipo.
En el Que Hacer Lenin nos decía: "Marchamos en pequeño grupo unido por un camino escarpado y difícil, fuertemente tomados de la mano. Estamos rodeados por todas partes de enemigos y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión libremente adoptada, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer dando un traspié, al pantano vecino cuyos moradores nos reprochan desde un principio que nos hayamos separado en un grupo aparte y que hayamos escogido el camino de la lucha y no el de la conciliación. Y de pronto algunos de entre nosotros comienzan a gritar vamos al pantano. Y cuando se intenta avergonzarlos replican pero que gente tan atrasada sois, como no os avergonzáis de negarnos la libertad de invitaros a seguir un camino mejor. Ah! Si señores libres sois no solo de invitarnos, sino de ir adonde mejor os plazca incluso al pantano, hasta consideramos que vuestro verdadero puesto esta precisamente en él y nos sentimos dispuestos a prestarles toda la colaboración que este a nuestro alcance para trasladarlos allí a vosotros. Pero en tal caso soltad nuestras manos, no os agarréis a nosotros ni ensuciéis el gran nombre de la palabra libertad, porque nosotros también somos libres para ir donde nos parezca, libres para luchar no solo contra el pantano sino contra los que nos desvían hacia él." Lenin pag 40 Que Hacer. Nos hemos tomado la libertad de incluir esta cita relativamente extensa de Lenin porque creemos que en ella se manifiesta con relativa sencillez y gran profundidad, los argumentos sobre la necesidad de que los socialistas científicos y revolucionarios se separaran en partido aparte del ala socialdemócrata, del amplio movimiento Marxista en que consistía el PSDOR. Sería el mismo autor y el mismo libro quien afirmara más adelante, que solo quienes no están seguros de sí mismos temen realizar alianzas amplias, pero que la condición central para realizar cualquier alianza, paradójicamente es haberse delimitado con absoluta claridad en los desacuerdos, o sea es imprescindible saber quienes somos, adonde vamos con quienes y que tipo de alianza estamos realizando y esto vale tanto al interior del partido como hacia fuera.
Desde que el socialismo se convirtió en ciencia merece ser tratado como tal, afirmaba por su parte Federico Engels, lo que nos obliga a un tratamiento particular del problema de la construcción del partido revolucionario, Lenin fue quien abordó esta problemática por primera vez en forma más o menos sistemática y científica en la obra mencionada, nos planteó entonces que la conciencia socialista en el proletario necesariamente provenía de afuera de la esfera de las relaciones económicas entre obreros y patrones, esto es de fuera de la experiencia práctica de la explotación cotidiana. El obrero no accede a la conciencia revolucionaria que se basa en un desarrollo necesariamente científico, solo por saberse y vivir cotidianamente la explotación, en ese marco no supera la etapa de clase en sí, es decir la conciencia de ser una clase social distinta que la de sus explotadores y con intereses propios. Para alcanzar el estadio de clase para sí, es decir de la conciencia de cual son esos intereses propios y opuestos a los de la burguesía y como se resuelve ese conflicto, debe necesariamente intervenir la teoría revolucionaria y esta sólo puede ser aportada por un elemento externo a las relaciones económicas de obreros y patrones, el partido. La conciencia revolucionaria y socialista se forja en la esfera de la lucha política por el poder, donde el proletariado encabezado por su partido, que basa su accionar en una doctrina científica, enfrenta no a una cámara patronal, sino al estado burgués y todo el andamiaje burocrático, político y militar de opresión que este supone.
Estos soportes de la concepción Leninista de partido son sin embargo sistemáticamente violados por aquellos mismos que dicen sostenerlos. Mas allá de su proclamación formal un sinnúmero de deformaciones demuestra su incomprensión real. La subestimación de la teoría y la lucha teórica e ideológica, el practicismo, el economismo, el reformismo e incluso el obrerismo imperante en los hechos de la mayor parte del abanico de fuerzas autodenominadas marxistas, es en realidad una muestra cabal de la no-comprensión de aquel principio.
En síntesis concebimos al partido como un producto histórico, conscientemente construido por los elementos de vanguardia, fusión de la teoría revolucionaria y los más avanzado de los trabajadores en lucha.
No existe hoy en la Argentina el partido que exprese los intereses del proletariado y la perspectiva de la revolución. Los que actúan hoy, en la vida política cotidiana con el nombre de partidos son fracciones o corrientes, que como tales expresan en el caso de las más consecuentes y legítimas, aspectos parciales de los intereses y necesidades de la clase, la amplia hegemonía ideológica y política de la burguesía sobre el conjunto del proletariado se hace sentir también sobre sus hipotéticos representantes políticos. La consecuencia más directa en el terreno social es la dispersión y el aislamiento de las luchas y los luchadores, constante de toda esta etapa, en el terreno político se expresa en el atomizamiento y dispersión de los revolucionarios.
Hay en esto un problema filosófico vinculado a la teoría del conocimiento, si según el criterio marxista la practica es el criterio de la verdad, una experiencia fracturada no hará sino reproducir una visión parcial de la realidad. Por lo tanto es imprescindible a partir de este diagnostico y de los principios establecidos comenzar a delinear una táctica de construcción de partido, que apunte en primer término a superar dicha dispersión.
Esta superación no es un problema de buena voluntad, o de buenos deseos, es un problema científico y comenzará a resolverse en la medida que construyamos sobre la base del Marxismo Leninismo una síntesis de las mejores experiencias de la historia de la lucha de clases en nuestro país. Seguramente no será una sola tradición o identidad socialista científica de las varias que existieron en esta tierra, la que protagonice esta nueva construcción, en ella confluiremos y de hecho estamos confluyendo revolucionarios que provenimos de distintas experiencias e identidades.
Esta doble complejidad, de diversidad de orígenes y practicas parciales, es la realidad sobre la que tenemos el desafío de construir. Por eso junto al debate de una cantidad de temas contenidos en los principios enunciados, y el análisis de experiencias revolucionarias nacionales (como el balance de la década del setenta), y en el mundo acaecidas en él ultimo siglo, habrá que discutir e ir construyendo una línea política de intervención en el movimiento de masas.
Por eso nuestro desafío es construir una propuesta revolucionaria que nos permita conducir a las masas a la victoria en un proceso que no reconoce tiempos diferentes, sino en todo caso planos distintos que habrá que abordar simultáneamente.
En el marco de ese enfoque general, entedemos a Refundación Comunista como un destacamento leninista, que tiene como su meta central la construcción del partido revolucionario del proletariado para dirigir a las masas a la conquista del poder.
Trabajamos para dotar a este nuestro destacamento, de todos los atributos necesarios para el cumplimiento de esas tareas. El centralismo democrático es la forma organizativa más adecuada a estos efectos. Sistema y método que debe garantizar un ida y vuelta dialéctico entre la dirección y la célula, esta es el núcleo básico y central de la organización.
El eje fundamental de la política del organismo básico es el problema del poder, la necesidad de desplegar una línea política en el ámbito especifico que le toque actuar, que ponga en el centro de la construcción, la acumulación para que la clase en su conjunto vaya dotándose de todos los atributos para la disputa y la conquista del poder. Así concebida la célula debe trabajar para transformarse en el estado mayor del proletariado en su lugar de acción, atendiendo a todos los aspectos de la lucha de clases y desarrollando la capacidad de desplegar e impulsar todas las formas de lucha necesaria para enfrentar al sistema.
Donde está una célula está el partido, donde está un militante está la célula, así con la necesaria disciplina a la línea colectivamente elaborada cada organismo debe tener un importante nivel de autonomía que le permita actuar, desarrollar y reproducir política y organización aun en las condiciones más adversas. Esto presupone la construcción de un verdadero colectivo revolucionario que aplique nuevos y efectivos métodos de democracia proletaria, permitiendo al conjunto de la organización el más amplio debate en un proceso que necesita de una gran dosis de creatividad individual y colectiva, a la vez que la firme disciplina consciente a la hora de aplicar la línea elaborada por el conjunto.
LAS TAREAS DE ETAPA.Y LOS EJES ESTRATEGICOS DE ACUMULACION
Revolución Socialista, vía y tipo de partido son los 3 ejes políticos centrales en torno a los cuales se desarrollará la construcción, debate y reagrupamiento estratégico de cuadros y militantes en nuestra patria. El propio partido concebido como producto histórico, fusión de la teoría revolucionaria y lo más avanzado de los trabajadores en lucha y síntesis a la vez de las mejores experiencias de la lucha de clases en nuestra patria, sé irá reagrupando en torno a ellos.
Aquellos ejes constituyen el horizonte más general de nuestra propuesta y en alguna medida representan el plano más abstracto de la política. Esa estrategia general necesita de una propuesta de mediación entre aquellos objetivos y la realidad actual. Esa propuesta política de la etapa constituye lo que podríamos denominar nuestra estrategia operacional, y un escalón mas concreto de nuestro proyecto, en torno al cual se articularan las tácticas concretas de cada coyuntura o frente, que son el plano diario y material de nuestro trabajo.
Para elaborar esta propuesta que dota de un horizonte mediato y visible al activismo y a las masas en general hay que partir de una análisis de la etapa, de un cuadro de situación lo más acertado posible. Todas las fuerzas políticas lo conceptualicen o no tienen por puro sentido común estas propuestas para la etapa. Que operan a su vez como ejes de construcción y acumulación en torno a los cuales medir el desarrollo objetivo de dichas propuestas.
MOVIMIENTOS SOCIALES Y PARTIDO.
La cultura militante impuesta en la izquierda durante décadas por la mayoría de sus organizaciones tradicionales llevó a diversos intentos de apropiación y manipulación de los movimientos sociales. Es necesaria una recomposición de la cultura militante, que erradique los conceptos mesiánicos autoritarios en suma idealistas no marxistas y las formas de manipulación copiadas de la burguesía, tan imprescindible como diferenciar muy cuidadosamente los movimientos sociales genuinos de las caricaturas financiadas directa o indirectamente por el imperialismo (ONG).
El grueso del proletariado se organiza en torno a sus reinvindicaciones y necesidades más inmediatas en un nivel de conciencia y organizativo que mientras se mantenga en ese plano, está contenido ideológica y políticamente dentro del sistema. Esta es la clase en sí, entre este polo y el de la conciencia socialista expresado por el partido, existe una relación de tensión dialéctica, de unidad y lucha de contrarios. Entre ambos suelen tenderse puentes o mediaciones dialécticamente hablando, que expresan niveles de conciencia anticapitalistas y antiimperialistas, aun en estado difuso. Estos estadios intermedios suelen adoptar múltiples formas y son objetivamente los canales con los que el partido se vincula y se nutre para incorporar al conjunto de la clase para la política revolucionaria
Es un hecho que estos puentes entre la conciencia revolucionaria y las masas a veces se comienzan a desarrollar de manera espontanea, como consecuencia del desarrollo de las luchas o la politización creciente de los luchadores, cuando es así en ellos no se termina de dirimir la batalla por la hegemonía entre burguesía y proletariado. Por lo tanto es parte de la estrategia correcta para el partido revolucionario actuar en esas organizaciones político sociales de masas, o contribuir a crearlas en caso de que no existan, dando la batalla en cualquier caso por la dirección política de las mismas, para asegurar que sirvan a los intereses del proletariado y cumplan esa función específica de mediación entre el partido y las más amplias masas y no se trasformen en un canal más de dominación de la burguesía sobre estas. Por ello es una tarea central del partido, aun en etapa de formación delinear una política y los mejores instrumentos para intervenir en el movimiento de masas.
EL TRABAJO EN EL MOVIMIENTO OBRERO Y SINDICAL
El movimiento reivindicativo del proletariado abarca varias facetas y formas especificas de organización entre las que sobresale la sindical, que es la que lo organiza en sus lugares de trabajo.
Debemos trabajar para reagrupar al movimiento obrero y popular para la lucha, desde nuestra concepción clasista, organizar a los trabajadores ocupados o no en movimientos de masas para la lucha por sus reinvindicaciones, que ante los límites de la actual situación del capitalismo, adquieren cada vez más alta significación política.
Contamos a nuestro favor con la experiencia del activismo y de una parte importante de las masas, ante el desgaste del aparato sindical tradicional y del "nuevo" de recambio, ante lo que mencionábamos más arriba en cuanto a la búsqueda de orientación y organización política, inclusive de partido, que hasta el 97 estaba cuestionado.
El proletariado reinicia esta nueva etapa de la lucha, tanto a nivel nacional como internacional, aprendiendo de los aciertos y los errores cometidos, esto constituye un piso para que la nueva recomposición en curso se haga desde un escalón más alto del que venimos. De allí surge la necesidad de plantear con mayor énfasis la necesidad de que los trabajadores y las masas apunten en sus luchas al objetivo del poder para poder ver resueltas sus más sentidas aspiraciones.
Las limitaciones de las fuerzas revolucionarias y de los trabajadores como clase, no permiten resolver aún el paso de la lucha económica a la lucha política revolucionaria, para cuestionar no sólo las consecuencias de las políticas aplicadas, sino al sistema de dominación capitalista, y por ende encarar la lucha por el poder.
Todo nuestro trabajo apunta a la recomposición de la conciencia de clase, al reforzamiento y construcción de movimientos de masas para la lucha. Entendiendo como clasismo a la actitud de defensa irrestricta e inclaudicable de los derechos de los trabajadores. Admitiendo que el clasismo no agota la política revolucionaria, que debe ser un componente fundamental, pero que con ello sólo no alcanza, que se puede ser clasista sin ser marxista, y que la expresión más alta y acabada del clasismo es el marxismo.
Debemos apoyarnos en nuestra memoria histórica, en las profundas concepciones clasistas que se encuentran desde los orígenes de la constitución del movimiento obrero argentino en el siglo XIX, siempre en lucha contra las ideas de la burguesía, desde la constitución de los primeros sindicatos y sus luchas, de la conmemoración del 1° de mayo de 1890, de las luchas de la Patagonia, La Forestal, La Semana Trágica, las luchas de las décadas del 30 y 40, y la riquísima experiencia de las décadas del 60/70.
La etapa del capitalismo redistributivo, cuando la burguesía se vió obligada a otorgar una cantidad de concesiones a los trabajadores, generó un modelo sindical, donde la burocracia asentaba su poder en la capacidad de negociar con las patronales desde posiciones de fuerza, mejoras para la clase, haciendo simultáneamente de muro de contención de las ideas clasistas. No solo el desgaste a través del tiempo y la experiencia acumulada de las masas, sino las propias transformaciones del capitalismo que lo han llevado a barrer con todas aquellas conquistas obreras, han agotado este modelo sindical estatal patronal, con descuento sindical obligado por planilla, que era una forma de férreo control de la burguesía sobre las organizaciones de los trabajadores.
Es por esto que nosotros no planteamos la recuperación sindical o de los sindicatos, sino la construcción de un nuevo movimiento sindical con nuevas estructuras que sirvan para que la clase se nuclee a nivel nacional para luchar por sus reinvindicaciones.
Somos conscientes que el sindicato expresa a la clase en sí, pero los sindicatos existentes ni siquiera cumplen ese papel pues ya no dan la pelea económica, sino que son estructuras vacías con gerentes en vez de secretarios generales. Nuestro planteo de nueva central de trabajadores establece un quiebre muy profundo con las concepciones de conciliación de clases y promueve la organización consciente de los trabajadores para luchar por sus derechos, con dirigentes que estén en contacto con la producción y revovcabilidad de los mandatos.
Esta línea la desarrollaremos allí donde estén los trabajadores, incluso los sindicatos reaccionarios, no planteamos posiciones simplistas como retirarnos lisa y llanamente de los sindicatos, trabajamos para ganar todas las conducciones que se pueda, fundamentalmente en el ámbito de cuerpos de delegados y comisiones internas, pero allí libraremos la batalla para superar las estructuras caducas y reaccionarias de un sindicalismo con patrocinio del estado burgués, para construir verdaderas organizaciones de lucha de los trabajadores.
Los comunistas tenemos el deber de trabajar en todos los sectores en que se encuentre el proletariado con nuestra línea, no nos proponemos recuperar la CGT, más tenemos en cuenta que en su seno, en ambas versiones, es donde se encuentra sindicalizado la gran mayoría del proletariado industrial, y no actuamos ni actuaremos fuera de donde están los trabajadores, incluyendo sus sindicatos.
Los comunistas somos parte de las luchas de los trabajadores y nuestra deber es esforzarnos para encabezar los reclamos de la clase, prestando atención de no convertirnos en peones del movimiento, ser absorbidos por él, nuestra obligación junto a las antes mencionadas, es de constituir la organización revolucionaria en el seno del proletariado, de generar las condiciones para un idea y vuelta permanente entre este y el Partido.
Se hace imprescindible que tanto a nivel nacional, como regional y local establezcamos rápidamente nuestros objetivos de concentración en el seno del proletariado.
Reafirmamos la necesidad de contribuir con nuestra militancia a la constitución de una Central de Trabajadores, Clasista, Internacionalista, Patriótica e Independiente del Estado y los Partidos Burgueses, como cuestión estratégica, política e ideológica, fundamental para la unidad de la clase en sí, que es un objetivo de culminación, de llegada y no de partida, es un proceso de acumulación de fuerzas para la Revolución. Nuestro planteo de Nueva Central no es un planteo superestructural. Nosotros no luchamos por la división de la clase, es la burguesía la que trabaja permanentemente para la división.
En este contexto nuestra política de impulsar y desarrollar el clasismo reconoce hoy en la CNT a un instrumento adecuado que compartimos junto a otros luchadores y que es un ámbito apto para la acumulación en este plano de la lucha. La Coordinadora Nacional de Trabajadores CNT debe ser una Coordinadora de Acción Política-Sindical construida principalmente por Dirigentes, Delegados, Activistas Sindicales, y de Agrupaciones y Movimientos de Lucha de la clase y de las masas. Somos conscientes que en el marco de dispersión actual de las luchas los luchadores clasistas también se encuentran dispersos en diferentes agrupaciones y que su articulación requerirá de una política flexible y sin esquematismos
Las políticas actuales constituyen una hipoteca sobre el futuro del país y por lo tanto sobre la juventud en general y la trabajadora en particular, que debe incorporarse al proceso productivo en las nuevas condiciones de esclavitud moderna, sin derechos, con salarios de hambre, o directamente quedar fuera de él.
Hay que remarcar la importancia de la participación de la juventud en la Revolución y su rol para garantizar el futuro de la misma, asumiendo el criterio de que el trabajo hacia la juventud es un problema de toda la organización, teniendo en cuenta que dada la actual situación de crisis del capitalismo, los jóvenes son los más interesados en los cambios, pues en las presentes circunstancias no hay futuro posible que no sea una mayor marginación, superexplotación, alienación (de la mano del consumo de drogas), y el recrudecimiento de la violencia entre sectores populares y una cada vez mayor represión.
En estos momentos el 30% de los desocupados son jóvenes, la mitad de los niños son pobres, concepto de pobreza que debemos ampliar de los aspectos que tienen que ver con lo físico y lo espiritual. La política que vienen aplicando en el sistema educativo es parte del plan global de exclusión de los trabajadores, cada vez menos jóvenes tienen acceso a una educación a la altura del desarrollo de los conocimientos y la información. En general la mayoría de la población estudiantil en los primeros años de escolaridad asiste a clase fundamentalmente para recibir la copa de leche y/o el plato de comida, reforzando esto las dificultades para la incorporación al mundo del trabajo en condiciones dignas.
El movimiento juvenil viene de un duro golpe recibido por la dictadura, por el abandono de la ideología revolucionaria que sobrevino luego de la misma, a través de las "nuevas teorías" adoptadas incluso por fuerzas denominadas de izquierda como el PC de la Argentina, hasta llegar al durísimo golpe recibido con la caída de las experiencias de construcción del socialismo y la ofensiva ideológica desatada por el enemigo de clase a través de la socialdemocracia. Este golpe se nota principalmente en la universidad donde en todas las carreras humanísticas sus personajes se denominan "progresistas", pero lo único que hacen es teorizar al calor de las ideas de la burguesía. De allí la necesidad de redoblar esfuerzos para librar una durisima batalla ideológica contra el enemigo de clase. La situación en general del movimiento estudiantil muestra dificultades para la recomposición de las ideas de lucha y de la revolución. No obstante la historia de los últimos años demuestra que en determinadas coyunturas el movimiento estudiantil ha jugado un gran rol en las luchas por la educación y por el presupuesto, así como en el movimiento de DDHH y en casi todas las luchas obreras y populares y día a día se abren permanentemente nuevos frentes de lucha donde la juventud tiene su puesto de combate.
Para abordar el trabajo con las masas juveniles tenemos que asumir, y eso es parte fundamental de nuestro rol, la necesidad de encontrar las formas y los instrumentos tendientes a construir una nueva estética revolucionaria, como parte de la profunda lucha ideológica que tenemos que librar para ganar a la juventud para la Revolución, contra el consumismo que funciona como una vía para incentivar la delincuencia, ya que les genera expectativas de consumo a las que no pueden acceder..
Debemos reforzar nuestro trabajo hacia la juventud apoyándonos en sus reinvindicaciones concretas, asumiendo en general que este es un ámbito en el cuál tenemos un gran retraso, que requiere que precisemos más nuestra política, que profundicemos el nivel de debate político e ideológico en el seno de la juventud para ayudar a la recomposición del movimiento en una perspectiva combativa y revolucionaria.
Debemos levantar fuerte nuestras banderas ante la juventud planteándoles la disyuntiva que tienen: O son blanco de la droga y la policía o son parte de la lucha revolucionaria, no hay otra forma de resolver la problemática juvenil que no sea el asumir el camino de la Revolución en nuestra patria, ya que sólo de este modo la vida de los jóvenes tendrá futuro, tendrá sentido.
Debemos contribuir a la recomposición del movimiento de la juventud trabajadora y estudiantil universitario y secundario desde una óptica de clase. Orientar la conformación de grupos de estudio de marxismo entre trabajadores y estudiantes ganándolos para las ideas de la revolución.
Tenemos que trabajar con la juventud sobre la base del respeto y la admiración que siente la mayoría por el Che Guevara, que se expresa de múltiples formas, si bien en su gran mayoría no hay un conocimiento a fondo de su ideología marxista leninista, existe el respeto por quien fuera el paradigma de los que lucharon contra la "yuta" al decir de los jóvenes, tratando de articular la rebeldía innata en la juventud, potenciada en éstas épocas por la aguda crisis socioeconómica que vivimos, con las ideas de la Revolución. En este sentido y en el marco de recuperar la mística que siempre ha caracterizado en nuestra patria la lucha de los jóvenes, hay que trabajar para ir articulando un poderoso movimiento juvenil revolucionario referenciado en al figura del Che Guevara, amplio, combativo, antimperialista, y anticapitalista Movimiento Juvenil Guevarista.
El Partido a construir es una sola organización, no debe haber una organización juvenil aparte o conexa del partido, los cuadros jóvenes son cuadros del Partido que desarrollan su trabajo en el seno de las masas juveniles.
En el pasado el tema del trabajo territorial se usó para desarrollar la teoría del nuevo sujeto social de la revolución, hoy nosotros lo vemos desde el punto de vista de clase. Tenemos que analizar al proletariado hoy, sus distintas capas, cuales son los sectores más explosivos. El sector más bajo del proletariado, los más explotados son los que aumentaron considerablemente en número en este tiempo, este sector que podríamos denominar de las 3 T, Sin Trabajo, Sin Techo y Sin Tierra, a lo que hay que agregar además los Sin Salud y Sin Educación, es la capa del proletariado que hoy está peleando desde el territorio en los cortes de ruta, protagonizando algunas de las experiencias de lucha de clases de la argentina de hoy, más agudas.
. La perspectiva es que las condiciones de vida se agraven. Debemos concebir nuestro trabajo territorial como un componente más del Movimiento Obrero, para articular desde allí con el Movimiento Sindical, concebir al trabajo territorial como parte de la retaguardia del proletariado en el marco de la lucha revolucionaria, y desde allí abordar a dos sectores claves en el proceso revolucionario: la mujer y la juventud.
El trabajo territorial debemos concebirlo como parte de nuestro trabajo en el seno de la clase, teniendo en cuenta que en estos tiempos grandes luchas se dan en las barriadas populares, hoy las barriadas se encuentran en la primera fila del combate, debemos aprender como los desocupados se agrupan territorialmente, aquí se dan grandes disputas ideológicas y políticas no sólo contra la política del sistema, del asistencialismo, sino también con otras fuerzas denominadas de izquierda, que de hecho practican "el asistencialismo de izquierda."
Hay que tener en cuenta que la derecha también trabaja en el territorio, hay una grado de desesperación por el hambre en las masas populares, la situación es explosiva, más profunda que en el 89, se está acabando la plata para el asistencialismo, se pueden producir nuevos estallidos, más lo que prevalece es la desesperación y el oportunismo de derecha e izquierda. Tenemos que prepararnos para una larga y dura batalla, para construir nuestro proyecto político revolucionario también en este sector.
Debemos valorar el hecho que mientras otras corrientes se adaptaban al estado de ánimo de lo más retrasado de la masa haciendo asistencialismo de izquierda, desde nuestras posiciones, desde nuestras construcciones, como el POP planteamos como reivindicación central la reducción de la jornada laboral, el cese de los despidos y suspensiones, el no pago de impuestos y servicios, y el no pago para los desocupados del boleto del transporte.
El Estado y la burguesía en el territorio son más débiles, no tienen la presencia omnipresente que tiene el patrón en la fabrica, tenemos que ganar desde allí para el trabajo revolucionario para la empresa, tratar de unir a los desocupados y los ocupados, generar la conciencia que para luchar por crear fuentes de trabajo hay que luchar contra la superexplotación en los lugares de trabajo y esta es una tarea de todos. Debemos analizar como desde el trabajo territorial podemos abordar al proletariado organizado, principalmente al proletariado industrial.
Debemos levantar nuestras concepciones, luchando por las reinvindicaciones de las masas tratando de superar los límites del asistencialismo. Tenemos que ayudar a las masas a que retomen la idea de que no se puede seguir retrocediendo, que es necesario resistir y es posible retomar la iniciativa, convocar desde la necesidad de luchar para socializar, para tener un espacio propio y digno para vivir, para tener trabajo seguro y salarios dignos, derecho a la educación y la salud.
Las perspectivas de futuro para nuestros pueblos están claras, o seguimos padeciendo este sistema de explotación, injusticia, odio, individualismo, miseria que es el capitalismo, donde todo retoque de maquillaje que se le pueda hacer serán meros contenedores de los descontentos populares, pero que en su esencia se mantendrán tal cual es. Nunca los señores capitalistas, tuvieron ni tendrán un ataque de "humanidad" y dejarán de lado sus objetivos fundamentales, incrementar y asegurar sus negocios, por lo tanto sus ganancias a cualquier costo, a sangre y fuego, como lo ha demostrado la propia vida. O nos organizamos y luchamos por liquidar este sistema y construir una nueva sociedad, cuyo centro fundamental, es el amor al hombre, el socialismo, donde se pondrá fin definitivamente a la explotación del hombre por el hombre.
Sabemos que el camino es largo, difícil, con avances y retrocesos, pero la voluntad, convicción, el odio ante tanto dolor, tanta injusticia, nos da fuerza, para buscar los caminos necesarios que lleven a la clase obrera y al pueblo a la victoria.
La sociedad vive dividida en clases sociales, y de lo que trata la burguesía es de mantener su hegemonía sobre la clase que se le opone, para ello junto con sus gobiernos y sistemas electorales, mantiene toda una superestructura, que no cambia con los gobiernos y que le aseguran la gobernabilidad. Su dominación se da en todos los planos, lo político, ideológico, cultural y militar. La clase obrera y el pueblo tienen una sola salida y es tarea de quienes nos consideramos revolucionarios aportar concretamente para que la clase obrera pueda jugar su rol dirigente en este proceso revolucionario que se abre en nuestra patria, américa latina y el mundo.
Las clases dominantes tienen a su favor la falta de un verdadero partido revolucionario y consecuentemente con ello de una alternativa revolucionaria que pueda jugar el rol de vanguardia, unificando, desarrollando y profundizando la resistencia para pasar a la ofensiva y poder tumbar los planes del gobierno y los salvavidas de la oposición burguesa. Es en este marco que entendemos que la clave estará en el mayor impulso y profundización que se le pueda dar a las luchas de las masas, imprimiéndole a nuestro accionar un fuerte carácter agitativo y de propaganda que apunte a la resolución de los problemas de fondo, y en ese marco, en medio de las luchas, la construcción de la vanguardia.
Para garantizar que la resistencia sea lo menor posible las clases dominantes juegan un conjunto de variantes, por momentos de a una, y por momentos todas juntas. Nos referimos que privilegian el consenso con represión, más no debemos descartar que se inviertan las variables y que lo predominante pase a ser la represión, en principio dirigida, como se puede decir que es hasta el momento, salvo en luchas puntuales, y que con la agudización de la lucha de clases la represión se extienda cada vez más.
Por arriba las clases dominantes agudizan sus conflictos, para ver quién hegemoniza este nuevo momento, Todos apuestan a que la lucha de las masas no desequilibre al gobierno y tratan de contener el descontento para canalizarlo tanto en los marcos del sistema a través de las elecciones, la gobernabilidad, hoy a través de la Mesa del Consenso y una reedición del Pacto Social.
El gran desafío de las fuerzas que queremos ser revolucionarias es crear confianza y firmeza en las grandes mayorías obreras y populares en la Revolución Socialista. Los Comunistas siempre hemos valorado la importancia de la conquista de los espacios democráticos para el Proletariado y el pueblo. Consideramos que la defensa y la ampliación de los derechos democráticos de las mayorías explotadas forman parte de la batalla general contra la política del sistema capitalista.
Pero a quienes le asignan a la "democracia" valor universal, les decimos que no existe ni puede existir la democracia en general, al margen del dominio de las distintas clases sociales. Hoy en la Argentina, asistimos al régimen de la Democracia Burguesa, que concede de palabra derechos democráticos a toda la población, pero que en la práctica sigue actuando como una maquinaria de explotación del proletariado y del pueblo por parte de la burguesía y el imperialismo. Esto ya lo afirmaron los clásicos del Marxismo hace más de cien años. Debemos reconocer que en este lapso la burguesía no perdió el tiempo y ha perfeccionado maquiavélicamente los mecanismos para oprimir a la Clase Obrera dentro de los marcos de su "Estado de Derecho".
Nuestra principal preocupación debe ser el impulso de las luchas y en ese marco, junto a lo mejor del proletariado y la juventud marchar a la construcción de la organización revolucionaria, sin dejar de ver los datos y las disputas por arriba, nuestra principal atención tendrá que estar en lo que va a pasar con las masas.
Del impulso y la creación de instrumentos de masas aptos para la lucha, reconocidos por las masas dependerá hasta cuando los burócratas sindicales podrán garantizar la tregua, que paraliza o lleva a callejones sin salida a las luchas populares.
El espacio de los votos en blanco, impugnados y las abstenciones, el espacio histórico que ocupó la izquierda en nuestro país, los que votaron tapándose la nariz a la Alianza y los obreros y demás sectores populares que sin convicción se siguen identificando con el peronismo, constituyen un enorme polo obrero y popular donde lo predominante se puede decir que es el desgaste de la democracia burguesa como una opción para la satisfacción de las mínimas aspiraciones de las masas, donde como apuntábamos más arriba se van cuestionando en la práctica los grandes presupuestos ideológicos impuestos por las clases dominantes.
El alejamiento de las masas, producto de su experiencia concreta, de los partidos que históricamente y hasta no hace mucho representaban al grueso de la clase (PJ) y a las capas medias (UCR), del mismo modo que los sindicatos, que también están cuestionados por los trabajadores, dado que ambas instituciones han sido los canales de contención para la aplicación de esta política y sus nefastas consecuencias, constituye el terreno en el que los revolucionarios de hoy nos tenemos que mover para la construcción de los instrumentos de masas y el partido para la revolución en la Argentina.
Se abre un nuevo período ante la falta de representación del proletariado en el peronismo y de la pequeña burguesía con la UCR, de gran disputa ideológica y política, para la construcción de la alternativa revolucionaria que el proletariado y el pueblo necesitan: el partido revolucionario.
Esa es nuestra tarea; muy difícil y muy sencilla, todo depende de cómo la encaremos, y como nos situemos frente a la realidad, como utilicemos el marxismo, a partir de que es solamente una guía para la acción, de cómo utilicemos el materialismo dialéctico como arma para interpretar la realidad concreta y de lo que seamos capaces de construir, tratando de despojarnos permanentemente de todas las deformaciones mecanicistas y oportunistas.
Hasta hoy la mayor fortaleza de la burguesía es la debilidad del proletariado, la debilidad social para la lucha, la fragmentación entre ocupados y desocupados, entre estatales y privados, la parálisis del proletariado industrial producto entre otras cosas de la gran masa de desocupados que presionan sobre los salarios y las condiciones de trabajo, pero principalmente la falta de dirección política, la falta del partido revolucionario.