
Crux Sancta sit mihi lux, non Draco sit mihi lux, Vade Retro Satana,
numquam suadeas mihi vana, sunt mala quaea libas, ipse venena vivas
En esta edición de Fides et Ratio,
transcribimos un hermoso fragmento del texto para deleite de nuestros lectores.
“En ese embrión estaba la salvación de los hombres”
Tenemos que hacer violencia a nuestra mente para descubrir en el misterio del
desarrollo de un embrión humano al Verbo de Dios que se hace hombre.
Apenas hoy, 2000 años después del nacimiento de Cristo, estamos en condiciones
de describir todas las etapas del proceso del desarrollo del embrión, pero
seguimos echando mano de la fe para comprender que el Dios que da la vida, el
Creador, el Señor de todas las cosas,
Hace dos mil años, un óvulo fue fecundado prodigiosamente por la acción
sobrenatural de Dios. ¡Qué hermosa expresión: "El Espíritu Santo vendrá
sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de
nacer será santo y será llamado Hijo de Dios"! Así, de esa maravillosa
unión, resultó un zigoto con una dotación cromosómica propia. Pero en ese
zigoto estaba el Verbo de Dios. En ese zigoto se encontraba la salvación de los
hombres.
Unos siete días después, se produjo el adosamiento del blastocito en la mucosa
del endometrio y Dios se redujo a la nada que es un embrión humano. Pero ese
embrión era el Hijo de Dios y en Él estaba la salvación de los hombres.
Ese huevo alecítico se fue desarrollando paulatinamente y, a medida que
progresaba la segmentación del huevo, iniciaron su diferenciación y crecimiento
los esbozos de tejidos, órganos y aparatos embrionarios. Y ese huevo alecítico
era el Hijo de Dios,
Y, todavía en el primer mes del embarazo, cuando el feto medía ya de
Así fue como Jesucristo, llegó a ser el primogénito de toda criatura, el
nuevo Adán de la nueva creación.
El Hijo de Dios redimió la creación desde la obra más maravillosa de ella, el
ser humano. La redención del hombre comenzó desde un estado embrionario. Por
eso, el médico católico debe pasar por esta lente para comprender su misión: el
Hijo de Dios fue un zigoto, un embrión y un feto, antes de juguetear por las
calles de Nazaret, predicar en las orillas del mar de Galilea, o morir
crucificado en las afueras de Jerusalén. El Hijo de Dios asumió completamente
y, sin rebajas, la vocación de ser hombre.