EL IMPERIO EN EL MEDIO DE UNA VERDADERA GUERRA RELIGIOSA

En el año 780, con Irene como regente, el Imperio superaba la primera crisis iconoclasta, quedando débil políticamente en occidente, y con graves problemas en sus fronteras, sobre todo en los Balcanes, ocupados por los eslavos, que llegaban hasta el Peloponeso, y los búlgaros, aunque la situación de la frontera oriental con los árabes estaba bastante estable.

Fue un paréntesis a la querella iconoclasta, donde se mezclaron factores religiosos, políticos y de poder, para terminar provocando una crisis que finalmente dejó al Imperio fortalecido internamente pero con un poder casi definitivamente perdido en occidente.

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