Palabras de ayuda para un enfermo oncológico

 

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A principios del año 1992, me diagnosticaron en la Academia Nacional de Medicina (Buenos Aires) un linfoma de Hodgkins. Comencé en esa Institución el tratamiento oncológico, y realicé remisión completa un año después. A principios de 1998, cinco años después de terminado el tratamiento sin que hubiera ninguna novedad, me dieron el alta definitiva.
Durante mi tratamiento, nunca dejé de ser consciente de lo que me ocurría, y siempre traté de observar no sólo mi comportamiento sino el de los demás enfermos. Eso me ayudó mucho a corregir y poder encauzar mi camino hasta la sanidad.
Hoy, trato de poner en manifiesto mis experiencias, no ya para mí, sino para quien pueda necesitarlas.
Si alguna de mis palabras pueden servir para la reflexión de alguien que esté pasando por el mal momento de sufrir una enfermedad oncológica, y esa reflexión puede ayudarle, mi cometido estará cumplido.Gustavo FuentesPORQUE A MI?Una de las primeras preguntas que nos hacemos al enfermar es ¿Porqué a mí?.
La respuesta que debemos darnos es, seguramente, ¿Porqué no a mí?.
Es verdad que si sufrimos una enfermedad oncológica, que afecta a una pequeño porcentaje de la población, podemos sentir que somos el blanco de una desgracia absoluta, y tal vez tratemos de buscar una explicación de porqué nos tuvo que tocar a nosotros esa desgracia. Pero así como nosotros no elegimos la enfermedad, ella tampoco nos eligió a nosotros. Si una enfermedad es privativa de cierta cantidad de gente, nada dice que no podamos estar en ese sector.
Entonces, ¿porqué causa no podría tocarnos a nosotros? ¿Porqué Dios nos indultaría de la desgracia?.
Así como nos damos cuenta que no somos "elegidos" como para no sufrir una enfermedad, debemos interpretar que tampoco fuimos elegidos por alguna causa para sí sufrirla.LA ENTREGADesde el principio, debemos saber que para curarnos de una enfermedad oncológica, no alcanza con el tratamiento médico. Es muy importante nuestra colaboración, y el espíritu con que debemos encarar el tratamiento se podría denominar "espíritu de entrega".
El tratamiento de quimioterapia o radioterapia, así como algunos estudios que deben realizarnos, son algunas veces un poco duros. Debemos entregarnos a esos sufrimientos. El sufrimiento del tratamiento, no tiene punto de comparación con los sufrimientos que puede depararnos una enfermedad complicada.
El tratamiento de una enfermedad, es el camino que nos devolverá la salud. Si uno se encarga de no seguir ese camino que le trazan los médicos, jamás llegará a la sanación. La cura de una enfermedad no es posible cuando uno lucha contra el tratamiento de la misma.
Debemos aceptar algunos dolores con resignación, aceptar las medicinas con valor, y aceptar las órdenes y las consideraciones de los médicos con obediencia.LOS POLOSUna tarde, llegué muy dolorido al consultorio de mi psicoanalista con la siguiente cuestión: "Yo sé que los medicamentos me están curando, pero me están lastimando mucho". Ante este planteo, la analista me propuso realizar un planteo al que llamó "cambio de polaridad". Se trataba simplemente de cambiar el orden de la oración, tomando como eje el "pero".
El resultado fue el siguiente: la frase "los medicamentos me están curando, pero me están lastimando mucho", se transformó en "los medicamentos me están lastimando, pero me están curando!".
Este planteo nos ayudará a poder manejarnos con un espíritu de confianza, y hasta de entusiasmo. Si la primera frase terminaba con un sollozo, y con la cabeza entre las manos, la segunda terminará con la cabeza alzada, y nuestro cuerpo recibirá mejor a la medicación, ya que nosotros la recibiremos con otra predisposición.APOLOGIA DE LA ENFERMEDADSiempre me llamó la atención una característica en los enfermos oncológicos, a la que yo le di el nombre de "apología de la enfermedad".
Esta característica, es la de encontrar cierto placer en el sufrimiento que nos puede deparar una enfermedad y su tratamiento, y el ordenamiento de la vida propia a ese único tema.
Es muy triste escuchar algunas conversaciones entre enfermos, donde el tema en cuestión es una especie de catálogo de sufrimientos. Cada uno cuenta, generalmente con lujo de escabrosos detalles, cuánto y cómo sufrió aquel día que le hicieron determinado estudio, y su interlocutor, tratará de superarlo con otra anécdota, a esta altura posiblemente exagerada, en una especie de competencia de a quién le dieron la inyección con la jeringa más grande. Ambos juegan con el sufrimiento, hasta el punto de que les brinda placer.
Hay que ser muy cuidadosos con esto. Debemos tener muy en claro que el dolor no debe causar placer, sobre todo cuando está en juego nuestra salud. Debemos aceptar el dolor con entrega, pero no con placer. Las inyecciones, es natural y "sano" que nos duelan.
Recuerdo un enfermo que conocí en la época de mi tratamiento al que le habían dado el alta, y seguía yendo a ver a los médicos con dolores inventados, porque no podía desprenderse de la "liturgia" del hospital.
Sería bueno que sintiéramos que no "somos" enfermos, sino que "estamos" enfermos. La diferencia entre cualquier enfermedad común y una enfermedad oncológica es una cuestión de que esta última es más delicada, y por consiguiente su tratamiento debe ser más delicado y preciso que en otros casos, pero no el centro de nuestra existencia.
El centro de nuestra existencia es la vida, y debemos encontrar placer cuando las inyecciones nos duelan menos, cuando las jeringas sean cada vez más chicas, y sintiendo y notando que el momento de nuestra sanación está cada vez más cerca. EL USO DE LA ENFERMEDAD La enfermedad en sí misma encierra una dramática paradoja: mientras por una parte nos trae sufrimiento y pesar, por otra nos causa algunos beneficios.
En principio, ser el centro de atención de nuestra familia, entre nuestras amistades y en nuestro trabajo. Posiblemente, obtendremos licencias para no ir a trabajar, y en líneas generales, recibiremos un trato especial en casi todos los lugares públicos, sobre todo en los períodos en que los signos de nuestra enfermedad sean evidentes a nivel físico.
Mucha gente se preocupará por nosotros, y hasta tendremos la impresión de que tenemos una posición social especial que cuando sanos no gozábamos.
Esta paradoja es un arma de doble filo. Porque así como decíamos en el punto anterior lo malo que puede resultar dejarnos seducir por el sufrimiento, tan terribles pueden ser las consecuencias de aprovecharnos de los beneficios de la enfermedad.
Si bien no podemos manejar los impulsos ajenos en cuanto a una característica lógica del ser humano como es el ser piadosos con alguien que está pasando por una desgracia, sí debemos tener muy en claro que muchas veces, somos nosotros los que generamos estas reacciones. Y si bien en determinadas situaciones necesitemos un trato especial, en otros casos el bien que nos puede hacer alguien se vuelve en nuestra contra.
Somos nosotros, los que muchas veces ponemos a las personas en la situación de tenernos lástima. Y eso es terrible. Porque significa que nosotros nos tenemos lástima. No debemos ser crueles con nosotros mismos. Si bien necesitamos de la comprensión y de la contención de nuestros seres queridos, no debemos llevar esto al límite de que se nos trate en forma diferencial.
Con esto lo que quiero significar es que no debemos usar nuestra enfermedad para recibir algún beneficio que no tenga que ver con el tratamiento en sí mismo. De la misma manera en que creo que debemos tomar a la enfermedad oncológica como una enfermedad muy delicada pero no más que eso, creo que es lo que debemos demostrar a los demás. Y pedir en consecuencia. Pedir ayuda, pero solo cuando realmente la necesitemos.
No nos dejemos seducir ni por el sufrimiento, ni por los beneficios de la enfermedad. Dejémonos seducir por la vida, por la sanidad, por el deseo de pasar este desafío de la forma más "sana" posible. Aunque estemos enfermos, la vida sigue siendo hermosa.

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