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Filosofía - Historia – Religión (traducción del Original publicado en: http://www.montfort.org.br/cadernos/evolucionismo.html) |
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Evolucionismo: ¿dogma científico o tesis teosófica? |
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EVOLUCIONISMO: Orlando Fedeli
"Quant à la réalité de
l'évolution organique, ma croyance est inébranlable... Il
n'en est pas moins vrai
que les explications clasiques
de la genèse des espèces sont loin de contenter tous les esprits. Pour ma part, je
les tiens toutes pour des contes de fèes à l'usage des adultes... Il faut avoir le courage de reconnaître que nous ignorons tout de ce mécanisme" ["En cuanto a la realidad de
la evolución orgánica, mi creencia es inquebrantable. No deja de ser verdad
que las explicaciones clásicas de la génesis de las especies están lejos de
contentar todos los espíritus. De mí parte yo las considero todas como cuentos
de hadas para uso de adultos.... es preciso tener el coraje de reconocer
que ignoramos todo sobre ese
mecanismo"] (Jean Rostand, Lo que yo creo, Graset, Paris, 1953) 1 -
EVOLUCIONISMO Y RELATIVISMO El evolucionismo es uno
de los "dogmas" de la mentalidad moderna. Extrapoló el campo
puramente biológico, y es aplicado a todo: nada es más considerado estable,
pues que se cree que todo evoluciona. En este sentido, la creencia en el
evolucionismo puede ser señalada como una de las causas del relativismo
triunfante en nuestros días. No habría ningún valor absoluto. Ni verdad, ni
moral, ni belleza, ni religión, ni dogmas, nada tendría estabilidad, pues que
todo estaría bajo la ley de la
evolución, esta sí, tomada como siendo absoluta. Por tanto, el
evolucionismo actual es más que una teoría biológica: es un principio absoluto -- un dogma religioso--
de una metafísica relativista. Y he ahí una contradicción sintomática y
reveladora: ¡el relativismo se fundamenta en un principio absoluto! La amplitud atribuida al
evolucionismo es de tal porte metafísico que -- como no podía dejar de ser
--- alcanza la esfera religiosa: el propio Dios es considerado como un eterno
devenir, y no como el Ser inmutable, "Aquel que es" (Ex. III, 12). El Padre Teilhard de
Chardin -- que Stephan Jay Gould juzga haber sido el principal responsable
por la famosa fraude del Hombre de Piltdown (Cfr. JAY GOULD, Stephen, La
Conjura de Piltdown, in La gallina y sus dientes, ed. Paz y
tierra, São Paulo, 1992, pp. 201 a 226, y, del mismo autor, El Pulgar del Panda, Martins
Fontes, S. Paulo, pp. 95 a 109) -- declaró: "¿La evolución es
una teoría, un sistema, o una hipótesis?" "Es mucho más que
eso. Es una condición general a la cual se deben doblegar todas las teorías,
todas las hipótesis, todos los sistemas; una condición a que deben dar
satisfacción en adelante para que puedan ser tomadas en consideración y para
que puedan ser ciertas". (TEILHARD de CHARDIN, O fenómeno Humano,
p. 245). Julian Huxley, por su
vez, muestra cómo el dogma de la evolución se impone como el fundamento de la
moderna religión relativista: "En el tipo de
pensamiento evolucionista, no hay lugar para seres sobrenaturales
(espirituales) capaces de afectar el curso de los acontecimientos humanos, ni
hay necesidad de ellos. La tierra no fue creada. Se formó por evolución. El
cuerpo humano, la mente, el alma, y todo lo que se produjo, incluyendo las
leyes, la moral, las religiones, los dioses, etc., es enteramente resultado
de la evolución, mediante la selección natural". (Cfr. HUXLEY, J.
Evolution after Darwin, p. 246, apud OSSANDON VALDÈS, Juan Carlos, En
torno al concepto de evolución, artículo en la revista Philosophica,
de Santiago de Chile, Suplemento
doctrinario de la revista Jesus Christus, número 50, de Buenos
Aires). Creemos que estas
afirmaciones de Teilhard de Chardin y de Huxley sean suficientes - más allá
del examen de lo que ocurre hoy - para confirmar lo que dijimos arriba: el
evolucionismo es el dogma fundamental del relativismo moderno. Hoy, ese dogma es
inducido por repetición continúa y por embebecimiento a todos, ya que toda la
sociedad lo respira continuamente. En el artículo del
profesor Ossandón Valdés, encontramos una cita de J.C. Mansfield en la cual
pide que: "los estudiantes
secundarios sean embebidos del pensamiento de la evolución de tal modo que se
acostumbren a pensar todo en términos
de proceso, y no en términos de situación estática". Evidentemente es lo que
se ha practicado a escala mundial, para crear en los jóvenes una mentalidad
relativista. 2 -
EVOLUCIONISMO: el concepto y su origen Evolucionar es término
que proviene del latín evolvere que significa desarrollar algo que estaba
envuelto. Evolucionar es hacer germinar lo que ya existía potencialmente en
algo. Por Evolucionismo se
entiende la doctrina que afirma que
los seres vivos provinieron de la materia inorgánica, y que de las plantas se
originaron los animales, y, por fin, de los animales habría provenido el
hombre. Siempre, pues, de lo menos habría venido lo más, del inferior, por
germinación, habría venido lo superior. Según los científicos
presentes en el Congreso de Chicago, en 1959, a fin de conmemorar el centenario
de la obra de Darwin, el concepto de evolución sería el siguiente: "La evolución
puede definirse, en términos generales, como un proceso unidireccional e
irreversible que, en el transcurso del tiempo, genera novedad, diversidad y
niveles de organización más elevados". (Apud OSSANDON VALDÈS, art.
cit. p. 7). Esa conceptualización es
bien diversa de aquella que tenía Darwin, pues no hace referencia alguna a la
selección natural. Volveremos al tema, más adelante. Actualmente, son
consideradas diversas definiciones como “cambio de frecuencia
génica”, “cambio harmónico”, “descendencia
modificada”, etc. Se evita tratar la evolución como un desarrollo en
forma de línea genealógico, lo que daría pronto una idea de progreso. Como
los científicos no consideran, por lo menos académicamente, evolución como
“progreso” de los seres, se utiliza la idea de árbol
filogenético, con ramas que derivan de ancestros comunes. Sin embargo, en
principio, recae exactamente sobre el mismo fundamento. Aunque el termino Evolución
esté, hoy, estrechamente ligado a Darwin, no fue él su inventor. En la Antigüedad, la
filosofía de Heráclito -- típicamente gnóstica -- ya negaba la existencia de
sujeto en los cambios, afirmando que la única realidad era el cambiar, o el
devenir. En la Stoa, Zenón y sus
discípulos defendían, también, la ilusión de la realidad del mundo material
visible. Todas las sectas
gnósticas de todos los tiempos creían que la divinidad era un perpetuo fluir,
y que, por eso, toda realidad era mutable. Para los gnósticos el Dios que se
presentó a Moisés -- el Dios que se decía inmutable -- era el demiurgo
creador del mundo material y del mal. Ese Demiurgo malo sería el defensor de
falsos valores inmutables. En los siglos XVII y
XVIII, con el recrudecer del gnosticismo, que se alimentó en el cabalismo
gnóstico de Jacob Boehme, se difundió en los medios místicos y esotéricos, la
idea de evolución universal. Para esas sectas cabalistas y gnósticas, el
proceso de auto-manifestación de Dios incluiría no sólo al universo, sino
también a la Historia. "Hoy, cuando hay una
discusión apasionada sobre el evolucionismo soteriológico del Padre Teilhard
de Chardin, es preciso recordar que el término evolución no fue inicialmente
introducido por los sabios de las ciencias
naturales del siglo XIX en torno de Charles Darwin, sino que el término fue
utilizado, como término teológico y soteriológico, por los teósofos del siglo XVIII. Así, fue adoptado
por los filósofos del idealismo alemán
Hegel, Schelling, Baader, como término soteriológico, para describir el
proceso teogónico, en el cual Dios se manifiesta a sí mismo tanto en el
universo como en la soteriología "a fin de que Dios sea todo en
todos" (I Cor. XV, 28). Este versículo de San Pablo que es tantas veces
citado por Teilhard de Chardin, es el versículo favorito de Schelling, de
Baader y, antes de ellos, de Oetinger. Fue Baader quien publicó un escrito
sobre "El evolucionismo y el Revolucionismo, o sobre la evolución
positiva y negativa de la vida en general y de la vida social en
particular" en los Anales de Baviera, 1834, nº 28, p. 219-224 y nº. 62,
p. 483-490". (BENZ, Ernst, Les sources mystiques de la
philosophie romantique allemande, Vrin, Paris, 1968, p. 58). Curiosamente, hoy, el
dogma de la evolución es aceptado por casi todos sin ningún examen más
profundo. En el medio estudiantil, es general la aceptación de que el hombre tiene origen simiesco, o
de un ancestro común del macaco y del Hombre. Entretanto, nadie se pregunta
qué animal irá a ser generado por el hombre en el futuro. Pues si la
evolución es ley general y fundamental de la naturaleza, ella hará al hombre
evolucionar hacia un estadio que será para el hombre, así como este es para
el macaco. En otros términos,
debería surgir un super-hombre. Esa cuestión, por pensar
en la posibilidad de existencia de una raza superior, pone en evidencia la
relación del evolucionismo con el nazismo, y por eso casi nadie la aborda.
¿Por qué se deja de mostrar que el evolucionismo fue una de las raíces
ideológicas del sistema asesino del nazismo? 3 -
EVOLUCIONISMO – PANTEÍSMO Y GNOSIS También se evita
reconocer que el pretendido origen simiesco del Hombre no responde a la
cuestión fundamental puesta por la teoría de la evolución: ¿de dónde vino el
universo? La negación de que el
hombre fue creado por Dios trae encajada la negación de creación del
universo. Si el hombre tiene origen animal, ¿de dónde vino vida, y de dónde
vino la materia prima del universo? ¿El universo siempre
existió y siempre existirá? ¿La materia es eterna? ¿La materia es infinita?
¿La materia es omnipotente? ¿La materia es Dios? Un evolucionismo
coherente desemboca necesariamente en el panteísmo, pues que debe admitir que
la materia siempre existió, por tanto, que ella es eterna, infinita y
omnipotente. Lo que significa dar a la materia las cualidades propias de
Dios. En cuanto al ateísmo - inclusive el de Darwin - sólo enmascara un panteísmo subyacente. El
ateo es un panteísta que no osa
confesar que se cree el propio Dios. Si el evolucionismo
negara la divinidad de la materia universal, necesariamente, entonces, deberá
caer en la Gnosis, esto es, si no acepta que la materia es divina, tendrá que
admitir que, en el interior de ella, reside, o mejor, que en ella está preso
un espíritu que, a través de la evolución, busca liberarse de la prisión de
la materia, lo que es la sustancia del pensamiento gnóstico. Entre el Panteísmo y la
Gnosis, los evolucionistas han oscilado, pero, en ambos casos, el
evolucionismo cae siempre en un problema religioso. De cualquier modo, aunque
muchos evolucionistas superficiales no se den cuenta del problema, él existe:
el evolucionismo biológico sirve sólo de biombo táctico, para un sistema más
que metafísico, para un sistema religioso. De ese cuestionamiento
religioso profundo escondido en el vientre de las teorías evolucionistas es
que proviene el "fervor" de adhesión a las tesis evolucionistas, y,
a veces, la furia de que son tomados los evolucionistas, cuando se cuestiona
el dogma-tabú del darwinismo. Y esta adhesión incondicional
a un "dogma" indemostrado es la que explica porqué la teoría de la
evolución es aquella que cuenta en su historia con el mayor número de fraudes
y escándalos en la historia de la ciencia. Veremos, más adelante, algunos de
los fraudes perpetrados por científicos famosos para "arreglar" la
prueba de la evolución que no encontraron en la naturaleza. Ahora bien,
bastaría conocer que una teoría intentó ser comprobada fraudulentamente, para
que se desconfiase de ella. Con el evolucionismo esa regla no es aplicada. A
pesar de esa teoría haber tenido más fraudes que pruebas, continúa siendo
presentada como verdadera, a punto de que, recientemente, el propio Papa Juan
Pablo II haberla defendido como verosímil si no como cierta (Juan Pablo II,
discurso a la Academia Pontificia de Ciencias, 1997). También es interesante
notar cómo términos religiosos son comunes en los textos de los defensores de
la evolución. Véase, por ejemplo, como el famoso evolucionista Stephan Jay
Gould habla de "ortodoxia" y de "apostasía", de
"herejía", de "dogma", de "devoción", etc. al
tratar de la adhesión, desvío o repudio de la teoría de la evolución (Cfr.
Stephan Jay Gould, El Pulgar del Panda, ed cit. pp. 167-168-169). Paul Lemoine escribió: "La evolución es una
especie de dogma, en el cual sus sacerdotes ya no creen más, sin embargo lo
mantienen para el pueblo: es preciso tener coraje para decir esto a fin de que los hombres de la futura generación
orienten sus investigaciones de otro modo" (Encyclopédie Française, Tomo
V, p. 5-82-3, 5-82-8, 1938, apud P. TROADEC, op. cit. p. 37). Jean Rostand tiene la
misma posición religiosa frente a la evolución, cuando afirma: "Creo firmemente...
que los mamíferos proceden de los lagartos, y los lagartos de los peces, sin
embargo, prefiero dejar en lo vago el origen de estas escandalosas
metamorfosis a añadir a su inverosimilitud la de una interpretación
ilusoria" (Apud Ossandón Valdés, op. cit. p. 15). Para Rostand, el
evolucionismo es más religioso que científico, porque: "deliberadamente
deja sin respuesta la formidable cuestión del origen de la vida y...sólo
propone soluciones ilusorias al problema, no menos formidable, de las
transformaciones evolutivas". "Aún estamos esperando una sugestión
suficiente a respecto de las causas de las transformaciones de las
especies"..."Cuando hablamos de evolución suponemos la existencia
de una naturaleza imaginaria, dotada de poderes radicalmente diferentes de
todo lo que es conocido científicamente" (Jean Rostand, apud G. Salet,
citado por Ossandón Valdés, op. cit. p. 15). Errol White, especialista
de biología acuática, escribió: “Aún ignoramos el
mecanismo de la evolución a pesar de la súper confianza alardeada en algunos
sectores, y probablemente ni haremos posteriores progresos en este punto, por
medio de los clásicos métodos de la Paleontología y de la Biología; y
ciertamente no avanzaremos en el asunto saltando por encima y por debajo y
gritando: “Darwin es Dios, y yo, Fulano de Tal, soy su profeta”
(Cfr. Duane T. Gish, “Evolution: the Challenge of the fósil Record,
Creation-Life Publishers, El Cajón, 7a. ed. 1992, p. 68). Lynn Margulis, profesora
emérita de Biología de la Universidad de Masasuchets considera que, la
Historia acabará por considerar el neo-darwinismo como “una pequeña
secta religiosa del siglo XX, dentro de la fe religiosa general de la
biología anglo-sajona” (C. Mann, “Lynn Margulis,: Science’s
Unruly Earth Mother”, In Science, 1991, n. 252, pp 378-381, apud
Michael Behe, “A Caja negra de
Darwin” Jorge Zahar Editor, río de Janeiro, 1996, p. 35). Otros autores conocidos
como defensores del evolucionismo admiten que el darwinismo no es científico,
o aún que el evolucionismo es más una fe que una ciencia. Así N. Macbeth, dice
textualmente "El darwinismo no es ciencia" in American Biology
Teacher Noviembre de 1976, p, 496, apud Duane T. Gish, op. cit., p. 14). L. Harrison Matthews,
geólogo evolucionista, confiesa: "El hecho de que la
evolución es la espina dorsal de la Biología y que la Biología está entonces
en la posición particular de una ciencia fundamentada en una teoría no
comprobada, -- ¿es entonces una ciencia o una fe? creer en la evolución es
entonces el paralelo exacto del creer en una especial creación -- ambos son
conceptos cuyos creyentes creen como verdad, mas que ni uno ni otro, hasta el
presente, fue capaz de probar " (L.H. Matthews, Introducción para a
"The Origin of Species, de Charles Darwin, Dent and Sons, London,
1971,p. XI, apud Duane T. Gish, op. cit. p. 15). El evolucionismo es
entonces el dogma central de una secta de carácter gnóstico, y, como toda
secta, es intolerante. Richard Dawkins,
científico ardoroso defensor de la evolución, escribió que los negadores de
la evolución son “ignorantes, estúpidos o insanos (o malos -- pero yo
preferiría no considerar esa posibilidad)” (Apud M. Behe, op cit. p.
251). John Madox, editor de la
revista Nature declaró en su revista: “Talvez no demore mucho
para la práctica de la religión ser considerada como anti ciencia”
(Apud M. Behe, op cit. p. 252) y “Daniel Dennet compara los creyentes
religiosos -- 90 % de la población -- a animales salvajes, que necesitan ser
enjaulados y dice que deben ser impedidos (a través de la coerción, se
presume) de informar a sus hijos sobre la verdad de la evolución, que para él
es tan evidente” (Apud Michael Behe, op. cit. p. 252). 4 --
EVOLUCIONISMO Y FILOSOFIA La ingenuidad geométrica
de algunos "científicos" llega al absurdo de imaginar que el
evolucionismo darwiniano es un
posicionamiento puramente científico, sin ninguna relación con la
historia, con la filosofía o con la religión. Ellos imaginan que el
evolucionismo surgió apenas, y tan sólo, de los estudios científicos de
Darwin y de sus seguidores, todos herméticamente aislados en sus
laboratorios, profilácticamente preservados de cualquier contagio metafísico
o teológico. Separando, de este modo,
el darwinismo de su contexto histórico y cultural, quedan imposibilitados de
tener verdadera comprensión del problema y de su significado histórico. En verdad, el
evolucionismo es un capítulo injertado en la Historia de la Filosofía y en la
Historia de la Religión, el Occidente. Sólo puede ser verdaderamente
entendido en su contexto cultural. “(...) el
pensamiento evolucionista de Darwin no era una simple hipótesis científica
que ocurrió para combatir ideas religiosas admitidas en ciertas cuestiones de
hecho. Era, antes, el producto y, una parte esencial, de una Weltanschauung
-- una visión del mundo -- próximamente ligada a la producción de la
revolución industrial y a las revoluciones políticas, principalmente a la
Revolución Francesa, estos grandes acontecimientos históricos desarrollados
entre los años 1776 y 1848”. (Howard E. Gruber, op. cit. p. 47). Por
tanto, el darwinismo sólo puede ser entendido como parte de una “visión
del mundo” -- de una Weltanschauung -- y de una
Weltanschauung revolucionaria. El propio Darwin, en su
Autobiografía confiesa que fue al leer una obra de Malthus sobre población
que tuvo la idea de la selección natural, a través de la lucha por la
sobrevivencia, la cual haría ser eliminado siempre el más débil. Stephan Jay Gould,
defensor de un evolucionismo reformado, citando los últimos estudios de
Howard E. Gruber y Silvan S. Schweber sobre la vida de Darwin muestra como o
fundador del evolucionismo moderno no se fundamentó en la biología para
establecer su teoría. "Al leer la
narración pormenorizada de Schweber de los momentos que precedieron a la
formulación de la teoría de la selección natural por Darwin, fui
particularmente tocado por la ausencia de influencias decisivas a partir de
su propio campo, la biología. Los precursores inmediatos fueron un científico
social [Comte], un economista [Adam Smith] y un estadístico [Adolph
Quetelet]" (S. Jay Gould, El pulgar del Panda, p.55). Jay Gould dice que a obra
de Schweber demuestra que "las piezas finales [de la teoría de la
evolución de Darwin] no surgieron a partir de nuevos hechos de la historia
natural, sino de las incursiones intelectuales de Darwin en campos distantes.
Al leer una extensa revisión del "Cours de Philosophie positive
-- el trabajo más famoso del filósofo [Sic!] y científico natural [Sic!]
Augusto Comte -- Darwin quedó particularmente impresionado con la insistencia
del autor en que una teoría adecuada debe ser profética [Sic!] y, en lo mínimo,
potencialmente cuantitativa" ( S. Jay Gould, O pulgar del panda, p. 55) "De hecho, acredito
que la teoría de la selección natural debería ser vista como una analogía
ampliada - si consciente o inconsciente de la parte de Darwin, no se -- a la
economía del laisez-faire, de Adam Smith" (Jay Gould, op. cit. p.
55). Y más: "La teoría de la
selección natural constituye una transferencia creativa, para la biología,
del argumento básico de Adam Smith a favor de una economía racional: el
equilibrio y el orden de la naturaleza no surgen de un control externo más
elevado (divino) o de la existencia de leyes operando directamente sobre el
todo, sino a partir de la lucha entre individuos por sus propios beneficios
(en términos modernos, por la transmisión de sus genes a generaciones futuras
a través del éxito diferencial en la reproducción). (Jay Gould, op. cit. p.
56). Jay Gould procura
minimizar la sorpresa -- o el espanto generado por su afirmación -- de que la
teoría de la evolución no se fundamentó, inicialmente, en descubrimientos
biológicos, diciendo: "Muchas personas se
sienten perturbadas al oír un argumento tal: no compromete la integridad de
la ciencia el hecho de algunas de sus conclusiones primarias se originasen,
por analogías, de la política y de la cultura contemporáneas, en vez de
basarse en los datos de la propia disciplina " (Jay Gould, op. cit. p.
56). Tales hechos son
comprometedores, sí, en la medida en que el evolucionismo ha sido sistemáticamente
presentado como una teoría puramente científica y biológica, cuando, en la
verdad, no es. Se la teoría de la
evolución darwinista tuvo origen en lecturas filosóficas y económicas de
Darwin, sus efectos sólo podrían agradar al materialismo marxista. En efecto, "Marx fue
un grande admirador de Darwin" (Jay Gould, op. cit. p.57). “Cuando el ”Origen
de las especies” apareció, Marx y Engels, estos apóstoles del mundo
como flujo, lo saludaron con
entusiasmo. En 1860, Marx escribió para Engels: “Aun que desarrollado
en crudo estilo inglés, este es el libro que contiene la base de nuestras
percepciones en Historia Natural" (Howard E. Gruber, Darwin on Man, The
University Chicago Pres1981, p.71). Marx escribió: "Es notable como
Darwin reconoce, entre animales y plantas, su sociedad inglesa, con las
divisiones de trabajo, la competencia, la apertura de nuevos mercados, la
"invención" y la malthusiana "lucha por la
sobrevivencia". Es el bellum omnium contra omnes (la guerra de
todos contra todos) de Hobbes" (Marx, apud Jay Gould, op. cit. p.56-57).
y con la eliminación del más débil. Por tanto, justificando la ley del más fuerte, para la vida humana. No hay duda entonces de
que la doctrina evolucionista es una
doctrina capitalista...apreciada,
ayer, por Marx, hoy, por los
marxistas. Marx quiso hasta dedicar
el segundo volumen de "Das Kapital" a Darwin, tanto lo admiraba.
Fue Darwin quien pidió a Marx que no lo hiciera (Cfr. H. E. Gruber, op. cit.,
p. 72 y Gérard Bonnot, Lo que quedó del darwinismo, entrevista con Jacques
Ruffié, autor del libro Traité du Vivant, in O Estado de São Paulo, 9 de mayo
de 1982). Pierre Thuillier, en su
libro Darwin et Cie. descubre el ideólogo escondido en el científico: "El [Darwin] había decidido
antes mismo de haber interpretado sus famosas observaciones, que debía
formular una explicación global mecanicista". "Darwin era un
militante del ateísmo y del materialismo que tomaba mucho cuidado en esconder
sus verdaderas motivaciones bajo las apariencias de un procedimiento
científico riguroso. "Debo evitar mostrar a que punto creo en el
materialismo, escribe”. (Artículo A noso origen: una antigua y
apasionada discusión - L'Expres, in O Estado de São Paulo - Jornal de la
Tarde, Cuaderno de lecturas, 13 de febrero de 1982). Tal vez haya sido
entonces para ocultar su activismo materialista y su ateísmo que Darwin no
aceptó el homenaje de Marx con la dedicatoria de El Capital. Gilles Lapouge saca la
misma conclusión a respecto de Darwin y de su obra: "Darwin desea hacer
creer que es un esclavo de la ciencia
(...) disimula que, en la realidad,
partió de una ideología y organizó sus observaciones en el archivo teórico, ideológico
que tenía en mente". (...) (...)"Debemos añadir
lo siguiente: como toda gran ofensiva de la ciencia, la teoría de la
evolución está doblemente envuelta en ideología. Por un lado, el propio
Darwin confiesa que su visión materialista precedió a la coleta de los
hechos. Por otro, porque hace cien años el darwinismo alimenta otras teorías,
otras ideologías que extraen del
darwinismo justificativas para su filosofía o metafísica". (G. Lapouge,
Darwin y la evolución, artículo in Cultura, Suplemento de O Estado de São
Paulo, año II nº. 95, 4 de abril de 1982). Richard Dawkins, científico
evolucionista intransigente, hizo una declaración que vale como una
confesión. Dice que Darwin hizo posible al hombre ser un “ateo
intelectualmente realizado” (Apud M. Behe, op. cit. p. 252). Otro célebre
evolucionista, Richard Lewontin, confesó: “Nos quedamos del lado de la
ciencia, a pesar del patente absurdo de algunas de sus construcciones, a
pesar de su fracaso para cumplir muchas de sus extravagantes promesas en
relación a la salud y a la vida, a pesar de la tolerancia de la comunidad
científica en pro de teorías ciertamente no comprobadas, porque tenemos un
compromiso previo, un compromiso con el materialismo. No es que los métodos y
instituciones de la ciencia de algún modo nos compelen a aceptar una
explicación material de los fenómenos del mundo, mas, al contrario, somos
forzados por nuestra previa adhesión a la concepción materialista del
universo a crear un aparato de investigación y un conjunto de conceptos que
produzcan explicaciones materialistas, no importa cuan contradictorias, cuan engañosas
y cuan mitificadas para los no iniciados. Además de eso, para nosotros el
materialismo es absoluto; no podemos permitir que el 'pié Divino' entre por
nuestra puerta." (New York Reviews of Books, 1987). La estrecha ligación de
evolucionismo con el marxismo es comprobada por lo que cuenta Monseñor
O'Hara, Obispo de Yuanling, en la China. Conforme al testimonio de ese
Prelado, cuando el llamado Ejército de
Liberación comunista de Mao Tsé Tung entraba
en una localidad, toda la población era constreñida a participar de un
curso de propaganda y adoctrinamiento, y, la primera lección no era sobre la
doctrina de Karl Marx, sino sobre el
evolucionismo, intentándose convencer al pueblo de que el hombre vino del macaco. (Apud
Patrick Troadec, L'Évolucionisme, apostilla francesa, p. 2). Está claro, entonces, que
el evolucionismo no tuvo origen científico sino ideológico y religioso. Por eso, el evolucionista
Y. Dolage declaró: "ESTOY ABSOLUTAMENTE
CONVENCIDO QUE SE ES O NO TRANSFORMISTA, NO POR RAZONES SACADAS DE LA
HISTORIA NATURAL, SINO EN RAZÓN DE SUS OPINIONES FILOSÓFICAS" (Apud
Patrick TROADEC, L'Évolucionisme, p. 2). El evolucionismo no nace
de una investigación científica imparcial, sino de un ateísmo anterior que
pretende, más que probar la evolución, negar que hubo un Creador. El
evolucionismo es fruto necesario del ateísmo. Es lo que confiesan varios de
sus paladines. Caullery, en su libro Le
point de l'évolution, afirma, sin rodeos: "Sí, las especies
actuales son estables, pero ellas ni siempre lo fueron, si no sería preciso
recurrir a un Creador para explicar la aparición de los seres vivos. Ahora,
el creacionismo es anti-científico. Por tanto, la transformación de las
especies es un hecho" (Apud P.
Troadec, op. cit. p.28). Entretanto conviene
mostrar algo más: la ligación entre el evolucionismo de Darwin y otras
criminales teorías racistas que lo adoptaron, principalmente la doctrina nazi. Es verdaderamente
chocante verificar como las evidentes implicaciones racistas de las teorías
de Darwin no son percibidas por los
actuales defensores del evolucionismo, y cómo se niegan a admitir la
evidencia, cuando esta les es mostrada. El comportamiento de ciertos
darwinistas -- negando lo obvio - es muy semejante al de ciertos sectarios
cuando son puestos frente a una contradicción de ellos con el propio texto
bíblico, en el cual dicen basarse. Es actitud típica de fanatismo: negar la
evidencia de los hechos, o negarse a sacar una conclusión obvia de un
raciocinio cierto. La doctrina darwinista sometía la evolución a la ley de
la sobrevivencia del más apto. Las especies lucharían entre si, y las más
débiles, o las menos aptas, perecerían. "La esencia del darwinismo
reside en una única frase: la selección natural es la fuerza creadora
principal del cambio evolutivo" (Jay Gould, op. cit. p.171). Más adelante analizaremos
más a fondo este principio darwinista. Por ahora, queremos apenas retirar del
él las evidentes implicaciones racistas en él incrustadas. Si es la victoria del más
apto que garantiza la continuación de la evolución, es claro que esa ley
universal debe ser aplicada también dentro de cada especie. Las varias razas
de una especie también estarían sometidas a la ley de la sobrevivencia, y la
raza más apta debería eliminar a las más débiles, para que la especie tenga
más posibilidad de perfeccionarse y de sobrevivir. La teoría de Darwin
presupone una desigualdad de las razas y una lucha entre ellas para eliminar
las que serían inferiores. Alguien podría alegar no
haber pruebas de que Darwin pensase así, y que habría repudiado el racismo.
Lo que se discute no es a posible reacción de Darwin ante el nazismo, que
acontecería muchas décadas después de su muerte. Lo que procuramos hacer ver
es que el evolucionismo trae, en su vientre, las simientes de las leyes
racistas de Hitler. "El propio Darwin
(...) habla de razas humanas "inferiores" y cree, siguiendo la
expresión de Thuillier, en la "existencia de una jerarquía absoluta de
la humanidad" (L'Express, artículo A nossa origem: uma antiga e
apaixonada discussão, in Jornal da Tarde - Cuaderno de Programas y Lecturas,
13 de febrero de 1982). Dice Gilles Lapouge: "En verdad, Darwin
trae en si buena parte de las teorías racistas, si bien que ele tenga sido
completamente reacio a cualquier especie de racismo" "El
darwinismo, hace un siglo, sirve de justificativa teórica a muchos
pensamientos racistas y elitistas" (G. Lapouge, Darwin y la evolución,
Cultura, nº 95, O Estado de São Paulo, 4 de abril de 1982). El propio primo de Darwin
-- Galton, que era biólogo -- propuso que la ciencia asumiese el papel que la
naturaleza desempeña en la evolución, seleccionando los elementos más
dotados. El quería que la sociedad, a través de la aplicación de métodos
científicos, hiciera "con previsión, rapidez y benevolencia, aquello que
la naturaleza hace ciega, lenta y sin piedad". (Apud G. Lapouge, art.
cit.). Galton ya proponía - con
base en el darwinismo - los criminosos métodos nazis. "Otro caso ilustra
los venenos camuflados en el seno del darwinismo. Es el de Konrad Lorenz,
premio Nobel, y merecidamente considerado uno de los grandes etnólogos de la
modernidad. Ahora, Lorenz, que apela constantemente a Darwin, fue un defensor
de la selección artificial y de los ideales racistas bajo Hitler. En 1940,
bien joven aún, publica un artículo increíble que habla de selección, de
pureza racial y hasta mismo de eliminación de los seres moralmente inferiores
(...) Pretende, justamente gracias al darwinismo, extender al hombre las
leyes del reino animal, lo que haría de la biología la única verdadera
ciencia del Hombre, una ciencia al mismo tiempo moral, política,
etc."(G. Lapouge, art. cit.). Otro ejemplo de
darwinista racista, dado por Lapouge, es el de MacFarlane Burnett, que ganó
un premio Nobel en 1960. El defiende la tesis
de que los progresos de la medicina impiden a la naturaleza
seleccionar las especies y los elementos, permitiendo la sobrevivencia de los
débiles. También acusa al espíritu democrático de impedir la eliminación de
los inferiores. Lapouge cita el siguiente
texto de MacFarlane Burnett: "Podemos calcular,
explica, que, desde la evolución de los primates hasta el final del periodo
de los cazadores colectores, casi 90% de los descendientes generados morían
antes de alcanzar la edad de la reproducción. al contrario, en las sociedades
occidentales, los niños no mueren mucho más. Apenas 5% de los niños, una
verdadera miseria, mueren. Esta súbita retracción de la función de trilla
propia de la selección natural debe llevar a una acumulación de individuos
que podemos llamar inferiores de acuerdo con las normas corrientes relativas
a la salud, inteligencia y agresividad". (MacFarlane Buttler, apud G.
Lapouge, art. cit.). MacFarlane Buttler
constatando que, "es probablemente
imposible, hoy, utilizar un medio legal para matar visando la protección de
una sociedad" Concluye que "El
internado perpetuo, sea en una prisión,
sea en un hospital" sería el medio más apropiado para impedir el
crecimiento del número de individuos inferiores. (Cfr. G. Lapouge, art.
cit.). Se sabe, también, que el
eugenismo, bastante difundido en el inicio del siglo XX, debe soporte
“científico” a los millares de esterilizaciones en masa, en
Europa y Estados Unidos, entre locos, enfermos e indigentes. En total, fueron
375.000 esterilizaciones en Alemania nazi, y – pasmen – 30.000 en
los Estados Unidos, entre 1927 y 1972 (Razón y revolución: Filosofía marxista
y ciencia moderna; A. Woods & T. Grant, fundación F. Engels, 1995). Uno
de sus mayores abogados fue el conceptuado Ronald Fisher, científico inglés
de fundamental importancia para las teorías seleccionadoras del inicio del
siglo XX. Hasta parece una
pesadilla! A que consecuencias absurdas conduce el darwinismo! por los frutos se conoce el árbol. Por las absurdas consecuencias, se comprende el
error del principio. ¿Pero por qué no se
divulgan ampliamente esas consecuencias, que manifiestan lo que estaba oculto
en la simiente plantada por Darwin? 7 - EL
EVOLUCIONISMOACTUAL y las FILOSOFIAS DIALÉTICAS La selección natural,
motor de la evolución, también tiene fundamento filosófico. Jay Gould muestra
que Darwin, al aceptar los presupuestos filosóficos en su tiempo, adoptó el
principio de que "natura non fac saltum", lo que lo llevó a
afirmar que la evolución es lenta y pasa, de etapa en etapa, hasta la
formación de una nueva especie. Ahora, es universalmente aceptado, hoy, que
esto es falso, pues en el registro fósil no se encuentran vestigios de la
evolución lenta. Cuanto más ella fuese lenta y cuanto más tiempo durase, más
se encontrarían fósiles intermediarios entre dos especies. ¡Y eso no se da! Por eso, Jay Gould dice
que necesitó recurrir a otro modelo filosófico para justificar la evolución
repentina de una especie para otra, como la expone en su hipótesis de
"evolución puntuada". ¿Y a qué filosofía
recurrió Jay Gould? ¡A la filosofía dialéctica de Hegel y Marx! Veamos o que dice o líder
del evolucionismo de nuestros días. "El registro fósil
no ofrecía cualquier apoyo al cambio gradual: faunas enteras habían sido erradicadas
durante intervalos de tiempo extremamente cortos. las nuevas especies aparecieron en el registro fósil
casi siempre de manera abrupta, sin eslabones intermediarios a los
antepasados en las rocas más viejas de la misma región" Jay Gould, El
pulgar del panda, p. 161; el subrayado es nuestro). "La extrema rareza
de las formas de transición en el registro fósil permanece como "secreto
del negocio" de la paleontología. Los árboles genealógicos que adornan
nuestros manuales tienen datos apenas en las puntas y en los nudos de sus
ramas; el resto, por más razonable que sea, es inferencia, y no evidencia de
fósiles. Entre tanto, Darwin se aferró tanto al gradualismo, que comprometió
toda su teoría (...) (Jay Gould, op. cit. p. 163). "Si el gradualismo es
más un producto del pensamiento occidental que un hecho de la naturaleza,
entonces deberíamos considerar filosofías alternativas de cambio para ampliar
nuestro universo de preconceptos constreñidores. En la Unión Soviética, por
ejemplo, los científicos son entrenados en una filosofía del cambio muy
diferente -- las denominadas "leyes dialécticas", reformuladas por
Engels a partir de la filosofía de Hegel. Las leyes dialécticas son
explícitamente puntuativas; hablan, por ejemplo, de la "transformación
de la cantidad en cualidad". Eso
puede parecer un poco sin sentido, pero sugiere que el cambio ocurre en
saltos largos, que se siguen a una lenta acumulación de tensiones a las que
un sistema resiste hasta alcanzar el punto de ruptura. Calienten el agua y ella
acabará hirviendo. Opriman a los operarios cada vez más y provocarán la
revolución. Elredge y yo quedamos fascinados al saber que muchos
paleontólogos rusos defienden un modelo semejante a nuestro equilibrio
puntuado"(Jay Gould, op. cit. p. 166). Son muy importantes eses
textos de Jay Gould por las confesiones que cuentan, además de comprobar la
facilidad con que científicos de alto nivel pueden incurrir en errores
filosóficos groseros. Por ejemplo, el agua calentada no
"evoluciona" para vapor de agua. Vapor de agua continúa siendo
substancialmente agua, en cuanto la evolución supone un cambio de especie,
esto es, de forma substancial. E también no es verdad
que la opresión creciente producirá necesariamente la revolución: los
operarios fueron tremendamente oprimidos por el nazismo y por el comunismo
estalinista, y no se revelaron. Por el contrario, muchos continuaron apoyando
a Hitler y a Stalin hasta el fin. La masa ama a los tiranos y Nerón, Mao y
Pol Pot fueron adorados... Como se ve, Jay Gould
confiesa haber adoptado la dialéctica marxista como instrumento útil para
confirmar sus tesis evolucionistas. 8 -
EVOLUCIONISMO Y MISTICISMO GNÓSTICO La confesión de Jay Gould
de que sólo se salva el evolucionismo por la adopción de un modelo filosófico
hegeliano y marxista, esto es, adoptando un pensamiento dialéctico, lanza,
más aún, la doctrina evolucionista en
la esfera de la Gnosis. En efecto, a Gnosis es
esencialmente dialéctica. su primera ley es a de la igualdad dos contrarios.
Para a Gnosis, el Ser evoluciona constantemente porque seria constituido de
principios contrarios e iguales. Además a dialéctica de
Engels y Marx es derivada de Hegel. Este, a su vez, confesa que la heredó de
Jacob Boehme, el cual se inspiró en la Cabala, que según Gerschom Scholem es
la Gnosis judaica (Cfr. Gerschom Scholem, A Mística Judaica (Major Trends in
Jewish Mysticism), Perspectiva, São Paulo, 1972, p.). Dos fueron las fuentes de
la filosofía dialéctica de Hegel, ambas de carácter gnóstico: Mestre Eckhart
y Jacob Boehme. "Hegel fue adepto de
Boehme desde su juventud, y varias veces lo elogió en sus obras y en sus
cartas" (Ernst Benz, op. cit. p. 20). "Hegel descubrió la
base de su interpretación idealista de la realidad en las especulaciones de
Mestre Eckhart, en las cuales su amigo (el teósofo) Baader lo había
iniciado"(E. Benz, op. cit. p. 14). Nos cuenta Baader:
"En Berlín, frecuentemente yo estaba en compañía de Hegel. un día, en
1824, yo le leí textos de Mestre Eckhart, del cual, hasta entonces, él
conocía sólo de nombre. El quedó tan entusiasmado que dio, otro día, toda una
conferencia sobre Mestre Eckhart delante de mí, y que terminó con estas palabras: "Da haben wir es ja,
was wir wollen" "He ahí exactamente
lo que queremos, he ahí el conjunto de nuestras ideas, de nuestras
intenciones" (E. Benz, op. cit. p.12) "Hegel introducido
personalmente en las ideas de Mestre Eckhart por su amigo Baader, encontró en
él a constatación y la confirmación de su propia filosofía del espíritu (...)
ele encontró en Mestre Eckhart la forma anticipada y mismo acabada de la
especulación metafísica nueva de su tempo" (E. Benz, op. cit. p.12). Mestre Eckhart y Jacob
Boehme tenían una metafísica dialéctica que Hegel adoptó y que el marxismo
siguió. Jay Gould en los informa que la teoría del evolucionismo sólo puede
ser salva por la dialéctica de Hegel y Marx. con esto ele confirma que el
evolucionismo sólo es aceptable y posible con una visión dialéctica y
gnóstica del universo. 1 -
EL PROBLEMA DEL ORIGEN DE LA VIDA Lo que es la vida y cual
a su origen son dos problemas que, escapando del puro campo biológico, se
extienden a la Metafísica y a la Teología. no es de espantar, pues, que las
discusiones sobre el evolucionismo resbalen siempre para el terreno religioso. No mundo, a grande
distinción es entre seres racionales y seres puramente materiales. Acontece, sin embargo,
que mismo entre los seres puramente materiales aparece la vida, y que el
hombre, aun que dotado de alma racional, espiritual por tanto, tiene también
un cuerpo animal. De ahí nacen algunos problemas importantes. Estos son
algunos: 1- ¿Qué es la vida
vegetal y qué es la vida animal? 2 - ¿tendrían ellas
origen puramente material? 3 - ¿Habría en el vegetal
y en el animal un principio vital que no fuese estrictamente material? 4 – La solución de
esas cuestiones, ¿qué problemas traería para explicar lo que es el hombre? Con la decadencia de la
filosofía Escolástica, al final de la edad Media, dos tendencias se harán
marcantes: 1a. - Corriente Materialista
- teniendo raíces en la filosofía Nominalista de Ockham, el materialismo
adquirió, posteriormente, múltiples formas. En todas, se procuraba dar a los
problemas metafísicos una solución de carácter racionalista, cientificista,
mecanicista y materialista. No es a la toa que defiende el filósofo
nominalista, Ronaldo Fisher, en su libro The Genetical Theory of Natural
Selection. (Oxford: Clarendon Pres, 1930; New York: Dover Pubns., 1958). 2a - Corriente Gnóstica -
en directa oposición al materialismo, se desarrolló una corriente cuyos orígenes remontan a
Eckhart y al misticismo de las sectas medievales, y que, rechazando total o
parcialmente la materia, afirman un dualismo que da valor y realidad sólo al
espíritu. De fondo platónico y gnóstico, se multiplican las sectas secretas
esotéricas, desde que se perdió la seguridad de la Escolástica y la sumisión
a la Iglesia y a la primacía de la Fe. Estas sectas, en general, eran
anti-racionales, anti-científicas, mágicas, y contrarias a la materia que consideraban
prisión del espíritu y producto del Dios del mal. Con relación al problema
del origen de la vida la corriente materialista decía que la causa de la vida
era totalmente material. La simple ordenación de la materia tendría el poder
de generar la vida. De modo general, las corrientes evolucionistas se afilian
al materialismo. En oposición, la
corriente espiritualista y gnóstica, afirma que la vida es la manifestación
de un espíritu divino inmerso en la materia y que procura libertarse. Las
sectas alquímicas están en este último caso. A posición de Teilhard de
Chardin procura conciliar las dos corrientes, aun que su pensamiento sea
típicamente gnóstico. Ya sea la explicación
mecanicista de la vida adoptada por la corriente materialista, ya sea la concepción
vitalista y espiritualista de la vida, de la corriente gnóstica, se oponen a
la concepción católica y a la Escolástica. Por reacción al
mecanicismo materialista, algunos néo- escolásticos terminaron - por equívoco
- tendiendo a dar una solución de tonos vitalistas al problema de la vida
vegetal y animal. Para Santo Tomás, la vida
vegetal y animal corresponde a la forma substancial material de la planta y
del animal. La doctrina hilemorfista
de Aristóteles y Santo Tomás afirma que en todo ser material hay una
composición de materia y forma substancial. En los vegetales y animales, la
materia es ordenada potencialmente a tener vida vegetal o animal, que les es
dada por su forma substancial material. Así, la vida de una planta o de un
animal corresponde a su forma substancial. El morir del animal y de la planta
es la pérdida de su forma animal o vegetal, apenas eso. En la planta y en el
animal no hay entonces ningún principio vital extrínseco a la materia. El problema es cómo se da
la constitución del ser vegetal y del animal por la actualización de la
potencialidad de la materia a tener vida. En otras palabras, cómo la potencia
de la materia a tener vida es actualizada por su forma, sin la cual ella no
es ni vegetal ni animal. Es claro que la pura potencia no existe, y, por
tanto no existe la pura materia en cuanto sólo potencia. La materia del
vegetal y del animal es la misma materia mineral, esto es, es una materia que
tiene ya materia y forma mineral. Como entonces la materia
mineral pasa a ser vegetal? Para los mecanicistas, la
materia mineral, simplemente por su ordenación se transforma en vegetal, esto
es, hacerse materia viva. Para los vitalistas, el
vegetal sólo se vuelve tal por la inclusión en él, a partir del exterior, de
un “espíritu” el principio vital. Para la filosofía
escolástica, ni el mecanicismo, ni el vitalismo corresponden a la verdad. La
materia mineral se vuelve vegetal por la asunción de una nueva forma. Así
como la madera es tal por su forma substancial, y pasa a ser ceniza, cambiando
de forma substancial por la acción del fuego, así también la materia
puramente mineral se hace vegetal, y por tanto viva, por un cambio de forma
substancial. Entretanto, queda
responder una cuestión crucial: ¿qué hace a la materia mineral cambiar a forma
substancial vegetal? En la doctrina aristotélica-tomista, nada pasa de potencia
para acto de por sí. Todo movimiento exige que el Ser en potencia para una
cualidad reciba esa misma cualidad de otro ser que ya la posee en acto. Habiendo la materia mineral
la potencia de hacerse viva por la asunción de una nueva forma substancial,
es necesario que esa forma sea dada - por lo menos inicialmente - por otro
ser que no sea la pura materia mineral que, estando en potencia para la vida
no puede tenerla actualmente. De hecho, en el Génesis
se lee que, al principio Dios dice: “produzca la tierra hierba verde y
que de simiente y árboles frutales que den fruto según su especie, cuya
simiente esté en ellos mismos para reproducirse sobre la tierra" (Gen,
I, 11). Y aún: “Produzcan las aguas reptiles animados y vivientes y
aves que vuelen sobre la tierra bajo el firmamento del cielo. Dios creó los
grandes peces y todos los animales que tienen vida y movimiento, los cuales
fueron producidos por las aguas según su especie, y todas las aves, según su
especie” (Gen, I, 20-21). En el texto del Génesis
está dicho que Dios usó la tierra y las aguas como materia, y su orden
infundió en la materia la forma vegetal o animal. De paso, conviene notar que
el texto del Génesis afirma que cada planta y animal fue creado capaz de dar
fruto “según su especie”, y que esta expresión es diez veces
repetida en el primer capítulo del Génesis. Concluyendo, la vida
vegetal y la vida animal no son ni el resultado de una ordenación mecánica,
ni la inserción de no se sabe bien qué espíritu vital en ellos, sino
simplemente la forma substancial vegetal (puramente material) de la planta, y
la forma substancial animal (puramente material) del animal. 2 -
EVOLUCIÓN Y PRINCÍPIOS DEL SER El buen sentido y la
metafísica enseñan: 1. Que el Ser es idéntico
a si mismo. (Principio de identidad). Pan es pan. Piedra es piedra. 2. Que una cosa no puede
ser y no ser, al mismo tiempo, bajo el mismo aspecto. (Principio de
no-contradicción). Estos dos principios derivan
de la propia noción del ser Absoluto, Dios. En efecto, conforme
demuestran Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, repugna a la perfección del
ser absoluto la posibilidad de cambio. El Ser perfecto no puede ni hacerse
más perfecto, ni decaer de perfección. Dios, siendo puro acto, sin ninguna
potencia, es incapaz de cualquier cambio. Cambiar es pasar de
potencia de una cualidad para la realización o posesión de esa cualidad. Dios
no tiene potencia pasiva. Luego, Dios no puede cambiar. Y es impresionante
constatar que, aquello que Aristóteles concluyó con su raciocinio, Dios ya lo
dijera en las Sagradas Escrituras. Así, cuando Moisés
preguntó a Dios cuál era su nombre, Dios le respondió: "EGO SUM QUI
SUM" ["Yo soy el que soy"] (Ex. III, 14). Dios es aquel que no
cambia. esto fue confirmado por
Dios en otros pasajes: "Ego enim Dominus et
non mutor" ["Yo soy el Señor y no mudo"] (Mal..III, 6). "Non est Dios quasi
homo, ut mentiatur: Nec ut filius homini, ut muetur" [“Dios no es
como el hombre, capaz de mentir; ni como el hijo del Hombre capaz de
cambiar"] (Num. XXIII, 19). Entonces, el Ser por
excelencia es inmutable. Frente al Ser absoluto,
sólo hay dos visiones posibles: 1a. -- o se admite lo que
El es, como El es; 2a. -- o se Lo niega,
afirmando que El no existe (ateísmo) y que sólo existe a cambio (Gnosis). Los seres creados son
seres por analogía con relación al Ser absoluto. Todo ser creado tiene
cualidades en acto y cualidades que puede llegar a tener, que están en potencia.
Cambio o movimiento es el
paso de potencia para una cualidad para la posesión de aquella misma
cualidad. cambiar es pasar de potencia para acto, con relación a una
determinada cualidad. Todo ser creado cambia. Si se niega que los seres
contingentes cambian, entonces se los iguala a Dios, cayendo en el panteísmo.
Fue este el error de Parménides, al no distinguir los seres por el principio
de la analogía, y afirmando entonces que sólo existe el Ser absoluto,
inmutable. Al caer en ese error, identificaba el Ser de la piedra con el Ser
divino, y tenía, entonces, que negar la evidencia de los cambios. Heráclito cayó en el
error opuesto al afirmar que sólo había cambio sin que existiese un sujeto
que cambiaba. De este modo, Heráclito negaba el Ser y caía en la Gnosis. Los seres creados son
análogos, esto es, semejantes al Ser absoluto. En los seres por analogía,
algo no cambia y algo cambia. Cada ser análogo es lo
que es, por su forma substancial. También la forma
substancial es capaz de cambios: la madera quemada se vuelve ceniza. Pero
ella no puede ser madera y ceniza al mismo tiempo. Ni es capaz de cambiar por
sí misma. Para cambiar, ella tiene que recibir la cualidad para la cual está
en potencia, de otro ser, que tenga aquella cualidad en acto. Para el evolucionismo,
tal no acontece. El ser tendría, en sí
mismo, una fuerza inmanente que lo llevaría necesariamente a hacer germinar
lo que en él ya existía en estado latente. El primer y único ser
sería como una simiente de la cual germinó todo el universo. Como afirma la dialéctica
hegeliana, el Ser es lo que no es, y no es lo que es. Es la negación, per
diametrum, del "Ego sum qui sum " de la Escritura. 3 -
EVOLUCIONISMO Y ANALOGIA DEL SER Vimos que hay una
estrecha relación entre el evolucionismo y una concepción o monista-panteísta
del ser, o una visión gnóstico-dialéctica del universo. De cualquier modo, el
evolucionismo afirma un igualitarismo metafísico: en el fondo, todas las
cosas serían transformaciones de un único ser, o material o espiritual. En
ambas las variantes -- panteísta o gnóstica - se niega que el universo tenga
sido creado por un Dios trascendente. Por otro lado, la
afirmación de que todo, en el fondo, es una sola realidad, redunda en una
negación de la analogía del ser. En efecto, en el universo
constatamos una jerarquía metafísica. Todo lo que existe es
ser, pero no es ser del mismo modo. El
concepto de ser no es ni unívoco, ni equívoco, sino análogo. Así, el pié de una silla,
el pié de un animal y el pié humano tienen algo en común: todos sustentan
algo. Entretanto, el pié de la silla sólo es "pié" en la medida en
sustenta a silla, del mismo modo que
el pié sustenta el cuerpo humano. El pié de la silla ni tiene vida, ni tiene
las cualidades múltiples de un pié de verdad. El "pié" de la silla
sólo es "pié" por comparación, por analogía con el pié humano. El "pié" de un
animal se parece más con el pié humano, porque tiene vida y más otras
funciones semejantes a las del pié
humano. En razón de aquello que difiere de un pié humano es que se le da el
nombre de pata, y no de pié. Pié verdadero, es sólo o del Hombre. Pié de la
silla y pié de animal son pies por analogía o semejanza con el pié humano. Del mismo modo, todo lo
que existe es ser. Sin embargo, las cosas
que encontramos en el universo apenas tienen el ser. No son el Ser. Ser, en sentido propio y
absoluto, es aquello que existe por si mismo, que es inmutable, eterno y
infinito. En sentido estricto, sólo Dios es Ser. Las cosas que Dios creó son semejantes a El en grados
diversos. En la medida en que una cosa posee cualidades en acto, en esa misma
medida se parece con el Ser y es ser. Así las cosas puramente materiales tienen la menor
analogía con el Ser absoluto, y son, pues, el menor grado de ser posible. Ya
los vegetales, además de existir, tienen vida. En el hombre, la forma
racional lo hace una imagen de Dios, y, por eso, el Ser humano es mucho más
semejante al Creador. Los ángeles, por fin, siendo puros espíritus, se
parecen más con Dios que el hombre. Hay, pues, una escala metafísica en el
universo, cada reino transcendiendo al inferior, del mismo modo - no en el mismo grado -- que Dios
transciende el universo creado. Para el evolucionismo, no
existiría realmente una jerarquía metafísica, pues lo que es hoy una piedra,
con el tiempo y gracias a la evolución se volverá, ser vivo, ser racional, y
- ni todos lo dicen explícitamente como lo hace Teilhard de Chardin -
finalmente se volverá Dios. El evolucionismo supone -
y a veces predica -- que hay un verdadero monismo metafísico. Y es esta
concepción monista y igualitaria del ser que revela su fondo religioso.
Cuando el evolucionista considera que sólo existe la materia en perpetua e
infinita evolución, se afilia al monismo panteísta. Cuando el evolucionismo
considera que la realidad última de las cosas
no es la materia, sino un espíritu aprisionado en ella y que intenta
liberarse de ella a través de la evolución, él es una expresión de la Gnosis
con ropaje "científico". De cualquier modo, el evolucionismo es la
expresión de una concepción igualitaria del ser, negando la analogía del ser,
así como cualquier trascendencia. 4 -
EVOLUCIONISMO Y CAUSA FINAL El evolucionismo
contraría el principio de finalidad. Todas las cosas existentes tienen una finalidad. Ahora
bien, los seres racionales tienen una finalidad intencionalmente. Al
contrario del Hombre, que conoce sus fines y los busca voluntariamente, los
seres irracionales actúan ciegamente.
Cada un de ellos busca su fin sin conocerlo. Así, una flecha, de por sí, es
incapaz de buscar el blanco. Para buscarlo, necesita ser dirigida. Las bolas
del juego de billar sólo pegan unas en las otras, buscando el encajonamiento
de una de ellas, porque alguien inteligente les de la dirección y la fuerza.
Ellas necesitan de un agente intencional. Siendo así, no se explica
el inmenso orden del mundo no racional en busca de un fin, si no existiese un
agente inteligente que diseccionó todo el orden universal, apuntando a un fin
último. Este argumento
teleológico - que es la quinta vía de Santo Tomás probando la existencia de
Dios, fue desarrollado por varios pensadores, con variaciones de ejemplos, en
el transcurso de la Historia. Si una nave
interplanetaria descendiese en otro planeta y allí encontrase una simple
flecha, todos los evolucionistas clamarían - y con razón - que esa flecha
probaría la existencia de vida inteligente fuera de la tierra. Con razón, sí,
porque sería imposible a la flecha haberse constituido sin la acción de un
ser inteligente. Ahora bien, lo que los
evolucionistas estarían aplicando, en ese caso, sería el conocido argumento
del reloj y del relojero. Si existe reloj, tiene que haber existido un
relojero que lo construyó. Así también, si existe
orden en el universo es porque existe un Ordenador sapientísimo que
estableció ese orden. Michael Behe, en su muy
buen libro “La Caja negra de
Darwin” que ya citamos, hace innumerables aplicaciones de ese mismo
principio de finalidad. Conforme a ese autor,
ningún sistema irreductible podría evolucionar. El llama sistema irreductible
a todo aquel que es constituido de
múltiples partes, todas absolutamente necesarias para que el sistema alcance
su objetivo. Bien didácticamente
expone este principio con el ejemplo bien simple de una ratonera, cuyos
componentes son todos absolutamente necesarios para que alcance su finalidad.
Una ratonera jamás podría evolucionar, porque, faltando o no estando
plenamente realizadas sus partes ella sería absolutamente inútil. Del mismo modo, explica
Michael Behe, el ojo humano, una célula, una simple ceja celular, son
sistemas irreductibles extremamente complejos, en los cuales la falta de
cualquier elemento constituyente, o el no desarrollo completo de las partes
constituyentes, tornaría el sistema completamente frustrado e incapaz de
existir, y, por tanto, incapaz de alcanzar el fin para el cual existe. Luego,
concluye, Behe, la macro evolución es imposible y jamás se dio. (Cfr. Michael
Behe, La Caja negra de Darwin, Zahar,
río, 1996) 5 -
EL PROBLEMA DE LAS ESPECIES Y LOS UNIVERSALES Darwin dio a su obra más
importante el título de "El origen de las especies". El pretendía
explicar cual es el "origen" de las especies, esto es cual habría
sido la causa eficiente del surgimiento de las especies. No lo hizo. Porque decir
que el hombre viene del macaco, por evolución, no responde, sino que apenas
disloca el problema, en el tiempo. ¿Y el macaco, de dónde vino? ¿Y el primer
ser? Darwin quería negar Dios
y, lógicamente, sólo podía transferir para la materia bruta la eternidad, la
infinitud y la omnipotencia activa, propias de Dios. El sólo podía sustituir
a Dios por la materia, cayendo en el Panteísmo, caso afirmase que la propia
materia tenía las cualidades de Dios; o en la Gnosis, caso afirmase que en la
materia estaba aprisionado el espíritu divino. Así como Darwin no
respondió cual había sido, de hecho, el origen, esto es, la causa eficiente
del universo, así tampoco no definió lo que eran especies. La palabra
"species", en latín, significa mirar, visión, rostro, figura, y
correspondía a la idea platónica de un ser. Para Aristóteles la
"species" era la forma substancial, esto es, aquello que hace a un
ser lo que él es. La especie reúne en su concepto todos los seres que tienen
la misma forma substancial. En el fondo, entonces, el
término especie es un universal Desde el final de la edad
Media, se discutió con ardor si el universal existía o no. El gnóstico Mestre
Eckhart, renovando la concepción platónica, negaba cualquier valor al ser
individual, y afirmaba que sólo existía el universal. Para él, sólo existiría
la especie. Ockham, por su lado,
negaba cualquier existencia al universal, defendiendo que sólo existía el Ser
individual. Para Ockham, no existirían especies, siendo el universal un puro
nombre. De ahí su doctrina ser llamada nominalismo. Darwin va repetir la
tesis nominalista y materialista de
Ockham al decir: "El término especie
llega, así, a no ser más que una abstracción mental inútil que implica y
requiere un acto de creación distinto" (Darwin, apud Ossandón Valdés, op.
cit. p. 9). E más: "Considero que el
término especie fue dado arbitrariamente, por motivo de conveniencia, para
reunir en grupo, individuos que se asemejan íntimamente entre sí".
(Darwin, apud Crowson, Darwin y la clasificación, citado por Ossandón Valdés,
op. cit. p.11). De este modo Darwin
escribió un libro -- El origen de las especies -- no explicando cual es el
origen de aquello -- las especies -- que, según él, no existía. Los científicos, hoy,
llegaron a identificar más de 1.000.000 de especies diferentes, siendo que
cerca de 850.000 son de insectos. Entretanto, no llegaron a un acuerdo sobre
lo que son especies. Normalmente, ellas son consideradas como
"comunidades de reproducción", esto es, los miembros de una especie
sólo se reproducen con otros de su misma especie. Esta conceptualización
moderna es bastante errada porque, al tener en cuenta apenas la cuestión
reproductiva, y al dejar de lado los aspectos formales, hace imposible hablar
de especie dónde no se de la reproducción, lo que deja sin posibilidad de
clasificación todo el universo unicelular, animal y vegetal. Hay quien afirme que
especie es el conjunto de los seres que tiene el mismo origen. Pero, si la
evolución fuese un hecho, esa conceptualización sería falsa, porque, para los
evolucionistas, todos los seres vivos tendrían un sólo origen, y entonces
todos formarían una sola especie, lo
que es absurdo. T. Dobhansky afirma que
la única cosa cierta es que existen las especies y que estas son aquellas que
el sentido común siempre identificó como tales. Dobhansky admite aún que las
especies están separadas entre sí por hiatos intransponibles, al punto de no
existir seres intermediarios entre ellas. Si hubiese seres intermediarios
entre las especies, ellos no tendrían posibilidad de vivir (T. Dobhansky, " La idea de especie
después de Darwin, en Barnett et alii, Un siglo después de Darwin, Buenos
Aires, 1982, p. 39, apud Ossandón Valdés, op. cit. p. 10). El propio Dobzhanski pone
un problema para la teoría: ¿cómo un proceso continuo, el de la evolución,
puede generar productos discontinuos? (Organic Diversity. In Genetics
and the origin of species, 1937). “Especies son
entidades reales en la naturaleza”, es lo que también afirma Eliot
Sober (Philosophy of Biology, 1993). Es exactamente por eso
que jamás se vio surgir una nueva especie. Las actuales son las mismas del
tiempo de Aristóteles, tales cuales él las describió. No evolucionaron. Haldane, estudiando la
extensión de los osos, llegó a la conclusión que en los últimos 10.000 años
no hubo evolución. Hudson Hoagland asevera que: "las partes del
cerebro filogenéticamente antiguas, en oposición al neo-córtex, cambiaron muy poco en los últimos 50.000.000
de años de evolución de los mamíferos" (H. Hoagland, "Biology, brains and insight", apud Ossandón
Valdés, op. cit. p. 10). Ossandón Valdés nos hace
ver que el problema de los híbridos pone nuevas dificultades para la teoría evolucionista,
porque, cuando los híbridos son fértiles, sus descendientes acostumbran tener
hijotes que retornan a tener las características formales de las especies
originales. 6 -
EVOLUCIONISMO Y CAUSALIDAD El nominalismo de Ockham
tenía dificultad en admitir el principio de causalidad. El darwinismo,
también nominalista, acaba teniendo graves problemas con la causalidad. En efecto, toda causa
tiene que ser anterior y mayor del que su efecto. ¿En qué sentido mayor? Ningún efecto puede
tener, en sí, algo que no haya recibido de sus causas. Así, una carga explosiva
de potencia x no podrá explotar con una potencia mayor que x. Si tengo fuerza
5 en mi brazo, no podré, yo solo, levantar un peso mayor que 5. Supongamos que en una
heladera existan aguacate, banana y cereza. Podré hacer una vitamina
compuesta de aguacate y banana. ABC > AB. Esto es posible y lógico.
Porque, ahí, la causa es mayor que el efecto. Supongamos, en un segundo
caso que se tenga, en la heladera aguacate, banana y cereza. ¿Sería posible
hacer, en la licuadora, una vitamina que contuviese aguacate, banana, cereza,
damasco, higo, guayaba, naranja, mexerica, nabo, pitajaya, zapote, vaina y
uva? Evidentemente, no.
Porque, ahí, la causa es menor que el efecto. ABC < ABCDFGLMNPSVU. Esto es ilógico. Es
absurdo. Es imposible que suceda, pues, en ese caso, el efecto sería mayor
que la causa. Ahora, el evolucionismo
afirma que la materia inorgánica causó la vida vegetal; que del vegetal
provino la vida animal, que es superior a la vida vegetal; que de la vida
animal vino el hombre con vida racional. Mineral < vegetal <
animal < hombre Conforme al
evolucionismo, el efecto es siempre mayor que la causa. El evolucionismo
encaja en el segundo caso analizado. El evolucionismo es
ilógico, absurdo y metafísicamente imposible. La doctrina evolucionista contraría el principio de
causalidad. Es claro que los
evolucionistas sólo pueden huir de esta concepción absurda, si consideran que
el primer ser a existir, como una simiente, contenía en sí todo lo que iba a
ser después germinado por el proceso evolutivo. Pero, entonces, el
evolucionismo tendría que admitir que esta primitiva simiente universal era
eterna, infinita y omnipotente, esto es, habría que admitir el panteísmo. El evolucionismo es una
pretensa teoría científica que oculta en su seno una doctrina religiosa. III - EVOLUCIÓN de la teoría EVOLUCIONISTA Las Escuelas
Evolucionistas La Ciencia busca el
conocimiento de las leyes naturales. Estas leyes son universales e
inmutables. Descubierta una ley, es siempre comprobada por nuevas experiencias. Así, el descubrimiento de la
vacuna oral contra el virus que causa la poliomielitis por Sabin permite que
siempre esa vacuna impida que alguien sea victima por la enfermedad. Tal cosa no se dio con el
evolucionismo y tal no se da. Jamás fue comprobado por hechos o por experiencias.
Peor: fue variando su explicación, a la medida que la ciencia progresaba e
iba refutando sus errores. La única cosa que el evolucionismo comprobó es que
es una teoría en constante evolución. Lo que no comprueba ni su carácter
científico, ni su veracidad. De cualquier modo que se
entienda lo que es una especie, al afirmar que una especie deriva de otra,
los evolucionistas tenían que explicar cómo acontecía eso. Desde el inicio,
hubo divergencias a respecto de eso entre los evolucionistas, dando origen a
varias corrientes o escuelas. En el decorrer de su
Historia, el evolucionismo presentó las siguientes escuelas o corrientes: 1a. -- Escuela de
Lamarck. 2a. -- Escuela de Darwin 3a. – Escuela Néo-
Darwinista o Escuela Sintética Moderna 4a. -- Escuela del
equilibrio puntuado Para Lamarck (1744-1829),
los seres vivos derivarían unos de los otros por la obediencia a dos leyes: 1a. ley de los caracteres
adquiridos. 2a. ley de la influencia
del medio y del modo de vida Lamarck escribió dos
obras defendiendo su teoría: “filosofía Zoológica” y
“Historia Natural de los Invertebrados”. Según Lamarck, el
ambiente en que viven los animales y su modo de vida influirían en ellos de
modo a adaptarlos cada vez más y mejor a las nuevas condiciones. Los cambios paulatinos
adquiridos en la vida de un animal serían transmitidos a sus descendientes.
Es la ley de los caracteres
adquiridos. En la realidad, para
Lamarck, las circunstancias ambientales servirían apenas para desencadenar
fuerzas inherentes a un organismo, para hacerlo cambiar. Por eso, el
Lamarckismo merece, de hecho, el nombre de evolucionismo, pues pretende que
principios inherentes al ser vivo son los causantes de su cambio. Como prueba de su teoría,
Lamarck presentaba el hecho de existir, en seres vivos, algunos órganos
atrofiados “por falta de uso”, en cuanto otros órganos se
desarrollaban más por el uso exagerado de ellos. Ejemplo típico y famoso
dado por la escuela Lamarckista como exceso de uso es el del cuello de la
jirafa. Conforme Lamarck, la jirafa, no encontrando alimento suficiente en la
superficie del suelo, comenzó a procurarlo en lo alto de los árboles. Para
esto, ella fue estando obligada a estirar cada vez más su cuello. De este
modo, sus hijos comenzaron a nacer con un cuello cada vez mayor. La pobre
jirafa, si hubiese desarrollado su enorme cuello para más fácilmente
alimentarse de los más tiernos y altos brotes de los árboles, cuanto más
crecía su cuello, más difícil le quedaba tomar agua. Jirafal dilema le habría
sido escoger entre estirar el cuello para comer, o encogerlo, para beber más
fácilmente. Ya Cuvier, al hacer el
elogio fúnebre de Lamarck, al pié de su sepultura, enterró junto con él su
teoría, al señalar que, si es el ejercicio continuo de un órgano lo que
provoca su desarrollo, ¿cómo podría haber surgido él, si no podía ejercitarse
antes de existir? y, si cuando está semi-desarrollado es inepto para ejercer
funciones, ¿para qué serviría el nuevo órgano? Sería, en esa fase, más
prejudicial que útil. Stephen Jay Gould, a su
vez, nos cuenta que las avestruces, aún dentro de sus huevos, ya presentan
callosidades típicas de las avestruces adultas, y esas callosidades no
surgieron por el uso (S. Jay Gould, El Pulgar del Panda, p. 70). Y la gallina de agua, que
vive hace tanto tiempo – si no desde siempre -- en los pantanos, no
desarrolló una membrana palmiforme en sus patas. No se transformó en
palmípeda, aun que eso le habría sido muy útil. Es falso, por tanto, que
la necesidad crea el órgano o lo transforma. El descubrimiento del
ácido desoxiribonucléico y de la corriente del DNA probó que todos los
caracteres son heredados por vía genética. Además ya se sabía que
innumerables caracteres adquiridos durante la vida jamás son heredados. Así,
desde que el mundo es mundo, las mujeres, para generar, pierden la
virginidad, y ni por eso sus hijas dejan de nacer en estado virginal. Completamente refutado
por la Ciencia y por la Lógica, la herencia de los caracteres adquiridos del
Lamarckismo continúa siendo citada en ciertos libros y en ciertas cátedras, y
hasta, veladamente, por connotados autores. Por ejemplo, conforme los
transformistas, el hueso articular y el hueso cuadrado del maxilar de los
reptiles se habría transformado en el martillo y en la bigornia del oído de
los mamíferos. Ahora ese cambio es
absurdo e imposible pues, durante la evolución de una situación para otra, el
reptil no podría comer, ya que el maxilar no quedaría preso firmemente en
nada. Y antes de terminar la transformación, el animal sería sordo. Aún sobre la adaptación
del animal al medio, hay un caso bien curioso y que queda bien difícil para
la teoría evolucionista explicar: el dilatarse el agua, cuando congela. Normalmente, todo cuerpo
calentado se dilata, y, enfriado, se contrae. Ahora, con el agua ocurre
algo muy curioso. Cuando el agua es enfriada, hasta 4º se contrae.
Continuando a ser enfriada, entre 4º y 0º vuelve a dilatarse. En consecuencia de este
hecho, cuando el agua de un lago se congela, se da una dilatación de su
volumen, y esto es lo que permite la fluctuación del hielo en el agua.
Entretanto, las camadas más profundas del lago no llegan a congelarse, porque quedan sin espacio para
dilatación. Por eso, en un lago congelado, las camadas más profundas
permanecen siempre a 4º de temperatura y jamás se congelan, lo que permite
sobrevivir a la vida lacustre. En ese caso, entonces, no
fueron los animales y vegetales que se adaptaron al ambiente. Fue el ambiente
que se "adaptó" a los seres vivos, para que pudiesen sobrevivir! Ahora bien, esto sólo
puede ser explicado por una Sabiduría superior que ordenó todo el universo y
no por el evolucionismo. A menos que se admita que la materia es inteligente
y el agua comprendía que no se podía congelar; si no, mataría todos los
peces. Para Darwin, la evolución
se habría dado por la selección natural, a través de la lucha por la
existencia. Al contrario de lo que
afirmaba Lamarck, para Darwin, la causa de la transformación de una especie
en otra sería enteramente extrínseca al su organismo. La lucha por la
sobrevivencia es que sería el verdadero motor de la evolución, permitiendo
que continuasen existiendo apenas las más aptas. Malthus, Adam Smith y la
selección artificial del gado practicada por los creadores ingleses es que inspiraran
Darwin. Darwin consideraba
simplista la explicación de Lamarck, pero realmente nunca profundizó el tema. "S. A. Barnett lo
reconoce expresamente en su volumen de homenaje a Darwin: "El propio
Darwin jamás formuló (su teoría de la selección natural) de un modo
lógicamente válido" (Ossandón Valdés, op. cit. p. 12). Lo que Darwin decía de la
selección natural era una mera tautología: la selección natural sólo hace
sobrevivir lo más apto, porque sólo lo
más apto puede sobrevivir. Para Darwin, las especies
sufrirían variaciones accidentales pequeñas que, paulatinamente se iban
acumulando, y serían transmitidas de generación en generación, Toda selección importa en
la adopción de un criterio, y todo criterio supone una mente inteligente que
lo escoge e impone. La naturaleza, de por sí,
no causa una selección natural. Ya está visto que muchas especies
desaparecieron por simples accidentes naturales. Así, por ocasión de las
grandes orogenias, muchas especies desaparecieron con el sumergimiento de
continentes enteros y otras desaparecieron por elevación de los fondos
oceánicos. Hoy, se imagina que la súbita extinción de los dinosaurios fue
debida a algún fenómeno cataclísmico, y no por selección paulatina. Por otro lado, si hubiese
selección del más apto apenas, con el tiempo, habría una disminución del
número de especies, y por fin, quedaría sólo una, lo que no acontece. Si los hombres provienen
de los macacos por sobrevivencia de los más aptos, ¿cómo entonces continuaron
existiendo macacos? siendo menos aptos, todos los que no se transformaron en
hombres deberían haber desaparecido. Hay macacos aún, y el
evolucionismo, a pesar de todas las sus evoluciones teoréticas, continúa
afirmando, aún hoy, lo no se comprobó que desde Darwin. Además, hoy se sabe que
las especies sólo sobreviven en un ecosistema equilibrado, y que la
desaparición de una especie tiende a hacer desaparecer otra especie que vivía
de ella. Además de eso, debería acontecer
también una selección dentro de la especie, permitiendo la sobrevivencia
apenas de la raza más apta. Con el transcurrir de la evolución entonces,
acabaría existiendo una sola especie y una sola raza, lo que es un absurdo. Decougis, en su obra
“Le vieillisement des êtres
vivants” [El envejecimiento de los seres
vivos] afirma: "La Paleontología
nos muestra que las especies fósiles extinguidas son, la más de las veces,
especies gigantes o, a veces, enanas, pero preservando siempre trazos de
degeneración acromegálica muy acentuados" (Apud Patrick Troadec, op.
cit. p. 24). Galton descubrió que los
caracteres seleccionados por los
creadores retornan a su estado primitivo luego que cesa la selección. Hugo de Vries concluyó
que la selección sólo era posible por saltos y no por cambios lentos y
paulatinos como decía Darwin. Y concluyó De Vries que "la selección no
conduce al origen de nuevas especies" (Apud Ossandón Valdés, op.
cit. p. 13). El mismo Ossandón Valdés
afirma, en su estudio, que "interesantes experiencias han demostrado que
la selección [artificial] tiene limites que es imposible ultrapasar, por más
esfuerzos que haga el seleccionador. Simplemente los animales prefieren morir
del que continuar cambiando". (Ossandón Valdés, op. cit. p. 12). Los conocidos biólogos
Kimura y Ohno criticaron mucho la evolución con base en la selección natural.
Esos dos científicos insisten en que hay un conservadurismo de las especies,
y, como De Vries y Jay Gould, afirman que la evolución se haría por saltos. Si hubiese evolución
lenta que transformase una especie en otra, deberían existir fósiles
intermediarios entre las especies. Ahora bien, tales fósiles nunca fueron
encontrados. Veremos más adelante, al estudiar los fósiles, que jamás fueron
encontrados los eslabones perdidos entre dos especies. El propio Darwin se
espantaba con la estabilidad de las especies que las torna tan bien
definidas: "¿Por qué las
especies están tan bien definidas? ¿Dónde están entonces las gradaciones
infinitas que mi teoría exige? " Darwin tuvo la sinceridad
de escribir esto. Los profesores actuales secundarios – e inclusive
muchos universitarios -- garantizan a sus alumnos y al mundo, que tales
intermediarios fueron encontrados. Juran que sí. Si la evolución -- como
la defendía Darwin -- fuese verdadera, se deberían encontrar, aún hoy,
especies en fase de evolución. Tal cosa no ocurre. Los darwinistas se salen
de esta dificultad diciendo: 1 - la evolución exige
largo periodo de tiempo para realizarse; 2 - las condiciones
ambientales actuales, diferentes del pasado, no permiten la evolución, hoy. Lo que se ha constatado
en la investigación paleontológica es exactamente lo opuesto de lo que
esperaba Darwin y de lo que decían sus
seguidores iniciales. No sólo no fueron encontrados fósiles intermediarios
entre dos especies, si no que se hallaron especies que durante los largos
periodos en que vivieron jamás evolucionaron. Los llamados “fósiles
vivos” están en ese caso. Se llaman “fósiles
vivos” determinados seres de los cuales sólo se habían encontrado
ejemplares fósiles, y de los cuales, posteriormente, se hallaron ejemplares
vivos y exactamente iguales a los ejemplares fósiles de millones de años
atrás. Ejemplo clásico de fósil
vivo es el celecanto, pez de que se conocía apenas el ejemplar fosilizado
hace 300.000.000 de años. Recientemente, se descubrieron innumerables
celecantos vivos exactamente idénticos a los fósiles. El celecanto atravesara
300.000.000 de años sin evolucionar, aun que haya enfrentado las condiciones
ambientales en las cuales se pretendía haber sido posible la evolución. Hay muchos otros casos de
animales que atravesaron prácticamente toda la historia geológica de la
tierra y no evolucionaron. La cucaracha está en ese caso. La cucaracha
antigua era tan asquerosa cuanto la de nuestros días. En cuanto a la
argumentación de que la evolución exige largos periodos de tiempo para
realizarse, ella va contra el darwinismo. Si eso fuese verdad, cuanto más
tiempo llevase una especie para transformarse en otra, mayor número de
ejemplares intermediarios deberían haber sido encontrados. Nada de esto se
halló fosilizado en la columna geológica. Para explicar la súbita y
sorprendente aparición de nuevas especies en las camadas geológicas, los
evolucionistas recurrieron a la idea de evolución acelerada. En las épocas de
cataclismos, en las cuales habría gran posibilidad de desaparecer una
especie, por un instinto desconocido e inexplicable, la especie, para
sobrevivir, evolucionaría rápidamente para otra forma o especie diferente, capaz
de sobrevivir en el nuevo ambiente que
se iría a formar. Esto era atribuir a la especie amenazada no sólo capacidad
de cambiar, como, más aún, capacidad de prever el cataclismo y cuales serían
las condiciones futuras. ¡Realmente quiromántico! Esta tentativa de
explicación ridícula, cae fácilmente por tierra, porque, si fuese verdadera,
deberían existir innumerables ejemplares de fósiles intermediarios entre dos
especies, sucediéndose en corto espacio de tiempo. Ahora bien, esto jamás fue
constatado. Acorralados, los
evolucionistas saltaron para otra rama explicativa: la onto-mutación. Por onto-mutación
entendían que, en una época de peligro, una pareja de una especie generaría
directamente un ejemplar de otra especie. La tentativa de explicación era tan
absurda y tan ridícula que la lógica, el buen sentido, así como los
nuevos descubrimientos científicos -
el del ADN – la hicieron caer rápidamente en el olvido. 4 --
EL NEO-DARWINISMO, EL EVOLUCIONISMO SINTÉTICO La llama del
neo-Darwinismo fue iniciada por Hugo de Vries (1848-1935). Su tesis era que, en determinada raza pura
aparecerían mutantes que transmitirían a sus descendientes sus nuevos
caracteres, surgiendo así nuevas
especies. Considerando los
descubrimientos de la genética, quedó imposible sustentar la teoría de la
herencia de los caracteres adquiridos. Todo lo que aparece en una especie
está ya determinado en su información genética. Ocurre, sin embargo, que
pueden darse mutaciones genéticas espontáneas cuyas causas no son aún muy claras.
Pronto, los evolucionistas recurrieron a la hipótesis de que acumulándose
mutaciones accidentales se podría haber causado la evolución. Esto también es
imposible. Las mutaciones son raras.
Su tasa corresponde a 1 por 100.000. La probabilidad de apenas dos mutaciones
correspondiendo a de los caracteres distintos está en la proporción de 1 para
10.000.000.000. ¡Una posibilidad para 10 billones! Tales mutaciones no pueden
ser dirigidas y, además de eso, las mutaciones son en general nocivas. Una
tasa de 12 mutaciones, normalmente, es letal para un organismo. La baja tasa de mutación
espontánea es decurrente de la alta eficacia del sistema de reparos del DNA
de que los organismos están dotados. Tales mecanismos de reparo son una
prueba de que las mutaciones son indeseables para la especie, que apunta a
mantenerse estable, además de demostrar un orden bastante grande, inclusive
hasta en el nivel molecular. Cuando el DNA se presenta
danificado por una mutación, se activa un elaborado sistema de reparación,
compuesto por una serie de enzimas y mecanismos. Tal sistema está presente
desde en una simple bacteria Gram Negativa, como la Escherichia coli,
hasta en mamíferos superiores y en el hombre. En esa bacteria citada, hay por
lo menos cinco mecanismos diferentes de reparación del DNA mutado: el reparo
dependiente de luz la foto reactivación, reparo por escisión, reparo de mal
apareamiento, reparo polvos-replicación y sistema de reparo libre de error
(Cf. Simmons. Fundamentos de la Genética. Río de Janeiro: Guanabara Koogan,
2001, pp. 332-336). En los hombres, a excepción de la foto reactivación (la
mayoría de las células humanas no están expuestas a la luz), todos esos
mecanismos fueron comprobados y hubo otros mecanismos propios de la especie
(Cf. Simmons, 2001; Lewontin. Genética Moderna. Río de Janeiro: Guanabara
Koogan, 2001, pg. 192-197; Bottino. Genética. Río de Janeiro: Guanabara
Koogan, 1991, pg. 216-219). Las mutaciones no letales
constatadas afectan apenas puntos accesorios o entonces producen degeneraciones,
además de, en la mayor parte de las veces, causar esterilidad en el individuo
mutado, lo que impide la transmisión del carácter mutado. A pesar de todo esto, y
apenas para argumentar, si las mutaciones hubiesen sido las causantes de la
evolución de una especie a otra, esto habría ocurrido: a) o por acaso; b) o por error genético; c) o por tentativa,
buscando un progreso vital; d) o por cálculo
inteligente. Si la evolución hubiese
ocurrido simplemente por acaso, sería inexplicable y absurdo que los millones
de acasos necesarios para evolucionar de la primera molécula hasta el hombre
hubiesen producido una secuencia tan perfecta y tan sabiamente ordenada para
mejor. Es contra la inteligencia afirmar que millones de acasos hubiesen como
resultado un orden y una secuencia tan excelentes. También es inadmisible
imaginar que millones de errores genéticos hubiesen producido efectos cada
vez más complejos, y, al mismo tiempo, pero cada vez más ordenados, aún más
si tenemos en mente el sistema del DNA. Si la evolución hubiese
sido producida por tentativas de encontrar mejores soluciones para
adaptaciones a nuevos ambientes, la Matemática demostró que ni habría tiempo,
ni material en el universo para posibilitar la realización de la evolución
por tentativas. Émile Borel calculó
matemáticamente lo que llamó límite de imposibilidad en cuanto a la
posibilidad de un acontecimiento. Así, demostró que el límite de
imposibilidad cósmica es del orden de 10 elevado a la potencia 200. Esto es de una posibilidad para seguido
de 200 ceros. De ese modo, “acontecimientos notables de probabilidad
suficientemente débil, no se producen”. Y ese matemático, en la
conclusión de su trabajo dice: “Un acontecimiento
muy poco probable no se puede realizar”. Aplicando esas conclusiones
de Borel al campo de la biología, Georges Salet calculó que para las
mutaciones produjeren apenas un órgano minúsculo, la edad de la tierra
tendría que ser multiplicada por un número indicado por 1 seguido de varias
centenas o millones de ceros. Esto es, ¡el tiempo necesario para que la
evolución se hubiese dado por mutaciones sería superior a la edad del
universo! Para una simple bacteria
producir, por mutaciones al acaso, un metazoario, el límite de imposibilidad
estaría de lejos ultrapasado. Esto es, la bacteria no puede haber producido
el metazoario por mutaciones al acaso. Restaría una evolución
dirigida por cálculo inteligente. En este caso, o se admite que la propia
materia bruta es inteligente, y se cae en la Gnosis, como ocurrió con la
doctrina del Padre Teilhard de
Chardin, o se admite una Inteligencia trascendente a la materia, esto es
Dios. Pero, si se tiene que
admitir que Dios guió la evolución, todo el evolucionismo materialista cae
por tierra. Y más. Si se acepta que Dios existe y que El guía la evolución,
la discusión deja de ser biológica, para tornarse teológica. En este caso, no
se podría negar la creación tal cual fue revelada en las Sagradas Escrituras.
Es claro que el
evolucionismo derrotado y en fuga, va a agarrarse al evolucionismo moderado,
esto es a aquel que admite la evolución biológica de los primates, después de
que Dios habría infundido un alma racional en un macaco, para crear el primer
hombre, Adán. Este evolucionismo
mitigado o religioso es talvez, y en cierto sentido, aún más absurdo y
contradictorio que el evolucionismo materialista. Pero, como su refutación
exige argumentos de otra naturaleza que la biológica, trataremos de eso, más
tarde. Actualmente, inclusive
hasta científicos evolucionistas reconocen que es imposible atribuir a las
mutaciones la causa de la evolución. El científico ateo y
evolucionista Jean Rostand afirmó: “Las mutaciones,
que se quieren tornar responsables por la evolución del mundo vivo, son
privaciones orgánicas, son deficiencias, pérdidas de pigmento o
desdoblamientos de órganos. Nada traen de nuevo, de original en el plano
orgánico y funcional, nada que sea el fundamento o el comienzo de un nuevo
órgano. No, no puedo pensar que el ojo, el oído y el cerebro se hayan formado
de ese modo.” (J. Rostand, apud P. Troadec, op. cit. p.15). 5 --
ESCUELAEVOLUCIONISTA del “EQUILÍBRIO puntuado” Constatada la
inexistencia de fósiles intermediarios, Stephen Jay Gould, Nils Elredge y
Steven Stanley propusieron la teoría del "equilibrio puntuado". Darwin afirmara que la
evolución se diera en un proceso extremamente lento y que exigía la
existencia de los intermediarios. Era la teoría que recibió el nombre de
“gradualismo filético”. Vimos que, teniendo en vista las fallas
de la escuela darwiniana, los evolucionistas crearon la teoría del
“evolucionismo sintético”. El estudio más apurado de las
mutaciones genéticas comprobó que también el evolucionismo sintético estaba
errado. Por todo eso, y teniendo
en cuenta que la total ausencia de los intermediarios entre las varias
especies, en el registro fósil, los científicos supra citados, con ocasión
del centenario de Darwin, en 1960, presentaron una nueva teoría
evolucionista: la del “equilibrio puntuado”. Tal teoría parte de la
constatación de que no existen, en el registro fósil, pruebas de una
evolución lenta de una especie a otra. Se verifica que las nuevas especies
surgen abruptamente ya perfectamente formadas y así permanecen por largos
periodos de tiempo, en la escala de los millones de años. A esa estabilidad
de las especies Gold, Elredge y Stanley llaman de “fase de
equilibrio”. Es esto lo que se constata en los fósiles. Entonces, por
una razón que no se conoce, un pequeño número de ejemplares de una especie se
aísla de su especie, y, también por razones desconocidas, rápidamente
evoluciona para una nueva especie. La evolución habría sido tan rápida que no
habría dejado pruebas fósiles de su realización. A este periodo,
relativamente corto, de evolución acelerada, lo llaman de “periodo
puntuado”. La nueva teoría
evolucionista del “equilibrio puntuado” es así enteramente
gratuita: no explica porque un grupo se aísla, ni dice porqué evoluciona, ni
porqué evoluciona rápidamente. De este modo, en cuanto el evolucionismo
clásico, durante un siglo, procuró los eslabones perdidos de la evolución,
porque solamente su existencia comprobaría realmente la teoría evolucionista,
ahora, la teoría del “equilibrio puntuado” da como prueba de la
veracidad de la evolución de las especies exactamente la inexistencia de los
fósiles intermediarios entre una especie y otra. De esta forma, el
evolucionismo sería cierto, porque se encontrarían los eslabones perdidos.
Era sólo una cuestión de tiempo y de búsqueda. Ahora, el evolucionismo tiene
que ser aceptado, porque los eslabones perdidos nunca existieron. Pero, el
dogma de la evolución tiene que ser aceptado, porque es un dogma. Se verifica pues que, en
la historia de la teoría de la evolución, la única cosa que realmente
evoluciona es la propia teoría. Como los macacos, ella salta de rama en
rama... IV - ¿EL EVOLUCIONISMO ES CIENTÍFICO? 1 -
FRAUDES, CONTRADICCIONES, AFIRMACIONES GRATUITAS DE LOS EVOLUCIONISTAS Cuando alguien intenta
probar algo por medios fraudulentos, esto se constituye en una confesión de
que se reconoce que no se tienen pruebas reales de aquello que se quiere
probar. Ahora, en el decorrer de
su historia, el evolucionismo recurrió muchas veces a falsificaciones
fraudulentas, para convencer a la comunidad científica y al público que el
hombre provino de un animal inferior y que, por tanto, no habría sido creado
por Dios. Nunca hubo, en la Historia de la Ciencia, una teoría que quedó
viciada, en su historia, de tantos fraudes cuanto el Evolucionismo. A pesar
de esto, continúa siendo presentado como verdadero. Trataremos de los fraudes
más famosos practicados por científicos famosos, cuando analizamos los
fósiles humanos. Las contradicciones
también son muy comunes. Actualmente, por ejemplo,
los paleontólogos y los biólogos evolucionistas no están de acuerdo con
respecto de la edad del Hombre. Los paleontólogos
atribuyen a los fósiles hominídeos o humanos edades fabulosas que llegan a 3
millones de años. Los biólogos son mucho más modestos en sus cifras. En 1987, biólogos
moleculares americanos, comparando el material genético del lado materno de
poblaciones de varios continentes, llegaron a la conclusión de que todos los
hombres descienden de una única madre. Entonces habría existido realmente una
“madre de todos los vivientes” humanos, expresión que es designada
en la Escritura con el nombre de Eva. Más importante es la edad
que esos biólogos calcularon para la aparición de esa madre única:
aproximadamente 200.000 años. Ese número provocó
enormes protestas de los paleontólogos, pues que afirmaba implícitamente que
todos los fósiles antiquísimos que han sido presentados como antepasados del
Hombre, o inclusive como hombres primitivos, quedaban descalificados. ¿En qué Ciencia creer?
¿En la Paleontología o en la biología? Dilema angustiante para los que creen
ciegamente en las pruebas de la Ciencia. Teniendo en cuenta tantas
variaciones, fraudes, contradicciones y absurdos anti-científicos de la
Historia de la teoría evolucionista, no es de espantar que Marcel de Corte
haya dicho de ella: “El evolucionismo
toca las campanas para el funeral de la inteligencia. La inteligencia está en
peligro de muerte” 2 -
OPINIONES DE CIENTÍFICOS CONTRA LA TEORÍA EVOLUCIONISTA Desde la aparición de la
teoría darwinista, suscitó objeciones
que la ciencia ha confirmado. En 1871, St George Mivart
levantó argumentos que continúan en pié contra el evolucionismo darwinista: “Lo que cabría
alegar (contra el darwinismo), podría ser resumido de la forma siguiente: que
la “selección natural” es incapaz de explicar las etapas
incipientes de las estructuras útiles. Que no se armoniza con la coexistencia
de estructuras muy semejantes, de origen diferente. Que hay fundamentos para
pensar que diferencias específicas pueden ser desarrolladas súbita, y no
gradualmente. Que aún es sustentable la opinión de que las especies tienen
límites definidos, aunque muy diferentes, para su variabilidad. Que ciertas
formas transicionales fósiles están ausentes, cuando se podría esperar que
estuviesen presentes... Que hay numerosos fenómenos notables en formas orgánicas
sobre los cuales la “selección natural“ poco tiene que
decir” (Apud M. Behe, op. cit. p. 39). Y varios de estos
argumentos aún no fueron respondidos, y, después de un siglo de
investigaciones y de propaganda masiva continúan en pié. En los últimos
tiempos, muchos científicos se han
pronunciado contra la teoría evolucionista, y especialmente contra el
darwinismo. Michael Behe da muchas citas de científicos famosos que se mostraron
desilusionados con el darwinismo. Estas son algunas de esas citas: Richard Goldschimidt,
famosos genetista, ya en la década de 1940 -- por tanto bien antes del
descubrimiento del DNA y del desarrollo de la Bioquímica -- se mostraba
desencantado con la teoría evolucionista darwiniana, llegando entonces a proponer
la teoría del llamado “monstruo
esperanzado”: un reptil, por ejemplo, podría tener un huevo del cual
habría nacido un ave. (Cfr, M. Behe, op. cit. p. 35). El famoso paleontólogo
Nils Elredge - fundador con Jay Gould de la teoría evolucionista del
“equilibrio puntuado” -- declaró: “No es de espantar,
que los paleontólogos hayan ignorado la evolución por tanto tiempo.
Aparentemente, ella jamás ocurre. La colecta cuidadosa de material en la
superficie de peñascos muestra oscilaciones en zig-zag, pequeñas, y una
acumulación muy rara de leves cambios – en el decorrer de millones de
años, a una tasa demasiado lenta para explicar todo el cambio prodigioso que
ocurrió en la historia evolutiva. Cuando vemos la aparición de novedades
evolutivas, eso ocurre en general con un estruendo y, no raro, sin ninguna
prueba sólida de que los fósiles no evolucionaron tampoco en otros lugares!
La evolución no puede estar ocurriendo siempre en otros lugares. Aún así, fue
de esa manera que el registro fósil pareció a mitos desesperados
paleontólogos que querían aprender alguna cosa sobre la evolución “.
(M. Behe, op. cit., p. 36). Dos biólogos ingleses
Mae-Wan Ho y Peter Saunders afirman: “Pasó
aproximadamente medio siglo desde la formulación de la síntesis neo darwiniana. Gran volumen de
investigación fue realizado dentro del paradigma que define. Aún así, los
sucesos de la teoría se limitan a las minucias de la evolución, tal como el
cambio adaptativo de la coloración de mariposas, al mismo tiempo que
poquísimo tiene que decir sobre las cuestiones que más nos interesan, como,
para comenzar, de qué manera surgieron las mariposas” (Apud M. Behe,
op. cit. p. 37). El genetista John
McDonald muestra un enigma inexplicable para el darwinismo: “Los resultados de
los últimos veinte años de investigación sobre la base genética de la
adaptación nos llevaron a una gran paradoja darwiniana. Aquellos [genes] que
son obviamente variables en poblaciones naturales no parecen constituir la
base de muchos de los grandes cambios de adaptación, en cuanto que aquellos
[genes] que parecen constituir, de hecho, el fundamento de muchas, si no de
la mayoría, de los grandes cambios de adaptación, aparentemente no son
variables en poblaciones naturales “. En otras palabras, los
genes que varían, no causan cambios; los genes que no varían,
causarían adaptaciones. ¡Exactamente lo opuesto a
lo que exige el darwinismo! Jerry Coyne, del
Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de Chicago sentencia: “Concluimos --
inesperadamente -- que hay pocas pruebas que sustenten la teoría neo
darwiniana: sus aliceres son débiles, así como las evidencias experimentales
que la apoyan” (Apud M. Behe, op. cit. p. 37). Otro genetista, John
Endler, de la Universidad de California, afirmó: “Aun que se sepa mucha
cosa sobre mutación, aún es, en la mayor parte, una "caja negra”
en lo que dice respecto a la evolución. Funciones bioquímicas nuevas parecen ser raras en la evolución, y la
base de su origen es virtualmente desconocida” (apud M. Behe, op. cit.
p. 38). También los más recientes
estudios matemáticos se han mostrado contrarios a la teoría evolucionista.
Hubert Yockey, teórico de la información, dice que la “información
necesaria para iniciar la vida no podría haber surgido por acaso, y sugiere
que la vida sea considerada un dato, como la materia y la energía” (M.
Behe, op. cit. p. 38). En un simposio de
matemáticos y biólogos realizado en 1966 en el Wistar Institute de
Filadélfia, los matemáticos mostraron que el tiempo para que hubiese las
mutaciones necesarias para la formación de un ojo era absolutamente
insuficiente para que esto se hubiese dado, y concluyeron: “Hay una gran
laguna en la teoría neo darwiniana de la evolución, y creemos que ella es de
tal naturaleza que no pueda ser conciliada con la concepción corriente de la
biología” (Apud M. Behe, op cit. p. 38). Inclusive quien no niega
frontalmente el darwinismo, lo pone en duda. Martin Kauffman, del
Santa Fe Institute, escribió: “Darwin y la
evolución nos dominan, cualesquiera que sean las quejas de los científicos
creacionistas. ¿Pero será correcta esa tesis? Mejor aún, ¿será adecuada? Creo
que no. No es que Darwin haya errado, sino, comprendido apenas parte de la
verdad”. (Apud M. Behe, op. cit. p. 38). Es bien difícil entender
como Darwin elaboró una teoría no “correcta”, ni
“adecuada”, y, al mismo tiempo, que no fuese
“errada”. Véase en esa declaración el temor de contrariar el
evolucionismo, ese ídolo del mundo moderno. Klaus Dose, ilustre
científico especializado en el problema del origen de la vida, concluyó: “Más de treinta
años de experimentación sobre el origen de la vida en los campos de la
evolución química y molecular llevaron a una percepción más clara de la
enormidad del problema de su aparición en la tierra, en vez de a su solución.
Actualmente, todas las discusiones sobre los principales experimentos y
teorías en ese campo terminan en un impase o en una confesión de
ignorancia" (Apud M. Behe, op. cit. p. 172). Michael Behe: “La afirmación de
la existencia de la evolución molecular darwiniana es simplemente
bazofia” De ahí, el propio Michael
Behe, al final de su libro, concluye que: “La evolución
molecular no se basa en autoridad científica. No hay publicación en la
literatura científica -- revistas de prestigio, revistas especializadas o
libros -- que describa cómo la evolución molecular de cualquier sistema
bioquímico real, complejo, ocurrió o podría haber ocurrido. Hay afirmaciones
de que tal evolución ocurrió, pero ninguna de ellas con base en experimentos
o cálculos pertinentes. Una vez que nadie conoce la evolución molecular por
experiencia directa, y también por no haber autoridad sobre la cual
fundamentar argumentos de conocimiento, podemos decir con convicción que --
tal como a argumentación de que nuestro equipo vencerá el campeonato este año
-- la afirmación de la existencia de la evolución molecular darwiniana es
simplemente bazofia.” (M. Behe, op. cit. P. 189). Fue exactamente después
de que tantos científicos de renombre se declararon escépticos o contrarios a
la teoría darwinista que Juan Pablo II afirmó que la evolución dejó de ser
una hipótesis para ser una teoría científicamente comprobada. “Hoy, casi medio
siglo después de la Encíclica [Humani Generis, de Pío XII] nuevo conocimiento
llevó al reconocimiento en la teoría de la evolución de que ella es más que
una hipótesis. Es, en la verdad, notable que esta teoría ha sido
progresivamente acepta por los investigadores, siguiendo una serie de
descubrimientos en varios campos del conocimiento. La convergencia, ni pensada,
ni fabricada, de esos resultados de trabajo conducidos independientemente,
es, en si misma, un argumento significativo en favor de esa teoría”. (Juan Pablo II, Mensaje a la
Pontificia Academia de Ciencias, 22 / X / 1996). Curiosamente, el mismo año
en que Michael Behe publicó su libro mostrando que genetistas, bioquímicos,
matemáticos, paleontólogos, biólogos, dudan o niegan el evolucionismo
darwinista en nombre de la Ciencia, concluyendo que “la evolución
molecular darwiniana es una bazofia”, el Papa Juan Pablo II declara que
las investigaciones científicas más recientes permiten afirmar que el
evolucionismo dejó de ser hipótesis para ser teoría científicamente
comprobada... 3 -
EL ORIGEN DE LA VIDA - TENTATIVAS MAQUINISTAS PARA PRODUCIR VIDA Como vimos, no es posible
discutir la doctrina evolucionista sin
focalizar el problema del origen de la vida. Para los evolucionistas, la vida
no es un hecho que transcienda el puro reino mineral. Defendiendo el más radical
igualitarismo metafísico y el "maquinismo", los evolucionistas
tienen que buscar el surgimiento de la vida en meras combinaciones químicas. Desde los años 50, la
Bioquímica hizo enormes progresos. El microscópico electrónico permitió
grandes avances en el conocimiento del funcionamiento y de la estructura
celular. Darwin desconocía completamente el por qué si daban modificaciones
en una especie, y a pesar de ese desconocimiento lanzó la hipótesis del
cambio de especie para otra especie. Fue sólo con las sofisticadas técnicas
descubiertas en este siglo que se hizo posible examinar el nivel básico de la
vida, y, ese examen descalificó las pretendidas explicaciones darwinianas. "Aunque la ciencia
haya hecho enormes progresos en la comprensión de cómo funciona la química de
la vida, la sofisticación y la complejidad de los sistemas biológicos a nivel
molecular paralizaron sus tentativas de explicar las orígenes de los mismos.
No hubo virtualmente tentativa alguna de la ciencia de explicar el origen de
sistemas biomoleculares específicos, complejos, y muy menos cualquier
progreso en ese sentido muchos científicos afirmaron valerosamente que ya
tiene explicaciones, o que las tendrán más temprano o más tarde, pero ningún
apoyo para esas argumentaciones se puede encontrar en la literatura científica.
Más importante aún, hay razones irresistibles -- basadas en la propia
estructura de los sistemas -- para pensarse que una explicación darwiniana de
los mecanismos de la vida será siempre engañosa" (Michael Behe, op. cit.
p. 8). En la década del 50, en
la Universidad de Chicago, Stanley L. Miller, joven de 23 años, habría
conseguido reproducir en laboratorio, las condiciones existentes en la
tierra, en la época en que habría surgido la vida. El colocó en un aparejo
metano, amonio, hidrógeno y agua. A continuación, produjo una descarga
eléctrica y calor. Después de algunos días, Miller encontró, en su aparejo,
una sustancia rojiza. Sometiéndola a análisis, constató que eran
amino-ácidos, esto es, el compuesto orgánico necesario para formar proteínas,
el elemento básico para la vida. Stanley L. Miller
publicó, entonces, un pequeño artículo de dos páginas, en la revista Science,
narrando su experiencia. La repercusión del
artículo fue enorme. Se decía que quedaba comprobado que la vida provenía de
puras reacciones químicas. Miller habría hallado la "receta" del
origen de la vida y de su "sopa primordial". Hasta hoy, en los
arrabales suburbanos de la ciencia y de la cultura, continúa a ser citada la
famosa "sopa primordial" de Stanley Miller, aunque ya hace tiempos,
haya sido retirada del cardápio científico
evolucionista más desarrollado. El propio Stanley Miller -- que se hiciera
profesor de Química, en la Universidad de California, en San Diego, declaró: "El problema del
origen de la vida se reveló mucho más difícil de lo que yo, y muchas otras
personas, juzgábamos" (John Horgan, artículo In the begining..., revista
Scientific American, febrero de 1991, p. 101). En 1953, James D. Watson
y Francis H. C. Crick descifraron la estructura del ácido deoxiribonucléico
(DNA) que proporciona las informaciones para las células
"construir" y organizar las proteínas El descubrimiento de
Watson y Crick trajo problemas para la "sopa primordial" de la vida
como fuera sugerida por Stanley Miller. Crick y Watson mostraron
que las proteínas son formadas de acuerdo con las instrucciones codificadas
en el DNA. Acontece sin embargo que el DNA es incapaz de hacer esto --
inclusive de hacer más DNA -- sin la ayuda de proteínas catalíticas, o
enzimas. En suma, proteínas no pueden formar proteínas sin DNA, pero ni el
DNA se forma sin proteínas. Se cae entonces en el problema de la gallina y
del huevo. Sin huevo, no nacen gallinas, pero sin gallina no se tienen
huevos. Sin proteína, no hay DNA, pero sin DNA, no se forman proteínas. Impase.
En los años 80, Thomas R.
Cech de la Universidad del Colorado, y Sidney Altman de la Yale University,
intentaron solucionar el problema sugiriendo que el RNA habría sido la
primera molécula auto-reproductora. Sólo no se había aún mostrado cómo ella
podría hacer eso sin la ayuda de enzimas. Cech y Altman descubrieron entonces
que ciertos tipos de RNA podían actuar como sus auto-enzimas esto les valió
el premio Nobel de 1989. El RNA servía de generador y catalizador, al mismo
tiempo. Nuevas experiencias parecerán
comprobar que el RNA estaba en el origen y en la explicación de la vida. Entretanto el entusiasmo
evolucionista y ateo tuvo poca duración. Otros problemas surgieron. ¿Cómo se formó el primer
RNA? Si es una sustancia difícilmente producida en laboratorio, con
condiciones ideales, mucho más difícilmente sería producido en la naturaleza. ¿Como el fósforo --
relativamente raro en la naturaleza como sustancia -- se hizo un ingrediente
tan crucial en el RNA y en el DNA? Más aún. Sintetizado el
RNA sólo es capaz de hacer copias de si mismo con una gran ayuda del
científico. En el decir de un científico, "el RNA es una molécula
inepta, especialmente si es comparada con proteínas" (John Horgan, art
cit. p. 103). Actualmente, los
investigadores consideran que "una simple bacteria es tan terriblemente
complicada que, desde el punto de vista de un químico, es casi imposible
imaginar como aconteció" (Harold P. Klein, de Santa Clara University,
apud J. Hoargan, art. cit. p. 104). Por otro lado, es preciso
tener en cuenta con mucho cuidado cuáles habrían sido las condiciones
existentes en la tierra, cuando la vida habría surgido. Es una ilusión
imaginar que las condiciones existentes entonces eran más o menos las
actuales. J. William Schopf, de la
Universidad de California, en Los Angeles, calculó que las primeras señales
de vida - probablemente en forma de algas - habrían surgido hace cerca de
3.500.000.000 de años. Según Manfred Schidlowski del Instituto Max Planck de
Química de Mainz, habría evidencias de existencia de organismos capaces de
realizar fotosíntesis hace 3.800.000.000 de años. Entretanto, Roger Buck, un
paleontólogo australiano juzga que los datos que señalan la existencia de
vida hace 3,5 o 3,8 billones de años son dudosos, y los llama de "dúbio-fósiles".
Para Roger Buck los primeros fósiles evidenciando clara estructura celular
datan de 3,1 o 3,2 billones de años. David J. Stevenson, del
Instituto de Tecnología de la California, y Norman H. Sleep, de Stanford,
trabajando independientemente uno del otro, demuestran que el bombardeo de
meteoritos sufrido por la tierra en sus primordios fue tan intenso y terrible
que, el calor producido por los
impactos podría vaporizar océanos y levantarían inmensas nubes de polvo,
de tal modo que toda vida incipiente habría sido destruida, especialmente la
vida que dependiese de fotosíntesis. Calcularon que es sólo al rededor de 3,8
billones de años atrás que habría sido posible surgir vida. Más aún. Parece que la
composición de la atmósfera terrestre en esa época "no habría favorecido
la síntesis de compuestos orgánicos,
tanto cuanto se había pensado" (J. Hoargan, art cit. p. 105). Reconstrucciones en
laboratorio computarizadas de la atmósfera de entonces, realizadas por James
C. G. Walter de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, sugieren que las
radiaciones ultra-violeta provenientes del Sol, y que hoy son bloqueadas por
la capa de ozono, habrían destruido las moléculas basadas en hidrógeno, y el
hidrógeno libre habría escapado hacia el espacio. La atmósfera de ese tiempo
tendría, como mayores componentes, dióxido de carbono y nitrógeno, expelidos
por los volcanes. Tal atmósfera no
habría sido favorable a la síntesis de
amino-ácidos y otros precursores de la vida. Las dificultades para
explicar el origen de la vida, desde un punto de vista puramente naturalista,
son tan grandes que algunos comenzaron a levantar hipótesis sobre la venida
de simientes de vida de fuentes extra-terrestres. Ahora, esto empujaría el
problema hacia otros mundos, - sería una nueva ciencia "del otro
mundo" -- pero no explicaría cómo la vida habría surgido allá. Además,
la migración a la tierra de elementos vivos traídos por meteoritos no tiene
en cuenta que, el calor producido por el impacto sería suficiente para
destruir toda simiente de vida que por acaso existiese en ellos. Más aún,
muchos científicos contestan esa hipótesis afirmando que jamás se encontraron
microbios en el espacio, y que el ambiente espacial es adverso a la vida. Orgel y Crick, en los
últimos años, lanzaron la "idea" -- como una especie de broma,
vistas las dificultades y el berenjenal en que se metió la ciencia para
explicar el origen de la vida -- que la vida llegó la tierra por medio de
naves espaciales provenientes de otro planeta. "Como Crick escribió
una vez: "El origen de la vida aparece casi como un milagro, tantas son
las condiciones que eran necesarias para que se diese" (J. Hoargan, art.
cit. p. 109). Milagro... los
científicos modernos lo admiten, desde que sea hecho por la naturaleza y no
por Dios. Tales son las
dificultades encontradas por la ciencia para explicar el origen de la vida, y
tan grandes han sido los fracasos del cientificismo racionalista en ese campo
que Klaus Dose expresó todo el pesimismo reinante con las siguientes
palabras: "Más de treinta años
de experimentación sobre el origen de la vida en los campos de la evolución
química y molecular llevaron a una percepción más clara de la enormidad del
problema de su aparición en la tierra, en vez de a su solución. Actualmente,
todas las discusiones sobre los principales experimentos y teorías en ese
campo terminaron en un impase o en una confesión de ignorancia" (Apud M.
Behe, op. cit. p. 172). "Nunca hubo
conferencia, libro o artículo sobre detalles de la evolución de sistemas
bioquímicos complejos" (...) "Una vez que acabamos de ver que la
literatura bioquímica no contiene trabajos o libros que expliquen, en
detalle, cómo podrían haber surgido sistemas complejos, ¿por qué, a pesar de
eso, el darwinismo es aceptado por muchos bioquímicos? una parte importante
de la respuesta es que les fue
enseñado, como parte de formación bioquímica, que el darwinismo es
verdad" (M. Behe, op. cit. p. 183). "La Bioquímica, en
la verdad, reveló un mundo molecular que resiste bravamente a la explicación
por la misma teoría por tanto tiempo aplicada en el nivel del organismo
completo. Ninguno de los dos puntos de partida de Darwin -- el origen de la
vida y el origen de la visión -- fue explicado por su teoría. Darwin nunca
imaginó la complejidad extrañamente profunda que existe hasta en los niveles
más básicos de la vida " (M. Behe, op. cit. p. 177). Cuando los mayores
científicos naturalistas confiesan estar en ese impase, ¿de dónde viene la
certeza de tantos profesores, en Brasil, de que la ciencia ya explicó el
origen de la vida? El Profesor Dr. Klaus
Dose, uno de los mayores nombres en el problema sobre el origen de la vida
afirma: “En el momento presente todas las discusiones en las
principales teorías y experimentos en el campo o terminan empantanadas o en
una confesión de ignorancia (art. The Origin of life: More
Questions Than Answers. Interdisciplinary Science Review, 1988). En este artículo, el Dr. Dose
muestra lo insostenible de las teorías desde el neo vitalismo hasta las más
recientes. Como nota Michael Behe,
"privadamente, muchos científicos admiten que la ciencia no tiene
explicación para el inicio de la vida" (M. Behe, op. cit. p. 176). Pero,
en público, temen decir lo que piensan... ¿Por qué? Pero lo que nunca queda
evidenciado es que muchos defienden, hoy, el evolucionismo más por
"Fe" en la evolución que por comprobaciones científicas. La evolución es un dogma de una fe panteísta o gnóstica. Es
un dogma religioso y no una verdad
científica. Para estudiar las formas
primitivas de vida surgidas en el decorrer de la historia terrestre, los
científicos recurren a los fósiles. En las rocas sedimentares pueden ser
encontrados restos, o hasta indicios, de animales y de vegetales
petrificados: son los fósiles. Es claro que la fosilización de un vegetal o
de un animal exige condiciones especiales. Normalmente los seres orgánicos se
descomponen, pero, sometidos a ciertas condiciones, pueden petrificarse. Los
casos de fosilización son relativamente raros, y, encontrar ejemplares
fósiles es bastante difícil. Normalmente, cuanto más
profundamente una camada de sedimentos se sitúa en la costra terrestre, más
antiguos son los fósiles que se encuentran él. Pero puede haber excepciones a
esta correspondencia entre profundidad de la roca y antigüedad, cuando se da
un pliegue geológico que produzca una inversión de posición de las camadas
geológicas. La datación ya sea de los
fósiles, ya sea de las camadas geológicas envuelve procesos muy complejos y
su resultado es de precisión un tanto relativa. Evidentemente, cuanto más
antigua la camada o el fósil, más imprecisa es su datación. Conociéndose la
edad probable de una determinada camada geológica, se puede presumir que,
normalmente, los fósiles en ella encontrados tienen su edad. Evidentemente, en los
primeros tiempos geológicos, la tierra no ofrecía condiciones ambientales
propicias a la existencia de vida. Sólo después algunos billones de años, fue
posible existir las condiciones ambientales necesarias para que seres vivos
pudiesen existir. Se estima que la tierra tiene cerca de 4,5 billones de años
y que la vida sólo habría surgido entre 5 y 3,5 millones de años atrás, lo
que es un tiempo relativamente corto. El tiempo geológico está
dividido, para fines de estudio, en eras y periodos. La Geología y la
Paleontología presentan el siguiente cuadro de las eras geológicas.
Los manuales escolares --
todos ellos evolucionistas primarios -- acostumbran presentar la aparición de
los seres vivos en una secuencia que insinúa la verosimilitud de la
evolución. Así, dicen que los primeros seres vivos de que se tiene noticia
son seres unicelulares, después, habrían surgido los metazoarios, los
animales de cuerpo blando, los animales de caparazón, los insectos, los
vertebrados, los anfibios, los reptiles, las aves, los mamíferos, y, por fin,
el hombre. Por qué la evolución habría parado en el hombre, no lo explican. Esta secuencia causa la
impresión de que las varias especies vinieron las unas de las otras, como si
hubiese existido un único filón genético. Entretanto, la realidad es mucho
más compleja. Cuando se estudian los
registros fósiles, lo que se encuentra es una gran multiplicidad
filo-genética. Cada especie surge de modo repentino, sin nunca presentar
antecedentes genéticos, y, muchas veces, desaparece también bruscamente;
pluralidad de secuencias filo-genéticas indica entonces que los seres vivos
no provienen unos de los otros. Cada especie surge de modo abrupto - sin
antepasados conocidos -- vive durante un periodo relativamente extenso sin
cambiar nunca en su forma esencial, y desaparece repentinamente, sin ligación
genética con las especies posteriores a ella. Este hecho es el gran
tropiezo para la teoría evolucionista. Si la aparición de
nuevas especies vivas es un misterio para la Ciencia, la desaparición
de algunas de ellas puede ser explicada por fenómenos cataclismicos -- como
las orogenias -- que podrían haber aniquilado los seres vivos de una región o
un continente. Como vimos, se calcula
que seres vivos podrían haber comenzado a existir, en la tierra, hace 3,5
billones de años. Se admite que los primeros seres vivos fueron
micro-organismos unicelulares. Cómo aparecieron estos seres unicelulares y
cómo habrían evolucionado para seres más complejos, continúa siendo un
misterio. Los metazoarios, que son
los primeros seres vivos multi-celulares y complejos, surgen de modo
repentino, y sin antecedentes claros, en los registros fósiles. Paleontólogos canadienses
descubrieron los fósiles más antiguos registrados hasta el presente. Son
fósiles de seres de cerca de 2 metros, bastante complejos para los hallados
hasta ahora (Narbonne, Guy M., James G. Gehling, Geology, vol. 31,
n.1, de 2001, Life after snowball: The oldest complex Ediacaran fosils). Eso
es una evidencia de que el registro fósil hasta el presente no muestra ni de
lejos una escala creciente de complejidad. Como la teoría de la evolución
permite todas las hipótesis, se supone ahora que la vida tenga un origen
complejo. Antes de ese reciente
descubrimiento canadiense, los registros de los primeros indicios de vida,
que datan del periodo Pré-Cambriano, son raros. En 1947, el geólogo
australiano R.C. Spring encontró en Ediacara Hills, al sur de Australia,
depósitos sedimentarios marinos con ricos ejemplares fósiles Pré-Cambrianos.
Nuevas investigaciones, en el lugar,
enriquecieron aún más el tesoro fósil encontrado. Actualmente, se
clasificaron cerca de 600 especies diferentes provenientes de Edicara,
datando del Pré-Cambriano. Allí fueron hallados animales marinos de cuerpo
blando (Jellyfishes), corales blandos, pedazos de gusanos con cabezas
solidamente escudadas, “plumas -- marinas”. Todos estos seres de
cuerpo blando pertenecían, de modo general, al hilo de los celenterados.
(Cfr. Martin F. Glaesner, “Pre-Cambryan Animals”, artículo en la
revista Science). Hay un hecho muy
impresionante en los fósiles de Edicara: quedó comprobado que los fósiles
celenterados de Edicara no son celenterados y equinodermos del mismo tipo que
los del Cambriano. Por el contrario, son tan diferentes de ellos que no hay
posibilidad de haber sido sus ancestros. Repentinamente, en las
camadas geológicas del Cambriano, aparece un número tan grande de fósiles de
tan variados tipos -- inclusive con vertebrados -- que se habla de la
“explosión de vida del Cambriano”. Si la teoría darwiniana fuese
verdadera, se deberían encontrar fósiles predecesores de esta
“explosión de vida cambriana”. Nada existe antes que pueda
explicar el surgimiento de tan gran número de especies tan diversas y tan
complejas. Y las especies encontradas y que sobrevivieron durante largos
periodos geológicos nunca evidenciaron señales de evolución. Inclusive hasta
científicos insospechables de ser anti-evolucionistas confiesan que la
aparición explosiva de nuevas especies
en el Cambriano, sin ningún antepasado comprobado, “mayor misterio de
la historia de la vida” (George Gaylord Simpson, apud D. T. Gish, op.
cit. p. 56). El propio Elredge - uno de los fundadores de la teoría evolucionista
del “equilibrio puntuado” --reconoce que la fauna de Edicara y la
“explosión cambriana” constituyen un gran desafió para la
Ciencia. Entiéndase, para el evolucionismo. Elredge intenta
solucionar este misterio diciendo que no se hallaron fósiles antecesores de
la vida cambriana, porque los seres del Pré-Cambriano eran de cuerpo blando,
lo que habría impedido la formación de fósiles. Ahora, si fuese así, no se
habría podido conocer la existencia de los animales de cuerpo blando de eras
geológicas pasadas. Gish se espanta con esta
disculpa desgarrada de Elredge, recordando que, si fueron hallados indicios
de seres microscópico y de unicelulares, con mayor razón pueden ser
encontradas señales de vida de animales de cuerpo blando del Pré-Cambriano,
como además lo fueron, en Edicara, Entretanto, no fueron hallados, hasta hoy,
los fósiles intermediarios entre los seres del Pré-Cambriano y los del
Cambriano. En este punto también el evolucionismo darwinista o moderno carece
de comprobación. 3 - LA
APARICIÓN DE LOS INSECTOS La aparición de los
insectos es tan repentino cuanto la de los vertebrados: no hay especies
anteriores de las cuales habrían evolucionado. Los primeros ejemplares de
insectos fosilizados aparecen en las rocas del periodo Devoniano, mas es en
el Carbonífero (especialmente en el sub-periodo Pensilvaniano) que aparecen
en tan gran cantidad que esa época es
llamada la edad de los insectos. Existen fósiles de libélulas de ese tiempo
de 5 a 7 cm de largo. Las cucarachas que surgieron en el Carbonífero tenían
ya el mismo aspecto desagradable que tienen hoy, conforme Duane Gish hace
cuestión de recordar citando a Betty Fisher del Museo Americano de Historia
natural (P. 61). La cucaracha ha producido el mismo asco desde hace
200.000.000 años. No evolucionó en todo ese enorme espacio de tiempo. Los evolucionistas
pretenden que los insectos voladores provinieron de insectos incapaces de
volar. Entretanto, hasta hoy, jamás se encontró o espécimen intermediario
entre los insectos no- alados y los alados. Sólo se encuentran fósiles de
insectos alados o no alados. El semi-alado no existe. Un caso reciente, de
publicación en la revista Nature, divulgado a partir de un estudio
realizado por el biólogo Michael Whiting, entre otros científicos,
mostró que, “evolutivamente”,
los insectos popularmente llamados “bicho-palo” habrían perdido y
recuperado las alas por lo menos cuatro veces, en 50 millones de años
(Whiting, M. F., Bradler, S., Maxwell, T.; Nature, jan/2003). Ahora
bien, creer en eso es considerar que esos animales habrían tenido una
“suerte” inmensa. 4 -
INVERTEBRADOS Y VERTEBRADOS Es también una afirmación
sin base en la realidad la de que los animales vertebrados evolucionaron a
partir de los invertebrados. No hay ninguna base fósil para la tesis evolucionista en este reino de la
naturaleza. Conforme Ommanney hay un intervalo de 100.000.000 de años entre
los primeros peces vertebrados y los más recientes invertebrados. Los primeros seres
semejantes a peces vertebrados -- los Agnata -- aparecieron en la era
Paleozoica, durante el periodo Siluriano, esto es, hace cerca de 600.000.000
años atrás. Ningún antepasado fósil puede ser presentado como antepasado
directo de esos especimenes vertebrados. Los Agnata aparecen - como todos los
otros seres vivos - de modo abrupto, y no como efecto de una larga evolución. En el pasado, algunos
evolucionistas pretendieron que los peces con estructura cartilaginosa
habrían dado origen a los peces con estructura ósea. Así, se dice que los
Chondrichthyes habrían sido los ancestros intermediarios entre los peces con
estructura ósea y los cartilaginosos. Pero pretendieron, según Romer, autor
de la obra “Paleontología Vertebrada”, la investigación lleva a
la conclusión opuesta a la pretendida por los
evolucionistas: los tiburones habrían involucionado de una estructura
ósea mayor a otra menor. El mismo Romer afirma que la aparición de los peces
de estructura vertebrada en el registro fósil es dramáticamente brusca, sin
ancestros aparentes. Dice: “El ancestro común de los varios grupos de
peces de estructura ósea es desconocido" (apud Duane T. Gish, op cit
p.68). Todd, discutiendo el
ORIGEN de los peces vertebrados observa que: “Todas las tres
subdivisiones de los peces vertebrados aparecen aproximadamente al mismo
tiempo, en el registro fósil. Ellos eran ya morfológicamente largamente
divergentes desde el punto de vista morfológico, y estaban pesadamente
acorazados. ¿Cómo se originaron? O ¿qué les permitió divergir tan largamente?
¿Cómo todos consiguieron tener pesada coraza? ¿y por qué no hay traza de
especies anteriores intermediarias?” (Todd, apud D. T. Gish, op. cit.
p. 69). ¡Excelentes y embarazosas
preguntas para los defensores de la teoría evolucionista! Duane Gish, en su
excelente libro en el que nos estamos basando, cita otro especialista en vida
acuática, Errol White, que, a pesar de ser evolucionista afirma: “Pero cualquiera
sean las ideas que las autoridades tengan sobre el asunto, los peces
pulmonares, como todos los grupos mayores que conozco, tienen su origen firmemente
basado en nada... “. (Errol White, apud Duane T. Gish, op. cit.
p. 68). Por tanto, también para
los peces, la teoría evolucionista no fue probada. Se funda en Nada. Cuanto mayor es la
autoridad de un científico en determinada ciencia biológica, más énfasis pone
él al confesar la falta de fundamento de la teoría evolucionista. Cuanto más se desciende
en el nivel de autoridad, más énfasis y convicción -- para no usar el término
fanatismo -- se encuentra en la defensa de la teoría evolucionista. 5 - LA
TRANSICIÓN DE LOS PECES A LOS ANFIBIOS Vimos, hasta ahora, que
el evolucionismo, a cada paso del estudio de los fósiles, sólo ha encontrado
problemas. Pero no les ha dado solución. Es lo que le aconteció, también, al
investigar el paso de los invertebrados
a los vertebrados. Aunque se hayan sugerido las más variadas soluciones para
demostrar que los vertebrados vinieron de los invertebrados, ninguna terminó
siendo comprobada. Se supuso que está transición se haya dado a través de
animales “cordados”, esto es, de animales que hubiesen una
especie de “notocuerda”. Entretanto, jamás tal hecho fue
comprobado por medio de fósiles. También el paso de los
peces a anfibios encontró la misma imposibilidad. Aunque este paso hubiese
requerido un largo espacio de tiempo, hasta hoy, no se encontró la conexión
entre esas dos especies de animales. Algunos autores han
defendido la hipótesis de que el pez crossoptergiano habría originado el
anfibio del género ichthyostega. Entre eses dos géneros, hay un enorme
intervalo de tiempo que habría permitido la aparición de innumerables formas
transicionales. Ellas, sin embargo, no existen. Ni en el Ichthyostega hay
vestigios de aleta s de sus supuestos antepasados, ni en los
Crossopterigianos hay formas incipientes de los futuros miembros de los
anfibios ichthyostegas. En ningún pez se hallan elementos ligando las aletas
a la estructura vertebral. Cuando aparecen pequeños huesillos estructurales
de las aletas, son siempre muy pequeños, apenas ligados a los tejidos del
pez, y nunca tiene una ligación ósea con la espina dorsal del pez, formando
una estructura firme que le posibilitase el caminar. Por el contrario, en los
anfibios, la estructura ósea que liga los miembros a la columna vertebral es
siempre muy fuerte y bien desarrollada. No fue jamás encontrado un fósil con
estructura ósea intermediaria entre el pez y el anfibio. Conforme al evolucionista
Rommer, habrían sido las sequías -- comunes en el periodo Devoniano -- que
obligaron a los peces a desarrollar pulmones al mismo tiempo que continuaban
teniendo agallas, para poder vivir fuera del agua. Habría sido de estos
animales intermediarios que habrían venido los anfibios actuales. Acontece
que en las camadas devonianas no se encuentran fósiles que confirmen esa
hipótesis de Rommer. Los evolucionistas
afirman que la transición del pez a anfibio habría ocurrido hace 70 millones
de años atrás. Ahora, en 1939, fue pescado, en el litoral de África, un pez
un Latíneria que es un pez
crossoptergiano. Era exactamente igual al pez de 70 millones de años atrás;
en todo ese tiempo, en vez de evolucionar para tornarse anfibio, continuó un
Latínéria, contrariando las teorías que deseaban que hubiese evolucionado 6 - DE
LOS ANFIBIOS A LOS REPTILES y MAMÍFEROS Tanto la transformación
de un invertebrado en vertebrado, cuanto al cambio de un pez en anfibio, o la
evolución de un reptil a ave requieren una verdadera revolución estructural y
morfológica en el animal. Es evidente que tal revolución -- si ella existió
-- tendría que haber dejado innumerables comprobaciones fósiles. Los reptiles se
distinguen de los anfibios especialmente por el huevo amniótico
“amniote huevo”. Los mamíferos se distinguen de los reptiles por
su anatomía y fisiología, su modo de reproducción, sangre caliente y no fría,
posesión de diafragma que le permite respiración diversa, capacidad de chupar
de los hijuelos y el tener pelos. La sucesión
anfibios-reptiles-mamíferos presenta problemas cronológicos insolubles para
los evolucionistas, porque los ancestros de los mamíferos existieron antes
que los propios reptiles. En efecto, los
evolucionistas aseveran que los predecesores de los reptiles fueron los
Seymuria y Dialectes que existieron al inicio del periodo Permiano. Ellos
admiten también que los antecesores de los mamíferos ya existían en el
periodo Carbonífero (sub-periodo Pensylvaniano). De este modo, los
antecesores de los mamíferos habrían existido antes que los reptiles, de los
cuales tendrían que venir los mamíferos. La pretendida sucesión de la
evolución no se encaja en la sucesión cronológica de los fósiles. Por otro lado, algunos
evolucionistas admiten que no fueron descubiertos los intermediarios de los
32 órdenes de mamíferos. George Gaylord Simpson
afirma: “Esto es verdad
para los treinta y dos ordenes de mamíferos... los primeros y más antiguos
miembros de cada orden ya tienen los caracteres básicos de su orden, y en
ningún caso es conocida una secuencia continúa aproximativa de un orden para
otro. En muchos casos la ruptura es tan aguda y el intervalo es tan largo que
el origen del orden es especulativo y muy disputado” (G. G. Simpson,
tiempo and Mode in Evolution, Columbia Univ. Pres p. 105, apud Duane
T. Gish, op. cit. p.78). 7 - EL
PROBLEMA DE LOS MAMÍFEROS MARINOS En los colegios
brasileros, se ha hablado mucho del
origen terrestre de las ballenas y de otros mamíferos marinos. Estos seres
aparecen -- como todos los demás -- de modo repentino en los registros
fósiles. No hay intermediarios fósiles entre las ballenas y demás mamíferos
marinos y sus supuestos progenitores terrestres. Es lo que asegura E. C.
Olson. (The Evolution of Life, apud Gish, op. cit. p. 78). Lo que es
confirmado por A. S. Romer cuando dice a respecto de las ballenas y delfines:
“Desconocemos sus antecedentes terrestres y no podemos estar seguros de
su lugar de origen” (A. S. Romer, Vertebrate Paleontology, apud Gish,
op. cit. p.79). También E. H. Colbert,
(Evolution of Vertebrates) afirma a respecto del origen de las ballenas:
“Estos mamíferos tienen que haber tenido un origen antiguo porque no
existen formas intermediarias entre las ballenas y los animales placentáceos
del periodo Cretáceo, en el registro fósil. Como los murciélagos, las
ballenas (...) aparecen repentinamente en el comienzo del periodo Terciario,
completamente adaptadas por profundas modificaciones de la estructura básica
mamífera para un modo de vida altamente especializado. En verdad, las
ballenas están aún más aisladas que los murciélagos con relación a los demás
mamíferos. Las ballenas permanecen absolutamente aisladas.” (Apud D. T.
Gish, op. cit. pp. 80). 8 -
LOS DEDOS DE LOS CABALLOS Y LA EVOLUCIÓN Los evolucionistas, si no
han procurado pedir a los caballos que les den una mano, a fin de probar la evolución, les han, por lo
menos, pedido algunos dedos. En efecto, casi todo el
mundo oyó hablar de la famosa evolución del caballo primitivo -- que habría cuatro dedos --
para o caballo intermediario con tres
dedos, hasta llegarse al caballo actual, cuyo casco es, en la realidad, la
uña de un dedo muy desarrollado. Aún que hubiese sido así,
a transformación de una forma accidental -- a cambio de cuatro para tres, y
para un dedo -- no significaría que el caballo habría evolucionado, pues en todos los casos
el sujeto permaneció el mismo: el caballo. Si hubiese habido evolución,
tendrían que admitirse tres sujetos distintos, lo que no acontece. Todavía, cuando se
estudia más seriamente la cuestión, se verifica que la historia fósil es bien
diversa de la que se acostumbra a presentar en los libros estudiantiles. Es lo que en los dicen J.
B. Birdsell y G.G. Simpson. (Cfr. D.T. Gish op. cit. p. 82). Duane T. Gish demuestra
que la secuencia de los antepasados del caballo moderno, por el menos no que atañe a los
fósiles suramericanos contraría la tesis
de la evolución del caballo tal
cual ella acostumbra ser presentada. Así, los fósiles
encontrados en la América del sur muestran que de hecho hubo seres del género
equídeo, con cuatro, tres y un dedo. Entretanto, a secuencia histórica no es
esa. El fósil más antiguo, de ese género, en la América del Sur, es el
Diadiaphorus (con tres dedos) y el thoatherium (con un sólo dedo) eran
contemporáneos ya en el periodo Mioceno. Acontece, sin embargo, que
Macrauchenia (de cuatro dedos) sólo va a surgir mucho más tarde, en el
Plioceno, cuando el Thoatherium (de un dedo sólo) ya estaba extinguido. Es la
secuencia inversa de la presentada en los libros la que es verdadera! (Cfr.
Gish, op. cit. pp. 83 y 84). Se podría, aún así,
argumentar que, de cualquier modo, hubo una secuencia evolutiva, si bien que
diversa de la presentada en los manuales, y que la secuencia de los fósiles
de la América del Norte, presentada por los
manuales, es verdadera: el Hyracotherium (Eohippus) tenía cuatro
dedos; el Merychippus tenía tres dedos; el Equus modernicen un sólo dedo. El problema es que
científicos insospechables contestan que el Eohippus fuese realmente caballo
. H. Nilson afirma que el Eohippus no se asemeja al caballo! Para Nilson el
Eohippus, tanto morfológicamente cuanto con relación al hábitat, se asemeja
más al género Hyrax (H. Nilson, Synthetische Artbuilding, apud D. T.
Gish, op. cit. p. 85). Con esto concuerda
también C. A. Kerkut (Implications of Evolution): “En primer lugar,
no está claro que el Hyracotherium (el Eohippus) sea el ancestro del caballo.
Por eso Simpson (1945) afirma, ‘Matthew mostró y insistió que el Hyracotherium (incluyendo
el Eohippus) es tan primitivo que definitivamente no es mucho más equídeo que
el tapirídeo, rinocerontideo, etc. Pero es contumazmente colocado en la raíz
del grupo equídeo" (Apud D. T. Gish. op. cit. p. 86). Y Kerkut concluye
que “De algún modo, parece que el modelo de la evolución del
caballo puede ser inclusive tan
caótico cuanto aquel que Osborn propuso para la evolución de los
Proboscídeos...” Apud Gish p. 86). Nada probado, por tanto. Los mamíferos roedores,
siendo los mamíferos más prolíficos, o que tiene mayor número de especies y
viviendo en habitats bien diversos, podrían fornecer más probablemente, mayor
número de pruebas de la evolución. También con relación a ellos se repite el
“ritornello”: no se tiene conocimiento de formas transicionales
que hubiesen dado origen a los roedores. Romer dice de ellos:
“El ORIGEN de los roedores es oscuro (...) formas transicionales
[relacionadas con ellos] no son conocidas” (Apud Gish op. cit. p. 87). 10 -
SERES MAMÍFEROS y SERES ALADOS Aunque los evolucionistas
garantizan que los reptiles habrían dado origen a los mamíferos, la
transición de un grupo para el otro continúa siendo un misterio. Y un
misterio de “caer el mentón”, ya que una de las cuestiones no
explicadas es a respecto del modo de juntura del mentón con el cráneo en los
reptiles y en los mamíferos. En los reptiles, el
maxilar inferior es formado por seis huesos en cada lado de la cabeza, en
cuanto que, en los mamíferos, el maxilar inferior es constituido por un hueso
único. Además de eso, en los reptiles, la mandíbula se junta al cráneo por
medio del “hueso cuadrado”, que no existe en los mamíferos. Los
reptiles tienen un sólo hueso en el oído, en cuanto que los mamíferos tienen
tres huesos en el oído: el estribo, el martillo y la bigornia.
Existen, evidentemente, aún otras diferencias entre los reptiles y los mamíferos,
pero tengamos en vista especialmente estas. Los reptiles aparecieron,
junto con los mamíferos-semejantes a los reptiles, en el periodo Carbonífero.
Los mamíferos propiamente dichos surgieron, más tarde, en el Triásico,
periodo en que desaparecieron los mamíferos-semejantes a reptiles. Conviene observar, de
paso, que la existencia de seres con características morfológicas comunes a
dos géneros o especies diferentes no significa, de sí, que ella sea
intermediaria entre esos dos géneros o especies. Así, el ornitorrinco
(duck-bill platypus) tiene características de mamífero, de ave y de reptil. A
primera vista, podría ser tenido como un animal intermediario, como un
antecesor de los mamíferos que hubiese conservado aún características de ave
y de reptil. Nada más falso, porque, es posterior al surgimiento de los
mamíferos. El existe apenas hace 150 millones de años, en cuanto los
mamíferos, siendo del Triásico tienen, por el menos, 200 millones de años. Generalmente se dice que
los intermediarios entre los reptiles y los mamíferos habrían sido animales
como o Morganucodon y el Kuehneotherium. Estos eran dos pequeños seres
que datan del Triásico. De ellos fueron hallados apenas fragmentos de huesos
que no permiten conocer como, de hecho, era a juntura de sus mandíbulas a sus
respectivos cráneos. Todo lo que de ellos se dice es mera suposición. Tanto
el Morganucodon cuanto el Kuehneotherio tienen mandíbula típica de reptil con
seis huesos en cada lado de la mandíbula. Ambos también presentan la junta de
la mandíbula con el cráneo con hueso cuadrado, típico de los reptiles. Conforme afirman los
evolucionistas, estos dos animales tendrían mandíbula que se unía al cráneo
de un modo intermediario entre los reptiles y los mamíferos, en cuanto que su
oído habría también una estructura ósea intermedia. Lo que no explican los
evolucionistas es -- si hubiese sido así -- cómo esos pobres animales
conseguían comer en la fase de transición, y cómo sobrevivieron, habiéndose
entonces tornado, por lo menos temporalmente, sordos. Todos los fósiles de
reptiles hasta hoy encontrados, todos, tienen apenas un único hueso en el
oído. Jamás fue hallado un ser intermediario entre reptil y mamífero que
poseyese dos huesos en el oído. Otro gran misterio para
los evolucionistas es la “desaparición” de los mamíferos por un
largo periodo de 120.000.000 de años, periodo ese dominado por los llamados dinosaurios, por los grandes reptiles marinos y por los reptiles
voladores. Esta “desaparición” de los mamíferos en el periodo
Triásico permanece inexplicada. Durante 120 millones de años los fósiles de
mamíferos prácticamente desaparecen, para, de repente, reaparecer en número
enorme, con sus 32 diferentes ordenes plenamente constituidas y estables.
Evidentemente, no pueden haber surgido en el Triásico, después, haberse
extinguido, y finalmente reaparecido. Deben haber tenido una fuerte
disminución numérica de sus miembros, motivada por razón que desconocemos,
para después, cesada esa razón, multiplicarse nuevamente en grande número.
Posiblemente esa relativa desaparición de los mamíferos en el Triásico se
debió a la existencia de los grandes saurios predadores. Cuando estos
desaparecieron -- por razón tan misteriosa cuanto a la de la
“desaparición” de los mamíferos, estos últimos volvieron a multiplicarse. Tratando de este hecho
dice G. G. Simpson: “El más intrigante
evento en la historia de la vida en la tierra es el cambio del Mesozoico, la
edad de los reptiles, a la edad de los mamíferos” (Apud D. T. Gish, op.
cit. p. 95). 11 -
EL ORIGEN DE LOS SERESALADOS La aparición de seres
alados en los varios géneros de animales - insectos, reptiles, aves y
mamíferos (murciélagos) -- si existiese la evolución, exigiría una verdadera
revolución estructural en los seres no alados. Para que un ser no-alado
pasase a ser capaz de volar no le bastaría, simplemente, desarrollar alas.
Ele habría que cambiar sus huesos de pesados y llenos, para leves y huecos.
Debería desarrollar un sistema muscular enteramente diverso, y revolucionar
su sistema nervioso. En cuanto esos cambios
estuviesen ocurriendo, caminaría mal y no volaría aún. es esto lo que los
evolucionistas entienden como adaptación al ambiente y como sobrevivencia del
más apto. es evidente que este ser intermediario entre no alado y alado seria
presa fácil dos sus predadores, pues ni andaría, ni volaría perfectamente:
sería un alejado fácilmente destructible. Este es el más apto a sobrevivir:
un alejado e impotente. Es claro que también aquí
los evolucionistas no disponen de ningún fósil de ser intermediario entre no
alados y alados en cualquier género de animal. E. C. Olson - que es
evolucionista - afirma: “En lo que se
refiere al vuelo, por más lejos que se va en el pasado, hay algunos verdaderos
grandes intervalos en el registro fósil “ E cuanto a los insectos,
dice el mismo Olson: “No hay casi nada
para dar cualquier información acerca de la historia de la ORIGEN DEL vuelo
no que se refiere a los insectos”. Cuanto a los reptiles
voladores, dice Olson: ‘Verdadero vuelo es
registrado, entre los reptiles, por los
pterosáurios en el periodo Jurásico. Aun que lo más primitivo de estos
animales fuese menos especializado para volar del que los posteriores, no hay
absolutamente ningún sinal de estadios intermediarios”. Sobre los mamíferos
alados, afirma Olson: “La primera
evidencia de vuelo en los mamíferos existe en murciélagos plenamente
desarrollados, en el Eoceno” (Citas de Olson apud Gish, op. cit. pp.
103 y 104). O caso de los reptiles
alados es particularmente impresionante. Gish, en el bien
argumentado libro que hemos seguido y citado, muestra las diferencias
estructurales enormes existentes entre el Saltoposuchus - tecodonte
reptil que Romer considera ser el antepasado de los dinosaurios, de las aves
y de los reptiles alados -- y el Rhamphorrhyncus, pteosaurio alado
cuyo enorme cuarto dedo, sustentaba la membrana que le permitía volar. El Pteranodon --
un animal del grupo de los pteosaurios -- tenía un dedo de más de 15 metros
de extensión, y un inmenso pico desprovisto de dientes. Entre el pterosáurio de
dedo inmenso y el tecodonte, no existe ningún intermediario con dedo de tres,
cuatro, seis, diez metros. No hay intermediario entre los dos. A su vez, los murciélagos
son tenidos como habiendo evolucionado de un mamífero insectívoro no-alado.
En el murciélago, cuatro de sus cinco dedos son extremamente extensos para
que puedan soportar sus membranas-asas. Si los evolucionistas estuviesen
correctos en su hipótesis, el mamífero insectívoro que dio origen al
murciélago tuvo que desarrollar -- por errores genéticos casuales recuérdese
-- no sólo sus dedos inmensos, si no que también sus membranas, y, más aún --
y no poco -- su sistema de radar que le permite volar en las tinieblas. De
esta evolución deberían existir innumerables fósiles comprobantes. Como
siempre, no hay ningún fósil intermediario entre el insectívoro y el
murciélago. Y Gish da la foto del fósil más antiguo de murciélago ya
encontrado. Es un fósil de 50 millones
de años. Y es igualito a un murciélago actual. También los murciélagos no
evolucionaron. Quien sabe por qué les faltó la luz del darwinismo... Es en este capítulo que
los evolucionistas presentan su gran triunfo: el Archaeopteryx. Es un espécimen del cual fueron encontrados
cinco ejemplares fósiles y una pluma, datando del periodo Jurásico, teniendo,
por tanto, cerca de 150 millones de años. El Archaeoptéryx era considerado
ave más antigua de que se tiene conocimiento. Realmente, la Archaeoptérix
es un animal bien extraño: parece ave,
pico y dientes, y, si no hubiese plumas, parecería un reptil. Entretanto, sus
plumas son diferentes de las plumas de las aves actualmente conocidas, pues
el pedúnculo de las plumas corre simétricamente por el eje de ellas, lo que no le permitiría un vuelo
perfecto. Las aves, para volar bien, necesitan tener plumas divididas
asimétricamente por sus pedúnculos. La aerodinámica del vuelo correcto exige
esto. Este aspecto extraño -- medio de ave, medio de reptil -- hizo de la
Archaeoptéryx el ejemplar clásico de la pretensión de evolución gradual, hoy
repelida por los evolucionistas del
“equilibrio graduado” de Jay Gould y Elredge. El hecho de existir
un animal con características de especies diferentes no significa, necesariamente,
que sea un antecesor intermediario entre dos especies diferentes. Caso
contrario se debería admitir que el ornitorrinco es antepasado de mamíferos y
de los patos. Ya Romer había afirmado
que la Archaeoptéryx no podía ser considerada como la antecesora original de
los pájaros. Pero, posteriormente a esta afirmación James Jensen descubrió restos de pájaros
modernos en rocas del primitivo Jurásico! Este descubrimiento
derrumbaba a la Archaeoptérix como prueba de la evolución. Si había pájaros
modernos en Jurásico -- contemporáneos de la Archaeoptéryx -- entonces ella
no fue el eslabón intermediario de los pájaros! Lo que acaba con la exhibición de este pretendido triunfo
darwinista. Pero la búsqueda de un
sensacional eslabón perdido entre reptiles y aves prosigue, y el desespero de
obtenerse una prueba de la evolución es tal que llevó a otro fraude más. Recientemente, el
paleontólogo Tim Rowe lo desveló. Un fósil encontrado en China, divulgado
como reportaje de capa de la revista National Geographic, fue desmentido por
el paleontólogo americano Rowe. En el artículo “Forensic palaeontology:
The Archaeoraptor forgery” (Nature, 410, 29/mar/2001), el autor
demostró el fraude grosero de un fósil que supuestamente sería un eslabón perdido
entre aves y reptiles, en un montaje de un esqueleto con partes de cuatro
dinosaurios y de una ave. Fue el fin del Archaeoraptor. Se ha escrito mucho
respecto de los dinosaurios, especialmente sobre su misteriosa e inexplicada
repentina desaparición. Estos animales enormes -- el Brontosauro pesaba cerca de 80 toneladas -- constituyen un
problema más para el evolucionismo, no por su desaparición, sino por su
surgimiento. Si la evolución es verdadera, ¿de dónde y de qué animal vinieron
esos gigantescos saurios? ¿Cómo no se tiene ninguna traza de su origen? y las
trazas de sus antepasados debían ser bien respetables! Nada. Ellos entran en
la historia de la vida sin antecedentes y sin sucesores. De ellos también se
busca en vano el eslabón perdido. En verdad, están perdidos los defensores de
la evolución. La gran cuestión,
subyacente a todo evolucionismo, es la del ORIGEN del hombre: ¿fue el hombre
creado por Dios? La afirmación darwinista de que el hombre habría
evolucionado del macaco era, en verdad, una negación más o menos velada del
creacionismo, aunque la tesis evolucionista no explicase de dónde habría
venido la materia. Para el vulgo, sin embargo, quedaba implícita la victoria
del ateísmo y del materialismo, en el caso de que el darwinismo fuese
verdadero. Y aún hoy es así. Normalmente, se enseña el evolucionismo, para,
en entre líneas -- y muchas veces en las líneas -- atacar a la religión como
anti-racional y anti-científica, y lanzar sus enseñanzas a la esfera de la
leyenda o del mito. Desde la aparición de la
tesis de Darwin, lo que se procuró constantemente -- y sin éxito -- fue
encontrar el eslabón perdido entre el macaco y el hombre, entre el irracional
y el racional. La búsqueda frenética -- y tantas veces fraudulenta -- de
fósiles intermediarios entre varias especies animales sólo quería establecer
una premisa mayor, necesaria para montar el silogismo, cuya conclusión fuese:
“luego, el hombre desciende del animal... Y la Escritura mintió”. Inicialmente, Darwin y
sus seguidores buscaron el eslabón entre el macaco y el hombre. Cuando quedó
patente que ese eslabón no existió, cambiaron su argumentación: el hombre y
el macaco habrían tenido un ancestro común muy antiguo. Para el materialismo, la
diferencia entre el hombre y el animal no es esencial. El hombre sería un
animal apenas más perfecto, pero no se distinguiría del animal por tener un
alma espiritual. La inteligencia humana sería el efecto de reacciones
químicas y eléctricas en el cerebro humano. Siendo así, los animales también
tendrían una “inteligencia” incipiente. Instintos y racionalidad
no tendrían distinción substancial. Para Marx, lo que
diferencia al hombre del animal no es a racionalidad, fruto del alma
espiritual del Hombre. Lo que distingue al hombre del animal es el trabajo.
Engels definió al hombre como “el animal que trabaja”, lo que es
una tontería, pues hormiga y castor trabajan, y no son humanos. Para el
marxismo, habría sido el trabajo que habría hecho surgir, en el hombre, el
lenguaje, y, de ésta, la racionalidad. Por tanto, en el principio estaría el
trabajo y no el Verbo. En el principio, estaría el grito, la interjección y
no la palabra. En el principio no estaría la Sabiduría, y sí la materia. Para el materialismo, los
animales antepasados del Hombre y del macaco -- los primates -- habrían
dejado de vivir en los árboles y
pasado a tener vida en el suelo. Poco a poco, habrían abandonado el caminar
apoyado en los cuatro miembros y pasado a caminar erectos. Esto les dará la
posibilidad de usar las manos. En seguida, habrían comenzado a usar palos y
piedras como armas, y, después, como instrumentos. De ahí las denominaciones
de “Homo Faber” y de “Homo Habilis”, de los cuales habrían
nacido lo que ellos llaman “Homo Sapiens”. En la realidad, lo que
distingue al hombre del animal es el alma espiritual y racional. Por eso, el
hombre es siempre “Sapiens”, aunque muchas veces no tenga
sabiduría... El árbol genealógico del
Hombre, según los evolucionistas actuales sería el siguiente: Las dataciones de esos
pretendidos antepasados del Hombre son muy elásticas, variando de autor para
autor, con diferencias, a veces, gigantescas. Para los evolucionistas, la
variación de algunas centenas de millones de años no impresiona mucho... Véase, por ejemplo, que
la datación del ancestro común del Hombre y de los macacos varía de 4 a 3,5
millones de años. Parece poco, si se miran apenas los algarismos. Es una diferencia inmensa de medio
millón de años, esto es, de 500.000 años! Conforme al esquema generalmente
presentado, el pariente más próximo del Hombre sería el chimpancé, porque
tendrían códigos genéticos con números muy aproximados. Hay otros, como Schwartz,
que teniendo en cuenta ciertos aspectos morfológicos, consideran que el
hombre es más próximo del orangután del que del chimpancé. Esta aproximación
del Hombre con los macacóides procura señalar apenas semejanzas morfológicas
entre ellos, dejando a la sombra lo que los distingue realmente, que es la
racionalidad consecuente de la existencia de alma espiritual en el hombre. Se
recalcan aspectos accidentales semejantes, no se teniendo en cuenta, sin
embargo, que una pequeña diferencia en los cromosomas significa una enorme
diferencia específica, o que una semejanza accidental nada significa delante
de una diferencia esencial. Reducir la diferencia humana con relación al
animal apenas al número de cromosomas significa afirmar que a única
diferencia entre el hombre y el animal es material. Ora, la principal
diferencia del Hombre con el animal es espiritual y no material. En el afán de probar que
la evolución era una verdad, algunos científicos evolucionistas no titubearán
en recurrir a la mentira y al fraude. Nunca hubo, en la Historia de la
Ciencia tantos fraudes escandalosos cuanto se registraron en la polémica
evolucionista. El Batibius Haeckeli, el hombre de Piltdown, el hombre de
Java, el hombre de Pekín, la mandíbula infantil de Ehringsdorf, fueron
algunos de los fraudes más famosos utilizadas para probar que el hombre no
fue creado por Dios, sino que tuvo origen puramente animal. Analizaremos inicialmente
los fraudes evolucionistas en el campo de los fósiles humanos, para, después,
examinaremos los fósiles presentados como antepasados del Hombre, en los días
de hoy. El primer fósil humano
fraudulento presentado como prueba de la evolución, y hasta hoy tenido como
auténtico por muchos autores, fue el famoso Hombre de Java, también,
llamado de Pithecanthropos Erectus
(macaco-hombre erecto). El fue descubierto, en
1891, por el holandés Eugène Dubois, en Java. Dubois se agregó al ejército
holandés, y inicialmente fue a servir en Sumatra, dónde inició también sus
investigaciones paleontólogas. No encontrando nada en Sumatra que tuviese
mayor importancia científica, se transfirió para Java, dónde dice haber
hallado inicialmente una calota craniana macacóide. Al año siguiente, y a 15
metros de distancia del primero hallado, Dubois dice haber encontrado un
fémur humano. Más tarde aún, encontró tres dientes, de los cuales describió
dos, que eran de macaco. El tercer diente lo mantuvo durante largo tiempo
oculto, y nada dijo sobre él. La calota craniana
encontrada por Dubois tenía paredes finas y casi no tenía testa, indicando un
ángulo facial muy agudo, típico de macacos. Las arcadas supra-orbítales eran
muy salientes, lo que era otra característica macacóide. El científico
holandés calculó que la capacidad craniana de este fósil habría sido de 900
centímetros cúbicos, bien menor, pues, que la del Hombre actual, que tiene
cerca de 1.500 cm cúbicos. Juntando esa calota
craniana macacóide, el fémur humano y dos dientes de macaco que encontrara,
Dubois montó un esqueleto, completando con masa lo que faltaba. Nació así el
hombre de Java, que ele llamó de Pithecanthropos Erectus. Pithé (macaco), por
causa de la calota craniana macacóide y por los dos dientes de macaco. Anthropus (hombre),
por causa del fémur humano. Este fósil fue entonces presentado como siendo el
eslabón intermediario entre el macaco y el hombre, que los evolucionistas
hace tanto tiempo deseaban encontrar para comprobar su hipótesis, haciéndola
tesis científica demostrada; un ser
con características de macaco y de hombre, al mismo tiempo. Es claro que este
procedimiento de Dubois era anti-científico, porque no es legítimo juntar
fósiles encontrados separados. Nada garantiza que el fémur humano, encontrado
a 15 metros de distancia de la calota craniana macacóide hubiesen pertenecido
al mismo ser. Si excavamos en un local y encontramos un cráneo de onza, y, 15
metros más lejos, encontráramos un pico de arara, no podremos concluir que
otrora las onzas tenían pico de arara. Dubois descubrió aún,
cerca de Wadjak, en Java, y en la misma camada geológica en que achara los
fósiles anteriores -- por tanto teniendo supuestamente la misma edad –
de los cráneos humanos con capacidad entre 1550 y 1650 centímetros cúbicos.
Entretanto, Dubois se cuidó bien de revelar este descubrimiento. Por más de
30 años lo ocultó, porque demostraba la falsedad de su Pithecanthropos
Erectus, que hasta hoy continúa “vivo” y con “buena
salud” en los manuales escolares evolucionistas. Fue sólo en 1922, cuando
un descubrimiento parecido hecho en Wadjak iba a ser anunciado, es que Dubois
repentinamente se apresuró en revelar haber encontrado en Wadjak los dos
cráneos humanos. En 1895, exhibió apenas su montaje del Pithecanthropos
Erectus - un fósil Frankstein -- en el Congreso Internacional de Zoología de
Londres. A pesar del estruendo de
triunfo de los evolucionistas -- que son muy hábiles en organizar torcidas y
falsas unanimidades --la aceptación
del Pithecanthropos no fue universal. Desde el principio, hubo
extrañeza y algunos científicos se mostraron escépticos con relación a ese
fósil montado. Se extrañó principalmente que se hubiese juntado a calota
craniana macacóide con un fémur humano encontrado a 15 metros de distancia
una del otro. Se interrogó a Dubois
respecto del tercer diente que - incomprensiblemente mantenía oculto. Al
final, Dubois tuvo que revelar que ese tercer diente era humano. En la misma
boca, el Pithecanthropos habría tenido dientes de macaco y de hombre. Era una
conjunción extraña para un ser en evolución que debería tener dientes
semi-macacóides y semi-humanos, y no dientes de macaco y de hombre, al mismo
tiempo... Era mucha confusión por una sola boca. La revelación de 1922
hecha por Dubois de que, en la misma camada geológica de sus primeros
hallazgos, encontrara también dos cráneos humanos, probaba que ya existían
seres humanos en el tiempo en que vivera o dueño de la calota macacóide del
“Pithecanthropos Erectus. Luego este último no era antepasado del
Hombre. El propio Dubois acabó confesando, poco antes de fallecer, que la
calota craniana que encontrara en Java era la de un gibado gigante. Así, el
hombre de Java falleció antes que su descubridor y podador. Von Koenigswald, famoso
paleontólogo alemán, estudiando los dientes encontrados por Dubois, llegó a
la conclusión que eran dos molares de orangután, y que el tercer diente - un pré-molar
-- ¡era humano! a pesar de esto, esos dientes continúan unidos con masa a la
famosa calota macacóide del Hombre de Java, y continúan dando fraudulentas
mordidas evolucionistas y materialistas al creacionismo. El mismo Von Koenigswald,
investigando en Java, en el local denominado Sapiran, en los años que
precedieron a la segunda guerra mundial (1936-1939), encontró nuevos fósiles
semejantes a los que habían sido hallados por Dubois, y los llamó de
Pithecanthropos II, III, y IV. Marcelin Boule -- una de
las más altas autoridades en morfología fósil y adepto del evolucionismo --
clasificó los fósiles de Sapiran como siendo del mismo tipo que el Pithecanthropos de Dubois: eran
simios (Cfr. Gish, op. cit. p. 182). Boule y Vallois mostraron
que, en los fósiles hallados por Von Koenigswald, el pré-molar y los molares
estaban colocados en línea recta, dando al paladar la forma de U, típicamente
simiesca, en cuanto que, en el hombre, el paladar presenta un formato
semejante al de una herradura. Así, el famoso
Pithecanthropus era realmente un Pithé. Esto es, era realmente un macaco,
pero no era anthropus, esto es, no era hombre. A pesar de las omisiones
maliciosas y fraudulentas de Dubois, a pesar de sus confesiones
desmoralizantes, el fósil que montó es mantenido aún hoy Erectus por la
“terquedad” poco sincera y nada científica del evolucionismo.
También en la Historia de la evolución queda comprobada la verdad recomendada
por Voltaire a sus discípulos, para combatir a la Iglesia: “Mentid,
mentid siempre. Alguna cosa quedará...” El segundo gran fraude
practicado por los evolucionistas para
hacer pasar como verdad que el hombre tuvo origen animal fue el famoso Hombre
de Piltdown (Eanthropos Dawsoni), encontrado por Charles Dawson, en la
primera década del siglo XX. En 1908, un operario
encontró, en Piltdown, fragmentos de un cráneo humano fosilizado, y contó su
descubrimiento al médico Charles Dawson, que era también paleontólogo por
afición. Fue en ese año también
que el futuro célebre jesuita, Pierre Teilhard de Chardin - entonces simple
seminarista -- fue encaminado al seminario de Ore Place, Hastings, cerca de
Piltdown. Teilhard estudió en el seminario jesuita de Lyon, dónde conoció y
fue influenciado por el pensamiento del Padre Rouselot, cuyas afinidades
doctrinarias con el Modernismo lo llevaron a ser condenado en 1920. En ese
mismo seminario de Lyon, Teilhard conoció y se hizo amigo del Padre Auguste
Valensin, discípulo de Maurice Blondel. También el Padre Valensin estuvo
implicado en el Modernismo. Teilhard llamaba al Padre Valensin de
“Padre espiritual”, y decía que fue él quien le enseñó a pensar.
Fue Valensin quien llevó Teilhard a escribirse con Blondel, uno de los
líderes del Modernismo, aun que jamás hubiese sido condenado por la Iglesia. El Modernismo es una
herejía que tiene exactamente el evolucionismo metafísico como fundamento de
todo su sistema herético. Teilhard de Chardin fue el teólogo -- si se le puede
llamar a su Gnosis de Teología -- que hizo la ligación entre el Modernismo
gnóstico y el evolucionismo darwinista. Llegando a Inglaterra,
Teilhard conoció luego a Dawson. Consta que ellos fueron presentados el 31 de
mayo de 1909, haciéndose inmediatamente amigos personales y colaboradores en
las investigaciones paleontológicas de campo. Juntos hicieron excavaciones en
Piltdown. Exactamente fue durante una excavación que hacían juntos, cierto
día, en Piltdown, que Dawson habría hallado la famosa mandíbula macacóide del
“Hombre de Piltdown”. (Cfr. Stephen Jay Gould, “Piltdown
Revisado”, in “El pulgar del Panda”, p. 96). Esa mandíbula
cuyo descubrimiento fue atribuido a Dawson, había dos dientes molares
macacóides, pero cuyo desgaste era típicamente humano, y como jamás se
desgastan los dientes de macaco. Y Teilhard excavaba ya con Dawson... En esa mandíbula, muy
bien conservada, faltaba exactamente el cóndilo, esto es, la protuberancia
ósea por la cual la mandíbula se encaja en el cráneo. Es por el encaje perfecto
realizado a través del cóndilo con el cráneo que se comprueba que un maxilar
pertenece, de hecho, a determinado cráneo. Pero... “como si fuese a
propósito, faltaba el cóndilo”, iría a escribir, años después, el Padre
Teilhard de Chardin...(Cfr. S. Jay Gould,” La conjura de Piltdown, in
“La gallina y sus dientes”, p. 218). “Como si fuese a
propósito”... a la mandíbula -- encontrada por Dawson, cuando excavaba
junto con Teilhard -- faltaba el cóndilo... Dawson juntó entonces los
fragmentos encontrados del cráneo humano y el maxilar macacóide, para montar
así --¡¡¡Al fin!!! -- la prueba de que el hombre descendía del macaco,
haciendo -- ¡¡¡Al fin!!! -- la demostración científica de que la teoría de
Darwin era verdadera. Teilhard habría aún
descubrió, en Piltdown, algunos fósiles de mamíferos (un hueso de rinoceronte
y un diente de elefante) que ayudarían a comprobar la datación de los fósiles
encontrados. Dawson llevó entonces
todo el material encontrado para Smith Woodward, Conservador del Departamento
de Geología del Museo Británico (Historia natural). En 1912, Woodward y
Dawson presentaron los fósiles, en la Sociedad Geológica de Londres. En el año siguiente --
1913 -- Teilhard de Chardin, de nuevo excavando juntamente con Dawson en
Piltdown, encontró un diente canino inferior. Era un diente simiesco, sin
embargo, como los molares del maxilar hallado anteriormente, ese canino
también presentaba un desgaste típico de diente humano. En 1914, comenzó la
primera guerra mundial, y Teilhard fue convocado para servir en el ejército
francés. Durante los cuatro años que duró la guerra, actuó como camillero, en
el frente. En cuanto a eso, Dawson
excavaba en otro local (Piltdown 2) que tenía las mismas características
geológicas de Piltdown 1, dónde habían sido hallados los primeros fósiles. En
el local 2 de Piltdown, Dawson encontró otros dos fragmentos de cráneo humano
esparcidos, y un diente simiesco, también gastado, a la manera humana. Los nuevos hallazgos eran
tan providencialmente complementarios de los primeros fósiles encontrados en
Piltdown que H. Fairfield Osborn, el principal paleontólogo americano de
aquel tiempo, declaró: “Si hay una
Providencia pairando sobre los asuntos del Hombre pré-histórico, ciertamente
se manifestó en ese caso, porque los tres segmentos del segundo Hombre de
Piltdown encontrados por Dawson son exactamente aquellos que habríamos
seleccionado para confirmar la comparación con el tipo original” (S.
Jay Gould, “Piltdown Revisado” in “El Pulgar del Panda”,
p. 97). ¡Pero qué coincidencia
feliz!...Realmente, mucha suerte la de quien hace excavaciones con un Padre,
especialmente si es el Padre Teilhard de Chardin!... Desde el descubrimiento
de los fósiles hasta la década del 50, el hombre de Piltdown fue proclamado
con trompetas en las cátedras universitarias, en las conferencias de
intelectuales famosos, en los medios, y hasta en los púlpitos, como siendo la
prueba de que Darwin tenía razón: el hombre era de hecho hijo de macaco y no
hijo de Dios. En 1949, Kenneth P.
Oakley aplicó el test de fluoración -- usado para la datación de fósiles -- a
las varias piezas halladas en Piltdown. Y ¡oh sorpresa! las piezas tenían un
tenor de fluor muy bajo, lo que indicaba que habían estado poco tiempo en la
tierra. Cuatro años después -- en
1953 -- el mismo Oakley, teniendo la cooperación de J. Weiner y de W. E. Le
Gros Clark, comprobó que el cráneo de Piltdown y la mandíbula a él atribuida
tenían edades diferentes. La mandíbula era la de un orangután y era mucho más
vieja que el cráneo que era de un hombre moderno. Era un descubrimiento de
caer o mentón! Examinándose los fósiles
más atentamente, se vio claramente que habían sido
“trabajados”... Tanto el cráneo cuanto la mandíbula habían sido
teñidos. Los dientes, a su vez, habían sido limados y raspados para dar la
impresión del desgaste típico de los dientes humanos. Por fin, se comprobó
que los fósiles de mamíferos (el hueso de rinoceronte y el diente de
elefante) encontrados por el Padre Teilhard en Piltdown, habían sido traídos
de otros lugares. ¡Todo no era sino un
inmenso fraude! La perfección y los
cuidados para engañar indicaban que el falsificador era un especialista y no
un simple aficionado, como Dawson... Toda la culpa por el fraude
fue lanzada sobre Dawson, disculpándose al Padre Teilhard de Chardin. Un
Padre no podría ser falsificador. Recientemente, sin
embargo, Stephen Jay Gould, dejando el “clericalismo” de lado,
osó preguntarse si el Padre Teilhard era inocente en ese fraude gigantesco.
Hizo largas investigaciones que dieron origen a un ensayo intitulado
“La Conjura de Piltdown”, editado en su libro “La gallina y
sus dientes” (pp. 201 a 220). De la investigación y del ensayo, el
Padre Teilhard sale enteramente culpable. Jay Gould concluye que fue Teilhard
el principal responsable por el fraude. Principal, pero no el único, pues si
hubo “conjura”, necesariamente ella implica a varios culpados. Descubierto y revelado el
fraude, aún en 1953, Oakley escribió al Padre Teilhard de Chardin
preguntándole a respecto de su trabajo con Dawson, en Piltdown. Teilhard respondió
negando admitir que Dawson y Smith Woodward pudiesen estar implicados en el
fraude. (¿Quién entonces sería el culpado?) En la misma carta, sin
embargo, poco después de excusar Dawson y Woodward, Teilhard cometió un error
fatal que reveló quien era el verdadero culpable por el fraude. En la carta a
Oakley, Teilhard dice que, en 1913 Dawson lo llevó al local 2 de Piltdown
dónde habían sido hallados el molar aislado y restos del cráneo. Ahora bien,
Dawson sólo habría hecho ese descubrimiento en 1915, y no en 1913. Teilhard
jamás podría haber sido llevado por Dawson al lugar en 1913, pues entonces
aquellos descubrimientos no habían sido aún hechos. Lo fueron en 1915. Y en
este año de 1915 Teilhard no habría ido a Piltdown, pues desde 1914 servía no
frente francés, dónde se quedaría hasta 1918, al final de la primera guerra
mundial. Teilhard mentirá. Jay Gould, habiendo hecho
la constatación de que el Padre Teilhard mintiera, fue a investigar toda su correspondencia -- primero editada,
después en los manuscritos originales -- procurando todo lo que escribió
sobre el descubrimiento de Piltdown. ¡Nueva sorpresa! Jay Gould constató que en
la propia edición de las obras de Teilhard habían sido eliminados todos los
trechos sobre el hombre de Piltdown que existían en los manuscritos
originales. Había sido hecha una censura meticulosa de los originales, para
que en las obras editadas nada apareciese que pudiese implicar al Padre
Teilhard en el fraude! Stephen Jay Gould es
americano e imaginó que el motivo que llevó Teilhard a montar el fraude de
Piltdown habría sido apenas el de divertirse con Dawson. Habría sido,
inicialmente, apenas una broma del Padre con Dawson. Este, sin embargo, muy
ingenuamente creyó de hecho que hiciera un gran descubrimiento e hizo a
Woodward aceptarla. Cuando los dos publicaron el descubrimiento del Hombre de
Piltdown, habría quedado muy difícil para Teilhard deshacer la
“broma”... El retorno quedó imposible y en el mundo científico
aceptado el fraude. Lo que parece, en la
verdad, broma es esa hipótesis de Jay Gould. Basta conocer un tanto que sea
la doctrina modernista, defendida por
Teilhard, basta conocer, un tanto que sea, los métodos y engaños modernistas,
para comprender que el fraude tuvo causa mucho más seria que una simple
broma. Desvendada el fraude, era
de esperar que se dejase de citar inmediatamente el hombre de Piltdown como
prueba de la evolución del macaco para el hombre. Así no fue, y, durante muy
tiempo aún, fue posible encontrar manuales que enseñaban, a los estudiantes
que el hombre de Piltdown probaba que el hombre venía del macaco y que Darwin
tenía razón. Este es un fósil poco conocido en Brasil, pero que
tuvo, en su tiempo, repercusión en los Estados Unidos, dónde fue encontrado.
En Nebraska, en 1922, fue descubierto un diente. Examinado por Henry
Fairfield Osborn y otros, fue declarado como siendo de un ser que combinaría
las notas características del chimpancé, del Pithecanthropos y del Hombre.
Era una mixtura extraordinaria. Llamaron a este supuesto cock-tail
paleontológico de “Hesperopitheus Haroldcookii”, o más
simplemente, “Nebraska Man”. Ele tuvo vida y fama
científica muy curta. Cinco años después del descubrimiento, mejores análisis
habiendo sido realizados, quedó probado que el “Nebraska Man” no
era de modo algún un ser intermediario entre el macaco y el hombre. Era
simplemente un fósil de una especie de porco! (Cfr. D. T. Gish, op. cit. pp.
187-188). Un cuarto fósil, que
hasta hoy es considerado auténtico, aun que tenga una historia casi tan
misteriosa y rocambolesca cuanto el hombre de Piltdown -- inclusive también
con a presencia de la sospechosísima figura del jesuita Teilhard de Chardin
-- es el “Sinanthropus Pekinensis” o Hombre de Pekín. Su historia bien
complicada comienza en 1921, cuando dos molares fueron encontrados,
provenientes de Chou-Kou-Tien, una aldea cerca de Pekín. Seis años después -
1927 - un tercer molar fue dado al Dr. Davidson Black fueron estos tres
dientes que permitieron comenzar a hablar del Hombre de Pekín. Las
excavaciones en el local quedaron entregadas a la dirección del paleontólogo
chino Dr. W. C. Pei, que, en 1928, encontró en el mismo local fragmentos de
cráneos y de maxilares inferiores. Black hizo de esas piezas una descripción
que las califica como más semejantes a fósiles de macacos que a seres
humanos. A partir de 1929, el
Padre Teilhard de Chardin -- el mismo que es acusado de forjar el fraude de
Piltdown -- pasó a participar de las investigaciones en Chou-Kou-Tien, en
calidad de consejero geológico... Coincidentemente, fue en
1929 también, que o Dr. Pei reveló a descubrimiento de un cráneo bien
conservado y semejante al del Hombre de Java. Junto con los fósiles citados
fueron encontrados también muchos fósiles de diversos tipos de animal. Otros tres cráneos fueron
hallados en 1936, cuando las investigaciones, desde 1934, año de la muerte
del Dr. Black, estaban a cargo del científico americano, pero de origen
alemán, Franz Weidenreich; uno de esos tres cráneos fue examinado por el
famoso especialista en fósiles Marcellin Boule, en el propio lugar de lo
encontrado, que lo llama de muy semejante al Pithecanthropos de Java. Boule
escribió: “En la totalidad, la estructura del Sinanthropus es aún muy
parecida con la de un macaco” (Cfr. D.T. Gish, op. cit. p. 192). En cuanto a la capacidad
craniana de esos fósiles, se calculó que estaban entre 900 y 1200 centímetros
cúbicos, esto es, entre a capacidad craniana del macaco y del Hombre actual.
También los maxilares inferiores, así como los dientes, fueron descritos como
siendo parecidos con los de macacos, aun que la arcada dental superior fuese
en forma de herradura más que en U, como es típica en los macacos. As características de los
fósiles de Pekín, siendo muy próximas de las del Pithecanthropus de Java,
Boule y Vallois le dieron el nombre de Pithecanthropus Pekinensis, por tanto,
mucho más parecido con macaco que con un ser humano. En este sentido, Boule y
Vallois criticaron al Dr. Black por haber denominado el fósil de
Chou-Kou-Tien de Sinanthropus, esto es, Hombre de la China, cuando tenía por
base, en ese tiempo, apenas dientes, cuando sería necesario nombrarlo sólo
cuando se tuviese el cráneo. De los fósiles
originales, el Dr. Weidenreich hizo sacar un modelo de masa. Al comenzar la guerra
chino-japonesa, los huesos habrían sido mandados para los Estado Unidos, y...
desaparecieron; de ellos se tienen apenas los modelos de masa hechos por Weidenreich,
los cuales no son fiables, pues ni fueron sacadas fotos de los fósiles que
desaparecieron. Lo que aumenta aún más la
sospecha respecto de esos modelos de masa es que, las primeras descripciones
hechas de ellos por Black, y, después, por Boule y Vallois, decían que se parecían más a macacos que a
hombres, en cuanto que el aspecto de los modelos es enteramente humano. Los
modelos de masa no parecen haber reproducido fielmente los fósiles
originales, sino la concepción, las ideas, y el deseo de Weidenreich. ¿Dónde fueron a parar los
fósiles originales? ¿Cómo desaparecieron? Misterio... La Ciencia y el mundo
tienen hoy que acreditar en la fidelidad de los modelos de Weidenreich sin
tener los originales para comparación. El Sinanthropus pasó a exigir un acto
de fe!... No sólo la desaparición
de los fósiles era un misterio, sino que la divergencia entre las
descripciones de ellos y la apariencia actual de los modelos de masa levantan
sospechas muy justificadas. Además todo esto, había una porción de problemas
colaterales no resueltos. Por ejemplo, ¿por qué sólo se encontraron cráneos,
y ningún hueso largo, como los fémures? En efecto, los cráneos
encontrados en Chou-Kou-Tien -- Todos! y eran casi cuarenta! -- tenían un furo
no occipital, indicando que habían sufrido muerte violenta. Ora, en las
mismas camadas geológicas, habían sido hallados instrumentos y armas de
piedra, así como señales de hogueras (Cfr. H. Brodrick, El hombre
pré-histórico, Fondo de Cultura Económica, 1955, apud Atanasio Aubertin,
Evolución de la especies, apriorismo y confesiones gnósticas, artículo,
1962). Evidentemente, eran pruebas de que entonces ya existían hombres. Todos los que estudiaron
el caso - hasta mismo Weidenreich - consideran que los fósiles de Pekín son
de seres que habían sido cazados. Con mucha propiedad
preguntaron Boule y Vallois: “¿Cómo explicar la
casi completa ausencia de huesos largos y esta especie de selección de partes
óseas, todas perteneciendo al cráneo, y en las cuales predominaban los
maxilares inferiores? Weidenreich creía que estas partes seleccionadas no
llegaron a la caverna [donde fueron halladas] por medios naturales, sino que
debían haber sido llevadas para allí por cazadores que atacaban
principalmente individuos jóvenes, y escogían, de preferencia, como
expoliación o trofeos, cabezas o partes de ellas. En si, esta explicación es
plausible. Pero el problema es ¿quién era entonces el cazador?” (Cfr.
D. T. Gish, op. cit. p. 195). Para Weidenreich, o
cazador habría sido el propio Sinanthropus! Habría sido, al mismo tiempo, la
caza y el cazador! Boule y Vallois, de modo más plausible, afirmaron: “El cazador era un
verdadero hombre” (Cfr. Gish op. cit. p. 196) El problema quedaría
resuelto si existiesen en las mismas camadas fósiles humanos verdaderos.
Ahora bien, después de muchas tergiversaciones, el Padre Teilhard confesó
que, de hecho, en las mismas camadas en que fue hallado el Sinanthropus,
fueron encontrados también fósiles humanos. Luego, el Sinanthropus no fue un
antepasado del Hombre, ya que ya había hombres en sus contemporáneos. El Padre Patrick
O’Connell que estaba en la China en el tiempo del descubrimiento de los
fósiles de Chou-Kou-Tien, en su libro Science of Today and the Problems of
Genesis, afirmó creer que el Dr. Pei destruyó los fósiles originales
antes que el gobierno chino retornase a Pekín, a fin de ocultar que los modelos hechos por
Weidenreich no eran copias fieles de los fósiles. O’Connell resaltó que
muy poco destaque se ha dado al hecho de que los fósiles de 10 hombres
modernos habían sido hallados en el mismo sitio de Chou-Kou-Tien, y que estos
hombres estaban relacionados con los instrumentos de piedra numerosos
encontrados en ese lugar. Conforme O‘Connell, el Sinanthropus es un fraude.
e)
la mandíbula infantil de Ehringsdorf Este fósil fue
descubierto en 1916, en camadas del Paleolítico medio, y era de la raza de
Neanderthal. Era, por tanto, un fósil humano. Lo que en él causó mucho
interés fue el hecho de que, aunque siendo humano presentaba una
característica dentaria macacóide. En ese fósil neanderthalense, el diente
molar era de raíz, en cuanto el segundo pré-molar aún era de leche. Ahora,
esto sólo acontece con la dentición de los macacos, y desde 1939 se probar a
que la dentición de los neanderthalenses era igual a la dentición humana. Los científicos
americanos K. Koski y S. M. Garnno demuestran que ese molar era postizo.
Habían arrancado un molar de leche del fósil de Ehringsdorf, e incrustado en
su lugar un molar de raíz. Más tarde, el
paleontólogo francés Pierre Legoux, en comunicado a la Academia de Ciencias
de Paris, demostró que toda la mandíbula era fraudulenta, habiendo sido
montada y presentando flagrantes contradicciones entre sus partes.
(Cfr.Pierre Legoux, Comptes rendus de l´Ácadémie de Sciences, tomo 252, p.
1821, año de 1961, apud Atanasio Aubertin, art. cit.). 3 --
pretendidos ANCESTROS del Hombre Como vimos, al quedar
comprobado que el hombre no descendía del macaco - como pretendiera Darwin --
los evolucionistas adoptaron la tesis
de que macacos y hombres tuvieron un antepasado común. Aunque no
considerándose más hijos de macacos, pasaron a tenerse como primos de
ellos... De ese ancestro común a
los macacos y a los hombres habría provenido, hace cerca de 10 a 17 millones
de años atrás, el Ramapithecus. De este, habrían derivado los famosos
Australopithecus, que tanto prestigio han gozado en los Campus
universitarios, y que tanto han frecuentado revistas y diarios. Estos rivales
en prestigio periodístico de los mayores cantantes del Rock, habrían vivido
entre 4 y un millón de años atrás. De estos Australopithecus, habrían nacido
-- entre 1,5 millón y 300.000 años atrás – ya sea el falsificado por
montaje Hombre de Java, ya sea el postalmente escamoteado Sinanthropus. Estos
falsos hijos de los Australopithecus son conocidos como siendo del tipo Homo
Erectus, a pesar de nada sustentarlos en pié. Lo que evidentemente lanza
sospechas también sobre sus supuestos “padres”. Los fraudes sobre
los hijos fueron tantos y tan graves, que la prudencia lleva a tener duda a
respecto de toda su evolucionística familia. por fin, de los fraudulentos
hijos del Homo Erectus habría nacido lo que se llama hoy de Homo Sapiens,
extraña denominación que significa apenas Hombre, animal racional, y que tan
poco Sapiens se ha revelado, particularmente cuando se torna materialista. Ejemplos de Homo Sapiens
habrían sido el hombre de Neanderthal y el de Cro-Magnon, que habrían
principiado a existir 100.000 años atrás. Estudiemos, ahora, esta
tan falsificada familia, para averiguar lo que en ella puede haber de
auténtico, y comencemos por el bisabuelo Ramapithecus. Los primeros fragmentos
fósiles del Ramapithecus fueron encontrados en 1915. En 1932, en la India,
nuevos elementos de este ser fueron hallados, mas fue solamente en 1960 que
la nueva ““estrella” del evolucionismo fue lanzada con todo
el estruendo de la propaganda que saludó la nueva prueba de que Darwin
acertara. Fueron principalmente los paleontólogos David Pilbeam y Elwyn
Simons que lo presentaron como siendo el antepasado del Hombre. ¿En base a qué
afirmaban esto? con muy poca base,
pues disponían tan sólo de algunos dientes del Ramapithecus, y nada más. Con tan poco fundamento,
la vida de astro de la evolución del bisabuelo Ramapithecus fue muy curta.
Cuando tenía apenas 12 años de fama universitaria, ya le tiraron un primer
dardo que lo alcanzó de pleno. El Dr. Robert Eckhardt, de la Universidad de
Pensilvânia, en un artículo publicado en 1972 se preguntaba si el Ramapithecus
podría ser tenido como un ancestro del Hombre, y respondía: “Si se considera el
autor de variabilidad genética, la respuesta es no” (Cfr. D.T. Gish,
op. cit. p. 141). Eckhardt hizo muchas
mediciones de los dientes del Ramapithecus y del Dryopithecus, pues fueron
estas mediciones que se fundara Pilbeam para afirmar que el Ramapithecus era
antepasado del Hombre. Ora, segundo las mediciones hechas por Eckhardt, había
más variaciones entre chimpancés vivos del que entre el Ramapithecus y el
Dryopithecus. Eckhardt concluyó entonces que el Ramapithecus era un macaco,
quiere cuanto a su aspecto morfológico, como cuanto a su comportamiento. Más
tarde, esta conclusión de Eckhardt fue confirmada por otros científicos que
comprobaron que la arcada dentaría del Ramapithecus era igual a de los
macacos, pues no tenía la forma de herradura, típica del paladar humano. Alan
Walker y Richard Leakey establecieron definitivamente que el Ramapithecus
nada tiene que ver con el origen del hombre. El propio
“padrino” del Ramapithecus - David Pilbeam - afirmó que era un
abuso concluir que el Ramapithecus andaba erecto, apenas por el examen dos
sus dientes. A pesar de esto, Pilbeam insiste que su Ramapithecus es un homínido. Leakey y Walker, sin embargo,
consideran-no un mero orangután, y tan parecido con este animal que eles
llegaron a declarar: es herético decirlo, puede ser que los orangutanes son
fósiles-vivos [do Ramapithecus ]. Entretanto, contradiciendo las sus propias
conclusiones, Walker escribió después que el Ramapithecus era “ancestro
del orangután, del chimpancé, del gorila y del Hombre” (cfr. D.T. Gish,
op. cit. p. 143). Después de tantas
contradicciones, el Ramapithecus abandonó la pasarela de la fama, dónde hizo
corta carrera. Éstos continúan en plena
gloria, bajo el foco de los reflectores de la mídia y de los intelectuales
materialistas. El primero de ellos fue
hallado en 1924 por Raymond Dart, que lo denominó Australopithecus Africanus.
Su descubridor lo presentaba como siendo parecido a los macacos en la forma
del cráneo, pero también semejante al hombre por algunas particularidades del
cráneo y de los dientes. En 1936, fue hallado un
cráneo de Australopithecus Africanus adulto, en Sterkfontein, en Transvaal. Dos
años después, en Kromdraai, Robert Broom encontró un fósil que fue
clasificado como Australopithecus Robustus, por causa de su aspecto más
rústico, grosero y fuerte, sus dientes grandes y gruesos. Nuevos e importantes
descubrimientos de fósiles africanos fueron realizadas
por Louis Leakey y por su esposa Mary, en la década de 1950 a 1960, en la
garganta de Olduvai, en la Tanzânia. Los fósiles encontrados eran semejantes
a los que habían sido descubiertos por Broom. Por lo que encontraron
los Leakey, llegaron a la conclusión que los fósiles de Olduvai tendrían
cerca de 2 millones de años. Curiosamente, en la misma camada geológica en
que Louis Leakey encontró los sus fósiles, había también instrumentos y armas
de piedra. Uno de los hijos de Leakey, Jonathan, encontró un cráneo fósil
semejante al Australopithecus, sin embargo con capacidad craniana bien mayor
-- cerca de 700 cc. -- lo que llevó a los Leakey a considerarlo,
inicialmente, como un intermediario entre el Australopithecus y el hombre.
Louis Leakey lo llamó entonces Homo Habilis por causa de los instrumentos de
piedra hallados en la misma camada geológica. Más tarde, sin embargo,
el propio Leakey clasificó este fósil como un Australopiteco, por esto su
nombre científico actual es Australopithecus Bosei. De estos Australopitecos,
se distinguen dos especies diversas: una, más fuerte, y otra, relativamente
más delicada. Son el Australopithecus Robustus y el Australopithecus
Africanus, ambos con pequeña capacidad craniana (cerca de 500 c.c.), lo que los
aproxima a los gorilas. Los científicos evolucionistas, en general, llegaron
a la conclusión que estos seres andaban comúnmente de pié. No hubo, entretanto
unanimidad. El célebre anatomista inglés Solly Lord Zuckerman estudió por más
de 15 años estos fósiles, comparándolos con los huesos de macacos y de
hombres, y llegó a la conclusión que el Australopithecus es macaco! Charles Oxnard, otro
científico de la Southern California University, habiendo estudiado al
Australopiteco concluyó que, aunque la mayoría de los estudiosos hubiese
considerado que el Australopiteco caminaba de pié, y por eso era tenido como
antepasado del Hombre, sus estudios de los huesos de este ser lo llevaron a
decir que ni caminaba de pié, ni parecía estar relacionado con el hombre, y
ni siquiera con los chimpancés y con los gorilas. Rak y Clarke demuestran
también que el hueso-bigornia del Australopiteco es más diferente del hueso
bigornia del Hombre, de lo que es, el de los macacos actuales. Los macacos
actuales son entonces, en este punto, más semejantes al hombre del que el
Australopiteco, y nadie osa afirmar - hoy - que el hombre viene del macaco.
Pues tampoco viene del Australopithecus. Particularmente famoso se
hizo el fósil descubierto, en Hadar, en la Etiopía, por Donald Johanson y
Maurice Taieb, en 1973, y que inicialmente Donald Johanson y Taieb
consideraron como siendo de un macaco. El hueso que habían hallado era el de
la junta del rodilla. Después, habiendo encontrado otros fósiles,
consideraron que esta junta de rodilla era semejante a la humana. De ahí el
haber concluido que los fósiles de Hadar habrían pertenecido a un ser
intermedio entre el macaco y el hombre. Cuanto a la edad del
fósil, le atribuyeron 3.000.000 de años, l que era un record para fósiles humanos.
Este sería entonces el fósil humano más viejo jamás encontrado. Habiendo examinado la
famosa junta de la rodilla de Hadar, Mary Leakey, Richard Leakey y C. Owen
Lovejoy afirmaron que esta junta era la de un rodilla humana. En nuevas investigaciones en el mismo lugar, en 1974,
se descubrieron nuevos fósiles, a respecto de los cuales Donald
Johanson declaró: “Todas las teorías
anteriores sobre el origen del linaje que lleva al hombre moderno, ahora,
tiene que ser totalmente revisadas. Debemos lanzar fuera muchas teorías y
considerar la posibilidad de que el origen del Hombre se dio hace más de 4
millones de años atrás" (Cfr. D.T. Gish, op. cit. p. 152). Al mes siguiente
(noviembre de 1974), Johanson encontró un fósil de un hueso del brazo de un
homínido, y, después, encontró partes de un cráneo, y otros huesos, formando,
en total, cerca del 40% de un esqueleto. Era el esqueleto fosilizado de un
ser femenino que Johanson denominó “Lucy”, por que, en la hora de
la descubrimiento, oía la canción de los Beatles Lucy in the Sky with
Diamonds (cuyas iniciales eran las del ácido lisérgico, LSD). El cráneo que habían
encontrado parecía ser el de un macaco, y su capacidad era de cerca de 380 a
450 c.c. Johanson se apresuró a
proclamar que “Lucy” era un homínido de 3,5 millones de años, que
andaba de pié, tal cual los hombres actuales, aun que hubiese cráneo
macacóide. En 1975, nuevos fósiles
fueron encontrados en Hadar. Pertenecían a 13 individuos, siendo 9 adultos y
4 seres aún jóvenes. Johanson luego los llamó “La Primera
Familia”. En el año siguiente
(1976), Donald Johanson y Maurice Taieb publicaron un trabajo en el cual
decían que el material hallado
pertenecía al género Homo, y que “Lucy” tenía aspectos semejantes
al Austalopitheco. Gish muestra que el haber
dado un nombre de mujer a su fósil, o usar expresiones como “La Primera
Familia”, “niños”, y aún otros términos referentes a seres
humanos inducía a las personas a creer que, de hecho, “Lucy” era
el famoso eslabón perdido entre el macaco y el hombre. Entretanto, pronto
surgieron las contestaciones. Tim White, científico que Johanson asociara a
sus investigaciones, divergió de él, y al final lo convenció de que los
fósiles de Hadar eran simples Australopitecos. Desde entonces se cambió su
denominación a “Australopithecus Afarensis”. Se montó entonces el
siguiente cuadro general:
Lucy
_____________________________________ /
\ Australopithecus
Africanus Homo
Habilis /
\ Australopithecus Robustus
Homo Erectus
(Java y Pekín)
\
Homo Sapiens Este pretendido árbol
genealógico del Hombre colocaba un serio problema. Por largos años de
estudio hechos por Lord Zuckermann y por Oxnard a respecto de los
Australopithecus Africanus y Robustus, quedó comprobado que no andaban con
los dos pies, al modo humano. Ahora bien, si esto era cierto, ¿cómo entonces
un antepasado de ellos - Lucy - ya andaba de pié hace millones de años antes?
Algo estaba errado. Otros científicos,
habiendo estudiado mejor los fósiles de Hadar, concluyeron que eran meros
Australopithecus Africanus, contra la pretensión de Donald Johanson. Jack T. Stern y Ronald
Susman, anatomistas de la Universidad de nueva York, concluyeron por sus
estudios de los fósiles de Hadar que eran seres que trepaban en árboles,
teniendo vida casi que exclusivamente arbórea, aun que ocasionalmente
pudiesen andar de pié, en el el piso. Esto
derrumbaba las pretensiones de Donald Johanson de presentar a su
“Lucy” como ser homínido. Stern y Susman mostraron
que “Lucy” y la “Primera Familia” tenían innumerables
características macacóides, entre las cuales: a) manos largas y curvas,
parecidas con las de los chimpancés, y apropiadas para agarrar ramas; b) pies largos,
encorvados y muy musculosos, propios de seres que trepan en árboles; c) la cavidad glenoidea
era también típica de trepadores en árboles; d) la lamina ilíaca era
más parecida a la del chimpancé que a la del Hombre; e) la cabeza del fémur
era más parecida con la del chimpancé que con la del Hombre; f) lo mismo se daba con
la fíbula; g) la famosa junta de la
rodilla, que Donald Johanson clasificara como muy semejante a la humana o
directamente humana, fue considerada como macacóide y propia para locomoción
arbórea. De todo esto Stern y
Susman concluyeron que los fósiles de Hadar -- inclusive “Lucy”
-- eran Australopithecus, y que su bipedalidad ocasional era semejante a la
de los chimpancés y macacos-araña. A su vez, Paul Turtle, un
antropólogo de Chicago, concordó con Stern y Susman en la tesis de que “Lucy” debía haber
tenido vida arbórea. d)
el cráneo 1470 del Hombre del lago Turkana Richard Leakey, uno dos
hijos del matrimonio Louis y Mary Leakey, se hizo famoso por los
descubrimientos hechos por su equipo junto a las márgenes del Lago Turkana
(ex Lago Rodolfo), en el África Oriental. Richard Leakey, aunque
habiendo aprovechado las enseñanzas y experiencia de sus progenitores, no
tuvo formación universitaria regular, lo que lo obliga a recurrir a
especialistas para analizar y clasificar sus descubrimientos fósiles. En 1968, Richard Leakey
descubrió tres maxilares fósiles de Hominídeos, junto al Lago Turkana. En el
año siguiente, encontró un cráneo de Australopitheco Bosei, semejante al
llamado Hombre de Olduvai, encontrado
en 1959. En 1972, uno de los
hombres del equipo de Richard Leakey -- Bernard Ngeneo - encontró restos
fracturados de un cráneo que fue denominado posteriormente de Cráneo 1470,
número sacado de la clasificación del fósil en el Museo Nacional de Kenya.
Los fragmentos encontrados fueron ajuntados y solidificados, formando el
cráneo de un ser que clasificaron como homínido. Richard Leakey atribuyó a
ese cráneo 1470 una edad tan grande que pode, entonces afirmar: “O
botamos fuera este cráneo, o botamos fuera nuestras teorías sobre el hombre
primitivo”. En particular, el
descubrimiento de Richard Leakey más del que poner en jaque el fósil de
Donald Johanson: lo eliminaba como ancestro del Hombre, pues, si el cráneo
1470 era el de un antepasado del Hombre, entonces, el fósil conocido como
Lucy no podría considerarse más como tal. Los evolucionistas tenían que
escoger entre uno o el otro. Los dos no podrían ser antepasados del Hombre. Ocurre que también Donald
Johanson consideraba que, después del descubrimiento de “Lucy”,
ninguna teoría sobre el origen del Hombre podría ignorarlo. El Cráneo 1470 era sorprendentemente
avanzado para la enorme edad que le atribuían - entre 3 y 4 millones de años.
El no presentaba los huesos superciliares salientes, y la cumbre del él era
elevada. Su capacidad craniana era de cerca de 800 c/c., y su aspecto era aún
más moderno del que el del Homo Erectus, esto es, tenía una apariencia más
próxima del Hombre actual del que el hombre de Java y a del Hombre de Pekín. Así lo describió Leakey:
“En su conjunto, la forma de la caja craniana recuerda notablemente la
del Hombre moderno, faltándole las pesadas y salientes arcadas orbitales, que
son características del Homo Erectus de depósitos recientes en África y en
Asia" (Walter Sullivan, art. Cráneo aumenta la historia, in O Estado de
São Paulo). El descubrimiento de
Richard Leakey lanzaba a la basura, todos los fósiles idolatrados por
los evolucionistas. Y hacía cuestión
de presentarlo como el más auténtico y comprobado antepasado del Hombre. “Aunque el cráneo
sea diferente del de nuestra especie Homo Sapiens, es diferente también de
todas las otras formas conocidas del Hombre primitivo, no encajando, pues, en
ninguna de las teorías existentes sobre la evolución del Hombre”,
afirmó R. Leakey. (Cfr. Walter Sullivan artículo Cráneo aumenta la Historia,
in O Estado de São Paulo, ). En 1981, surgió una
primera divergencia. En cuanto Richard Leakey insistía que el cráneo 1470 era
el de un Homo Habilis, un de sus científicos adjuntos, Alan Walker afirmaba
que era un Australopiteco. A pesar de esto Leakey
insistía. En una conferencia en San Diego, en la California afirmó: “El
Cráneo 1470 invalida todos las teorías corrientes sobre el origen del hombre,
no exista nada más para ser colocado en lugar de ellas” (Cfr. D.T.
Gish, op. cit. p. 166). Otras dudas surgidas
dicen respecto a la datación del Cráneo 1470: aun que encontrado en una
camada antigua, estaba tan poco fosilizado que tuvieron que emplear
substancias especiales para solidificarlo, y hasta una gota que cayese sobre
él era capaz de perforarlo. Si era tan antiguo, debería tener un grado mucho
mayor de petrificación. El propio R. Leakey, así como Alan Walker, habían
afirmado esto. Entretanto, en 1973, Leakey dice que todos los fósiles
hallados en el Lago Turkana eran pesadamente mineralizados. ¿Por qué la
contradicción? En debate con Donald
Johanson, R. Leakey hizo una gran x sobre el árbol genealógico del Hombre
propuesto por Donald Johanson en que “Lucy” era la figura
principal, y cuando este le preguntó que colocaba en su lugar, Leakey
escribió un grande punto de interrogación. Sobre esta grande divergencia,
James Lewin, un articulista de la famosa revista científica
“Nature”, escribió su famoso libro “The bones of
contention” (“Los huesos de la discordia”), dejando claras
las divergencias entre los antropólogos evolucionistas en nuestros días. Tal
fue o escándalo causado por el libro de Lewin, que un dos comentadores del
libro escribió que “al contrario de lo que muchos pregonan, la
‘objetividad’ científica es un mito" (Folha de São Paulo,
1989) Habiendo en vista los
datos contradictorios entre o Australopitheco “Lucy” y el Cráneo
1470, Stephen Jay Gould afirmó: “¿Qué quedó de
nuestra escala, si hay tres linajes coexistentes de Hominídeos (A.
Africanus, el robusto Australopicineos, y el H. Habilis), ninguno
de ellos derivando claramente del otro? Más aún, ningún dos tres
desarrollando ninguna fuerza evolutiva durante su existencia en la tierra:
ninguno de ellos haciéndose más cerebral o más erecto a la medida que se
aproximaban a los días actuales." (S. Jay
Gould apud D.T. Gish, op. cit. p. 171). Por esas razones Stephen
Jay Gould pasó a acreditar que no hubo un linaje directo, una
““escala que llevase del animal al hombre directamente, mas que
la evolución se habría dado más como un arbusto que se ramifica en varias
direcciones de que como un linaje directo. Es un modo de mantener el
dogma de la evolución de pié -- como un arbusto -- ya que la escala
evolucionista se soltó. 4 -
FÓSILES HUMANOS AUTÉNTICOS En cuanto se hace
cuestión de acentuar características de los Australopithecus para que se
piense que son verdaderos ancestros del Hombre, se procura hacer creer que
los fósiles que son realmente humanos tenían trazos casi animales. El
llamado “Hombre de Neanderthal
está exactamente en ese caso. Se procuró pintarlo de tal modo parecido con un
macaco, que alguien dijo, con finura, que ese haya sido uno de los hombres
más calumniados de la Historia. El primer fósil de ese
tipo fue descubierto en 1854, en el valle del río Neander, cerca de
Duseldorf. En 1908, otro fósil semejante fue hallado en Saintes, en la región
de Corrèze, en Francia. Después,
innumerables otros ejemplares fueron encontrados a través de la Europa y
Asia, demostrando que el llamado Hombre
de Neanderthal habitó vastas regiones del mundo. Esa raza habría vivido desde
unos 200.000 a 35.000 años atrás. El fósil clásico de
Neanderthal tenía como característica más marcada la gran protuberancia
super-orbitária. Además de esto, su testa era pequeña, con ángulo facial
acentuado, mandíbula prominente. Sus huesos indican que tenía una
constitución física más corpulenta que el hombre actual Aun que su rostro hubiese
trazos groseros, que las reconstrucciones acentuaron aún más para
aproximarlos del simiesco -- evidentemente para que se tendiese a aceptar la
tesis evolucionista -- el hombre de
Neanderthal tenía una capacidad craniana mayor que la del Hombre actual!
Sabe-se bien que importancia dieron los evolucionistas a la capacidad
craniana como elemento comprobador de la humanización. Mas, no caso del
Hombre de Neanderthal, raramente se encuentra un libro que destaque el hecho
de que ele tenía mayor volumen y capacidad craniana cerca de 10% mayor del
que a del Hombre de nuestros días. En cuanto a su exagerada
protuberancia supra-orbital, se sabe, hoy, que esto era causado por
acromegalia degenerativa, provocada por alimentación inadecuada. Marcelin Boulle
generalizó la idea de que el hombre de Neanderthal andaba con la pierna un
tanto doblada, y el cuerpo un tanto inclinado, como los gorilas. Entretanto,
muchos cráneos neanderthalenses encontrados presentan el foramen magnum
idéntico al de los cráneos modernos, probando que la pretendida posición
curvada que le fue atribuida es imaginaria. Daniel Cohen afirma que
el aspecto estúpido y la brutalidad comúnmente atribuida al Hombre de
Neanderthal “son antes conjeturas que refleja la formación y los
preconceptos del artista” que lo reconstituyó. Y añade: “No hay prueba
ninguna de que fuese estúpido. En realidad es un tanto desconcertante observar que el tamaño
medio del compartimiento cerebral del Hombre de Neanderthal es un poco mayor del que el del Hombre moderno --
1600 c.c. -- comparado con los 1.450 c.c. de este último“ (Daniel
Cohen, estudio del Hombre de Neanderthal, in O Estado de São Paulo, 19 / I /
1969). François Bordes dice de
este fósil que ahora localizamos: “Reconstrucciones
los presentan como un poco mejores que los grandes macacos, y sus
herramientas son descritas como groseras (...) la verdad es, entretanto,
enteramente diferente” (F. Bordes, Mousterian cultures in France,
artículo en la revista Science, vol. 134, p. 803, 1961). El naturalista N.
Mercier, analizando los descubrimientos arqueológicos hechos en St,. Cesaire
(Francia), en 1979, llegó a la conclusión de que el hombre de Neanderthal
coexistió con el hombre de Cro-Magnon. Esto comprueba entonces que el hombre
de Neanderthal no fue predecesor del Hombre de Cro-magnon. Además de eso,
ambos fueron fabricantes de instrumentos y herramientas toscas, aun que las
del Hombre de Cro-Magnon sean más perfectas. Ahora, en St. Cesaire
fueron hallados fósiles neanderthalenses junto con instrumentos hechos por el
Hombre de Cro-Magnon! En 1989, la revista
Nature publicó un artículo de autoría de científicos franceses e israelitas
anunciando el descubrimiento de un esqueleto neanderthalense, que poseía el
hueso hioideo, que es absolutamente fundamental para el habla. Esto
comprobaba que el hombre de Neanderthal era anatómicamente capaz de hablar. El Dr. Baruch Arensburg
de la Universidad de Tel Aviv afirmó que los esqueletos encontrados en una
caverna en Kebara, en Israel, tenía 60.000 años. El hueso hioideo de este
fósil es idéntico en formato, tamaño, y posición al del Hombre moderno, y,
por tanto, el hombre de Neanderthal podía hablar tanto como el llamado Homo Sapiens.
(Cfr. O Estado de São Paulo, 28 / IV / 1989). Otro descubrimiento hecho
en las grutas de Shrinadar, en Persia, entre 1950 y 1980 por el Dr. Ralph
Solecki, de la Universidad de Colúmbia, indica que el hombre de Neandrethal
practicaba ya un culto a los muertos. Solecki encontró en Shrinadar siete
esqueletos neanderthalenses recubiertos de polvo, que examinado, reveló
poseer un gran porcentaje de polen de flores. Ahora, esto indicaba que el
hombre de Neanderthal comprendía el símbolo de la flor, y, si colocaba flores
sobre sus muertos, era porque creía que alguna cosa de ellos continuaba
existiendo inclusive después de la muerte y putrefacción de los cadáveres.
Por tanto, creían que había algo inmortal en el hombre, y que, de algún modo,
habría una vida después de la muerte. A respecto de eso, dice
Daniel Cohen: “El descubrimiento
de las flores mortuorias de Shrinadar vino reforzar un argumento hace mucho
tiempo expuesto por una minoría combativa de antropólogos y paleontólogos - que
el hombre de Neanderthal es un
antepasado directo y perfectamente digno del Hombre, y no una especie
de producto final de una evolución simiesca”. 1 -
El problema de la Evolución para la Fe En la Historia de la
Iglesia, siempre que aparece una herejía, surge, en seguida, una corriente
que pasa a defender una posición intermedia entre la ortodoxia y la herejía
condenada. Y, normalmente, es más peligrosa la “semi”-herejía que
la herejía primera rotundamente propuesta. Evidentemente, no existe una
“semi”- herejía. O una tesis
es ortodoxa o es herética. Pero la Iglesia, sabiamente siempre
distinguió, en la herejía y en el error, matices más o menos graves. Es con
la “semi”-herejía, con las afirmaciones veladas y tortuosas, con
las tesis sospechosas y con sabor de herejía que los herejes buscan, siempre
y astutamente, infiltrar sus doctrinas más heterodoxas. Por otro lado, así como
hay personas más comedidas y tendientes al equilibrio, hay otras que,
fingiendo combatir exageraciones y posiciones extremas, en verdad, están
siempre buscando acuerdos con el error y con el mal. Estas últimas son los
más peligrosos vehículos del error, pues su aparente moderación les da un
crédito que les facilita la introducción de errores velados. La herejía
oculta o velada es siempre la más peligrosa. Con la aparición de la
tesis herética de Darwin -- y herética
porque negadora de que hay un sólo Dios "creador de todas las cosas visibles e invisibles” -- luego surgieron
católicos que procuraron defender una conciliación entre el evolucionismo
darwinista y el catolicismo. Evidentemente, es preciso
distinguir entre aquellos que procuraban estudiar la cuestión, buscando
escoger lo que talvez pudiese haber de verdad científica en lo que decían los
evolucionistas y la doctrina católica.
Estos merecen loor, en cuanto procurando salvar a verdad, tenían en mira la
condenación clara y total de la herejía. Con todo, hubo otros que,
so pretexto de salvar la verdad, buscaban y buscan, de hecho, una aprobación
de la tesis errónea. Es este
“evolucionismo cristiano” -- el evolucionismo mitigado -- que
pretendemos criticar. La herejía que dio
acogida abierta al evolucionismo aplicado hasta mismo a la metafísica y a la
Teología fue el Modernismo, la herejía más sutil y camaleónica como jamás
hubo otra. El Modernismo defendió la tesis
de que la propia Divinidad evolucionaba, y, siendo así, todo ser
evolucionaba también. En consecuencia, la verdad sería constantemente mutable
y jamás podría afirmarse algo como estable. Por eso, los propios dogmas de la
Iglesia evolucionarían, en el tiempo. Todo entonces sería relativo e
inestable. Credo, Moral, Estética, verdad, bien y belleza, todo sería
mutable. Es sobre este relativismo metafísico que se construyó la Babel del
siglo XX, con su incertidumbre doctrinaria, su relativismo moral, sus
anti-arte, y mismo - después el Vaticano II -- su nueva Iglesia evolutiva,
humanista e inestable. En la base de todos estos
errores del siglo de Auschwitz y del Gulag está el evolucionismo darwinista. Recordemos entonces que: 1) Darwin lanzó su teoría
de la evolución de las especies como tesis comprobatoria del materialismo y
del ateísmo. Fue por eso que ele recibió la admiración y el apoyo de Karl
Marx. 2) Además de esto es
absolutamente necesario frisar que el evolucionismo es fruto de una
concepción metafísica de cuño gnóstico, pues que la tesis de que todo ser
evoluciona está en la esencia de la Gnosis, y exige una metafísica dialéctica
inconciliable con el catolicismo. 3) La herejía Modernista
- condenada por San Pío X en la encíclica Pascendi -- era gnóstica y, como
tal, tenía que defender una metafísica evolucionista que ella aplicaba ya sea
a la Divinidad, ya sea a los seres creados. 4) Condenado el
Modernismo, no desapareció. Por el contrario está hoy triunfante, ya sea en
los ambientes teológicos, ya sea en los boletines parroquiales, desde el
simple sacristán hasta en los documentos episcopales, desde las simples
beatas que repiten lo que dice el vicario como si fuese palabra infalible, hasta
en los documentos del Vaticano II, concilio pastoral, por tanto falible. Vimos, en los capítulos
anteriores de este trabajo, que el evolucionismo jamás fue comprobado
científicamente. En los medios científicos más idóneos, sufrió, y sufre aún
más hoy, después de los descubrimientos bioquímicos, contestaciones
contundentes. Paradójicamente, en los medios religiosos su prestigio creció.
Entre los científicos, el evolucionismo es tenido como tesis no comprobada y
hasta como bazofia. Desgraciadamente, en las filas del clero, es tenido por
muchos eclesiásticos casi como un dogma. Ciertos padres temen más atacar la
evolución que a la existencia del infierno. Un siglo después de la
muerte de Darwin, sus teorías continúan en el estado de hipótesis. Y de una
hipótesis sobre la cual cayó la deshonra de varias acciones fraudulentas.
Pero, si el evolucionismo materialista padece de tantas hipotecas y fraudes,
el evolucionismo mitigado hizo carrera. Y carrera eclesiástica. Embobados ante el
progreso científico, extasiados ante los avances de la técnica, y en el ansia
de conciliar la Iglesia con el mundo moderno - tesis condenada por el Syllabus de Pío IX --
muchos católicos procuraron armonizar Darwin y Moisés, el evolucionismo y el
creacionismo. Se inventó el evolucionismo mitigado, un darwinismo
“cristiano”. Para el evolucionismo
mitigado, la tesis central del darwinismo sería cierta: la evolución, de
hecho, existiría y estaría ya comprobada. Entretanto, ellos procuran bautizar
el darwinismo, afirmando que Dios habría ya creado el mundo bajo la ley de la evolución. En determinado momento de
la evolución, Dios habría tomado un animal y le habría infundido un alma
inmortal. De este modo, Darwin podría recibir el “Nihil Obstat” y
el “Imprimatur” episcopal e, inclusive, pontifício. El principal
“evolucionista cristiano” fue el Padre jesuita Pierre Teilhard de
Chardin, famoso por su participación en los fraudes del Hombre de Piltdown y
del Sinanthropus Erectus, como también por su sistema gnóstico - panteísta -
cristiano, enteramente afín con la herejía modernista. Otro importante defensor
del evolucionismo mitigado fue el famoso Cardenal Agustín Bea, también
jesuita, confesor de Pío XII, de quien fue muy amigo, y, después, uno de los
principales responsables por los errores ecuménicos del Vaticano II,
especialmente en los documentos sobre ecumenismo y sobre los judíos. Habría
sido el Cardenal Bea el inspirador de la encíclica “Divino Aflante
Spiritu”, de Pío XII, que entreabrió suave y silenciosamente las puertas
de la Iglesia a errores muy graves. Habría sido también el inspirador de Pío
XII en la redacción de la encíclica “Humani Generis”,
particularmente en la parte que trata de la evolución. En la “Humani
Generis” Pío XII hace restricciones a las tesis evolucionistas, especialmente
cuanto a las consecuencias que decorrerían de la aceptación del origen
simiesco del Hombre. En efecto, si el hombre
vino del macaco -- o de cualquier otro animal que fuese -- sería lógico
admitir que varios macacos habrían evolucionado hasta el estadio humano. De
este modo, los hombres no descenderían de una sola familia. Habrían existido
varias familias originales de las varias razas humanas. No habría existido el
monogenismo, sino un poligenismo. En consecuencia, la
tesis del pecado original de Adán y
que fue heredado por todos los hombres quedaría comprometida. Y, con el
poligenismo y la negación del pecado original, eran comprometidas la
Redención por Cristo, el Bautismo, la Iglesia y toda la revelación. Por eso,
Pío XII, en la Humani Generis, afirmó que el poligenismo de ningún modo
podría ser aceptado. Pío XII, inicialmente en
esa encíclica, tomó posición firme contra el evolucionismo al decir: “Hay efectivamente,
algunos que, admitiendo sin prudencia y discreción el sistema que llaman de
la evolución, que aún no está probado de modo indiscutible en el propio campo
de las ciencias naturales, pretenden extenderlo al origen de todas las cosas
, y audazmente sustentan la opinión monística y panteísta de un universo
sujeto a continua evolución; opinión que los fautores del comunismo aceptan
con fruición, para defender y propagar más eficazmente su materialismo
dialéctico, arrancando de las almas toda noción teísta. “Los delirios de semejante
evolución por los cuales se repudia todo lo que es absoluto, firme e
inmutable, abrirán camino para la nueva filosofía aberrante que, en
concurrencia con el “idealismo”, “inmanentismo” y
“pragmatismo”, recibió el nombre de
“existencialismo”, como quiere que, desdeñadas las esencias de
las cosas , sólo se preocupa con la existencia de cada una
singularmente.” Pío XII recuerda, después
que, muchos católicos pedían que la Iglesia tuviese lo más posible en cuenta
los nuevos descubrimientos de la Ciencia.
El Papa dice entonces que, cuando se tratase de verdaderos descubrimientos
científicos, ciertamente la Iglesia debe tenerlos en cuenta. Pero, cuando se
trata de meras hipótesis aún no comprobadas, se debe actuar con bastante
prudencia. “... el magisterio
de la Iglesia no prohíbe que, conforme al estado actual de las ciencias
humanas y de la sagrada Teología, se trate en las investigaciones y disputas
de los entendidos en uno y otro campo, de la doctrina del “evolucionismo” en cuanto
busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente - pues las
almas, nos manda sustentar la fe católica que son creadas inmediatamente por
Dios -- ; sin embargo, de manera que con la debida gravedad, moderación y
temperancia, se sopesen y examinen las razones de una y otra opinión, esto
es, de los que admiten y de los que niegan la evolución, y desde que todos
estén dispuestos a obedecer al juicio de la Iglesia, a quien Cristo encomendó
el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender
los dogmas de la Fe”. Estas palabras de
prudencia fueron dichas para un mundo impregnado de principios y de
mentalidad evolucionista y relativista. Fue como si alguien permitiese la
discusión, en un club en que hubiese muchos alcohólicos, de los posibles
beneficios del vino, ya que la Escritura dice “El vino alegra el
corazón del justo “. La posición asumida por
la Humani Generis, aun que habiendo condenado el poligenismo, abrió la puerta
para una quizá posible comprobación del evolucionismo por la Ciencia, y de
ahí su aceptación por la doctrina
católica. Pío XII constataba que,
ya en su tiempo, muchos pensadores católicos habían ultrapasado los limites
prudenciales de una simple discusión sobre la hipótesis evolucionista,
tratando del problema, como si fuese ya tesis
científicamente comprobada. El Papa lamentaba esa actitud imprudente,
pero recordaba a estos que el poligenismo no era admisible. “Pero, cuando se
trata de otra hipótesis, la del llamado
poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad.
Porque los fieles no pueden abrazar la sentencia de los que afirman que
después de Adán existieron en la tierra verdaderos hombres que no procedían
de aquel como del primer padre de todos por generación natural, lo que Adán
significa es una especie de multitud de primeros padres” (Pío XII,
Humani Generis, Denziger 2328). Son, pues, dos las tesis
consideradas inadmisibles por Pío XII: 1) que después de Adán no
todos los hombres descendieron de él, por generación natural; 2) que el nombre de Adán
designa una multitud de padres, y no apenas una sola persona humana. El texto, sin embargo, es
bastante sutil. Se debe admitir que
después de Adán todos los hombres descienden de él. ¿Y antes de Adán? ¡El texto de Pío XII deja
abierta la posibilidad de que hubiesen existido hombres antes de Adán!!! Y esta posibilidad
permitiría conciliar el evolucionismo con el catolicismo. Y fue por esta
brecha que los evolucionistas y modernistas se precipitaron, para invadir la
fortaleza católica. Y la invasión fue de tal porte, y de tal importancia que
Juan Pablo II, en el discurso que ya citamos a la Academia Pontificia de
Ciencias en octubre de 1996 admite que el evolucionismo dejó de ser hipótesis
para ser tesis científicamente demostrada, cuando para la ciencia más
“up to date” el evolucionismo darwiniano es
“BAZÓFIA”. El propio Cardenal Bea --
de tan triste memoria -- afirmó que el evolucionismo enfrenta obstáculos
intransponibles para conciliarse con los datos de la Escritura. Aún cuanto al
ORIGEN DEL cuerpo de Adán, dice el Cardenal Bea, sería posible haber una
tentativa de harmonización entre Evolucionismo y catolicismo. ¡El problema es
Eva! Porque la Sagrada
Escritura afirma que Eva fue sacada de Adán, y para el evolucionismo, ella
también tendría que haber tenido origen de un animal preexistente. Imposible
armonizar Escritura y evolución. ¡La Sagrada Escritura dice ”¡No!” al evolucionismo! Veamos entonces ahora,
sintéticamente, lo que se puede argumentar contra el evolucionismo mitigado. Evidentemente, todos los
argumentos de carácter metafísico que enfilamos contra el evolucionismo valen
también contra el evolucionismo y en su forma mitigada, modernistamente
cristiana. Y, en primer lugar, el principio de que de lo menos no puede
provenir lo más. Los evolucionistas
mitigados admiten que Dios habría creado la materia bajo la ley de la
evolución, y que, de la materia bruta hasta la célula, y de la célula hasta
el animal, habría existido, de hecho, evolución de lo menos para lo más.
Afirman aún que, en cierto momento de la evolución, Dios habría infundido un
alma racional en un animal ya existente. Ahora bien, si Dios
habría creado toda la naturaleza bajo la ley de la evolución, ¿para qué
precisaría haber intervenido El para crear el alma humana? ¿No sería el alma
racional, también, fruto de esa evolución? Y, para estos
evolucionistas, lo que dice la Escritura no sería obstáculo a su teoría,
porque, si se puede discutir, como dice Pío XII, el origen simiesco del
Hombre, a pesar de los datos de la Escritura, ¿por qué estos datos deberían
ser aceptados cuando se trata del alma humana? Dios creó el universo a
su imagen y semejanza . Todas las cosas visibles fueron hechas para reflejar
las cualidades invisibles de Dios. Es lo que enseña San Paulo en la Epístola
a los Romanos: “Porque las cualidades invisibles de Dios, después de la
creación, hacerse visibles, siendo comprendidas a través de las cosas
creadas" (Rom. I,20). Ahora bien, Dios es
inmutable, y su inmutabilidad tiene que ser reflejada por alguna cosa en las
cosas mutables criadas. Y una de las
cosas por las cuales se refleja la
inmutabilidad de Dios en las cosas mutables es a inmutabilidad de las formas
y de las especies. Dios hizo las cosas
accidentalmente mutables, con esencias o naturalezas inmutables. (Cfr.
Collin, Manual de filosofía Tomista, Gilli, Barcelona, 1950, n. 65, I vol, p.
107). El evolucionismo
mitigado, admitiendo la evolución apenas de la materia, no escapa de las
condenas hechas por la Iglesia contra o Relativismo y el Modernismo. Pues, si
hay evolución continúa de la materia, entonces es imposible formar-se idea
estable del que sea cualquier cosa. No se podría tener idea de lo que cada
cosa es. No existiría entonces verdad, adecuación de la idea del sujeto
conocedor al objeto conocido, porque tanto el objeto cuanto el sujeto
observador estarían en continuo cambio. No existiría la verdad. El
evolucionismo- mitigado o bruto - lleva al relativismo heracliano,
destruyendo toda la Criteriología católica, con desastrosas y heterodoxas
consecuencias teológicas. Es porque el
evolucionismo conduce lógicamente al materialismo y al relativismo que los
marxistas lo apoyan totalmente. El evolucionismo mitigado abre entonces las
puertas para a introducción del relativismo y del socialismo entre los católicos.
Además, fue lo que se registró en toda la conturbada Historia del siglo XX En el decreto
Lamentabili, el Papa San Pío X condenó las siguientes tesis como expresiones
de la herejía y de la mentalidad Modernista: “LVIII: La verdad
no es menos inmutable del que el hombre, puesto que evoluciona con él, en él
y por él”. “LXIV: El progreso
de las Ciencias exige que se reformen los conceptos de la doctrina cristiana sobre Dios, la creación, la
Revelación, la Persona del Verbo Encarnado y la Redención”. (Notese
que San Pío X condena la idea modernista de la revisión del concepto católico
sobre la creación, que los Modernistas deseaban conciliar con la
“Ciencia” evolucionista). Conviene recordar aún que
la doctrina de la inmutabilidad de las
esencias creadas se encuentra respaldada por el propio texto sagrado, ya que
en el Génesis se repite por diez veces que Dios creó las cosas “según su especie’, al decir
que cada planta y cada animal tenía frutos e hijotes “según su
especie” esto es, de acuerdo con su DNA. Por otro lado, es preciso
tener grandemente en cuenta que, en la Sagrada Escritura el verbo
“Bara” -- creó -- sólo es utilizado cuando el su sujeto es Dios,
y que ese verbo significa siempre el hacer de Dios. Bara significa siempre
que Dios hizo algo que transciende al orden natural, o que hizo algo nuevo.
(Cfr. Num. XVI, 30 y Jer. XXXI, 22). En el capítulo I del
Génesis, el verbo “Bara” es empleado para decir que Dios hizo
algo nuevo, que hizo algo de la nada, esto es, que Dios creó. Entonces,
cuando se lee, en ese capítulo I del Génesis, que Dios dice: “Hagamos
-- (Bara) -- el hombre a la nuestra imagen y semejanza " (Gen. I, 26),
se debe entender que Ele creó el hombre. Nótese aún que no está
dicho: “Hagamos el alma del Hombre”, y sí “Hagamos al hombre”.
Ahora bien, el hombre no es apenas el alma. Es también el cuerpo. Se debe
entonces entender que Dios creó el hombre - cuerpo y alma. Evidentemente, se debe recordar
que el texto sagrado dice expresamente que Dios hizo el cuerpo del Hombre del
limo de la tierra, esto es, que el cuerpo del Hombre no fue creado de la
nada, Pero que el Creador utilizó una materia creada precedentemente. Y el
evolucionismo mitigado pretende entonces que por “limo de la
tierra” se puede entender un animal ya existente. Esta interpretación es
bastante forzada, pues se hubiese Dios usado el cuerpo de un animal ya
existente para hacer del él el cuerpo del Hombre, lo normal seria haber dicho
eso mismo. ¿Para qué y por qué llamar al macaco de limo de la tierra? Afirmar
que “limo de la tierra” debe ser entendido como macaco el
primate, es apenas un “wishfull thinking" del evolucionismo
mitigado, sin cualquier base lógica o exegética. Además, el alma humana
debía ser infundida en un cuerpo material que le fuese proporcionado. El cuerpo
está para el alma, así como la materia está para la forma substancial.
Infundir un alma humana en un cuerpo de un primate seria tan incoherente como
por un programa sofisticadísimo de computador no primitivo modelo AT. O
programa no funcionaria, pues o “hardware" no seria proporcionado
a un más sofisticado “software”. O cerebro y el sistema nervoso
de ningún animal es suficiente para permitir o “funcionamiento”
de la alma humana. Luego, Dios no utilizó el cuerpo de ningún animal para
infundir en ella el alma humana racional. El cuerpo sirve el alma
captando, a través de los sentidos materiales, las informaciones necesarias
para que a potencia intelectiva de la alma abstraía o conocimiento racional.
Además de esto, el alma usa el cuerpo para expresar ideas y sentimientos.
Ora, todo órgano usado para ejercer una función tiene que ser proporcionado a
ella, a fin de que a función pueda ser
convenientemente ejercida por ele. Ningún cuerpo animal es proporcionado y
capaz de ser usado por el alma racional humana. Luego, Dios no infundió alma
humana en un animal ya existente, para crear el hombre. El hizo de la tierra
un cuerpo especialmente apto para recibir el alma racional. (Cfr. Santo
Tomás, Suma Teológica, I, q 76, a. 5). Por eso también es que
San Pablo enseñó: “Ni toda carne es la misma carne, mas una es
ciertamente la carne de los hombres, y otra la de los animales; una la de las
aves, y otra la de los peces" (I Cor. XV, 39). Si la carne de los
hombres no es la misma que la de los animales, esto significa que el cuerpo
de los hombres no es el mismo que el de los animales, y que, por tanto, Dios
no infundió el alma humana en un animal ya existente, para crear el hombre.
trina teológicamente común, sancionada
por un decreto de la Comisión Bíblica, que la narración del Génesis enseña la
formación inmediata del cuerpo de Adán, y, sobretodo, o de Eva, o que
descarta a producción del cuerpo humano por vía de evolución”. (E. Collin, Manual de
filosofía Tomista, Luis Gillii editor, Barcelona, 1950, vol I, n. 145, p.
208). Además, se Dios hubiese
utilizado un ser ya vivo, y en cuyo cuerpo habría infundido una racional, es
evidente que el hombre y este animal tendrían el mismo código genético, y
entonces sería posible un cruzamiento entre ellos. Ora, el macaco no tiene
código genético idéntico al del Hombre. Son dos especies diferentes, y, por
eso mismo, es imposible un cruzamiento entre ellos. Otra dificultad con que
se depara el evolucionismo mitigado es que la narración bíblico dice: “El Señor Dios
formó, pues, el hombre del barro de la tierra y inspiró en su rostro un soplo
de vida, y el hombre se hizo alma viviente" (Gen. II, 7). Póngase atención en que
el texto dice claramente que Dios inspiró en el rostro del Hombre “Un
soplo de vida, y el hombre se hizo alma viviente”. luego, el cuerpo
plasmado de barro no tenía vida. No era, pues, el cuerpo de un animal ya
existente. A menos que se quiera decir que Dios utilizó el cuerpo de un
macaco o primate ya muerto, lo que sería bien ilógico -- pues tendría que admitirse
la evolución de un cuerpo animal muerto para un cuerpo vivo y más perfecto
que el del animal -- y poco digno. Si Dios inspiró vida al
cuerpo que plasmara, ese cuerpo era inanimado y no muerto. Por eso la
Escritura dice que Dios hizo al hombre del limo de la tierra, esto es, de una
materia inorgánica y no muerta. Y si fuese legítimo dar a
la expresión “limo de la tierra” tal amplitud que podría ser
entendida como “animal ya existente”, ¿qué se debería entender,
-- y que restaría de la Fe --aplicandose la misma
amplitud al ángel de la anunciación, o al sentido de resurrección? Se llegaría lógica y
heréticamente dónde llegaron Loisy y Hans Kung. Este último afirmando que la
resurrección de Cristo fue el mayor fraude de la Historia. Si Dios hubiese actuado
como interpretan los evolucionistas mitigados, toda la narración de la
Escritura sobre la formación del cuerpo de Adán por Dios sería inútil y
engañadora. El nombre de Adán y la
palabra hebraica que significa tierra - adamá -- están evidentemente
relacionados. Si Dios hubiese hecho al hombre de un animal ya existente, el
uso del término adamá habría sido ilógico. Adán provino entonces de la tierra
y no de un animal ya existente. Como vimos, el
evolucionismo mitigado desemboca lógicamente en el poligenismo. Vimos también
que Pío XII condenó el poligenismo, como contrario a la Fe, en la encíclica
Humani Generis. “Ahora, no se ve,
de modo alguno, como estas afirmaciones [de los que admiten el poligenismo]
se puedan conciliar con lo que las fuentes de la revelación y las actas del
Magisterio de la Iglesia nos enseñan, acerca del pecado original, que
proviene de un pecado verdaderamente cometido individualmente por Adán, y
que, transmitido a todos por generación, es inherente a cada uno como
propio" (Cfr. Rom. V, 12-19; Concilio de Trento, Can. 1-4, Pío XII,
Humani Generis, n. 36). Por otro lado, si el
poligenismo fuese verdadero, no sólo el dogma del pecado original quedaba
destruido como demostró Pío XII, -- y con él toda la doctrina católica sobre
la Redención y el Redentor -- como también no se podría afirmar que los
hombres son todos hermanos. Lo que negaría el “dogma” de la
fraternidad universal masónica, así como todo el sentimentalismo humanitario.
Este es un argumento apenas “ad
haereticos”, pero que viene al pelo. Muchos se impresionan por
ciertas semejanzas accidentales entre el macaco y el hombre. Ora, hay otros
animales que tiene otras semejanzas accidentales con el Ser humano. Por
ejemplo, el papagayo “habla”; el delfín es capaz de aprendizaje
extraordinario; el elefante tiene una memoria muy grande. Estas semejanzas, así
como otras semejanzas que recuerdan virtudes o vicios humanos sólo muestran
que Dios hizo los animales representando simbólicamente virtudes o pecados de
los hombres, para que el hombre, considerando el comportamiento animal,
actuase mejor racionalmente. Por eso dice la Sagrada Escritura: “Repara
en la forma de ciertos animales, porque hasta su forma no indica en ellos
nada de bueno, porque la bendición de Dios se retiró de ellos después del
pecado" (Sab. XV, 19). Ahora, la figura del
macaco es una caricatura grotesca del Hombre pecador, del Hombre animalizado
y vuelto ridículo por sus pecados. Esta es la relación de semejanza entre los dos, y no la que existe entre
causa y efecto. Decir que el macaco es parecido con el hombre, y que, por
eso, debe ser su antepasado, es confundir la caricatura de alguien con su
causa eficiente segunda. El hombre fue creado por
Dios como rey de toda la creación: “Dominad sobre los peces del mar y las
aves del cielo, y sobre todos los animales que se mueven sobre la
tierra" (Gen. I, 28) ordenó Dios al hombre. Ahora, el término
”dominad” indica que Dios dio al hombre un señorío sobre los
animales, señorío que implica una trascendencia sobre ellos, inclusive el
macaco. Habiendo el hombre sido
hecho del limo de la tierra y de alma espiritual racional, él es un resumen de toda la creación, cosa que no
sería tan clara si Dios hubiese utilizado un cuerpo de animal para hacer de
él el cuerpo del Hombre. Si hubiese sido así, el hombre tendería a despreciar
a los seres inferiores al mundo animal. Cuando Cristo se encarnó,
El dignificó a toda la creación, porque en el hombre se sintetizaba todo el
universo creado, desde la materia bruta hasta el espíritu. La doctrina del evolucionismo mitigado trae graves
consecuencias con relación al origen de Eva y sus relaciones con la posición
de la Iglesia frente a Cristo. La primera pregunta a los
que defienden el evolucionismo mitigado es: “¿Y Eva? ¿Cómo surgió la
mujer? ¿habría sido también hecha de un animal ya existente? ¿no provino
entonces Eva del Hombre? y ¿cómo queda entonces la doctrina del pecado
original? pues si Eva no vino de Adán, tampoco todos los seres humanos
provienen de él. El texto de la Escritura
que narra la formación del cuerpo de Adán es leído por los evolucionistas mitigados como siendo un
relato puramente simbólico. Ellos tienen mucho más respeto humano en cuanto
al relato de la creación de Eva. ¿Como defender ante una asamblea de universitarios
ateos que Eva fue hecha de una materia sacada del costado de Adán? y luego el
respeto científicamente humano los lleva a ridicularizar la narración
bíblica, preguntando si el hombre tiene una costilla menos que la mujer. No. el Ser humano --
tanto el hombre cuanto la mujer - tiene doce costillas, así como Cristo tuvo
doce apóstoles, el año doce meses, y el día doce horas. Y uno de los
apóstoles traicionó a Cristo, así como Eva traicionó a Adán, llevándolo a
pecar. La Sagrada Escritura
cuenta que Adán puso el nombre conveniente a todos los animales (Cfr. Gen.
II, 20). En la Escritura, dar nombre significa expresar su esencia, y, al
mismo tiempo, expresar dominio sobre lo nombrado, porque sólo el señor de
algo puede nombrarlo. Adán dio nombre a los animales,
después que Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviese solo:
“No es bueno que el hombre este solo; hagámosle un adjutório semejante
a él" (Gen. II, 18). ¿Y por qué no era bueno
que el hombre estuviese solo? En primer lugar, porque
el hombre es un ser social al cual Dios dio lenguaje capaz de expresar sus
pensamientos. Si el hombre viviese solo, el lenguaje sería no sólo un don
inútil, sino prejudicial, porque tener pensamientos y no poder expresarlos, o
ser inútil expresarlos, sería más un peso que una ventaja. Además de eso, Dios hizo
el hombre sexuado, para poder generar. Y así como hiciera los animales macho
y hembra, así también debería hacer un ser humano femenino, a fin de que fuese posible la generación. Por eso
dice Dios que haría para el hombre un “adjutório semejante a él”,
y comenta Santo Tomás, que este adjutório sólo podría ser para la generación,
pues que, si fuese para trabajo, habría hecho otro hombre que le sería más
útil que la mujer, más débil físicamente. Dice el texto sagrado que
Dios hizo pasar delante de Adán a todos los animales, y añade: “ pero
no se encontraba para Adán un adjutório semejante a él" (Gen.II, 20).
Fue entonces que Adán nombró a todos los animales y no vio entre ellos
ninguno que le fuese semejante. Ni el macaco, aun que de código genético
aparentemente tan próximo. Y cuando Dios hizo a Eva
de una costilla de Adán éste, al verla exclamó: “He aquí, ahora el
hueso de mis huesos y la carne de mi carne" (Gen. II, 23) ¿Por qué
“ahora”? Porque, de esta vez, Adán veía que Eva le era semejante,
aun que no tuviese el examen de su código genético. Eva era carne de su
carne, hueso de sus huesos, esto es, tenía su misma naturaleza, su mismo
código genético. Y “ella era llamada
Virago, porque del varón fue sacada" (gen. II, 23). El texto del Génesis es
entonces bien explícito: Eva fue sacada de Adán. Fue hecha de su materia, y
no de un ser animal anterior y predecesor del Hombre. Y Pío XII repite esta
misma lección: “El auxilio dado por Dios al primer hombre procede del
Hombre y es carne de su carne, formada como compañera, que del Hombre recibe
su nombre, porque fue sacada del Hombre" (Pío XII, Alocución a la
Pontificia Academia de Ciencias, 30 / XI / 1941, Acta Apostolicae Sedis,
XXXIII, 506, apud D. Estevão Bettencourt, OSB, Ciencia y Fe, río de Janeiro,
1958, p. 105). El propio e insospechable
Cardenal Bea -- de triste, ecuménica y poco ortodoxa memoria -- ex Rector del
Pontifício Instituto Bíblico, escribió “ no se ve otra solución posible
bajo el punto de vista exegético y teológico sino afirmar que Eva fue formada
de una parte del cuerpo de Adán por especial intervención de Dios, y esto a
fin de que fuesen inmaculados mediante
tal proceder, algunas verdades religiosas fundamentales y de suma
importancia” (Agustin Bea, Questioni Bibliche, II, 52, apud D. Estevão
Bettencourt, op. cit. p. 104). La teoría de la evolución
contraría directamente el texto de la Sagrada Escritura. Y no se trata de
tener un sentido apenas literal de la Biblia, o de darle lo que los racionalistas
llaman de “interpretación fundamentalista”. Veamos, entonces, si el
sentido analógico del Génesis es favorable a la evolución. Al tratar del significado
del matrimonio cristiano y del sentido de la unión conyugal, San Pablo nos
enseña: “Este misterio [sacramento] es grande, mas lo digo en relación
a Cristo y a la Iglesia" (San Pablo, Ef. V, 32) ¿Por qué San Pablo dice
esto? La descripción de la
formación del cuerpo de Eva a partir de una materia retirada del costado de
Adán siempre fue tenida como una imagen profética no sólo de lo que ocurriría
con Cristo en el Calvario, como también de la relación de Cristo con la
Iglesia. Así:
En el caso de que la
narración de la Sagrada Escritura sobre la formación del cuerpo de Eva no
fuese histórica, toda la doctrina de
la Iglesia como cuerpo Místico de Cristo caería por tierra, con graves
consecuencias para la Fe, para el sacramento del matrimonio, así como para el
celibato sacerdotal. Además es interesante constatar que la substitución de
la doctrina de la Iglesia como cuerpo Místico de Cristo por la doctrina de la
Iglesia como pueblo de Dios en el Vaticano II, al abrir las puertas para el
ecumenismo, abrió también enorme brecha para una mayor facilidad en los
procesos de nulidad matrimonial -- que hoy equivalen casi a la aceptación práctica del divorcio -- tanto cuanto para
el abandono del celibato sacerdotal. Hace más de un siglo, se
ha procurado adaptar el texto revelado a fábulas y delirios pretendidamente
científicos. Michael Behe dirá a bazofias, que es como él llama la teoría
darwinista. Hoy, es la propia Ciencia
que desmiente esas bazofias, fábulas y delirios. São Paulo, Septiembre de
2.003 Orlando Fedeli Lea más (Portugués) en:
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