Historia de nuestra lengua

por el Profesor Otto Jespersen Copenhagen, 1912

(Original en Ido)

Según sus estatutos, la Delegación para la Adopción de una Lengua Auxiliar Internacional eligió en junio de 1907 al comité que debía decidir qué lengua artificial era la más conveniente para las comunicaciones internacionales.

El escrutinio fue controlado por el conocido general francés Sebert. En octubre del mismo año, el comité elegido se reunió en París, donde se celebraron hasta 18 largas y fatigosas reuniones. No todos los miembros acudieron; algunos hicieron uso del derecho que les daban los estatutos para enviar un suplente con plenos poderes. Los miembros asistentes tenían a las siguientes como lenguas maternas: francés, alemán, inglés, danés, italiano y polaco (ruso). Las ciencias estuvieron representadas por la lingüística, la astronomía, las matemáticas, la química, la medicina y la filosofía.

Se eligió como presidente honorario al astrónomo Förster, de Berlín, quien sin embargo no pudo participar sino en unas pocas reuniones. Como presidente se eligió al químico Ostwald (ganador del premio Nobel), de Leipzig. Como vicepresidentes se eligieron a dos profesores de lingüística: Baudouin de Courtenay, de San Petersburgo, y yo [Otto Jespersen]. Además de los dos lingüistas ya mencionados, participaron de las discusiones, con gran celo y persistencia, el Profesor Couturat de París, secretario del comité, el Rector Boirac (presidente del Lingva Komitato esperantista) de Dijon, a cuyo suplente, el Sr. Gaston Moch, se le permitió participar en las reuniones aunque estuviese presente el Sr. Boirac; el Sr. P. Hugon (representante de W. T. Stead) y el Profesor Peano, matemático de Turín. Las discusiones se realizaron casi todo el tiempo en francés. Sin embargo, algunas veces el Prof. Baudouin de Courtenay prefirió hablar en alemán, y unas pocas veces el Sr. Peano habló en su Latino sine flexione. Las discusiones sobre Parla, del Sr. Spitzer (véase abajo) se realizaron por entero en alemán, según su deseo. Los debates fueron dirigidos con suprema habilidad por el Sr. Ostwald, que era capaz de prevenir manifestaciones demasiado violentas de las pasiones, y que por su especial talento sintético filosófico tuvo una notable habilidad para aprehender los principios y las ideas más importantes, e impedir que los debates se desviaran por detalles nimios.

Ya antes de las reuniones en París se había hecho una importante labor. Los señores Couturat y Leau habían dado en su Histoire de la langue universalle de 1903, un resumen crítico de los sistemas de lenguas artificiales existentes hasta entonces. Esto fue suplementado en 1907 por Les nouvelles langues internationales. Recibimos muchísimos libros y folletos sobre todas las más importantes lenguas propuestas, además de muchas cartas de inventores, defensores y opositores. Las cartas dirigidas a la Delegación como tal y no a los miembros individuales del comité, fueron resumidas y analizadas por los secretarios en un folleto bastante largo escrito a máquina, que recibimos cerca de un mes antes del encuentro. El folleto también contenía un artículo crítico sobre la situación del problema por aquel tiempo, y se imprimió posteriormente bajo el título Conclusions du rapport. Durante el encuentro también llegaron cartas, como del eminente lingüista inglés Sweet, del Dr. Zamenhof, y del líder de los Neutralistas, Rosenberger, entre otros. Así que teníamos no poco material a considerar, aparte de varios sistemas aún inéditos que se nos presentaron a examen.

Se había invitado a los inventores de esos sistemas lingüísticos para que asistieran personalmente, o para que enviaran un representante a defender sus sistemas. La oferta fue aceptada por el Dr. Nicolas (Spokil), el Sr. Spitzer (Parla) y el Sr. Bollack (La Langue bleue); además, el Dr. Zamenhof se hizo representar por el Sr. de Beaufront, que durante muchos años había propagado el Esperanto, y casi como representante del Neutral había venido el Sr. Monseur, profesor de lingüística comparada en Bruselas, mas sus participaciones tuvieron menos el carácter de una defensa positiva del Neutral que el de una fiera y experta insistencia en las debilidades del Esperanto. De las discusiones con los que no participaban del comité, dos episodios merecen mención aparte: El Dr. Nicolas enfatizó como ventaja de su sistema fundado en principios a priori, el que estuviera construido sobre un sólido estudio de las leyes de la mnemotecnia y que por ello era bastante fácil de memorizar. Sin embargo, casi se ofendió cuando quise comenzar a examinarlo sobre su propio vocabulario, y me pareció que no podía recordar las palabras que él mismo había fabricado. El Sr. Bollack presentó en un muy elocuente discurso su Langue Bleue, para cuya propagación había sacrificado muchísimo dinero. Terminó declarando que aunque deseaba —por supuesto— que su lengua se adoptara, aceptaría el veredicto del comité de expertos, si le resultaba adverso. Cumplió fielmente esa promesa al ser ahora un eminente miembro de la organización Idista en París.

Durante las discusiones se vio pronto que ni un miembro del comité estaba dispuesto a aceptar una lengua apriorística que contuviera palabras seleccionadas arbitrariamente, sino que todos estaban a favor del uso más amplio posible de los elementos que ya fuesen internacionales en las lenguas naturales. La elección por lo tanto se restringió a lenguas del grupo cuyos representantes mejor conocidos eran el Esperanto, el Neutral, el Novilatin y el Universal, que pueden ser considerados en muchos aspectos como variedades de un mismo tipo lingüístico. Los dos primeros idiomas, siendo los mejor elaborados y planificados, finalmente jugaron el rol principal en el debate, y las ventajas de uno se compararon con las del otro. En favor del Neutral hablaba su alfabeto natural sin letras acentuadas, que tan sólo el Esperanto, entre las casi cien lenguas artificiales, se había atrevido a ofrecer al mundo; además de la selección más natural de palabras en muchos casos, especialmente los pronombres, en donde se había críticado fuertemente el mediocre sistema apriorístico y totalmente artificial del Esperanto. Por otro lado, en el Esperanto se había trabajado más para prevenir ambigüedades, se habían evitado las a menudo crudas y desagradables formas de las palabras en el Neutral; por medio de diferentes terminaciones para las diferentes partes de la oración se lograba que cualquiera que aprendiera por primera vez ese fácil sistema pudiese orientarse rápida y seguramente en la frase, de tal modo que resulta claramente inteligible; y estas vocales finales al mismo tiempo producen eufonía y facilitan la pronunciación a todas las múltiples naciones cuyos idiomas raras veces tienen consonantes al final de las palabras.

Se discutieron muy detalladamente los principios de internacionalidad de la selección de vocablos, sobre la formación de palabras (derivación) y sobre monosemia. Sobre lo primero se aprobó la idea que propuse en Tilskueren, 1905, que la internacionalidad no debe medirse según el número de lenguas en que las palabras se encuentren, sino según el número de hablantes que las conozcan. La discusión sobre derivación se preocupó especialmente en la disertación que el Sr. Couturat había publicado poco tiempo antes, Étude sur la dérivation en Esperanto. Sus principios fueron defendidos exitosamente por el Sr. Couturat contra el Sr. Boirac, que afirmaba la superioridad del principio de Zamenhof.

Durante las últimas reuniones el centro de las discusiones fue el proyecto anónimo Ido, que fue presentado por el Sr. Couturat en lugar de su creador. Ninguno de los miembros del comité sabía otra cosa sino que no se debía ni a Couturat, a Leau, ni a alguno de los miembros del comité mismo. Era una especie de Esperanto, el que se tomaban en cuenta las objeciones que ya desde muchas partes se habían hecho anteriormente a la lengua de Zamenhof, y así mostraba en muchos puntos el punto medio deseado entre el Esperanto y el Neutral. Por medio de un detallado examen del proyecto, no se aprobó, sin embargo, en todos sus particularidades, tanto en la gramática como en la selección de vocablos, y esa lengua (inédita) en consecuencia difiere en muchos aspectos de la que hoy se conoce bajo el nombre Ido. (Este hecho debe ser recordado, porque muchas de las objeciones dirigidas contra la gran mutabilidad de la lengua de la Delegación, se basan en la diferencia entre el proyecto y el idioma final, aunque evidentemente no es correcto traer a colación en el debate un bosquejo que jamás fue publicado).

Como se vio que era imposible discutir íntegramente y decidir sobre todos los innumerables detallitos, nos juntamos para elegir un subcomité menor dedicado a esa labor, y después de esto se adoptó unánimemente (y por lo tanto, contando también con los votos favorables de los esperantistas) la siguiente declaración: “Ninguna de las lenguas existentes se puede aceptar por entero y sin cambios. Sin embargo el Comité decide adoptar en principio al Esperanto por su relativa perfección y por el amplio y variado que ya se la ha dado, pero con la reserva de la ejecución de varios cambios necesarios por la “Commission permanente” (el subcomité mencionado más arriba) en el sentido indicado por la conclusión del reporte de los secretarios y por medio del proyecto Ido, y si es posible, mediante acuerdos con el comité lingüístico esperantista.

A los fines de colaborar con el comité esperantista, se decidió que provisoriamente no se publicaría ese veredicto. Por parte de un vocero competente, se nos habían dado buenas esperanzas de que el Lingva Komitato podría llegar fácilmente a acuerdo con nosotros sobre todo lo esencial, y nos separamos el 24 de octubre, confiados en que pronto se lograría una unión de todos los amigos de la idea de la lengua mundial, alrededor del Esperanto reformado.

Pero pronto se empezó a ver que en el mundillo de los esperantistas existían elementos mostrando gran enemistad hacia esta colaboración. El Dr. Zamenhof, que en varias ocasiones había declarado que se sometería si un comité científico cambiase su idioma incluso “hasta lo irreconocible”, el mismo Dr. Zamenhof, que en 1894 había propuestos cambios extremadamente radicales al Esperanto (muchos de los cuales concuerdan con aquellos que nosotros llevabos a cabo), el Dr. Zamenhof, que en dos ocasiones tan recientes como en 1906 propuso reformas que no fueron publicadas por los esperantistas (de ellas mencionaré -e en vez de -aù, abolición del final de plural -j: bona patró en vez de bonaj patroj, kom en vez de kiel, Anglio en vez de Anglujo, breva en vez de mallonga, mem en vez de malpli, sub en vez de malsupren); el Dr. Zamenhof, que incluso después de terminadas nuestras reuniones nos enviaba algunas pequeñas propuestas de reforma para su idioma; ese mismo Dr. Zamenhof ahora, de repente, en enero de 1908, rompió toda comunicación con nosotros, declarando que la Delegación “no existía” en absoluto para él, y que actualmente sostiene y mantiene el rígido esperanto original sin desechar ni uno de los defectos que los practicantes y los teóricos habían demostrado en concierto.

Las principales revistas esperantistas combatieron a la nueva lengua valiéndose en parte de un silencio sistemático sobre su verdadera naturaleza, evitando discutir cuestiones reales (las lingüísticas), y en parte por medio de una serie de ataques personales. (La revista esperantista danesa fue por largo tiempo una honorable excepción).

Los ataques personales se concentraron especialmente alrededor del Sr. L. de Beaufront, principalmente porque se supo que era el autor del proyecto anónimo Ido al mismo tiempo que representaba al Dr. Zamenhof ante el Comité. Aquí no quiero ni defender ni condenar los aspectos morales de su conducta; para mí y para los restantes miembros del Comité la cuestión puramente objetiva sobre las cualidades necesarias de la lengua a adoptar siempre fue la única decisiva, y el resultado final no podría haber sido otro en absoluto, incluso si el mismísimo Dr. Zamenhof hubiera asistido en persona ante nosotros. Todos conocíamos muy bien el Esperanto, que además estaba fuertemente representado en nuestras reuniones; entre otros, por el Rector Boirac, al que no se le puede imputar alguna parcialidad en contra del esperanto. Lamentablemente, no asistió ningún estenógrafo para transcribir todas nuestras discusiones en París. Si hubiera existido algún reporte oficial estenográfico, entonces, según mi firme opinión, la vasta mayoría de los ataques contra de Beaufront y contra el Comité entero se hubieran derrumbado en su inutilidad y hubieran quedado sin efecto. Entonces se habría visto que no debía temerse la publicación de nuestras discusiones, sino que fueron serias, sólidas y objetivas discusiones entre personas competentes, que no tenían otro objetivo que saber la verdad. Afortunadamente, también la gran mayoría de los miembros comité se erguían altos por encima de cualquier sospecha.

A menudo se dijo que sólo podíamos seleccionar entre los sistemas ya existentes, y que estaba fuera de nuestra competencia proponer o ejecutar cambios en ellas; pero a esto se puede responder que teníamos el derecho a ello con la aceptación indirecta de Zamenhof, cuando pidió insistentemente que no le hicieramos cambios importantes al Esperanto, y la directa de los partidarios del Neutral y de otros sistemas. Nadie se habría opuesto a nuestro derecho de adoptar el Neutral con la reserva de hacer muchos cambios que le hicieran aproximarse en alguna medida al Esperanto, y el resultado final habría sido exactamente el mismo que la nueva lengua. Si preferimos mencionar precisamente al Esperanto como la base adoptada en la forma a modificar, se hizo como un agradecido reconocimiento a los Esperantistas por su importante labor por dar a conocer y popularizar la idea misma de un idioma mundial, y no por ninguna otra causa.

Después de la ruptura, se trabajó con celo por perfeccionar los diccionarios y la gramática, que se publicaron en la primavera de 1908, los primeros con prefacios míos, que resumían el fundamento teórico de la lengua. Allí formulé por primera vez el principio que con aprobación se ha citado frecuentemente:

Casi al mismo tiempo, según una propuesta de Ostwald y con un programa aprobado por el y otros miembros del comité, se fundó la revista Progreso. En ella se discutía libremente y desde muchos puntos de vista, los principios y detalles de nuestra lengua, y pronto se vio que, en contra de lo que había sido más objetado por la mayoría de los críticos de muchos países, habían palabras y formas del Esperanto, que habíamos mantenido, algunas veces contra nuestros propios principios. Después de formarse la Unión de los amigos de la lengua internacional, sus miembros eligieron una Academia para decidir sobre las cuestiones lingüísticas discutidas en Progreso, y esa academia durante los pasados años mejoró muchos puntos de la lengua, de tal manera que ahora sólo queda por hacer una labor pequeñísima, si se excluye la selección de vocablos para conceptos especiales y técnicos. Muchos idistas de muchos países ayudaron a concebir una lengua que en casi todos los aspectos es verdaderamente excelente. Entre los más serios y dedicados colaboradores quiero mencionar a nuestro infatigable secretario y redactor L. Couturat en París, Paul de Jankó en Constantinopla y Birger Jönsson en Copenhagen. Es muy importante enfatizar que la actual lengua Ido no es el fruto de un sólo individuo, sino el epítome de los esfuerzos de muchos años y muchos hombres para producir una lengua tan fácil, clara y rica como era posible, una lengua que los científicos y practicantes pueden recomendar fielmente para usarse lo más ampliamente en todas las relaciones internacionales.

OTTO JESPERSEN
Gentofte, Köbenhavn, Danmark
Junio 1912


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