Flora y Vegetación

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La flora

El paisaje vegetal de Euskal Herria se presenta condicionado por diversos factores: las unidades medioambientales con características atlánticas en la zona marítima y el norte que van gradualmente cambiando a características mediterráneas según nos trasladamos hacia el interior y el sur; tales rasgos generales quedan modificados por las particularidades locales de cada área, es decir por variantes geográficas y micro-climáticas y tipos de suelos existentes; y por la acción humana pasada y presente que introduce transformaciones en la vegetación original.

Los bosques de frondosas y coníferas

En Euskal Herria predominan los bosques de frondosas y coníferas, siendo varias las especies autóctonas.  Entre las frondosas sobresalen dos: el haya, propia de los climas suaves creciendo en la mayoría de cadenas montañosas; y el roble, implantado en zonas más bajas y fértiles. Está muy extendido a través de varias especies como el roble común, albar, quejigo y rebollo. Otras frondosas son la encina, arce, olmo, aliso, fresno, abedul y chopo. Entre las coníferas tres son las más importantes: abeto, pino y tejo. El abeto es una bella pinácea destacando el abeto de los Pirineos. Los pinos autóctonos son básicamente cuatro: silvestre, marítimo, carrasco y pino de montaña o negro. El tejo es un árbol muy longevo, de los cuales quedan hoy pocos y dispersos ejemplares en puntos montañosos.

Área de vegetación con bosque atlántico

El bosque atlántico de frondosas caducifolias muestra tres de las especies que más abundaron en el pasado: roble, haya y castaño. Los robledales y castañares tienden a situarse en las altitudes medias y bajas, mientras que los hayedos predominan desde las altitudes medias hacia las altas. Otras especies del bosque atlántico son los fresnos, olmos, tilos, acebos (de hojas espinosas y brillantes y frutos rojizos), tejos, abedules (de atractiva corteza blanca), alisos y arces (hojas de bellas tonalidades en otoño).

A veces crecen formaciones mixtas de los citados árboles. En sus contornos y en los claros boscosos se van distribuyendo helechos comunes, muy extendidos por las faldas de las montañas, avellanos, saúcos, retamas de flores amarillas, espino blanco, sauces, trepadoras como la madreselva, madroños y rosáceas espinosas como los endrinos y zarzales. En las zonas en las que este bosque ha ido en regresión crecen brezos, brecinas y argomas.

Siendo más propia del área mediterránea, en algunos puntos del litoral marítimo se observan formaciones de encinas que, con otros arbustos y plantas, como el labiérnago, laurel, zarzaparrilla, hiedra y trepadoras, forman el encinar cantábrico. Flores comunes de la vertiente atlántica son el trébol, diente de león, la vistosa primavera, cardo sin tallo (conocida por eguzkilore o flor del sol), orquídea y anémona. En las zonas elevadas se extienden los pastizales de diente.

Área con bosque de transición

El bosque de transición, ubicada en la franja central de Euskal Herria entre el área atlántica y mediterránea, si bien comparte especies de las anteriores presentando distintas gradientes según las laderas de las montañas -las orientadas al norte tienden al bosque atlántico por la entrada de vientos húmedos-, se distingue por el quejigo o roble carrasqueño, roble pubescente y rebollo o marojo o roble tozo.

En el estrato arbustivo aparecen enebros y espinos. Además, hay que apuntar la presencia de hayedos y, en el oeste de Araba y noroeste de Nafarroa, pinares de pino albar. Esta vegetación de transición se muestra en la Llanada alavesa.

Área de vegetación con bosque mediterráneo

El bosque mediterráneo está presente en el sur de Euskal Herria, donde el clima es seco, caluroso en verano y frío en invierno. Las especies arbóreas más abundantes son la encina carrasca (de hoja perenne, bellotas verdes y extraordinaria madera), quejigo (roble enciniego) y pino carrasco clásico del área mediterránea. Las especies arbustivas son el enebro, coscoja (mata que forma espesos coscojares), boj, sabina, romero (arbusto aromático), madreselva, escambrón, lentisco y brezo.

Completan esta vegetación el tomillo (matojo aromático que brota en terrenos secos y pedregosos), retama, espliego (aromática apreciada), endrino, cantueso y violeta. Otras plantas y flores son las amapolas, orquídeas, cardos, espartales de albardín (en tierras áridas), especies de boragináceas, brezos, gayuba y madroño con sus rojos fruto asociado a carrascales y encinares.

En el sur de Nafarroa hay áreas áridas con vegetación esteparia. Por contra, en algunas zonas colindantes con los ríos hay áreas de bosque de ribera con choperas, alamedas, saucedas y olmedas. En torno a las lagunas y balsas salobres de la Ribera navarra crecen plantas adaptadas como juncos, carrizos y charas.

Área de vegetación de la media y alta montaña

En las cordilleras montañosas vascas aparece una vegetación característica de la media montaña de clima atlántico. Según las zonas, y dependiendo de las alturas, localizamos bosques de hayedos, abetos, pino albar o pino royo, pino negro de montaña, el arbustillo rododendro, gayuba y abedul, que se alternan con pastos de altura. El pino negro y el abeto, se muestran en todo su esplendor en las zonas altas pirenaicas. El estrato arbustivo se compone de arce, acebo, espinos.... y el estrato herbáceo de prímulas, verónicas, anémonas, lechetreznas y musgos.

En el área pirenaica se pueden ver numerosas plantas y flores  en muchos casos adaptadas al medio alpino, algunas de carácter endémico, otras brotando en los roquedos, entre ellas la conocida flor de nieve o Edel Weiss, orquídeas y liliáceas.

Vegetación de la costa cantábrica

Dentro de la vegetación atlántica hay que señalar la especificidad de las comunidades  vegetales costeras. Además de otros factores comunes  (alta concentración de sales, dirección de los vientos, acción humana...), presentan variedades según se trate de zonas con acantilados, playas y dunas arenosas con rías.

En los acantilados que se precipitan sobre la mar son comunes el culantrillo, helechos litorales, plantas gramíneas, lechetrezna, zanahoria silvestre, tamariz, alhelí y la planta de flores rosadas y endémica de la costa vasca Armeria euscadiensis. En la parte superior de los acantilados se extienden formaciones de brezo, argoma, zarzaparrilla, e hiedras, junto a las landas y bosque atlántico. En la costa baja la vegetación que crece en los bordes de las playas y en las dunas está adecuada a vivir en un medio de escasez con agua y humedad, alta salinidad, exposición constante al sol, falta de nutrientes y resistencia al viento y movimiento de arenas. En algunas dunas a esta vegetación se le superponen árboles, en su mayoría introducidos, como el pino marítimo y el alcornoque.

En los estuarios y marismas las especies están sometidas a las combinaciones de aguas dulces y saladas, alta sedimentación de las rías y efectos de las mareas. Sucesivamente, a modo de franjas a partir de las aguas, crecen algas y plantas de largos tallos que forman las denominadas "praderas", especies que son cubiertas por las pleamares, plumbagináceas, matas quenopodiáceas, juncos y carrizos.

Vegetación del litoral marítimo

Para concluir con la vegetación queda por comentar la desarrollada en el mismo litoral marítimo: las algas y los líquenes. La vegetación algal acuática es variada en especies, formas, tamaños y colores. Las algas macroscópicas más comunes del litoral cantábrico pertenecen a tres divisiones: algas verdes o clorófitos, son las más abundantes aquí; algas pardas o feófitos, en su mayoría marinas y tendentes a las aguas frías; y algas rojas o rodófitos, marinas pero más extendidas en mares cálidos.

La vegetación liquénica se muestra en las cortezas de los árboles, tierras y rocas. Los líquenes de la zona marítima aparecen en el límite entre la zona litoral (donde se dan las subidas y bajadas de las mareas) y la supralitoral (nivel al que no llegan las aguas a causa de las mareas, sólo por el oleaje y el viento), abundando los que dan una coloración negruzca a las rocas. En niveles superiores, aparecen una serie de líquenes que tintan las rocas de colores verdosos, amarillos anaranjados y parduzcos.

Situación forestal actual

En los territorios del País Vasco Sur cabe asegurar que la proporción de superficie forestal que disfrutan con respecto a la superficie total es la más alta del Estado español. Así, en la Comunidad Autónoma Vasca (Araba, Bizkaia y Gipuzkoa) hay 390.000 hectáreas de bosques, lo que supone el 54% de su territorio. En Nafarroa son 372.000 hectáreas, siendo un 36% de territorio boscoso, ocupando el tercer lugar en cuanto a porcentaje de arbolado en el conjunto de las Comunidades Autónomas (Catalunya con el 43% de superficie arbolada, está en segundo lugar).

La superficie forestal arbolada y las especies arbóreas dominantes son las siguientes. En Araba ocupan unas 143.000 hectáreas, de ellas 40.700 has. de coníferas (destaca el pino silvestre e insignis), y 102.700 has. de frondosas (robledal mediterráneo, haya y encina). Araba cuenta con un 47% de superficie arbolada. En Bizkaia son unas 128.200 has de bosques, en su mayoría coníferas con 93.000 has. (pino insignis) y 35.000 has. de frondosas (eucalipto, encina y haya). En Bizkaia la superficie arbolada representa el 58% del territorio. En Gipuzkoa la situación es más equilibrada, con 118.200 has. de bosques, repartidas en 72.500 has. de coníferas (predomina el pino insignis y en menor cuantía el alerce y el pino laricio), y 45.700 has. de frondosas (hayas y robledal atlántico). Gipuzkoa dispone del 59% de su territorio con superficie forestal. En Nafarroa el cuadro es bastante distinto con 103.000 has. de coníferas (pino silvestre, pino halepo y pino laricio) y 201.000 has. de frondosas (domina el haya y la encina), y otros bosques. La superficie arbolada de Nafarroa cubre el 36% del territorio.

Los hongos

Los hongos son plantas muy abundantes en Euskalherria, existiendo una gran afición a conocerlas y a recogerlas, actividad ligada al senderismo y al montañismo. Hay muchas formas de clasificarlas. Una de ellas es considerarlas de acuerdo al hábitat más propicio en que cada una de las especies se desarrolla. Aparecen en  primavera y verano, si bien la época en que más frecuentemente se encuentran es el otoño.

Asociadas a los bosques de caducifolias destacan: carbonera (urretxa, una de las setas más extendidas), palometa (el popular gibelurdin), cantarela o girola, pie rojo, boleto bronceado, hongo calabaza, boleto reticulado, pardilla (la pago xixa de los hayedos), platera, amanita de los césares u oronja y la lengua de vaca.

Propias de bosques de coníferas son: níscalo, rovellón, boleto anillado, hongo negro, hongo bayo, seta de ardilla, pié azul, capuchina y la seta de caballero. En los prados y landas crecen el champiñón silvestre, bola de nieve, parasol, senderuela (abundante en prados de montaña), seta de cardo, barbuda, colmenilla gris y seta de primavera (el perretxiku).

Entre los hongos peligrosos están la falsa gruseta (en robledales), Russula emetica y R. sardonia, níscalos falsos y los Boletus satanas y B. calopus. Aumentando el grado de peligrosidad está la matamoscas (Amanita muscaria de bosques de coníferas) y entre las mortales destacaremos la oronja verde (A. phalloides) y las A. verna y A. virosa

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