Filosofía en Chile


Visión Sintética

El PERÍODO COLONIAL


Con seguridad se puede decir que los indigenas que habitaron lo que hoy denominamos Chile no llegaron a desarrollar ningún sistema filosófico,sino sólo una cosmogonía y mitología.El comienzo del filosofar chileno,debemos buscarlo,en verdad,en los grupos de raigambre europea que fueron poblando poco a poco un país de pocos habitantes y de múltiples climas, dada su extensión geográfica. Aunque algunos elementos de la mentalidad indigena pueden haberse incorporado al ánimo de los primeros pensadores chilenos,lo cierto es que en ellos la inspiración predominante procede del pensamiento europeo-occidental. En los primeros tiempos está también la inspiración del cristianismo,el que en su afán evangelizador llega imponiendo su verdad al habitante indigena.Más aún,quienes primeros llegan a Chile trayendo algún elemento filosófico son justamente religiosos españoles en el marco de la enseñanza a sus novicios.Es decir,en Chile tienen acceso a la filosofía en los primeros siglos sólo quienes optan por el camino religioso. Tanto es así que sólo a mediados de 1700 los laicos chilenos pueden ingresar en la filosofía.Un impulso importante para el desarrollo de esta disciplina en Chile fue la inauguración,en 1738, de la Universidad de San Felipe,primera universidad chilena,la cual sólo comenzó a impartir cursos en 1758.Antes de ello sólo existía en Chile una filosofía administrada por el clero y funcional,por cierto,a la teología católica. Los primeros cursos de filosofía dados en el país,hacia el 1595,por tanto,fueron dictados por órdenes religiosas tales como la de Santo Domingo y la Jesuita.Su enseñanza se limitaba,sobre todo, a la escolástica y al sistema de Aristóteles,siendo prohíbidas otras líneas de pensamiento más a la altura de los tiempos (Descartes y otros modernos).Las obras filosóficas chilenas del tiempo colonial,por tanto,no van más allá de la de la filosofía aristotélica y de la escolástica amén de tener una finalidad fundamentalmente pedagógica.Ahora bien,el autor filosófico más importante de este primer período fue Ildefonso de Briseño,franciscano nacido en Santiago en 1587 y fallecido en 1669,quien escribió y publicó su obra más importante, en dos volúmenes,en España en 1642,en dónde reúne sus Controversias a las Sentencias de Juan Duns Scoto.Briseño ha sido considerado,además, como uno de los más relevantes expositores de la escuela escotista y una de las mentes filosóficas más poderosas de su tiempo en el Nuevo Mundo.

PERÍODO DE LA INDEPENDENCIA

A fines de 1700 comienza a penetrar en Chile el influjo de corrientes de pensamiento tales como la filosofía francesa y la filosofía de Platón.Destaca en este lapso ,de formación de la nueva república, la figura de Juan Egaña (1768-1836),quien trabaja en múltiples proyectos de gobierno,aportando bases filosóficas para la nueva nación que empezaba a modelarse.Juan Egaña es una figura de clara transición en el devenir de la filosofía chilena,la que poco a poco va enriqueciéndose con mayores conocimientos sobre la filosofía europea gracias a la llegada de profesores extranjeros y,a la vez,a los viajes de estudios de chilenos que se formarán filosóficamente en países con un nivel de pensamiento desarrollado.Es en este período en donde,además,se comienza a impartir filosofía en las instituciones educacionales públicas,que comienzan a enseñar materias tales como: Lógica,Cosmología,Filosofía del Derecho y Filosofía Política.A partir de 1842 se introduce en el desarrollo del filosofar chileno el pensamiento social y pragmático europeo así como unos años más tarde advienen los ideales románticos.Este período,además,tiene como protagonista principal a la figura de Andrés Bello (1781-1865),pensador nacido en Venezuela,pero que desarrolla lo más valioso de su obra en Chile,desde 1829 hasta su muerte.Andrés Bello fue el primer rector de la Universidad de Chile -fundada en 1842- y el autor de más de doscientos trabajos que van desde tratados,textos,ensayos y artículos hasta análisis críticos,poemas,obras de teatro e incluso el Código civil de Chile. Bello comenzó su formación filosófica en Venezuela y la completó en Inglaterra en donde se familiarizó con la filosofía del sentido común de Hamilton,con el utilitarismo de Bentham y el pensamiento de Thomas Reid.Es decir,Bello tuvo una formación bastante precaria,lo cual no le impidió llegar a ser el intelectual más destacado de la América de ese tiempo.Bello fue un maestro en la Gramática y en la Lógica,pero nunca alcanzó la Metafísica.Su obra filosófica más importante es "Filosofía del Entendimiento",editada en 1881,póstumamente. En estricta justicia,sin embargo,el filósofo chileno más sistemático y riguroso del siglo XIX fue Jenaro Abásolo (l833-1884),el cual publica su primer trabajo,"Dos palabras sobre América y su Porvenir,en 1861,el que propugna un camino original de una América que debe buscar su propio destino.Mucho más importante es su obra "Personnalité",publicada en Bruselas en 1877.La obra se divide en dos libros.El primero -denominado "La personalidad en sí o la filosofía"- analiza a Leibniz,Kant,Hegel y Spinoza,arribando consecuencialmente a la Ética y concluyendo con el tema de Dios,cuya existencia necesaria intenta establecer.El segundo libro -denominado "La personalidad social o los genios"- aborda de lleno el orden ético,concluyendo con la necesidad de establecer una especie de nación de toda la humanidad.Pero la obra capital de Abásolo es "La Personalidad política y la América del porvenir",la que fue publicada sólo póstumamente en Santiago en 1907. Abásolo fue un filósofo que si bien buscó establecer los fundamentos de una una cultura superior para una América unida, no por ello ignoró la Metafísica,la cual situó sobre las ciencias,incapaces -en su visión- de alcanzar el concepto de lo Eterno."Pensar y creer bajo el dictamen de los europeos es abdicar a nuestro destino.Ninguna Iglesia,ninguna Academia,ningún hombre del Viejo Mundo pueden ejercer sobre América ese alto ministerio de iniciarla en una creencia,o de someterla a un dogma;y,si es justo que nos asimilemos a las enseñanzas de la Europa,esa asimilación debe ser activa y selectiva,creadora y varonil, a fin de hacer esas enseñanzas adecuadas a nuestro genio nacional y a nuestra misión en el mundo" (Abásolo,La personalidad política y la América del porvenir,Ed.Universitaria,Santiago,1907). Las primeras expresiones del positivismo en Chile se sitúan alrededor de 1870.En tales años el alma nacional comienza a manifestar un interés científico,social y económico,acorde con la altura de los tiempos,buscando interpretar su realidad desde nuevas ópticas en orden a consolidar su identidad. El positivismo en Chile tuvo su espacio concreto con la fundación de la Academia de Bellas Letras por intelectuales, liderados por José Victorino Lastarria. En ella se reunieron los principales pensadores, historiadores y políticos de ese tiempo que comenzaron a conocer y comentar la obra de Comte. Sin embargo, en muchos de ellos si bien el positivismo fue un importante inspiración teórica, no fue recepcionado en forma ortodoxa sino que con una alteración que provenía de la adaptación a la realidad chilena.


Enlaces Filosóficos

En las próximas semanas, iré completando este artículo sobre la filosofía en Chile,desde sus inicios hasta la actualidad

Prof. Renato Alejandro Huerta. Autor de los libros: Metafísica de la Evolución Espiritual,Ed.Universitaria,Santiago,1995 y de Sabiduría del Amor: del Amor erótico al Amor Divino, Publicado por la Red Internacional del Libro, Santiago, 1999.


Opiniones y consultas, escribir a:

rhuertat@uc.cl

Sinópsis de la Filosofía en Chile por EL MERCURIO,Santiago de Chile, Domingo 5 de Septiembre de 1999.
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA EN CHILE

Re-Pensadores de una Tradición

La escolástica tardía durante la Colonia, el triunfo del positivismo en el siglo XIX y la irrupción de la mayoría de las corrientes filosóficas modernas durante esta centuria constituyen una evolución marcada por una lenta maduración espiritual e institucional.

Una historia de la filosofía chilena desde el nacimiento de la nación en el siglo XVI hasta mediados de este siglo supone aclarar antes que nada qué se entiende por "filosofía chilena". Sin entrar en disquisiciones muy eruditas se puede afirmar que la disciplina nacida en la Grecia antigua y desarrollada en Occidente a través de una tradición de autores que culminarían con Heidegger y Wittgenstein en este siglo ha tenido en Chile representantes que muy propiamente se los puede clasificar como re-pensadores de dicha tradición. En efecto, avanzado este siglo surgieron personalidades que se atrevieron a practicar una suerte de "química de la asimilación", según expresión del historiador Mario Góngora, que permitió zafarse, en parte, del pesado atavismo de absorción acrítica de las ideas filosóficas occidentales que se venían practicando en Chile desde el comienzo. Si nos abocamos a estas consideraciones y reservado el término filosofía a la tradición de pensamiento inaugurada por los presocráticos en el siglo VI antes de Cristo, la historia de la filosofía chilena sería entonces más bien una historia de las ideas filosóficas; es decir, una tradición de asimilación y replanteamiento más o menos original de dicha tradición.

Esta historia de las ideas filosóficas tuvo hasta las primeras décadas de este siglo un marcado acento jurídico, social, político, y su práctica estuvo condicionada por el debate político y cultural que exigía de los sectores en pugna un arsenal de argumentos de la más variada índole en defensa de sus intereses ideológicos. Dicho contexto es aplicable, aunque en un tono menor, a la asimilación de las ideas filosóficas que se produjo en Chile durante la Colonia. Durante los siglos XVII y XVIII hasta la Independencia la filosofía tuvo como domicilio casi exclusivo las órdenes religiosas, todas ellas dedicadas al estudio de la escolástica en sus diversas corrientes: la tomista, desarrollada por los dominicos; la escotista, expuesta por los franciscanos, y la suarista, enseñada por los jesuitas. Destaca en este sentido como aporte original, según el sacerdote historiador Walter Hanisch, el desarrollo de una "escolástica indiana", interesada por la condición humana del aborigen americano. La fundación de la Universidad de San Felipe y la expulsión de los jesuitas permitió el inicio de una paulatina laicización de la filosofía y la incorporación de las ideas propias de la filosofía moderna, especialmente de la Ilustración y el racionalismo francés. Pero sólo la consolidación de la independencia permite a partir de las primeras décadas del siglo XIX la entrada masiva de las filosofías modernas que culminará con el triunfo del positivismo. En tanto, el pensamiento filosófico tradicional, formado por la filosofía de Aristóteles y Tomás de Aquino, permanecerá como una constante en el devenir filosófico hasta la actualidad.

El siglo XIX

En el siglo XIX predominan ampliamente los autores franceses, sobre todo los representantes de la Filosofía de la Ilustración, tales como Voltaire, Condorcet, Diderot, Montesquieu, Rousseau, entre otros. Pero se difunden también, aunque en mucho menor medida, los ideologistas como Condillac y Destut de Tracy; espiritualistas como Cousin y Laromiguiere, y los tradicionalistas De Maistre, Bonald y Lamennais. Esta gran influencia de autores galos contribuye al "afrancesamiento" tan característico de la intelectualidad chilena de este siglo. Un clásico representante de este espíritu es Juan Egaña que, al igual que Voltaire, posee una "Quinta de las Delicias" y escribe unas "Cartas Pehuenches", emulando las "Cartas Persas" de Montesquieu. Una segunda corriente de influencia, de menor gravitación, la constituye el pensamiento inglés, sobre todo, el utilitarismo de Jeremias Bentham y John Stuart Mill; el empirismo de Locke, Berkeley y la Escuela Escocesa del "Sentido Común". Un representante acabado de esta segunda línea de influencia es Andrés Bello. Su obra "Filosofía del Entendimiento" ha sido calificada como una de las mejores sobre el tema en Hispanoamérica. El empirismo inglés, según algunos, habría servido de puente hacia el positivismo que es la doctrina filosófica predominante a fines de siglo y primeras décadas del siguiente. No hay que olvidar la presencia permanente de la corriente escolástica española y otros exponentes del pensamiento ibérico, tales como el tradicionalismo de Donoso Cortés, y el racionalismo de Jaime Balmes. Con todo, la impresión general de este pe-ríodo es de un cierto dilettantismo en la actividad filosófica, bajo el signo del eclecticismo y del sincretismo. El panorama comienza a madurar a fines del siglo XIX, a raíz de la influencia de algunas instituciones, en particular, la Universidad de Chile (1842), la Universidad Católica (1888) y el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile (1889). También ejerció influencia la Academia de las bellas letras fundado en 1873, núcleo importante de las ideas positivistas.
Lo curioso es, acaso, que toda esa turbulencia y agitación de ideas cuaje en el positivismo como escuela filosófica predominante, fenómeno que se repite en la mayor parte de Latinoamérica. El referido afrancesamiento de la clase alta chilena y el carácter instrumental y práctico que las ideas positivistas tenían para la acción social y política puede ser una clave que explique este fenómeno. Con todo, interesa destacar lo poco que influyeron en Chile los grandes sistemas filosóficos alemanes del siglo XVIII y poderosas personalidades filosóficas del siglo XIX.
El quehacer filosófico y la recepción de ideas se da en Hispanoamérica, al menos en esta etapa, de manera muy ligada a la lucha política y a los debates constitucionales y religiosos. Los pensadores del siglo XIX y los de los primeros decenios de este siglo importaron las ideas para incorporarlas de inmediato a la construcción del orden institucional, saltándose el intervalo de larga y profunda reflexión y asimilación necesario para que surja la auténtica filosofía. El desarrollo del debate no fue, por lo mismo, estrictamente académico, sino que se vincula estrechamente a las querellas en materias de educación, teología y política. Sus protagonistas no son, tampoco, filósofos en sentido estricto, sino más bien pertenecen a esa clase de "hombres públicos" que destacaron en todas las áreas del quehacer nacional. Por el bando "positivista", con importantes diferencias y matices, podemos mencionar, entre otros, a Valentín Letelier, José Victorino Lastarria, a Diego Barros Arana, a Miguel Luis Amunátegui y a los hermanos Lagarrigue Alessandri. Por el bando "católico tomista", Rafael Fernández Concha, Abdón Cifuentes y Joaquín Larraín Gandarillas.

Mayor pureza filosófica

Con la denominada "generación del 20" aparecen los primeros chilenos que dedicaron su vida a un ejercicio casi exclusivo de la actividad filosófica. Enrique Molina Garmendia (1871- 1964), Pedro León Loyola (1889-1978) y Osvaldo Lira (1904-1998) son los precursores más sobresalientes de un florecimiento que advino algunas décadas más tarde. Debe agradecérsele a ellos el haber abierto la filosofía hacia temas autores que la controversia entre el positivismo y el tomismo católico excluía. Aunque se les acusó de un "idealismo" o "espiritualismo" algo ingenuo, permitieron un progreso notable en lo que a libertad intelectual se refiere y ellos, con sus estilos diferentes, pugnaron por el restablecimiento de la enseñanza de la metafísica en Chile.
La generación siguiente, formada intelectualmente durante los años 1930 a 1945, es decisiva para el desenvolvimiento posterior de la filosofía chilena. Una buena parte de sus miembros fueron discípulos de Molina, Loyola o Lira, lo que establece una continuidad con aquéllos. Entre ellos debemos mencionar a Clarence Finlayson, Armando Roa, Gustavo Fernández del Río, Rafael Gandolfo, Luis López, Jaime Eyzaguirre, Juan de Dios Vial Larraín, Gastón Gómez Lasa, Félix Schwartzmann, Rafael Echeverría, Juan Gómez Millas, Manuel Atria, y el propio Mario Góngora, entre otros. Muchos de ellos se hallan vinculados por "grandes amistades" o, incluso, por nexos de parentesco. Según Armando Roa, Jorge Millas, intelectual de calidad y paralelo en edad a alguno de los citados, pertenece en cierta medida a la manera de pensar anterior, y es como la culminación de las ideas de la generación del 20. De esta generación, Mario Góngora señala como rasgo característico lo siguiente: "La escisión total respecto de la intelectualidad formada en el siglo XIX chileno, o incluso en las dos primera décadas del veinte, marcándose en cambio un conocimento más inmediato de los movimientos espirituales eu-ropeos, especialmente franceses y alemanes de comienzos de este siglo, y una nueva 'química de asimilación' de esos influjos".
La generación posterior, formada entre 1950 y 1965, con figuras destacadísimas, como Joaquín Barceló, Humberto Giannini, Roberto Torreti, Luis Oyarzún, Héctor Carvallo, Juan Antonio Widow, Juan Rivano, Jorge Eduardo Rivera, Oscar Velázquez, Alfonso Gómez-Lobo, Juan de Dios Vial Larraín, entre muchos otros, es heredera en gran medida del talante espiritual de la anterior.

Instituciones

La evolución institucional de la práctica de la filosofía cobra vigor sólo en la segunda mitad de este siglo. Con anterioridad, era un ejercicio social informal y sus cultores provenían de los más diversos oficios y profesiones. El interés y la actitud personales eran lo esencial y el intercambio de libros y comentarios en las tertulias de los salones, escritorios, librerías o diarios era fundamental. Según Joaquín Barceló, el cambio de los años 50 aproximadamente pasa por cuatro momentos importantes: uno, la creación de institutos y departamentos de filosofía en nuestras universidades. A partir de entonces, se otorgan grados académicos en filosofía. En segundo término, la fundación de la Sociedad Chilena de Filosofía en 1948. Luego, la aparición de publicaciones periódicas consagradas a la literatura filosófica: (Estudios, fundada y dirigida por Jaime Eyzaguirre; la Revista de Filosofía, del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile; Revista Dilemas, Revista Atenea de la U. de Concepción; el Anuario de Filosofía Jurídica y Social, editado por la sociedad del mismo nombre a partir de 1982; Philosophica, de la U. Católica de Valpa-raíso, entre otras). Por último, figura la realización de congresos de filosofía. En los últimos años, dicha institucionalización es complementada por la creación de numerosos centros privados de investigación y docencia, los que, sobre todo en el área de la filosofía política, han desarrollado una labor interesante. P.G.G. y D.S. *Los datos de la reseña de las ideas filosóficas en Chile hasta mediados de este siglo fueron tomados de los estudios de Roberto Escobar, Joaquín Barceló, Santiago Vidal, Walter Hanisch y Fernando Astorquiza, principalmente.

Artículo de EL MERCURIO de Santiago de Chile.

Inventario Filosófico

En la década de los cuarenta comenzó el proceso de profesionalización de la filosofía. Desde entonces el estudio de esta disciplina se ha radicado en departamentos e institutos de filosofía. A continuación presentamos una aproximación de lo que ocurre actualmente con las actividades filosóficas y sus principales figuras académicas.
En Chile puede decirse que la enseñanza universitaria de la filosofía comprende prácticamente todas las áreas y corrientes de pensamiento filosófico. Un espectro tan amplio que abarca desde los estudios de la filosofía antigua, pasando por el tomismo, la filosofía de Heidegger, el neoestructuralismo francés o la filosofía analítica.
Sin embargo, a pesar de que esta amplitud la consiguen las universidades en conjunto, éstas tienden a funcionar aisladamente como compartimentos estancos; se dice que no hay oportunidades de diálogo o de intercambio de ideas entre las universidades ni incluso al interior de ellas. A lo anterior se añade - para sellar más el aislamiento- que por lo general son muy poco tolerantes a la crítica.
Eduardo Sabrosky, doctor en filosofía e ingeniero matemático, señala que es necesario reinventar el lugar social del pensamiento. Propone que la reflexión filosófica se instale en los lugares insterticiales; a su juicio, es en las hibridaciones de lo que se ha entendido como filosofía pura donde se da una mayor riqueza o arrojo del pensar. Sabrosky se inclina por las formas desescolarizadas que Ivan Ilich propuso hace ya muchos años en su célebre libro "De-schooling Society". Según la mayoría de los entrevistados, como contrapartida al aislamiento institucional, existe una acentuada tendencia a que se produzcan vínculos interdisciplinarios o migraciones desde la filosofía hacia terrenos fronterizos con su quehacer tradicional. Tal como sucede con las ciencias, en que a partir de la influencia de filósofos analíticos como Wittgenstein o Freege se hace filosofía de las ciencias; o estética y teoría literaria a partir de Heidegger, Gadamer y el neoestructuralismo francés. Otro fenómeno que apunta en el mismo sentido es el que la reflexión filosófica penetre en sedes distintos a los institutos o departamentos de filosofía. Eso es lo que sucedió con el Departamento de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Exactas y Matemáticas de la Universidad de Chile, la Academia Imaginaria y lo que hoy hacen, entre otros, el poeta Vigilio Rodríguez, Pablo Oyarzún, Ernesto Rodríguez y Bruno Cuneo en el Instituto de Arte de la Universidad Católica de Valparaíso.
A pesar de todo lo anterior, el catálogo que presentamos a continuación está formado por los principales departamentos o institutos de filosofía del país, sedes de la profesionalización de ésta a partir de la década de los 40.
En la casa de Bello

La Universidad de Chile ofrece tres grados académicos: licenciatura, magister y doctorado con varias menciones (ética, filosofía política, metafísica, epistemología de las ciencias sociales). La escuela de postgrado de la Universidad de Chile es grande y concita bastante interés de parte de los alumnos. Actualmente tiene un convenio con la Universidad de San Juan de Argentina.
Los docentes más destacados son Juan de Dios Vial Larraín, Humberto Giannini - dos Premios Nacionales- , Roberto Torreti, Héctor Carvallo, Carlos Ruiz, Cristóbal Holzapfel, Eduardo Carrasco, Jorge Estrella, Pablo Oyarzún, Ana Escribar, Arturo Gaete Oscar Velazquez y Jorge Acevedo.
La publicación periódica de la Facultad es la "Revista de Filosofía", que este año cumple 50 años de circulación.
Aunque el Departamento de Filosofía ofrece asignaturas en todas las áreas y tendencias y especialistas que van desde la filosofía antigua a la contemporánea, destaca el análisis de la filosofía de Heidegger. Entre los maestros formadores, que introdujeron el estudio de este pensador alemán, se menciona a Alberto Wagner de Reina, diplomático peruano que estudió con el filósofo y tradujo la "Carta sobre el humanismo"; a Ernesto Grassi; Jorge Eduardo Rivera; al español Francisco Soler, discípulo de Zubiri, Marías y Ortega, que murió en 1982 - un año bastante funesto para la filosofía en Chile ya que también fallecieron Jorge Millas y Rafael Gandolfo, dos figuras fundacionales.
Otro profesor fundador de la Universidad de Chile fue Castor Narvarte que después de impartir varios años la cátedra de ética emigró al legendario Departamento de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. Dicho Centro de Estudios fue fundado en los '70 bajo la administración de Enrique D'Etigny y su primer director fue Roberto Torreti. Tuvo una época de gloria en la que congregó a profesores destacados y diversos intelectuales. En sus aulas se formaron como alumnos algunos de los que hoy son docentes destacados en universidades y centros de estudios. Enseñaron en él figuras míticas como Gerold Stahl, Patricio Marchant, Rafael Gandolfo, Enrique Lihn y Nicanor Parra. También ejercieron ahí profesores como Marcos García de la Huerta, Fernando Quintana y Renato Espoz. Hoy hacen clases, entre otros, Cecilia Sánchez y Eduardo Sabrosky.
Jorge Acevedo comentó que, a pesar de las críticas a la filosofía como institución o el que se considere a las organizaciones filosóficas universitarias como algo inauténtico, el departamento ha persistido, ninguna línea de investigación ha sido dejada atrás y aquellas que se establecieron en los cincuenta siguen vigentes. "Si se revisan los primeros números de la 'Revista de Filosofía' y se comparan con los últimos se puede seguir una línea de continuidad en cuanto a los autores, temas y estilo, lo que lejos de parecer un defecto de anquilosamiento es prueba de que a pesar de los avatares el núcleo se ha conservado", dijo Acevedo.
Entre los estudios de posgrado más requeridos por el alumnado está el magister en bioética, que la facultad de filosofía presta en conjunto con la de medicina y que en su primera fase fue apoyado por la Universidad Complutense de Madrid, particularmente el profesor Diego García. Otras tendencias que se ven de manera genérica son la Filosofía política, la Epistemología de las Ciencias sociales y la Etica, formas de filosofía aplicada que no implican abandonar el núcleo de la filosofía pura.

En la "Pontificia"

La Universidad Católica otorga el grado de licenciado en filosofía y un doctorado. Este tiene líneas de investigación que se orientan hacia la filosofía antigua o clásica, donde se destacan los docentes Juan de Dios Vial Larraín,Alfonso Gómez Lobo, Manuel Correia y Andrés Covarrubias. La segunda línea es la contemporánea, centrada especialmente en Wittgenstein, Heidegger y Zubiri. Aquí sobresalen Luis Flores,Eduardo Fermandois y Jorge Eduardo Rivera, cuya traducción de "Ser y Tiempo" ya es considerada por muchos como la principal en habla hispana. En el área de la estética, Pablo Oyarzún.
Además los alumnos mencionan los nombres de Mariano de la Maza, especialista en Hegel y Giannina Burlando en Filosofía Medieval. Fuera de la facultad en el Instituto de Ciencias Políticas, destaca Oscar Godoy Arcaya, en el área de la filosofía política. La Universidad Católica ha estructurado grupos de estudios en los que se reúnen personas con afinidades de intereses académicos para organizar congresos en los que se invita a destacados especialistas extranjeros. Ya se han hecho dos dedicados a Heidegger y la Escolástica y para este año se prepara uno sobre Hegel.

Desde Valparaíso

La Universidad de Valparaíso, a través de su Instituto de Estudios Humanísticos, está formado por los departamentos de Historia y Filosofía. El Departamento de Filosofía ofrece un grado académico de licenciatura y de pedagogía en filosofía, y un posgrado de magister con tres menciones. Tiene además un programa de diplomado en filosofía. El director del Instituto es Carlos Verdugo, especialista en epistemología. Otros profesores son Carlos Martel, especialista en filosofía griega y temas específicos de contemporánea; Francisco Sazo, en filosofía antigua; Jaime Villegas, en lógica; Miguel Orellana Benado, en filosofía analítica; Abel González, en ética; Miguel Acuña, en antigua y moderna; Fernando Zabala, en contemporánea; José Jara, en Filosofía contemporánea; Andrés Bobenrieth, especialista en lógica paraconsistente. En lógica está también Wilfredo Quezada.

En el campo de la filosofía jurídica el instituto tiene contacto con Agustín Squella, profesor de filosofía del derecho de la misma Universidad y Presidente de la Sociedad Chilena de Filosofía Jurídica y Social, la cual edita un anuario desde 1982.

Las investigaciones del departamento se orientan principalmente hacia la filosofía contemporánea, una de esas líneas es la que va de Hanah Arendt a Paul Ricoeur, pasando por Heidegger; otra es una que va de Nietzsche a Michael Foucault y por último una que se centra en la lógica o la filosofía analítica, en autores como William Orman Quine.

El departamento se formó a principios de los sesenta con maestros como Fernando Zabala, Sergio Vuskovic y José Jara, todos formados en la Universidad de Chile. Hasta hoy el departamento mantiene un contacto muy fluido con el ya mencionado maestro Héctor Carvallo, quien dicta allí un seminario de posgrado. Por su parte, la Universidad Católica de Valparaíso, a través de su Instituto de Filosofía (uno de los más antiguos del país), otorga los grados de licenciado en filosofía, y los posgrados de magister y doctorado. Desarrolla actualmente dos notorias líneas de investigación: una neotomista, representada por los profesores Juan Antonio Widow, Juan Carlos Ossandón y Mirko Scarica y otra que se ha formado a partir de Jorge Eduardo Rivera, que tiene una notoria incidencia de la filosofía de Heidegger y de Zubiri.
Otros profesores de esta Universidad son Hardy Neuman y Ricardo Espinoza, Renato Ochoa y Mauricio Schiavetti.
El de la Universidad de Valparaíso fue el primer programa de doctorado que hubo en Chile. El instituto tuvo su momento de gloria cuando reunía a Rafael Gandolfo, Luis López - los fundadores- , Jorge Eduardo Rivera y Juan Antonio Widow.
Una noticia lamentable es la desaparición de la revista "Philosophica", que después de 21 años de circulación dejará de publicarse.

Las privadas La Universidad de Arte y Ciencias Sociales (ARCIS), cuyo Departamento de Filosofía dirige William Thayer cuenta entre sus figuras más emblemáticas a Nelly Richard y Carlos Pérez, a través de quienes la Universidad tiene contacto con la "Revista de Crítica Cultural". Las tendencias que se señalan como determinantes son la del postestructuralismo francés, con pensadores como Foucault, Derrida, Gilles Deleuze y Félix Guattari y los ligados a la escuela de Frankfurt como Habermas y Appel. La Universidad tiene una gran actividad de publicaciones periódicas, entre las que destaca el proyecto de la revista "Infraganti".
A su vez, con un estilo ciertamente diverso al anterior, el Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes, dirigido por Jorge Peña, lleva cinco años de vida.
La metodolgía de trabajo procura combinar el estudio sistemático de las materias tradicionales o clásicas, Antropología, ética, filosofía de la naturaleza, con un tratamiento más cercano al texto: el programa comprende cada año sucesivamente la lectura de Platón, Aristótoles, Tomás de Aquino, Kant y Heidegger.
Se imparten un Diplomado de Fundamentación Filosófica destinado a profesionales y un doctorado que tiene convenio con la Universidad de Navarra. Dentro de los docentes más destacados de este instituto se encuentran el argentino Alejandro Vigo, que se especializa tanto en filosofía antigua como en contemporánea - ha dado cursos de doctorado sobre Husserl y Heidegger- , Patricio Moya y otros profesores visitantes como Fernando Mújica y Juan Arana. El Instituto pretende crear un centro de filosofía clásica en torno al profesor Alejandro Vigo, muy cercano a Roberto Torreti y Alfonso Gómez Lobo, profesor de filosofía antigua en Georgetown.
Por otro lado, la Universidad Nacional Andrés Bello, a pesar de no tener un departamento específico para la docencia de la filosofía, cuenta con un área destinada a la investigación filosófica y a coordinar la docencia de la filosofía en las diferentes carreras. Allí se desempeñan los profesores Gustavo Cataldo y José Gandolfo. En convenio con las editoriales Universitaria y Dolmen ha publicado importantes libros como el de Roberto Torreti, "El Paraíso de Cantor" y "Wittgenstein: Reorientación de la Filosofía", de Carla Cordua. De la destacada filósofa además se han publicado "Luces Oblicuas"; "Filosofía a Destiempo: seis Ensayos sobre Heidegger", esta vez por la Editorial Universidad Nacional Andrés Bello.
Por último, la Universidad Metropolitana de las Ciencias de la Educación. Este es un departamento de filosofía que, como otros, también conoció tiempos mejores. Hoy continúan trabajando ahí, entre otros, María del Solar, especialista en Nietzsche y en filosofía contemporánea; el reciente Premio Nacional Humberto Gianinni, Jaime Araos y Cristóbal Holzapfel.
Dos figuras muy activas y que se encuentran más bien desmarcadas de las instituciones académicas mencionadas son Eduardo Sabrosky y Martín Hopenhayn.

La enseñanza de la filosofía en Chile

Universidades que imparten la cátedra de filosofía, ya sea entregando los grados de licenciado o pedagogo. No se incluyen posgrados

Universidades estatales y particulares con aporte fiscal

- Universidad de Chile: Licenciatura en Filosofía.
- Pontificia Universidad Católica de Chile: Licenciatura en Filosofía.
- Universidad de Concepción: Pedagogía en Filosofía.
- Universidad Católica de Valparaíso: Licenciatura en Filosofía, conducente a Licenciatura en Filosofía o Pedagogía en Filosofía.
- Universidad de Santiago de Chile: Licenciatura en Educación en Filosofía.
- Universidad Católica del Norte. Sede Coquimbo: Pedagogía en Filosofía y Religión.
- Universidad de Valparaíso: Licenciatura en Filosofía.
- Universidad de La Serena: Pedagogía en Castellano y Filosofía.
- Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación: Licenciatura en Educación y Pedagogía en Filosofía.
- Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación: Pedagogía en Filosofía. Licenciatura en Filosofía.
- Universidad Católica del Maule: Pedagogía en Religión y Filosofía. Universidades Privadas
- Universidad Católica Raúl Silva Henríquez: Pedagogía en Filosofía.
- Universidad de Arte y Ciencias Sociales ( Arcis): Licenciatura en Filosofía.
- Universidad de los Andes: Licenciatura en Filosofía.
- Universidad Gabriela Mistral: Licenciatura en Filosofía
La información anterior proviene del Directorio de Instituciones de Educación Superior en Chile 1997. En el plan de Estudios de la Enseñanza Media la asignatura de Filosofía, aparece con carácter de optativa.

COmentario de LIBROS

Sócrates en Axiomas La necesidad de establecer un criterio de análisis lógico que permita fijar los principios éticos de Sócrates en axiomas, presenta el peligro de purificar aquello que es más estimulante del punto de vista del pensamiento filosófico.Sócrates en Axiomas La necesidad de establecer un criterio de análisis lógico que permita fijar los principios éticos de Sócrates en axiomas, presenta el peligro de purificar aquello que es más estimulante del punto de vista del pensamiento filosófico. Por Rodrigo Frías Urrea* "La Etica de Sócrates", de Alfonso Gómez-Lobo. Editorial Andrés Bello, Santiago, 1998, 245 páginas. La figura de Sócrates ha sido, desde siempre, una verdadera piedra de toque para quien se dedica a la filosofía. Parafraseando a Ortega y Gasset, podemos decir que el sonido que emita el alma de cada cual al tropezar con aquella figura revelará sus cualidades últimas, lo que puede dar de sí y lo que no. Nada tiene de extraño, por tanto, que a Sócrates los filósofos - y no sólo ellos- se hayan asomado una y otra vez, pues parece tratarse de un misterioso espejo en el que cada cual no ve reflejada sino su propia figura. De otro modo no es posible explicar, me parece, la enorme variedad de 'Sócrates' que ha habido a lo largo de la historia de la filosofía: desde Platón a Heidegger, pasando por Hegel, cada cual ha tenido el suyo. Es opinión común, sin embargo, que Platón es el lugar donde es necesario centrarse si queremos encontrar - además de ese curioso reflejo en el que cada filósofo se reproduce a sí mismo- , suficientes rastros como para armar una figura plausible del Sócrates histórico y su 'doctrina' ética. Que es precisamente lo que hace Gómez-Lobo en el libro que comentamos, que además de breves referencias a Aristóteles, centra su investigación acerca del lugar de Sócrates dentro de la historia de la ética griega, principalmente en tres diálogos platónicos de la primera etapa, a saber, la Apología, el Critón y el Gorgias. A la exégesis de estos escritos está dedicada gran parte del libro. La Etica de Sócrates, de Alfonso Gómez-Lobo es, por tanto, un libro de historia; más exactamente, de historia de la ética griega (cf. pág. 191), en la que la cuestión última que pretende dilucidarse - a partir del análisis de determinados textos filosóficos- es el lugar que ocupan Sócrates y su doctrina dentro de esa historia. Desde el punto de vista del sentido del libro, por tanto, es posible dividirlo en dos grandes secciones: en la primera, la más extensa, el autor se ocupa de precisar el contenido de la filosofía moral de Sócrates, sus principios o fundamentos (del tipo 'para todo ser humano es bueno ser un buen ser humano', principio 2, o 'no debe hacerse nada que sea malo o vergonzoso', principio 8), y en la segunda, se ocupa de la eternamente debatida cuestión del deslinde, al interior de los diálogos de Platón, entre lo socrático y lo platónico. Y la conclusión general a la que se llega es que en el Gorgias -escrito probablemente antes del primer viaje de Platón a Sicilia- comienza a resonar ya no sólo la voz de Sócrates, sino también la de Platón, quien por primera vez ofrece una fundamentación 'metafísica' para la ética, esto es, basada en el 'orden natural' o intrínseco de cada cosa en tanto que cosa. Fundamentación, en consecuencia, que ya no se restringe a un ámbito delimitado de la realidad, sino que es aplicable a la realidad en su totalidad. ¿De qué tipo era, entonces, la fundamentación que Sócrates ofrecía para su ética? A juicio de Gómez-Lobo, una de tipo lógica, en tanto Sócrates otorgaba "un gran valor a la consistencia lógica del conjunto de las proposiciones morales que un individuo cree que son verdaderas" (pág. 199). El criterio último de fundamentación moral en Sócrates es (en la interpretación de Gómez-Lobo) 'la consistencia lógica de las proposiciones'. Sócrates, por tanto, habría sido capaz de ofrecer los fundamentos a partir de los cuales se puede generar un sistema completo y lógicamente consistente de filosofía moral, sin necesidad de recurrir a ningún tipo de premisa metafísica. Y ello, a juicio del autor, posee el enorme interés de proveernos de algo en que los filósofos contemporáneos estarían profundamente interesados: "razones para comportarse en forma moralmente correcta" (pág. 202). El tránsito desde Sócrates a Platón sería, por tanto, el tránsito desde una fundamentación 'lógica' de la ética a una de carácter metafísico, según la cual 'algo es bueno si y sólo si posee el orden que le es propio' (principio 18). Es Platón, por tanto, quien verdaderamente está hablando en el Gorgias cuando Sócrates invoca, como fundamento de su ética, un argumento deductivo que parte de una premisa metafísica determinada por la noción de kósmos u orden interno de cada cosa (cf. pág. 196). Ahora bien, como esa fundamentación metafísica de la ética consiste - según se puede ver en el Gorgias, especialmente hacia el final- en ofrecer una fundamentación 'natural' para los puntos de partida de la ética, resulta que Platón, y no Sócrates, fue "el iniciador de la tradición de la ley natural en filosofía", es decir, del iusnaturalismo (págs. 170 y 194). El objetivo explícito del libro de Gómez-Lobo es el de "ofrecer una exposición clara y razonada de la ética atribuida a Sócrates en algunos de los primeros diálogos de Platón" (pág. 11), con el propósito último de responder a la cuestión del lugar de Sócrates (y Platón) dentro de la historia de la ética griega. La cuestión de fondo, en consecuencia, es una de carácter histórico, y la herramienta formal de la que se vale el autor es la lógica, lo que vendría a explicar su insistencia por axiomatizar los contenidos de la filosofía moral de Sócrates (véase la Lista de Principios, 18 en total, de las páginas 209-210). Sorprende, por lo mismo, que la conclusión a la que finalmente llega - Sócrates es un pensador 'lógico' y Platón el iniciador de la ética metafísica- sea prácticamente la misma que Aristóteles ofreció hace ya bastante tiempo. Con todo, acerca de lo que verdaderamente me interesa llamar la atención al posible lector de La Etica de Sócrates es otra cosa, que tiene que ver más bien con la manera o modo en que Gómez-Lobo aborda las cuestiones de las que se ocupa, que cabría calificar de histórico-lógico: histórico en tanto aborda genéticamente las cuestiones, lógico en tanto aspira a una axiomatización de los contenidos filosóficos. Ello, naturalmente, permite ofrecer una 'exposición clara y razonada' del asunto (lo que está muy bien); sin embargo, termina por diluir, me parece, la dimensión estrictamente filosófica del problema (lo que ya no me parece tan bien). O lo que es lo mismo, termina por diluir el problema en cuanto tal: Sócrates, después de la axiomatización a la que lo somete Gómez-Lobo, desaparece en tanto problema. En cierto sentido, para decirlo muy directamente, uno queda con la sensación de que el proceso de purificación formal al que es sometida la filosofía moral de Sócrates deja fuera, precisamente, lo más interesante y estimulante desde el punto de vista filosófico: la 'impureza' del pensamiento vivo, aquellos bordes o aristas de la reflexión que se resisten a toda axiomatización lógica. Quizás, se dirá, sea lo mejor tomar lo puro y desechar lo impuro. Quizás. Sólo habría que advertir, eso sí, que la notable persistencia de Sócrates a lo largo de la historia de Occidente habla más bien de una densidad que parece irreductible a cualquier axiomatización funcionalista (cf., pág. 202), por más legítima y necesaria que ésta sea. Todo esto no niega, naturalmente, los méritos intrínsecos de un libro como éste. Ante todo, su claridad expositiva, sus cuidadas notas y la muy actualizada bibliografía de la que se acompaña. Todo ello sumado al hecho de que, respecto de la primera edición (publicada en el Fondo de Cultura Económica), esta segunda está algo más concentrada (no se detiene, como en aquélla, en los testimonios de Aristófanes y Jenofonte sobre Sócrates) y trae, además, un breve apéndice acerca del problema del hedonismo en el Protágoras. Rodrigo Frías U. es filósofo, profesor de la Universidad Católica.


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