EN LA ASCENCION


 
Me quedaron las sombras
dormidas de verde.
  Por ti quedó el prado
sangrando en dondiego,
el moriviví hiriente
en la mano del campo
que hace penitencia
de mártir dulce.
   Dormido quedé en el néctar
del pico del pájaro
que llevaba en su voz
mi palabra silente,
coronada de espinas.
   Mimosa y púdica
la espera te aguarda.
  Por ti en la canción del aire
la túnica te agarra.

Francisco Feliciano Sánchez
De: Azogue, ©1982