TREINTA AÑOS DE LUCHA POR EL SOCIALISMO

 

 

 

TREINTA AÑOS DE LUCHA POR EL SOCIALISMO

 

Hace 30 años, el 19 de noviembre de 1973, un grupo de revolucionarios y revolucionarias pertenecientes a los Comités Pro Voto Nulo, encabezados por Jorge Rodríguez, fundamos la Liga Socialista.

Desde nuestra fundación señalamos con claridad que en Venezuela no existía el Partido de la clase obrera y que su construcción era la tarea principal que tenían por delante  en ese período histórico los revolucionarios. La combinación de las diferentes formas de lucha y organización asumida desde entonces por la Liga Socialista, fue la respuesta necesaria para deslindarse de las desviaciones foquistas y reformistas en las cuales se debatía el movimiento revolucionario de entonces. 

La larga marcha iniciada en ese momento aún no ha concluido, porque la construcción de un real partido revolucionario de los trabajadores y las trabajadoras sigue pendiente, aunque bajo condiciones históricas absolutamente distintas a la de los años 70.

En ese momento la naciente Liga Socialista debió orientar todas sus energías a enfrentar en la calle y con el pueblo el reordenamiento y modernización capitalista del Estado que trataba de imponer el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Era una exigencia que la crisis del capitalismo en los países centrales, que se iniciaba por aquellos años, imponía a las oligarquías y burguesías de los países dependientes, Venezuela entre ellos. El gobierno adeco de la época asumió esa tarea.

Nuestra organización con su Secretario General Fundador Jorge Rodríguez al frente, denunció las falsas nacionalizaciones del hierro y el petróleo como parte de la política imperialista para seguir sojuzgando a los trabajadores y trabajadoras y al pueblo venezolano. 

Esta estrategia del imperialismo y sus aliados criollos tenía como componente fundamental la represión a los sectores más combativos, a la cual la Liga Socialista enfrentó sin vacilaciones. No por casualidad contamos casi una decena de muertos y varios cientos de perseguidos, presos y torturados de nuestras filas en los años de diversos gobiernos del régimen puntofijista.

El vil asesinato en la tortura de nuestro camarada Jorge Rodríguez el 25 de julio de 1976  no fue circunstancial: para quebrar un proyecto apuntó a una de las mentes más lúcidas de una generación de luchadores jóvenes. Treinta años después podemos decir que no lo lograron.

 

LA LUCHA POR EL SOCIALISMO

AYER: DEFENDER  PRINCIPIOS 

La desaparición de la URSS y los Estados no capitalistas del este europeo fue un duro golpe para los explotados del mundo, y un momento de confusión para las fuerzas socialistas. Desde sus orígenes la LIGA SOCIALISTA había advertido que en aquellos países una casta privilegiada había usurpado a las masas el proceso revolucionario. En esa circunstancia la lucha ideológica por la defensa de los principios históricos del socialismo científico pasó a ser para los revolucionarios la última y obligada trinchera de resistencia a la ofensiva del gran capital trasnacional.

Vimos – particularmente en Europa – como  partidos obreros de masas y sindicatos, encontraron propicio el momento para cambiar sus programas y banderas, forjados con las primeras oleadas revolucionarias proletarias del siglo XX y en el heroísmo de la resistencia al fascismo. Al renegar definitivamente de las ideas socialistas consolidaban el camino iniciado por el eurocomunismo porque hacía largos años que habían abandonado de hecho toda idea de revolución social.

Tanto en aquellas latitudes europeas como en estas latinoamericanas partidos y  hombres que se decían socialistas, amoldaron sus prácticas políticas y sus conductas a la ideología que más convenía al capital, y que éste sembraba tanto desde los poderosos medios de comunicación como desde los medios intelectuales y académicos que en su mayoría renunciaron a cualquier pensamiento crítico.

Así, en tanto en el planeta se acrecentaron todo tipo de contradicciones económicas, sociales y culturales, entre clases y entre países, por la intensidad de la acción de expoliación y el alto grado de parasitismo desarrollado por el capital imperialista en su fase de trasnacionalización, se idiotizó a los pueblos con la engañosa idea de un “mundo unipolar”, presentado como una totalidad armoniosa bajo la tutela rectora de las leyes del mercado.

Tras el hecho cierto de la hegemonía indiscutible de la mayor superpotencia de la historia humana se pretendió que la consecuencia de la globalización de la economía obligaba inexorablemente a adaptarse a las exigencias de las políticas llamadas neoliberales. Fuerzas políticas y personajes que se presentaban como izquierdistas adoptaron estas posturas y proclamaron a los cuatro vientos que la única alternativa que tenían los explotados era renunciar a cualquier estrategia de confrontación con los supuestos vencedores de la historia.

Estas posturas de conciliación de clases, conocidas como “posibilistas”, sembraron confusión y desconcierto, particularmente entre numerosos militantes. Hasta aparecieron supuestos cientistas sociales que se dedicaron a justificarlas, “demostrando” que no eran más los trabajadores la fuerza social llamada a terminar con la explotación del hombre por el hombre o que con el desarrollo de la automatización en los procesos productivos la idea misma de explotación carecía de  sentido.

Alentados por el honroso ejemplo moral del pueblo y la dirección revolucionaria cubana, los  revolucionarios socialistas nos vimos obligados entonces a poner nuestros mayores esfuerzos en la defensa del arsenal de ideas forjadas por el proletariado internacional en más de ciento treinta años de heroica lucha por su emancipación social. Como revolucionarios aprendimos que la defensa de las armas es el primer principio para tener éxito en cualquier combate. Y la principal arma del socialismo son sus ideas. Sin  principios claros la política se convierte de instrumento de libertad de los oprimidos en un puente para el ascenso al poder de explotadores, oportunistas y aventureros

 

LA CRISIS DEL MUNDO ACTUAL

Ahora la realidad se impone y la verdad se abre paso. Es inocultable que la humanidad se debate en medio de contradicciones flagrantes: por un lado las crecientes posibilidades que ofrece el desarrollo científico y tecnológico para satisfacer las necesidades materiales y espirituales de millones de personas; por el otro, una dramática realidad que muestra un mundo con una constante expansión de la pobreza. Cuánto mayor riqueza se genera es cada vez más desigual la distribución social de la misma. Cuánto más se habla de un mundo global e interdependiente es cada vez mayor la brecha entre los países centrales del capitalismo y aquellos sometidos al saqueo creciente de sus riquezas y su trabajo.

La explicación de esta irracional situación hay que buscarla en los mecanismos propios del sistema: el mercado mundial está imposibilitado de absorber la cantidad de productos fabricados a los precios que necesitan los capitales para garantizar tasas de rentabilidad compatibles con la dura competencia intercapitalista. La actual guerra de precios entre las potencias industriales y sus disputas graves en el seno de la OMC son un reflejo de esa situación.

La creciente fusión de monopolios, en un proceso de acelerada centralización de los capitales, es un intento fracasado de lograr cierta racionalidad en el mercado dentro de la lógica capitalista de la ganancia. Sin embargo no ha hecho más que potenciar la sobreproducción de mercancías y la capacidad subutilizada de los grandes conglomerados productivos. Esto condujo una vez más al sistema económico imperante a una recesión, que se manifiesta, bajo distintas formas,  en los tres grandes centros del capitalismo mundial: EE.UU., la Unión Europea y Japón.

El predominio desde hace más de un cuarto de siglo de la forma más parasitaria del capital que es el llamado capital especulativo es sólo un mecanismo para amortiguar mediante el negocio bursátil y de bonos una persistente caída de la rentabilidad en el circuito natural del capitalismo, que es el de la producción. Esta es la esencia del llamado neoliberalismo.

Ya no es un secreto para nadie que el constante endeudamiento de los países pobres  es una imposición del capital imperialista trasnacional a los países dependientes ejecutada de la mano del FMI, con el objetivo de colocar a precios rentables una enorme masa dineraria que no encuentra ubicación en la expansión de las fuerzas productivas. La sobrevaluación financiera de bienes reales y la deflación de los precios no es en  su esencia, como se proclama, la forma más moderna del capitalismo sino una regresión a un pasado que lo acerca a la negra década de 1930.

Esta necesidad de los capitales transnacionales es la que permite comprender las presiones políticas, el chantaje y las amenazas que soportan en todos estos años los países dependientes para abrir sus mercados a la producción de los países centrales, endeudarse, envilecer sus monedas y entregar las materias primas que producen en las condiciones que conviene a esos grandes capitales.

Pero ni el predominio absoluto  del capitalismo en el plano de la economía, la política y la fuerza militar evitaron que la recesión se instalara en la economía mundial ni que las disputas interimperialistas se agravaran, ni que estallen los desequilibrios financieros, ni la expropiación  de miles de ahorristas de clase media por el gran capital mediante las crisis y los fraudes en las bolsas de valores.

La explosión y crisis de los distintos mercados bursátiles, particularmente desde 1997, es sólo un síntoma de la enfermedad que corroe el andamiaje estructural del sistema capitalista.

 

HOY: PREPARAR LA OFENSIVA

            Pero junto con las llamadas burbujas financieras también estallaron las burbujas ideológicas que durante más de década y media maniataron a las masas explotadas y a los pueblos atrás de las políticas pro-imperialistas. Ese período histórico se terminó y  ahora las voces que se alzan contra un sistema de injusticia, saqueo y opresión son multitudinarias.

Ya no son sólo los revolucionarios socialistas quienes piensan que el mundo en que vivimos ni es armonioso, ni sus desajustes son transitorios desequilibrios, ni es posible acabar con el hambre, el desempleo y la pobreza sin apuntar contra las causas profundas que las generan.

Surgen protestas masivas, en distintas regiones del mundo, en lo que se denomina movimiento antiglobalizador. Desde distintos sectores sociales, culturales, ideológicos y políticos, con distinta mirada y distinta visión sobre el futuro de la humanidad, millones de personas confluyen para expresar su rechazo a los efectos de las políticas impuestas por el capital financiero transnacional. En su gran mayoría no son socialistas, pero comprenden y sienten que el capitalismo les impide vivir con dignidad.

En América Latina el desarrollo de un claro sentimiento opuesto a las políticas del imperialismo está avanzando rápidamente. No pasa día sin que se tenga una expresión práctica de ese proceso.

La realidad de comienzos del siglo XXI ratifica el punto básico del programa originario de la LIGA SOCIALISTA: el mayor obstáculo para el desarrollo de la humanidad  y la convivencia es la supervivencia del sistema capitalista. Una verdad que empieza a ser asumida como propia por las grandes masas y lentamente se transformará en acción política.

 

DEMOCRACIA Y SOCIALISMO

POLITICA DEL IMPERIALISMO EN AMERICA LATINA

Durante todo estos años de reacción el imperialismo yanqui pretendió presentarse ante los pueblos, en especial los de nuestro continente, como defensor de los derechos humanos y garante y tutor de la democracia. Además de ocultar una larga historia de los gobiernos estadounidenses de complicidad con golpes de Estado, apoyo abierto a represivas dictaduras y patrocinio de crímenes políticos, esa política tenía una clara intencionalidad: abrir un cauce al creciente sentimiento democrático de nuestros pueblos sin perder el control sobre los destinos y el rumbo de nuestros países. En síntesis, imponer un sistema de democracias tuteladas, según la acertada expresión de un escritor uruguayo.

         En nuestro país esa política imperialista se impuso con éxito por largos cuarenta años y la encarnó el régimen del puntofijismo. En otros países hermanos los intentos fueron más azarosos. Por eso desde Washington siempre se ponía como modelo a seguir a las políticas desarrolladas por los sucesivos habitantes de Miraflores.

Pero así como el imperialismo no pudo evitar las crisis económicas pese a que tiene el control de puntos vitales del mercado mundial, tampoco pudo impedir que se desmoronen y entren en crisis las instituciones y los partidos políticos que en el pasado reciente fueron el instrumento de su estrategia en América Latina. Muchos de esos partidos que surgieron como expresiones genuinas de fuerzas sociales de sus países, hoy ya no existen o sobreviven como vacíos fragmentos de aparatos electorales alimentados desde las arcas del Estado y las multinacionales. Es el tributo que deben pagar sus direcciones por haberlos transformados en cómplices necesarios de las políticas neoliberales. 

         Ocurrió en nuestro país desde 1989 con AD, cuando el pueblo con el Caracazo consagró la ruptura. Desde entonces viene ocurriendo en casi todos los países del continente. El dramático ocaso del MNR boliviano, un partido que en 1952 lideró una de las revoluciones más radicales de América Latina, es el más reciente e ilustrativo ejemplo del destino al que conduce la alianza con el imperialismo. 

         La crisis de estas viejas fuerzas políticas genera dos fenómenos. Por una parte el imperialismo yanqui está perdiendo en forma ostensible el control directo sobre las fuerzas políticas en América Latina, aún de muchas que no se plantean ninguna transformación sustancial en sus países. 

La política de militarización que está desarrollando el imperialismo, uno de cuyos puntales es el llamado Plan Colombia, tiene su origen en la necesidad de mantener el control de la región con presión militar porque se ha deteriorado seriamente su capacidad de control político. Particularmente significativo es el reciente rechazo electoral del pueblo colombiano a los planes del empleado del imperialismo Alvaro Uribe Vélez. 

         La aparición de nuevas fuerzas de masas en el escenario político latinoamericano es también una resultante directa de la crisis de esos viejos partidos. Aunque la orientación con la que surgen esas fuerzas es de confrontación con la política del imperialismo, la crisis ideológica heredada del período que acaba de finalizar es una seria dificultad para que adopten claras definiciones programáticas de transformación política y social. 

LA REVOLUCION BOLIVARIANA AVANZA

         La Revolución Bolivariana que hoy vive nuestro país y protagoniza nuestro pueblo debe ser entendida como parte de este proceso general de reestructuración de fuerzas a escala continental. Si todas las miradas de los pueblos hermanos se dirigen hoy hacia Venezuela es porque en este período es nuestro pueblo el que ha dado el primer paso, anticipatorio del rumbo que buscan otros pueblos del continente, muchas veces sin encontrarlo.

         En ese camino nuestro pueblo ha superado con éxito dos grandes combates: el del 13 de abril del 2002 contra el golpe militar y el de diciembre-enero último contra el paro golpista de empresarios y burócratas sindicales. Como fue evidente que detrás de estos sectores estaba el largo brazo del gobierno de Bush, en menos de un año el Departamento de Estado sufrió un doble fracaso por dos veces: la derrota política por que no logró la salida del Presidente Chávez y la derrota ideológica porque una vez más se evidenció ante los pueblos que la profesión de fe democrática de los gobiernos yanquis tiene el limitado alcance de los intereses de sus multinacionales. 

         Pero también demolió la retórica de supuestos “progresistas” que se han dedicado a sembrar la moral de la resignación. La experiencia inédita en los últimos años de una Revolución que avanza vuelve a demostrar que un pueblo y un país pueden asumir con dignidad la decisión de transformar las estructuras políticas y sociales. 

Esto ubica al proceso bolivariano a la vanguardia de los pueblos del continente en la lucha contra el imperialismo. Por esa sencilla razón las fuerzas reaccionarias internas y externas tratarán de frenar la Revolución por todos los medios que las circunstancias políticas mundiales y continentales le permitan, incluida la agresión militar. 

 Estas experiencias exitosas deben ser una fuente de reflexión y de enseñanzas, tanto para nosotros como para los pueblos hermanos. En abril se demostró que sólo la unidad política de las grandes masas, unida a la fuerza militar, puede poner un freno a la política imperialista. La defensa de la Revolución fue exitosa  porque en los hechos esa unidad se expresó como una acción político militar de masas.

         La exigencia de consolidar y preservar la unidad lograda entre diferentes fuerzas sociales y políticas es el primer imperativo para avanzar en el programa revolucionario. Pero no se puede afianzar la unidad real de las masas sin profundizar la democracia. 

         Profundizar la democracia del pueblo significa en términos prácticos seguir avanzando con el proceso constituyente iniciado en 1999 y poner en funcionamiento los lineamientos de democracia participativa que marca la Constitución, con la construcción del Municipio bolivariano para concretar la participación del pueblo en el ejercicio del poder.

         Pero fortificar la unidad también exige estructurar el Frente Nacional como dirección estratégica de este proceso, una tarea aún pendiente a la que varias veces convocó el Presidente Chávez a las fuerzas bolivarianas. 

         La batalla ganada por la recuperación de PDVSA y la producción petrolera para el pueblo ha demostrado que esa unidad del pueblo y la fuerza militar necesita de la presencia de los trabajadores organizados para garantizar la vida productiva del país. Sin la decisión de los trabajadores petroleros de pasar por encima de las órdenes golpistas de muchos gerentes, asumir ellos las tareas complejas de un proceso de tecnología avanzada y poner desinteresadamente su trabajo al servicio del pueblo y de la Patria el golpe hubiese triunfado.

          Los trabajadores demostraron que pueden asumir la producción y lo hicieron con mayor eficiencia y menos costos que la industria dirigida por cuadros gerenciales educados por las multinacionales petroleras. Consolidar esa experiencia en una organización de los trabajadores preparada para asumir la producción, la gestión y la defensa del corazón económico del país, sin distinción de nóminas, pertenencias sindicales, partidistas o culturales es un paso decisivo para garantizar el avance del proceso revolucionario bolivariano. Y esos pasos ya comenzaron a darse.

         Pero también comenzaron a asumir la producción, en defensa de las fuentes productivas, trabajadores de la industria privada para oponerse a la maniobra empresaria de cerrar sus fábricas.

         En síntesis, que la gran tarea del momento es avanzar y profundizar la democracia en todos los ámbitos, pero especialmente en la toma de decisiones políticas del pueblo y en la toma de decisiones de los trabajadores en la esfera de la producción.

LAS FUERZAS SOCIALISTAS EN LA REVOLUCION BOLIVARIANA

         Sólo el pueblo podrá decidir hasta donde quiere llegar con la democracia.

         Los revolucionarios socialistas que integramos la LIGA SOCIALISTA estamos comprometidos por nuestro programa y nuestro pasado a luchar por el ejercicio más amplio posible de la democracia real del pueblo en cada período hasta lograr el más amplio ejercicio de la misma, lo cual significará la concreción de una democracia política directa por parte del pueblo, mediante las estructuras políticas que éste construya en el proceso histórico, la posibilidad que los productores directos de la riqueza sean quienes decidan que se produce, bajo que condiciones sociales se realiza la producción y como se distribuye en el pueblo el fruto del trabajo social , y la democratización de la educación y la cultura, para que este ejercicio del poder por el pueblo sea realizable.

         En este proceso histórico, los pasos que viene dando nuestro pueblo mediante la Revolución Bolivariana en construir la democracia demoliendo las viejas estructuras heredadas de la oligarquía, mejorando la distribución desigual de la riqueza, rompiendo las ataduras económicas con el capital financiero trasnacional y buscando un camino propio de desarrollo de las fuerzas productivas son la mayor conquista del pueblo desde la época de nuestra Independencia nacional. 

         Las fuerzas sociales que pueden concretar el objetivo estratégico de la LIGA SOCIALISTA en la lucha de treinta años por un Gobierno de los Trabajadores y el pueblo se han puesto en marcha con la Revolución Bolivariana.  Estamos seguros que nada las detendrá. Nosotros somos parte de esa fuerza y estamos en sus combates cotidianos. Sus éxitos y sus fracasos serán los nuestros.

         Por eso hacemos nuestra la parte final de una reciente declaración de trabajadores petroleros: “Somos incondicionales defensores del proceso Revolucionario Bolivariano que vive nuestro país y sabemos que el punto fundamental de unidad del pueblo contra el imperialismo es la dirección de este proceso por el Presidente Hugo Chávez Frías” 

         Estas ideas son un modesto aporte de la LIGA SOCIALISTA  en su aniversario para el debate entre todos los revolucionarios, y en particular con los innumerables camaradas socialistas que asumen este proceso, para fortificar la unidad programática de las fuerzas socialistas.

         Atrás de estas ideas está el sacrificio militante, la consecuencia de principios y también la sangre de todos los mártires caídos en la lucha, entre ellos Hugo Alexander Arzolay, Ricardo Acevedo, Enrique Rodríguez, Alexander Ferrer, José Aquino Carpio, Carlos Wilfredo García Silva y  Jorge Rodríguez, todos ellos militantes de la Liga Socialista y de las luchas populares. Estas ideas son parte de nuestro emocionado homenaje hacia ellos.

         Como siempre reafirmamos que los socialistas no peleamos por tener esferas de influencia ni cuotas de poder. Disputamos conciencias y corazones. No aspiramos a otro futuro que no sea el que conquistará nuestro pueblo, en particular los trabajadores y los sectores explotados.

                   Nuestras banderas tienen los años del histórico Manifiesto Comunista de 1848 y la juventud y vitalidad de las ideas y la acción de Ernesto Che Guevara. Por derecho de pensamiento, por consecuencia de militancia y por sangre derramada la LIGA SOCIALISTA después de treinta años las mantiene firme y bien en alto.

 

 

¡ PODER PARA EL PUEBLO!

 

¡ EL SOCIALISMO SE CONQUISTA PELEANDO!

 

Por el COMITÉ NACIONAL DE LA LIGA SOCIALISTA

 

Jesús Martinez –  Nora Castañeda – Eduardo Piñate –  Alonso Valdez –

Omar Guararima – Wilfredo Jiménez

 

Fernando Soto Rojas

Secretario General

 

 

Caracas, 19 de Noviembre de 2003

 

 

ligasocialista@yahoo.com

0414-3040657

 

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