Comunidad del Sur en Uruguay

45 Años de Vida Libertaria

Luis Roux
(Versión El Libertario)

El 20 de agosto de 1955 un grupo de seis estudiantes universitarios decidió pasar de las ideas a la acción. Abandonaron sus casas y alquilaron una casona en barrio Sur para vivir en comunidad. Esa misma noche uno de ellos planteó que se iba. Sin embargo la Comunidad del Sur, fundada en ese momento, mantiene intactos sus ideales libertarios. Hoy viven en una chacra de 13 hectáreas por camino Maldonado al kilómetro 16. Tienen una editorial, una granja ecológica y una estructura de edificios construidos por ellos mismos con barro, paja y madera. De los 15 integrantes actuales, solo uno, Ruben Prieto (69), estuvo en las reuniones del Grand Sportman que engendraron la idea de la comunidad. El vivió esos primeros diez años en el barrio Sur, la mudanza a una granja de tres hectáreas por la Cruz de Carrasco, la dictadura, el exilio, primero en Perú, después en Suecia, y la vuelta a Uruguay a refundar la comunidad. Los demás se engancharon por el camino. Laura (40) nació en aquella comunidad del barrio Sur, en tanto que Zaia (16), Erik (14) y Bruno (10) nacieron en Suecia, también en el seno de la comunidad. El más chico es Bruno (5) y los otros tienen entre 20 y 40 años. La diferencia más llamativa que tienen con respecto a los demás es que no creen en el concepto de familia. La educación de los niños, así como el resto de las tomas de decisión, son colectivas. El núcleo familiar se diferencia muy poco, apenas se nota. "Si un niño 'normal' tiene sed dice 'mamá'. en cambio los nuestros le dicen a algún adulto 'dame agua', pero si se lastiman los dos dicen 'mamá'", ilustra Ruben Prieto. Ahora son pocos, pero llegaron a ser 60 y entonces los niños vivía con sus padres hasta determinada edad, que variaba con los casos, pero que podía ser hasta los 8 años. A partir de entonces pasaba a convivir con los demás niños y adolescentes. La economía también es comunitaria. Haga lo que haga cada uno adquiere los bienes que necesita, financiados por el fondo común. Alguien, no siempre el mismo, se encarga de administrar el dinero, pero las decisiones económicas relevantes se toman en conjunto y surgen de las reuniones de los domingos de tarde. Nadie tiene nada en propiedad, más allá de la "propiedad de uso", que implica que "la radio es mía porque yo la escucho", según explica Silvana (31). Además del fondo común cada uno dispone de dinero para gastos personales, como tomar una cerveza o comprar cigarrillos. Este último ejemplo no vale ahora, porque nadie fuma. El monto para gastos personales varía de acuerdo a cómo esté la economía, pero nunca es demasiado. Si alguien llegara a ganar el 5 de Oro debería entregar el dinero a la comunidad, y además "estaría cometiendo una transgresión, porque habría pretendido enriquecerse, lo que no tiene sentido", aclara Ruben Prieto. Pero eso no pasa, porque no juegan al 5 de Oro. Tampoco miran televisión, a pesar de que tienen una, "pero se rompió hace dos meses y no la arreglamos". No hay apuro, porque los adultos, cuando no están trabajando en la chacra o en la editorial, prefieren leer, estudiar o discutir ideas, y los niños tienen una sala de juegos espectacular como para entretenerse, donde están desparramados juguetes, elementos para pintar e instrumentos musicales, además de una cancha de fútbol. Los niños suelen llevar a sus amigos a jugar a la chacra, y a los visitantes les encanta, según Silvana: Siempre tenemos problemas con los padres, porque los niños se quieren quedar a dormir o a vivir", exagera.

Cooperativas

La granja no solo les provee subsistencia sino que es didáctica. A ella concurren escuelas y colegios para aprender sobre métodos naturales de cultivar, sin uso de ningún producto químico para abonar o fertilizar. Otro tanto sucede con las casas de barro, madera y paja. El método de construcción está basado en los ranchos tradicionales de campaña y la ayuda de un arquitecto chileno y un constructor y un carpintero de obra alemanes. Tienen también una panadería, donde trabajan para vender, y ceden o alquilan las casas ecológicas para reuniones de organizaciones barriales o sociales, "pero no para un cumpleaños de 15", ilustra Silvana. La editorial tiene distintas colecciones. Los últimos títulos están referidos a la ecología. Utopía es una voz griega cuyo significado es "no hay tal lugar". Sin embargo hay un puñado de porfiados que aseguran que existe un lugar, llamado Comunidad del Sur, y que el 20 de agosto cumplirá sus primeros 45 años.

Otros Grupos

ISLA DE FLORES. Son ocho. Se juntaron hace tres años por varias razones: "Porque somos amigos y además porque nos sale más barato alquilar entre todos", según afirma Darwin Izmendi (26). Para entrar hay que ser presentado por uno de los integrantes. Comparten la vivienda pero no la economía. Cada uno tiene sus gastos. Por ahora están en Montevideo pero tienen la idea de ir a vivir a una chacra. No hay niños. El menor tiene 23 años y el mayor 35. Los intereses de los integrantes son diversos: una profesora de yoga, un estudiante de bioquímica, un trabajador social y un panadero conviven sin escándalo.

SUFIES. Este grupo de 60 personas se reúne para encarar diversas actividades pero no viven juntos, aunque Manuel Aguiar, uno de sus integrantes, no descarta que ésa sea la evolución natural del grupo. Realizan actividades de expresión corporal e interiorización y tiene en común una "búsqueda personal de la ecología". Su camino esta emparentado con el sufismo.

LA LUCERA. Es un grupo comunitario que prefiere permanecer fuera de la luz pública. Sus integrantes se reunieron y no lograron unanimidad sobre el tema de comentar sus costumbres. Crónica de una comunidad de porfiados orientales. La mayoría era de Bellas Artes. Cansados de estar contra prácticamente todo, decidieron abrir su propio camino. Encontraron la inspiración en un grupo cristiano alemán que había llegado a Uruguay huyendo del nazismo. "Era la sociedad de hermanos huteritas. Nos influyeron mucho desde el punto de vista práctico. Yo llegué a vivir tres meses con ellos. Tuvimos un intercambio muy interesante, a pesar de que discrepábamos diametralmente. Con ellos aprendimos a diferenciar el concepto de religiosidad del de institución religiosa.

"Ellos tenían una idea de trascendencia", anota Ruben Prieto, el único de los fundadores de la Comunidad del Sur que todavía continúa en el grupo. La primera casa que alquilaron en barrio Sur fue ocupada por estos transgresores desde 1955 a 1964. Lo primero que buscaron fue una forma propia de subsistir, "porque era inaceptable para nosotros 'ser empleados de'. En aquel momento no existía la preocupación de 'ser desempleado de'". Así nació la imprenta. La idea era tener una economía independiente, sin liderazgos institucionalizados, con una relación hombre-mujer totalmente igualitaria y con una participación comunitaria en la educación de los niños. Sin embargo "nunca dijimos que la comunidad era anarquista. Es como cuando navegás: mirás la Cruz del Sur pero no sos la Cruz del Sur". Llegó el momento en que pudieron comprar tres hectáreas cerca de La Cruz de Carrasco. y ahí estuvieron hasta 1975, "cuando ya nos había llevado presos varias veces a cada uno". Pasaron por Perú y llegaron a Suecia, donde mantuvieron la comunidad, e incluso llegaron a vivir en un edificio construido especialmente para ser habitado por comunidades. "Experimentaban con nosotros", afirma Prieto, pero admite que el edificio era cómodo y además editaban en español y el gobierno compraba de a mil ejemplares: "El rey de Suecia le regaló al de España una antología de poesía sueca traducida al español, editada por nosotros", en vez de meter bombas en los palacios los anarquistas hacíamos regalos para los reyes", se ríe Prieto. Volvieron de Suecia con máquinas, libros y dinero. Al llegar refundaron la comunidad basados en lo que Prieto llama "un pie salvaje", las comunidades que estaban dispersas en Montevideo. Compraron las 13 hectáreas que tienen actualmente. La ambición ahora es crear "una comunidad de comunidades", como había a fines de la década de 1960, cuando "teníamos el compromiso entre los grupos de la región que cualquiera que recibiera una herencia debía entregarla para proyectos internacionales".

El Pais, 2 de agosto de 2000

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