| "EL TESORO ENTERRADO" LA HERENCIA CULTURAL FEMENINA EN LA ARQUITECTURA POR MIMI LOBELL (*) En el verano de1984, recibí un sobre con material sobre Mujeres y Arquitectura de Pauline Fowler, quien había terminado su carrera de Arquitectura en la Universidad de Toronto. El material incluía proyectos de diseño que ella y otras mujeres habían realizado sobre un Edificio Cultural para Mujeres (1), un documento de investigación que había efectuado bajo la supervisión de George Baird, analizando las diferentes aproximaciones ideológicas al programa de Edificación y un artículo que ella había escrito, criticando el trabajo de Kenneth Frampton (2). Quedé impresionada con el brillante rigor intelectual del trabajo de Fowler, y los proyectos de diseño que eran ideológicamente estimulantes, desplegando un rico senti-do de la ironía y una investigación muy seria acerca de una inspiradora herencia femenina en la Arquitectura. Como el proyecto era para un Edificio Cultural para Mujeres y las diseñadoras eran mujeres, esperaba ver en el diseño algo acerca del arquetipo del principio femenino en la arquitectura, que forman un profundo reservorio psicológico de formas y significados, recogidos de épocas ancestrales de experiencia femenina, sensibilidades y caminos de conocimiento del mundo (3). Hubo culturas ancestrales cuya arquitectura fue vastamente generada desde este arquetipo, y en décadas recientes, las arqueólogas han venido excavando sus restos y trayendo a la luz más información acerca de ellos (4). Diez años después, cuando diferentes mujeres arquitectas de Nueva York comenzaron a planificar lo que luego se convertiría en la exhibición y el libro sobre “Mujeres en la Arquitectura Americana” (5), dos versiones muy diferentes habían aparecido. Un grupo deseaba mostrar que las mujeres pueden diseñar tan bien como los hombres. El otro grupo, que las mujeres tienen algo diferente para ofrecer. Esta es una división funda-mental en la teoría feminista. Pero yo creo que la gente está adoptando crecientemente la segunda actitud. Además, para asegurarnos que las mujeres podamos tener iguales oportunidades de éxito en “el mundo de los hombres”, necesitamos reconocer las diferencias entre hombres y mujeres. Necesitamos valorar lo que las mujeres tienen para ofrecer y permitir que las mujeres transformen este mundo, haciéndolo más equilibrado, más afirmador de la vida, psicológicamente más rico y completamente humano. Para lograrlo, sin embargo, las mujeres debemos estar disponibles para ganar fuerza y visión desde un bien desarrollado reservorio interior, que es la herencia cultural de la mujer, el cual es a la vez arquetípico e histórico, mítico y psicológico. Las mujeres diseñando el Edificio Cultural de la Mujer, desplegaron un extenso rango de tópicos teóricos, y ellas claramente aspiraban a expresar algo únicamente femenino. Aunque ellas no tocaron este reservorio interior, ingeniosamente buscaron otras fuentes de inspiración: algunas diseñadoras reaccionaron abiertamente sobre la arquitectura masculina (el proyecto de Fowler, por ejemplo, fue una excelente deconstrucción y reforma del tradicional club de hombres); una o dos se enfocaron en jardines tanto como en edificios para inspiración; otras lo hicieron desde una libre “tabula rasa”; y otras presentaron un montaje de imágenes más que el diseño de un edificio. Algunos diseños incorporaron cocinas, lavaderos, e instalaciones de diario, como evocaciones de una “cultura femenina”. Las mujeres podían haber enfatizado estas instalaciones domésticas como una ironía para el presente o como un significado simbólico (los hornos, por ejemplo, sugieren la mágica réplica de los más altos poderes alquímicos de la mujer: el útero), pero me temo que estas mujeres habían hecho esto principalmente porque no habían tenido acceso al extenso cuerpo de sitios sagrados femeninos, edificios y trabajos de arte que les habrían permitido el acceso al rico reservorio de la imaginería femenina arquetípica en la Arquitectura. Alison McKenzie, diseñadora de uno de los proyectos de jardines, resumió el problema: "Careciendo de una mitología visible, la cultura de la mujer carece por consiguiente de un lenguaje simbólico."6 Este empobrecimiento cultural de las mujeres puede, en parte, ser trazado hacia el modo en que la Historia de la Arquitectura es enseñada. La mayoría de los académicos en Arquitectura, tanto como en Arte e Historia, ignoran el extenso cuerpo de datos arqueológicos que se ha vuelto disponible en los últimos cuarenta años. Perpetuando la presunción del siglo XIX acerca de que la Historia comenzó con las “altas” civilizaciones de Egipto, la Mesopotamia y Grecia, ellos transmiten la impresión de que nada digno de mención fue construido por las culturas que precedieron a la dominación masculina, jérarquica y belicista del mundo antiguo (7). Ellos virtualmente ignoran las culturas del Paleolítico y del Neolítico, cuyo Arte y Arquitectura abundan en imágenes femeninas, y las cuales también han inventado la arquitectura y el urbanismo. Este aspecto descuidado de la Historia (llamado, Pre-Historia) constituye lo que nosotros llamamos un "tesoro enterrado" de la antigua herencia femenina en la Arquitectura. La réplica que remití a Pauline Fowler abocetando esta observación fue la génesis de este ensayo. Ir a página siguiente. (*) Mimi Lobell es arquitecta y colaboró con Cristina Biaggi en el proyecto "The Goddess Mound". |
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