| LA SUMA SACERDOTISA "La Autoridad Espiritual" Por Ethel Morgan |
||||||
![]() |
||||||
| Palabras clave: Gestación Sagrada; Vaso de Transformación; Saber desde adentro; los Misterios Cíclicos. En la versión más conocida, la Suma Sacerdotisa aparece sentada en un templo, con los ojos abiertos pero atendiendo intensamente a su propio interior. La rodean símbolos de la Luna y sugerencias de agua fluyente y un clima de callada dignidad invulnerable. En el otro extremo de las versiones de la carta, Vicki noble ha preferido en Madrepaz a una sacerdotisa zulú, intensamente corpórea, que ofrece al mundo los misterios de su genitalidad como entrada a las dimensiones metafísicas Sobre el Árbol cabalístico, esta carta se ubica en un sendero de suprema aspiración, que se lanza como flecha hacia el nivel más alto de la experiencia espiritual o, en el otro sentido, desciende hacia el mundo denso trayendo consigo la sabiduría divina. La Sacerdotisa está actuando a la vez: a) como canal de esa sabiduría y b) como ámbito cerrado donde se gesta lo que la voluntad de la deidad creadora determina para el mundo. oo00O0O00oo Tras el Comienzo es la Gestación. No puedes crear nada con tu voluntad, si no te consideras un Canal apto para el descenso a la materia de los propósitos del espíritu. Esta noción de su alta dignidad de gestadoras ha sido olvidada totalmente por las mujeres modernas, que tras cinco mil años de adoctrinamiento ya consideran parte del orden natural la subordinación de lo femenino ante el varón. Y este a su vez ha sido convencido de su superioridad frente a una feminidad tachada de “imperfecta”, pasiva, indefinida, corporal y demasiado vinculada a la materia. Hoy, la supuesta “liberación” de las mujeres parece haber corregido estas falacias. Pero solo nos basta contemplar a la Sacerdotisa para empezar a sospechar cuánto separa a la suprema dignidad de la mujer de las preocupaciones, frustraciones, obsesiones y humillaciones cotidianas de las mujeres de hoy. Aceptar nuestra feminidad como sagrado canal de los misterios del espíritu y como clave necesaria para que subsista el universo, implica recobrar nuestra autoestima más profunda y entender que, ante todo, somos capaces de ejercer autoridad espiritual. oo00O0O00oo 1- Aceptar la Autoridad. 2- Valorar la Gestación. 3- Defender la Dignidad. La condición actual de las mujeres, en una cultura que ignora o menosprecia sus capacidades más auténticas, exige revisiones muy profundas que apenas se perciben entre el ruido de las reivindicaciones sociológicas y el ansia por romper con restricciones del pasado. Muchas mujeres de hoy, supuestas triunfadoras liberadas (esas mujeres exitosas que Silvia Brinton Perera denomina “las hijas del patriarcado”) están seguras de haber roto las cadenas y haber florecido en plenitud, por más que vagas inquietudes angustiosas les sugieran que el éxito es ficticio. Nada esencial se ha conseguido todavía. Por otra parte, las tres tareas de más arriba definen un temenos, un ámbito sagrado donde lo femenino puede desplegarse sin distorsiones ni temores; un escudo invisible triangular dentro del cual la mujer puede crecer y transformarse, nutrida desde adentro y sin peligro de que “lo Femenino” le sea usurpado, arrebatado o disminuido por trucos del lenguaje o la semántica. Si has de madurar como mujer, has de aprender a resguardar tus cualidades importantes: 1. Aceptar la Autoridad: La verdadera autoridad (“Poder Legítimo”, según el diccionario; “Crédito o fe que se da a alguien”) no se parece al autoritarismo. No tengas miedo de aceptar tu autoridad espiritual, que significa simplemente que eres la autora de tu propia vida, de los trayectos que andarás y las tareas que cumplirás, de tus fracasos y tus triunfos verdaderos. La Autoridad Espiritual de la mujer se fundamenta en la sabiduría que surge desde adentro y que –cuando la escuchas- te capacita para saber cuáles caminos te convienen para cumplir con tu destino personal y qué mensajes te está enviando tu punto de partida espiritual, tu origen mismo. Todo sin distorsiones desde afuera, sin correcciones convenientes para el sistema cultural del patriarcado, sin sugestiones mentirosas acerca de tus fallas y defectos y las lealtades exclusivas que les debes a los hombres por ser tus “superiores”. La autoridad de la Sacerdotisa implica que te aceptas como canal de los misterios del espíritu, como decidida transmisora de las sutilezas del Propósito que sostiene al universo (si eres devota, la poderosa fórmula de “Hágase tu Voluntad”, dirigida a la deidad que veneras resume esta actitud con resultados asombros en la práctica). Nadie de afuera puede entrometerse ni interferir en este asunto. Si eres una mujer sana, sin delirios de grandeza ni desviaciones patológicas, puedes asumir tu autoridad con paradójica humildad y restaurar el gran contacto con tu fuente originaria. Continúa en página siguiente (ir) |
||||||