Oscar Ramirez Durand. "Feliciano". La Captura.

 

 

 

 

 

 

 

 

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La verdad de la captura de Oscar Ramírez Durand  "Feliciano". Domingo, 20 de Julio de 2003. Cortesía de El Comercio. Lima- Perú.

 

La recompensa por la captura de "Feliciano" hasta ahora no se ha pagado. Tampoco la de Vladimiro Montesinos. El gobierno solo pagó por la de Abimael Guzmán.

La verdad, al igual que la justicia, tarda pero llega. Cuatro años después de la captura de Óscar Ramírez Durand "Feliciano" (14 de julio de 1999), en ese momento máximo líder de Sendero Luminoso, un oficial de la PNP rompe su silencio y cuenta la verdad de esa detención, que fue lograda por seis policías, pero que el entonces presidente Fujimori, a pedido de Montesinos, atribuyó al Ejército y al SIN. El mayor PNP Carlos Monge Pimentel, jefe de la Comisaría de El Tambo, adonde fue llevado "Feliciano" apenas capturado, revela a El Comercio detalles de cómo le ordenaron entregar al terrorista y cómo lo sometieron en el SIN a las más denigrantes presiones para que cambiara la verdad y redactara un falso parte policial, en el que se consignaba que dicha captura fue realizada por un capitán del Ejército.

 

Mayor Monge, ¿qué participación tuvo usted en la captura de "Feliciano"?

 

Yo era jefe de la Comisaría de El Tambo. En la noche del día 13 de julio, dispuse que dos unidades policiales se ubicaran en puestos estratégicos. Había recibido la orden de tomar medidas de seguridad, pues en ese momento patrullas del Ejército se encontraban en una operación gigantesca tratando de ubicar a "Feliciano" en la zona de Pariahuanca, a unos 25 kilómetros de Huancayo. Entonces coloqué al patrullero (una camioneta) de placa HH-2632 en un lugar en donde se dividía Cochas Grande y Cochas Chico, que es la zona que comunica a Pariahuanca.

 

¿Cómo fue la captura?

 

En esa unidad se encontraban los suboficiales David Calderón Berrospi, Benancio Galván Galván, Edilberto Villón Rojo y Carlos de la Cruz Tapia. A las 4:45 de la madrugada del día 14 pasó por el lugar el micro de placa UI 7540, conducido por el suboficial Adolfo Salazar, quien en sus días de franco se ganaba así la vida. Era un pequeño ómnibus que hacía servicio público de Cochas hasta el centro de Huancayo. Estaba sin pasajeros. Cuando el micro pasó, Salazar saludó a sus colegas y se dirigió a su paradero, que quedaba unos metros más allá. Cinco minutos después, Salazar volvió a aparecer, llevando en el micro a cuatro pasajeros. Los policías se percataron del hecho. Le hicieron señales al chofer para que se detuviera, pero Salazar no hizo caso. Entonces se inició una persecución que terminó ocho cuadras más adelante, cuando el patrullero cerró al micro. En ese momento, Salazar bajó corriendo y les dijo a los policías: "¡Allí está! ¡Allí está "Feliciano"!". (Todo indica que al principio Salazar no detuvo su vehículo porque los terroristas lo amenazaban de muerte). Los suboficiales Calderón y De la Cruz hicieron disparos al aire como medida preventiva y luego subieron al micro. En los asientos del fondo estaba "Feliciano", junto con tres mujeres.

 

¿No opuso resistencia?

 

En un principio no hizo caso cuando los policías les ordenaron ponerse de pie. Uno de los efectivos le propinó a "Feliciano" un golpe con la culata de fusil para obligarlo a pararse. Recién entonces "Feliciano" hizo caso y dijo: "Ya perdí. Ustedes han ganado. Soy "Feliciano". No me hagan daño. Estoy desarmado".

 

¿Qué sucedió entonces?

 

"Feliciano" fue pasado al asiento posterior de la camioneta y las mujeres en la tolva. Inmediatamente se dirigieron a la comisaría donde yo me encontraba. En ese momento, llegaron efectivos del Ejército, al mando de un capitán, que habían escuchado los disparos, pero todo ya estaba controlado. El capitán pidió subir a la camioneta y ordenó a sus efectivos que escoltaran a los policías. En un momento quiso que "Feliciano" fuera llevado al cuartel 9 de Diciembre, pero mis muchachos no le hicieron caso. A los pocos minutos llegaron a la comisaría.

 

¿Usted estaba allí?

 

Claro. Estaba sorprendido y a la vez emocionado. Mi gente había capturado al líder máximo de Sendero Luminoso. Dispuse que "Feliciano" y sus acompañantes fueran recluidos en uno de los calabozos del sótano de la comisaría. También ordené que llamaran al fiscal de turno y se empezara a elaborar el parte de la captura, así como el acta de incautación de todas las cosas que tenía el terrorista. El capitán del Ejército se acercó a mi escritorio y me pidió que, por favor, lo incluyera en el parte de la captura, lo que no acepté. El capitán se llama Miguel Valdeavellano.

 

¿Qué hizo en ese momento?

 

Ya eran como las 5 de la madrugada y sin perder tiempo llamé al coronel Carlos García Molleda, jefe de la Octava Región Policial de Huancayo, de quien yo dependía. Me dijo que inmediatamente iría a la comisaría, pero no lo hizo. En ese mismo momento, cuando ni siquiera terminaba de hablar, aparecieron unos cien militares que rodearon e ingresaron a la comisaría. Al mando de ellos se encontraba el general del Ejército Carlos Indachochea Ballón (procesado por sus vínculos con Vladimiro Montesinos).

 

¿Qué quería el general Indacochea?

 

Que le entregara a "Feliciano". Yo le dije que no se lo podía entregar, pues se tenían que cumplir las normas legales que se establecen en estos casos. El general se exaltó y comenzó a insultarme. "Feliciano", que estaba vendado con una chalina que le puso el suboficial de la Cruz, escuchaba toda la discusión. Indacochea, totalmente colérico, me dijo que solo él y su gente sabían si se trataba de "Feliciano". Llamó a unos oficiales del Ejército, quienes empezaron a hacerle preguntas al terrorista.

 

¿Y usted qué hizo?

 

Yo aproveché para llamar otra vez a mi jefe, el coronel García Molleda. Le conté que el general del Ejército se quería llevar a "Feliciano" y que me estaba gritando para que se lo entregara.

 

¿Y qué le contestó García?

 

Lo que jamás pensé que me dijera. Me ordenó que entregara a "Feliciano". Me dijo: "Oiga, mayor, entregue en estos momentos a los detenidos". Yo estaba indignado y le reclamé por qué debíamos entregar a los terroristas, si la policía los había capturado. Entonces me gritó: "¡Oiga, mayor Monge, entregue a los detenidos sin objeciones, carajo! ¿Me entendió? Entréguelos a los miembros del Ejército". Me quedé sin piso. Fui donde el general Indacochea y le dije que se los llevaran. Pero también tuve que calmar a mi personal, que eran en total como diez efectivos. Ellos me pedían que no entregara a los terroristas, pues era nuestra captura. Mis efectivos habían hecho un círculo alrededor de "Feliciano" y sus mujeres para que no se los llevaran, pero logré calmarlos. Parecía una película. Fueron los momentos más difíciles de mi vida como policía. En ese momento, afuera, en la puerta de la comisaría, había como doscientos soldados y unos cincuenta policías de otras unidades que llegaron a apoyarnos. De no haber estado toda la prensa de Huancayo se habrían agarrado a balazos.

 

¿Qué pasó después?

 

Diez minutos después de que todo había terminado, como a eso de las 5:50, recién apareció el coronel García Molleda. Ingenuamente le dije que los militares ya se habían llevado a "Feliciano", pero nosotros nos habíamos quedado con sus pertenencias. Le informé que estábamos terminando de redactar el parte de la intervención policial y el acta de incautación de todo lo que el terrorista llevaba consigo.

 

¿Qué le respondió?

 

Me dijo: "Oiga, mayor, primero ese parte de la captura me lo suspende y me lo rompe inmediatamente". Pidió que le entregaran todas las cosas de "Feliciano" y ordenó a su chofer que las subiera a su camioneta. Eso no fue todo. Me pidió que no quedara ningún rastro, ningún vestigio de que "Feliciano" había estado en la comisaría. "Nadie debe saber nada de esto", me dijo. Luego nos reunió a todos en mi despacho (los cinco suboficiales y yo) y nos habló: "Saben qué muchachos, cálmense, esta es una orden del Gobierno, de nuestro director general (Fernando Dianderas, también vinculado a Montesinos). No se puede hacer otra cosa. No debe quedar indicio alguno de que "Feliciano" ha estado en esta comisaría. Lo que sí les puedo ofrecer, quizá, es un ascenso".

 

¿Después qué sucedió? 

 

García Molleda me pidió que lo acompañara al aeropuerto de Jauja, pues estaba por llegar el presidente Fujimori. Cuando llegamos, lo primero que hizo el coronel fue entregarle al general del Ejército José Indacochea todas las pertenencias de "Feliciano" envueltas en una colcha. Se las entregó sin mirar lo que había. Luego Indacochea le ordenó a García Molleda que todos los policías que se encontraban allí se retiraran. Solo quería que hubiera efectivos del Ejército. Así, Indachochea le dijo al presidente que la captura había sido hecha por un capitán del Ejército y su personal. Minutos después, Fujimori dio esa versión a la prensa. Pero al día siguiente varios medios de comunicación informaron que la captura había sido realizada por la policía, y no por el Ejército. Se había filtrado parte de la historia.

 

Eso incomodó al Gobierno.

 

Claro. Al día siguiente (15 de julio), el coronel García me llamó a su despacho y me comunicó que un avión llegaría a Huancayo para llevarnos a Lima. Me pidió que llevara mi uniforme número 4. Me fui a la comisaría y, mientras me estaba alistando, llegó García. Delante del personal, me pidió que también llevara los sellos de la comisaría y mi sello de comisario de la delegación de El Tambo. En ese momento me di cuenta de que en Lima querían montar una farsa. Entonces le pedí a mi personal de la comisaría que me proporcionara esos sellos, pero a través de un acta de entrega. Yo no podía sacar esos sellos a la calle a pasearlos. Eso es delito. En el acta se consignó que la salida de los sellos era ordenada por el coronel García Molleda.

 

¿Qué pasó en Lima?

 

A las 11:00 a.m. aterrizamos en la Policía Aérea. Allí nos recibió el general José Tisoc, quien en el 2001, con el gobierno de Alejandro Toledo, fue nombrado director general. Nos subieron en dos camionetas y nos trasladaron al Ministerio del Interior, donde nos esperaba el director general, Fernando Dianderas. El mismo Dianderas nos subió a su camioneta y partimos.

 

¿Adónde los llevó?

 

Al Servicio de Inteligencia Nacional, al SIN. En el camino nadie hablaba. Llegamos y subimos al segundo piso y en una oficina nos estaba esperando Vladimiro Montesinos. El mismo Dianderas me presentó. Lo primero que me dijo Montesinos fue: "Mucho gusto, mayor. Ya sabe que usted tiene que colaborar. Evítese problemas. El Gobierno no puede quedar mal, menos nuestro presidente". Lo hizo en un tono amenazante. Yo me quedé callado. García Molleda estaba a mi costado y no dijo nada.

 

¿Después qué pasó?

 

Montesinos nos hizo pasar a otra oficina. Para mi sorpresa en esa oficina estaban el director de Personal, el general Diego Granda Denegri, y el suboficial Adolfo Salazar Quintana, quien era el que conducía el micro en donde fue capturado "Feliciano". Lo habían traído primero a Lima. Salazar quiso explicarle a Montesinos cómo fue la captura, pero este le dijo: "No. Cállese suboficial. Ya sabemos todo eso. Aquí no hemos venido para eso. Usted cállese y como premio usted y toda su familia se van a ir a trabajar a Venezuela". (En efecto, semanas después, Salazar fue enviado a la agregaduría policial del Perú en ese país. Allí estuvo hasta diciembre del 2000, cuando cayó el régimen fujimontesinista.)

 

¿Usted qué hacía?

 

Nada, estaba callado, pues mis jefes tampoco decían nada. Entonces Montesinos dijo: "Bueno, ya está. La nueva historia es esta". Me dijo que yo debía elaborar un parte policial como si el suboficial Salazar me estuviera dando cuenta de los hechos el mismo día 14. Pero eso no era cierto, pues en ese momento ya era 15. Ayudado por los generales Dianderas y García Molleda, Montesinos empezó a dictarme el parte con la falsa historia. Yo escribía lo que él decía. Me hicieron corregir su historia muchas veces. "Ponga esto, saque lo otro, mejor agregue esto", me decía Montesinos. Hasta que finalmente se terminó de hacer el parte después de que el mismo Montesinos, orientado por Dianderas y García Molleda, lo corrigiera unas ocho veces. Finalmente el parte quedó listo.

 

¿Allí terminó todo?

 

No. Al contrario. Después Montesinos me dijo que le dictara al suboficial Adolfo Salazar el parte que ellos habían elaborado. Se lo dicté para que Salazar lo escribiera de su puño y letra. El parte era una farsa de Montesinos. Se escribió que la captura de "Feliciano" había sido hecha por un capitán y veinte soldados. Se puso que el capitán subió al micro y se identificó ante Salazar y luego, al fondo del micro, vio a "Feliciano". Después, según esa versión, el capitán se le acercó y le dijo: "Tú eres "Feliciano". Tú eres igualito a tu hermano y a tu papá, yo los conozco". Esa burda historia la maquinaron Montesinos, Dianderas y García Molleda. Todo era falso. Después me obligaron a elaborar un oficio como si informara a mi jefe, el coronel Carlos García Molleda, del parte que me había entregado el suboficial Salazar sobre la intervención policial de la que había sido testigo. Allí me hicieron estampar mis sellos de jefe de la comisaría de El Tambo, y luego me ordenaron que lo firmara. Mi informe se adjuntó al parte policial de Salazar. Al día siguiente, ese parte falso fue exhibido por Fujimori ante la prensa.

 

¿Qué pasó después?

 

Todo terminó como a las 11 de la noche. Pero al día siguiente, el 16 de julio, me llamaron de la Dirección General ordenándome que el 17 me presentara ante el general Granda Denegri, jefe de la Dirección de Personal. Cuando fui, Granda me dijo que iríamos otra vez al SIN. Yo estaba indignado por todo lo que había pasado. Le pregunté para qué tenía que ir otra vez al SIN. Le dije a Granda que no iría y le pedí que me gestionara una audiencia con el general Dianderas. Lo llamó por teléfono y ambos conversaron. Después, Granda me dijo que Dianderas no me iba recibir y que él mismo estaba ordenando que fuera al SIN.

 

¿Y qué sucedió en el SIN?

 

Tan pronto llegué, me hicieron subir al segundo piso. Allí estaba otra vez Montesinos, junto con el general PNP Rómulo Zevallos, en ese momento jefe de la Dincote. Me hicieron pasar a una sala de espera. Después se me acercaron dos tipos enternados, que me preguntaron por mis padres, que son ancianos. Yo no les contesté. Entonces me dijeron: "Mayor Monge, será mejor que colabore con nosotros". Era una amenaza. Luego me pasaron a otra sala, donde me tomaron una manifestación de los hechos, pero sobre la base de la historia fraguada. Lo que pasa es que mi manifestación tenía que ser adjuntada al atestado que la Dincote le estaba haciendo a "Feliciano". Me hicieron varias preguntas, pero no contesté. Ellos ya tenían el libreto, y solo firmé mi supuesta manifestación.

 

¿Y qué pasó con usted?

 

Al suboficial Adolfo Salazar lo enviaron a Venezuela y a mí me mandaron otra vez a la delegación de El Tambo y luego a Bolivia. A los otros cuatro policías los pasaron a unidades en Huancayo. Meses después se les dio un ascenso a todos los suboficiales, menos a mí. Y luego, en diciembre del año pasado, me pasaron al retiro. Todo lo que ocurrió entonces fue algo vergonzoso, humillante, que nunca más debe volver a ocurrir en la policía.

 

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García: "Solo cumplí órdenes superiores"

 

El general Carlos García Molleda reconoció en un diálogo con El Comercio la versión del mayor Monge. En estos tiempos en los que ninguna autoridad del régimen fujimontesinista admite haber cometido errores, resulta reconfortante que el general García acepte que no actuó como debió hacerlo. Claro que el coraje y honestidad que ahora demuestra, no los puso de manifiesto en su debido momento.

Es una espada que tengo aquí arriba", dijo García señalando con su dedo la parte superior de su cabeza. Sostuvo que solo cumplió órdenes del general Dianderas para entregar a "Feliciano" a los militares y no dejar rastros de que el terrorista estuvo en la comisaría de El Tambo.

 

Este Diario le dijo que eso era ilegal. "En ese momento consideré lícita la orden. Pensé que después en una conferencia de prensa se iba a esclarecer este asunto. Cometí una estupidez. Ya había metido las cuatro".

 

Este Diario le recordó que su situación era más comprometida, pues, al día siguiente de la captura acudió SIN y colaboró con Montesinos para tergiversar los hechos y elaborar un parte policial falso.

 

El general respondió: "Eran órdenes. Ponte en mi lugar. Ahora es muy fácil decir: yo habría hecho esto o lo otro. Pero en ese momento estaba en juego toda mi vida, mi profesión, ¿qué podía hacer? Ahora es fácil hablar. He tenido la mala suerte de haber estado en el lugar no adecuado", y acto seguido reconoció que el año pasado una investigación realizada por la Inspectoría lo encontró responsable de haber cometido -en el caso "Feliciano"- faltas contra la moral policial, la disciplina, el servicio, el decoro, la obediencia y el deber profesional. "La investigación la tiene hoy el Consejo Supremo de Justicia Militar. Solo me queda esperar a que salgan los resultados", puntualizó.

 

 

 

 

 

 

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